Home education for self-care in chronic venous ulcer
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:365
Autor principal (primer firmante): Miriam Castillo Ruiz
Fecha recepción: 06/08/26
Fecha aceptación: 03/09/26
Fecha de publicación: 11/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):365
Autores:
Miriam Castillo Ruiz
Guillermo Pérez Navarro
Nadia Torres Aguilera
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Insuficiencia venosa; Educación del paciente; Recursos comunitarios; Vendaje compresivo; Salud comunitaria; Úlcera venosa; Cicatrización; Participación comunitaria; Educación para la salud; Equidad en salud
Keywords: Venous Insufficiency; Patient Education; Community Resources; Compression Bandages; Community Health Nursing; Varicose Ulcer; Wound Healing; Community Participation; Health Education; Health Equity
Resumen
Introducción: La úlcera venosa crónica constituye un problema de cuidados de evolución prolongada que afecta a la integridad cutánea, la movilidad, el confort y la vida cotidiana. Su abordaje no depende únicamente de la cura local, sino también de la capacidad de la persona para sostener medidas de autocuidado en el domicilio, entre ellas el cuidado de la piel, la movilidad adaptada, la elevación de las extremidades, la adhesión al tratamiento compresivo y la identificación precoz de signos de complicación.
Objetivos: Diseñar un programa de educación para la salud en el ámbito domiciliario, liderado por Enfermería, orientado a mejorar los conocimientos, habilidades y adherencia relacionados con el autocuidado de la úlcera venosa crónica, incorporando a la familia o cuidadores cuando resulte necesario y contemplando recursos comunitarios que favorezcan la continuidad asistencial.
Metodología: Se plantea una intervención educativa estructurada, de carácter individualizado, dirigida a personas con úlcera venosa crónica atendidas en domicilio o con seguimiento comunitario. El programa se organiza a partir de una valoración enfermera inicial, la detección de necesidades educativas, la priorización de contenidos, la enseñanza demostrativa y el refuerzo periódico, adaptando la información al nivel funcional, la alfabetización en salud, el entorno social y la disponibilidad de apoyos.
Resultados: El contenido del programa incluye comprensión básica del proceso venoso, higiene y protección cutánea, manejo general del tratamiento compresivo según indicación clínica, hábitos posturales, actividad física adaptada, prevención de traumatismos, reconocimiento de signos de alarma y uso de recursos comunitarios. La evaluación se orienta a comprobar aprendizaje, participación activa, capacidad para realizar cuidados seguros y mantenimiento de conductas terapéuticas en el tiempo.
Discusión/Conclusiones: La educación domiciliaria puede contribuir a una atención más continuada y realista, al desarrollarse en el entorno donde se ejecutan los cuidados cotidianos. Desde Enfermería, este enfoque favorece la individualización, la detección de barreras y la implicación de la red de apoyo. Su utilidad depende de la adaptación a cada situación clínica y social, de la coordinación entre niveles asistenciales y de una evaluación periódica de la adherencia y de la evolución de la herida.
Abstract
Introduction: Chronic venous ulcer is a long-term care problem that affects skin integrity, mobility, comfort, and daily life. Its management does not rely only on local wound care, but also on the patient’s ability to maintain self-care measures at home, including skin care, adapted mobility, leg elevation, adherence to compression therapy, and early identification of warning signs.
Objectives: To design a home-based health education programme, led by nurses, aimed at improving knowledge, skills, and adherence related to self-care in chronic venous ulcer, involving family members or caregivers when needed and considering community resources that support continuity of care.
Methodology: A structured and individualised educational intervention is proposed for people with chronic venous ulcer receiving home care or community follow-up. The programme is organised through initial nursing assessment, identification of educational needs, prioritisation of contents, demonstration-based teaching, and periodic reinforcement, adapting information to functional status, health literacy, social context, and available support.
Results: The programme includes basic understanding of venous disease, hygiene and skin protection, general management of compression treatment according to clinical indication, postural habits, adapted physical activity, trauma prevention, recognition of warning signs, and use of community resources. Evaluation focuses on learning outcomes, active participation, ability to perform safe care, and sustained therapeutic behaviours over time.
Discussion/Conclusions: Home-based education may contribute to more continuous and realistic care because it takes place in the environment where daily care is actually performed. From a nursing perspective, this approach supports individualisation, identification of barriers, and involvement of the support network. Its usefulness depends on adaptation to each clinical and social situation, coordination across care settings, and regular reassessment of adherence and wound progress.
Introducción
La úlcera venosa crónica representa una de las situaciones de mayor complejidad en el cuidado de heridas de larga duración en el ámbito comunitario. Su evolución suele ser persistente, con periodos de mejoría y recaída, y se acompaña con frecuencia de dolor, exudado, alteración del descanso, limitación funcional, cambios en la imagen corporal y sobrecarga en el entorno familiar. En la práctica enfermera, esta realidad obliga a ir más allá del tratamiento local de la lesión y a considerar el problema como un proceso crónico que requiere seguimiento, educación y apoyo continuado.
El domicilio ocupa un lugar central en este abordaje. Es allí donde la persona mantiene o abandona rutinas, adopta medidas posturales, se adhiere o no al tratamiento compresivo, cuida su piel, elige el calzado, organiza su actividad física y solicita ayuda ante cambios clínicos. También es en el entorno domiciliario donde se hacen visibles dificultades que no siempre aparecen en la consulta: barreras arquitectónicas, aislamiento social, escasa red de apoyo, dificultades económicas, baja alfabetización en salud o imposibilidad práctica para aplicar determinadas recomendaciones.
La educación para la salud, entendida como un proceso planificado y no como mera transmisión de instrucciones, adquiere por ello un valor estratégico. No se limita a explicar qué hacer, sino que busca que la persona comprenda el sentido de las medidas indicadas, adquiera habilidades, identifique señales de empeoramiento y participe de forma activa en su propio cuidado. Cuando existe dependencia parcial o total, este proceso debe extenderse a la familia o a la persona cuidadora principal.
Desde la Enfermería comunitaria, la intervención educativa en la úlcera venosa crónica se integra de forma natural en la continuidad asistencial. La valoración periódica, la observación directa del contexto doméstico y la posibilidad de adaptar los mensajes a la realidad cotidiana permiten un enfoque más individualizado. Además, la coordinación con otros profesionales y con recursos comunitarios puede facilitar la adherencia y reducir la fragmentación del cuidado.
No todas las personas parten del mismo nivel de conocimiento ni disponen de los mismos medios para sostener un plan terapéutico prolongado. Por ello, cualquier propuesta educativa debe incorporar una perspectiva de equidad en salud. Adaptar el lenguaje, reconocer las limitaciones funcionales, considerar la situación sociofamiliar y detectar necesidades de apoyo son aspectos inseparables de una práctica enfermera segura y efectiva.
Objetivos
El objetivo general es diseñar un programa de educación domiciliaria orientado al autocuidado de la persona con úlcera venosa crónica, con liderazgo enfermero y enfoque comunitario, para favorecer la comprensión del proceso, la participación activa y la continuidad de cuidados en el domicilio.
Como objetivos específicos se plantean los siguientes:
- Identificar necesidades educativas relacionadas con el conocimiento de la enfermedad venosa, la lesión cutánea y las medidas terapéuticas indicadas.
- Promover conductas de autocuidado que puedan contribuir a proteger la piel, mejorar la tolerancia al tratamiento y sostener hábitos compatibles con la cicatrización.
- Favorecer la adhesión al tratamiento compresivo y a otras indicaciones prescritas, mediante enseñanza práctica y resolución de dudas en el entorno real del paciente.
- Capacitar a la persona y a su red de apoyo para reconocer signos de alarma que requieren valoración profesional.
- Incorporar recursos comunitarios y apoyos sociales cuando existan dificultades funcionales, económicas o de acceso que puedan comprometer la continuidad del cuidado.
- Establecer criterios de evaluación del aprendizaje, del desempeño en el domicilio y de la adherencia a las recomendaciones acordadas.
Metodología
Se propone un programa educativo individualizado de aplicación en atención domiciliaria o en seguimiento comunitario, dirigido a personas adultas con úlcera venosa crónica y necesidad de reforzar conocimientos, habilidades o adherencia. El diseño parte de una lógica de proceso enfermero: valoración inicial, detección de problemas de cuidados y necesidades de aprendizaje, planificación de objetivos alcanzables, desarrollo de sesiones educativas breves y evaluación periódica.
La población diana incluye tanto a personas autónomas como a pacientes con limitaciones funcionales que precisan apoyo familiar o de cuidadores. La inclusión del entorno próximo no debe considerarse accesoria, ya que en muchos casos la ejecución de los cuidados, la supervisión del tratamiento compresivo o el traslado a controles dependen de terceros. La intervención educativa se adapta al grado de autonomía, al estado cognitivo, a la visión, a la destreza manual y a la capacidad real para incorporar cambios en la rutina.
La valoración enfermera inicial debe explorar, al menos, los siguientes dominios: comprensión del problema venoso; experiencia previa con la herida; manejo habitual del tratamiento local; tolerancia y uso del sistema compresivo indicado; movilidad y patrón de actividad; medidas posturales; cuidado de la piel; nutrición e hidratación en términos generales; dolor y descanso; presencia de apoyo familiar; situación de vivienda; barreras para acudir a seguimiento; y nivel de alfabetización en salud. También conviene identificar creencias erróneas frecuentes, como suspender el tratamiento cuando disminuye el exudado, mantener reposo absoluto prolongado o normalizar signos de deterioro cutáneo.
La metodología educativa combina información verbal clara, demostración práctica, material escrito sencillo cuando resulte útil, repetición de mensajes clave y comprobación activa del aprendizaje. En este contexto, la técnica de “explicar y devolver” puede resultar especialmente útil: tras la explicación, se solicita a la persona que describa con sus palabras qué ha entendido o que muestre cómo realizaría un cuidado concreto. Este procedimiento permite detectar malentendidos sin culpabilizar al paciente.
La planificación puede organizarse en varias sesiones breves distribuidas en visitas domiciliarias sucesivas, evitando concentrar demasiada información en un único encuentro. Una secuencia habitual consiste en priorizar primero la comprensión del problema, la seguridad del cuidado local y el reconocimiento de signos de alarma; después, avanzar hacia contenidos relacionados con actividad física, protección cutánea, prevención de recurrencias y uso de recursos comunitarios. La temporalidad debe ajustarse a la situación clínica, a la evolución de la lesión y a la carga de cuidados del paciente.
Los recursos educativos han de ser sencillos y coherentes con la práctica clínica. Pueden emplearse demostraciones sobre colocación o cuidado general del material compresivo conforme a la indicación profesional, esquemas visuales sobre elevación de miembros inferiores, recordatorios sobre protección de la piel y registros básicos de observación domiciliaria. En personas con limitaciones visuales o dificultades de lectura, la repetición oral, las instrucciones secuenciadas y la implicación del cuidador son preferibles a la entrega exclusiva de documentos escritos.
La evaluación del programa no se limita a medir conocimiento teórico. Debe valorar si la persona comprende por qué se indican ciertas medidas, si puede realizarlas o pedir ayuda para ello, si identifica cambios que requieren consulta y si mantiene conductas de autocuidado entre visitas. La reevaluación permite ajustar el plan educativo, reforzar contenidos poco consolidados y reconducir expectativas irreales.
Resultados
El programa educativo domiciliario se articula en torno a contenidos prácticos vinculados a la vida cotidiana del paciente. Su finalidad no es convertir a la persona en ejecutora de técnicas complejas, sino fortalecer un autocuidado seguro, realista y sostenido en el tiempo.
Comprensión del problema venoso y sentido del tratamiento
Uno de los primeros contenidos es la explicación, con lenguaje comprensible, de la relación entre insuficiencia venosa, edema, alteraciones cutáneas y dificultad de cicatrización. Entender que la lesión no es un problema aislado de la piel, sino la manifestación de un trastorno circulatorio subyacente, puede mejorar la adherencia a medidas no siempre percibidas como intuitivas, especialmente la compresión terapéutica y determinadas pautas posturales.
La enseñanza debe evitar tecnicismos innecesarios, pero también simplificaciones que lleven a error. Se recomienda explicar que la mejoría puede ser lenta, que la evolución no depende solo de la cura visible y que la continuidad de ciertas medidas sigue siendo importante incluso cuando la herida parece evolucionar favorablemente.
Cuidado de la piel y del entorno de la lesión
La educación domiciliaria incluye higiene suave, secado cuidadoso, protección de la piel perilesional y observación de cambios cutáneos. Resulta relevante diferenciar entre limpieza apropiada y manipulación excesiva, ya que algunos pacientes realizan curas repetidas, aplican productos no indicados o emplean remedios domésticos que pueden irritar la zona. Enfermería debe reforzar la importancia de evitar sustancias no prescritas, adhesivos inadecuados o maniobras traumáticas sobre la lesión y su entorno.
También conviene abordar el cuidado de la piel de ambas extremidades, no solo de la zona ulcerada. La sequedad, la fragilidad cutánea y el prurito favorecen el rascado y las lesiones secundarias. La protección frente a pequeños traumatismos, el uso de ropa no compresiva no terapéutica que no dificulte el retorno venoso y la revisión periódica del estado cutáneo forman parte del autocuidado básico.
Tratamiento compresivo y adherencia
La compresión ocupa un papel central en el manejo de la úlcera venosa, aunque su eficacia práctica depende en gran medida de la adherencia y de la tolerancia. En el ámbito educativo, el objetivo no es indicar sistemas concretos fuera de la valoración clínica, sino asegurar que la persona comprende para qué sirve la compresión, cómo convivir con ella y qué incidencias debe comunicar. Si el manejo del vendaje o del dispositivo compresivo recae en profesionales, el paciente necesita igualmente conocer normas básicas de vigilancia, confort y seguridad.
Durante las visitas domiciliarias pueden detectarse problemas habituales: retirada precoz por molestias, colocación incorrecta cuando el paciente participa en su manejo, falsas creencias sobre la conveniencia de “dejar respirar” la pierna sin compresión prolongada o abandono del tratamiento por mejoría parcial. La intervención enfermera debe explorar estas conductas sin juicio moral y buscar soluciones adaptadas, incluyendo refuerzo educativo, revisión de dificultades prácticas y coordinación asistencial cuando proceda.
Movilidad, ejercicio adaptado y medidas posturales
Otro bloque prioritario es el relacionado con el retorno venoso. El programa educativo debe promover la movilidad compatible con la situación clínica, evitando tanto el sedentarismo mantenido como actividades potencialmente lesivas según la capacidad de cada persona. La contracción muscular de la pantorrilla durante la marcha o durante ejercicios sencillos en domicilio puede formar parte de las recomendaciones generales, siempre individualizadas.
La elevación de las extremidades en periodos de descanso, la evitación de posiciones prolongadas en bipedestación o sedestación sin movilización y la organización de pausas activas constituyen contenidos educativos de alto valor práctico. En pacientes con dolor, obesidad, artrosis u otras limitaciones, estas medidas requieren adaptación realista; de lo contrario, se transforman en indicaciones difíciles de cumplir y terminan siendo abandonadas.
Reconocimiento de signos de alarma
La seguridad del paciente exige que la educación incluya situaciones ante las que debe solicitarse valoración profesional. Entre ellas destacan el aumento llamativo del dolor, cambios relevantes en el exudado, mal olor persistente, extensión del enrojecimiento, fiebre, sangrado difícil de controlar, deterioro rápido del lecho de la herida, intolerancia importante al tratamiento compresivo o aparición de lesiones nuevas. La enseñanza de estos signos debe formularse de manera sencilla, concreta y repetida a lo largo del seguimiento.
En pacientes con baja alfabetización en salud, puede ser útil emplear ejemplos visuales o descripciones comparativas con el aspecto habitual de la lesión. La familia o cuidador principal deben participar especialmente en este apartado cuando la persona presenta limitaciones de visión, cognición o destreza.
Dolor, descanso y repercusión emocional
El dolor interfiere con el sueño, la movilidad, la tolerancia a las curas y la disposición para participar en el autocuidado. Por ello, la educación sanitaria debe incluir la comunicación sistemática de la experiencia dolorosa, la observación de factores que la agravan y la coordinación con el plan terapéutico prescrito. Minimizar el dolor como un elemento “esperable” puede retrasar ajustes necesarios en los cuidados.
La úlcera venosa crónica también puede asociarse a desánimo, vergüenza por el aspecto de la extremidad, restricción social o sensación de dependencia. La visita domiciliaria permite detectar estas dimensiones con mayor sensibilidad. Cuando se observan dificultades emocionales o aislamiento, el papel de Enfermería incluye escucha terapéutica, refuerzo del autocuidado posible y derivación o coordinación con recursos de apoyo si la situación lo aconseja.
Recursos comunitarios y enfoque de equidad
El programa no debe limitarse al binomio paciente-profesional. La identificación de recursos comunitarios resulta especialmente útil en personas mayores, con escasa red de apoyo o con dificultades socioeconómicas. Según el entorno, puede ser pertinente activar trabajo social sanitario, apoyo domiciliario, asociaciones de pacientes, programas comunitarios de ejercicio adaptado o dispositivos de seguimiento de cronicidad.
La equidad en salud obliga a considerar que no todas las personas pueden cumplir del mismo modo las indicaciones recibidas. El coste indirecto de los desplazamientos, la soledad, la precariedad de la vivienda o la imposibilidad de manipular adecuadamente los materiales son factores que condicionan la adherencia. Integrar estas circunstancias en el plan educativo evita responsabilizar en exceso al paciente por dificultades que en realidad responden a determinantes sociales y funcionales.
Evaluación del aprendizaje y del desempeño en domicilio
La evaluación se desarrolla de forma continua. Entre los criterios cualitativos de seguimiento cabe valorar si la persona describe con sus palabras el motivo de las principales medidas indicadas, si muestra habilidades básicas de cuidado seguro acordes con su nivel de autonomía, si identifica señales de alarma, si mantiene hábitos posturales y de movilidad pactados y si utiliza los apoyos disponibles cuando no puede realizar una tarea por sí misma.
La adherencia no debe entenderse solo como obediencia, sino como capacidad sostenida para integrar cuidados en la rutina diaria. En este sentido, una intervención educativa resulta más útil cuando el paciente participa en la toma de decisiones, reconoce barreras concretas y acuerda metas asumibles. La reevaluación periódica permite reformular objetivos, simplificar mensajes y reforzar la continuidad de cuidados tras cambios clínicos o sociales.
Discusión/Conclusiones
La educación domiciliaria en la úlcera venosa crónica aporta un marco especialmente adecuado para el trabajo enfermero porque sitúa el cuidado allí donde realmente se produce. Frente a modelos centrados exclusivamente en la cura local, este enfoque incorpora la experiencia del paciente, la observación del entorno y la negociación de medidas viables. Ello favorece una atención más realista y puede mejorar la continuidad terapéutica, sobre todo en procesos prolongados.
Una de las principales fortalezas del abordaje domiciliario es la posibilidad de individualizar. El profesional puede ajustar el contenido educativo a la funcionalidad, a las condiciones de la vivienda, a la participación de la familia y a las dificultades concretas que interfieren con la adherencia. Esta adaptación es especialmente relevante en personas mayores, con comorbilidad, fragilidad o escasa alfabetización en salud, en quienes las recomendaciones generales descontextualizadas suelen resultar poco efectivas.
También debe reconocerse que la educación, por sí sola, no resuelve todos los problemas asociados a la úlcera venosa. La evolución de la lesión depende de múltiples factores clínicos y sociales, y el programa educativo debe integrarse en un plan de cuidados más amplio, coordinado y revisable. Además, algunas barreras —como la soledad no deseada, la pobreza o determinadas limitaciones físicas— requieren respuestas interdisciplinares y comunitarias que exceden la actuación enfermera aislada.
Desde una perspectiva práctica, la intervención educativa resulta más útil cuando se plantea como proceso longitudinal. Los mensajes breves, repetidos y adaptados suelen ofrecer mejores resultados que la información abundante concentrada en una sola visita. La participación del cuidador, la observación directa de cómo se realizan los cuidados y la comprobación del aprendizaje son elementos que aumentan la consistencia del programa.
La incorporación de recursos comunitarios y la mirada de equidad en salud amplían el alcance del cuidado. No basta con enseñar técnicas o hábitos; es necesario valorar si la persona dispone de apoyos para sostenerlos. Enfermería comunitaria, por su proximidad al domicilio y por su posición de enlace entre paciente, familia y sistema sanitario, ocupa un lugar relevante para detectar estas necesidades y canalizar respuestas.
En síntesis, un programa de educación domiciliaria para el autocuidado de la úlcera venosa crónica puede contribuir a mejorar la participación del paciente, la seguridad en el manejo cotidiano y la continuidad asistencial. Su desarrollo requiere valoración individual, seguimiento periódico, lenguaje comprensible y coordinación con la red comunitaria. Más que transmitir instrucciones, implica acompañar a la persona en la construcción de cuidados posibles, sostenibles y coherentes con su realidad diaria.
Conflicto de intereses
Los autores declaran que no existen conflictos de intereses personales, profesionales o económicos relacionados con este trabajo.
Financiación
La realización de este trabajo no recibió ayudas económicas ni financiación institucional específica.
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