Abordaje enfermero de la disfagia tras ictus isquémico en unidad de hospitalización

Nursing management of dysphagia after ischemic stroke in a hospital unit

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:213

Autor principal (primer firmante): Alba Fernández Molina

Fecha recepción: 02/07/26

Fecha aceptación: 04/08/26

Fecha de publicación: 12/08/26

Ref.: CADICE. 2026;1(8):213

Autores:
Alba Fernández Molina
Iván Herrera Santos

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Accidente cerebrovascular; Aspiración respiratoria; Cuidados de Enfermería; Continuidad asistencial; Seguridad del paciente; Proceso de Enfermería; Atención hospitalaria; Hospitalización; Trastornos de deglución; Rehabilitación

Keywords: Stroke; Respiratory Aspiration; Nursing Care; Continuity of Patient Care; Patient Safety; Nursing Process; Hospital Care; Hospitalization; Deglutition Disorders; Rehabilitation

Resumen

Introducción: La disfagia orofaríngea es una complicación frecuente tras el ictus isquémico y puede comprometer la seguridad del paciente durante la hospitalización. Su presencia se asocia a riesgo de aspiración, dificultades para mantener una hidratación y nutrición adecuadas, aumento de la dependencia y necesidad de coordinación entre niveles asistenciales. En este escenario, la Enfermería ocupa una posición central en la detección precoz, la vigilancia clínica y la planificación de cuidados individualizados.

Objetivos: Describir el abordaje enfermero de una persona hospitalizada por ictus isquémico con alteración de la deglución, integrando valoración inicial, identificación de problemas de cuidados, intervenciones durante el ingreso y continuidad asistencial al alta.

Metodología: Se expone una situación clínica de hospitalización estructurada mediante el proceso de Enfermería. El análisis se organiza a partir de la valoración integral, la priorización de problemas, la planificación de medidas de seguridad, el apoyo en la alimentación y la coordinación con el equipo interdisciplinar en relación con la rehabilitación de la deglución.

Resultados: La valoración enfermera permitió identificar signos compatibles con disfagia y riesgo de aspiración en un paciente con déficit neurológico reciente. Se aplicaron medidas de seguridad durante la ingesta, adaptación del entorno y de la administración de alimentos y líquidos según tolerancia clínica, supervisión estrecha, cuidados de higiene oral, prevención de complicaciones respiratorias y educación a la familia. La evolución mostró mejora funcional progresiva, aunque persistió la necesidad de recomendaciones de continuidad al alta.

Discusión/Conclusiones: El abordaje enfermero temprano y sistemático puede contribuir a reducir incidentes asociados a la disfagia y a mejorar la seguridad durante la hospitalización. La valoración continuada, la individualización de la ayuda en la alimentación y la coordinación con otros profesionales resultan especialmente relevantes. La continuidad asistencial adquiere un papel determinante cuando persisten limitaciones deglutorias al alta hospitalaria.

Abstract

Introduction: Oropharyngeal dysphagia is a common complication after ischemic stroke and may compromise patient safety during hospitalization. It is associated with aspiration risk, difficulties in maintaining adequate hydration and nutrition, increased dependency, and the need for coordinated care across settings. In this context, nursing plays a central role in early detection, clinical monitoring, and individualized care planning.

Objectives: To describe the nursing management of a hospitalized patient with ischemic stroke and swallowing impairment, including initial assessment, identification of care problems, inpatient interventions, and discharge continuity planning.

Methodology: A hospital-based clinical situation is presented and organized through the nursing process. The analysis is structured around comprehensive assessment, prioritization of care problems, safety measures, feeding support, and interdisciplinary coordination regarding swallowing rehabilitation.

Results: Nursing assessment identified clinical signs consistent with dysphagia and aspiration risk in a patient with recent neurological deficit. Safety measures during oral intake, environmental adaptation, individualized administration of food and fluids according to clinical tolerance, close supervision, oral hygiene care, prevention of respiratory complications, and family education were implemented. Clinical progress showed gradual functional improvement, although follow-up recommendations remained necessary at discharge.

Discussion/Conclusions: Early and systematic nursing management may help reduce dysphagia-related adverse events and improve safety during hospitalization. Ongoing assessment, individualized feeding assistance, and coordination with other professionals are especially relevant. Continuity of care becomes decisive when swallowing limitations persist after hospital discharge.

Introducción

La disfagia tras un ictus isquémico representa un problema de cuidados de gran relevancia en las unidades de hospitalización. Más allá de su consideración como alteración funcional de la deglución, implica consecuencias directas sobre la seguridad clínica, la capacidad para cubrir necesidades básicas y la evolución del proceso de recuperación. La dificultad para manejar saliva, líquidos, medicación o alimentos puede favorecer episodios de tos durante la ingesta, atragantamiento, residuo oral o faríngeo, fatiga al comer, rechazo de la alimentación y, en situaciones de mayor gravedad, aspiración y complicaciones respiratorias.

En el entorno hospitalario, la primera fase tras el ictus suele combinar inestabilidad clínica relativa, déficit neurológico, alteraciones de la movilidad, posibles trastornos cognitivos o del lenguaje y dependencia para actividades básicas. Todo ello condiciona la capacidad del paciente para alimentarse con seguridad y para expresar de forma precisa lo que percibe durante la deglución. La observación continuada y la vigilancia enfermera adquieren, por tanto, un valor asistencial elevado, ya que los signos iniciales pueden ser sutiles y modificarse con rapidez en función del estado de conciencia, la fatiga, el control postural o la evolución neurológica.

La disfagia también repercute en dimensiones menos visibles del cuidado. Puede generar ansiedad en el paciente y en su familia, modificar las rutinas de alimentación, prolongar el tiempo necesario para cada toma y aumentar la necesidad de supervisión directa. A ello se añade el impacto sobre la administración segura de la medicación, la prevención del deterioro nutricional y de la deshidratación, y la preparación del alta cuando persisten limitaciones funcionales. En este punto, la continuidad asistencial requiere transmitir recomendaciones claras y comprensibles para evitar incidentes fuera del hospital.

La Enfermería interviene desde una perspectiva integral. No se limita a detectar signos de dificultad deglutoria, sino que organiza el entorno de la ingesta, adapta la ayuda según el nivel de dependencia, refuerza medidas posturales, vigila tolerancia, promueve la higiene oral, identifica cambios respiratorios y coordina información con el resto del equipo. Este abordaje requiere juicio clínico, prudencia y reevaluación frecuente, dado que la tolerancia a la vía oral puede variar a lo largo del ingreso.

Desde el proceso de Enfermería, la disfagia tras ictus obliga a priorizar problemas relacionados con la seguridad, el mantenimiento de la nutrición e hidratación, la integridad respiratoria, el autocuidado en alimentación y el aprendizaje de paciente y cuidadores. Su manejo no debe plantearse como una secuencia rígida, sino como un plan dinámico, ajustado a la situación neurológica, funcional y social de cada persona.

Objetivos

Describir el abordaje enfermero de una persona ingresada en unidad de hospitalización tras ictus isquémico con alteración de la deglución, tomando como eje la seguridad del paciente, el proceso de Enfermería y la continuidad asistencial.

Como objetivos específicos se plantean los siguientes:

  • Presentar una valoración enfermera orientada a la identificación precoz de signos de disfagia y de riesgo de aspiración.
  • Analizar los principales problemas de cuidados asociados a la alimentación, hidratación, administración de medicación y vigilancia respiratoria durante el ingreso.
  • Desarrollar intervenciones enfermeras relacionadas con la ayuda en la ingesta, la adaptación del entorno, la prevención de complicaciones y la educación a la familia.
  • Destacar la importancia de la coordinación interdisciplinar y de la planificación del alta en pacientes con persistencia de limitaciones deglutorias.

Metodología

Se desarrolla una situación clínica del ámbito hospitalario estructurada mediante el proceso de Enfermería. El caso se centra en un paciente ingresado tras ictus isquémico en fase aguda-subaguda, con aparición de signos compatibles con alteración de la deglución durante la estancia en la unidad de hospitalización. El interés del análisis reside en exponer decisiones enfermeras habituales en la práctica clínica, con énfasis en la seguridad durante la alimentación y en la continuidad de cuidados.

La valoración se organiza a partir de patrones funcionales y necesidades básicas relacionadas con el estado neurológico, respiratorio, nutricional, funcional y cognitivo. Se tienen en cuenta antecedentes clínicos generales, nivel previo de autonomía, capacidad para seguir instrucciones, control postural, eficacia de la tos, presencia de sialorrea o voz húmeda, tolerancia a la vía oral, fatiga durante la ingesta y necesidad de ayuda para alimentarse. También se incorpora la situación familiar por su relevancia en la preparación del alta.

La planificación se orienta a priorizar problemas de seguridad y mantenimiento fisiológico. El abordaje incluye medidas de precaución durante la alimentación, observación sistemática de signos de alarma, registro de incidencias, comunicación con el equipo médico y de rehabilitación cuando procede, y educación sanitaria al paciente y cuidadores. La evolución se expone de forma narrativa, atendiendo a la respuesta clínica observada y a la necesidad de adaptar el plan de cuidados.

No se pretende establecer un protocolo universal ni sustituir los procedimientos vigentes de cada centro. Las actuaciones descritas deben entenderse como un marco de intervención enfermera que requiere individualización según el estado clínico del paciente, la organización de la unidad y los recursos disponibles.

Resultados

Presentación de la situación clínica

Varón de 76 años, trasladado a unidad de hospitalización tras estabilización inicial por ictus isquémico hemisférico. Entre sus antecedentes figuraban hipertensión arterial y diabetes mellitus tipo 2. Antes del episodio mantenía vida en domicilio con apoyo parcial de su esposa para tareas instrumentales, conservando autonomía para la alimentación y la mayoría de actividades básicas. Durante los primeros días de ingreso presentaba hemiparesia, disartria leve, enlentecimiento psicomotor y fatigabilidad, con capacidad variable para mantener sedestación adecuada durante periodos prolongados.

En la primera valoración enfermera orientada a alimentación e hidratación se observó dificultad para el manejo de secreciones, tos intermitente al intentar beber agua, necesidad de múltiples degluciones por bolo, voz húmeda tras la ingesta y lentitud llamativa para terminar pequeñas cantidades de alimento. El paciente refería sensación de que “se le iba por mal camino” y evitaba beber por miedo al atragantamiento. La esposa señalaba que, desde el inicio del cuadro, notaba más esfuerzo al tragar y episodios de carraspeo tras las tomas.

La exploración funcional mostró dependencia parcial para comer, debilidad para mantener una postura estable sin ayuda y atención fluctuante en periodos de cansancio. Aunque podía seguir instrucciones sencillas, precisaba supervisión constante para regular el ritmo de la ingesta. No se objetivaron signos de dificultad respiratoria franca en reposo, pero sí necesidad de vigilancia estrecha ante la coincidencia de signos compatibles con alteración de la seguridad deglutoria.

Valoración enfermera y problemas de cuidados

La prioridad inicial se centró en el riesgo de aspiración asociado a la alteración de la deglución, la debilidad neurológica y la dependencia para la alimentación. A ello se añadían problemas potenciales relacionados con aporte insuficiente de líquidos y alimentos, dificultad para la administración segura de la medicación oral, intolerancia al esfuerzo durante las comidas y ansiedad del paciente ante nuevas tomas.

Desde el punto de vista enfermero, la situación requería una valoración repetida, no limitada a una observación puntual. La tolerancia variaba según el grado de alerta, la fatiga y el control postural. Se registraron características de la deglución, necesidad de ayuda física, tiempo empleado en la ingesta, conductas de evitación y respuesta respiratoria posterior. También se consideró la higiene oral, por su relación con el confort y con la prevención de complicaciones en un paciente con retención de residuos orales.

En el plano funcional destacaban la limitación para el autocuidado en la alimentación y la necesidad de apoyo del cuidador principal. En el plano emocional aparecía temor al atragantamiento y frustración por la pérdida de autonomía. Estos elementos se incorporaron al plan de cuidados por su influencia sobre la adherencia a las recomendaciones y sobre la participación del paciente en su recuperación.

Planificación de cuidados durante la hospitalización

Se establecieron como metas asistenciales prioritarias mantener la seguridad durante la ingesta, evitar signos clínicos de aspiración, favorecer un aporte hídrico y nutricional suficiente según tolerancia, mejorar el confort, promover el máximo grado posible de autonomía y preparar a la familia para continuar los cuidados tras el alta si persistían limitaciones.

La planificación incluyó supervisión directa en las tomas, adecuación de la postura antes, durante y después de la ingesta, fraccionamiento del alimento, control del ritmo y del volumen administrado y observación de signos de alarma, como tos, cambios en la voz, babeo, residuos orales, fatiga excesiva o dificultad respiratoria. Asimismo, se acordó extremar la precaución en la administración de medicación por vía oral y revisar con el equipo la vía y forma más adecuadas según la evolución clínica.

Se contempló la coordinación con profesionales implicados en la valoración de la deglución y en la rehabilitación funcional. Desde Enfermería, esta coordinación se tradujo en registrar hallazgos de forma comprensible, trasladar incidencias en tiempo oportuno y aplicar las recomendaciones consensuadas a pie de cama, donde se materializa la mayor parte del cuidado cotidiano.

Intervenciones enfermeras

Antes de cada toma, se verificó el nivel de alerta, la capacidad para colaborar y la posibilidad de mantener sedestación segura. Cuando era preciso, se proporcionó ayuda para la correcta alineación del tronco y de la cabeza, evitando la ingesta en situaciones de somnolencia o fatiga manifiesta. El ambiente se mantuvo tranquilo, sin estímulos innecesarios, para facilitar la concentración en la tarea de tragar.

La administración de alimentos y líquidos se realizó de forma pausada, ofreciendo pequeñas cantidades y permitiendo tiempo suficiente entre degluciones. La supervisión se orientó a no precipitar la toma y a detectar señales de mala tolerancia. Cuando aparecían tos, carraspeo persistente o voz húmeda, la ingesta se detenía y se reevaluaba la situación. El paciente precisó ayuda parcial para manejar cubiertos y para mantener un ritmo compatible con su capacidad funcional.

La higiene oral se incorporó de manera sistemática al plan de cuidados. Se realizaron cuidados de la cavidad oral tras las comidas y cuando existía acumulación de residuos, con especial atención al hemiarco con menor control motor. Esta medida mejoró el confort del paciente y redujo la permanencia de restos alimentarios que podían favorecer nuevas incidencias.

Se reforzó la vigilancia respiratoria, sobre todo tras las tomas. La observación enfermera se centró en cambios en el patrón respiratorio, aparición de tos diferida, necesidad aumentada de aclarado faríngeo, febrícula o aumento de secreciones, como signos que exigían reevaluación clínica. Aunque la evolución no mostró datos de complicación respiratoria manifiesta durante el periodo descrito, la persistencia de signos de dificultad deglutoria aconsejó mantener una actitud prudente.

La dimensión educativa fue progresiva. En una primera fase, el objetivo fue reducir la ansiedad del paciente, explicando de forma sencilla la necesidad de comer despacio, mantener una postura adecuada y no forzar la ingesta cuando apareciera cansancio. Posteriormente, se implicó a la esposa en la observación de signos de alerta, en la preparación del entorno y en la forma de prestar ayuda sin acelerar el proceso. La educación se adaptó a su capacidad de comprensión y al estado emocional de ambos.

También se intervino sobre el autocuidado y la percepción de pérdida de autonomía. Se facilitó que el paciente participara en aquello que podía realizar con seguridad, aunque necesitara más tiempo. Este enfoque evitó una sustitución innecesaria y favoreció la conservación de habilidades residuales, dentro de los límites que imponía la seguridad.

Evolución durante el ingreso y continuidad asistencial

Con el paso de los días, el paciente mostró mejor control postural y mayor tolerancia a tomas supervisadas, aunque persistían lentitud en la deglución y necesidad de vigilancia estrecha. Disminuyó el temor inicial a comer cuando comprendió las medidas de seguridad y comprobó que la ingesta podía realizarse con menos episodios de tos si se respetaban pausas y postura. La familia adquirió mayor competencia para colaborar sin generar presión.

En la fase previa al alta, la necesidad principal ya no era solo manejar la ingesta dentro de la unidad, sino asegurar que las recomendaciones se mantuvieran en domicilio o en el recurso asistencial correspondiente. El plan de continuidad incluyó información clara sobre posición durante las comidas, necesidad de supervisión, importancia de no ofrecer alimentos o líquidos fuera de las indicaciones establecidas por el equipo, administración prudente de la medicación y observación de signos que justificaran nueva valoración sanitaria, como tos repetida, cambios respiratorios, rechazo mantenido de la ingesta o dificultad creciente para tragar.

La transmisión de cuidados se orientó a evitar mensajes ambiguos. Se reforzó que la situación podía modificarse con la evolución neurológica y con la rehabilitación, por lo que las recomendaciones no debían entenderse como permanentes e invariables, sino sujetas a reevaluación. Se dejó constancia de la necesidad de seguimiento y de coordinación con los dispositivos posteriores implicados en la recuperación funcional.

Discusión/Conclusiones

La situación expuesta refleja cómo la disfagia tras ictus isquémico condiciona una parte sustancial de los cuidados de hospitalización. No se trata únicamente de un problema vinculado a la alimentación, sino de un eje transversal que compromete seguridad, confort, autonomía, prevención de complicaciones y preparación del alta. En este contexto, la Enfermería mantiene contacto continuado con el paciente durante las actividades en las que la alteración se manifiesta con mayor claridad, lo que sitúa a la observación clínica y al juicio enfermero en una posición especialmente relevante.

Uno de los aspectos más significativos es la variabilidad. La capacidad para deglutir de forma segura puede cambiar en función del nivel de alerta, la postura, la fatiga, la colaboración y la evolución neurológica. Por ello, una valoración aislada resulta insuficiente. La reevaluación a pie de cama, vinculada a cada toma y a los cambios del estado clínico, permite ajustar la ayuda y detectar de forma precoz signos de alarma. Esta vigilancia continuada es una aportación específica de la práctica enfermera hospitalaria.

La seguridad del paciente debe entenderse de forma amplia. Prevenir la aspiración es prioritario, pero también lo es evitar el deterioro del estado general por ingesta insuficiente, reducir la ansiedad ligada al miedo a atragantarse y sostener la dignidad de la persona durante una actividad tan básica como comer. El equilibrio entre protección y promoción de autonomía exige intervenciones graduadas. Ayudar no significa sustituir siempre; en muchos casos, consiste en crear las condiciones para que el paciente participe con el máximo nivel de independencia compatible con su situación.

La coordinación interdisciplinar es otro elemento central. La detección de signos sugestivos de disfagia, la adaptación del soporte alimentario, la revisión de la medicación oral y la planificación rehabilitadora requieren comunicación fluida entre profesionales. Sin embargo, la efectividad real de estas decisiones depende en gran medida de su traducción a cuidados concretos en la unidad. La Enfermería actúa como nexo entre la indicación acordada y su aplicación práctica, además de identificar incidencias que obligan a reformular el plan.

La educación al paciente y a la familia merece una consideración específica. Cuando las recomendaciones se explican de forma apresurada o poco contextualizada, pueden aparecer errores en el domicilio, sobreprotección del cuidador o, por el contrario, una relajación prematura de las medidas de seguridad. La preparación del alta debe incluir instrucciones comprensibles, observación de la capacidad real de la familia para aplicarlas y refuerzo de los motivos clínicos que las sustentan. La continuidad asistencial no se limita a entregar información; implica facilitar que esa información sea operativa y asumible.

Este abordaje presenta límites inherentes a la complejidad del paciente neurológico. La disfagia puede coexistir con trastornos cognitivos, afasia, impulsividad, debilidad, alteraciones sensoriales o escaso soporte social, factores que obligan a individualizar intensamente los cuidados. Además, la evolución no siempre es lineal. Puede haber mejoría funcional progresiva, estancamiento o fluctuaciones que exijan revisar la estrategia de alimentación y supervisión.

En síntesis, el abordaje enfermero de la disfagia tras ictus isquémico en hospitalización se apoya en la valoración repetida, la priorización del riesgo de aspiración, la ayuda segura en la ingesta, la vigilancia respiratoria, la higiene oral, la educación a pacientes y cuidadores y la coordinación con el resto del equipo. Cuando estas acciones se integran en un plan de cuidados dinámico, pueden favorecer una hospitalización más segura y una transición asistencial más consistente para personas que continúan recuperándose fuera de la unidad.

Conflicto de intereses

Los autores declaran que no existen conflictos de intereses personales, profesionales o económicos relacionados con este trabajo.

Financiación

La realización de este trabajo no recibió ayudas económicas ni financiación institucional específica.

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