Education for safe detection of intimate partner violence during pregnancy
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:228
Autor principal (primer firmante): Natalia García Serrano
Fecha recepción: 08/07/26
Fecha aceptación: 07/08/26
Fecha de publicación: 15/08/26
Ref.: CADICE. 2026;1(8):228
Autores:
Natalia García Serrano
Tomás Navarro Ríos
Julia Cortés Molina
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Enfermería obstétrica; Salud materno-infantil; Seguridad; Embarazo; Lactancia materna; Violencia de pareja; Cribado; Puerperio; Educación para la salud; Educación del paciente
Keywords: Obstetric Nursing; Maternal-Child Health Services; Safety; Pregnancy; Breast Feeding; Intimate Partner Violence; Mass Screening; Postpartum Period; Health Education; Patient Education
Resumen
Introducción: La violencia de pareja durante el embarazo y el puerperio constituye un problema sanitario y social con repercusiones potenciales sobre la salud física, emocional y relacional de la mujer, así como sobre el bienestar fetal, neonatal y familiar. En el ámbito de la Enfermería obstétrica, la consulta prenatal y el seguimiento posparto ofrecen oportunidades relevantes para identificar situaciones de riesgo y promover una detección segura, respetuosa y centrada en la mujer.
Objetivos: Diseñar un programa de educación para la salud dirigido a gestantes y puérperas que facilite la detección segura de violencia de pareja, mejore el reconocimiento de señales de alarma, favorezca la solicitud de ayuda y refuerce el papel de Enfermería en la atención continuada.
Metodología: Se plantea una propuesta educativa de carácter grupal e individual, integrada en consultas de embarazo, educación maternal y seguimiento puerperal. El programa se estructura en contenidos progresivos sobre seguridad, relación de pareja, indicadores de maltrato, comunicación clínica protegida, plan personal de apoyo y recursos asistenciales, con adaptación al contexto de cada mujer.
Resultados: La intervención propuesta permite ordenar la actuación enfermera en torno a la información comprensible, la generación de un entorno de confianza, la entrevista en condiciones de privacidad, la identificación de necesidades de apoyo y la continuidad asistencial. El programa incorpora evaluación del aprendizaje, observación clínica y revisión del plan educativo en distintos momentos perinatales.
Discusión/Conclusiones: La educación enfermera no sustituye la valoración clínica ni la respuesta institucional, pero puede contribuir a una detección más temprana y segura, disminuir barreras para verbalizar el maltrato y mejorar la coordinación asistencial. Su utilidad depende de la formación del equipo, la disponibilidad de circuitos de derivación y la aplicación prudente de medidas de confidencialidad y seguridad.
Abstract
Introduction: Intimate partner violence during pregnancy and the postpartum period is a health and social problem with possible effects on women’s physical, emotional and relational wellbeing, as well as on fetal, neonatal and family health. Within obstetric nursing, antenatal visits and postpartum follow-up provide meaningful opportunities to identify risk situations and to promote safe, respectful and woman-centred detection.
Objectives: To design a health education programme for pregnant and postpartum women aimed at supporting safe detection of intimate partner violence, improving recognition of warning signs, encouraging help-seeking and strengthening the role of nursing in continuity of care.
Methodology: A combined group and individual educational intervention is proposed, integrated into antenatal care, childbirth education and postpartum follow-up. The programme is organised into progressive contents focused on safety, partner relationship patterns, warning signs of abuse, protected clinical communication, personal support planning and available health and social resources, with adaptation to each woman’s context.
Results: The proposed intervention helps organise nursing care around understandable information, trust-building, private interviewing, identification of support needs and continuity of care. The programme includes learning assessment, clinical observation and revision of the educational plan at different perinatal stages.
Discussion/Conclusions: Nursing education does not replace clinical assessment or institutional response, but it may support earlier and safer detection, reduce barriers to disclosure and improve care coordination. Its usefulness depends on staff training, access to referral pathways and the careful application of confidentiality and safety measures.
Introducción
La atención al embarazo se ha consolidado como un espacio privilegiado para la promoción de la salud, la prevención de riesgos y el acompañamiento a la mujer y su entorno familiar. Junto con los aspectos biológicos del proceso reproductivo, la práctica enfermera en salud materno-infantil aborda dimensiones emocionales, sociales y relacionales que pueden influir de forma significativa en la evolución del embarazo, el parto, el puerperio y la instauración de la lactancia materna. Entre estas dimensiones, la violencia ejercida por la pareja o expareja merece una consideración específica por su complejidad, por el impacto que puede tener sobre la seguridad de la mujer y por las dificultades que con frecuencia existen para su identificación.
Durante el embarazo pueden confluir factores que aumentan la vulnerabilidad: mayor dependencia económica o emocional, cambios en la convivencia, control sobre citas y desplazamientos, aislamiento social, conflictos relacionados con la maternidad y miedo a consecuencias familiares o legales. A ello se suma que muchas mujeres no identifican inicialmente determinadas conductas como maltrato o no se sienten en condiciones de verbalizarlas en un entorno sanitario si no perciben privacidad, escucha activa y ausencia de juicio. Por este motivo, limitar la detección a preguntas aisladas o a la sospecha intuitiva puede resultar insuficiente.
La violencia de pareja no se reduce a la agresión física. Puede expresarse mediante control coercitivo, humillación, intimidación, abuso sexual, vigilancia de comunicaciones, restricción de recursos económicos, imposición sobre decisiones sanitarias o desautorización constante. En el ámbito perinatal, estas conductas pueden interferir con la adherencia a controles, la alimentación, el descanso, la toma de decisiones informadas y el establecimiento del vínculo temprano. También pueden repercutir en el estado emocional de la mujer, en su percepción de autoeficacia y en la vivencia de la maternidad.
La Enfermería obstétrica, por su accesibilidad y continuidad, ocupa una posición particularmente relevante para favorecer una detección segura. Las consultas sucesivas permiten observar cambios conductuales, respuestas emocionales, ausencias reiteradas, hipervigilancia, dificultades para responder en presencia de la pareja o expresiones ambiguas de miedo. Sin embargo, detectar no equivale a interrogar de forma indiscriminada ni a precipitar actuaciones que puedan incrementar el riesgo. La aproximación debe ser planificada, confidencial, sensible al trauma y respetuosa con el ritmo de la mujer.
Desde esta perspectiva, la educación para la salud adquiere un valor añadido. No se trata solo de transmitir información sobre recursos, sino de integrar contenidos que permitan reconocer relaciones no seguras, comprender que ciertas conductas no son aceptables, identificar señales de alarma y conocer formas discretas de pedir ayuda. Cuando esta educación se incorpora a la atención prenatal y puerperal con un lenguaje claro y no estigmatizante, puede aumentar la capacidad de las mujeres para interpretar su situación y tomar decisiones con mayor apoyo.
La propuesta educativa debe contemplar además el puerperio y la lactancia materna. Tras el parto pueden persistir o intensificarse dinámicas de control, sobrecarga, aislamiento o desvalorización. El seguimiento posparto brinda nuevas oportunidades para revisar la seguridad en el hogar, valorar el estado emocional, explorar la red de apoyo y reforzar la continuidad asistencial. Por ello, un programa educativo en este ámbito debe entenderse como un proceso longitudinal, no como una intervención puntual.
Objetivos
El objetivo general es diseñar un programa de educación para la salud, liderado por Enfermería, orientado a facilitar la detección segura de violencia de pareja durante el embarazo y el puerperio.
Como objetivos específicos se plantean los siguientes:
- Favorecer que gestantes y puérperas identifiquen conductas de control, coacción, humillación, agresión o aislamiento que puedan indicar una relación no segura.
- Proporcionar información clara y comprensible sobre cómo abordar este problema en el entorno sanitario sin poner en riesgo a la mujer.
- Crear espacios educativos y asistenciales que mejoren la confianza, la privacidad y la posibilidad de verbalización.
- Capacitar al personal de Enfermería para integrar preguntas sensibles, escucha activa y observación clínica en distintos momentos del proceso perinatal.
- Promover la elaboración de estrategias básicas de seguridad y apoyo ajustadas a la situación individual.
- Potenciar la continuidad asistencial entre embarazo, posparto, atención primaria y otros recursos sociosanitarios cuando resulte necesario.
- Valorar el aprendizaje adquirido y la aceptabilidad del programa, con revisión periódica de contenidos y procedimientos.
Metodología
Se propone un programa educativo aplicable en consultas de matrona, sesiones de educación maternal, visitas de puerperio y contactos de seguimiento en atención primaria. El planteamiento combina intervención universal y abordaje individualizado. La parte universal se dirige a todas las mujeres embarazadas y puérperas, con mensajes generales sobre relaciones saludables, derechos en la atención sanitaria, seguridad personal y disponibilidad de apoyo. La parte individualizada se activa cuando existen indicadores clínicos, verbalización directa o necesidad expresada por la mujer.
Población diana y momentos de intervención
La población principal son mujeres embarazadas en cualquier trimestre y mujeres en puerperio, incluyendo aquellas que inician lactancia materna o presentan especial vulnerabilidad social. De forma complementaria, el programa puede incorporar materiales informativos para acompañantes, siempre que ello no comprometa la seguridad ni dificulte la atención privada a la mujer. Los momentos de intervención recomendables son la primera valoración prenatal, controles intermedios, sesiones grupales de preparación al nacimiento, visita posparto temprana y revisión posterior durante el puerperio.
Principios metodológicos
El programa se apoya en varios principios asistenciales. En primer lugar, universalidad no estigmatizante: ofrecer información básica a todas las usuarias evita focalizar únicamente en perfiles estereotipados y reduce la sensación de señalamiento. En segundo lugar, privacidad y confidencialidad: la exploración de situaciones sensibles requiere entrevistas sin acompañantes cuando sea posible y una gestión cuidadosa de la información registrada. En tercer lugar, enfoque centrado en la mujer: la intervención debe respetar su autonomía, sus tiempos y sus decisiones. En cuarto lugar, continuidad: la detección segura depende más de la relación terapéutica mantenida que de una única pregunta. Por último, coordinación: la actividad educativa solo resulta operativa si se integra en circuitos asistenciales viables.
Formato y recursos docentes
Se combinan tres modalidades. La primera consiste en microintervenciones breves en consulta, con mensajes estructurados de uno a pocos minutos sobre seguridad y disponibilidad de apoyo. La segunda corresponde a sesiones educativas grupales dentro de los programas de preparación al nacimiento o escuelas de familias, utilizando lenguaje general sobre bienestar emocional, respeto en la relación y cuidado del entorno materno-infantil. La tercera incluye entrevistas individuales de profundización cuando se detectan señales de alarma o la mujer solicita ayuda.
Los recursos pueden incluir folletos discretos, cartelería en aseos o salas de espera, tarjetas de bolsillo con mensajes neutros, materiales visuales incorporados a la educación prenatal y hojas de trabajo para identificar apoyos personales. En entornos digitales, conviene valorar la seguridad antes de recomendar aplicaciones, mensajería o documentos descargables, ya que el dispositivo puede estar supervisado por la pareja.
Planificación del programa
La propuesta se organiza en cuatro bloques longitudinales. Un primer bloque, de acogida y sensibilización, introduce el derecho a recibir atención en privado, la existencia de situaciones de control o miedo en algunas relaciones y la posibilidad de hablar de ello con el equipo de salud. Un segundo bloque, de reconocimiento de señales, revisa manifestaciones frecuentes de violencia psicológica, física, sexual, digital o económica, adaptadas a un lenguaje comprensible. Un tercer bloque, de seguridad y ayuda, aborda maneras seguras de pedir apoyo, personas de confianza, preparación de documentación esencial y uso prudente de canales de comunicación. Un cuarto bloque, de seguimiento, retoma la valoración en puerperio, revisa barreras y refuerza el acceso a recursos si la mujer lo desea.
La implementación requiere sesiones breves de capacitación del equipo enfermero en entrevista sensible, manejo emocional inicial, documentación clínica y coordinación interdisciplinar. No se plantea como un protocolo cerrado, sino como una estructura orientativa adaptable al nivel asistencial, al circuito del centro y a la organización local de recursos.
Resultados
El resultado principal de esta propuesta es la definición de un programa educativo enfermero integrado en la atención perinatal, con contenidos secuenciados, instrumentos de apoyo y criterios básicos de evaluación. Su valor práctico reside en que convierte la detección de violencia de pareja en una competencia visible del cuidado habitual, evitando que dependa exclusivamente de la iniciativa individual de cada profesional.
Contenidos educativos esenciales
Los contenidos se distribuyen de forma progresiva. En una primera fase se trabajan conceptos de relación respetuosa, autonomía corporal, toma de decisiones sanitarias y derecho a recibir información sin presiones. Este encuadre facilita introducir la violencia de pareja desde una perspectiva de salud y seguridad, no desde la culpabilización. Posteriormente se describen señales de alarma como el control de citas médicas, la exigencia de acompañamiento permanente, la revisión del teléfono, el miedo a contrariar a la pareja, las amenazas relacionadas con el embarazo o el recién nacido, la presión sexual no deseada y la limitación del acceso al dinero o a la familia.
Un tercer conjunto de contenidos se orienta a la acción segura. Se explica que pedir ayuda puede requerir momentos de privacidad, que no siempre es conveniente confrontar la situación delante del agresor y que cualquier decisión debe ajustarse al riesgo percibido por la mujer. Se revisan recursos sanitarios y sociales de manera general, se anima a identificar personas de confianza y se contempla la preparación de un plan personal básico de seguridad. En el puerperio, los contenidos incluyen señales de sobrecarga coercitiva, interferencia con el descanso, desautorización constante en el cuidado del bebé y dificultades para mantener la lactancia en un entorno de intimidación o control.
Papel de Enfermería en la intervención
La función enfermera en este programa no se limita a impartir información. Incluye observar, generar vínculo terapéutico, facilitar entrevistas privadas, validar el malestar expresado y detectar necesidades de apoyo emocional, social y asistencial. La matrona o la enfermera de familia puede introducir preguntas abiertas en el curso normal de la consulta, por ejemplo sobre cómo se siente la mujer en casa, si dispone de apoyo, si puede acudir sola a las visitas o si alguien dificulta sus decisiones relacionadas con el embarazo o el cuidado del recién nacido.
Cuando aparecen respuestas ambiguas o indicadores conductuales, resulta útil progresar con preguntas breves, no directivas y formuladas con sensibilidad. La escucha activa, el lenguaje no culpabilizador y el respeto a los silencios forman parte del proceso. También es relevante evitar promesas inviables y no presionar para una revelación completa. Si la mujer comunica una situación de maltrato, la prioridad enfermera es sostener la seguridad inmediata, valorar necesidades básicas, explorar apoyos disponibles y activar la coordinación asistencial según el contexto.
Organización de las sesiones
En formato grupal pueden plantearse dos o tres momentos educativos breves, integrados en programas prenatales. La primera sesión aborda bienestar emocional, apoyo social y relaciones respetuosas. La segunda se centra en señales de control y violencia, usando ejemplos clínicos generales y dinámicas de reflexión. La tercera revisa seguridad, recursos y autocuidado en el puerperio. El grupo no debe utilizarse para explorar situaciones personales concretas si no existen condiciones de confidencialidad y contención suficientes; su finalidad principal es aumentar el conocimiento y normalizar la posibilidad de pedir ayuda.
En formato individual, las intervenciones pueden ser más flexibles. Una consulta puede destinarse a revisar dudas surgidas tras la sesión grupal, otra a profundizar en indicadores observados y una posterior a reforzar medidas de apoyo. La continuidad de la misma profesional, siempre que sea posible, favorece la confianza y la percepción de acompañamiento. También conviene registrar de manera objetiva la información clínica relevante y las actuaciones realizadas, con especial cuidado en la protección de datos sensibles.
Evaluación del aprendizaje y del proceso
La evaluación no debe limitarse a comprobar si la mujer memoriza conceptos. Resulta más útil valorar si reconoce señales de alarma, si sabe que puede solicitar ayuda en el entorno sanitario, si identifica al menos un apoyo de confianza y si comprende la importancia de preservar su seguridad al comunicar la situación. Estas dimensiones pueden explorarse mediante conversación clínica breve, resolución de supuestos sencillos o revisión individual de materiales entregados.
Desde la perspectiva del programa, pueden considerarse indicadores cualitativos como la proporción de consultas en las que se garantiza un momento de privacidad, la presencia de materiales informativos accesibles, la participación del equipo en actividades formativas, la documentación de educación sanitaria relacionada con seguridad y el número de derivaciones coordinadas cuando procede. En este tipo de intervención, la calidad del proceso y la seguridad percibida son tan relevantes como el resultado observable inmediato.
Barreras y facilitadores
Entre las barreras habituales se encuentran la falta de tiempo en consulta, la incomodidad profesional ante el abordaje del maltrato, la ausencia de espacios privados, el temor a empeorar la situación y la escasa coordinación con recursos externos. También puede dificultar la intervención la creencia de que la violencia solo debe abordarse cuando existen lesiones visibles o denuncia previa. A esto se suman barreras propias de la mujer, como dependencia económica, miedo a represalias, vergüenza, normalización del control o preocupación por la custodia de hijos.
Como facilitadores destacan la accesibilidad de la matrona, la confianza generada por el seguimiento continuado, la incorporación de mensajes universales en la educación prenatal, la existencia de circuitos internos claros y la capacitación del equipo en comunicación terapéutica. La coordinación con trabajo social sanitario, salud mental, pediatría, medicina de familia y otros dispositivos comunitarios puede mejorar la respuesta, siempre preservando el consentimiento y la seguridad en cada caso.
Discusión/Conclusiones
La educación para la detección segura de violencia de pareja en el embarazo no debe concebirse como una actividad añadida y marginal, sino como parte de una atención materno-infantil integral. Su principal aportación es desplazar el foco desde la sospecha ocasional hacia una práctica enfermera estructurada, preventiva y continuada. Al ofrecer información universal y espacios de confianza, se reduce la dependencia de que la mujer verbalice espontáneamente una situación que con frecuencia está mediada por miedo, ambivalencia o control externo.
Uno de los aspectos más relevantes es diferenciar entre detectar y exponer. La intervención educativa resulta útil cuando ayuda a reconocer el problema sin comprometer la seguridad. De ahí la importancia de entrevistas privadas, mensajes discretos, materiales no identificables de forma llamativa y revisión prudente de los canales de contacto. En este ámbito, una actuación técnicamente correcta puede ser insuficiente si no considera el riesgo relacional y el contexto cotidiano de la mujer.
La propuesta también subraya el valor del puerperio como periodo de continuidad. Tras el parto, el foco asistencial suele desplazarse hacia el recién nacido y la recuperación física, pero persisten necesidades relevantes de seguridad, apoyo emocional y revisión del entorno familiar. Incluir la violencia de pareja en la conversación clínica posparto, junto con lactancia, descanso, dolor, estado de ánimo y red de apoyo, amplía la capacidad de detección y evita fragmentar el cuidado.
Desde el punto de vista organizativo, la efectividad del programa depende de condiciones concretas: formación del equipo, tiempo relacional suficiente, circuitos de consulta y derivación, y respaldo institucional para manejar situaciones complejas. La educación por sí sola no resuelve el problema si no existen respuestas asistenciales coordinadas. Tampoco debe generar expectativas simplificadoras; algunas mujeres no podrán o no desearán revelar la situación en el primer contacto, y eso no invalida la utilidad del programa. En muchos casos, el resultado inicial más valioso es que la mujer identifique la consulta enfermera como un lugar seguro al que poder volver.
En la práctica clínica, conviene entender esta intervención como un proceso de acompañamiento. Informar, preguntar, escuchar, validar y revalorar en distintos momentos son acciones complementarias. La atención enfermera puede contribuir a disminuir el aislamiento, reforzar la capacidad de decisión y mejorar la articulación entre salud materna, salud mental, apoyo social y protección. Todo ello exige prudencia, competencia comunicativa y una mirada que integre el bienestar de la mujer y del recién nacido sin diluir la autonomía de la madre.
La incorporación sistemática de educación sobre relaciones seguras, señales de maltrato y vías de ayuda en el itinerario prenatal y puerperal representa una línea de mejora coherente con el enfoque de seguridad del paciente y de humanización de los cuidados. Su desarrollo debe adaptarse a cada ámbito asistencial, pero mantiene una premisa común: la detección de violencia de pareja será más segura y más útil cuando se realice desde una relación terapéutica continuada, respetuosa y clínicamente preparada.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.
Financiación
Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.
Bibliografía
- Wong JY, Zhu S, Ma H, Ip P, Chan KL, Leung WC. Intimate partner violence during pregnancy: To screen or not to screen?. Best Pract Res Clin Obstet Gynaecol. 2024;97:102541. doi: https://doi.org/10.1016/j.bpobgyn.2024.102541
- Manoli E, Kouta C, Karanikola M, Middleton N, Hadjigeorgiou E. Educational training programs on intimate partner violence in pregnancy for midwives/student midwives: A scoping review.. Eur J Midwifery. 2024;8. doi: https://doi.org/10.18332/ejm/189282
- Robinson SR, Maxwell D, Williams JR. Qualitative, Interpretive Metasynthesis of Women's Experiences of Intimate Partner Violence During Pregnancy.. J Obstet Gynecol Neonatal Nurs. 2019;48(6):604-614. doi: https://doi.org/10.1016/j.jogn.2019.08.002
- Abujilban S, Mrayan L, Damra JK. Intimate partner violence among Jordanian pregnant women and its predictors.. Nurs Open. 2022;9(1):267-276. doi: https://doi.org/10.1002/nop2.1060
- Wedajo LF, Mamo AM, Alemu SS, Mesfin BA. Extended postpartum intimate partner violence and its associated factors: community-based cross-sectional study design.. BMC Womens Health. 2023;23(1):501. doi: https://doi.org/10.1186/s12905-023-02649-w
- Shewangzaw Engda A, Dargie Wubetu A, Kasahun Amogne F, Moltot Kitaw T. Intimate partner violence and COVID-19 among reproductive age women: A community-based cross-sectional survey, Ethiopia.. Womens Health (Lond). 2022;18:17455065211068980. doi: https://doi.org/10.1177/17455065211068980
- US Preventive Services Task Force, Curry SJ, Krist AH, Owens DK, Barry MJ, Caughey AB, et al.. Screening for Intimate Partner Violence, Elder Abuse, and Abuse of Vulnerable Adults: US Preventive Services Task Force Final Recommendation Statement.. JAMA. 2018;320(16):1678-1687. doi: https://doi.org/10.1001/jama.2018.14741
- Musa-Maliki AU, Duma SE. Barriers to routine screening for intimate partner violence during pregnancy in Nigeria.. Heliyon. 2024;10(9):e30504. doi: https://doi.org/10.1016/j.heliyon.2024.e30504
- Sabri B, Mani SS, Kaduluri VPS. Integrated domestic violence and reproductive health interventions in India: a systematic review.. Reprod Health. 2024;21(1):94. doi: https://doi.org/10.1186/s12978-024-01830-0
- Debono C, Borg Xuereb R, Scerri J, Camilleri L. Intimate partner violence: psychological and verbal abuse during pregnancy.. J Clin Nurs. 2017;26(15-16):2426-2438. doi: https://doi.org/10.1111/jocn.13564
- Mauri EM, Nespoli A, Persico G, Zobbi VF. Domestic violence during pregnancy: Midwives׳ experiences.. Midwifery. 2015;31(5):498-504. doi: https://doi.org/10.1016/j.midw.2015.02.002