Perinatal grief: therapeutic communication and support from Nursing
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:444
Autor principal (primer firmante): Isabel Gómez Cordero
Fecha recepción: 27/08/26
Fecha aceptación: 23/09/26
Fecha de publicación: 27/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):444
Autores:
Isabel Gómez Cordero
Adrián López Herrera
Teresa Molina García
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Salud materno-infantil; Lactancia materna; Puerperio; Enfermería basada en la evidencia; Apoyo emocional; Enfermería obstétrica; Comunicación; Cuidados de Enfermería; Pérdida gestacional; Duelo perinatal
Keywords: Maternal-Child Health Services; Breast Feeding; Postpartum Period; Evidence-Based Nursing; Emotional Support; Obstetric Nursing; Communication; Nursing Care; Pregnancy Loss; Perinatal Grief
Resumen
Introducción: El duelo perinatal constituye una experiencia de elevada complejidad clínica, emocional y relacional que afecta a la mujer, a la pareja y, en ocasiones, al conjunto de la familia. Su vivencia se produce en un contexto asistencial especialmente sensible, marcado por el embarazo, el parto, el puerperio y las expectativas de maternidad o paternidad interrumpidas. En este escenario, la actuación enfermera no se limita a la atención física inmediata, sino que incluye comunicación terapéutica, sostén emocional, apoyo en la toma de decisiones y continuidad de cuidados.
Objetivos: Analizar el papel de Enfermería en el acompañamiento del duelo perinatal, revisar los elementos clave de la comunicación terapéutica en situaciones de pérdida gestacional o perinatal y describir líneas de actuación prudentes en el puerperio y la atención posterior.
Metodología: Se realiza una revisión teórica de carácter narrativo a partir del abordaje clínico y enfermero del duelo perinatal. Se integran conceptos relacionados con salud materno-infantil, puerperio, apoyo emocional, comunicación y cuidados de Enfermería, con orientación a la práctica profesional y sin establecer protocolos cerrados.
Resultados: El duelo perinatal requiere una atención individualizada, respetuosa y continuada. La comunicación debe basarse en la escucha activa, la validación del sufrimiento, la información comprensible y la evitación de mensajes minimizadores. Entre los cuidados de especial relevancia se encuentran la acogida inicial, la presencia profesional, el acompañamiento a la familia, la preparación para el puerperio, el abordaje de la lactancia cuando proceda, el respeto a recuerdos y rituales significativos y la coordinación entre niveles asistenciales. La práctica enfermera también debe considerar el impacto emocional sobre los profesionales y la necesidad de entornos organizativos sensibles.
Discusión/Conclusiones: El acompañamiento enfermero en el duelo perinatal puede contribuir a una vivencia asistencial más humana y menos traumática. No existe una respuesta única válida para todas las mujeres y familias, por lo que la valoración clínica, la prudencia comunicativa y la continuidad del cuidado resultan fundamentales. Mejorar la formación específica y la coordinación asistencial puede favorecer intervenciones más seguras, compasivas y ajustadas a las necesidades reales.
Abstract
Introduction: Perinatal grief is a highly complex clinical, emotional and relational experience affecting women, partners and, in many cases, the wider family. It occurs within a particularly sensitive care setting shaped by pregnancy, childbirth, the postpartum period and interrupted expectations of motherhood or fatherhood. In this context, nursing care extends beyond physical management and includes therapeutic communication, emotional support, assistance in decision-making and continuity of care.
Objectives: To analyse the role of nursing in supporting perinatal grief, to review key elements of therapeutic communication in pregnancy or perinatal loss, and to describe prudent lines of action during the postpartum period and subsequent follow-up.
Methodology: A narrative theoretical review was conducted focusing on the clinical and nursing approach to perinatal grief. Concepts related to maternal-child health, postpartum care, emotional support, communication and nursing care were integrated with a practice-oriented perspective, without presenting universal protocols.
Results: Perinatal grief requires individualised, respectful and continuous care. Communication should rely on active listening, validation of suffering, clear information and avoidance of minimising statements. Particularly relevant nursing actions include initial reception, professional presence, family support, postpartum preparation, breastfeeding-related care when applicable, respect for memories and meaningful rituals, and coordination across care settings. Nursing practice should also consider the emotional impact on professionals and the need for sensitive organisational environments.
Discussion/Conclusions: Nursing support in perinatal grief may contribute to a more humane and less traumatic care experience. There is no single valid response for all women and families; therefore, clinical assessment, careful communication and continuity of care are essential. Strengthening specific training and care coordination may favour safer, more compassionate and more responsive interventions.
Introducción
La pérdida gestacional y la muerte perinatal sitúan a la mujer y a su entorno en una experiencia de gran vulnerabilidad. A la dimensión emocional del duelo se suman cambios físicos propios del embarazo, del parto o del puerperio, así como procedimientos clínicos, decisiones asistenciales y un entorno sanitario que no siempre está preparado para responder con sensibilidad suficiente. En muchos casos, la familia se enfrenta de forma simultánea a la confirmación de la muerte, a la necesidad de recibir información compleja y a la vivencia de un proceso corporal que continúa pese a la ausencia del recién nacido esperado.
El duelo perinatal presenta particularidades que obligan a una aproximación clínica cuidadosa. La relación con el hijo o hija puede haberse construido durante semanas o meses mediante expectativas, proyectos, cambios identitarios y vínculos afectivos intensos. Cuando la pérdida sucede, el reconocimiento social del sufrimiento no siempre acompaña la magnitud de la experiencia. Esta falta de validación puede agravar la sensación de soledad, incomprensión o desautorización emocional. La práctica enfermera tiene una posición especialmente cercana para detectar estas necesidades y favorecer un cuidado más respetuoso.
Desde Enfermería, el acompañamiento en duelo perinatal comprende intervenciones relacionales y cuidados físicos inseparables entre sí. La atención a la mujer puede incluir control del dolor, vigilancia clínica, apoyo en el puerperio, orientación sobre signos de alarma y cuidados mamarios, pero también escucha activa, disponibilidad, contención emocional y ayuda para transitar decisiones complejas. La forma en la que se comunica la información, se nombra al bebé, se permite la expresión del sufrimiento o se facilita la intimidad puede modificar de manera sustancial la experiencia asistencial.
La relevancia del tema no se limita a las unidades obstétricas. El duelo perinatal puede requerir seguimiento en atención primaria, salud mental, consultas de matrona, hospitalización, urgencias y dispositivos comunitarios. La continuidad de cuidados resulta particularmente importante cuando persisten síntomas físicos del puerperio, aparecen dificultades en la lactancia, se produce un impacto significativo en la relación de pareja o existe malestar emocional mantenido. No todas las mujeres vivirán el proceso del mismo modo ni necesitarán el mismo tipo de apoyo, pero todas requieren reconocimiento, información clara y una atención profesional libre de juicios.
Hablar de duelo perinatal desde una perspectiva enfermera implica también revisar prácticas normalizadas que pueden resultar lesivas, aunque no exista una intención de dañar. Expresiones tranquilizadoras mal formuladas, tiempos asistenciales apresurados, falta de privacidad o mensajes orientados a pasar página pueden generar mayor sufrimiento. Frente a ello, la comunicación terapéutica no consiste solo en hablar con amabilidad, sino en sostener una relación clínica basada en presencia, validación, respeto por el ritmo de la familia y capacidad para permanecer ante el dolor sin negarlo.
Objetivos
Analizar el abordaje enfermero del duelo perinatal con especial atención a la comunicación terapéutica y al acompañamiento durante el puerperio y la continuidad asistencial.
De forma específica, se pretende:
- Describir las particularidades del duelo perinatal relevantes para la práctica de Enfermería.
- Identificar elementos comunicativos que favorecen una atención respetuosa y clínicamente prudente.
- Revisar cuidados enfermeros relacionados con la pérdida gestacional o perinatal en el entorno hospitalario y tras el alta.
- Explorar aspectos asistenciales vinculados a la lactancia, la familia, la memoria del bebé y la coordinación entre dispositivos.
- Reflexionar sobre necesidades formativas y organizativas que pueden mejorar la calidad del acompañamiento.
Metodología
Se presenta una revisión teórica de tipo narrativo centrada en el duelo perinatal como problema de cuidados y en la respuesta enfermera asociada. El enfoque se orienta a integrar conocimientos clínicos y relacionales aplicables a la práctica asistencial en salud materno-infantil, obstetricia, puerperio y seguimiento comunitario.
La elaboración del contenido se organiza a partir de ejes temáticos de interés profesional: significado del duelo perinatal, necesidades de la mujer y de la familia, comunicación terapéutica, cuidados durante el puerperio, manejo de cuestiones relacionadas con la lactancia y elementos de continuidad asistencial. El desarrollo adopta una perspectiva prudente y no protocolizada, dado que la vivencia del duelo, la organización de servicios y los recursos disponibles pueden variar según el contexto clínico.
No se plantea un procedimiento cerrado de actuación, sino una síntesis razonada para apoyar la valoración enfermera y la toma de decisiones en escenarios asistenciales sensibles. La revisión prioriza aspectos con utilidad clínica cotidiana: qué evitar en la relación terapéutica, qué necesidades deben explorarse, cómo acompañar sin invadir y qué áreas requieren seguimiento más allá del episodio agudo.
Resultados
Particularidades del duelo perinatal para la práctica enfermera
El duelo perinatal no puede interpretarse únicamente como una reacción emocional esperable ante una pérdida. Se trata de un proceso atravesado por cambios biológicos, por la interrupción abrupta de un proyecto reproductivo y por un contexto social que, en ocasiones, invisibiliza el vínculo con el bebé. La mujer puede encontrarse físicamente en puerperio mientras afronta, al mismo tiempo, la ausencia del hijo esperado. Esta coexistencia entre recuperación corporal y dolor psíquico confiere al proceso una complejidad singular.
La respuesta emocional es heterogénea. Puede manifestarse mediante tristeza intensa, culpa, rabia, embotamiento afectivo, necesidad de hablar repetidamente de lo ocurrido o dificultad para hacerlo. También puede aparecer una aparente frialdad que no debe interpretarse de forma precipitada. La pareja y otros miembros de la familia pueden expresar el dolor con ritmos distintos, lo que exige evitar comparaciones y reconocer formas diversas de afrontamiento. Desde Enfermería, valorar el significado que la pérdida tiene para cada persona resulta más útil que presuponer un itinerario emocional uniforme.
Además, el duelo perinatal puede verse influido por circunstancias clínicas y sociales como pérdidas previas, tratamientos de fertilidad, embarazo muy deseado, ausencia de apoyo familiar, barreras culturales o antecedentes de malestar psíquico. Estos elementos no determinan por sí solos la evolución, pero orientan la necesidad de seguimiento más estrecho. La valoración enfermera debe incorporar esta mirada amplia, incluyendo recursos de afrontamiento, red de apoyo, creencias, necesidades espirituales si las hubiera y preferencias de la familia en relación con el recuerdo del bebé.
Comunicación terapéutica: presencia, lenguaje y validación
La comunicación es uno de los componentes más sensibles del cuidado en estas situaciones. No depende solo del contenido del mensaje, sino también del momento, el lugar, el tono, la postura profesional y la disponibilidad real para escuchar. Informar de manera clara y pausada, evitar tecnicismos innecesarios y comprobar la comprensión son acciones básicas. Sin embargo, la dimensión terapéutica aparece sobre todo cuando el profesional reconoce el sufrimiento sin trivializarlo y ofrece una presencia que no obliga a reaccionar de una manera concreta.
La escucha activa implica dejar espacio al silencio, tolerar el llanto, acoger preguntas repetidas y evitar respuestas precipitadas destinadas a aliviar la incomodidad del profesional. Frases orientadas a minimizar la pérdida, a compararla con otras experiencias o a proyectar futuros embarazos como forma de consuelo pueden resultar dañinas. Del mismo modo, conviene evitar juicios sobre cómo debería sentirse la mujer o cuánto debería durar su reacción. Validar no significa intensificar el dolor, sino reconocer que la experiencia tiene un peso propio y merece ser nombrada.
También es relevante el uso del lenguaje. Preguntar cómo desea la familia referirse al bebé, respetar su nombre si lo hay y adecuar la comunicación a sus preferencias favorece una relación más humana. La información clínica debe combinar honestidad y delicadeza. Cuando se requieren decisiones relacionadas con la inducción del parto, la analgesia, la estancia hospitalaria o la posibilidad de ver y sostener al bebé, la enfermera puede desempeñar un papel mediador, facilitando que la información sea comprensible y que el tiempo de decisión, cuando sea posible, se adapte a la situación emocional.
La comunicación terapéutica no se agota en una conversación puntual. Se expresa en pequeños gestos: llamar a la puerta antes de entrar, preservar la intimidad, no realizar comentarios rutinarios sobre maternidad en momentos inadecuados, explicar los procedimientos antes de hacerlos y preguntar si la mujer desea la presencia de su pareja u otra persona significativa. Estas conductas, aparentemente sencillas, forman parte del cuidado relacional y pueden reducir la sensación de desamparo.
Cuidados enfermeros en el episodio agudo y durante el puerperio
La atención inicial debe contemplar de forma integrada las necesidades físicas y emocionales. Según el momento en que ocurra la pérdida, la mujer puede requerir vigilancia clínica, control del sangrado, alivio del dolor, apoyo durante la inducción o el parto, cuidados tras procedimientos obstétricos y educación sanitaria al alta. A ello se añade la necesidad de orientación clara sobre lo que puede esperar en las horas y días posteriores, incluyendo síntomas físicos habituales y signos que aconsejan nueva valoración profesional.
El puerperio tras una pérdida perinatal suele vivirse con especial ambivalencia. El cuerpo puede iniciar procesos fisiológicos que recuerdan de forma constante la ausencia del bebé, entre ellos la subida de la leche o molestias mamarias. El abordaje enfermero en este punto requiere sensibilidad y buena información. No todas las mujeres desean hablar de ello de la misma manera ni en el mismo momento. La atención debe incluir explicación comprensible sobre cambios esperables, medidas de confort y opciones de manejo adaptadas a la situación clínica y a la decisión terapéutica establecida por el equipo responsable.
La lactancia merece una consideración específica. En algunas mujeres, la presencia de leche puede generar sufrimiento intenso; en otras, puede adquirir un significado simbólico complejo. La enfermera debe explorar cómo se está viviendo esta experiencia y ofrecer información sin suposiciones. Del mismo modo, los cuidados corporales generales, el descanso, la alimentación y la recuperación física necesitan ser abordados con la misma seriedad que en cualquier otro puerperio, evitando que el dolor emocional invisibilice necesidades básicas de salud.
La pareja y la familia también forman parte del campo de cuidados. Pueden necesitar información diferenciada, apoyo para sostener a la mujer sin anular su propio duelo y orientación sobre cambios emocionales esperables. Cuando existen otros hijos, puede ser útil valorar qué información se ha ofrecido en el entorno familiar y si requieren apoyo adicional. Enfermería no sustituye intervenciones especializadas cuando son necesarias, pero sí puede detectar señales de sobrecarga, aislamiento o afrontamiento especialmente dificultado.
Recuerdos, despedida y toma de decisiones
La posibilidad de generar recuerdos del bebé forma parte de la atención respetuosa para muchas familias. Verle, sostenerle, vestirle, tomar fotografías o conservar algún objeto puede resultar significativo, aunque no todas las personas lo deseen. La función enfermera consiste en informar con delicadeza de estas opciones, sin imponerlas y sin cerrar la puerta de manera apresurada si la familia necesita tiempo. En ocasiones, una negativa inicial puede modificarse más adelante; en otras, la decisión de no hacerlo también debe ser plenamente respetada.
Facilitar la despedida requiere condiciones materiales y humanas adecuadas: privacidad, tiempo suficiente, ausencia de interrupciones innecesarias y apoyo durante el proceso. Algunas familias otorgan gran importancia a rituales culturales, religiosos o simbólicos. Siempre que el contexto clínico lo permita y no exista contraindicación, conviene explorar estas necesidades y coordinarse con otros profesionales si es preciso. El objetivo no es protocolizar una forma correcta de despedirse, sino favorecer elecciones informadas y respetuosas.
Las decisiones relacionadas con trámites, estudios complementarios, destino de pertenencias o seguimiento posterior pueden resultar abrumadoras. La enfermera puede contribuir a dosificar la información, clarificar pasos inmediatos y verificar qué aspectos han sido comprendidos. En momentos de alta carga emocional, repetir la información con lenguaje sencillo y entregar instrucciones claras cuando proceda puede ser de gran ayuda.
Continuidad asistencial y seguimiento
Una de las áreas más frágiles del proceso es el periodo posterior al alta. La mujer puede percibir una brusca retirada del sostén profesional justo cuando comienza a hacerse más patente el vacío. Por ello, la continuidad asistencial adquiere especial relevancia. Resulta aconsejable que existan mecanismos de enlace entre el ámbito hospitalario y la atención posterior, de modo que la familia no tenga que relatar repetidamente lo ocurrido ni enfrentarse a circuitos descoordinados.
En el seguimiento pueden abordarse la evolución física del puerperio, el estado emocional, la red de apoyo, el sueño, el apetito, el afrontamiento de la pareja, la presencia de sentimientos de culpa o autorreproche y las dudas sobre fertilidad o embarazos futuros cuando emerjan. No toda reacción intensa indica complicación, pero ciertos signos aconsejan una valoración más detenida, especialmente si existe deterioro funcional importante, aislamiento marcado, desesperanza persistente o síntomas que desbordan la capacidad de afrontamiento. Enfermería debe conocer los circuitos de derivación disponibles en su entorno para facilitar atención complementaria cuando sea necesario.
La continuidad también implica cuidar el modo en que el sistema sanitario nombra y registra la experiencia. Citas, llamadas o documentos no adaptados a la situación pueden generar malestar evitable. Una organización sensible al duelo perinatal no elimina el dolor, pero sí puede reducir heridas añadidas derivadas de la despersonalización asistencial.
Impacto en los profesionales y entorno de cuidados
El duelo perinatal interpela también a los equipos. La exposición repetida a la pérdida, la sensación de impotencia, el miedo a comunicar mal y la presión asistencial pueden favorecer desgaste emocional. Cuando no existen espacios de apoyo, es más probable que aparezcan conductas defensivas, distanciamiento excesivo o refugio en mensajes estereotipados. Cuidar a quienes cuidan no es un aspecto accesorio, sino una condición para sostener prácticas más humanas.
La formación específica en comunicación difícil, manejo del duelo y cuidados en puerperio tras pérdida puede mejorar la confianza profesional. Igualmente, disponer de entornos que favorezcan la intimidad, documentos informativos adecuados, coordinación interdisciplinar y circuitos claros de seguimiento facilita un acompañamiento más coherente. La calidad de la atención en duelo perinatal depende tanto de competencias individuales como de la cultura organizativa en la que dichas competencias se despliegan.
Discusión/Conclusiones
El duelo perinatal exige a Enfermería una combinación de competencia clínica, sensibilidad relacional y capacidad de continuidad. Reducir la atención a la dimensión emocional o, por el contrario, limitarla a procedimientos físicos, empobrece la respuesta asistencial. La mujer en puerperio y su familia necesitan una atención integrada, en la que el control de síntomas, la información clínica, la presencia profesional y el reconocimiento del vínculo con el bebé formen parte del mismo cuidado.
La comunicación terapéutica ocupa una posición central porque atraviesa todas las decisiones y todos los contactos asistenciales. No se trata de encontrar frases correctas, sino de sostener una relación clínica basada en escucha, honestidad, respeto y prudencia. Cuando el lenguaje minimiza, acelera o evita el dolor, la experiencia asistencial puede vivirse como fría o invalidante. En cambio, una presencia profesional disponible, capaz de adaptarse al ritmo de la familia, puede contribuir a una elaboración menos solitaria del proceso.
El análisis del duelo perinatal pone de manifiesto la necesidad de individualizar. Algunas mujeres querrán hablar mucho; otras preferirán silencio y tiempo. Algunas encontrarán sentido en ver o sostener al bebé; otras no. Algunas requerirán seguimiento emocional más estrecho; otras contarán con suficientes recursos personales y familiares. Esta diversidad obliga a evitar respuestas automáticas y a mantener una valoración continuada, centrada en necesidades reales y no en expectativas prefijadas sobre cómo debe vivirse la pérdida.
También resulta evidente que el alta no marca el final del cuidado. El puerperio, la lactancia cuando aparece, la reorganización familiar y la posible aparición de malestar emocional mantenido justifican una atención coordinada entre dispositivos. Desde esta perspectiva, la continuidad de cuidados y la comunicación entre profesionales pueden reducir la fragmentación asistencial y favorecer una respuesta más segura.
En términos prácticos, mejorar la atención al duelo perinatal pasa por reforzar la formación de los equipos, revisar rutinas comunicativas, adecuar espacios, facilitar recuerdos y despedidas cuando la familia lo desee y consolidar circuitos de seguimiento. La aportación enfermera es especialmente valiosa por su cercanía, su presencia continuada y su capacidad para integrar cuidado físico y acompañamiento emocional sin separar artificialmente ambas dimensiones. En un proceso marcado por la pérdida, esta forma de cuidar puede no eliminar el sufrimiento, pero sí ofrecer un marco asistencial más digno, respetuoso y humano.
Conflicto de intereses
Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.
Financiación
Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.
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