Chronic pain in rehabilitation: non-pharmacological approach and education
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:91
Autor principal (primer firmante): Beatriz Alonso Vega
Fecha recepción: 08/06/26
Fecha aceptación: 12/07/26
Fecha de publicación: 19/07/26
Ref.: CADICE. 2026;1(7):91
Autores:
Beatriz Alonso Vega
Javier Muñoz Cabrera
Sara Domínguez Martín
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Rehabilitación; Calidad de vida; Cuidados de Enfermería; Enfermería basada en la evidencia; Actividades de la vida diaria; Autonomía personal; Ejercicio terapéutico; Dolor crónico; Afrontamiento; Planificación de cuidados
Keywords: Rehabilitation; Quality of Life; Nursing Care; Evidence-Based Nursing; Activities of Daily Living; Personal Autonomy; Exercise Therapy; Chronic Pain; Adaptation, Psychological; Patient Care Planning
Resumen
Introducción: El dolor crónico constituye un problema de salud de elevada complejidad clínica y funcional. En el ámbito de la rehabilitación, su presencia condiciona la participación en el tratamiento, la realización de actividades de la vida diaria, el descanso, el estado emocional y la percepción de autonomía. La atención enfermera adquiere especial relevancia por su capacidad para integrar valoración clínica, educación terapéutica, apoyo al afrontamiento y seguimiento continuado.
Objetivos: Analizar el abordaje no farmacológico del dolor crónico en rehabilitación desde la perspectiva enfermera y describir los elementos educativos y de planificación de cuidados que pueden contribuir a mejorar la funcionalidad y la calidad de vida.
Metodología: Se presenta una revisión teórica de carácter narrativo centrada en el dolor crónico en personas que siguen procesos de rehabilitación. El desarrollo se organiza en torno a la valoración enfermera, la repercusión funcional del dolor, las principales intervenciones no farmacológicas y la educación para el autocuidado y la adherencia terapéutica.
Resultados: El dolor crónico en rehabilitación requiere una valoración integral que incluya intensidad, características, factores moduladores, impacto en el sueño, estado emocional, movilidad, desempeño ocupacional y red de apoyo. Entre las medidas no farmacológicas con mayor aplicabilidad asistencial destacan el ejercicio terapéutico adaptado, la educación en dolor, el entrenamiento en conservación de energía, la higiene postural, las estrategias de relajación, la respiración controlada, el pacing o dosificación de la actividad y el refuerzo de conductas de autocuidado. La participación de Enfermería favorece la continuidad del plan terapéutico, la detección de barreras y la toma de decisiones compartida.
Discusión/Conclusiones: El abordaje del dolor crónico durante la rehabilitación no debe reducirse al alivio sintomático. Resulta más útil enmarcarlo en objetivos funcionales, realistas y personalizados. Enfermería puede contribuir de forma significativa mediante una atención centrada en la persona, orientada a la educación, al acompañamiento clínico y a la promoción de la autonomía, siempre en coordinación con el equipo interdisciplinar y con adaptación al contexto asistencial.
Abstract
Introduction: Chronic pain is a complex health problem with marked functional consequences. In rehabilitation settings, pain may limit treatment participation, daily activities, sleep, emotional balance, and the perception of personal autonomy. Nursing plays a relevant role by combining clinical assessment, therapeutic education, coping support, and ongoing follow-up.
Objectives: To analyse the non-pharmacological management of chronic pain in rehabilitation from a nursing perspective and to describe educational and care-planning elements that may contribute to improved function and quality of life.
Methodology: A narrative theoretical review was developed focusing on chronic pain in people undergoing rehabilitation processes. The content is organised around nursing assessment, the functional impact of pain, major non-pharmacological interventions, and education for self-management and treatment adherence.
Results: Chronic pain in rehabilitation requires a comprehensive assessment including pain features, modulating factors, sleep disturbance, emotional status, mobility, occupational performance, and support network. Non-pharmacological measures with practical relevance include tailored therapeutic exercise, pain education, energy conservation training, postural advice, relaxation strategies, controlled breathing, activity pacing, and reinforcement of self-care behaviours. Nursing involvement supports continuity of care, identification of barriers, and shared decision-making.
Discussion/Conclusions: Managing chronic pain during rehabilitation should not be limited to symptom relief alone. A more useful approach is to frame care within functional, realistic, and individualised goals. Nursing can make a meaningful contribution through person-centred care focused on education, clinical support, and promotion of autonomy, in coordination with the interdisciplinary team and adapted to each care setting.
Introducción
El dolor crónico representa una experiencia compleja en la que confluyen dimensiones sensoriales, emocionales, cognitivas y sociales. En rehabilitación, esta complejidad se hace especialmente visible porque el dolor no solo se expresa como síntoma, sino también como obstáculo para la recuperación funcional, la adaptación a la enfermedad y la reincorporación a rutinas significativas. La persona puede referir limitación para caminar, vestirse, dormir o mantener una postura prolongada, pero también temor al movimiento, frustración, pérdida de confianza corporal y expectativas de curación poco realistas.
Desde la práctica enfermera, el dolor crónico obliga a superar una mirada centrada exclusivamente en la intensidad del síntoma. Su repercusión sobre la calidad de vida depende de factores como el grado de discapacidad asociada, la duración del cuadro, la coexistencia de fatiga o alteraciones del sueño, el impacto sobre el estado de ánimo, la experiencia previa con el sistema sanitario y la capacidad de sostener estrategias de autocuidado. En este escenario, la rehabilitación ofrece una oportunidad para reorientar el proceso asistencial hacia metas funcionales y no únicamente analgésicas.
La atención a personas con dolor persistente suele desarrollarse en contextos de alta variabilidad clínica: patología musculoesquelética, secuelas neurológicas, procesos degenerativos, dolor postquirúrgico persistente o cuadros con sensibilización mantenida. Aunque la etiología y el pronóstico puedan diferir, comparten un elemento asistencial común: la necesidad de abordajes integrales, graduales y coordinados. Enfermería participa en esa coordinación mediante la valoración continuada, la identificación de necesidades, la educación sanitaria y el acompañamiento terapéutico.
El manejo no farmacológico ocupa un lugar relevante porque puede facilitar la implicación activa de la persona, favorecer el mantenimiento funcional y reducir patrones de inactividad, evitación y dependencia. Ello no implica negar el papel de los tratamientos farmacológicos cuando están indicados, sino integrar otras estrategias que permitan modular la experiencia dolorosa y mejorar el desempeño cotidiano. En rehabilitación, este planteamiento suele adquirir sentido cuando se vincula a objetivos concretos: tolerar mejor el ejercicio, recuperar actividades de autocuidado, aumentar la participación social o reducir la interferencia del dolor en el descanso.
Enfermería se sitúa en una posición privilegiada para traducir el plan terapéutico a conductas comprensibles y sostenibles. La educación en dolor, el refuerzo del afrontamiento adaptativo, la identificación de barreras a la adherencia y la revisión periódica de logros y dificultades son intervenciones especialmente valiosas. Su utilidad no radica en ofrecer soluciones uniformes, sino en ajustar la intervención a la situación funcional, las creencias del paciente, su contexto familiar y sus prioridades vitales.
Por ello, abordar el dolor crónico en rehabilitación exige una lectura clínica amplia. No basta con preguntar cuánto duele; es necesario conocer cómo condiciona la vida diaria, qué significado tiene para la persona, qué temores activa y qué margen existe para reconstruir autonomía. Sobre esta base se articula un cuidado enfermero que combina observación clínica, comunicación terapéutica, educación y seguimiento.
Objetivos
Analizar el abordaje no farmacológico del dolor crónico en el proceso de rehabilitación desde la perspectiva de Enfermería, con especial atención a la educación terapéutica y a la planificación de cuidados orientada a la funcionalidad.
De forma específica, se pretende:
- Describir la repercusión del dolor crónico sobre la movilidad, las actividades de la vida diaria, la calidad de vida y la autonomía personal.
- Identificar los elementos esenciales de la valoración enfermera en personas con dolor persistente en programas de rehabilitación.
- Exponer intervenciones no farmacológicas de uso frecuente en la práctica clínica, formuladas de manera compatible con una atención individualizada.
- Desarrollar el papel de la educación terapéutica en el afrontamiento del dolor, la adherencia al ejercicio y la participación activa en el plan de cuidados.
- Reflexionar sobre la contribución de Enfermería a la continuidad asistencial y al trabajo interdisciplinar en este ámbito.
Metodología
Se ha elaborado una revisión teórica de carácter narrativo orientada a sintetizar aspectos clínicos y asistenciales del dolor crónico en rehabilitación con interés para la práctica enfermera. El texto se estructura a partir de contenidos habitualmente presentes en la atención a personas con dolor persistente: conceptualización del problema, repercusión funcional, valoración enfermera integral, intervenciones no farmacológicas y componentes educativos del plan de cuidados.
El enfoque adoptado es deliberadamente clínico y aplicado. No se plantea como una revisión sistemática ni como una guía de práctica clínica, sino como una integración razonada de elementos útiles para el entorno asistencial. Por ello, el desarrollo prioriza la coherencia con el proceso de Enfermería, la seguridad en la formulación de recomendaciones generales y la transferencia a contextos como consultas de rehabilitación, hospitalización, atención ambulatoria o continuidad de cuidados.
La información se organiza desde una perspectiva interdisciplinar, aunque centrada en la aportación específica de Enfermería. Se contemplan dimensiones físicas, emocionales, funcionales y educativas, entendiendo que el dolor crónico no puede interpretarse de forma aislada del entorno de la persona ni de su experiencia de enfermedad. Cuando procede, se emplean expresiones prudentes y abiertas a la individualización clínica, de acuerdo con la variabilidad de los procesos de rehabilitación y con la necesidad de adaptación a protocolos y recursos de cada centro.
Resultados
Dolor crónico y proceso rehabilitador
El dolor crónico puede alterar de forma sustancial la participación en rehabilitación. La persona no solo acude con un síntoma mantenido, sino con una historia de limitaciones, intentos terapéuticos previos y, en ocasiones, expectativas de rápida resolución que no siempre se corresponden con la evolución funcional. Esta discrepancia genera con frecuencia desmotivación, sensación de fracaso y menor adherencia al tratamiento.
En los programas de rehabilitación, el dolor suele interactuar con la debilidad muscular, la rigidez articular, la reducción de la resistencia al esfuerzo, la alteración del patrón de movimiento y la pérdida de confianza en las propias capacidades. Puede aparecer también evitación del movimiento por miedo al empeoramiento, especialmente cuando la persona interpreta cualquier incremento transitorio del dolor como señal de daño. Este fenómeno condiciona la tolerancia al ejercicio y favorece el círculo de inactividad, desacondicionamiento y mayor discapacidad percibida.
Desde el punto de vista enfermero, resulta útil diferenciar entre alivio absoluto del dolor y mejora del funcionamiento. En muchos procesos de larga evolución, la recuperación no depende exclusivamente de eliminar el síntoma, sino de aumentar la capacidad para realizar actividades significativas con mayor seguridad, menor interferencia del dolor y mejor autogestión. Este cambio de enfoque exige comunicación clara, objetivos realistas y acompañamiento continuado.
Valoración enfermera integral
La valoración inicial y evolutiva debe contemplar el dolor como experiencia multidimensional. Además de explorar localización, cualidad, duración y factores que lo agravan o alivian, conviene identificar su interferencia en el sueño, la movilidad, el autocuidado, la actividad doméstica, el trabajo, el ocio y las relaciones sociales. La observación de cómo la persona se mueve, descansa, se incorpora o protege determinadas zonas corporales puede aportar información complementaria de interés clínico.
También es relevante valorar creencias y expectativas. Algunas personas asocian el dolor persistente a un daño irreversible y evitan toda actividad física; otras minimizan su impacto hasta fases avanzadas de deterioro funcional. Ambas situaciones pueden dificultar la planificación de cuidados. La entrevista enfermera permite explorar qué entiende el paciente por rehabilitación, qué espera del tratamiento y qué barreras anticipa para cumplirlo.
El componente emocional debe integrarse de forma natural en la valoración. Ansiedad, irritabilidad, tristeza, frustración o indefensión aprendida pueden intensificar la vivencia dolorosa y disminuir la motivación para participar en el programa. La presencia de alteraciones del sueño, fatiga persistente o sobrecarga familiar añade complejidad y puede requerir coordinación con otros profesionales.
La autonomía funcional constituye un eje central. Debe analizarse qué actividades se han visto reducidas, cuáles se mantienen con esfuerzo excesivo y qué apoyos necesita la persona para desenvolverse en su entorno. Este análisis orienta tanto la planificación de cuidados como la educación terapéutica. En rehabilitación, pequeños avances en la tolerancia a la marcha, en la capacidad de aseo o en el tiempo de sedestación pueden tener gran relevancia para la calidad de vida.
La red de apoyo y el contexto social influyen de manera decisiva. Un entorno familiar sobreprotector puede reforzar la inactividad, mientras que la falta de apoyo dificulta la adherencia a ejercicios, cambios de rutina o desplazamientos a consultas. Enfermería, por su posición cercana al paciente y a la familia, puede detectar estas dinámicas e incorporarlas a la planificación.
Intervenciones no farmacológicas con relevancia enfermera
Entre las medidas no farmacológicas, el ejercicio terapéutico adaptado ocupa un lugar destacado. Su indicación concreta corresponde al plan interdisciplinar de rehabilitación, pero Enfermería desempeña un papel importante en la preparación, el refuerzo y el seguimiento. Explicar la finalidad del ejercicio, anticipar molestias esperables, diferenciar entre esfuerzo tolerable y signos de alarma, y ayudar a registrar progresos funcionales son actuaciones que favorecen la adherencia. El mensaje asistencial debe alejarse tanto del reposo injustificado como de la exigencia desproporcionada.
La dosificación de la actividad o pacing resulta útil cuando el dolor se asocia a ciclos de sobreesfuerzo y recaída. Muchas personas alternan periodos de inactividad con intentos de recuperar de golpe tareas pendientes, lo que incrementa la fatiga y refuerza la percepción de incapacidad. La intervención enfermera puede orientarse a distribuir esfuerzos, programar descansos, fraccionar actividades y priorizar objetivos alcanzables.
La educación en higiene postural y en principios básicos de ergonomía tiene interés especial en pacientes con dolor asociado a movimientos repetidos, bipedestación prolongada, carga de pesos o posturas mantenidas. No debe presentarse como un conjunto rígido de prohibiciones, sino como una herramienta para mejorar el control corporal y reducir sobrecargas en actividades cotidianas y laborales.
Las técnicas de relajación, la respiración controlada y otras estrategias de autorregulación pueden contribuir a disminuir tensión muscular, mejorar la percepción de control y facilitar el descanso. Su utilidad clínica suele aumentar cuando se enseñan de forma sencilla, se adaptan a las capacidades del paciente y se vinculan a situaciones concretas, como antes del ejercicio, durante episodios de incremento doloroso o al final del día.
Las medidas de conservación de energía son especialmente pertinentes cuando el dolor coexiste con fatiga o baja tolerancia al esfuerzo. Planificar tareas, alternar actividades exigentes y ligeras, emplear ayudas técnicas cuando estén indicadas y reorganizar rutinas domésticas puede disminuir la carga funcional sin promover pasividad. La finalidad no es reducir la actividad global, sino sostenerla de forma más eficiente y segura.
El uso de agentes físicos o medidas de confort puede formar parte del plan rehabilitador según la indicación del equipo y la respuesta individual. En la práctica enfermera, lo fundamental es valorar tolerancia, percepción de alivio, preferencias del paciente y condiciones que aconsejen especial precaución. Estas intervenciones, por sí solas, rara vez resuelven el problema funcional, pero pueden facilitar la participación en otras actividades terapéuticas.
Educación terapéutica y afrontamiento
La educación constituye uno de los componentes más valiosos del cuidado enfermero en dolor crónico. Informar no equivale a transmitir instrucciones aisladas; implica ayudar a la persona a comprender el proceso, interpretar mejor sus síntomas y participar en decisiones relacionadas con su autocuidado. Una educación eficaz reduce mensajes contradictorios, corrige creencias desadaptativas y favorece expectativas más ajustadas.
En el entorno de rehabilitación, conviene explicar que el dolor persistente no siempre guarda una relación lineal con el daño tisular actual y que la mejoría funcional suele requerir progresión gradual. Este tipo de mensajes puede disminuir el miedo al movimiento si se ofrece con lenguaje comprensible y sin banalizar el sufrimiento. La validación del dolor percibido es necesaria para establecer alianza terapéutica.
El entrenamiento en afrontamiento debe orientarse a aumentar autoeficacia. Resulta útil trabajar con metas pequeñas, observables y significativas para el paciente: caminar unos minutos más, retomar parte del aseo sin ayuda, mantener una rutina de ejercicios o reorganizar una tarea doméstica. El refuerzo positivo de logros concretos suele ser más eficaz que insistir de forma genérica en la importancia del esfuerzo.
La educación también debe incluir señales de reevaluación clínica y criterios básicos para comunicar cambios relevantes al equipo. Esto contribuye a una participación más segura en el proceso rehabilitador y evita que la persona interprete cualquier variación sintomática como fracaso terapéutico. En pacientes con larga trayectoria asistencial, la continuidad del mensaje entre profesionales resulta especialmente importante.
La familia o cuidadores pueden incorporarse al proceso educativo cuando su participación sea significativa. Orientar sobre cómo apoyar sin sustituir, cómo favorecer la autonomía y cómo evitar respuestas excesivamente protectoras puede mejorar la dinámica domiciliaria y reducir conductas de dependencia involuntariamente reforzadas.
Planificación de cuidados y continuidad asistencial
La planificación de cuidados en dolor crónico durante la rehabilitación debe formular objetivos realistas, funcionales y revisables. En lugar de centrar todo el plan en la desaparición del dolor, suele ser más operativo plantear metas relacionadas con el sueño, la movilidad, la tolerancia al esfuerzo, el autocuidado, la participación en el programa terapéutico o la gestión de episodios de reagudización. Esta orientación permite identificar avances clínicamente relevantes incluso cuando persiste cierto nivel de dolor.
El seguimiento enfermero facilita detectar precozmente barreras de adherencia: abandono de ejercicios, miedo al movimiento, expectativas poco ajustadas, cansancio excesivo, dificultades para comprender indicaciones o problemas sociales que interfieren con el tratamiento. La reevaluación periódica permite reformular objetivos, reforzar mensajes y coordinar derivaciones cuando sea necesario.
La continuidad asistencial adquiere particular importancia en personas con procesos prolongados o con transición entre distintos niveles de atención. La comunicación clara entre profesionales, la coherencia en las recomendaciones y la identificación compartida de prioridades ayudan a evitar mensajes fragmentados. Para el paciente, esta continuidad se traduce en mayor sensación de acompañamiento y en una percepción más integrada del plan terapéutico.
Enfermería puede desempeñar una función mediadora entre la prescripción rehabilitadora y la realidad cotidiana del paciente. Muchas dificultades emergen fuera del espacio terapéutico: falta de tiempo, dolor al final del día, inseguridad al practicar ejercicios en domicilio o imposibilidad de reorganizar actividades familiares. Incorporar estos condicionantes al plan de cuidados aumenta su viabilidad y reduce el riesgo de abandono.
Discusión/Conclusiones
El dolor crónico en rehabilitación plantea un reto asistencial que no se resuelve con una intervención aislada ni con un único indicador de mejoría. Su abordaje exige reconocer la interacción entre dolor, función, emociones, creencias y contexto social. Desde esta perspectiva, Enfermería aporta una visión integradora particularmente útil para sostener procesos de cambio graduales y para traducir los objetivos del equipo a estrategias de autocuidado comprensibles para la persona.
La principal fortaleza del abordaje no farmacológico es su potencial para aumentar participación y autonomía. Ejercicio terapéutico adaptado, educación en dolor, dosificación de la actividad, medidas de conservación de energía y técnicas de autorregulación pueden contribuir a mejorar la funcionalidad cuando se aplican de forma individualizada y coherente con el plan rehabilitador. No obstante, su efectividad práctica depende en gran medida de la alianza terapéutica, la continuidad del seguimiento y la capacidad de adaptar las recomendaciones al entorno real del paciente.
Conviene evitar dos simplificaciones frecuentes. La primera consiste en interpretar el dolor persistente únicamente como un problema de intensidad, relegando su impacto funcional y emocional. La segunda es convertir la educación terapéutica en un discurso normativo centrado en lo que el paciente debería hacer, sin explorar primero qué entiende, qué teme y qué puede sostener en su vida cotidiana. Una intervención enfermera útil requiere escucha clínica, objetivos negociados y reevaluación continua.
La coordinación interdisciplinar resulta igualmente determinante. En rehabilitación, los mensajes divergentes sobre reposo, ejercicio o expectativas de recuperación pueden generar confusión y disminuir adherencia. Enfermería puede favorecer coherencia asistencial, identificar necesidades emergentes y reforzar la participación activa de la persona y su familia en el proceso terapéutico.
En términos prácticos, el cuidado enfermero en dolor crónico debería orientarse menos a la promesa de ausencia completa de dolor y más a la recuperación de capacidad, seguridad y control percibido. Mejorar la calidad de vida en estos pacientes suele significar dormir algo mejor, moverse con menos temor, retomar actividades valiosas y comprender que el progreso puede ser gradual. Ese cambio, aunque no siempre lineal, forma parte del núcleo de la rehabilitación y sitúa a Enfermería en un papel asistencial de especial relevancia.
Conflicto de intereses
Los autores declaran la ausencia de conflictos de intereses en la preparación de este manuscrito.
Financiación
El presente manuscrito se ha realizado sin financiación externa específica.
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