Nursing support in complicated grief after recent loss
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:3
Autor principal (primer firmante): Cristina Moreno Vila
Fecha recepción: 27/05/26
Fecha aceptación: 25/06/26
Fecha de publicación: 01/07/26
Ref.: CADICE. 2026;1(7):3
Autores:
Cristina Moreno Vila
Daniel Ortega Medina
Patricia Serrano López
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Salud mental; Apoyo psicosocial; Cuidados de Enfermería; Proceso de Enfermería; Pérdida; Apoyo emocional; Adaptación psicológica; Intervención en crisis; Duelo; Relaciones enfermera-paciente
Keywords: Mental Health; Psychosocial Support; Nursing Care; Nursing Process; Bereavement; Emotional Support; Adaptation, Psychological; Crisis Intervention; Grief; Nurse-Patient Relations
Resumen
Introducción: El duelo constituye una respuesta humana esperable tras una pérdida significativa, pero su evolución no siempre es lineal ni adaptativa. En determinados pacientes aparecen manifestaciones de intensa desorganización emocional, sufrimiento persistente, alteración funcional y dificultades para integrar la pérdida, lo que obliga a una valoración cuidadosa desde Enfermería. La proximidad asistencial, la observación continuada y la relación terapéutica sitúan a la enfermera en una posición relevante para identificar necesidades, contener el malestar y favorecer la adaptación psicológica.
Objetivos: Describir el abordaje enfermero de una persona adulta con sintomatología compatible con duelo complicado tras una pérdida reciente, integrando la valoración clínica, la planificación de cuidados, las intervenciones de apoyo emocional y el seguimiento evolutivo.
Metodología: Se expone una situación clínica del ámbito ambulatorio estructurada mediante el proceso de Enfermería. El análisis se organiza a partir de la valoración inicial, la identificación de problemas de cuidados, la definición de objetivos terapéuticos y la aplicación de intervenciones centradas en apoyo psicosocial, intervención en crisis, educación sanitaria y coordinación asistencial.
Resultados: La paciente presentó tristeza intensa, insomnio, rumiación, sentimientos de culpa, aislamiento progresivo, dificultad para mantener rutinas básicas y elevada dependencia emocional del vínculo perdido. La intervención enfermera se orientó a establecer una relación terapéutica segura, explorar factores de riesgo y protección, favorecer la expresión emocional, reforzar el autocuidado, estructurar el día a día, implicar a la red de apoyo y vigilar signos de mayor gravedad clínica. Durante el seguimiento se observó mejoría parcial en descanso, alimentación, comunicación con el entorno y tolerancia a recuerdos de la persona fallecida, aunque persistieron vulnerabilidad emocional y necesidad de continuidad asistencial.
Discusión/Conclusiones: El acompañamiento enfermero en el duelo complicado requiere escucha clínica, prudencia diagnóstica, continuidad y capacidad para detectar señales de alarma. No se limita al consuelo emocional, sino que incluye valoración integral, apoyo a la adaptación, prevención del deterioro funcional y coordinación con otros profesionales cuando el sufrimiento rebasa los recursos personales o familiares disponibles.
Abstract
Introduction: Grief is an expected human response after a significant loss, yet its course is not always adaptive. Some patients develop intense emotional disorganization, persistent distress, functional impairment and difficulty integrating the loss, requiring careful nursing assessment. Owing to their close contact with patients, observation skills and therapeutic relationship, nurses play an important role in identifying needs, containing distress and supporting psychological adaptation.
Objectives: To describe the nursing approach to an adult patient showing features consistent with complicated grief after a recent loss, including clinical assessment, care planning, emotional support interventions and follow-up.
Methodology: A clinical situation from an outpatient setting is presented and organized through the nursing process. The analysis is based on initial assessment, identification of care problems, definition of therapeutic goals and implementation of interventions focused on psychosocial support, crisis intervention, health education and care coordination.
Results: The patient showed intense sadness, insomnia, rumination, guilt feelings, progressive social withdrawal, difficulty maintaining basic routines and marked emotional dependence on the lost relationship. Nursing care focused on building a safe therapeutic relationship, exploring risk and protective factors, facilitating emotional expression, reinforcing self-care, structuring daily activities, involving the support network and monitoring signs of clinical worsening. Follow-up showed partial improvement in sleep, food intake, communication with relatives and tolerance to memories of the deceased person, although emotional vulnerability remained and ongoing care was still needed.
Discussion/Conclusions: Nursing support in complicated grief requires clinical listening, diagnostic caution, continuity and the ability to detect warning signs. It goes beyond emotional comfort and includes comprehensive assessment, support for adaptation, prevention of functional decline and coordination with other professionals when suffering exceeds personal or family coping resources.
Introducción
La pérdida de una persona significativa puede desencadenar una respuesta de duelo con expresiones emocionales, cognitivas, somáticas y sociales de intensidad variable. En la mayor parte de los casos, incluso cuando existe un sufrimiento agudo, la persona va incorporando progresivamente la pérdida a su biografía y recupera, con distinto ritmo, cierto equilibrio funcional. Sin embargo, en algunos pacientes la reacción se mantiene con una intensidad desproporcionada, se acompaña de bloqueos persistentes en la vida cotidiana y compromete de manera relevante el descanso, la alimentación, la capacidad de relación, la adherencia a tratamientos previos o el sentido de continuidad vital.
Desde la práctica enfermera, el duelo complicado representa una situación de especial sensibilidad clínica. No solo porque afecta a la salud mental y al bienestar emocional, sino porque puede coexistir con agotamiento físico, deterioro del autocuidado, incremento del consumo de alcohol o hipnosedantes, empeoramiento de enfermedades crónicas y mayor vulnerabilidad social. La enfermera, especialmente en atención primaria, salud mental, urgencias, hospitalización y cuidados paliativos, suele ser una de las primeras profesionales en detectar que el sufrimiento supera lo esperable para el momento evolutivo o que aparecen señales de alarma que requieren una intervención más estrecha.
El abordaje enfermero no debe reducirse a una actitud compasiva inespecífica. Requiere una valoración integral de la persona, de su historia de pérdidas, de su red de apoyo, de los significados atribuidos al fallecimiento y de la forma en que está afrontando la situación. También exige diferenciar, en la medida de lo posible, entre respuestas de duelo intensas pero compatibles con un proceso adaptativo y manifestaciones de mayor complejidad clínica, como desesperanza persistente, incapacidad marcada para organizar el día a día, aislamiento grave, culpa invalidante o pensamientos de muerte que obliguen a una exploración específica de seguridad.
La relación enfermera-paciente adquiere en este contexto un valor terapéutico propio. La disponibilidad para escuchar sin precipitar interpretaciones, la validación del sufrimiento, la contención emocional y la capacidad para sostener silencios o expresiones ambivalentes pueden contribuir a disminuir la sensación de desbordamiento. Al mismo tiempo, la intervención debe conservar un marco profesional claro, orientado a favorecer la adaptación psicológica, proteger las necesidades básicas y activar recursos personales, familiares y comunitarios.
El presente artículo desarrolla una situación clínica centrada en una mujer adulta atendida tras una pérdida reciente, con manifestaciones compatibles con duelo complicado. El interés del caso reside en mostrar cómo el proceso de Enfermería permite ordenar la valoración, priorizar problemas de cuidados, individualizar intervenciones y sostener un seguimiento evolutivo prudente, sin convertir el acompañamiento emocional en una respuesta improvisada o poco estructurada.
Objetivos
Describir el abordaje enfermero de una paciente con sufrimiento intenso tras una pérdida reciente, poniendo el foco en la valoración integral, la identificación de problemas de cuidados y la planificación de intervenciones orientadas a la adaptación psicológica y al mantenimiento funcional.
Como objetivos específicos se plantean los siguientes:
- Explorar las manifestaciones emocionales, cognitivas, conductuales y somáticas asociadas al proceso de duelo.
- Identificar factores de vulnerabilidad y de protección relevantes para la evolución clínica.
- Establecer prioridades de cuidados relacionadas con afrontamiento, descanso, alimentación, vinculación social y seguridad emocional.
- Describir intervenciones enfermeras de apoyo emocional, intervención en crisis y educación para el autocuidado.
- Analizar la evolución temprana y la necesidad de coordinación con otros dispositivos asistenciales.
Metodología
Se desarrolla una situación clínica del ámbito ambulatorio organizada mediante el proceso de Enfermería. La exposición se estructura en valoración inicial, análisis de necesidades, formulación de problemas de cuidados, planificación de objetivos, intervenciones terapéuticas y seguimiento. La paciente es una mujer de 52 años, identificada con iniciales ficticias M.R., atendida tras el fallecimiento reciente de su cónyuge. No se incluyen datos identificativos, instituciones concretas ni elementos que permitan reconocimiento personal.
La valoración enfermera se orienta desde una perspectiva integral, considerando el patrón de sueño y descanso, la ingesta, la actividad cotidiana, la capacidad de concentración, la presencia de culpa o autorreproche, el grado de apoyo familiar, la calidad del vínculo con la persona fallecida, las estrategias de afrontamiento previas, los antecedentes de malestar emocional y la posible presencia de ideas de muerte, conductas autolesivas o abandono del autocuidado. Asimismo, se recogen observaciones sobre la comunicación verbal y no verbal, el tono afectivo, la tolerancia a la entrevista y la respuesta de la paciente ante la posibilidad de ayuda continuada.
El plan de cuidados se formula de manera dinámica, con revisión periódica según la evolución. Las intervenciones se centran en la escucha terapéutica, la contención del malestar, la organización de medidas básicas de autocuidado, el refuerzo de apoyos disponibles, la orientación ante reacciones emocionales esperables y la derivación o interconsulta cuando la clínica supera el marco de seguimiento enfermero exclusivo. Se evita interpretar de forma rígida la experiencia del duelo, dado que la respuesta a la pérdida está fuertemente modulada por variables biográficas, relacionales, culturales y contextuales.
El seguimiento se plantea en contactos sucesivos de proximidad temporal durante la fase de mayor desorganización, con reevaluación posterior según estabilidad clínica, adherencia a recomendaciones, evolución funcional y disponibilidad de red de apoyo. La metodología persigue mostrar un abordaje realista y prudente, útil para la práctica asistencial cotidiana.
Resultados
Presentación de la situación clínica
M.R. acudió a consulta acompañada por una hermana, a iniciativa familiar, por empeoramiento progresivo desde el fallecimiento inesperado de su pareja pocas semanas antes. Refería sensación de vacío continuo, llanto frecuente, incapacidad para permanecer sola en el domicilio y rechazo a entrar en determinadas estancias de la casa. Describía pensamientos repetitivos sobre las horas previas al fallecimiento y verbalizaba con insistencia que “podría haber hecho más”, pese a no aportar datos objetivos que sostuvieran esa culpa.
En los días previos había reducido claramente la ingesta, con escaso interés por cocinar o comer. Manifestaba insomnio de conciliación y múltiples despertares, con tendencia a permanecer despierta durante la noche revisando mensajes y fotografías. Su hermana informaba de aislamiento, descuido de la higiene en algunos momentos y abandono de actividades previamente rutinarias. La paciente mantenía medicación habitual para hipertensión, pero reconocía olvidos desde la pérdida. Negaba consumo elevado de alcohol, aunque admitía haber aumentado de forma esporádica el uso de un hipnótico que ya tenía pautado anteriormente.
Valoración enfermera inicial
Durante la entrevista se observó aspecto cansado, contacto visual intermitente, voz hipofónica y gran labilidad afectiva. La paciente era capaz de relatar la secuencia de acontecimientos, aunque con bloqueos, llanto y periodos de silencio prolongado. Repetía ideas de culpa, inutilidad y pérdida de sentido del futuro. Expresaba que no quería “seguir viviendo así”, afirmación que obligó a una exploración más precisa del riesgo. Ante preguntas directas, negó plan autolesivo estructurado y no refirió preparativos ni conductas encaminadas a dañarse, pero sí reconoció pensamientos pasivos de muerte y una vivencia de gran agotamiento.
La red de apoyo estaba presente, aunque de forma irregular. La hermana asumía una función de acompañamiento principal, mientras que los hijos adultos residían fuera y mantenían contacto telefónico. La paciente describía a su pareja como su principal apoyo emocional y organizativo, lo que había dejado un vacío importante en la toma de decisiones y en la vida cotidiana. Entre los factores de vulnerabilidad destacaban la intensa dependencia afectiva del vínculo perdido, el sueño alterado, la disminución del autocuidado, la culpa persistente y la baja tolerancia a la soledad. Como factores protectores se identificaron aceptación de la entrevista, presencia de familia disponible, ausencia de plan autolesivo activo, disposición parcial a recibir ayuda y conservación de cierta capacidad reflexiva.
Problemas de cuidados priorizados
La situación se interpretó como un proceso de duelo con signos de elevada complejidad clínica y riesgo de deterioro funcional. Entre los problemas prioritarios destacaron el afrontamiento ineficaz ante la pérdida, el trastorno del patrón de sueño, el riesgo de aislamiento social, el desequilibrio en el autocuidado básico y el riesgo de empeoramiento del estado emocional con necesidad de vigilancia estrecha. También se consideró relevante el sentimiento de culpa desadaptativo y la dificultad para utilizar de forma efectiva la red de apoyo disponible.
La priorización no se centró únicamente en reducir el llanto o las verbalizaciones de tristeza, sino en proteger áreas que podían precipitar mayor deterioro: descanso insuficiente, omisión de medicación habitual, ingesta escasa, desestructuración del día y vivencia creciente de desesperanza. Se valoró, por tanto, que la intervención enfermera debía combinar sostén emocional con medidas concretas orientadas a recuperar mínimos de funcionamiento diario.
Planificación de objetivos de cuidados
En la fase inicial se plantearon objetivos asistenciales a corto plazo: que la paciente pudiera identificar y expresar su malestar en un entorno seguro; que mejorara parcialmente el descanso nocturno; que retomara al menos una pauta básica de alimentación e higiene; que aceptara apoyo familiar organizado; y que pudiera comunicar de forma temprana cualquier intensificación de pensamientos de muerte o sensación de pérdida de control.
A medio plazo se propusieron metas más amplias, como disminuir la intensidad de la rumiación culpógena, recuperar cierta tolerancia a permanecer tiempos breves en el domicilio, restablecer rutinas sencillas, mejorar la adherencia al tratamiento habitual y favorecer una elaboración del duelo menos desorganizante. Se explicó a la paciente que el objetivo no era dejar de sentir dolor en un plazo breve, sino evitar que el sufrimiento absorbiera por completo su funcionamiento y su seguridad.
Intervenciones enfermeras
La primera línea de actuación fue la construcción de una relación terapéutica basada en presencia, escucha y validación. Se favoreció que M.R. relatara la pérdida con su propio ritmo, evitando interpretaciones prematuras o frases de consuelo estandarizadas. Se trabajó la legitimación del dolor sin reforzar las ideas de culpa. Cuando aparecían autorreproches, la enfermera devolvía preguntas exploratorias y elementos de realidad que permitieran matizar pensamientos absolutos, siempre desde una actitud no confrontativa.
La contención emocional incluyó técnicas sencillas de focalización en el presente cuando la paciente entraba en bucles de gran activación. Se emplearon pausas, respiración guiada de baja complejidad y ayudas para identificar sensaciones corporales asociadas a la ansiedad. Estas estrategias no se presentaron como solución al duelo, sino como recursos puntuales para reducir el desbordamiento y hacer posible la conversación clínica.
En relación con el autocuidado, se acordaron objetivos muy concretos y alcanzables: realizar tres ingestas sencillas al día, mantener higiene básica, preparar la medicación de la semana con supervisión familiar y limitar el tiempo nocturno dedicado a revisar recuerdos digitales. La estructuración del día se abordó mediante una planificación mínima de actividades, priorizando levantarse a una hora aproximada, salir al exterior acompañada y realizar una tarea doméstica breve. Se evitó proponer metas excesivas que pudieran incrementar la vivencia de fracaso.
La intervención con la familia resultó especialmente relevante. Con consentimiento de la paciente, se orientó a la hermana sobre formas de acompañamiento que no invadieran ni infantilizaran: presencia regular, ayuda práctica con comida y medicación, observación de cambios llamativos en el estado emocional y evitación de mensajes presionantes del tipo “debes superarlo”. También se recomendó distribuir el apoyo entre varios miembros de la red para no concentrar toda la carga en una sola persona.
Se exploró de manera repetida la seguridad emocional. En cada contacto se valoró la aparición de ideación autolítica más estructurada, consumo no pautado de fármacos, abandono marcado del autocuidado o desconexión social extrema. Dada la intensidad del malestar, se promovió coordinación con el médico responsable para reevaluación clínica general y ajuste de seguimiento. Asimismo, se facilitó la derivación a atención especializada en salud mental, no como sustitución del acompañamiento enfermero, sino como complemento cuando la complejidad del cuadro lo aconseja.
Evolución durante el seguimiento
En los primeros contactos, M.R. mantuvo llanto frecuente e intensa dificultad para hablar del futuro. No obstante, empezó a acudir de forma regular a las citas y a responder a las llamadas de seguimiento, lo que se interpretó como un signo de alianza terapéutica. Con apoyo familiar, logró reintroducir una pauta básica de comidas y mejorar discretamente el descanso. Persistía la tendencia a revisar fotografías durante la noche, pero fue capaz de reducir ese tiempo en algunos días.
En una revisión posterior, la paciente expresó menor sensación de caos inmediato y pudo identificar momentos del día en los que el dolor se hacía más tolerable. Continuaban la culpa y la evitación de ciertos espacios de la vivienda, aunque ya aceptaba permanecer en casa durante periodos breves sin acompañamiento continuo. Comenzó a verbalizar que necesitaba ayuda para reorganizar cuestiones prácticas que antes asumía su pareja, aspecto que permitió ampliar el trabajo enfermero hacia el fortalecimiento de autonomía gradual.
La evolución no fue lineal. Hubo repuntes emocionales coincidiendo con gestiones administrativas, encuentros familiares y aniversarios de pequeña escala, como fechas semanales asociadas a rutinas compartidas. Lejos de interpretarse como fracaso terapéutico, estos altibajos se incorporaron al plan de cuidados como momentos previsibles de mayor vulnerabilidad. En ese marco, se reforzaron recursos de afrontamiento, apoyo de la red y criterios de consulta precoz.
Al cierre del periodo descrito, M.R. mantenía sufrimiento relevante, pero presentaba mejoría parcial en alimentación, higiene, cumplimiento terapéutico y comunicación con la familia. La rumiación seguía presente, aunque con menor intensidad durante la entrevista, y la paciente era capaz de reconocer que necesitaba un proceso más prolongado de acompañamiento. La continuidad asistencial se consideró necesaria, junto con coordinación interdisciplinar para sostener la evolución y vigilar el riesgo clínico.
Discusión/Conclusiones
El caso expuesto muestra que el duelo complicado no siempre se presenta como una ruptura espectacular del comportamiento, sino a menudo como una combinación de dolor persistente, culpa, insomnio, desorganización funcional y reducción progresiva de recursos personales. Desde Enfermería, la identificación precoz de este patrón puede evitar que el sufrimiento quede banalizado bajo la idea de que “todo duelo es normal” o, en sentido opuesto, que se patologice de forma apresurada cualquier manifestación intensa de pena. La clave se sitúa en valorar la repercusión global de la pérdida sobre la seguridad, el autocuidado y la capacidad de adaptación.
La relación terapéutica ocupa un lugar central. Escuchar no equivale a una intervención pasiva. Exige sostener el relato del paciente sin precipitar cierres, reconocer emociones ambivalentes y detectar cuándo el discurso refleja culpa rígida, desesperanza, aislamiento o incapacidad funcional mantenida. En este escenario, la enfermera actúa como profesional que acompaña, estructura, observa y reevalúa, aportando un marco de continuidad que puede resultar especialmente valioso en fases de gran desorganización.
Otro elemento relevante es la necesidad de trabajar sobre aspectos básicos que a veces quedan relegados frente al impacto emocional. Dormir algo mejor, comer con cierta regularidad, tomar la medicación habitual o tolerar periodos breves de actividad cotidiana no resuelven el duelo, pero pueden disminuir vulnerabilidad y facilitar la elaboración psicológica. El sostén enfermero gana eficacia cuando se traduce en objetivos pequeños, realistas y revisables, en lugar de recomendaciones abstractas o excesivamente amplias.
La familia y el entorno pueden funcionar como recurso o como fuente añadida de tensión. Por ello, su inclusión en el plan de cuidados debe ser deliberada. Orientar a los allegados sobre cómo acompañar, qué signos vigilar y cuándo pedir ayuda contribuye a reducir intervenciones bienintencionadas pero contraproducentes, como la sobreprotección, la minimización del dolor o la exigencia de recuperación rápida. La coordinación con otros profesionales resulta igualmente importante cuando existen ideas de muerte, uso inadecuado de fármacos, deterioro marcado del funcionamiento o persistencia de síntomas que desbordan el seguimiento enfermero habitual.
Entre las limitaciones del abordaje descrito se encuentra la variabilidad inherente a cada experiencia de pérdida. No existe una secuencia única ni una respuesta universalmente esperable. La interpretación clínica debe individualizarse según historia personal, significado del vínculo, condiciones sociofamiliares, antecedentes emocionales y momento evolutivo. Precisamente por ello, el proceso de Enfermería aporta una estructura útil: ayuda a ordenar la observación, priorizar necesidades y adaptar intervenciones sin perder la singularidad del paciente.
El apoyo enfermero en situaciones de duelo complicado tras pérdida reciente puede contribuir de forma relevante a contener el sufrimiento, preservar funciones básicas y facilitar una adaptación menos desorganizante. Su valor no radica solo en acompañar, sino en hacerlo con intención clínica, continuidad, capacidad de evaluación y coordinación asistencial. En pacientes especialmente vulnerables, esta intervención puede marcar la diferencia entre un proceso de elaboración progresiva y un deterioro emocional con mayores consecuencias personales, familiares y sanitarias.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.
Financiación
Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.
Bibliografía
- Pearce C, Wong G, Kuhn I, Barclay S. Supporting bereavement and complicated grief in primary care: a realist review.. BJGP Open. 2021;5(3). doi: https://doi.org/10.3399/BJGPO.2021.0008
- Mason TM, Tofthagen CS, Buck HG. Complicated Grief: Risk Factors, Protective Factors, and Interventions.. J Soc Work End Life Palliat Care. 2020;16(2):151-174. doi: https://doi.org/10.1080/15524256.2020.1745726
- Arizmendi BJ, O'Connor MF. What is "normal" in grief?. Aust Crit Care. 2015;28(2):58-62; quiz 63. doi: https://doi.org/10.1016/j.aucc.2015.01.005
- McNeil MJ, Baker JN, Snyder I, Rosenberg AR, Kaye EC. Grief and Bereavement in Fathers After the Death of a Child: A Systematic Review.. Pediatrics. 2021;147(4). doi: https://doi.org/10.1542/peds.2020-040386
- Kirwin KM, Hamrin V. Decreasing the risk of complicated bereavement and future psychiatric disorders in children.. J Child Adolesc Psychiatr Nurs. 2005;18(2):62-78. doi: https://doi.org/10.1111/j.1744-6171.2005.00002.x
- Prigerson HG, Singer J, Killikelly C. Prolonged Grief Disorder: Addressing Misconceptions With Evidence.. Am J Geriatr Psychiatry. 2024;32(5):527-534. doi: https://doi.org/10.1016/j.jagp.2023.10.020
- Poole J, Ward J, DeLuca E, Shildrick M, Abbey S, Mauthner O, et al.. Grief and loss for patients before and after heart transplant.. Heart Lung. 2016;45(3):193-8. doi: https://doi.org/10.1016/j.hrtlng.2016.01.006
- Grassi L. Bereavement in families with relatives dying of cancer.. Curr Opin Support Palliat Care. 2007;1(1):43-9. doi: https://doi.org/10.1097/SPC.0b013e32813a3276
- Vigil GJ, Clements PT. Child and adolescent homicide survivors. Complicated grief and altered worldviews.. J Psychosoc Nurs Ment Health Serv. 2003;41(1):30-9. doi: https://doi.org/10.3928/0279-3695-20030101-11
- Ramsburg H, Fischer AG, MacKenzie Greenle M, Fehnel CR. Care of the Patient Nearing the End of Life in the Neurointensive Care Unit.. Neurocrit Care. 2024;41(3):749-759. doi: https://doi.org/10.1007/s12028-024-02064-5
- Shinada K, Kohno T, Fukuda K, Higashitani M, Kawamatsu N, Kitai T, et al.. Depression and complicated grief in bereaved caregivers in cardiovascular diseases: prevalence and determinants.. BMJ Support Palliat Care. 2024;13(e3):e990-e1000. doi: https://doi.org/10.1136/bmjspcare-2021-002998
- Wilson DM, Darko EM, Kusi-Appiah E, Roh SJ, Ramic A, Errasti-Ibarrondo B. What Exactly Is "Complicated" Grief? A Scoping Research Literature Review to Understand Its Risk Factors and Prevalence.. Omega (Westport). 2022;86(2):471-487. doi: https://doi.org/10.1177/0030222820977305