Nursing care for an adolescent with obesity and sedentary habits
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:321
Autor principal (primer firmante): Alba Fernández Molina
Fecha recepción: 28/07/26
Fecha aceptación: 26/08/26
Fecha de publicación: 03/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):321
Autores:
Alba Fernández Molina
Iván Herrera Santos
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Cuidados de Enfermería; Familia; Dieta saludable; Obesidad pediátrica; Enfermería pediátrica; Proceso de Enfermería; Informes de casos; Actividad física; Salud infantil; Niño
Keywords: Nursing Care; Family; Healthy Diet; Pediatric Obesity; Pediatric Nursing; Nursing Process; Case Reports; Motor Activity; Child Health; Child
Resumen
Introducción: La obesidad en la adolescencia constituye un problema de salud que requiere una valoración integral por su relación con hábitos alimentarios inadecuados, bajo nivel de actividad física, factores familiares y repercusiones emocionales y sociales. Desde Enfermería pediátrica, el abordaje debe centrarse en la persona adolescente y en su entorno, evitando enfoques culpabilizadores y favoreciendo cambios asumibles y sostenidos.
Objetivos: Describir el abordaje enfermero de un adolescente con obesidad y hábitos sedentarios mediante el proceso de Enfermería, identificando necesidades de cuidados, prioridades asistenciales, intervenciones educativas y elementos de seguimiento clínico-familiar.
Metodología: Se expone una situación clínica de consulta ambulatoria estructurada a partir de la valoración enfermera integral, la identificación de problemas de cuidados, la planificación de objetivos y la implementación de intervenciones orientadas a alimentación, actividad física, apoyo familiar, motivación y continuidad asistencial.
Resultados: La valoración permitió detectar exceso ponderal, patrón sedentario mantenido, consumo frecuente de productos de elevada densidad energética, baja percepción inicial del problema, irregularidad en horarios de comidas y participación limitada en actividades físicas organizadas. Se estableció un plan de cuidados centrado en educación para la salud, entrevista motivacional, implicación familiar, establecimiento progresivo de metas y seguimiento periódico. Durante la evolución se observó mejor disposición al cambio, incremento de la actividad cotidiana, mayor estructuración de las comidas y mejor participación de la familia.
Discusión/Conclusiones: El cuidado enfermero en la obesidad adolescente resulta más útil cuando integra dimensiones biológicas, conductuales, familiares y psicosociales. La intervención aislada sobre el peso tiene un alcance limitado si no se acompaña de trabajo educativo, apoyo continuado y adaptación a la realidad del adolescente. Enfermería ocupa una posición relevante para detectar barreras, reforzar logros y favorecer cambios de hábitos realistas y mantenibles.
Abstract
Introduction: Adolescent obesity is a health problem that requires comprehensive assessment because of its association with unhealthy eating patterns, low physical activity, family factors, and psychosocial consequences. In pediatric nursing, care should focus on the adolescent and the family environment, avoiding stigmatizing approaches and promoting realistic, sustainable changes.
Objectives: To describe the nursing management of an adolescent with obesity and sedentary habits through the nursing process, identifying care needs, priorities, educational interventions, and follow-up elements.
Methodology: A clinical situation from an outpatient setting is presented and organized through comprehensive nursing assessment, identification of care problems, goal setting, and implementation of interventions focused on diet, physical activity, family support, motivation, and continuity of care.
Results: Assessment identified excess weight, persistent sedentary behavior, frequent intake of energy-dense foods, limited initial awareness of the problem, irregular meal schedules, and low participation in organized physical activity. A care plan was established based on health education, motivational interviewing, family involvement, gradual goal setting, and periodic follow-up. During follow-up, improved readiness for change, increased daily activity, better meal structure, and greater family participation were observed.
Discussion/Conclusions: Nursing care in adolescent obesity is more effective when biological, behavioral, family, and psychosocial dimensions are addressed together. Focusing only on body weight offers limited benefit if not accompanied by educational work, ongoing support, and adaptation to the adolescent’s context. Nursing plays an important role in identifying barriers, reinforcing progress, and promoting realistic lifestyle changes.
Introducción
La obesidad en la adolescencia plantea un reto asistencial de especial interés para Enfermería por su carácter multifactorial y por la complejidad del momento evolutivo en el que aparece. Durante esta etapa confluyen cambios físicos, cognitivos, emocionales y sociales que influyen en la relación con la alimentación, la imagen corporal, el ocio y la adherencia a las recomendaciones de salud. Cuando se asocian hábitos sedentarios, uso intensivo de pantallas, desorganización de rutinas familiares y baja percepción de riesgo, el abordaje requiere algo más que la simple transmisión de consejos dietéticos.
En la práctica clínica, la consulta por exceso de peso en población adolescente no siempre se produce como demanda principal. Con frecuencia se detecta en revisiones programadas, en controles por otros motivos o a partir de la preocupación de la familia. Esto obliga a la enfermera a construir una alianza terapéutica sensible, respetuosa y libre de estigma. El lenguaje empleado, la forma de explorar las conductas y la capacidad para negociar objetivos condicionan en gran medida la aceptación del plan de cuidados.
La obesidad pediátrica puede asociarse a limitación de la tolerancia al ejercicio, alteraciones del descanso, malestar emocional, dificultades en la participación social y consolidación de patrones poco saludables mantenidos en el tiempo. Sin embargo, la respuesta asistencial no debe centrarse exclusivamente en la reducción ponderal. En muchos casos, la prioridad enfermera consiste en mejorar hábitos cotidianos, fortalecer la implicación familiar, favorecer la autoeficacia y prevenir una evolución desfavorable.
En el ámbito de la Enfermería pediátrica y comunitaria, el proceso de Enfermería ofrece un marco útil para ordenar la valoración, identificar problemas de cuidados, priorizar necesidades y dar continuidad al seguimiento. La entrevista clínica, la observación del contexto familiar, la valoración de la motivación y la detección de barreras para el cambio son componentes esenciales. Del mismo modo, resulta importante contemplar la experiencia subjetiva del adolescente, sus preferencias, su red de apoyo y las circunstancias de escolarización, ocio y convivencia.
El presente artículo desarrolla una situación clínica centrada en un adolescente con obesidad y hábitos sedentarios, con el fin de mostrar un abordaje enfermero integral, prudente y aplicable a la práctica asistencial.
Objetivos
Objetivo general: Describir el proceso de cuidados de Enfermería en un adolescente con obesidad y hábitos sedentarios, integrando valoración clínica, intervención educativa, participación familiar y seguimiento evolutivo.
Objetivos específicos:
- Identificar factores personales, familiares y conductuales relacionados con el exceso de peso y el sedentarismo.
- Explorar necesidades de cuidados vinculadas a alimentación, actividad física, percepción de salud, motivación y entorno.
- Plantear un plan de intervención enfermera orientado a cambios progresivos y realistas en el estilo de vida.
- Favorecer la implicación de la familia en la organización de rutinas y en el apoyo cotidiano.
- Describir criterios de seguimiento útiles para valorar evolución, adherencia y dificultades durante el proceso asistencial.
Metodología
Se desarrolla una situación clínica de consulta de Enfermería pediátrica estructurada mediante el proceso de Enfermería. El abordaje se organiza a partir de la valoración inicial, la identificación de problemas de cuidados prioritarios, la planificación de objetivos consensuados con el adolescente y su familia, la ejecución de intervenciones y el seguimiento posterior.
La valoración se orienta desde una perspectiva biopsicosocial. Se consideran antecedentes generales, motivo de consulta, rutinas diarias, patrón alimentario, nivel habitual de actividad física, tiempo de pantalla, descanso, dinámica familiar, actitud ante el problema y posibles repercusiones emocionales o sociales. Asimismo, se explora el grado de conocimiento sobre alimentación saludable, la capacidad de la familia para sostener cambios y la existencia de expectativas poco realistas, comentarios estigmatizantes o estrategias previas fallidas.
Para la recogida de información se emplean entrevista clínica semiestructurada, observación y registro evolutivo de los aspectos relevantes para los cuidados. El razonamiento clínico enfermero se centra en problemas relacionados con el mantenimiento de la salud, el patrón de actividad, la gestión de hábitos, la motivación para el cambio y el afrontamiento familiar. Se priorizan intervenciones no farmacológicas, de carácter educativo y de acompañamiento, con necesidad de coordinación con otros profesionales cuando la situación lo aconseja.
La planificación se basa en objetivos graduales y evaluables en la vida cotidiana, más allá de la sola medición del peso. Se consideran indicadores clínicos y conductuales como la regularidad de las comidas, la disminución del tiempo sedentario, el incremento de actividad física adaptada, la participación familiar y la expresión de mayor comprensión sobre el problema de salud.
Resultados
Presentación de la situación clínica
Adolescente varón de 14 años, al que se asignarán las iniciales M.R., que acude a consulta acompañado de su madre tras recomendación realizada en revisión de salud. La familia refiere aumento progresivo del peso en los últimos años y reducción clara de la actividad física desde el cambio a la etapa de educación secundaria. No practica deporte reglado, realiza desplazamientos mayoritariamente en vehículo y dedica varias horas al día a videojuegos y uso de teléfono móvil. La madre expresa preocupación por el cansancio al esfuerzo y por la tendencia a evitar actividades al aire libre. El adolescente, por su parte, verbaliza escasa preocupación inicial y reconoce que no le gusta “hacer ejercicio” porque lo vive como una obligación y porque se compara negativamente con otros compañeros.
En la entrevista se recogen horarios de comida irregulares, desayuno incompleto o ausente algunos días, picoteo frecuente por la tarde, consumo habitual de productos ultraprocesados y bebidas azucaradas, y baja presencia de frutas y verduras en la dieta cotidiana. La cena suele realizarse tarde y en ocasiones frente a pantallas. La familia manifiesta dificultad para planificar menús semanales y reconoce que el tiempo disponible para cocinar es limitado entre semana. No se describen enfermedades agudas en el momento de la consulta ni tratamiento farmacológico continuado.
Desde el punto de vista psicosocial, M.R. mantiene escolarización ordinaria, rendimiento académico aceptable y grupo social reducido. Refiere sentirse incómodo en actividades deportivas escolares y evita cambiarse en vestuarios cuando le resulta posible. No expresa tristeza persistente, pero sí malestar ante comentarios sobre su cuerpo y tendencia a retirarse de actividades que asocia con evaluación externa. La madre reconoce que, en casa, las conversaciones sobre el peso a veces terminan en discusión.
Valoración enfermera
La situación pone de manifiesto una interacción de factores conductuales, familiares y emocionales. En el plano de los hábitos, destacan un patrón alimentario desorganizado, baja actividad física planificada, tiempo sedentario elevado y escasa conciencia de la relación entre rutina diaria y salud futura. En el plano familiar, se observa preocupación genuina, pero también dificultades para traducirla en normas consistentes, compra alimentaria estructurada y modelo compartido de actividad. En el plano emocional, aparecen evitación de situaciones corporales expuestas, baja motivación inicial para el cambio y percepción del ejercicio como experiencia negativa.
La enfermera identifica problemas de cuidados relacionados con gestión ineficaz de hábitos saludables, desequilibrio en las rutinas de alimentación y actividad, disposición limitada al cambio en la fase inicial y necesidad de apoyo familiar para reorganizar el entorno doméstico. Además, se valora el riesgo de mantenimiento del patrón sedentario y de deterioro de la autoestima vinculado a la imagen corporal y a experiencias de comparación social.
La entrevista permite detectar elementos favorables para la intervención: la familia acude a consulta con disposición a colaborar, el adolescente acepta hablar cuando se evita un tono directivo y se muestra más receptivo al plantear metas pequeñas, y no existen limitaciones funcionales graves que impidan iniciar actividad física progresiva adaptada a sus preferencias.
Planificación de cuidados
Tras la valoración, se acuerda con el adolescente y su madre un plan centrado en objetivos a corto y medio plazo. Se evita establecer metas basadas únicamente en la cifra de peso y se priorizan cambios observables en la rutina diaria. Entre los objetivos iniciales se incluyen estructurar el desayuno y la merienda, reducir la ingesta de bebidas azucaradas, incorporar opciones de comida casera sencilla durante la semana, disminuir el tiempo de pantalla fuera del ámbito escolar y aumentar la actividad física cotidiana con propuestas aceptables para el adolescente.
Se establece como objetivo conductual iniciar caminatas regulares y considerar actividades con menor componente competitivo, como paseos activos, bicicleta recreativa o ejercicios guiados en casa. También se planifica revisar las barreras percibidas por M.R., reforzar su participación en la toma de decisiones y trabajar la comunicación familiar para reducir mensajes centrados en la culpa o en la apariencia física.
La planificación contempla seguimiento periódico en consulta de Enfermería para revisar cumplimiento, dificultades y logros parciales. Se informa a la familia de la conveniencia de mantener expectativas realistas, ya que la modificación de hábitos en la adolescencia suele requerir tiempo, repetición y acompañamiento sostenido.
Intervenciones enfermeras
La primera línea de intervención se orienta a la educación para la salud. Se ofrece información comprensible sobre la relación entre alimentación, actividad física, descanso y bienestar general, utilizando ejemplos adaptados a la vida diaria del adolescente. La conversación evita discursos moralizantes y se centra en elecciones concretas: organizar horarios, preparar colaciones simples, limitar la disponibilidad domiciliaria de productos de consumo ocasional y favorecer la presencia visible de alimentos frescos y agua.
Se emplean técnicas de entrevista motivacional para explorar ambivalencias. En lugar de insistir en la obligación de perder peso, la enfermera pregunta por actividades que M.R. toleraría mejor, por momentos del día con más probabilidad de cambio y por beneficios que él mismo consideraría valiosos, como cansarse menos, dormir mejor o sentirse más cómodo en determinadas situaciones. Este enfoque facilita que el adolescente pase de la resistencia inicial a una participación más activa.
Con la familia se trabaja la reorganización del entorno. Se recomienda consensuar horarios de comida, comer en la mesa siempre que sea posible, reducir el uso de pantallas durante las ingestas y evitar utilizar alimentos como premio o compensación emocional. También se propone que los adultos revisen sus propios hábitos para ofrecer un modelo coherente. La intervención no se dirige solo al adolescente; se entiende que el cambio sostenido depende en gran medida de las dinámicas de convivencia.
En relación con la actividad física, se propone un incremento progresivo y adaptado. Se pacta comenzar con desplazamientos a pie en trayectos asumibles, uso de escaleras cuando resulte posible y varias sesiones semanales de caminata a ritmo cómodo. Se exploran preferencias musicales y tecnológicas para asociar el movimiento a experiencias más agradables. Más adelante, se plantea valorar alguna actividad no competitiva con apoyo de un amigo o familiar, para reducir la sensación de exposición.
La enfermera aborda además aspectos emocionales y de imagen corporal. Se ofrece un espacio de escucha sin juicios, se valida el malestar que generan los comentarios sobre el cuerpo y se refuerza que el objetivo del plan no es responder a presiones estéticas, sino mejorar salud, energía y autonomía. Se sugiere a la familia evitar bromas, comparaciones y conversaciones repetitivas sobre el peso. Cuando existe sufrimiento emocional significativo, debe considerarse la derivación o coordinación con otros profesionales.
Dentro del seguimiento, se registran cambios en rutinas, dificultades para mantenerlos y circunstancias que favorecen recaídas, como fines de semana desestructurados, exámenes, celebraciones o cansancio parental. Cada contacto se utiliza para reformular metas si son demasiado exigentes y para reconocer progresos aunque sean modestos, con el fin de sostener la adherencia.
Evolución
En las revisiones sucesivas, la madre refiere mejor organización del desayuno y menor compra de productos de consumo ocasional para uso diario. M.R. mantiene inicialmente oscilaciones en la adherencia, sobre todo en fines de semana, pero acepta caminar varios días por semana y reduce parte del tiempo dedicado a videojuegos tras pactar horarios. El adolescente comienza a identificar que algunas conductas no estaban relacionadas solo con “falta de voluntad”, sino con costumbres muy arraigadas y con un entorno poco estructurado.
En un segundo momento del seguimiento, la familia informa de cenas más tempranas y compartidas con mayor frecuencia. Se observa mayor implicación del padre en los paseos vespertinos, lo que mejora la continuidad del plan. M.R. verbaliza sentirse algo menos fatigado en educación física y muestra menor oposición cuando la consulta se orienta a revisar logros concretos y no a emitir juicios sobre el peso. Aunque la evolución requiere continuidad y consolidación, el proceso refleja una transición desde la pasividad inicial hacia una participación más colaborativa.
Persisten dificultades previsibles: tendencia a la negociación excesiva en el hogar, preferencia por ocio sedentario, presión de grupo en el consumo de determinados alimentos y fluctuaciones en la motivación. No obstante, la intervención enfermera continuada permite transformar objetivos abstractos en acciones cotidianas más alcanzables.
Discusión/Conclusiones
La situación descrita muestra que la obesidad en la adolescencia rara vez responde a una sola causa y que su abordaje enfermero no puede reducirse a la indicación de “comer menos y moverse más”. La valoración integral permite comprender cómo se combinan preferencias personales, rutinas familiares, barreras emocionales, organización del tiempo y entorno alimentario. Cuando estos elementos no se exploran, la intervención corre el riesgo de ser percibida como prescriptiva, poco realista y de escaso impacto.
Un aspecto central del cuidado es la relación terapéutica. El adolescente con exceso de peso puede llegar a consulta con experiencias previas de juicio, frustración o baja confianza en su capacidad de cambio. Por ello, la enfermera debe crear un espacio clínico donde hablar de salud sin reforzar el estigma. Escuchar antes de recomendar, pactar antes de imponer y priorizar metas concretas antes que objetivos abstractos suele favorecer mejor adherencia.
La implicación familiar constituye otro eje del proceso asistencial. En la adolescencia, la autonomía está en desarrollo, pero el hogar continúa condicionando horarios, compra de alimentos, tipo de ocio y oportunidades para el movimiento. La familia puede ser facilitadora del cambio o, por el contrario, mantener dinámicas que lo dificulten. Desde Enfermería resulta útil trabajar con todo el núcleo conviviente, promover mensajes consistentes y desplazar el foco desde el peso hacia la salud cotidiana.
También debe subrayarse la importancia de no interpretar las oscilaciones en la adherencia como fracaso. La modificación de hábitos tiene un curso no lineal, con avances, retrocesos y periodos de menor motivación. El seguimiento enfermero adquiere valor precisamente en esa fase: permite detectar barreras, reformular objetivos, reforzar la autoeficacia y prevenir el abandono del proceso. En este sentido, las consultas breves pero periódicas pueden ser más útiles que intervenciones intensas y aisladas.
Entre las limitaciones del abordaje clínico individual se encuentra la influencia de determinantes que exceden la consulta: disponibilidad de espacios seguros para actividad física, horarios laborales de los cuidadores, presión comercial sobre ciertos productos, hábitos del grupo de iguales y uso recreativo de pantallas. Estas circunstancias no invalidan la intervención enfermera, pero obligan a contextualizarla y a evitar mensajes simplistas.
En síntesis, los cuidados de Enfermería en adolescentes con obesidad y hábitos sedentarios deben apoyarse en una valoración integral, en objetivos graduados y en una estrategia de acompañamiento que incluya al entorno familiar. La mejora clínica puede expresarse en cambios de conducta, mayor participación en actividades cotidianas, mejor organización de la alimentación y una relación menos conflictiva con el cuidado de la salud. Desde esta perspectiva, la consulta enfermera se configura como un espacio idóneo para promover hábitos más saludables de forma progresiva, respetuosa y sostenible.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.
Financiación
Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.
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