Caso tipo de alfabetización sanitaria en migrante con barreras idiomáticas

Typical case of health literacy in a migrant with language barriers

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 10 – Octubre 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 10:463

Autor principal (primer firmante): Beatriz Alonso Vega

Fecha recepción: 31/08/26

Fecha aceptación: 24/09/26

Fecha de publicación: 01/10/26

Ref.: CADICE. 2026;1(10):463

Autores:
Beatriz Alonso Vega
Javier Muñoz Cabrera
Sara Domínguez Martín

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Participación comunitaria; Salud comunitaria; Barreras de comunicación; Promoción de la salud; Competencia cultural; Informes de casos; Cuidados de Enfermería; Alfabetización en salud; Proceso de Enfermería; Migrantes

Keywords: Community Participation; Community Health Nursing; Communication Barriers; Health Promotion; Cultural Competency; Case Reports; Nursing Care; Health Literacy; Nursing Process; Transients and Migrants

Resumen

Introducción: La alfabetización sanitaria condiciona la capacidad de una persona para acceder, comprender, valorar y utilizar la información relacionada con la salud. En población migrante, las barreras idiomáticas, las diferencias culturales, el desconocimiento del sistema sanitario y la fragilidad social pueden dificultar la comunicación clínica y comprometer la continuidad de cuidados. La Enfermería comunitaria ocupa una posición estratégica para detectar estas dificultades y desarrollar intervenciones de acompañamiento, educación sanitaria y coordinación con recursos del entorno.

Objetivos: Describir el abordaje enfermero de una situación clínica centrada en una mujer migrante con limitación en la comprensión del idioma, identificar problemas de cuidados vinculados a la alfabetización sanitaria y exponer intervenciones orientadas a mejorar la comprensión del proceso asistencial, el autocuidado y la vinculación con la red comunitaria.

Metodología: Se presenta una situación clínica estructurada mediante el proceso de Enfermería en el ámbito de atención primaria y comunitaria. Se organiza la información a partir de la valoración inicial, la identificación de necesidades de cuidados, la planificación de intervenciones educativas y de apoyo, y el seguimiento evolutivo con coordinación interdisciplinar.

Resultados: La paciente mostraba dificultades para comprender instrucciones básicas, interpretar documentación sanitaria, gestionar citas y expresar dudas sobre medicación y autocuidados. La intervención enfermera se centró en la comunicación adaptada, el uso de lenguaje sencillo, la verificación de la comprensión, la implicación de recursos comunitarios y el refuerzo progresivo de habilidades prácticas. Durante el seguimiento se observó una mejor orientación dentro del sistema sanitario, mayor capacidad para identificar señales de alarma previamente explicadas y una participación más activa en su propio cuidado.

Discusión/Conclusiones: La alfabetización sanitaria no puede reducirse a la capacidad lectora, sino que debe entenderse como un proceso relacional en el que intervienen comunicación, contexto social, cultura y accesibilidad del sistema. La valoración enfermera precoz de las barreras idiomáticas y de comprensión puede contribuir a prevenir errores, reducir malentendidos y favorecer cuidados más seguros y equitativos. El trabajo comunitario y la coordinación con mediación cultural, cuando está disponible, refuerzan la efectividad del abordaje.

Abstract

Introduction: Health literacy influences a person’s ability to access, understand, appraise and use health-related information. Among migrant populations, language barriers, cultural differences, unfamiliarity with the healthcare system and social vulnerability may hinder clinical communication and compromise continuity of care. Community nursing is in a key position to identify these difficulties and to develop supportive, educational and community-based interventions.

Objectives: To describe a nursing approach to a clinical situation involving a migrant woman with limited language comprehension, to identify care problems related to health literacy, and to present interventions aimed at improving understanding of care processes, self-management and connection with community resources.

Methodology: A clinical situation is presented using the nursing process within primary and community care. Information is organised through initial assessment, identification of care needs, planning of educational and supportive interventions, and follow-up with interdisciplinary coordination.

Results: The patient showed difficulties in understanding basic instructions, interpreting healthcare documents, managing appointments and expressing doubts about medication and self-care. Nursing interventions focused on adapted communication, plain language, comprehension checking, mobilisation of community resources and gradual reinforcement of practical skills. Follow-up suggested improved orientation within the healthcare system, better recognition of previously explained warning signs and more active participation in her own care.

Discussion/Conclusions: Health literacy should not be reduced to reading ability alone; it must be understood as a relational process shaped by communication, social context, culture and healthcare accessibility. Early nursing assessment of language and comprehension barriers may help prevent misunderstandings, enhance safety and promote more equitable care. Community work and coordination with cultural mediation, when available, may strengthen the intervention.

Introducción

La atención a personas migrantes plantea retos asistenciales que no se explican únicamente por la presencia de enfermedad o por la demanda puntual de cuidados. En muchas ocasiones, la dificultad principal se sitúa en la interacción entre el paciente y el sistema sanitario: no entender cómo solicitar una cita, no distinguir entre una consulta programada y una atención urgente, no identificar para qué sirve cada medicamento o no disponer del lenguaje suficiente para describir síntomas, antecedentes o preocupaciones. Estas situaciones generan incertidumbre, dependencia de terceras personas y riesgo de decisiones poco seguras.

La alfabetización sanitaria incluye competencias funcionales, comunicativas y prácticas que permiten utilizar la información relacionada con la salud en la vida cotidiana. Su nivel depende tanto de las habilidades individuales como de la forma en que el sistema comunica, organiza y adapta sus procedimientos. En población migrante, la alfabetización sanitaria puede verse condicionada por trayectorias migratorias complejas, cambios en los referentes culturales de salud y enfermedad, condiciones laborales precarias, aislamiento social y experiencias previas de relación desigual con instituciones.

Las barreras idiomáticas representan uno de los factores más visibles, pero no el único. Una persona puede comprender parcialmente el idioma y, aun así, no captar el significado clínico de una recomendación, interpretar de manera distinta ciertos signos y síntomas o asentir durante la entrevista sin haber integrado la información. También puede recurrir a familiares, conocidos o menores de edad como intermediarios informales, lo que introduce problemas de privacidad, omisiones y distorsiones del mensaje. Desde la perspectiva enfermera, limitar la valoración a la presencia o ausencia de traductor resulta insuficiente.

La Enfermería comunitaria participa de forma directa en la detección de necesidades vinculadas a la comprensión del proceso asistencial, el manejo terapéutico y el acceso a recursos de salud y apoyo social. Su intervención puede abarcar la escucha activa, la adaptación del mensaje, la evaluación del entendimiento real, la planificación educativa, el entrenamiento en habilidades de autocuidado y la coordinación con trabajo social, mediación intercultural u otros dispositivos comunitarios. Este tipo de abordaje requiere competencia cultural entendida no como conocimiento cerrado sobre grupos poblacionales, sino como actitud clínica de respeto, exploración de significados y ajuste del cuidado a la persona concreta.

El presente artículo desarrolla una situación clínica centrada en una mujer migrante con barreras idiomáticas y baja alfabetización sanitaria percibida, atendida en el ámbito comunitario. El interés del caso radica en mostrar cómo dificultades aparentemente administrativas o comunicativas pueden convertirse en problemas de seguridad y continuidad asistencial, y cómo la intervención enfermera puede reorganizar la experiencia de cuidado desde la accesibilidad, la comprensión y el acompañamiento.

Objetivos

Describir el abordaje enfermero de una situación clínica en la que una persona migrante presenta barreras idiomáticas y limitaciones en alfabetización sanitaria, con repercusión sobre la comprensión del proceso asistencial y el autocuidado.

De forma específica, se pretende:

  • Identificar necesidades de cuidados relacionadas con la comunicación clínica, la comprensión de indicaciones y el uso del sistema sanitario.
  • Analizar factores personales, familiares y comunitarios que interfieren en la gestión de la salud.
  • Exponer intervenciones enfermeras dirigidas a mejorar la comprensión, la seguridad del paciente y la autonomía progresiva.
  • Mostrar el valor de la coordinación con recursos comunitarios y apoyos no clínicos dentro del plan de cuidados.
  • Reflexionar sobre implicaciones prácticas para la atención enfermera a población migrante en contextos de diversidad cultural y lingüística.

Metodología

Se expone una situación clínica del ámbito de atención primaria y comunitaria estructurada mediante el proceso de Enfermería. El desarrollo del caso se organiza a partir de una valoración integral, la identificación de problemas de cuidados, la priorización de objetivos, la planificación de intervenciones y el seguimiento evolutivo en varias consultas sucesivas.

La valoración se realizó mediante entrevista clínica, observación directa de la interacción asistencial y revisión de la información que la paciente aportaba en cada contacto. Se tuvieron en cuenta dimensiones físicas, emocionales, familiares, sociales y culturales, así como la capacidad para comprender instrucciones sencillas, expresar necesidades básicas, manejar documentación sanitaria, reconocer tratamientos prescritos y utilizar recursos del entorno. La información fue completada con la observación de la respuesta de la paciente ante materiales escritos y ante explicaciones verbales de diferente complejidad.

En la planificación se priorizaron intervenciones de comunicación terapéutica, educación sanitaria individualizada, apoyo al aprendizaje práctico, simplificación de la información y coordinación con recursos comunitarios. El seguimiento se planteó con objetivos progresivos y realistas, evitando sobrecargar a la paciente con múltiples mensajes en una sola consulta. El análisis del caso se formula de manera clínica y prudente, sin pretensión de generalización universal, pero con interés para la práctica enfermera en escenarios similares.

Resultados

Presentación de la situación clínica

M., mujer de 34 años, procedente de un país no hispanohablante, acudió a consulta de Enfermería derivada tras varios contactos previos en el centro de salud por motivos diversos. Llevaba menos de dos años residiendo en España y convivía con su pareja y dos hijos pequeños. Refería empleo temporal en tareas de limpieza con horarios variables. No presentaba enfermedad aguda grave, pero sí varios problemas de salud de seguimiento ambulatorio y necesidades frecuentes de contacto con el sistema sanitario relacionadas con controles, vacunación infantil y episodios recurrentes de malestar digestivo y cefalea.

Durante las consultas iniciales se detectó que respondía afirmativamente a muchas preguntas sin que quedara claro si comprendía su contenido. Solía acudir con papeles arrugados, citaciones sin ordenar y envases de medicación sin poder explicar con exactitud cuál era su utilidad ni la pauta que seguía en cada caso. En una ocasión había perdido una cita porque interpretó que debía acudir en otro día; en otra, suspendió de forma precoz un tratamiento sintomático al pensar que solo debía tomarlo una vez. Expresaba vergüenza cuando no entendía y mostraba tendencia a asentir para finalizar la interacción con rapidez.

La paciente utilizaba aplicaciones móviles de traducción de forma limitada y dependía con frecuencia de una vecina para interpretar mensajes escritos. En consultas anteriores había acudido acompañada por uno de sus hijos, que intervenía espontáneamente para explicar o traducir. Esta dinámica revelaba una dependencia poco segura para cuestiones de salud, además de una sobrecarga impropia para el menor. M. no conocía bien la diferencia entre consulta médica, consulta de Enfermería, urgencias extrahospitalarias y servicios administrativos, y asociaba la asistencia sanitaria casi exclusivamente a recibir medicación.

Valoración enfermera

En la valoración global destacaban buena disposición para cuidar de su familia, deseo explícito de “hacerlo bien” y elevada motivación para aprender. Sin embargo, coexistían varios factores de vulnerabilidad: red social limitada, inestabilidad laboral, dificultades económicas, escasa familiaridad con la organización sanitaria y barrera idiomática persistente. La comunicación oral en español era básica y centrada en necesidades cotidianas; la comprensión de términos sanitarios, instrucciones temporales y matices terapéuticos resultaba claramente insuficiente.

Se observaron dificultades en áreas concretas de alfabetización sanitaria:

  • Acceso al sistema: no sabía con claridad dónde gestionar trámites, cómo modificar una cita o a qué recurso acudir según el problema.
  • Comprensión de la información: entendía mensajes simples si se acompañaban de apoyo visual o demostración práctica, pero no interpretaba bien documentos escritos ni explicaciones largas.
  • Uso de la medicación: identificaba algunos fármacos por el color de la caja, no por su nombre ni por su indicación.
  • Reconocimiento de signos de alarma: diferenciaba mal síntomas leves y situaciones que requerían valoración.
  • Capacidad de preguntar: evitaba interrumpir, manifestaba vergüenza y miedo a “molestar”.

Desde el punto de vista emocional no se apreciaban datos concluyentes de trastorno mental, aunque sí ansiedad situacional asociada a la interacción con servicios sanitarios y sensación de inseguridad. En el plano familiar, la pareja estaba presente de forma irregular por motivos laborales. La paciente asumía la mayor parte de las responsabilidades de cuidado de los hijos, lo que dificultaba acudir con tiempo a las consultas y mantener atención sostenida cuando recibía explicaciones complejas.

El análisis enfermero permitió identificar problemas de cuidados relacionados con el manejo ineficaz de información sanitaria, dificultades en la comunicación terapéutica, riesgo de errores en el seguimiento de indicaciones y necesidad de apoyo para fortalecer el autocuidado y la navegación por el sistema. También se consideró la vulnerabilidad social como elemento modulador del plan de cuidados.

Planificación de cuidados

Se acordaron objetivos asistenciales alcanzables en un plazo corto y medio. En una primera fase se priorizó mejorar la comprensión de mensajes esenciales: finalidad de las citas, forma básica de tomar la medicación indicada, identificación de signos de consulta preferente y mecanismos para solicitar ayuda. En una segunda fase se orientó la intervención a aumentar la autonomía en tareas concretas, como conservar y ordenar documentos sanitarios, distinguir profesionales y recursos, y formular preguntas básicas durante la consulta.

Los objetivos se plantearon de manera funcional:

  • Que la paciente pudiera explicar con sus palabras para qué acudía a cada cita programada.
  • Que distinguiera de forma práctica la pauta de los tratamientos de uso más habitual.
  • Que identificara al menos algunos signos o situaciones en las que debía volver a consultar.
  • Que dejara de depender de menores como intermediarios en cuestiones clínicas.
  • Que conociera recursos comunitarios o institucionales de apoyo disponibles en su entorno.

Intervenciones enfermeras

La estrategia principal fue adaptar la comunicación. Se utilizaron frases breves, una idea principal por bloque, vocabulario no técnico y ritmo pausado. En lugar de multiplicar contenidos, cada consulta se centró en pocos mensajes priorizados. Se recurrió a apoyos visuales sencillos: calendarios marcados, dibujos básicos sobre horarios, identificación por símbolos y organización de documentación en sobres separados según su función. Cuando fue posible, se facilitó la presencia de mediación lingüística o apoyo comunitario adulto adecuado, preservando la confidencialidad.

Un componente esencial fue la verificación de la comprensión. No se dio por válida la respuesta afirmativa espontánea, sino que se pidió a la paciente que mostrara o explicara cómo lo haría en casa. Por ejemplo, se le solicitó que ordenara las tomas del tratamiento durante el día utilizando los envases reales o que señalara en un calendario cuándo debía acudir a la siguiente cita. Esta comprobación permitió detectar malentendidos que no habrían sido visibles con una explicación unidireccional.

Se trabajó también la alfabetización sanitaria práctica. La enfermera revisó con la paciente cómo guardar informes, recetas y citaciones, proponiendo una carpeta simple con apartados reconocibles. Se le explicó de forma progresiva la diferencia entre consulta programada, consulta por demanda y atención urgente, no mediante definiciones abstractas sino a partir de ejemplos cotidianos. Del mismo modo, se reforzó el uso de preguntas clave para la consulta: qué problema tiene, qué debe hacer en casa, cuándo debe volver y qué signos deberían motivar nueva valoración.

En relación con la medicación, se optó por instrucciones muy concretas y limitadas a los tratamientos activos en ese momento. Se evitó proporcionar información excesiva o mezclar mensajes de diferentes procesos. La intervención se orientó a que asociara cada fármaco con su finalidad, momento de administración y precauciones básicas, siempre comprobando su comprensión final. Cuando existía riesgo de confusión, se recomendó revisar de nuevo la pauta en consulta antes de realizar cambios por iniciativa propia.

La dimensión comunitaria fue relevante. Se valoró la situación social y se facilitó información sobre recursos de apoyo accesibles en el entorno, incluyendo servicios de orientación, actividades comunitarias y apoyos para familias migrantes. El objetivo no era derivar de forma mecánica, sino disminuir aislamiento y aumentar oportunidades de aprendizaje informal del idioma y del funcionamiento institucional. Se promovió, además, la presencia de acompañantes adultos de confianza cuando ello pudiera favorecer la comprensión sin sustituir la voz de la paciente.

Durante el proceso se mantuvo una actitud de competencia cultural basada en la exploración de significados. La enfermera preguntó cómo entendía la paciente sus síntomas, qué prácticas de cuidado utilizaba y qué expectativas tenía respecto a la asistencia. Esto permitió corregir malentendidos sin desautorizar sus referentes culturales. En algunos momentos fue necesario negociar recomendaciones, explicando el motivo de determinadas indicaciones y verificando si podían integrarse en su rutina diaria y en sus posibilidades reales.

Evolución y seguimiento

En las consultas de seguimiento, M. empezó a acudir con la documentación más ordenada y a traer anotadas algunas dudas. Su actitud pasó de la inhibición inicial a una participación más activa, aunque seguía necesitando tiempo adicional para comprender información nueva. Mostraba mayor capacidad para explicar por qué acudía a una revisión y qué tratamiento estaba utilizando en ese momento. También dejó de traer al menor como apoyo principal en la consulta, sustituyendo esa ayuda por acompañamiento adulto ocasional o por estrategias pactadas previamente con la enfermera.

Persistían dificultades, especialmente cuando la información se volvía más abstracta o incluía cambios sucesivos. La sobrecarga familiar y los horarios laborales inestables seguían interfiriendo en la adherencia a algunas citas. No obstante, se observaron mejoras clínicas indirectas relevantes para la seguridad: menor confusión sobre el uso de medicación puntual, mejor identificación de recursos asistenciales y mayor confianza para manifestar que no había entendido una indicación. La paciente fue capaz de repetir con sus palabras algunos signos de alarma ya trabajados y de solicitar aclaración antes de abandonar la consulta.

La evolución puso de manifiesto que el avance en alfabetización sanitaria fue gradual y dependiente del acompañamiento continuado. No se produjo una resolución completa de todas las dificultades, pero sí una reducción apreciable de situaciones de riesgo comunicativo y una mayor integración de la paciente en el circuito asistencial ordinario.

Discusión/Conclusiones

La situación descrita ilustra cómo las barreras idiomáticas pueden ocultar un problema más amplio de accesibilidad comunicativa y de relación desigual con el sistema sanitario. El riesgo no deriva solo de no hablar suficientemente el idioma, sino de la combinación entre mensajes clínicos complejos, vulnerabilidad social, dependencia de intermediarios informales y baja capacidad para transformar la información recibida en decisiones prácticas de cuidado. En este marco, la alfabetización sanitaria debe considerarse un componente de seguridad y de calidad asistencial.

La respuesta enfermera no puede limitarse a repetir la información con mayor volumen o a entregar material escrito estandarizado. Resulta más útil valorar qué entiende realmente la persona, qué tareas concretas necesita realizar y qué obstáculos impiden que la recomendación sea operativa en su vida diaria. La simplificación del lenguaje, el uso de ejemplos prácticos, la comprobación de la comprensión y el fraccionamiento de la información son medidas aplicables en la práctica habitual y pueden disminuir errores evitables.

El caso también muestra la relevancia de la competencia cultural como habilidad clínica relacional. Comprender cómo la persona interpreta su problema, qué espera del encuentro asistencial y qué apoyos utiliza permite intervenir con mayor precisión y menor carga de paternalismo. Esta competencia no se reduce a conocer costumbres atribuidas a un grupo, sino a sostener una escucha activa, evitar suposiciones y negociar cuidados factibles. Del mismo modo, conviene evitar que menores de edad asuman funciones de interpretación en cuestiones clínicas, salvo situaciones excepcionales que no constituyan la base del seguimiento.

Otro aspecto destacable es el valor de la continuidad y de la coordinación comunitaria. La alfabetización sanitaria difícilmente mejora en un único encuentro. Requiere tiempo, reiteración y consistencia entre profesionales. Cuando el entorno dispone de mediación intercultural, trabajo social, agentes comunitarios o programas locales de apoyo a personas migrantes, la Enfermería puede desempeñar un papel articulador entre el sistema sanitario y la red social de soporte. Este trabajo favorece no solo la comprensión puntual, sino también la participación más autónoma de la persona en decisiones cotidianas de salud.

Entre las limitaciones del abordaje cabe señalar que los progresos pueden ser lentos y vulnerables a factores externos como precariedad laboral, mudanzas, escaso apoyo familiar o cambios frecuentes en el tratamiento. Además, la mejora de la comprensión en consulta no garantiza por sí sola una aplicación correcta en el domicilio, por lo que el seguimiento debe adaptarse a la evolución real de cada caso. Aun así, la identificación precoz de las dificultades comunicativas permite orientar mejor los cuidados y prevenir interpretaciones erróneas con impacto clínico.

Desde una perspectiva práctica, este caso refuerza la necesidad de incorporar la valoración de alfabetización sanitaria y de barreras de comunicación a la entrevista enfermera habitual, especialmente en atención primaria y comunitaria. Preguntar, observar, verificar y adaptar son acciones de gran valor clínico. La persona migrante con limitación idiomática no necesita únicamente traducción; necesita cuidados comprensibles, respetuosos y sostenidos que hagan posible participar de forma segura en su propia atención. Ahí la Enfermería dispone de un campo de intervención especialmente relevante.

Conflicto de intereses

Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.

Financiación

Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.

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