Educación enfermera sobre prevención de infección por catéter venoso central en UCI

Nursing education on prevention of central venous catheter infection in the ICU

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 10 – Octubre 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 10:473

Autor principal (primer firmante): Rosa Beltrán Jiménez

Fecha recepción: 29/08/26

Fecha aceptación: 29/09/26

Fecha de publicación: 03/10/26

Ref.: CADICE. 2026;1(10):473

Autores:
Rosa Beltrán Jiménez
Enrique Salas Ortega
Ángela Medina Pardo
Carlos Vega Roldán

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Catéter venoso central; Cuidados críticos; Técnica aséptica; Familia; Unidades de cuidados intensivos; Monitorización fisiológica; Educación para la salud; Educación del paciente; Bacteriemia; Control de infecciones

Keywords: Central Venous Catheters; Critical Care; Aseptic Technique; Family; Intensive Care Units; Monitoring, Physiologic; Health Education; Patient Education; Bacteremia; Infection Control

Resumen

Introducción: La utilización del catéter venoso central forma parte de la práctica habitual en las unidades de cuidados intensivos por su utilidad para la monitorización, la administración de fármacos y el soporte hemodinámico o nutricional. Sin embargo, su presencia también se asocia a complicaciones infecciosas que incrementan la complejidad del proceso asistencial. En este contexto, la educación enfermera constituye una intervención relevante para reforzar prácticas seguras, favorecer la participación informada de pacientes y familias cuando la situación clínica lo permite, y sostener una cultura de prevención integrada en los cuidados diarios.

Objetivos: Diseñar un programa de educación para la salud orientado a la prevención de la infección asociada al catéter venoso central en UCI, identificando población diana, contenidos prioritarios, metodología docente, papel de Enfermería y criterios de evaluación del aprendizaje y de la adherencia a prácticas seguras.

Metodología: Se desarrolla una propuesta estructurada de intervención educativa de carácter profesional, aplicable al entorno de cuidados críticos. El programa se organiza a partir de necesidades frecuentes de información y de participación detectables en pacientes portadores de catéter venoso central, familiares y profesionales de nueva incorporación. Se contemplan sesiones breves, educación oportunista al pie de cama, refuerzo visual y verificación de la comprensión mediante observación y devolución verbal.

Resultados: El programa prioriza contenidos sobre finalidad del dispositivo, medidas de higiene de manos, técnica aséptica, manipulación segura, reconocimiento precoz de signos de alerta, limitación de manipulaciones innecesarias y comunicación eficaz con el equipo. Se propone una intervención flexible, adaptada al nivel de conciencia del paciente, a la carga emocional de la familia y al contexto asistencial de la UCI. Enfermería asume un papel central en la valoración educativa, la enseñanza, la supervisión de prácticas, la detección de barreras y la continuidad del mensaje preventivo durante todo el ingreso.

Discusión/Conclusiones: La educación enfermera en torno al catéter venoso central no debe entenderse como una actividad aislada, sino como un componente transversal de la seguridad del paciente. Su utilidad puede aumentar cuando se integra en los cuidados rutinarios, se adapta a la situación clínica y se acompaña de un entorno organizativo coherente con la prevención de infecciones. La implicación de la familia, cuando procede, puede contribuir a una vigilancia más atenta y a una mejor comunicación de incidencias, siempre dentro de los límites de seguridad y del criterio profesional.

Abstract

Introduction: Central venous catheters are commonly used in intensive care units because they are necessary for monitoring, drug administration, and advanced supportive therapies. Nevertheless, their use is also linked to infectious complications that may increase care complexity. In this setting, nurse-led education is a relevant strategy to reinforce safe practices, support informed participation by patients and relatives whenever feasible, and sustain a preventive approach embedded in daily care.

Objectives: To design a health education programme focused on preventing central venous catheter-related infection in the intensive care setting, identifying the target population, core educational contents, teaching methods, the nursing role, and criteria for assessing learning and adherence to safe care practices.

Methodology: A structured professional educational intervention is presented for use in critical care. The programme is based on frequent informational and participatory needs that may be identified in patients carrying a central venous catheter, family members, and newly incorporated staff. It combines short sessions, bedside opportunistic education, visual reinforcement, and confirmation of understanding through verbal feedback and observation.

Results: The programme emphasizes the purpose of the device, hand hygiene, aseptic technique, safe handling, early recognition of warning signs, avoidance of unnecessary manipulation, and effective communication with the care team. A flexible intervention is proposed, adapted to the patient’s level of consciousness, the family’s emotional burden, and the specific intensive care context. Nursing plays a central role in educational assessment, teaching, supervision of practices, identification of barriers, and continuity of preventive messages throughout admission.

Discussion/Conclusions: Nurse-led education regarding central venous catheters should not be approached as an isolated task, but as a cross-cutting component of patient safety. Its value may increase when integrated into routine care, tailored to the clinical situation, and supported by an organizational environment consistent with infection prevention. Family involvement, when appropriate, may contribute to closer observation and earlier communication of incidents, always within safety boundaries and professional judgement.

Introducción

El catéter venoso central constituye un recurso habitual en las unidades de cuidados intensivos, donde permite administrar medicación vasoactiva, nutrición parenteral, fluidoterapia compleja y tratamientos incompatibles con accesos periféricos, además de facilitar determinados procedimientos de monitorización fisiológica. Su utilización responde a necesidades clínicas relevantes, pero también introduce riesgos que exigen vigilancia continuada. Entre ellos, la infección relacionada con el dispositivo ocupa un lugar destacado por sus implicaciones en la evolución del paciente, la duración de los cuidados y la carga asistencial del equipo.

La prevención de la infección asociada al catéter no depende de un único momento técnico, como la inserción, sino de un conjunto de decisiones y conductas mantenidas en el tiempo: higiene de manos, manipulación mínima, conservación de la integridad del sistema, observación del punto de inserción, mantenimiento adecuado del apósito y retirada del dispositivo cuando deja de estar indicado. Muchas de estas actividades forman parte del cuidado enfermero cotidiano y se realizan en un entorno especialmente exigente, marcado por la gravedad clínica, la urgencia terapéutica y la presencia de múltiples dispositivos invasivos.

En la UCI, la educación para la salud presenta singularidades propias. El paciente puede encontrarse sedado, con deterioro del nivel de conciencia o incapacidad transitoria para participar. La familia, a su vez, atraviesa una situación de vulnerabilidad emocional y suele recibir gran cantidad de información en un periodo breve. Aun así, ambos pueden convertirse en aliados relevantes para la prevención si se ofrece una información clara, proporcionada y adaptada al momento clínico. En pacientes conscientes, explicar la finalidad del catéter, la necesidad de evitar manipulaciones o tracciones y la importancia de avisar ante molestias o cambios visibles puede favorecer una participación segura. En familiares, la educación puede facilitar una observación más atenta, reducir conductas que interfieran en el cuidado y mejorar la comunicación con el equipo.

La educación enfermera no sustituye a las medidas de control de infecciones ni a los protocolos institucionales, pero sí puede reforzar su aplicación mediante un enfoque comprensible, continuo y centrado en la práctica real. Además, resulta útil no solo para pacientes y familias, sino también para profesionales de nueva incorporación o en proceso de adaptación a cuidados críticos. En este sentido, la intervención educativa adquiere una doble dimensión: asistencial y organizativa. Asistencial, porque orienta al paciente y su entorno inmediato; organizativa, porque contribuye a sostener una cultura de seguridad basada en prácticas compartidas y mensajes coherentes.

Plantear un programa de educación sobre prevención de infección por catéter venoso central en UCI implica reconocer que el aprendizaje en este ámbito no suele producirse en una sesión única. Requiere repetición, adaptación al estado clínico, priorización de mensajes y evaluación de la comprensión. También exige prudencia: no toda la información es pertinente en cualquier fase del ingreso ni toda familia está en condiciones de asumir el mismo grado de participación. La intervención debe individualizarse, respetar la carga emocional del contexto y mantener siempre el liderazgo profesional en la toma de decisiones sobre el dispositivo.

Objetivos

El objetivo general es diseñar un programa de educación enfermera dirigido a prevenir la infección asociada al catéter venoso central en pacientes ingresados en UCI, incorporando la participación del paciente y de la familia cuando resulte clínicamente apropiado.

Como objetivos específicos se plantean los siguientes:

  • Identificar las necesidades educativas más relevantes relacionadas con el manejo seguro del catéter venoso central en el entorno de cuidados críticos.
  • Definir contenidos prioritarios sobre técnica aséptica, higiene de manos, manipulación segura, vigilancia del punto de inserción y comunicación de signos de alerta.
  • Establecer una metodología docente breve, flexible y compatible con la dinámica de la UCI.
  • Delimitar el papel de Enfermería en la valoración educativa, la enseñanza, el refuerzo y la evaluación del aprendizaje.
  • Favorecer la participación informada de la familia dentro de los límites de seguridad asistencial y del criterio del equipo.
  • Proponer criterios cualitativos de evaluación orientados a la comprensión, la adherencia observada y la integración del mensaje preventivo en los cuidados diarios.

Metodología

Se presenta una propuesta de programa de educación para la salud dirigida al ámbito de cuidados críticos, centrada en la prevención de infección relacionada con el catéter venoso central. El diseño responde a un enfoque práctico y asistencial, con aplicación preferente en pacientes portadores de este dispositivo durante su estancia en UCI. La intervención no se plantea como protocolo universal cerrado, sino como una guía de trabajo adaptable a la organización de cada unidad, a los procedimientos vigentes y a la situación clínica concreta.

Población diana

La población principal está formada por pacientes adultos ingresados en UCI portadores de catéter venoso central, siempre que su estado de conciencia, capacidad de comunicación y situación hemodinámica permitan la interacción educativa. De forma complementaria, se incluye a familiares o personas de apoyo implicadas en el acompañamiento, especialmente cuando participan en periodos de presencia prolongada o van a continuar el proceso de información tras el alta de la unidad. También puede resultar útil para profesionales de nueva incorporación que precisan homogeneizar mensajes básicos de seguridad alrededor del dispositivo.

Principios de diseño del programa

La propuesta se basa en varios principios. En primer lugar, brevedad y oportunidad: en UCI la educación suele ser más efectiva cuando se realiza en momentos cortos, vinculados a cuidados concretos y ajustados a la tolerancia del paciente o la familia. En segundo lugar, progresividad: la información se dosifica y se repite según necesidades, evitando sobrecarga cognitiva. En tercer lugar, coherencia interdisciplinar: el contenido transmitido por Enfermería debe mantenerse alineado con las decisiones clínicas del equipo. Finalmente, verificabilidad: no basta con informar; conviene comprobar qué se ha entendido, qué dudas persisten y qué conductas pueden corregirse.

Recursos y formato de intervención

El programa combina distintos recursos: explicación verbal al pie de cama, demostración durante los cuidados, recordatorios visuales simples y evaluación informal de la comprensión. Cuando la unidad dispone de materiales escritos o infografías adaptadas, estos pueden utilizarse como apoyo, siempre que no sustituyan la interacción directa. El lenguaje debe ser claro, no técnico en exceso para pacientes y familias, y centrado en conductas observables. En el caso de profesionales en proceso de acogida, puede emplearse terminología más específica relacionada con mantenimiento del sistema, asepsia y vigilancia clínica.

Se recomienda estructurar la intervención en tres momentos: valoración inicial de necesidades, enseñanza y refuerzo secuencial, y reevaluación. La valoración inicial incluye estado del paciente, presencia de dolor o ansiedad, capacidad de atención, comprensión del idioma, disponibilidad familiar, experiencias previas con dispositivos invasivos y posibles barreras sensoriales o emocionales. A partir de esa valoración, Enfermería decide qué contenidos priorizar, en qué momento y con qué nivel de profundidad.

Planificación temporal

La planificación puede organizarse desde las primeras horas tras la estabilización clínica y mantenerse durante toda la estancia. No es necesario concentrar toda la educación al inicio. De hecho, en muchos casos resulta más útil distribuirla en microintervenciones asociadas a situaciones concretas: cambio de apósito, revisión del punto de inserción, higiene del paciente, administración de medicación o explicación de medidas de seguridad antes de la movilización. Esta secuencia facilita que la información se perciba como parte del cuidado real y no como un discurso desconectado de la experiencia del ingreso.

Resultados

El resultado principal del programa es la definición de una intervención educativa aplicable a la UCI, centrada en mensajes preventivos esenciales y en el papel continuado de Enfermería como referente de seguridad. Sus componentes se describen a continuación.

Contenidos educativos prioritarios

El primer bloque aborda la finalidad del catéter venoso central. Comprender por qué se ha colocado y para qué se utiliza ayuda a que el paciente y la familia otorguen sentido a las medidas de protección del dispositivo. Esta información debe incluir, de forma sencilla, que se trata de un acceso venoso que requiere manipulación controlada y vigilancia por parte del equipo.

Un segundo bloque se centra en la higiene de manos y en la técnica aséptica. En pacientes y familias no se pretende trasladar una responsabilidad técnica que compete al profesional, sino promover conductas compatibles con un entorno seguro: higiene de manos antes y después del contacto, evitar tocar conexiones o apósitos y advertir si observan manipulaciones accidentales o desplazamientos. En profesionales de nueva incorporación, el contenido puede ampliarse a la secuencia de preparación del material, mantenimiento de campo limpio y minimización de interrupciones durante el procedimiento.

El tercer bloque se refiere a la manipulación segura del sistema. Debe explicarse que el catéter no debe utilizarse fuera de las indicaciones del equipo y que cualquier desconexión, tracción o humedad del apósito requiere comunicación inmediata. En pacientes conscientes resulta útil insistir en evitar movimientos bruscos del segmento corporal implicado cuando ello comprometa la estabilidad del dispositivo y en solicitar ayuda antes de cambios posturales complejos.

Otro contenido esencial es la vigilancia de signos de alerta. Sin formular diagnósticos ni inducir alarma innecesaria, se puede enseñar a reconocer elementos que merecen aviso: enrojecimiento, dolor, exudado, sangrado, mal estado del apósito, despegamiento, fiebre o escalofríos en un contexto compatible, o cualquier cambio inesperado en la zona de inserción. La finalidad es mejorar la detección precoz y la comunicación con el equipo, no delegar la valoración clínica.

Finalmente, el programa incorpora mensajes sobre la importancia de revisar de forma continuada la necesidad del dispositivo y de reducir manipulaciones innecesarias. En el plano educativo, esto se traduce en una cultura de preguntas pertinentes y observación responsable: pacientes y familias pueden comprender que menos manipulaciones suelen equivaler a mayor seguridad, siempre que se mantenga la indicación clínica del catéter.

Papel de Enfermería en la intervención

Enfermería ocupa una posición central porque integra observación clínica, cuidado técnico y comunicación terapéutica. El profesional de Enfermería valora la idoneidad del momento educativo, adapta el lenguaje, selecciona contenidos, refuerza conductas seguras y detecta barreras que dificultan la comprensión. También actúa como elemento de continuidad entre turnos, evitando mensajes contradictorios y manteniendo la prevención de infecciones como parte explícita del plan de cuidados.

Durante los procedimientos relacionados con el catéter, la actuación enfermera tiene además un valor demostrativo. La forma de preparar el material, preservar la asepsia, explicar lo que se está haciendo y responder a preguntas contribuye a modelar conductas y a consolidar confianza. Esta dimensión pedagógica del cuidado técnico resulta especialmente visible en la UCI, donde la familia suele observar con atención la actividad asistencial y extraer conclusiones sobre qué prácticas son aceptables o esperables.

Metodología docente aplicada al entorno UCI

La enseñanza se articula mediante intervenciones breves, contextualizadas y repetidas. Una estrategia útil consiste en iniciar con una explicación muy básica tras la colocación o tras la estabilización del paciente, continuar con refuerzos al realizar cuidados del dispositivo y revisar la comprensión de forma periódica. En lugar de sesiones extensas, suelen ser más eficaces mensajes concretos como la necesidad de no tocar el apósito, avisar si se despega o mantener las manos limpias antes del contacto cercano.

La demostración directa y la devolución verbal son recursos especialmente válidos. El paciente o el familiar puede repetir con sus palabras qué aspectos debe observar y cuándo avisar. Este procedimiento permite identificar malentendidos sin generar sensación de examen. En personas con elevada carga emocional, la intervención puede limitarse inicialmente a uno o dos mensajes esenciales y ampliarse más adelante si la situación lo permite.

Participación de la familia

La familia no asume funciones técnicas sobre el catéter, pero puede desempeñar un papel colaborador en la prevención cuando recibe orientación precisa. Su participación debe ser delimitada con claridad: observar sin manipular, comunicar incidencias, respetar las medidas de higiene y comprender por qué ciertas restricciones son necesarias. Esta implicación puede favorecer una alianza terapéutica más sólida y reducir conductas bienintencionadas pero inseguras, como recolocar de forma espontánea una sábana enganchada al sistema o intentar acomodar el apósito.

No obstante, la participación familiar debe individualizarse. Hay situaciones de alta inestabilidad clínica, sobrecarga emocional intensa, barreras idiomáticas o conflicto familiar en las que la prioridad será un mensaje muy básico o incluso el aplazamiento de la intervención educativa. El criterio profesional resulta determinante para ajustar la información al contexto.

Evaluación del aprendizaje y de la adherencia

La evaluación del programa puede realizarse de manera cualitativa mediante varios indicadores observacionales. Entre ellos, la capacidad del paciente o familiar para explicar la finalidad del dispositivo, identificar al menos algunos signos de alerta, respetar la no manipulación del sistema y avisar de incidencias relacionadas con el apósito o la zona de inserción. En los profesionales de nueva incorporación, la evaluación puede orientarse a la correcta secuencia de preparación, mantenimiento de la asepsia y consistencia en los mensajes transmitidos.

También es útil valorar la integración de la educación en la rutina asistencial: registro de la intervención educativa, continuidad entre turnos, utilización de mensajes homogéneos y presencia de recordatorios visuales cuando estén disponibles. La adherencia no debe entenderse únicamente como cumplimiento del paciente o de la familia, sino como coherencia del propio equipo para sostener el programa en el tiempo.

Posibles barreras y medidas de adaptación

Entre las barreras más frecuentes figuran la sedación, el delirium, la fatiga, la ansiedad, el dolor, la sobreinformación, las limitaciones sensoriales y la escasa disponibilidad de tiempo asistencial. A nivel organizativo pueden añadirse rotación de personal, diferencias en estilos comunicativos o ausencia de materiales de apoyo. Para afrontarlas, conviene simplificar los mensajes, priorizar los contenidos indispensables, repetir la información en distintos momentos y documentar lo ya enseñado para evitar duplicidades o contradicciones.

La adaptación cultural y lingüística también merece atención. La comprensión de conceptos como asepsia, contaminación o manipulación segura puede variar notablemente según la experiencia previa de cada familia con el sistema sanitario. El uso de intérprete cuando sea posible, materiales comprensibles y lenguaje no ambiguo puede mejorar la efectividad del programa.

Discusión/Conclusiones

La prevención de la infección asociada al catéter venoso central en UCI suele abordarse desde una perspectiva técnica, centrada en inserción, mantenimiento y vigilancia. Sin embargo, el componente educativo merece una consideración específica porque contribuye a sostener prácticas seguras más allá del gesto puntual. La educación enfermera permite conectar la dimensión técnica con la experiencia cotidiana del paciente y de la familia, traduciendo medidas complejas en conductas comprensibles y colaborativas.

Uno de los principales valores del programa descrito radica en su integración en el cuidado diario. En la UCI, la educación no suele funcionar bien como actividad separada del resto de intervenciones. Resulta más útil cuando acompaña a los cuidados, se ofrece en momentos clínicamente oportunos y se reformula según cambian el estado del paciente y la disponibilidad familiar. Este enfoque reduce la distancia entre información y práctica, y facilita que el mensaje preventivo se mantenga visible durante todo el ingreso.

La participación de la familia, con frecuencia poco desarrollada en los programas clásicos de prevención de infecciones, puede aportar beneficios si se encuadra adecuadamente. No se trata de transferir responsabilidades técnicas ni de generar vigilancia informal sustitutiva del equipo, sino de mejorar la comunicación, favorecer la detección precoz de incidencias y reducir interferencias involuntarias en el manejo del dispositivo. La utilidad de esta colaboración dependerá del contexto, de la estabilidad clínica y de la capacidad de cada familia para asumir información en una situación de alta carga emocional.

La propuesta también subraya la necesidad de considerar la educación como una competencia relacional y de seguridad propia de Enfermería. La capacidad para explicar, escuchar, observar barreras y reforzar conductas seguras forma parte del cuidado experto en cuidados críticos. No es una tarea secundaria ni meramente informativa. Cuando se ejerce de forma sistemática, puede mejorar la calidad percibida, favorecer la continuidad asistencial y reforzar la cultura preventiva de la unidad.

Entre las limitaciones del programa debe reconocerse que su implantación depende en gran medida del contexto organizativo. La presión asistencial, la complejidad de los pacientes, la variabilidad en las políticas de visitas y la disponibilidad de recursos educativos condicionan su desarrollo. Por ello, la propuesta requiere adaptación local, liderazgo enfermero y coordinación con los procedimientos vigentes de control de infecciones.

Como síntesis práctica, la educación enfermera sobre el catéter venoso central en UCI puede entenderse como una intervención de apoyo a la seguridad del paciente, especialmente valiosa cuando se individualiza, se integra en la rutina y mantiene mensajes breves, consistentes y observables. Su potencial no reside en añadir información por sí misma, sino en mejorar la comprensión del cuidado y favorecer un entorno asistencial más atento a la prevención de la infección.

Conflicto de intereses

No se identifican conflictos de intereses por parte de los autores en relación con el tema tratado en este artículo.

Financiación

No se ha recibido financiación externa para el desarrollo, redacción o publicación del presente trabajo.

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