Caso clínico de anafilaxia alimentaria: intervención enfermera en fase inicial

Clinical case of food anaphylaxis: nursing intervention in the initial phase

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:73

Autor principal (primer firmante): Eva Sánchez Domínguez

Fecha recepción: 06/06/26

Fecha aceptación: 09/07/26

Fecha de publicación: 15/07/26

Ref.: CADICE. 2026;1(7):73

Autores:
Eva Sánchez Domínguez
Óscar Romero Gil
Silvia Cano Morales
Marcos Vidal Nieto
Lorena Pardo Sáez

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Anafilaxia; Servicio de urgencias; Epinefrina; Emergencias; Atención inicial; Enfermería de urgencias; Triaje; Cuidados de Enfermería; Proceso de Enfermería; Alergia alimentaria

Keywords: Anaphylaxis; Emergency Service, Hospital; Epinephrine; Emergencies; Initial Care; Emergency Nursing; Triage; Nursing Care; Nursing Process; Food Hypersensitivity

Resumen

Introducción: La anafilaxia alimentaria constituye una urgencia tiempo-dependiente que puede evolucionar con rapidez hacia compromiso respiratorio, hemodinámico o multiorgánico. En el área de urgencias, la actuación enfermera durante los primeros minutos influye de forma directa en la identificación precoz, la priorización en triaje, la administración del tratamiento inicial, la monitorización estrecha y la detección de recaídas o mala evolución.

Objetivos: Describir el abordaje enfermero inicial ante un cuadro compatible con anafilaxia alimentaria en urgencias, exponer la valoración clínica prioritaria y analizar la planificación de cuidados, la intervención inmediata y la continuidad asistencial durante la observación y el alta.

Metodología: Se presenta una situación clínica estructurada mediante el proceso de Enfermería en el entorno hospitalario de urgencias. El abordaje integra valoración inicial, priorización, identificación de problemas de cuidados, planificación de intervenciones, seguimiento evolutivo y educación sanitaria al finalizar el episodio.

Resultados: Mujer adulta sin dependencia funcional, con antecedentes de alergia alimentaria conocida, que acude a urgencias tras ingesta accidental. En pocos minutos desarrolla prurito generalizado, urticaria, sensación de opresión faríngea, disnea progresiva y mareo. En triaje se identifica una situación de alta prioridad y se activa atención inmediata. Enfermería realiza valoración rápida, coloca a la paciente en posición adecuada, inicia monitorización, canaliza acceso venoso, prepara y administra epinefrina intramuscular según prescripción y protocolo del servicio, colabora en la administración de oxígeno y tratamiento complementario indicado, y mantiene vigilancia clínica continua. La evolución inicial es favorable, con mejoría respiratoria y hemodinámica, seguida de periodo de observación y refuerzo educativo orientado a prevención de nuevas exposiciones, reconocimiento precoz de síntomas y uso del autoinyector si estuviera indicado.

Discusión/Conclusiones: La anafilaxia exige una respuesta organizada, precoz y coordinada. El papel de Enfermería abarca desde el reconocimiento de signos de gravedad hasta la evaluación continuada de la respuesta clínica y la preparación del paciente para el alta segura. Una valoración sistemática, la rapidez en la administración de epinefrina y la educación sanitaria individualizada pueden contribuir a mejorar la seguridad del paciente y la continuidad de cuidados.

Abstract

Introduction: Food-induced anaphylaxis is a time-sensitive emergency that may rapidly progress to respiratory, hemodynamic or multisystem compromise. In the emergency setting, nursing actions during the first minutes have a direct impact on early recognition, triage prioritization, initial treatment, close monitoring and detection of relapse or clinical deterioration.

Objectives: To describe the initial nursing management of a patient presenting to the emergency department with suspected food anaphylaxis, to outline priority clinical assessment, and to analyze care planning, immediate interventions and continuity of care during observation and discharge.

Methodology: A clinical situation structured through the nursing process in the hospital emergency setting is presented. The approach includes initial assessment, prioritization, identification of care problems, planning of interventions, follow-up and patient education at the end of the episode.

Results: An independent adult woman with known food allergy arrived at the emergency department after accidental exposure. Within minutes, she developed generalized pruritus, urticaria, throat tightness, progressive dyspnea and dizziness. Triage identified a high-priority situation and immediate care was initiated. Nursing staff performed rapid assessment, positioned the patient appropriately, started monitoring, secured intravenous access, prepared and administered intramuscular epinephrine according to prescription and local procedures, collaborated in oxygen therapy and additional prescribed treatment, and maintained continuous clinical surveillance. Initial evolution was favorable, with respiratory and hemodynamic improvement, followed by an observation period and discharge education focused on prevention of future exposure, early recognition of symptoms and the use of an autoinjector when indicated.

Discussion/Conclusions: Anaphylaxis requires an organized, early and coordinated response. The nursing role includes recognition of severity signs, continuous evaluation of clinical response and preparation for safe discharge. Systematic assessment, timely epinephrine administration and individualized education may contribute to patient safety and continuity of care.

Introducción

La anafilaxia es una reacción de hipersensibilidad de inicio agudo y potencial gravedad que requiere identificación inmediata en cualquier punto del circuito asistencial. Entre sus desencadenantes, los alimentos ocupan un lugar relevante en la práctica clínica diaria, especialmente por la posibilidad de exposiciones accidentales y por la variabilidad en la intensidad de los síntomas. El cuadro puede comenzar con manifestaciones cutáneas o digestivas aparentemente limitadas y progresar en poco tiempo hacia afectación respiratoria o compromiso circulatorio, lo que obliga a mantener una elevada sospecha clínica en triaje y en la primera valoración enfermera.

En los servicios de urgencias, la anafilaxia alimentaria plantea varias exigencias simultáneas: priorización asistencial, valoración rápida de la vía aérea y la respiración, monitorización continua, administración temprana del tratamiento indicado y observación posterior ante el riesgo de recurrencia clínica. La actuación no se limita al momento de máxima inestabilidad; también incluye la preparación del entorno, la comunicación con el equipo, la vigilancia de la respuesta al tratamiento y la educación sanitaria antes del alta.

Desde la perspectiva enfermera, el problema central no es únicamente la reacción alérgica en sí misma, sino el conjunto de necesidades alteradas que pueden aparecer de forma brusca: dificultad respiratoria, ansiedad intensa, inestabilidad hemodinámica, riesgo de lesión por síncope o deterioro rápido y necesidad de información para prevenir nuevos episodios. Por ello, el proceso de Enfermería ofrece un marco útil para organizar la atención, establecer prioridades y mantener la continuidad de cuidados a lo largo de las diferentes fases del episodio.

La relevancia de este abordaje aumenta cuando el ingreso en urgencias se produce en una fase inicial, antes de que la clínica alcance su máxima expresión. En esos minutos, la capacidad de Enfermería para reconocer patrones compatibles con anafilaxia y activar una respuesta proporcionada al riesgo puede modificar el curso del cuadro. El presente artículo desarrolla un caso clínico centrado en esa fase temprana de atención, con especial atención al triaje, la intervención inmediata y la planificación de cuidados durante la observación y el alta.

Objetivos

Describir la intervención enfermera en la fase inicial de un cuadro compatible con anafilaxia alimentaria atendido en urgencias hospitalarias.

Como objetivos específicos, se plantean los siguientes:

  • Analizar los elementos de valoración que permiten sospechar precozmente una anafilaxia en el área de triaje y en la primera atención.
  • Exponer los problemas de cuidados prioritarios identificados durante la evolución inicial.
  • Describir las intervenciones enfermeras orientadas a preservar la permeabilidad de la vía aérea, optimizar la oxigenación, sostener la perfusión y reducir el riesgo de deterioro clínico.
  • Reflejar la importancia de la monitorización continua, la reevaluación frecuente y la comunicación clínica dentro del equipo interdisciplinar.
  • Incorporar la educación sanitaria al alta como parte del proceso asistencial, especialmente en relación con evitación del alérgeno, signos de alarma y adherencia al plan terapéutico indicado.

Metodología

Se expone una situación clínica del ámbito hospitalario estructurada mediante el proceso de Enfermería. El caso se organiza a partir de la valoración inicial en urgencias, la priorización asistencial en triaje, la identificación de problemas de cuidados, la planificación de intervenciones inmediatas y el seguimiento evolutivo durante la permanencia en observación.

La valoración se centra en los dominios clínicos de mayor impacto en este tipo de urgencia: estado respiratorio, permeabilidad de la vía aérea, perfusión, nivel de conciencia, manifestaciones cutáneas, presencia de síntomas digestivos, antecedentes de alergia alimentaria, exposición reciente y tratamientos administrados antes de la llegada al hospital. Se adopta una secuencia de evaluación breve y repetida, orientada a detectar cambios clínicos en minutos.

Para la formulación del plan de cuidados se emplea lenguaje enfermero profesional y orientado a problemas prioritarios, con especial atención a la respuesta respiratoria comprometida, el riesgo de shock, la ansiedad aguda asociada a sensación de amenaza vital y la necesidad de conocimientos para el manejo posterior. Las intervenciones descritas corresponden al ámbito competencial enfermero en urgencias, siempre en coordinación con la prescripción médica y los procedimientos asistenciales vigentes en cada centro.

La evolución del caso se presenta de forma narrativa, integrando datos clínicos generales y decisiones de cuidados. No se incluyen cifras analíticas ni otros elementos no necesarios para el análisis enfermero del episodio. El interés metodológico del caso reside en mostrar cómo la actuación inicial, la vigilancia continua y la educación al alta forman parte de un mismo itinerario de cuidados.

Resultados

Presentación del caso y valoración inicial

Mujer de 34 años, independiente para las actividades básicas de la vida diaria, que acude al servicio de urgencias acompañada por un familiar tras haber ingerido de forma accidental un alimento elaborado fuera del domicilio. Refiere antecedente conocido de alergia alimentaria con episodios previos de reacción inmediata, aunque sin ingresos recientes. A su llegada al área de triaje presenta prurito intenso, eritema difuso con habones visibles en cuello y tronco, sensación de calor, voz ligeramente ronca, opresión faríngea, dificultad respiratoria progresiva y mareo.

La paciente se muestra ansiosa, verbaliza sensación de empeoramiento rápido y dificultad para completar frases largas. El familiar informa de que los síntomas comenzaron pocos minutos después de la ingesta y han avanzado en escaso tiempo. No consta traumatismo ni otra causa alternativa que justifique la clínica. La combinación de exposición alimentaria reciente, afectación cutánea generalizada y síntomas respiratorios orienta desde el inicio a una reacción sistémica grave, por lo que la prioridad asistencial se eleva de forma inmediata.

Enfermería realiza una primera valoración dirigida. La vía aérea se mantiene permeable, aunque la paciente refiere presión en garganta y la disfonía hace necesario vigilar estrechamente una posible progresión hacia edema de vía aérea superior. La respiración está conservada pero con trabajo respiratorio perceptible, sensación subjetiva de falta de aire y dificultad creciente. En la esfera circulatoria presenta palidez relativa, mareo y debilidad, datos compatibles con posible compromiso hemodinámico incipiente. El nivel de conciencia se mantiene, aunque con inquietud marcada.

Priorización y actuación en los primeros minutos

Tras la identificación del cuadro, la paciente es trasladada sin demora al área de atención inmediata. Se coloca en posición que favorece la tolerancia respiratoria y la perfusión, evitando movilizaciones innecesarias y manteniendo una observación continua. Se activa la atención del equipo responsable y se prepara el entorno para una posible rápida intensificación del cuadro.

Enfermería inicia monitorización clínica continua, presta atención a la evolución de la disnea, el color cutáneo, el estado mental y la aparición de nuevos signos de compromiso respiratorio o circulatorio. Se canaliza acceso venoso periférico para facilitar la administración del tratamiento indicado y una eventual expansión de volumen si la situación clínica lo requiriera. Al mismo tiempo, se revisa con rapidez si la paciente ha utilizado medicación previa antes de la llegada y si dispone de autoinyector de epinefrina.

Ante la alta sospecha clínica de anafilaxia, se prepara y administra epinefrina intramuscular conforme a la indicación facultativa y a los procedimientos del servicio. La participación enfermera en este momento es determinante, no solo por la preparación y administración del fármaco, sino también por la vigilancia posterior de la respuesta y de posibles signos de persistencia o empeoramiento. Se administra oxigenoterapia según la situación respiratoria observada y se colabora con el resto del tratamiento prescrito para el control sintomático y el soporte hemodinámico.

Durante este periodo inicial se mantiene comunicación breve, clara y tranquilizadora con la paciente. La ansiedad se interpreta en relación con la disnea y con la percepción de amenaza vital, evitando minimizar el malestar. Se explica cada intervención mientras se ejecuta, se mantiene al familiar informado dentro de los límites asistenciales y se prioriza un entorno funcional, con el material necesario disponible ante una eventual progresión del cuadro.

Problemas de cuidados identificados

La situación clínica permite reconocer varios problemas prioritarios. El primero es el deterioro respiratorio agudo manifestado por disnea progresiva, opresión faríngea, ronquera y dificultad para mantener un patrón ventilatorio confortable. Aunque la vía aérea permanece inicialmente permeable, existe riesgo de obstrucción si la reacción progresa, por lo que la vigilancia respiratoria se considera continua y de máxima prioridad.

En segundo lugar, se identifica riesgo elevado de perfusión tisular ineficaz asociado a la respuesta sistémica anafiláctica, con mareo, debilidad y posibilidad de inestabilidad hemodinámica. El control del estado circulatorio y la detección precoz de signos de hipotensión o deterioro general forman parte del núcleo del cuidado.

También se objetiva ansiedad aguda relacionada con la dificultad respiratoria, el recuerdo de episodios previos y el contexto de urgencia. Esta respuesta emocional puede aumentar la sensación subjetiva de ahogo, dificultar la colaboración y amplificar el malestar, por lo que requiere abordaje simultáneo al resto de las intervenciones.

Por último, una vez superada la fase de mayor riesgo, emerge la necesidad de reforzar conocimientos sobre evitación de alérgenos, lectura de etiquetado, actuación precoz ante nuevas exposiciones y uso correcto de la medicación de rescate si estuviera pautada. Este componente educativo es especialmente relevante para reducir demoras en futuros episodios y mejorar la seguridad tras el alta.

Planificación e intervenciones enfermeras

La planificación se orienta a objetivos inmediatos y de corto plazo: mantener la permeabilidad de la vía aérea, mejorar la tolerancia respiratoria, sostener la estabilidad clínica, detectar de forma precoz cualquier recaída y favorecer que la paciente comprenda las medidas básicas de prevención y respuesta posterior.

Entre las intervenciones realizadas destacan la observación clínica continuada, la reevaluación respiratoria frecuente, el control de la respuesta cutánea y del estado general, la monitorización de signos clínicos de perfusión, la vigilancia tras la administración de epinefrina y la preparación de material de soporte avanzado si fuera necesario. La enfermera registra la evolución de la sintomatología de forma secuencial y comunica de manera inmediata cualquier signo de empeoramiento al equipo responsable.

Se asegura una vía venosa funcional, se comprueba la correcta administración de la medicación prescrita y se observa la tolerancia a los fármacos. La colaboración interdisciplinar resulta constante: mientras se ejecutan medidas de soporte y vigilancia, se facilita la toma de decisiones clínicas y la continuidad del tratamiento.

En el plano emocional, se emplean intervenciones de apoyo breve orientadas a reducir el temor, fomentar la cooperación y modular la hipervigilancia asociada a la disnea. Se mantiene contacto verbal frecuente, con mensajes sencillos y directos, evitando sobrecargar de información a la paciente durante el momento de máxima inestabilidad.

Cuando la evolución comienza a ser favorable, la planificación incorpora observación prolongada, prevención de caídas por debilidad residual, revisión del antecedente alérgico y preparación del alta. En este momento, el cuidado enfermero deja de centrarse exclusivamente en la urgencia fisiológica y pasa a integrar la seguridad posterior al episodio.

Evolución clínica

Tras la administración inicial del tratamiento y las medidas de soporte, la paciente presenta mejoría gradual de la disnea y disminución de la sensación de opresión faríngea. La urticaria persiste durante un tiempo, aunque con menor intensidad subjetiva de prurito. La ansiedad desciende a medida que percibe una respiración más confortable y recibe información clara sobre la evolución. No aparecen datos clínicos de deterioro neurológico ni empeoramiento respiratorio inmediato durante la vigilancia inicial.

Se mantiene en observación para reevaluación seriada. Durante este periodo, Enfermería controla la aparición de recurrencia sintomática, valora la tolerancia al reposo, revisa la persistencia de síntomas cutáneos o digestivos y vigila cualquier cambio que sugiera reactivación del cuadro. La paciente permanece hemodinámicamente estable y sin nueva progresión respiratoria clínicamente apreciable.

Una vez confirmada la evolución favorable y completada la valoración médica, se inicia preparación para el alta. La intervención enfermera se dirige entonces a consolidar conocimientos y reducir riesgos tras la salida del servicio. Se revisa con la paciente la relación entre el alimento ingerido y el episodio, la necesidad de evitar posibles exposiciones, la conveniencia de comunicar de forma explícita su alergia en contextos de restauración y la importancia de consultar de nuevo de forma urgente ante signos compatibles con recurrencia.

Si la paciente dispone de autoinyector o se indica su uso tras el episodio, se refuerzan los aspectos prácticos de manejo, conservación y accesibilidad. También se insiste en no demorar la solicitud de atención sanitaria si reaparecen síntomas respiratorios, mareo, ronquera, generalización del exantema o cualquier sensación de empeoramiento tras una nueva ingesta sospechosa. El familiar acompañante participa en la educación final para mejorar la comprensión y la capacidad de respuesta en el entorno domiciliario.

Continuidad de cuidados y alta

El alta se plantea cuando la evolución clínica es estable y existe comprensión suficiente de las medidas inmediatas de seguridad. Enfermería verifica que la paciente puede explicar de forma básica qué signos justifican nueva consulta urgente, qué alimentos o situaciones deben extremar la vigilancia y qué tratamiento de rescate debe tener disponible, si así se ha indicado.

La continuidad asistencial también exige una documentación clara del episodio, del desencadenante sospechado, del tratamiento administrado y de la educación proporcionada. Esta información resulta útil para futuras atenciones, para la coordinación con otros niveles asistenciales y para el seguimiento posterior del problema alérgico. El episodio no se interpreta como un evento aislado superado en urgencias, sino como un problema de salud que precisa prevención secundaria y preparación del paciente y su entorno.

Discusión/Conclusiones

La situación descrita refleja una de las urgencias alérgicas más exigentes para Enfermería por su capacidad de progresión rápida y por la necesidad de actuar antes de que todos los signos de gravedad estén plenamente establecidos. En la práctica, la anafilaxia alimentaria puede debutar con síntomas aparentemente dispersos: prurito, habones, malestar, opresión faríngea o disnea incipiente. La lectura conjunta de estos datos, junto con el antecedente de exposición reciente, permite orientar el caso con la celeridad necesaria. La fase de triaje y los minutos posteriores son, por tanto, un espacio decisivo para la seguridad del paciente.

Uno de los aspectos más relevantes del caso es la centralidad de la valoración enfermera repetida. No basta con una identificación inicial; la evolución clínica obliga a reevaluar de forma continuada la respiración, la voz, la tolerancia al decúbito o sedestación, la perfusión periférica, el estado mental y la respuesta a la epinefrina. Esta secuencia de observación mantiene su valor incluso cuando la paciente parece mejorar, ya que la estabilidad inicial no excluye una nueva intensificación de la reacción durante la estancia en observación.

La administración temprana de epinefrina, dentro del marco prescrito y protocolizado, representa uno de los puntos críticos del abordaje. El papel enfermero en este proceso no se limita al acto técnico de preparación y administración; incluye verificar la indicación, reducir demoras evitables, asegurar la vigilancia clínica posterior y facilitar la coordinación con el resto del equipo. Del mismo modo, la oxigenoterapia, el acceso venoso, la monitorización y la preparación de material de soporte forman parte de una respuesta integrada cuyo valor reside en la simultaneidad y en la anticipación.

El caso también muestra que la ansiedad no debe considerarse un elemento secundario. En la anafilaxia, la sensación de amenaza y la dificultad respiratoria se retroalimentan, de modo que la contención emocional breve, la información adaptada al momento clínico y la presencia profesional serena pueden favorecer la cooperación y mejorar la experiencia asistencial sin restar eficacia al tratamiento urgente.

Otro aspecto de interés es la transición desde la fase aguda hacia la continuidad de cuidados. La atención segura no concluye con la mejoría sintomática inmediata. Persisten necesidades relacionadas con el aprendizaje, la prevención de nuevas exposiciones y la preparación para responder con rapidez ante futuros episodios. La educación sanitaria en este contexto no debe reducirse a una recomendación genérica de “evitar el alimento”, sino incluir revisión del riesgo de trazas, lectura de etiquetado, comunicación del antecedente alérgico y comprensión del plan terapéutico indicado al alta.

Entre las limitaciones inherentes a este tipo de exposición clínica se encuentra la variabilidad con la que puede presentarse la anafilaxia. No todos los pacientes muestran la misma secuencia sintomática ni requieren idénticas medidas de soporte. Además, la disponibilidad de recursos, la organización del área de urgencias y los procedimientos internos de cada centro condicionan parte de la respuesta asistencial. Por ello, las intervenciones descritas deben entenderse como un marco de práctica enfermera que requiere adaptación al contexto clínico concreto.

En conjunto, la anafilaxia alimentaria exige de Enfermería capacidad de sospecha, priorización adecuada, rapidez de actuación y seguimiento estrecho. La intervención inicial bien organizada puede contribuir a limitar la progresión del cuadro y a mejorar la seguridad durante el episodio. La observación posterior y la educación al alta completan un itinerario de cuidados que va más allá de la estabilización inmediata y sitúa a la enfermera como profesional clave en la continuidad asistencial de las personas con alergia alimentaria y riesgo de nuevas reacciones.

Conflicto de intereses

Los autores declaran que no existen conflictos de intereses personales, profesionales o económicos relacionados con este trabajo.

Financiación

La realización de este trabajo no recibió ayudas económicas ni financiación institucional específica.

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