Community education during a heat wave for an older person with cardiovascular disease
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:325
Autor principal (primer firmante): Marta Vidal Herrera
Fecha recepción: 05/08/26
Fecha aceptación: 26/08/26
Fecha de publicación: 03/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):325
Autores:
Marta Vidal Herrera
Raúl Gómez Salcedo
Irene Campos Núñez
David León Morales
Paula Ríos Fuentes
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Prevención; Promoción de la salud; Enfermedad cardiovascular; Salud comunitaria; Alfabetización en salud; Proceso de Enfermería; Calor extremo; Cuidados de Enfermería; Personas vulnerables; Participación comunitaria
Keywords: Prevention; Health Promotion; Cardiovascular Diseases; Community Health Nursing; Health Literacy; Nursing Process; Extreme Heat; Nursing Care; Vulnerable Populations; Community Participation
Resumen
Introducción: Las olas de calor constituyen un problema de salud pública con especial repercusión en personas mayores con enfermedad cardiovascular, ya que pueden favorecer desequilibrios hídricos, intolerancia al esfuerzo, empeoramiento funcional y dificultades para mantener conductas de autocuidado seguras. En este contexto, la Enfermería comunitaria desempeña un papel relevante en la detección de vulnerabilidad, la alfabetización en salud y la activación de apoyos próximos.
Objetivos: Describir un abordaje enfermero comunitario ante una situación de calor extremo en una persona mayor con enfermedad cardiovascular, centrado en la valoración integral, la educación para la salud, la participación del entorno y la continuidad de cuidados.
Metodología: Se expone una situación clínica estructurada mediante el proceso de Enfermería en el ámbito comunitario. La valoración integra dimensiones clínicas, funcionales, domiciliarias y socioeducativas, con planificación individualizada de intervenciones educativas, seguimiento breve y coordinación con recursos de proximidad.
Resultados: La intervención permitió identificar factores de riesgo relacionados con edad avanzada, comorbilidad cardiovascular, barreras de alfabetización en salud, rutinas inadecuadas durante episodios de calor y apoyo social limitado. A partir de esta valoración se priorizaron medidas de educación sanitaria, organización del autocuidado, vigilancia de signos de alarma, adecuación del ambiente doméstico y refuerzo comunitario. La evolución fue favorable, con mejor comprensión de las recomendaciones, mayor anticipación del riesgo y participación de la red vecinal y familiar en la supervisión cotidiana.
Discusión/Conclusiones: La respuesta enfermera ante el calor extremo no debe limitarse a la transmisión de consejos generales. La individualización, la adaptación a la capacidad funcional y cognitiva, la comprobación del aprendizaje y la coordinación comunitaria pueden contribuir a reducir situaciones evitables de descompensación. Este tipo de abordaje resulta especialmente útil cuando confluyen fragilidad, enfermedad crónica y vulnerabilidad social.
Abstract
Introduction: Heat waves represent a relevant public health concern, particularly for older adults with cardiovascular disease, as they may contribute to fluid imbalance, reduced tolerance to activity, functional decline and difficulties in maintaining safe self-care behaviours. In this setting, community nursing has an important role in identifying vulnerability, improving health literacy and mobilising local support.
Objectives: To describe a community nursing approach during an episode of extreme heat in an older person with cardiovascular disease, focusing on comprehensive assessment, health education, support from the social environment and continuity of care.
Methodology: A clinical situation is presented and organised according to the nursing process in a community setting. Assessment includes clinical, functional, home-related and socio-educational dimensions, followed by an individualised care plan with educational interventions, short-term follow-up and coordination with nearby community resources.
Results: The intervention identified several risk factors, including advanced age, cardiovascular comorbidity, limited health literacy, inadequate routines during hot weather and restricted social support. Based on this assessment, nursing priorities included health education, self-care organisation, monitoring of warning signs, adaptation of the home environment and reinforcement of community support. The outcome was favourable, with improved understanding of recommendations, better anticipation of risk and increased involvement of relatives and neighbours in daily supervision.
Discussion/Conclusions: Nursing action in extreme heat should not be reduced to delivering generic advice. Individualisation, adaptation to functional and cognitive status, verification of learning and community coordination may help reduce potentially avoidable decompensation. This approach is especially relevant when frailty, chronic disease and social vulnerability coexist.
Introducción
El calor extremo genera una sobrecarga fisiológica que puede afectar de forma desproporcionada a las personas mayores, sobre todo cuando presentan patología cardiovascular crónica, limitaciones funcionales o dificultades para gestionar recomendaciones preventivas en el domicilio. La termorregulación puede verse comprometida por la edad, por la coexistencia de insuficiencia cardiaca, cardiopatía isquémica o hipertensión arterial, y por factores añadidos como polimedicación, escasa percepción de sed, vivienda poco adaptada o aislamiento social. La vulnerabilidad no depende únicamente del diagnóstico médico; también está condicionada por la capacidad de comprender la información, anticipar el riesgo y sostener conductas de autocuidado durante varios días de temperaturas elevadas.
En la práctica comunitaria, muchas complicaciones asociadas al calor no se inician como un cuadro súbito de gran intensidad, sino como una concatenación de pequeños fallos en el cuidado cotidiano: ingesta insuficiente de líquidos, exposición en las horas de mayor temperatura, falta de ventilación en la vivienda, mantenimiento de rutinas poco seguras, interpretación tardía de síntomas o ausencia de apoyo para revisar el estado general. Por ello, la intervención enfermera adquiere una dimensión preventiva y relacional. No se trata solo de informar, sino de traducir el riesgo a pautas comprensibles, factibles y asumibles por la persona y su entorno.
La educación comunitaria ante olas de calor requiere, además, una mirada amplia sobre los determinantes sociales de la salud. La persona mayor con enfermedad cardiovascular puede conocer recomendaciones básicas y, sin embargo, no disponer de medios para aplicarlas, tener miedo a beber por problemas de continencia, evitar el uso de ventiladores por razones económicas o minimizar los síntomas para no «molestar» a la familia. Estas circunstancias obligan a contextualizar el mensaje sanitario y a integrar estrategias de seguimiento, apoyo vecinal, coordinación con trabajo social cuando proceda y refuerzo de la alfabetización en salud.
Desde el proceso de Enfermería, el abordaje del calor extremo en población vulnerable permite articular una valoración integral, identificar problemas de cuidados y planificar intervenciones orientadas a preservar la seguridad, el confort y la continuidad asistencial. El caso que se presenta ilustra cómo una situación aparentemente sencilla puede requerir una actuación clínica y educativa bien estructurada para prevenir deterioro funcional y descompensación cardiovascular.
Objetivos
Describir el abordaje enfermero comunitario de una persona mayor con enfermedad cardiovascular durante un episodio de ola de calor, integrando valoración integral, educación sanitaria y coordinación con el entorno próximo.
Como objetivos específicos se plantean los siguientes:
- Identificar factores clínicos, funcionales, ambientales y sociales que incrementan la vulnerabilidad frente al calor extremo.
- Analizar necesidades de aprendizaje relacionadas con hidratación, actividad, medicación, reconocimiento de signos de alarma y adaptación del domicilio.
- Planificar intervenciones enfermeras orientadas a promover autocuidado seguro, prevención de complicaciones y participación del entorno comunitario.
- Valorar la evolución inicial tras la intervención educativa y la utilidad del seguimiento de proximidad en una persona con riesgo de descompensación.
Metodología
Se desarrolla una situación clínica del ámbito comunitario estructurada mediante el proceso de Enfermería. El abordaje se organiza a partir de la valoración inicial, la identificación de problemas de cuidados, la planificación de intervenciones educativas y de apoyo, y el seguimiento posterior a corto plazo. La presentación se centra en una mujer mayor atendida en su domicilio tras detectarse condiciones de especial vulnerabilidad durante un episodio de temperaturas persistentemente elevadas.
La valoración enfermera contempla antecedentes de salud, tratamiento habitual referido por la paciente, situación funcional básica, hábitos de hidratación y alimentación, tolerancia a la actividad, características de la vivienda, apoyos disponibles, capacidad para comprender mensajes sanitarios y percepción subjetiva del riesgo. También se exploran manifestaciones clínicas generales que pueden asociarse a intolerancia al calor, tales como cansancio inhabitual, mareo, empeoramiento del bienestar, disnea de esfuerzo o alteración del patrón de sueño. No se persigue establecer un protocolo cerrado, sino mostrar un marco de actuación transferible a la práctica comunitaria.
Para la organización del plan de cuidados se priorizan problemas frecuentes en este tipo de situaciones: riesgo de desequilibrio hídrico, manejo ineficaz del régimen terapéutico en relación con barreras de comprensión o de organización cotidiana, intolerancia a la actividad en condiciones ambientales adversas, riesgo de deterioro de la seguridad en el domicilio y necesidad de apoyo para la toma de decisiones ante signos de alarma. La intervención incorpora educación para la salud adaptada al nivel de comprensión de la paciente, técnicas de comprobación del aprendizaje mediante devolución de la información con sus propias palabras y coordinación con familiares y red vecinal de proximidad.
La evolución se valora a través de indicadores clínicos y conductuales de uso habitual en la práctica enfermera comunitaria: comprensión de recomendaciones básicas, ajuste de rutinas en el domicilio, presencia o ausencia de síntomas de alerta, utilización de apoyos y capacidad para solicitar ayuda si aparece empeoramiento. El relato se mantiene en un plano prudente y asistencial, sin atribuir resultados a un diseño de investigación ni a un centro concreto.
Resultados
Presentación de la situación clínica
M.J., mujer de 82 años, vive sola en un piso alto con escasa ventilación cruzada. Mantiene autonomía parcial para las actividades básicas, aunque refiere fatigarse con facilidad en los desplazamientos y necesita pausas frecuentes para las tareas domésticas. Entre sus antecedentes constan hipertensión arterial de larga evolución y cardiopatía crónica estable. Acude de manera periódica a seguimiento sanitario y toma tratamiento habitual pautado, que organiza con ayuda de un pastillero semanal preparado por una hija que la visita varios días a la semana. Durante una fase de calor intenso, una vecina comunica al equipo de atención comunitaria que la percibe más cansada, somnolienta y menos participativa en las rutinas habituales del edificio.
En la visita domiciliaria, la paciente se encuentra consciente y orientada, colaboradora, con aspecto de agotamiento y sensación subjetiva de calor mantenido. Refiere haber dormido mal varios días, notar pesadez al caminar por el pasillo y menor apetito. Reconoce que ha reducido la ingesta de agua porque le incomoda levantarse por la noche para ir al baño y porque teme hincharse. Explica además que evita abrir ventanas en determinadas horas por miedo a que entre aire caliente, mantiene la persiana a medio abrir casi todo el día y sigue saliendo a primera hora de la tarde para hacer una compra breve, al considerar que “solo son unos minutos”. No identifica con claridad qué síntomas deberían hacerle pedir ayuda inmediata.
Valoración enfermera integral
La valoración evidencia una combinación de factores que aumentan el riesgo ante la ola de calor. Desde el punto de vista clínico, la edad avanzada y la enfermedad cardiovascular pueden limitar la capacidad de adaptación fisiológica. En el plano funcional, existe fatiga con esfuerzos leves y cierta reducción de la reserva para actividades cotidianas. En el ámbito del autocuidado, se observan decisiones condicionadas por creencias erróneas o incompletas: restricción voluntaria de líquidos, normalización del cansancio y subestimación del riesgo de salir al exterior en horas poco recomendables.
La vivienda constituye otro elemento relevante. Aunque dispone de ventilador, la paciente apenas lo utiliza por temor a resfriarse. El hogar acumula calor durante la tarde y no existe un hábito establecido de acondicionamiento ambiental. En cuanto al soporte social, cuenta con una hija implicada pero no presente de forma continua, y con una vecina disponible para contacto puntual. Esta red es útil, aunque no estaba organizada previamente en torno a un plan concreto de vigilancia durante el episodio de calor.
En la entrevista se identifican barreras de alfabetización en salud. La paciente recuerda consejos generales recibidos en veranos previos, pero los aplica de forma fragmentaria y sin integrarlos en una rutina segura. Relaciona la hidratación únicamente con “beber cuando se tiene sed”, desconoce la importancia de anticiparse y no vincula algunos síntomas iniciales con una posible situación de riesgo. También manifiesta dudas sobre si debe modificar por su cuenta la medicación cuando se encuentra más cansada, lo que orienta a reforzar el mensaje de no realizar cambios sin valoración profesional.
Desde la perspectiva enfermera, los problemas de cuidados más relevantes se relacionan con riesgo de manejo ineficaz del autocuidado durante el calor extremo, riesgo de desequilibrio hídrico, intolerancia a la actividad en ambiente caluroso, conocimientos insuficientes sobre prevención y necesidad de apoyo comunitario para mantener conductas seguras de forma continuada. La situación no muestra en ese momento signos de gravedad manifiesta, pero sí una vulnerabilidad que aconseja intervención precoz y seguimiento estrecho.
Planificación de cuidados e intervención educativa
La planificación se orienta a objetivos inmediatos y comprensibles para la paciente: aumentar la seguridad durante los días de calor, reorganizar rutinas de hidratación y descanso, reconocer señales de empeoramiento y activar una red de apoyo simple y operativa. El primer paso consiste en adaptar la información al lenguaje y a la experiencia de la paciente. En lugar de enumerar recomendaciones de forma abstracta, se vinculan las medidas preventivas a actividades concretas de su jornada: al levantarse, a media mañana, con las comidas, durante la tarde y antes de acostarse.
Se trabaja la hidratación desde una perspectiva práctica. La paciente expresa temor a las micciones nocturnas, por lo que se propone repartir la ingesta a lo largo del día, evitar esperar a la sensación intensa de sed y dejar agua accesible en varias estancias. La intervención no se plantea como una pauta rígida, sino como una organización individualizada compatible con su tolerancia y situación clínica. Se insiste en que cualquier duda sobre medicación, edemas o empeoramiento debe consultarse con profesionales sanitarios, evitando decisiones autónomas de suspensión o modificación del tratamiento.
Respecto al ambiente domiciliario, se revisan con la paciente medidas sencillas: cierre o sombreado de ventanas cuando el exterior sea más cálido, ventilación en momentos de menor temperatura, uso correcto del ventilador según confort, elección de ropa ligera y reorganización de las tareas que generen esfuerzo. Se recomienda posponer salidas no imprescindibles en las horas de más calor y, si fueran necesarias, buscar acompañamiento y periodos de descanso. La paciente verbaliza que nunca había relacionado sus compras de media tarde con mayor riesgo de mareo o cansancio.
La educación incorpora el reconocimiento de signos de alarma que requieren consulta rápida o petición de ayuda: sensación marcada de debilidad, mareo persistente, dificultad respiratoria mayor de la habitual, empeoramiento llamativo del estado general, confusión, fiebre, incapacidad para mantener la ingesta o cualquier síntoma que la paciente perciba como diferente a su situación basal. Para consolidar el aprendizaje se utiliza una técnica de repetición en la que la paciente explica con sus palabras qué haría si apareciesen esos síntomas y cuándo llamaría a su hija, a la vecina o al dispositivo sanitario correspondiente.
Se involucra a la hija en una llamada posterior, con autorización de la paciente, para reforzar mensajes clave y acordar un seguimiento informal durante los días más cálidos. Se propone una supervisión telefónica diaria breve sobre ingesta, bienestar general y necesidad de apoyo. La vecina se ofrece a comprobar si la persiana y la ventilación se manejan adecuadamente y a acompañarla en caso de desplazamiento imprescindible. Esta participación comunitaria no sustituye la atención sanitaria, pero añade una capa de vigilancia próxima especialmente valiosa cuando la persona vive sola.
Evolución inicial
En el seguimiento posterior, la paciente refiere haber modificado varias rutinas: mantiene una botella de agua visible en la mesa del salón, ha adelantado pequeños recados a primera hora, utiliza el ventilador con menor resistencia y descansa en la estancia menos calurosa de la vivienda. Expresa mejor comprensión de por qué el calor puede afectarle más que en años anteriores y reconoce que antes atribuía el cansancio exclusivamente a la edad. La hija confirma mayor contacto telefónico y mejor disposición de la paciente para comunicar molestias.
Desde el punto de vista clínico, no se describen nuevos episodios de mareo ni empeoramiento manifiesto durante el breve seguimiento presentado. Persiste cierta fatiga habitual relacionada con su patología de base, pero la paciente distingue mejor entre su situación cotidiana y un posible cambio que exigiría consulta. La intervención educativa parece haber aumentado la capacidad de anticipación y la adherencia a medidas básicas de protección frente al calor.
También se observa un efecto positivo en el sentimiento de seguridad. La paciente verbaliza que disponer de un plan sencillo le resulta más útil que recibir recomendaciones aisladas. La red de apoyo, aunque limitada, queda más definida. El caso pone de relieve que una actuación enfermera breve, centrada en la vida diaria y en la comprensión real de la información, puede modificar conductas con potencial impacto preventivo.
Discusión/Conclusiones
La situación descrita muestra que el riesgo derivado del calor extremo en personas mayores con enfermedad cardiovascular no puede interpretarse únicamente desde la presencia de patología orgánica. El componente educativo y social resulta determinante. Una misma recomendación sanitaria puede ser ineficaz si no se exploran previamente los motivos por los que la persona no la aplica: temor a la incontinencia, creencias sobre ventilación, minimización de síntomas o dificultades para reorganizar tareas cotidianas. La valoración enfermera aporta aquí una visión especialmente útil al integrar clínica, funcionalidad, entorno y comportamiento.
Otro aspecto relevante es la alfabetización en salud. No basta con que la persona haya oído consejos preventivos en ocasiones previas. La comprensión operativa exige relacionar la información con decisiones concretas del día a día, comprobar que el mensaje ha sido entendido y revisar si puede llevarse a la práctica en el domicilio real. En personas mayores con enfermedad cardiovascular, esta necesidad es aún más evidente porque ciertas manifestaciones del calor pueden confundirse con síntomas ya habituales y retrasar la consulta. La educación sanitaria debe ayudar a discriminar cambios respecto a la línea basal y a establecer umbrales de petición de ayuda comprensibles.
La intervención comunitaria también se beneficia de una red de apoyo identificada. La familia, la vecindad y otros recursos de proximidad no reemplazan la valoración profesional, pero facilitan observación continuada, recordatorio de medidas y detección temprana de cambios. En escenarios de calor persistente, la soledad no deseada o la supervisión insuficiente pueden amplificar el riesgo, por lo que la coordinación informal y el seguimiento breve por parte de Enfermería tienen una utilidad práctica considerable.
Desde la perspectiva asistencial, este abordaje subraya varias implicaciones. La primera es la conveniencia de priorizar a las personas con mayor vulnerabilidad en campañas comunitarias de prevención estacional. La segunda, la necesidad de individualizar las recomendaciones, evitando mensajes genéricos desvinculados de la realidad funcional y doméstica. La tercera, incorporar la revisión del aprendizaje como parte del cuidado, ya que la mera entrega de información no garantiza comprensión ni adherencia. Finalmente, la continuidad de cuidados debe contemplar contacto posterior, especialmente cuando coinciden cronicidad cardiovascular, edad avanzada y apoyo social limitado.
Entre los límites del abordaje se encuentra la variabilidad de las circunstancias domiciliarias y de los recursos comunitarios disponibles. No todas las personas cuentan con familia cercana, vivienda adaptable o capacidad funcional suficiente para implementar cambios por sí mismas. Por ello, las intervenciones deben ajustarse a cada contexto y, cuando proceda, coordinarse con otros dispositivos de apoyo social o sanitario. Asimismo, las recomendaciones sobre hidratación, actividad o medicación han de interpretarse siempre dentro de la situación clínica individual y requieren valoración profesional si aparecen síntomas, empeoramiento o dudas sobre el tratamiento.
La experiencia presentada sugiere que la educación comunitaria ante olas de calor puede ser más efectiva cuando se inserta en el proceso de Enfermería y se orienta a problemas concretos de autocuidado. En la persona mayor con enfermedad cardiovascular, una intervención breve pero personalizada, acompañada de seguimiento y participación del entorno, puede contribuir a reforzar la seguridad, prevenir descompensaciones y sostener la autonomía el mayor tiempo posible.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.
Financiación
Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.
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