Catéter venoso central en cuidados críticos: prevención de infección y vigilancia

Central venous catheter in critical care: infection prevention and surveillance

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:303

Autor principal (primer firmante): Miriam Castillo Ruiz

Fecha recepción: 26/07/26

Fecha aceptación: 26/08/26

Fecha de publicación: 30/08/26

Ref.: CADICE. 2026;1(8):303

Autores:
Miriam Castillo Ruiz
Guillermo Pérez Navarro
Nadia Torres Aguilera

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Paciente crítico; Técnica aséptica; Cuidados críticos; Monitorización fisiológica; Unidades de cuidados intensivos; Catéter venoso central; Control de infecciones; Bacteriemia; Cuidados de Enfermería; Enfermería basada en la evidencia

Keywords: Critical Illness; Aseptic Technique; Critical Care; Monitoring, Physiologic; Intensive Care Units; Central Venous Catheters; Infection Control; Bacteremia; Nursing Care; Evidence-Based Nursing

Resumen

Introducción: El catéter venoso central constituye un dispositivo habitual en las unidades de cuidados intensivos por su utilidad para la administración de fármacos, la monitorización y el soporte terapéutico del paciente crítico. Su uso, sin embargo, se asocia a complicaciones potenciales, entre las que la infección relacionada con el catéter ocupa un lugar prioritario por su impacto clínico, asistencial y organizativo. La práctica enfermera tiene una participación decisiva en la inserción asistida, el mantenimiento, la vigilancia y la detección precoz de incidencias.

Objetivos: Revisar los aspectos clínicos y enfermeros relacionados con la prevención de infección y la vigilancia del catéter venoso central en cuidados críticos, destacando medidas de práctica segura, criterios de observación continuada y elementos que favorecen una atención homogénea.

Metodología: Revisión teórica de enfoque narrativo, orientada a integrar conocimientos sobre indicación, riesgos, técnica aséptica, mantenimiento del dispositivo, vigilancia del punto de inserción y valoración global del paciente crítico portador de catéter venoso central.

Resultados: La prevención de infección depende de un conjunto de actuaciones encadenadas que incluyen la valoración de la indicación, la preparación del material, la observancia estricta de medidas asépticas, la manipulación mínima necesaria, la desinfección cuidadosa de conexiones, la cura del apósito, la reevaluación diaria de la necesidad del dispositivo y el registro sistemático de hallazgos. La vigilancia enfermera debe contemplar signos locales, manifestaciones sistémicas, permeabilidad, integridad del sistema, adecuación de las luces al tratamiento prescrito y condiciones generales del paciente.

Discusión/Conclusiones: El abordaje del catéter venoso central en UCI no puede reducirse a la cura del punto de inserción. Requiere una mirada integral de seguridad, continuidad y juicio clínico. La estandarización de prácticas, junto con la formación continuada y la evaluación diaria del riesgo, puede contribuir a disminuir complicaciones evitables y a mejorar la calidad de los cuidados enfermeros.

Abstract

Introduction: Central venous catheters are commonly used in intensive care units because they allow drug administration, hemodynamic monitoring and advanced supportive therapy in critically ill patients. Nevertheless, their use is associated with relevant complications, particularly catheter-related infection, due to its clinical and organizational consequences. Nursing plays a central role in insertion support, maintenance, surveillance and early detection of adverse events.

Objectives: To review the main clinical and nursing aspects involved in infection prevention and surveillance of central venous catheters in critical care, with emphasis on safe practice, continuous assessment and care consistency.

Methodology: Narrative theoretical review focused on indications, infection risk, aseptic technique, device maintenance, insertion-site surveillance and global assessment of critically ill patients carrying a central venous catheter.

Results: Infection prevention relies on a sequence of coordinated measures including assessment of ongoing need, proper material preparation, strict aseptic technique, minimal manipulation, careful hub disinfection, appropriate dressing care, daily review of catheter indication and systematic nursing documentation. Surveillance should include local signs, systemic manifestations, catheter patency, integrity of the infusion system, suitability of lumen use and the patient’s overall clinical status.

Discussion/Conclusions: Management of central venous catheters in intensive care extends beyond dressing changes. It requires an integrated safety perspective, continuity of care and sound clinical judgement. Standardized practices, continued staff training and daily risk reassessment may help reduce avoidable complications and support safer nursing care.

Introducción

El empleo del catéter venoso central forma parte de la práctica habitual en pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos. La complejidad clínica del enfermo crítico, la necesidad de administrar medicación vasoactiva o soluciones irritantes, la monitorización hemodinámica y la imposibilidad de mantener accesos periféricos adecuados justifican con frecuencia su implantación. No obstante, el beneficio del dispositivo convive con riesgos que pueden modificar de forma significativa la evolución clínica, entre ellos la infección relacionada con el catéter, la oclusión, la trombosis, la extravasación, la retirada accidental o los problemas mecánicos derivados del uso continuado.

En el ámbito de los cuidados intensivos, la prevención de complicaciones asociadas al acceso venoso central se integra en una cultura de seguridad que exige procedimientos rigurosos, vigilancia constante y coordinación entre profesionales. La infección asociada al catéter no depende de un único momento asistencial; puede vincularse a la inserción, a la manipulación diaria del sistema, a las condiciones del entorno, al estado inmunológico del paciente y a la duración del dispositivo. Por ello, la atención enfermera debe entenderse como un proceso continuo que comienza antes del uso del catéter y se mantiene hasta su retirada.

La aportación de Enfermería resulta especialmente relevante porque gran parte de las intervenciones preventivas se desarrollan en el cuidado cotidiano: comprobación de la indicación vigente, mantenimiento de la técnica aséptica, revisión de apósitos y conexiones, valoración del punto de inserción, control del balance terapéutico, vigilancia de la tolerancia al tratamiento y registro de signos clínicos que puedan sugerir infección o disfunción. Esta actividad, aparentemente rutinaria, tiene una dimensión clínica de alto valor, ya que permite detectar cambios precoces y actuar antes de que se consoliden complicaciones de mayor gravedad.

Además, el paciente crítico presenta circunstancias que incrementan la vulnerabilidad ante la infección. La necesidad de múltiples dispositivos invasivos, la exposición a tratamientos complejos, la alteración de barreras defensivas, la inestabilidad hemodinámica y, en muchos casos, la incapacidad para expresar síntomas, obligan a que la observación enfermera sea especialmente sistemática. La monitorización fisiológica continua no sustituye la valoración clínica directa del acceso venoso central, sino que debe complementarse con ella.

Desde una perspectiva de calidad asistencial, la prevención de infección en catéteres venosos centrales exige homogeneidad en las prácticas y adaptación a la situación del paciente. Un mismo procedimiento no siempre tiene idéntica complejidad en todos los contextos: el enfermo con soporte vasoactivo, ventilación mecánica, decúbito mantenido, edema generalizado o sudoración profusa puede requerir una frecuencia de revisión distinta y una atención más estrecha a la fijación, al apósito o a la permeabilidad. De ahí que el cuidado del catéter deba abordarse con criterios técnicos y también con juicio clínico.

La revisión de este tema mantiene interés para la Enfermería intensiva porque el acceso venoso central sigue siendo un punto de confluencia entre tecnología, seguridad y cuidado directo. La mejora de resultados no depende únicamente del avance de los materiales, sino de la calidad de la práctica diaria y de la capacidad del equipo para reconocer riesgos, evitar manipulaciones innecesarias y sostener medidas de prevención de forma consistente.

Objetivos

El objetivo general de este trabajo es revisar los elementos clínicos y enfermeros relacionados con la prevención de infección y la vigilancia del catéter venoso central en pacientes críticos.

Como objetivos específicos se plantean:

  • Describir la relevancia asistencial del catéter venoso central en las unidades de cuidados intensivos y sus principales riesgos asociados.
  • Analizar los factores que pueden favorecer la infección relacionada con el dispositivo durante la inserción y el mantenimiento.
  • Examinar las intervenciones enfermeras orientadas a la técnica aséptica, la manipulación segura y la conservación de la integridad del sistema.
  • Precisar los aspectos de la vigilancia clínica y del registro enfermero que facilitan la detección precoz de complicaciones.
  • Reflexionar sobre la necesidad de reevaluar diariamente la indicación del catéter como medida de seguridad del paciente.

Metodología

Se presenta una revisión teórica de carácter narrativo centrada en el catéter venoso central en cuidados críticos, con especial atención a la prevención de infección y a la vigilancia enfermera. El enfoque adoptado combina aspectos fisiopatológicos básicos, contenido asistencial y organización del cuidado, con el fin de ofrecer una visión útil para la práctica clínica en UCI.

La revisión se articula en torno a varios ejes: indicación y utilidad del acceso venoso central en el paciente crítico, mecanismos por los que puede producirse colonización o infección, factores relacionados con el huésped y con el dispositivo, medidas de prevención durante la manipulación, y parámetros de observación continuada desde Enfermería. No se pretende establecer un protocolo cerrado, sino sintetizar criterios de actuación prudentes y aplicables al cuidado habitual del paciente portador de este dispositivo.

El desarrollo prioriza contenidos con repercusión directa en la práctica enfermera: evaluación diaria de la necesidad del catéter, conservación de la asepsia, cuidados del punto de inserción, manejo de las conexiones y luces, identificación de signos locales y sistémicos, documentación clínica y continuidad de cuidados entre turnos. También se consideran situaciones frecuentes en cuidados críticos, como la coexistencia de varios accesos, la administración simultánea de tratamientos incompatibles, la sedación o la limitación para la comunicación del paciente.

Resultados

Utilidad clínica y riesgos asociados al dispositivo

El catéter venoso central permite administrar terapias que no siempre son viables a través de accesos periféricos, facilita la extracción seriada de muestras en determinados contextos y puede apoyar la monitorización en pacientes con inestabilidad clínica. Esta utilidad hace que su presencia sea frecuente en la UCI, pero no debe normalizarse hasta el punto de invisibilizar el riesgo. Cada lumen adicional, cada manipulación innecesaria y cada día de permanencia pueden aumentar la posibilidad de complicaciones si no existe una vigilancia estricta.

Entre las incidencias más relevantes para Enfermería destacan la infección local o sistémica relacionada con el dispositivo, la pérdida de permeabilidad, la salida parcial, la fijación ineficaz, el deterioro del apósito, la humedad persistente, la presencia de exudado en el punto de inserción y los errores en la asignación de luces para distintos tratamientos. En el paciente crítico, además, la repercusión de una complicación puede ser menos evidente en fases iniciales por sedación, ventilación mecánica o coexistencia de otros focos potenciales de deterioro.

Mecanismos de infección y factores de vulnerabilidad

La infección relacionada con el catéter puede originarse por distintas vías. Entre ellas se incluyen la migración de microorganismos desde la piel del punto de inserción, la contaminación de conexiones y llaves durante la manipulación, la colonización intraluminal favorecida por el uso repetido y, en algunos pacientes, la diseminación hematógena desde otros focos. Estos mecanismos no son excluyentes y su peso relativo puede variar según el tiempo de permanencia, el tipo de catéter, el estado del paciente y la calidad del mantenimiento.

El enfermo crítico presenta con frecuencia factores que aumentan la susceptibilidad a la infección: alteración de la respuesta inmunitaria, desnutrición, fallo multiorgánico, soporte ventilatorio, inmovilidad, dispositivos múltiples o necesidad de perfusiones continuas. A ello se suman circunstancias propias del entorno, como la elevada intensidad de cuidados, la urgencia de ciertas actuaciones o los cambios frecuentes de profesionales en torno al paciente. Por esta razón, la prevención efectiva exige que cada contacto con el sistema se realice de forma deliberada y no automática.

Prevención durante el mantenimiento: papel central de Enfermería

Una parte sustancial de la seguridad del catéter venoso central depende del mantenimiento. Aunque la inserción inicial puede condicionar riesgo, el periodo más prolongado del dispositivo discurre bajo la responsabilidad del cuidado enfermero continuado. La prevención de infección incluye, en primer lugar, cuestionar la necesidad del catéter todos los días. Mantener un dispositivo sin indicación vigente expone al paciente a un riesgo sin beneficio asistencial añadido.

La higiene de manos antes y después de cualquier contacto con el sistema constituye una medida básica, pero su efectividad real depende de la adhesión constante y del respeto a los momentos de mayor riesgo. Del mismo modo, la desinfección de conectores y puertos antes de su utilización debe realizarse de manera minuciosa, evitando accesos rápidos o manipulaciones sucesivas sin preparación previa adecuada.

La organización del trabajo también influye en la prevención. Preparar el material antes de iniciar la técnica, reducir interrupciones, identificar claramente cada lumen, comprobar la compatibilidad de perfusiones y evitar aperturas innecesarias del circuito son actuaciones que disminuyen oportunidades de contaminación. En pacientes con elevada carga terapéutica, esta planificación resulta especialmente importante para no convertir la complejidad del tratamiento en un factor añadido de riesgo.

La cura del punto de inserción debe orientarse a mantener la piel limpia, seca y visible en la medida de lo posible. Un apósito despegado, húmedo, manchado o con integridad comprometida deja de actuar como barrera adecuada y obliga a reevaluar el cuidado. La observación del trayecto externo del catéter, la fijación y la piel circundante permite identificar eritema, dolor a la palpación cuando el paciente puede expresarlo, calor local, exudado o sangrado persistente. Cuando la valoración directa se dificulta por vendajes, decúbito o abundante sudoración, la vigilancia debe intensificarse.

Otra intervención relevante es limitar el número de manipulaciones al mínimo necesario. Conectar y desconectar sistemas de forma reiterada, utilizar una misma luz para fines no previstos o mantener accesos “por si fueran necesarios” favorece errores y contaminación. En consecuencia, la gestión de los lúmenes debe responder a criterios de necesidad terapéutica, trazabilidad y claridad en la asignación.

Vigilancia clínica: de la observación local a la valoración global

La vigilancia del catéter no puede circunscribirse al punto de inserción. La Enfermería de cuidados críticos debe integrar hallazgos locales con signos generales del paciente. La aparición de fiebre, escalofríos, empeoramiento hemodinámico, aumento de requerimientos de soporte, alteración del nivel de respuesta o signos inflamatorios sin foco evidente puede obligar a considerar el dispositivo dentro del juicio clínico, siempre en relación con el conjunto de la situación.

En el plano local, la observación debe ser deliberada y comparativa entre turnos. Importa valorar si existen cambios en la coloración de la piel, edema, endurecimiento del trayecto, exudado, sangrado, desplazamiento del catéter o deterioro de la fijación. También conviene revisar si la permeabilidad se mantiene, si la infusión discurre sin resistencias anómalas y si las alarmas de los sistemas se corresponden con incidencias reales o con problemas derivados de acodamientos y manipulaciones previas.

En el plano funcional, cada lumen debe evaluarse conforme a su utilización. No basta con comprobar que el dispositivo “funciona”; es necesario verificar si el uso asignado sigue siendo el adecuado, si existen mezclas evitables, si se están administrando soluciones incompatibles o si una luz destinada a perfusión continua se emplea además para extracciones o bolos que incrementan la manipulación. Esta revisión es particularmente relevante cuando el paciente recibe fármacos de margen terapéutico estrecho o soporte hemodinámico continuo.

La vigilancia enfermera se extiende además a la relación entre el catéter y otros dispositivos. El posicionamiento del paciente, la presencia de sistemas de sujeción, la movilización en cama, las maniobras de higiene, el traslado a pruebas o la coexistencia de tubos y drenajes pueden comprometer la integridad del acceso. La retirada accidental o el desplazamiento parcial suelen estar precedidos por señales que pueden detectarse si la valoración incluye el entorno mecánico del catéter y no solo el punto de inserción.

Registro, continuidad de cuidados y comunicación del riesgo

La prevención de complicaciones mejora cuando la información sobre el dispositivo queda registrada de forma clara. Resulta útil documentar el estado del apósito, el aspecto de la piel, la permeabilidad, las incidencias en las conexiones, las curas realizadas, la tolerancia del paciente y cualquier signo que motive seguimiento. El registro no debe entenderse como un requisito burocrático, sino como una herramienta clínica para sostener decisiones compartidas entre turnos y profesionales.

La continuidad de cuidados adquiere especial importancia en la UCI por la rotación de personal y la intensidad terapéutica. La transmisión verbal y escrita de incidencias relacionadas con el catéter ayuda a evitar duplicidades, manipulaciones innecesarias y omisiones de vigilancia. Si un acceso presenta dificultad de retorno, un apósito ha debido reforzarse, existe sospecha de desplazamiento o se ha identificado un posible foco infeccioso, esta información debe formar parte del plan inmediato de cuidados.

La comunicación con el equipo multiprofesional también es una intervención de seguridad. La sospecha de infección, la pérdida de funcionalidad o la consideración de retirada del dispositivo requieren una respuesta coordinada. La Enfermería, por su observación continuada, suele ser quien detecta primero cambios sutiles; trasladarlos con precisión contribuye a una toma de decisiones más oportuna.

Formación, estandarización y cultura de práctica segura

La calidad del cuidado del catéter venoso central no depende solo de la competencia individual. Requiere una cultura compartida de práctica segura, sustentada en formación periódica, supervisión clínica y homogeneidad razonable de procedimientos. La variabilidad excesiva entre profesionales en aspectos como la manipulación de conexiones, la revisión del apósito o la asignación de luces puede generar puntos ciegos de seguridad.

La formación continuada debe abarcar no solo el aprendizaje técnico, sino también la interpretación clínica de hallazgos y la capacidad para anticipar complicaciones. Saber realizar una cura correcta es necesario, pero insuficiente si no se acompaña de criterio para decidir cuándo un acceso deja de ser adecuado, cuándo un signo local requiere seguimiento estrecho o cuándo la permanencia del dispositivo resulta discutible.

La estandarización de prácticas puede facilitar la adhesión a medidas preventivas siempre que se mantenga margen para la individualización. El paciente con piel frágil, sudoración intensa, pronación frecuente o necesidades terapéuticas complejas puede requerir ajustes en la vigilancia y en la estrategia de cuidado. La uniformidad no debe anular el juicio clínico enfermero, sino sostenerlo con un marco común.

Discusión/Conclusiones

El catéter venoso central representa una herramienta terapéutica de gran valor en cuidados críticos, pero su seguridad depende en buena medida del modo en que se incorpora a la práctica cotidiana. La prevención de infección no se limita a una técnica correcta de inserción ni a la sustitución periódica de elementos visibles del sistema; exige una cadena de decisiones clínicas y cuidados minuciosos que se renuevan en cada turno. En ese proceso, la Enfermería ocupa una posición estratégica por su presencia continuada junto al paciente y por su capacidad para integrar observación, manipulación segura y comunicación clínica.

Uno de los principales hallazgos de esta revisión es la necesidad de considerar el dispositivo dentro de una valoración global del paciente crítico. El acceso venoso central no puede interpretarse como un elemento aislado. Su riesgo se modifica según la situación hemodinámica, la necesidad de perfusiones continuas, la coexistencia de otros accesos, la integridad cutánea, la movilidad posible y la duración del ingreso. Esta perspectiva amplia permite entender por qué medidas técnicamente sencillas pueden perder efectividad si se aplican sin atención al contexto.

También se desprende que muchas complicaciones potencialmente evitables se relacionan con acumulación de pequeñas desviaciones: manipulación apresurada, desinfección insuficiente de conectores, apósitos que permanecen húmedos más tiempo del deseable, falta de reevaluación de la indicación o registros poco específicos. Ninguna de estas situaciones, por separado, explica toda la carga de riesgo, pero su concurrencia debilita la seguridad del dispositivo. De ahí la importancia de sostener prácticas consistentes y de revisar periódicamente los hábitos del equipo.

La vigilancia enfermera adquiere especial relevancia porque permite reconocer signos precoces antes de que aparezca un deterioro más evidente. No solo se trata de detectar eritema o exudado, sino de relacionar cambios sutiles con el conjunto del estado del paciente: oscilaciones hemodinámicas sin explicación clara, nuevas dificultades de perfusión, necesidad creciente de manipular una luz o incidencias repetidas en un mismo acceso. Esta capacidad de anticipación forma parte del juicio clínico enfermero y debe considerarse un componente central de la seguridad del paciente.

La reevaluación diaria de la necesidad del catéter merece una atención particular. En la práctica intensiva, los dispositivos invasivos pueden prolongarse por inercia asistencial, especialmente cuando el paciente sigue siendo complejo aunque haya cambiado la finalidad inicial del acceso. Interrogar de forma sistemática la indicación vigente puede contribuir a reducir días innecesarios de exposición al riesgo y a orientar una retirada más oportuna cuando el balance beneficio-riesgo deja de ser favorable.

La formación continuada y la estandarización razonable de cuidados aparecen como líneas de mejora con impacto potencial sobre la práctica. No se trata únicamente de recordar normas de asepsia, sino de consolidar una cultura de cuidado reflexivo en la que cada manipulación esté justificada y cada hallazgo se interprete en clave clínica. La experiencia profesional es valiosa, pero necesita actualizarse y compartirse para evitar que la rutina transforme procedimientos de alto riesgo en actos mecánicos.

En síntesis, el cuidado del catéter venoso central en UCI requiere una combinación de técnica, vigilancia, registro y coordinación. La prevención de infección se beneficia de intervenciones sencillas solo cuando se aplican de forma rigurosa y sostenida. La contribución enfermera resulta determinante para preservar la funcionalidad del dispositivo, detectar complicaciones de manera precoz y favorecer una atención más segura en pacientes especialmente vulnerables.

Conflicto de intereses

Los autores manifiestan que no existe ningún conflicto de intereses que haya podido influir en el contenido del presente trabajo.

Financiación

La elaboración de este artículo no contó con financiación externa pública ni privada.

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