Catéteres vasculares periféricos: prevención de flebitis y complicaciones locales

Peripheral vascular catheters: prevention of phlebitis and local complications

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:305

Autor principal (primer firmante): Nuria Pérez Aguilar

Fecha recepción: 29/07/26

Fecha aceptación: 24/08/26

Fecha de publicación: 30/08/26

Ref.: CADICE. 2026;1(8):305

Autores:
Nuria Pérez Aguilar
Miguel Torres Calvo
Laura Hidalgo Romero
Carmen Ruiz Esteban
Héctor Jiménez Lara
Ana Belén Cano Soler

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Cicatrización de heridas; Flebitis; Técnica aséptica; Cuidados de Enfermería; Apósitos; Piel; Catéter periférico; Enfermería basada en la evidencia; Estomas quirúrgicos; Terapia intravenosa

Keywords: Wound Healing; Phlebitis; Aseptic Technique; Nursing Care; Bandages; Skin; Peripheral Catheterization; Evidence-Based Nursing; Surgical Stomas; Infusions, Intravenous

Resumen

Introducción: El catéter vascular periférico constituye uno de los dispositivos invasivos más utilizados en la práctica clínica y resulta imprescindible para la administración de fluidoterapia, medicación intravenosa y otros tratamientos de corta o media duración. Pese a su uso extendido, no está exento de complicaciones locales, entre las que la flebitis ocupa un lugar relevante por su impacto sobre el confort del paciente, la continuidad terapéutica y la seguridad asistencial. Junto a ella, también deben considerarse infiltración, extravasación, hematoma, sangrado, dolor, desplazamiento, oclusión y lesiones cutáneas asociadas al apósito o a la fijación.

Objetivos: Revisar los principales factores implicados en la aparición de flebitis y otras complicaciones locales relacionadas con el catéter vascular periférico, así como sintetizar las medidas de prevención y vigilancia que competen a Enfermería durante la selección, inserción, mantenimiento y retirada del dispositivo.

Metodología: Se presenta una revisión teórica de carácter narrativo orientada a la práctica enfermera. El desarrollo se estructura en torno a la fisiopatología básica de la flebitis, los factores dependientes del paciente, del dispositivo, de la terapia intravenosa y del cuidado profesional, y las actuaciones enfermeras que pueden contribuir a reducir eventos adversos locales.

Resultados: La prevención de complicaciones locales requiere una intervención continuada, no limitada al momento de la canalización. La valoración de la red venosa y del estado cutáneo, la elección individualizada del calibre y la localización, la técnica aséptica, una fijación estable que permita la inspección, la vigilancia sistemática del punto de inserción y la retirada precoz cuando el dispositivo deja de ser necesario son elementos centrales del cuidado. También resulta relevante reconocer de forma temprana signos de irritación venosa, intolerancia local o lesión cutánea para adaptar el plan terapéutico.

Discusión/Conclusiones: El abordaje enfermero del catéter periférico debe entenderse como un proceso dinámico de valoración, prevención, detección precoz y respuesta clínica. La reducción de flebitis y de otras complicaciones locales se asocia a prácticas consistentes de inserción y mantenimiento, al juicio clínico en la selección del acceso y a una vigilancia centrada en la experiencia del paciente y en la integridad de la piel. Más que una medida aislada, la seguridad en terapia intravenosa depende de la suma de decisiones clínicas prudentes y cuidados técnicamente rigurosos.

Abstract

Introduction: The peripheral vascular catheter is one of the most frequently used invasive devices in clinical practice and is essential for fluid therapy, intravenous medication administration, and other short- or medium-term treatments. Despite its widespread use, it may lead to local complications, with phlebitis being especially relevant because of its impact on patient comfort, treatment continuity, and safety. Other local events such as infiltration, extravasation, hematoma, bleeding, pain, dislodgement, occlusion, and skin damage related to dressings or securement should also be considered.

Objectives: To review the main factors involved in the development of phlebitis and other local complications related to peripheral vascular catheters, and to summarize preventive and monitoring nursing measures during device selection, insertion, maintenance, and removal.

Methodology: A narrative theoretical review focused on nursing practice is presented. The text is organized around the basic pathophysiology of phlebitis, factors related to the patient, the device, intravenous therapy, and professional care, as well as nursing actions that may help reduce local adverse events.

Results: Prevention of local complications requires ongoing care rather than actions limited to catheter insertion. Assessment of the venous network and skin condition, individualized choice of gauge and insertion site, aseptic technique, stable securement allowing inspection, systematic monitoring of the insertion site, and early removal when the device is no longer needed are central aspects of care. Early recognition of venous irritation, local intolerance, or skin injury is also important to adapt the therapeutic plan.

Discussion/Conclusions: Nursing management of peripheral catheters should be understood as a dynamic process involving assessment, prevention, early detection, and clinical response. Reducing phlebitis and other local complications is associated with consistent insertion and maintenance practices, sound clinical judgment in vascular access selection, and surveillance focused on patient experience and skin integrity. Safety in intravenous therapy depends less on isolated measures than on the combination of prudent clinical decisions and technically rigorous care.

Introducción

El acceso vascular periférico forma parte de la actividad asistencial cotidiana en hospitalización, urgencias, áreas quirúrgicas, hospitales de día y otros dispositivos sanitarios. Su aparente sencillez técnica puede favorecer una percepción de bajo riesgo que no siempre se corresponde con la complejidad real de su manejo. Cada catéter periférico atraviesa la barrera cutánea, permanece en contacto con el endotelio vascular y se expone a soluciones con diferentes propiedades físico-químicas, de modo que la aparición de complicaciones locales no debe considerarse un hecho menor ni inevitable.

La flebitis es una de las incidencias más habituales en este contexto. Se trata de un proceso inflamatorio venoso que puede tener una base mecánica, química, infecciosa o mixta. Su expresión clínica suele incluir dolor, eritema, calor local, induración, sensibilidad a la palpación o cordón venoso palpable, aunque la presentación puede variar según el paciente, la localización del dispositivo, el tiempo de permanencia y las características del tratamiento administrado. Además de generar malestar y limitar la función de la extremidad, la flebitis puede obligar a retirar el acceso, dificultar la continuidad del tratamiento y aumentar el número de venopunciones.

La práctica enfermera tiene un papel central en la prevención de este problema porque interviene en todas las fases del proceso: valoración inicial del capital venoso, preparación del material, inserción, fijación, mantenimiento, vigilancia, educación sanitaria y retirada del catéter. Este papel no se limita al dominio de la técnica; exige integrar observación clínica, capacidad de anticipación y toma de decisiones individualizadas. La calidad del cuidado depende de identificar qué paciente presenta venas frágiles, qué fármaco puede resultar irritante, qué localización ofrece menor riesgo funcional y qué signos iniciales requieren reevaluación inmediata.

Junto a la flebitis, otras complicaciones locales tienen relevancia asistencial. La infiltración y la extravasación pueden ocasionar dolor, edema y daño tisular de distinta gravedad. El hematoma, el sangrado persistente, la oclusión, el desplazamiento accidental y las lesiones cutáneas por adhesivos o humedad son también motivos frecuentes de pérdida del acceso y de deterioro de la experiencia del paciente. Cuando estas incidencias se producen de forma repetida, pueden comprometer la disponibilidad de venas periféricas y llevar a plantear alternativas de acceso más complejas.

Por ello, la prevención no debe centrarse únicamente en evitar un evento concreto, sino en preservar la integridad vascular y cutánea durante toda la terapia intravenosa. Desde esta perspectiva, el cuidado del catéter periférico forma parte de una estrategia más amplia de seguridad del paciente, calidad asistencial y uso racional de los dispositivos invasivos. Revisar los elementos que condicionan la aparición de flebitis y de otras complicaciones locales permite reforzar una práctica enfermera más reflexiva, homogénea y orientada a resultados clínicamente relevantes.

Objetivos

Analizar los factores relacionados con la aparición de flebitis y otras complicaciones locales en los catéteres vasculares periféricos, con especial atención a los aspectos prevenibles desde la práctica enfermera.

Como objetivos específicos, se pretende:

  • Describir los mecanismos generales implicados en la irritación e inflamación venosa asociada al catéter periférico.
  • Identificar factores de riesgo vinculados al paciente, al dispositivo, a la localización y a la terapia intravenosa.
  • Exponer medidas de inserción y mantenimiento que pueden contribuir a preservar la integridad de la vena y de la piel.
  • Revisar la vigilancia clínica del punto de inserción y los signos de detección precoz de complicaciones locales.
  • Delimitar el papel de Enfermería en la retirada oportuna del dispositivo y en la continuidad segura de la terapia.

Metodología

Se ha elaborado una revisión teórica de tipo narrativo centrada en el cuidado enfermero del catéter vascular periférico. El enfoque se orienta a integrar conocimientos clínicos de uso habitual en terapia intravenosa con una lectura práctica sobre prevención de eventos locales. No se plantea como revisión sistemática ni como protocolo cerrado, sino como una síntesis razonada para apoyar la toma de decisiones en contextos asistenciales habituales.

La organización del contenido responde a las principales fases del proceso de cuidados: valoración previa a la canalización, selección del dispositivo y del sitio de inserción, técnica de colocación, fijación y protección cutánea, mantenimiento durante la permanencia del catéter, vigilancia de signos de alarma y criterios generales de retirada. También se incorporan consideraciones sobre soluciones y fármacos potencialmente irritantes, así como sobre la experiencia del paciente, dado que el dolor o la incomodidad local pueden preceder a signos visibles de complicación.

El análisis se formula con prudencia clínica y con un propósito aplicable a distintos ámbitos de atención. Cuando una actuación puede variar según los protocolos del centro, la población atendida o las características del tratamiento, se expresa de forma general y adaptable. El texto prioriza la utilidad profesional, la seguridad y la coherencia con una práctica enfermera basada en valoración continuada.

Resultados

Flebitis y complicaciones locales: marco clínico

La flebitis asociada al catéter periférico puede entenderse como la respuesta inflamatoria de la pared venosa ante una agresión mecánica, química o microbiológica. En la práctica, estas dimensiones suelen superponerse. Un catéter de calibre elevado en una vena de pequeño diámetro puede favorecer rozamiento continuo sobre el endotelio; si además se administran soluciones irritantes o se prolonga innecesariamente el tiempo de permanencia, la probabilidad de intolerancia local aumenta. Cuando existen fallos en la antisepsia o en la manipulación del sistema, puede añadirse colonización microbiana y empeorar la evolución local.

No todas las complicaciones del catéter periférico son equivalentes, aunque comparten factores predisponentes. La infiltración implica la salida de solución no vesicante al tejido circundante; la extravasación se relaciona con fármacos o soluciones con capacidad lesiva para los tejidos. Ambas requieren una detección temprana, ya que el retraso en la identificación puede aumentar el daño local. El hematoma suele vincularse a la punción o a la retirada, especialmente en pacientes con fragilidad vascular o alteraciones de la hemostasia. La oclusión puede aparecer por acodamiento, mala posición, precipitación de medicamentos o falta de permeabilidad funcional. A ello se añaden lesiones cutáneas causadas por adhesivos, humedad atrapada bajo el apósito o retirada traumática de los sistemas de fijación.

Desde el punto de vista enfermero, estas complicaciones no deben abordarse como incidencias aisladas, sino como parte de una misma cadena de decisiones clínicas. La calidad del acceso no depende solo de que el catéter funcione en el momento de la inserción, sino de que se mantenga estable, tolerado y seguro a lo largo del tratamiento.

Factores dependientes del paciente

Las características individuales condicionan de forma importante el riesgo de flebitis y de otras complicaciones locales. La edad avanzada puede asociarse a mayor fragilidad capilar, pérdida de elasticidad cutánea y menor estabilidad de las venas superficiales. En otras personas, la obesidad, el edema, la deshidratación, la hipovolemia o antecedentes de múltiples venopunciones dificultan la visualización y palpación de trayectos venosos adecuados. También resultan relevantes los trastornos dermatológicos, la hipersensibilidad a adhesivos y la presencia de piel frágil o lesionada.

La capacidad de comunicar síntomas es otro aspecto esencial. Pacientes con deterioro cognitivo, sedación, barreras idiomáticas, neuropatía periférica o bajo nivel de conciencia pueden no expresar dolor o escozor inicial en el punto de inserción, por lo que la vigilancia enfermera debe ser más estrecha. De forma similar, en la infancia, en personas muy mayores o en situaciones de dependencia funcional, la observación directa del miembro canalizado adquiere un valor añadido.

La situación vascular basal también orienta la estrategia. Venas esclerosadas, móviles, muy superficiales o previamente lesionadas ofrecen menor tolerancia a determinados calibres o tiempos de permanencia. En pacientes que previsiblemente requerirán tratamientos repetidos, la preservación del capital venoso exige evitar canalizaciones innecesarias y planificar el acceso con una visión longitudinal del proceso asistencial.

Selección del dispositivo y del sitio de inserción

La elección del catéter debe buscar el equilibrio entre las necesidades terapéuticas y la mínima agresión vascular posible. En términos generales, conviene utilizar el menor calibre compatible con el tratamiento prescrito y con el flujo requerido, ya que diámetros mayores pueden incrementar el contacto con la pared venosa y dificultar la hemodilución de soluciones irritantes. La selección no debería responder a la disponibilidad inmediata del material o a la preferencia rutinaria del profesional, sino a una valoración previa del caso.

La localización influye en la tolerancia del dispositivo. Suelen preferirse venas de trayectos rectos, palpables, con buen relleno y alejadas de zonas de flexión cuando ello es viable. Las articulaciones y áreas sometidas a movimiento constante pueden favorecer desplazamientos, molestias, alarmas de perfusión y traumatismo sobre la vena. También conviene valorar el impacto funcional del acceso: una localización técnicamente posible puede resultar inadecuada si limita la autonomía del paciente o si aumenta el riesgo de arrancamiento accidental.

La inspección de la piel no debe quedar relegada a un plano secundario. La presencia de lesiones previas, edema, exudado, signos inflamatorios o restos de adhesivos puede condicionar tanto la inserción como la fijación posterior. Un buen acceso venoso en una zona cutánea comprometida puede convertirse en un punto de fallo si no se protege adecuadamente la integridad de la piel.

Inserción y técnica aséptica

La prevención comienza antes de la venopunción. La higiene de manos, la preparación correcta del material, la antisepsia cutánea y el respeto al tiempo de secado del antiséptico forman parte del cuidado seguro. Una inserción precipitada o con interrupciones puede aumentar la manipulación del punto de punción y deteriorar la calidad del procedimiento. Del mismo modo, realizar varios intentos sin replantear la estrategia incrementa el trauma local y reduce las opciones vasculares disponibles.

Durante la canalización, la estabilización de la vena y la delicadeza en la técnica ayudan a reducir microlesiones. Tras la inserción, es importante confirmar la funcionalidad del acceso sin forzar lavados o maniobras repetidas cuando existen dudas sobre su correcta posición. La fijación debe ser suficiente para impedir desplazamientos, pero no tan oclusiva que dificulte la inspección o genere presión sobre el punto de entrada. El apósito ha de permitir observar la zona, mantener el catéter estable y contribuir a la protección cutánea.

En pacientes con piel frágil, diaforesis, edema o necesidad de retiradas frecuentes, la elección del sistema de fijación merece especial atención. Un dispositivo técnicamente bien insertado puede fracasar por una mala estrategia de fijación o por lesiones relacionadas con el adhesivo. La prevención de la flebitis no puede separarse del cuidado de la piel pericatéter.

Mantenimiento, vigilancia y evaluación continua

Una vez colocado, el catéter periférico requiere una vigilancia sistemática. La evaluación debe incluir la observación del punto de inserción, la palpación cuando sea posible y la exploración de síntomas referidos por el paciente, como escozor, dolor, tirantez o sensación de quemazón durante la infusión. Estos signos pueden aparecer antes del eritema visible o del edema, por lo que conviene otorgar valor clínico a la experiencia subjetiva de la persona.

La permeabilidad del acceso debe revisarse en el contexto del tratamiento administrado. La resistencia al lavado, las alarmas repetidas de perfusión, la ausencia de retorno en situaciones en las que se espera o la aparición de tumefacción durante la administración pueden sugerir mala posición, infiltración u oclusión. Forzar el uso de un catéter dudoso prolonga el riesgo y retrasa la toma de decisiones.

El mantenimiento incluye además la revisión del apósito, la presencia de humedad, restos hemáticos, suciedad o despegamiento parcial. Un apósito mal adherido favorece la movilidad del catéter y la contaminación del punto de inserción. Por otra parte, la piel macerada bajo un apósito aparentemente intacto puede evolucionar a lesión cutánea si no se detecta a tiempo. La sustitución del sistema de cobertura debe individualizarse según su estado, la tolerancia cutánea y la situación clínica del paciente.

Las manipulaciones del sistema deben reducirse a las necesarias y realizarse con técnica cuidadosa. Las conexiones, desconexiones y administraciones intermitentes multiplican las oportunidades de contaminación y de movilización del catéter, por lo que la organización del tratamiento y el uso correcto de los componentes del sistema también forman parte de la prevención.

Terapia intravenosa y tolerancia venosa

No todas las soluciones intravenosas presentan el mismo perfil de tolerancia periférica. La osmolaridad, el pH, la velocidad de infusión, la duración del tratamiento y la combinación de fármacos pueden influir en la irritación de la íntima venosa. Algunos medicamentos se asocian con mayor frecuencia a dolor en la infusión o a flebitis química, especialmente cuando se administran en venas de pequeño calibre o mediante accesos de escasa estabilidad.

Por ello, la valoración enfermera debe integrar no solo el estado de la vena, sino también el tipo de terapia prescrita. Cuando un tratamiento resulta previsiblemente irritante, de duración prolongada o exige administraciones repetidas, puede ser necesario reconsiderar si el acceso periférico convencional es la mejor opción. La persistencia en un dispositivo mal tolerado, aunque todavía funcional, puede traducirse en daño local acumulativo.

La hemodilución, el control del ritmo de administración y la vigilancia estrecha durante las primeras dosis son medidas relevantes. Asimismo, la secuencia de administración y el lavado adecuado entre fármacos incompatibles pueden contribuir a reducir precipitados y oclusiones. Estas decisiones deben coordinarse con el equipo responsable del tratamiento, pero la enfermera ocupa una posición privilegiada para detectar señales de mala tolerancia y promover ajustes oportunos.

Retirada del catéter y prevención de eventos evitables

Uno de los factores de riesgo más infravalorados es la permanencia innecesaria del catéter. Mantener un acceso venoso sin indicación terapéutica expone al paciente a complicaciones sin aportar beneficio clínico. Por ello, la revisión diaria de la necesidad del dispositivo constituye una medida preventiva de primer orden. La retirada oportuna no equivale a una actuación menor, sino a una intervención de seguridad.

También debe retirarse el catéter cuando aparecen signos de flebitis, infiltración, dolor persistente no explicado, sospecha de extravasación, sangrado no controlado, fijación inestable, deterioro del apósito o imposibilidad de garantizar un uso seguro. En estos casos, diferir la retirada por conveniencia organizativa puede empeorar el daño local. Tras la retirada, conviene valorar el estado de la piel y de la vena, aplicar presión suave cuando proceda y registrar la causa de la retirada y la evolución del punto de punción.

El registro enfermero tiene valor clínico y no solo documental. Describir la localización, el número de intentos, la tolerancia del paciente, las incidencias detectadas y el motivo de retirada facilita la continuidad de cuidados y permite identificar patrones de riesgo. La información acumulada orienta decisiones futuras sobre qué venas evitar, qué sistemas de fijación se toleran peor o qué terapias se asocian a mayor irritación en determinados perfiles de pacientes.

Educación al paciente y trabajo en equipo

La colaboración del paciente puede mejorar la detección precoz de complicaciones locales. Informar de manera comprensible sobre qué sensaciones debe comunicar, cómo evitar tracciones accidentales y por qué no debe manipular el apósito contribuye a una vigilancia compartida. Esta educación debe adaptarse a la situación clínica, al nivel de autonomía y a la capacidad de comprensión de cada persona.

La prevención también depende de la consistencia del equipo asistencial. Criterios homogéneos de observación, registro y respuesta ante signos tempranos reducen la variabilidad de la práctica. Cuando existen circuitos claros para escalar problemas de tolerancia venosa o para reevaluar el tipo de acceso, la toma de decisiones resulta más ágil y segura. Enfermería actúa aquí como eje de continuidad entre la indicación terapéutica, la ejecución técnica y la monitorización del riesgo local.

Discusión/Conclusiones

La flebitis asociada al catéter vascular periférico no puede atribuirse a una única causa ni resolverse mediante una intervención aislada. Su aparición suele reflejar la interacción entre el estado vascular del paciente, la agresividad potencial de la terapia intravenosa, la calidad de la inserción, la estabilidad del dispositivo y la vigilancia posterior. Este carácter multifactorial explica por qué la prevención exige una mirada amplia y sostenida en el tiempo.

Desde el punto de vista enfermero, la principal aportación no reside únicamente en dominar la venopunción, sino en sostener un proceso de cuidados que comienza con la valoración previa y termina con la retirada indicada del catéter. La selección individualizada del acceso, el uso de técnica aséptica, la protección de la piel, la identificación temprana del dolor o de la irritación local y la revisión continua de la necesidad del dispositivo constituyen elementos inseparables de una práctica segura.

Un aspecto especialmente relevante es considerar que la funcionalidad del catéter no garantiza su idoneidad. Un acceso que perfunde, pero provoca dolor, enrojecimiento progresivo o fijación traumática, no debe interpretarse como un éxito técnico completo. La calidad del cuidado incluye la tolerancia del paciente, la preservación del capital venoso y la minimización del daño cutáneo. Esta perspectiva amplía el foco desde la mera administración del tratamiento hacia la integridad global del miembro canalizado.

La práctica clínica muestra además que muchas complicaciones locales se anuncian con signos sutiles. La escucha activa del paciente, la inspección repetida y el registro cuidadoso permiten intervenir antes de que el problema se haga evidente. En este punto, la experiencia profesional y la cultura de seguridad del equipo condicionan de forma directa los resultados. La prevención mejora cuando la sospecha clínica se traduce en una actuación temprana y no en la normalización del malestar local.

En síntesis, el cuidado del catéter vascular periférico debe orientarse a reducir la flebitis y otras complicaciones locales mediante decisiones prudentes, técnica rigurosa y seguimiento continuo. La Enfermería ocupa una posición determinante para integrar estos elementos y adaptar el manejo del acceso a cada situación clínica. Mantener esta mirada crítica sobre un procedimiento tan frecuente contribuye a una terapia intravenosa más segura, más eficiente y más respetuosa con la piel, la vena y la experiencia del paciente.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.

Financiación

Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.

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