Atención enfermera a paciente con golpe de calor y enfermedad crónica concomitante

Nursing care for a patient with heat stroke and concomitant chronic disease

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:282

Autor principal (primer firmante): Jorge Navarro Medina

Fecha recepción: 29/07/26

Fecha aceptación: 19/08/26

Fecha de publicación: 26/08/26

Ref.: CADICE. 2026;1(8):282

Autores:
Jorge Navarro Medina
Elena Vargas Prieto
Rocío Sánchez Gil
Pablo Ibáñez Cortés

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Hidratación; Triaje; Servicio de urgencias; Atención inicial; Cuidados de Enfermería; Hipertermia; Enfermería de urgencias; Golpe de calor; Proceso de Enfermería; Enfermedad crónica

Keywords: Hydration; Triage; Emergency Service, Hospital; Initial Care; Nursing Care; Hyperthermia; Emergency Nursing; Heat Stroke; Nursing Process; Chronic Disease

Resumen

Introducción: El golpe de calor constituye una urgencia tiempo-dependiente asociada a fracaso de la termorregulación, alteración neurológica y riesgo de deterioro multiorgánico. En la práctica asistencial, su abordaje se vuelve más complejo cuando concurre una enfermedad crónica, ya que esta puede modificar la presentación clínica, la tolerancia hemodinámica, la respuesta a la hidratación y las necesidades de vigilancia continuada. La Enfermería de urgencias participa desde el triaje hasta la estabilización inicial, la monitorización y la preparación de la continuidad de cuidados.

Objetivos: Describir el abordaje enfermero de una persona atendida en urgencias por golpe de calor con patología crónica concomitante, identificando prioridades clínicas, problemas de cuidados y elementos relevantes para la seguridad del paciente.

Metodología: Se expone una situación clínica del ámbito hospitalario estructurada mediante el proceso de Enfermería. El análisis se organiza a partir de la valoración inicial, la identificación de problemas prioritarios, la planificación de cuidados, la ejecución de intervenciones y el seguimiento evolutivo durante la atención urgente.

Resultados: Se presenta un paciente varón de edad avanzada con antecedente de insuficiencia cardiaca crónica e hipertensión arterial, trasladado a urgencias tras exposición prolongada al calor ambiental, con hipertermia, debilidad intensa, desorientación, piel caliente y signos de compromiso hemodinámico inicial. La atención enfermera priorizó el triaje urgente, la evaluación neurológica y circulatoria, el inicio precoz de medidas físicas de enfriamiento, la canalización venosa, la hidratación prescrita y cuidadosamente monitorizada, el control de la respuesta clínica y la prevención de complicaciones asociadas tanto al golpe de calor como a la comorbilidad cardiovascular. La evolución inicial fue favorable tras la estabilización, con mejoría del nivel de conciencia, descenso progresivo de la temperatura y necesidad posterior de vigilancia continuada.

Discusión/Conclusiones: La presencia de enfermedad crónica obliga a individualizar los cuidados y a evitar abordajes uniformes. En estos pacientes, la valoración enfermera sistemática permite detectar precozmente riesgo de sobrecarga hídrica, deterioro neurológico, perfusión ineficaz, alteraciones de la piel y dependencia transitoria para las actividades básicas. El manejo coordinado, prudente y orientado a prioridades puede contribuir a reducir complicaciones y a mejorar la seguridad clínica en urgencias.

Abstract

Introduction: Heat stroke is a time-sensitive emergency associated with thermoregulatory failure, neurological impairment and potential multiorgan dysfunction. In clinical practice, management becomes more complex when chronic disease is present, as comorbidity may influence clinical presentation, hemodynamic tolerance, fluid management and ongoing monitoring needs. Emergency nursing is involved from triage to early stabilization, surveillance and discharge planning or transfer of care.

Objectives: To describe the nursing management of a patient admitted to the emergency department with heat stroke and a concomitant chronic condition, focusing on clinical priorities, care problems and patient safety issues.

Methodology: A hospital-based clinical situation is presented and structured through the nursing process. The analysis is organised around initial assessment, identification of priority care problems, care planning, implementation of interventions and short-term clinical follow-up during emergency care.

Results: An older male patient with chronic heart failure and hypertension was admitted after prolonged heat exposure, presenting with hyperthermia, marked weakness, confusion, hot skin and signs of early hemodynamic compromise. Nursing care prioritised urgent triage, neurological and circulatory assessment, prompt cooling measures, venous access, prescribed and closely monitored hydration, evaluation of clinical response and prevention of complications related both to heat stroke and cardiovascular comorbidity. Early progression was favourable after stabilisation, with improved consciousness, gradual temperature reduction and need for continued observation.

Discussion/Conclusions: The presence of chronic disease requires individualised nursing care and discourages standardised responses. In these patients, structured nursing assessment helps identify early risk of fluid overload, neurological deterioration, ineffective perfusion, skin impairment and temporary dependence in basic activities. Coordinated, cautious and priority-based management may contribute to fewer complications and improved safety in the emergency setting.

Introducción

El golpe de calor representa una de las formas más graves de hipertermia asociada a exposición ambiental o a una producción de calor que supera la capacidad del organismo para disiparlo. Su reconocimiento precoz en el área de urgencias resulta determinante, ya que la persistencia de temperaturas elevadas y la alteración del estado mental pueden acompañarse de inestabilidad hemodinámica, compromiso renal, afectación muscular y trastornos de la coagulación o de la función cardiocirculatoria. En este escenario, la atención enfermera no se limita a la aplicación de medidas físicas de enfriamiento, sino que integra la priorización clínica, la monitorización estrecha y la adaptación de los cuidados a las condiciones basales del paciente.

La coexistencia de enfermedad crónica añade complejidad asistencial. La edad avanzada, la insuficiencia cardiaca, la enfermedad renal, la diabetes, las patologías respiratorias crónicas o los trastornos neurológicos pueden favorecer la aparición de descompensación durante episodios de calor intenso y, al mismo tiempo, condicionar la respuesta a las intervenciones iniciales. Además, algunos tratamientos habituales pueden alterar la percepción de sed, la tolerancia al esfuerzo, el equilibrio hidroelectrolítico o la capacidad de termorregulación. Por ello, la valoración inicial debe contemplar no solo el episodio agudo, sino también la situación funcional previa, la medicación habitual, el nivel de autonomía y el riesgo de complicaciones derivadas de la comorbilidad.

En el entorno del servicio de urgencias, el papel de Enfermería comienza en el triaje, donde la combinación de hipertermia, alteración neurológica y antecedente de exposición al calor obliga a una priorización elevada. A partir de ese momento, la secuencia asistencial exige medidas simultáneas: asegurar la vía aérea cuando proceda, valorar la respiración y la perfusión, iniciar el descenso de la temperatura, facilitar la hidratación según prescripción y situación clínica, controlar la respuesta hemodinámica y detectar signos de empeoramiento. La observación continuada es especialmente relevante en pacientes con enfermedad crónica, ya que la evolución puede fluctuar y no siempre sigue un patrón lineal.

Desde la perspectiva enfermera, este tipo de situación clínica permite poner en valor el proceso de atención como herramienta de razonamiento clínico. La identificación de prioridades de cuidados, la vigilancia de respuestas al tratamiento, la prevención de complicaciones y la preparación de la continuidad asistencial constituyen elementos centrales de una práctica segura. El interés de presentar un caso de estas características radica en mostrar cómo la toma de decisiones enfermera debe combinar rapidez, prudencia y capacidad de individualización.

Objetivos

Describir la atención enfermera inicial y evolutiva en un paciente con golpe de calor y enfermedad crónica concomitante atendido en un servicio de urgencias.

Como objetivos específicos, se plantean los siguientes:

  • Analizar los aspectos prioritarios de la valoración enfermera durante el triaje y la recepción del paciente.
  • Identificar los principales problemas de cuidados asociados a la hipertermia grave y a la comorbilidad cardiovascular.
  • Exponer intervenciones enfermeras orientadas al enfriamiento, la hidratación, la monitorización y la prevención de complicaciones.
  • Describir la evolución clínica inmediata y los elementos relevantes para la continuidad de cuidados tras la estabilización inicial.

Metodología

Se desarrolla una situación clínica del ámbito hospitalario estructurada mediante el proceso de Enfermería. El caso se organiza en torno a la valoración inicial en urgencias, la identificación de problemas prioritarios, la planificación de cuidados, la ejecución de intervenciones y la reevaluación continuada durante las primeras horas de atención.

La valoración se centra en parámetros clínicos habitualmente relevantes ante un cuadro de hipertermia grave: estado de conciencia, patrón respiratorio, situación circulatoria, temperatura corporal, estado de hidratación, integridad cutánea, diuresis, tolerancia al tratamiento y antecedentes de salud. Se incorpora asimismo la revisión de la enfermedad crónica concomitante por su repercusión sobre el manejo agudo, especialmente en lo relativo al equilibrio hídrico y al riesgo de descompensación.

Para ordenar la intervención se utilizan formulaciones enfermeras de uso habitual en la práctica clínica, orientadas a problemas de perfusión, termorregulación, volumen de líquidos, seguridad, movilidad y autocuidado. La planificación se expresa de forma clínica y operativa, sin asumir protocolos cerrados, ya que la atención debe adaptarse a la valoración médica, a los recursos disponibles y a los procedimientos vigentes del centro.

La evolución se presenta de manera secuencial, atendiendo a la respuesta observada tras las medidas iniciales de enfriamiento y soporte. El interés metodológico del caso reside en mostrar la interacción entre la urgencia térmica y una enfermedad crónica frecuente, destacando la necesidad de monitorización estrecha y de ajustes prudentes en la administración de fluidos y en la vigilancia de signos de sobrecarga o deterioro orgánico.

Resultados

Presentación de la situación clínica

Varón de 78 años, identificado como J.M., trasladado al servicio de urgencias desde la vía pública tras haber permanecido varias horas en un entorno exterior con temperaturas elevadas. A su llegada presenta debilidad marcada, inestabilidad para la marcha, lenguaje enlentecido y desorientación parcial. La piel se observa caliente, enrojecida y seca; refiere intensa sensación de agotamiento y no recuerda con claridad la ingesta hídrica del día. Entre sus antecedentes destacan insuficiencia cardiaca crónica, hipertensión arterial y limitación funcional moderada para esfuerzos prolongados. Vive con su esposa, mantiene autonomía básica, aunque precisa ayuda puntual para actividades instrumentales.

En el triaje se objetiva un cuadro compatible con hipertermia grave asociada a alteración del estado mental. El paciente es priorizado para atención urgente y trasladado a box monitorizado. La valoración inicial orienta a compromiso de la termorregulación con probable depleción de volumen y riesgo de afectación sistémica. La enfermedad cardiaca previa obliga a extremar la vigilancia sobre la respuesta hemodinámica y la tolerancia a la reposición de fluidos.

Valoración enfermera inicial

La primera valoración se realiza siguiendo un enfoque de prioridades. El paciente mantiene la vía aérea permeable y respiración espontánea, aunque con patrón superficial y cansancio evidente. Se inicia monitorización clínica continua y se comprueba la situación circulatoria, apreciándose perfusión periférica comprometida y mucosas secas. El nivel de conciencia fluctúa entre respuesta lenta y momentos de mayor obnubilación, sin focalidad neurológica evidente en la exploración inicial de urgencias.

La temperatura corporal se encuentra claramente elevada. Desde la perspectiva enfermera, este hallazgo no se interpreta de forma aislada, sino en conjunto con la exposición ambiental, la alteración neurológica, el agotamiento extremo y la fragilidad derivada de la comorbilidad. También se valora el riesgo de lesión cutánea, dado que la piel está muy caliente, con sudoración escasa y exposición previa mantenida al sol. El paciente porta ropa gruesa para la temperatura ambiental, circunstancia que pudo dificultar la disipación térmica.

En la entrevista breve con el acompañante se recoge que durante los días previos había presentado menor apetito, cansancio y reducción de la ingesta de líquidos. El tratamiento habitual incluye fármacos cardiovasculares, por lo que se considera probable una menor reserva fisiológica para afrontar pérdidas hídricas. Esta información resulta relevante para individualizar los cuidados y prever la necesidad de vigilancia estrecha tras las medidas iniciales.

Problemas de cuidados identificados

Durante las primeras fases de atención se priorizan varios problemas clínico-enfermeros interrelacionados. Destacan la hipertermia con alteración de la termorregulación, el déficit de volumen de líquidos o riesgo elevado de presentarlo, la perfusión tisular comprometida, el riesgo de deterioro neurológico, la intolerancia transitoria a la actividad, la dependencia parcial para el autocuidado y el riesgo de lesión relacionado con desorientación, debilidad e inestabilidad postural.

La insuficiencia cardiaca crónica introduce un problema añadido: el equilibrio entre la necesidad de reposición hídrica y el riesgo potencial de sobrecarga circulatoria. Por ello, la intervención enfermera se orienta no solo a corregir la situación inicial, sino también a detectar signos de congestión, cambios respiratorios o empeoramiento hemodinámico durante la rehidratación y el periodo de observación.

Planificación y ejecución de cuidados

La prioridad inmediata es favorecer un descenso seguro de la temperatura corporal. Se retira la ropa innecesaria, se traslada al paciente a un ambiente fresco y se inician medidas físicas de enfriamiento de acuerdo con la prescripción y la práctica clínica habitual del servicio: exposición corporal controlada, aplicación de compresas frías en zonas de intercambio térmico y apoyo con ventilación ambiental. Durante este proceso se preserva la intimidad y se vigila la tolerancia al procedimiento, evitando retrasos innecesarios.

De forma simultánea se canaliza una vía venosa periférica, se extraen muestras según indicación clínica y se administra fluidoterapia prescrita con monitorización estrecha. La actuación enfermera presta especial atención a la respuesta del paciente: mejoría o persistencia de la obnubilación, cambios en la coloración cutánea, relleno capilar, diuresis, aparición de disnea, incremento del trabajo respiratorio o signos compatibles con mala tolerancia al aporte de volumen. La auscultación y la observación seriada permiten detectar precozmente datos sugerentes de congestión.

El control de constantes se realiza de manera repetida y contextualizada. No se trata únicamente de registrar valores, sino de interpretar tendencias: descenso progresivo de la temperatura, recuperación del contacto con el entorno, estabilización de la presión arterial, mejoría del pulso periférico y reducción de la sensación de agotamiento. También se revisa la glucemia capilar por la posibilidad de alteraciones metabólicas concomitantes y por la frecuencia con que las enfermedades crónicas se asocian entre sí en pacientes de edad avanzada.

En relación con la seguridad, se mantienen barandillas, supervisión continua y ayuda para cualquier movilización. El paciente permanece inicialmente en reposo en cama con cambios posturales prudentes, vigilancia del confort y protección cutánea. La piel, además del efecto de la hipertermia, puede verse comprometida por sequedad, roce o inmovilidad relativa; por ello se revisan zonas de apoyo, se evita el exceso de humedad secundaria a las medidas de enfriamiento y se utilizan superficies limpias y secas.

La comunicación con el paciente y la familia ocupa un lugar relevante. A medida que mejora el nivel de conciencia se proporcionan explicaciones breves y claras sobre las intervenciones en curso, intentando reducir la ansiedad. Con el acompañante se recogen datos funcionales, medicación domiciliaria, tolerancia basal al esfuerzo y posibles episodios previos relacionados con el calor. Esta información facilita la interpretación clínica y prepara la continuidad asistencial posterior.

Evolución durante la atención urgente

Tras el inicio de las medidas de enfriamiento y la hidratación prescrita, se aprecia un descenso gradual de la temperatura corporal y una mejor respuesta al contacto verbal. El paciente pasa de una desorientación marcada a reconocer el entorno inmediato y colaborar en órdenes sencillas. Disminuye la sensación de debilidad extrema, aunque persiste astenia importante y necesidad de ayuda para la movilización. La perfusión periférica mejora y las mucosas se muestran menos secas.

Durante la reevaluación seriada no aparecen signos evidentes de edema agudo ni empeoramiento respiratorio, pero se mantiene vigilancia estrecha por la patología cardiaca de base. La recuperación parcial del estado de conciencia permite ampliar la valoración: el paciente refiere que había salido a realizar gestiones en las horas centrales del día, con escasa ingesta de agua y sin descansos en zonas de sombra. Reconoce además menor tolerancia al calor en los últimos veranos y episodios recientes de cansancio con temperaturas elevadas.

En fases posteriores de observación continúa precisando control de temperatura, balance hídrico, monitorización clínica y valoración médica evolutiva. Desde Enfermería se identifica una dependencia transitoria para el vestido, la deambulación y la gestión de necesidades básicas inmediatas. También se considera relevante el riesgo de repetición del episodio, condicionado por la edad, la enfermedad crónica, la posible percepción tardía de sed y una adaptación insuficiente de sus rutinas al calor ambiental.

Continuidad de cuidados

Una vez superada la fase de mayor inestabilidad, la continuidad de cuidados se orienta a mantener la observación clínica, favorecer la recuperación funcional y reforzar la prevención. Se transmite en el relevo la necesidad de seguir vigilando estado neurológico, patrón respiratorio, tolerancia a fluidos, diuresis, integridad cutánea y respuesta a la movilización progresiva. Igualmente se destaca la conveniencia de revisar la medicación habitual en el marco de la valoración médica global y de explorar factores sociales o funcionales que puedan incrementar la vulnerabilidad frente a nuevas exposiciones al calor.

En la preparación del alta o del traslado a observación, según evolución, la intervención enfermera incluye educación sanitaria básica al paciente y la familia: reconocimiento temprano de signos de alarma relacionados con agotamiento por calor, importancia de la hidratación adaptada a su situación clínica, evitación de exposición en horas de mayor temperatura, uso de ropa ligera y búsqueda de entornos frescos. Estas indicaciones se formulan de manera individualizada y prudente, teniendo presente la enfermedad cardiaca y la necesidad de seguir las recomendaciones médicas respecto a la ingesta hídrica y al tratamiento de base.

Discusión/Conclusiones

La situación expuesta muestra que el golpe de calor en una persona con enfermedad crónica no debe abordarse como un episodio aislado de hipertermia, sino como un problema complejo en el que convergen fragilidad, menor reserva fisiológica y riesgo de descompensación de patologías previas. Para Enfermería, esta complejidad se traduce en una necesidad constante de integrar datos: exposición ambiental, nivel de conciencia, estado circulatorio, situación funcional basal, tratamiento habitual y tolerancia a las medidas terapéuticas indicadas.

Uno de los aspectos más relevantes del caso es la individualización de la hidratación. En presencia de insuficiencia cardiaca crónica, la reposición de volumen puede ser necesaria, pero requiere observación minuciosa para evitar consecuencias adversas. La vigilancia enfermera, basada en la reevaluación frecuente de la respiración, la perfusión periférica, la diuresis, el confort y la respuesta general, ocupa una posición central en ese equilibrio. El mismo principio de individualización se aplica a la movilización, al control térmico, al manejo del entorno y a la educación sanitaria posterior.

También destaca la función del triaje enfermero. La identificación temprana de hipertermia asociada a alteración del estado mental permite acelerar la atención y reducir demoras en el inicio de medidas físicas de enfriamiento y soporte. En pacientes con comorbilidad, esta rapidez no debe comprometer la valoración global; al contrario, exige una recogida dirigida de datos que anticipe riesgos y ayude a priorizar decisiones.

Desde el punto de vista de los cuidados, el proceso enfermero aporta un marco útil para ordenar la actuación en un contexto de elevada presión asistencial. La formulación de problemas prioritarios, la planificación orientada a objetivos inmediatos y la reevaluación continua favorecen la coherencia de las intervenciones y mejoran la transmisión de información entre profesionales. Además, permiten contemplar dimensiones a veces menos visibles en la urgencia, como la integridad cutánea, la dependencia transitoria para el autocuidado, el riesgo de caídas o la necesidad de apoyo al cuidador.

La evolución favorable inicial del paciente no elimina la necesidad de prudencia. Tras un episodio de golpe de calor pueden persistir cansancio, vulnerabilidad a nuevas exposiciones y necesidad de observación por posibles complicaciones tardías. En personas mayores con patología crónica, la planificación del alta o del traslado debe incorporar una visión preventiva, funcional y familiar. La educación sanitaria adquiere aquí un sentido práctico: adaptar rutinas, reconocer signos de empeoramiento y promover medidas de autoprotección compatibles con la enfermedad de base.

En conjunto, la atención enfermera ante el golpe de calor con enfermedad crónica concomitante requiere una respuesta precoz, organizada y flexible. El descenso de la temperatura, la hidratación monitorizada, la vigilancia neurológica y hemodinámica, la prevención de complicaciones y la continuidad de cuidados constituyen ejes asistenciales prioritarios. La capacidad de Enfermería para detectar cambios clínicos, coordinar intervenciones y adaptar el cuidado a la fragilidad del paciente puede contribuir de forma significativa a una atención más segura y ajustada a la realidad asistencial.

Conflicto de intereses

Los autores manifiestan que no existe ningún conflicto de intereses que haya podido influir en el contenido del presente trabajo.

Financiación

La elaboración de este artículo no contó con financiación externa pública ni privada.

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