Acompañamiento en duelo perinatal desde la relación terapéutica enfermera

Support in perinatal grief through the therapeutic nurse-patient relationship

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:358

Autor principal (primer firmante): Nuria Pérez Aguilar

Fecha recepción: 03/08/26

Fecha aceptación: 06/09/26

Fecha de publicación: 10/09/26

Ref.: CADICE. 2026;1(9):358

Autores:
Nuria Pérez Aguilar
Miguel Torres Calvo
Laura Hidalgo Romero
Carmen Ruiz Esteban
Héctor Jiménez Lara
Ana Belén Cano Soler

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Apoyo emocional; Salud materno-infantil; Puerperio; Proceso de Enfermería; Cuidados de Enfermería; Lactancia materna; Comunicación; Pérdida gestacional; Enfermería obstétrica; Duelo perinatal

Keywords: Emotional Support; Maternal-Child Health Services; Postpartum Period; Nursing Process; Nursing Care; Breast Feeding; Communication; Pregnancy Loss; Obstetric Nursing; Perinatal Grief

Resumen

Introducción: El duelo perinatal constituye una experiencia de alta carga emocional y gran complejidad asistencial. La pérdida gestacional o neonatal temprana irrumpe en un momento de especial vulnerabilidad física, psicológica y relacional, y exige una respuesta clínica que integre cuidados corporales, apoyo emocional y continuidad asistencial. En este contexto, la enfermera ocupa una posición especialmente relevante por su proximidad, capacidad de observación y papel en la relación terapéutica durante el puerperio y la hospitalización obstétrica.

Objetivos: Describir el abordaje enfermero del duelo perinatal a partir de una situación clínica centrada en la relación terapéutica, identificar necesidades de cuidados frecuentes y analizar intervenciones orientadas al sostén emocional, la comunicación clínica y la adaptación en el periodo inmediato a la pérdida.

Metodología: Se expone una situación clínica del ámbito obstétrico estructurada mediante el proceso de Enfermería. El abordaje se organiza a partir de la valoración inicial, la identificación de problemas de cuidados, la planificación de intervenciones, el acompañamiento durante la estancia hospitalaria y la continuidad tras el alta. Se adopta una perspectiva narrativa y aplicada a la práctica clínica.

Resultados: La situación descrita muestra necesidades relacionadas con el impacto emocional de la pérdida, la expresión del dolor, la toma de decisiones sobre recuerdos y despedida, el manejo de cambios corporales del puerperio, la incertidumbre respecto a la lactancia y la necesidad de información clara y sostenida. La relación terapéutica enfermera favorece un entorno de seguridad, validación emocional, respeto a los tiempos de la familia y coordinación con otros profesionales. La individualización del cuidado evita respuestas estandarizadas inadecuadas y facilita una vivencia menos desorganizadora del proceso asistencial.

Discusión/Conclusiones: El acompañamiento enfermero en duelo perinatal requiere presencia clínica, comunicación cuidadosa, escucha activa y continuidad. No se limita al apoyo emocional espontáneo, sino que forma parte de un plan de cuidados que debe integrar aspectos físicos, psicológicos, familiares y sociales. La relación terapéutica bien establecida puede contribuir a disminuir el sufrimiento añadido por la atención sanitaria y a favorecer una experiencia de cuidado más respetuosa y humanizada.

Abstract

Introduction: Perinatal grief is a highly distressing experience and a complex area of care. Pregnancy loss or early neonatal death occurs during a period of marked physical, emotional, and relational vulnerability, requiring a clinical response that combines bodily care, emotional support, and continuity of care. In this setting, nurses hold a key position because of their closeness to women and families, their observational role, and their capacity to establish a therapeutic relationship during hospitalization and the postpartum period.

Objectives: To describe nursing care in perinatal grief through a clinical situation focused on the therapeutic relationship, to identify frequent care needs, and to analyze interventions aimed at emotional support, clinical communication, and adaptation in the immediate period following loss.

Methodology: A clinical situation from obstetric care is presented and organized according to the nursing process. The approach includes initial assessment, identification of care problems, planning of interventions, support during hospital stay, and continuity after discharge. A narrative and practice-oriented perspective was adopted.

Results: The described situation highlights care needs related to emotional impact, expression of grief, decision-making about memory-making and farewell, management of postpartum bodily changes, uncertainty regarding lactation, and the need for clear and sustained information. The nurse-patient therapeutic relationship helps create a safe environment, supports emotional validation, respects family timing, and promotes coordination with other professionals. Individualized care prevents inappropriate standardized responses and may facilitate a less disruptive healthcare experience.

Discussion/Conclusions: Nursing support in perinatal grief requires clinical presence, careful communication, active listening, and continuity of care. It goes beyond spontaneous emotional support and should be integrated into a care plan that addresses physical, psychological, family, and social dimensions. A well-established therapeutic relationship may reduce additional suffering associated with healthcare encounters and promote more respectful and humane care.

Introducción

El duelo perinatal comprende las respuestas emocionales, cognitivas, corporales, relacionales y sociales que aparecen tras una pérdida durante la gestación o en el periodo próximo al nacimiento. Aunque cada vivencia es singular, la experiencia suele verse atravesada por la ruptura brusca de expectativas, proyectos y representaciones parentales, con una coexistencia compleja entre el proceso de duelo y los cambios físicos propios del embarazo o del puerperio. Esta simultaneidad convierte el cuidado enfermero en una práctica que no puede restringirse a la dimensión biológica ni a la mera contención emocional puntual.

En el ámbito obstétrico, la enfermera acompaña a la mujer y a su entorno en momentos de gran vulnerabilidad: el diagnóstico de la pérdida, el parto o la finalización de la gestación, el postparto inmediato, la inhibición o instauración de la lactancia, el alta y las primeras dudas tras el regreso al domicilio. Durante ese itinerario asistencial, determinadas intervenciones pueden aliviar sufrimiento, mientras que otras, aun bienintencionadas, pueden incrementarlo si resultan impersonales, precipitadas o incongruentes con la experiencia de la familia.

La relación terapéutica adquiere aquí un valor central. No se trata solo de “estar” con la paciente, sino de construir una presencia clínica que combine respeto, disponibilidad, escucha activa, información comprensible y reconocimiento del vínculo con el bebé perdido. El modo en que se nombra la situación, se solicitan decisiones, se exploran preferencias o se responde al silencio influye de forma directa en la percepción de cuidado. También lo hace la capacidad para identificar necesidades no expresadas, como el temor al alta, la ambivalencia respecto a ver o no ver al bebé, la preocupación por la lactancia o la dificultad de la pareja para comunicar su propio dolor.

El duelo perinatal no sigue trayectorias lineales ni admite respuestas universales. Algunas mujeres desean hablar extensamente y otras solo toleran intervenciones breves; algunas familias buscan generar recuerdos tangibles y otras prefieren limitar la exposición a determinados estímulos; algunas encuentran apoyo en su red próxima y otras manifiestan aislamiento, incomprensión o incluso invalidación social de la pérdida. Por ello, el proceso de Enfermería ofrece un marco útil para individualizar cuidados, organizar prioridades y favorecer la continuidad entre la hospitalización y los dispositivos de seguimiento disponibles.

Desde la práctica enfermera, el acompañamiento requiere además integrar dimensiones frecuentemente relegadas. El cuerpo materno continúa su curso fisiológico tras la pérdida y puede presentar dolor, sangrado, cansancio, subida de leche o molestias mamarias, circunstancias que a menudo intensifican la vivencia de vacío. La atención a estos aspectos no debe disociarse del apoyo emocional. Del mismo modo, la comunicación con la pareja o con otras figuras significativas debe considerarse parte del cuidado, siempre respetando la voluntad y la privacidad de la mujer.

El interés de abordar este tema mediante una situación clínica radica en su utilidad para mostrar cómo la relación terapéutica se concreta en decisiones asistenciales cotidianas: cómo presentarse, cómo ofrecer información, cómo valorar el silencio, cuándo insistir y cuándo esperar, cómo sostener la incertidumbre sin invadir, y cómo preparar un alta que no suponga una interrupción abrupta del cuidado.

Objetivos

Describir el acompañamiento enfermero en duelo perinatal a partir de una situación clínica del ámbito obstétrico, con especial atención al papel de la relación terapéutica en la valoración, la planificación de cuidados y la continuidad asistencial.

Como objetivos específicos se plantean:

  • Identificar necesidades de cuidados frecuentes en una mujer en puerperio inmediato tras una pérdida perinatal.
  • Analizar elementos de la comunicación terapéutica que pueden favorecer una atención respetuosa y ajustada a la vivencia de la paciente y su entorno.
  • Desarrollar intervenciones enfermeras orientadas al sostén emocional, el cuidado físico, la información clínica y el acompañamiento en la toma de decisiones.
  • Explorar la relevancia de la continuidad de cuidados tras el alta y la coordinación con otros profesionales y recursos de apoyo.

Metodología

Se desarrolla una situación clínica del ámbito hospitalario estructurada mediante el proceso de Enfermería. El caso se organiza a partir de la valoración inicial de necesidades, la identificación de problemas de cuidados, la planificación de objetivos asistenciales, la aplicación de intervenciones durante la estancia y el seguimiento inmediato orientado al alta.

La valoración incorpora dimensiones físicas, emocionales, relacionales y contextuales. Se atiende al estado general en el puerperio, la expresión del malestar, el estilo de afrontamiento, la participación de la pareja, la red de apoyo disponible, las dudas sobre la lactancia y la necesidad de información. La interpretación clínica se centra en necesidades observables y verbalizadas, evitando lecturas cerradas del proceso de duelo, ya que la respuesta ante la pérdida puede ser muy variable.

El análisis de cuidados se apoya en el lenguaje propio de la disciplina enfermera, especialmente en la identificación de respuestas humanas susceptibles de intervención. La planificación no se plantea como una secuencia rígida, sino como un proceso dinámico, adaptado a la evolución emocional de la paciente, a su tolerancia al diálogo y a las decisiones que vaya tomando junto con su entorno.

La situación expuesta permite ilustrar intervenciones habituales en unidades de hospitalización obstétrica: establecimiento de una relación terapéutica, presencia y escucha activa, validación emocional, información progresiva, apoyo en decisiones vinculadas a la despedida y los recuerdos, cuidado del puerperio, orientación sobre la lactancia y preparación del alta con criterios de continuidad. El interés metodológico del caso reside en mostrar cómo la intervención enfermera se integra en actos asistenciales concretos y no exclusivamente en formulaciones conceptuales.

Resultados

Situación clínica y valoración inicial

M.R., mujer de 34 años, ingresa en una unidad obstétrica tras confirmarse la muerte fetal en una gestación avanzada. Convive con su pareja, que la acompaña de forma continuada. Ambos habían preparado activamente la llegada del bebé y habían compartido la noticia con familiares y entorno laboral. Tras la inducción del parto, en el puerperio inmediato la paciente se muestra en silencio prolongado, con llanto intermitente, escasa iniciativa para formular preguntas y dificultad para sostener el contacto visual. Refiere sensación de irrealidad, cansancio intenso y temor al momento del alta. La pareja alterna actitudes de contención con episodios de desbordamiento emocional y demanda información práctica sobre trámites y cuidados posteriores.

En la valoración enfermera inicial destacan varias necesidades. En el plano físico, M.R. presenta molestias propias del puerperio, preocupación por el sangrado y dudas sobre la posible subida de leche. En el plano emocional, verbaliza frases de culpa y la impresión de haber fallado en su maternidad. Expresa incertidumbre sobre si desea ver al bebé y miedo a arrepentirse de cualquier decisión. En el plano relacional, la pareja comunica que no sabe cómo ayudarla sin hacerle más daño y anticipa dificultades para informar a la familia. La paciente refiere que no desea recibir visitas en ese momento.

La observación clínica muestra un alto impacto emocional, necesidad de apoyo para la expresión del duelo, vulnerabilidad ante mensajes estandarizados y necesidad de información adaptada a su capacidad de procesamiento. Se identifican, además, riesgo de aislamiento, alteración del descanso, elevada sensibilidad a estímulos del entorno obstétrico y necesidad de preservación de la intimidad.

Problemas de cuidados y prioridades asistenciales

A partir de la valoración se priorizan problemas relacionados con el sufrimiento emocional agudo, el afrontamiento de la pérdida, la necesidad de apoyo en la toma de decisiones inmediatas, la incertidumbre ante los cambios corporales del puerperio y la necesidad de información comprensible. También se consideran relevantes la preservación de la dignidad en los cuidados, la participación de la pareja en la atención y la preparación del tránsito al domicilio.

Más que perseguir una expresión emocional determinada, el objetivo asistencial inicial se centra en ofrecer un marco de seguridad relacional. Esto implica evitar la precipitación, respetar silencios, no forzar conversaciones y no presuponer preferencias. En este tipo de situaciones, la intervención enfermera se beneficia de una actitud de disponibilidad estable, con mensajes breves, claros y no invasivos, que permitan a la paciente identificar que existe un profesional de referencia accesible y atento a sus necesidades cambiantes.

Construcción de la relación terapéutica

La primera intervención enfermera significativa consiste en presentarse de manera clara, explicar el papel asistencial propio y ofrecer disponibilidad continuada. En lugar de utilizar frases tranquilizadoras o de cierre rápido, se emplea una comunicación centrada en el reconocimiento de la pérdida y en la legitimación de la vivencia: se pregunta qué necesita en ese momento, si desea hablar, permanecer en silencio o que la información se ofrezca también a su pareja. Esta forma de aproximación disminuye la sensación de despersonalización que algunas mujeres experimentan en el entorno hospitalario.

La escucha activa se articula mediante preguntas abiertas, reformulación de dudas y validación emocional sin interpretar en exceso. Cuando M.R. expresa culpa, la enfermera no discute de forma automática su contenido, sino que explora el significado de esa vivencia y devuelve comprensión: “Entiendo que aparezcan esos pensamientos; si lo desea, podemos ir hablando de lo que le preocupa y resolver las dudas que tenga sobre lo ocurrido”. Este tipo de respuesta evita tanto la minimización como la confrontación innecesaria.

La presencia terapéutica también se materializa en pequeños gestos asistenciales: avisar antes de entrar, preguntar si desea que determinados procedimientos se realicen en presencia de la pareja, disminuir interrupciones innecesarias, adaptar el tono de voz y procurar un entorno lo más íntimo posible. Cuando la paciente no desea conversar, la enfermera mantiene una disponibilidad respetuosa y regresa más tarde, evitando interpretar el silencio como rechazo al cuidado.

Apoyo en decisiones sobre despedida y recuerdos

Durante la estancia, M.R. manifiesta dudas sobre ver al bebé. La intervención enfermera consiste en ofrecer información gradual, sin presión y sin presentar una opción como superior a otra. Se le explica que puede tomarse un tiempo, que su decisión puede revisarse dentro de lo posible y que, si lo desea, puede contar con apoyo durante ese momento. La pareja participa en la conversación, pero la decisión se mantiene centrada en la voluntad de la madre y en el acuerdo familiar.

Se exploran asimismo preferencias sobre recuerdos vinculados al bebé, como conservar determinados objetos o realizar una despedida íntima. La función enfermera no es dirigir el proceso, sino facilitar que la familia conozca las opciones disponibles y pueda decidir con información suficiente. Este acompañamiento requiere tacto, ya que la sobrecarga informativa en fases de intenso impacto emocional puede resultar contraproducente.

En la evolución del caso, M.R. solicita inicialmente no ver al bebé. Horas después, pregunta si todavía sería posible. La enfermera responde sin juicio, reorganiza la atención para preservar intimidad y permanece disponible durante el encuentro. Tras ello, la paciente verbaliza tristeza intensa, pero también alivio por haber podido decidir sin sentirse forzada. La experiencia pone de manifiesto la importancia de no cerrar precozmente opciones asistenciales ni presuponer la estabilidad de las decisiones en un contexto de duelo agudo.

Cuidados físicos en puerperio y abordaje de la lactancia

La atención corporal ocupa un lugar relevante. M.R. presenta dolor uterino moderado, cansancio y preocupación por los cambios mamarios. La enfermera explica de forma comprensible qué manifestaciones del puerperio pueden aparecer, qué signos deben motivar consulta y qué medidas de confort pueden resultar útiles según la evolución clínica y las indicaciones médicas. Esta información se ofrece de manera fragmentada y en un lenguaje accesible, comprobando la comprensión y repitiendo lo necesario.

La cuestión de la lactancia genera especial malestar. La paciente expresa que le resulta insoportable pensar en la subida de leche, aunque al mismo tiempo se emociona al hablar del cuerpo preparado para alimentar a su hijo. La respuesta enfermera consiste en acoger la ambivalencia sin apresurarla hacia una vivencia concreta. Se le explica que la reacción emocional ante la lactancia puede ser compleja y que el manejo deberá individualizarse. Se proporcionan cuidados orientados al confort mamario y se resuelven dudas básicas, evitando mensajes normativos o simplificadores.

Integrar el cuidado físico con el emocional permite prevenir una fragmentación frecuente en estas situaciones. La paciente no vive el puerperio como un episodio fisiológico aislado, sino como parte inseparable de la pérdida. Por ello, cada intervención corporal requiere una comunicación especialmente cuidadosa, anticipando procedimientos y preguntando por el grado de tolerancia en ese momento.

Participación de la pareja y apoyo familiar

La pareja de M.R. expresa sentirse desplazada y, a la vez, responsable de sostener a la paciente. La enfermera reconoce su sufrimiento, le ofrece un espacio breve de escucha y aclara que sus necesidades también forman parte del entorno de cuidado, aunque la atención principal se centre en la mujer en puerperio. Se le orienta sobre formas de apoyo práctico, como filtrar llamadas o visitas, colaborar en la comprensión de la información recibida y comunicar al equipo cambios relevantes en el estado emocional de M.R.

Se aborda la conveniencia de pactar con la familia un nivel de información que resulte asumible para ambos. Este aspecto, aparentemente secundario, puede adquirir gran importancia en los primeros días, cuando las demandas del entorno social generan agotamiento y aumentan la sensación de exposición. La enfermera ayuda a anticipar esta dificultad y a formular mensajes sencillos si la pareja lo considera útil.

Preparación del alta y continuidad asistencial

En las horas previas al alta, la paciente manifiesta temor a volver al domicilio y encontrarse con objetos preparados para el bebé. También teme quedarse sola y no saber distinguir entre una reacción emocional esperable y una situación que requiera ayuda profesional. La preparación del alta se realiza de forma gradual, evitando concentrar toda la información al final del ingreso.

La enfermera repasa cuidados básicos del puerperio, signos físicos de alarma, recomendaciones de autocuidado, aspectos prácticos relacionados con la lactancia y recursos de seguimiento disponibles según el circuito asistencial. Se valora la conveniencia de que la información quede también por escrito para la pareja, dado que M.R. refiere dificultad para retener lo hablado. Asimismo, se refuerza la indicación de consultar si aparecen síntomas físicos preocupantes o un deterioro emocional que desborde la capacidad de afrontamiento habitual.

Antes del alta, la paciente identifica como especialmente valioso haber podido decidir a su ritmo, no sentirse juzgada y disponer de una profesional de referencia que mantuviera coherencia en la comunicación. Aunque persiste tristeza intensa, muestra mayor capacidad para formular preguntas y aceptar apoyo. La continuidad de cuidados se orienta a seguimiento en los dispositivos correspondientes y a la importancia de que futuras interacciones sanitarias reconozcan la pérdida vivida y eviten su invisibilización.

Discusión/Conclusiones

La situación descrita permite observar que el acompañamiento enfermero en duelo perinatal no se reduce a una actitud compasiva general, sino que exige competencias clínicas concretas. La relación terapéutica se construye a través de decisiones aparentemente pequeñas: cómo se inicia el contacto, cómo se nombra la pérdida, cómo se respetan los silencios, cómo se exploran preferencias y cómo se acompaña la ambivalencia sin imponer significados. Estos elementos influyen de manera directa en la calidad percibida del cuidado.

Uno de los hallazgos más relevantes del caso es la necesidad de sostener la incertidumbre. En el duelo agudo, las decisiones pueden cambiar en pocas horas y las necesidades no siempre se expresan de forma lineal. La práctica enfermera requiere, por tanto, flexibilidad y capacidad para revisar continuamente el plan de cuidados. El respeto a los tiempos de la paciente no implica pasividad, sino una presencia atenta, capaz de ofrecer opciones, reformular información y reabrir conversaciones cuando la mujer se encuentra en mejores condiciones para decidir.

También resulta evidente que el duelo perinatal debe abordarse de forma integrada con el puerperio. El cuerpo continúa su proceso y puede convertirse en una fuente adicional de sufrimiento si no recibe atención específica. El dolor, el sangrado, el cansancio o los cambios mamarios no son cuestiones menores; se inscriben en una experiencia de pérdida y requieren un cuidado que combine competencia técnica y sensibilidad relacional. En este sentido, la atención a la lactancia merece especial delicadeza por la carga simbólica y emocional que puede adquirir.

La participación de la pareja y del entorno familiar exige igualmente una lectura clínica matizada. No todas las familias desean el mismo grado de implicación ni atraviesan el duelo de forma sincronizada. La enfermera puede facilitar espacios de reconocimiento, ayudar a modular estímulos externos y favorecer una comunicación menos desorganizadora entre la unidad familiar y el equipo asistencial.

Desde una perspectiva organizativa, la continuidad de cuidados aparece como una necesidad prioritaria. Un acompañamiento adecuado durante el ingreso puede verse debilitado si el alta se produce sin información comprensible, sin orientaciones básicas y sin conexión con recursos de seguimiento. La transición al domicilio es un momento de especial vulnerabilidad y conviene planificarla con antelación, adaptando la información a la capacidad real de recepción de la paciente y de su entorno cercano.

Entre las limitaciones del abordaje presentado se encuentra la imposibilidad de representar toda la diversidad clínica y cultural del duelo perinatal. Las respuestas ante la pérdida están mediadas por la historia reproductiva, las creencias, la red de apoyo, el momento gestacional, la experiencia previa con el sistema sanitario y el significado atribuido a la maternidad y a la paternidad. Por ello, cualquier propuesta de cuidados debe individualizarse y ajustarse al contexto asistencial concreto.

En términos prácticos, la relación terapéutica enfermera puede contribuir a disminuir el sufrimiento añadido que ocasionan la desinformación, la prisa asistencial o la falta de reconocimiento de la pérdida. Acompañar en duelo perinatal implica ofrecer presencia, lenguaje respetuoso, información honesta, cuidado corporal atento y continuidad. Cuando estos elementos se integran en el proceso de Enfermería, la atención resulta más coherente con las necesidades reales de la mujer y su familia en uno de los momentos más frágiles de la experiencia reproductiva.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.

Financiación

Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.

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