Delirium in the ICU: foundations of prevention, detection and non-pharmacological care
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:59
Autor principal (primer firmante): Marta Vidal Herrera
Fecha recepción: 11/06/26
Fecha aceptación: 06/07/26
Fecha de publicación: 12/07/26
Ref.: CADICE. 2026;1(7):59
Autores:
Marta Vidal Herrera
Raúl Gómez Salcedo
Irene Campos Núñez
David León Morales
Paula Ríos Fuentes
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Medidas no farmacológicas; Enfermería basada en la evidencia; Cuidados críticos; Delirio; Sedación; Paciente crítico; Cuidados de Enfermería; Monitorización fisiológica; Unidades de cuidados intensivos; Revisión
Keywords: Nonpharmacological Interventions; Evidence-Based Nursing; Critical Care; Delirium; Sedation; Critical Illness; Nursing Care; Monitoring, Physiologic; Intensive Care Units; Review
Resumen
Introducción: El delirium en unidades de cuidados intensivos constituye una alteración neuropsiquiátrica aguda de elevada relevancia asistencial por su asociación con peores desenlaces clínicos, mayor complejidad de cuidados y aumento de la vulnerabilidad del paciente crítico. Su presentación puede ser fluctuante y pasar inadvertida, especialmente en formas hipoactivas, lo que refuerza la necesidad de una vigilancia enfermera sistemática.
Objetivos: Revisar los fundamentos clínicos del delirium en UCI, analizar los factores que favorecen su aparición, describir estrategias de detección precoz aplicables a la práctica enfermera y desarrollar las principales medidas no farmacológicas orientadas a su prevención y manejo.
Metodología: Se presenta una revisión teórica de carácter narrativo centrada en la atención enfermera al paciente crítico con riesgo de delirium o con delirium establecido. El contenido se organiza a partir de los elementos clínicos habitualmente considerados en la práctica asistencial: factores predisponentes y precipitantes, observación clínica, monitorización, sedación, entorno terapéutico y continuidad de cuidados.
Resultados: El delirium en UCI se relaciona con una interacción compleja entre la situación basal del paciente, la enfermedad aguda, los procedimientos invasivos, la exposición a sedantes y analgésicos, la privación o fragmentación del sueño, la inmovilidad, el aislamiento sensorial y la desorientación. La evaluación enfermera continuada, junto con el uso estructurado de herramientas de cribado validadas por el centro, puede favorecer la identificación precoz. Entre las intervenciones no farmacológicas con mayor aplicabilidad clínica destacan la optimización del sueño, la reorientación cognitiva, la movilización según tolerancia, el control del dolor, la revisión del ambiente, la adecuación de la comunicación y la participación de la familia cuando sea posible.
Discusión/Conclusiones: La prevención y el abordaje del delirium requieren una actuación multiprofesional en la que Enfermería ocupa una posición central por su presencia continuada junto al paciente y por su capacidad para integrar observación clínica, monitorización y cuidados individualizados. Las medidas no farmacológicas no sustituyen la valoración médica ni el tratamiento etiológico, pero pueden contribuir de forma relevante a reducir factores precipitantes, mejorar la seguridad y preservar la función cognitiva durante el ingreso en UCI.
Abstract
Introduction: Delirium in intensive care units is an acute neuropsychiatric disorder of major clinical relevance because it is associated with poorer outcomes, greater care complexity and increased vulnerability in critically ill patients. Its presentation is often fluctuating and may go unrecognized, particularly in hypoactive forms, making systematic nursing surveillance essential.
Objectives: To review the clinical basis of delirium in the ICU, analyse factors associated with its onset, describe early detection strategies applicable to nursing practice, and outline the main nonpharmacological interventions aimed at prevention and supportive management.
Methodology: A narrative theoretical review was developed focusing on nursing care for critically ill patients at risk of delirium or with established delirium. The content is structured around key elements commonly addressed in clinical practice: predisposing and precipitating factors, clinical observation, monitoring, sedation, therapeutic environment and continuity of care.
Results: ICU delirium is linked to a complex interaction between baseline vulnerability, acute illness, invasive procedures, exposure to sedatives and analgesics, sleep deprivation or fragmentation, immobility, sensory isolation and disorientation. Ongoing nursing assessment, together with structured use of screening tools adopted by each institution, may support early recognition. Nonpharmacological interventions with relevant bedside applicability include sleep promotion, cognitive reorientation, mobilization according to tolerance, pain control, environmental adjustment, adapted communication and family involvement whenever feasible.
Discussion/Conclusions: Prevention and management of delirium require a multidisciplinary approach in which nurses play a central role due to their continuous presence at the bedside and their ability to integrate clinical observation, physiological monitoring and individualized care. Nonpharmacological measures do not replace medical assessment or etiological treatment, but they may substantially help reduce precipitating factors, improve safety and preserve cognitive function during ICU admission.
Introducción
El delirium es un síndrome clínico agudo caracterizado por alteraciones de la atención, el nivel de conciencia, la cognición y la organización del pensamiento, con curso fluctuante y aparición generalmente rápida. En la unidad de cuidados intensivos su reconocimiento adquiere una complejidad particular, ya que el paciente crítico puede presentar inestabilidad hemodinámica, ventilación mecánica, dolor, limitación en la comunicación, exposición a fármacos sedantes y múltiples agresiones orgánicas que dificultan la valoración neurológica continuada.
Desde la perspectiva enfermera, el delirium no debe entenderse únicamente como un trastorno conductual o como un episodio de agitación. También puede manifestarse con apatía, enlentecimiento psicomotor, desconexión aparente del entorno o disminución de la interacción, formas que con frecuencia se infradiagnostican. Esta variabilidad clínica obliga a mantener una observación estructurada y sostenida en el tiempo, incorporando la evolución del estado mental a la monitorización habitual del paciente crítico.
La relevancia asistencial del problema se vincula a su relación con mayor dificultad para el destete de ventilación mecánica, necesidad de contención o vigilancia intensiva, riesgo de retirada accidental de dispositivos, aumento de la carga de cuidados, deterioro funcional y posibles secuelas cognitivas tras el alta. A ello se añade el impacto emocional sobre la familia, que puede interpretar los cambios conductuales como una pérdida súbita de identidad o como una complicación difícil de comprender si no recibe información clara.
En este contexto, la Enfermería de cuidados intensivos desempeña un papel transversal. Su presencia continuada al lado de la persona ingresada permite detectar modificaciones sutiles en el comportamiento, identificar factores precipitantes, colaborar en la revisión de la sedación, modular estímulos ambientales y aplicar intervenciones no farmacológicas de forma precoz. Estas medidas, integradas en un plan de cuidados individualizado, pueden contribuir a disminuir la exposición a elementos desorganizadores y a preservar el máximo nivel posible de orientación, descanso y funcionalidad.
La aproximación al delirium en UCI exige, por tanto, una mirada clínica amplia. No basta con registrar episodios de agitación. Es necesario valorar antecedentes, vulnerabilidad basal, gravedad del proceso agudo, tratamientos administrados, calidad del sueño, capacidad sensorial, dolor, movilidad, interacción con la familia y condiciones del entorno. Solo desde ese abordaje integral resulta posible una prevención realista y una detección precoz clínicamente útil.
Objetivos
El objetivo general de este artículo es revisar los aspectos fundamentales del delirium en UCI que resultan más relevantes para la práctica enfermera, con especial atención a la prevención, la detección temprana y los cuidados no farmacológicos.
Como objetivos específicos se plantean los siguientes:
- Describir los principales factores predisponentes y precipitantes del delirium en el paciente crítico.
- Analizar las dificultades de reconocimiento clínico en la UCI y el valor de la observación enfermera continuada.
- Examinar la relación entre sedación, dolor, sueño, inmovilidad y alteración cognitiva durante el ingreso.
- Desarrollar las intervenciones no farmacológicas que pueden incorporarse al plan de cuidados de forma individualizada.
- Reflexionar sobre las implicaciones del delirium para la seguridad del paciente, la experiencia familiar y la continuidad asistencial.
Metodología
Se realiza una revisión teórica de enfoque narrativo orientada a la actualización profesional en Enfermería de cuidados críticos. El texto se estructura en torno a contenidos clínicos ampliamente aceptados en la práctica asistencial: concepto y presentación del delirium, factores de riesgo, procesos de valoración, medidas de prevención y cuidados no farmacológicos aplicables en la UCI.
La revisión se plantea con finalidad integradora y no como una síntesis cuantitativa. Por ello, no se describen resultados de búsqueda ni comparaciones entre estudios concretos. Se prioriza una exposición clínica prudente, centrada en la aplicabilidad de los cuidados y en la necesidad de adaptación a los protocolos de cada unidad, a la situación fisiopatológica del paciente y al juicio clínico del equipo multiprofesional.
El desarrollo se orienta especialmente al papel de Enfermería en tres planos complementarios: vigilancia clínica continuada, identificación de factores modificables y ejecución de intervenciones no farmacológicas dirigidas a reducir desorientación, sufrimiento y riesgo de complicaciones. Se incorpora asimismo la relación del delirium con la sedación y con la monitorización fisiológica, dado que ambos ámbitos condicionan de manera relevante la valoración y el manejo del paciente crítico.
Resultados
Delirium en el paciente crítico: una alteración multifactorial
En UCI, el delirium suele surgir por la combinación de vulnerabilidad previa y agresión aguda. Entre los factores predisponentes pueden encontrarse la edad avanzada, el deterioro cognitivo previo, la fragilidad, la comorbilidad, la dependencia funcional, las alteraciones visuales o auditivas y determinados antecedentes neurológicos o psiquiátricos. Sobre esa base actúan factores precipitantes relacionados con la enfermedad crítica: sepsis, insuficiencia respiratoria, alteraciones metabólicas, hipoxemia, inflamación sistémica, dolor no controlado, cirugía mayor, procedimientos invasivos y exposición a fármacos con potencial desorganizativo.
La UCI añade además elementos ambientales y organizativos que pueden favorecer la disrupción cognitiva. La ausencia de referencias temporales, la iluminación constante, el ruido, la interrupción frecuente del sueño, la inmovilidad prolongada y la imposibilidad de comunicarse con normalidad generan una experiencia de desanclaje que resulta especialmente intensa en pacientes ventilados o aislados. El delirium no responde, por tanto, a una única causa, sino a una acumulación de cargas fisiológicas, farmacológicas y contextuales.
Manifestaciones clínicas y formas de presentación
La expresión clínica puede ser hiperactiva, hipoactiva o mixta. La forma hiperactiva suele llamar la atención por la agitación, la inquietud, los intentos de retirada de dispositivos, el insomnio o la labilidad emocional. Sin embargo, la forma hipoactiva plantea un reto mayor, ya que el paciente puede mostrarse somnoliento, escasamente reactivo, distraído o desconectado, sin conductas disruptivas evidentes. Esta presentación puede confundirse con depresión, fatiga extrema, infraestimulación o incluso con una sedación considerada aceptable si no se evalúa de forma sistemática.
El carácter fluctuante constituye otro rasgo decisivo. Un paciente puede parecer orientado en determinados momentos y presentar posteriormente inatención marcada, pensamiento incoherente o percepción distorsionada. Por ello, la valoración aislada tiene un rendimiento limitado. La observación longitudinal, el relevo de información entre turnos y la comparación con el estado basal comunicado por la familia aportan elementos especialmente valiosos.
Relevancia de la detección precoz en Enfermería
La detección del delirium en UCI requiere integrar observación clínica, evaluación del nivel de sedación y uso de instrumentos de cribado adoptados por la unidad. Enfermería ocupa una posición privilegiada para ello, ya que registra cambios de atención, contacto visual, capacidad para seguir órdenes sencillas, variaciones del ciclo sueño-vigilia, lenguaje desorganizado, irritabilidad, miedo, conductas defensivas o desconexión progresiva del entorno.
La exploración no debe limitarse a la presencia de agitación. Conviene valorar si el paciente mantiene la atención, si reconoce dónde está, si comprende mensajes simples, si la conducta es congruente con la situación clínica y si las alteraciones fluctúan a lo largo del día. La información familiar puede ayudar a diferenciar un deterioro cognitivo previo de una alteración aguda, así como a identificar expresiones idiosincrásicas de desorientación o angustia.
La utilidad de las herramientas estructuradas radica en disminuir la subjetividad y favorecer una comunicación homogénea entre profesionales. No obstante, su interpretación debe contextualizarse. La sedación profunda, la afasia, la hipoacusia grave, algunas lesiones neurológicas o la inestabilidad clínica pueden condicionar la aplicabilidad de determinados instrumentos. Por ello, la herramienta no sustituye al juicio clínico enfermero, sino que lo complementa.
Sedación, analgesia y monitorización fisiológica
El vínculo entre sedación y delirium es especialmente relevante en cuidados intensivos. La sedación puede ser necesaria para asegurar la adaptación a la ventilación mecánica, facilitar procedimientos o reducir sufrimiento, pero su intensidad y duración influyen en la capacidad de valorar el estado neurológico y pueden asociarse a mayor desorientación cuando no se ajusta de forma individualizada. Del mismo modo, el dolor mal controlado, la abstinencia, la ansiedad extrema o la disnea pueden expresarse con inquietud y confundirse con delirium si no se realiza una valoración diferencial cuidadosa.
Enfermería participa activamente en la observación de la respuesta a sedantes y analgésicos, en la titulación según prescripción y protocolos del centro y en la identificación de efectos que dificultan la interacción o el despertar adecuado. La monitorización fisiológica también tiene implicaciones directas. Episodios de hipoxemia, hipotensión, fiebre, retención urinaria, estreñimiento, alteraciones glucémicas o desequilibrios hidroelectrolíticos pueden acompañarse de cambios cognitivos y deben formar parte de la evaluación integral del paciente con sospecha de delirium.
La revisión periódica del objetivo de sedación, la promoción de niveles de vigilia compatibles con la seguridad clínica y la valoración conjunta con el equipo médico pueden favorecer un abordaje más ajustado. La meta no es eliminar toda respuesta conductual, sino encontrar un equilibrio entre confort, seguridad y capacidad de interacción cuando la situación lo permita.
Prevención no farmacológica: intervención sobre factores modificables
Las medidas no farmacológicas constituyen la base del abordaje preventivo porque actúan sobre factores precipitantes frecuentes y, además, son compatibles con una atención centrada en la persona. Su implementación exige continuidad, coordinación y adaptación a la tolerancia del paciente.
Una primera línea de actuación consiste en favorecer la orientación. Resulta útil explicar repetidamente dónde se encuentra el paciente, qué procedimientos se realizan y en qué momento del día se encuentra, empleando frases breves, voz calmada y mensajes coherentes entre profesionales. La presencia visible de reloj o calendario, cuando la situación de la unidad lo permite, puede reforzar esas referencias. También conviene mantener rutinas reconocibles y evitar cambios innecesarios en la organización del entorno inmediato.
La calidad del sueño merece una atención específica. El descanso en UCI se ve alterado por alarmas, procedimientos nocturnos, luz artificial, dolor y ansiedad. Enfermería puede contribuir agrupando cuidados cuando sea factible, reduciendo estímulos innecesarios durante la noche, ajustando iluminación, valorando confort postural y anticipando medidas de alivio del dolor o de la disnea. No siempre es posible preservar un sueño continuo, pero la minimización de interrupciones evitables constituye una intervención de alto valor práctico.
La movilización precoz, dentro de los márgenes de seguridad clínica, se asocia a mejor mantenimiento funcional y puede reducir la desorganización cognitiva ligada al encamamiento prolongado. Cambios posturales programados, sedestación, ejercicios pasivos o activos y progresión de actividad según tolerancia forman parte de este enfoque. Su aplicación requiere coordinación con fisioterapia y con el resto del equipo, así como una valoración previa del riesgo hemodinámico, respiratorio y de dispositivos invasivos.
La optimización sensorial es otro componente relevante. El paciente que no ve ni oye adecuadamente interpreta con mayor dificultad lo que sucede a su alrededor. Cuando sea posible, debe facilitarse el uso de gafas o audífonos y verificarse que los mensajes sean comprensibles pese a barreras como tubos, mascarillas o fatiga extrema. La comunicación debe adaptarse al estado del paciente: contacto visual, frases cortas, preguntas cerradas si existe limitación para responder y apoyo con sistemas no verbales cuando la ventilación mecánica impide el habla.
El control del dolor no puede separarse de la prevención del delirium. El sufrimiento persistente deteriora el sueño, incrementa la respuesta al estrés y dificulta la cooperación. La valoración periódica del dolor, incluso en pacientes con capacidad comunicativa limitada, y la coordinación con las medidas analgésicas prescritas son intervenciones nucleares del cuidado intensivo.
Participación de la familia y humanización del entorno
La presencia familiar puede desempeñar una función estabilizadora en determinados pacientes. Las voces conocidas, la reorientación afectiva y la interpretación de necesidades o conductas por parte de quienes conocen al paciente pueden disminuir la sensación de extrañeza. Su integración debe organizarse según las normas de la unidad y la situación clínica, evitando sobreestimulación o interferencia con procedimientos necesarios.
Además de su papel directo junto al enfermo, la familia aporta información basal de gran valor: nivel de autonomía previo, deterioro cognitivo conocido, hábitos de sueño, uso habitual de ayudas sensoriales, idioma principal, estilo comunicativo y respuestas ante situaciones de miedo o dolor. Esta información permite individualizar cuidados y prevenir interpretaciones erróneas de la conducta.
La humanización del entorno no implica renunciar a la tecnología, sino ponerla al servicio de una experiencia asistencial menos desorganizadora. Explicar antes de actuar, anticipar maniobras, nombrar al paciente por su nombre, presentarse en cada turno y reducir conversaciones ajenas a la atención inmediata delante de él son gestos con impacto clínico y ético.
Seguridad del paciente y continuidad de cuidados
El delirium incrementa el riesgo de eventos adversos vinculados a caídas, retirada accidental de catéteres, autoextubación, rechazo a dispositivos y dificultades para la adherencia a cuidados complejos. La respuesta no debe centrarse de forma exclusiva en la contención, sino en identificar la causa del comportamiento y en reforzar estrategias menos restrictivas siempre que sea posible.
La seguridad también depende de una comunicación eficaz entre turnos y entre niveles asistenciales. Es recomendable registrar la presencia o sospecha de delirium, su patrón de fluctuación, factores precipitantes identificados, respuesta a las intervenciones y participación familiar. Esta información facilita la continuidad durante el ingreso y resulta útil en la transición a planta, donde la persistencia de alteraciones cognitivas puede pasar desapercibida si no se transmite adecuadamente.
Discusión/Conclusiones
El delirium en UCI representa un problema clínico complejo que no puede reducirse a un episodio de agitación ni abordarse de manera exclusivamente farmacológica. Su aparición suele reflejar una interacción entre vulnerabilidad previa, enfermedad aguda, exposición terapéutica y condiciones ambientales propias de la asistencia intensiva. Esta complejidad obliga a mantener una visión integral, dinámica y centrada en la persona.
Enfermería ocupa una posición determinante en este proceso porque combina observación continuada, monitorización fisiológica, contacto relacional y ejecución de cuidados básicos avanzados. La detección precoz depende en gran medida de la capacidad para reconocer cambios sutiles, especialmente en presentaciones hipoactivas. La incorporación del estado cognitivo a la valoración habitual del paciente crítico contribuye a superar la infradetección y mejora la comunicación clínica dentro del equipo.
Las medidas no farmacológicas adquieren especial relevancia por su aplicabilidad cotidiana y por su orientación a factores modificables. Favorecer el sueño, ajustar el entorno, reorientar de forma repetida, controlar el dolor, movilizar según tolerancia, optimizar la comunicación y facilitar la participación familiar son intervenciones coherentes con una práctica enfermera segura y humanizada. Su eficacia depende menos de acciones aisladas que de su integración sostenida en el plan de cuidados.
No obstante, estas intervenciones deben adaptarse a la situación hemodinámica, respiratoria y neurológica del paciente, así como a los recursos organizativos de cada unidad. No constituyen un protocolo cerrado ni sustituyen la búsqueda y el tratamiento de causas médicas subyacentes. El abordaje del delirium requiere cooperación multiprofesional, revisión de la sedación, evaluación del dolor y atención constante a la evolución clínica.
Desde una perspectiva asistencial, resulta razonable considerar el delirium como un indicador de vulnerabilidad y de complejidad del cuidado, más que como una complicación secundaria sin entidad propia. Su prevención y manejo ofrecen una oportunidad para fortalecer modelos de UCI orientados a la seguridad, la personalización del cuidado y la preservación funcional y cognitiva del paciente crítico. En ese marco, la aportación enfermera no es accesoria: constituye uno de los pilares del abordaje clínico diario.
Conflicto de intereses
Los autores manifiestan que no existe ningún conflicto de intereses que haya podido influir en el contenido del presente trabajo.
Financiación
La elaboración de este artículo no contó con financiación externa pública ni privada.
Bibliografía
- Chen TJ, Traynor V, Wang AY, Shih CY, Tu MC, Chuang CH, et al.. Comparative effectiveness of non-pharmacological interventions for preventing delirium in critically ill adults: A systematic review and network meta-analysis.. Int J Nurs Stud. 2022;131:104239. doi: https://doi.org/10.1016/j.ijnurstu.2022.104239
- Zaher-Sánchez S, Satústegui-Dordá PJ, Ramón-Arbués E, Santos-Sánchez JA, Aguilón-Leiva JJ, Pérez-Calahorra S, et al.. The Management and Prevention of Delirium in Elderly Patients Hospitalised in Intensive Care Units: A Systematic Review.. Nurs Rep. 2024;14(4):3007-3022. doi: https://doi.org/10.3390/nursrep14040219
- Herling SF, Greve IE, Vasilevskis EE, Egerod I, Bekker Mortensen C, Møller AM, et al.. Interventions for preventing intensive care unit delirium in adults.. Cochrane Database Syst Rev. 2018;11(11):CD009783. doi: https://doi.org/10.1002/14651858.CD009783.pub2
- Tuomisto A, Kennedy P. Improving the Recognition and Assessment of ICU Delirium.. J Contin Educ Nurs. 2024;55(11):530-534. doi: https://doi.org/10.3928/00220124-20240829-03
- Bruno JJ, Warren ML. Intensive care unit delirium.. Crit Care Nurs Clin North Am. 2010;22(2):161-78. doi: https://doi.org/10.1016/j.ccell.2010.03.003
- Fan Y, Guo Y, Li Q, Zhu X. A review: Nursing of intensive care unit delirium.. J Neurosci Nurs. 2012;44(6):307-16; quiz E9-10. doi: https://doi.org/10.1097/JNN.0b013e3182682f7f
- Arend E, Christensen M. Delirium in the intensive care unit: a review.. Nurs Crit Care. 2009;14(3):145-54. doi: https://doi.org/10.1111/j.1478-5153.2008.00324.x
- Kalvas LB, Harrison TM. State of the science in pediatric ICU delirium: An integrative review.. Res Nurs Health. 2020;43(4):341-355. doi: https://doi.org/10.1002/nur.22054
- Pearson SD, Patel BK. Evolving targets for sedation during mechanical ventilation.. Curr Opin Crit Care. 2020;26(1):47-52. doi: https://doi.org/10.1097/MCC.0000000000000687