Sleep education for a person with chronic insomnia and work stress
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:253
Autor principal (primer firmante): Lucía Ortega Ramos
Fecha recepción: 19/07/26
Fecha aceptación: 13/08/26
Fecha de publicación: 20/08/26
Ref.: CADICE. 2026;1(8):253
Autores:
Lucía Ortega Ramos
Sergio Martín Delgado
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Cuidados de Enfermería; Apoyo psicosocial; Salud mental; Educación sanitaria; Intervención en crisis; Higiene del sueño; Proceso de Enfermería; Estrés laboral; Relaciones enfermera-paciente; Insomnio
Keywords: Nursing Care; Psychosocial Support; Mental Health; Health Education; Crisis Intervention; Sleep Hygiene; Nursing Process; Occupational Stress; Nurse-Patient Relations; Insomnia
Resumen
Introducción: El insomnio crónico asociado al estrés laboral constituye un motivo de consulta frecuente y suele acompañarse de repercusiones funcionales, emocionales y relacionales. En este contexto, la intervención enfermera puede contribuir a una valoración integral del patrón de sueño, a la identificación de factores mantenedores y al desarrollo de estrategias educativas orientadas al autocuidado.
Objetivos: Describir el abordaje enfermero de una persona adulta con insomnio persistente vinculado a sobrecarga laboral, centrado en la educación del sueño, el apoyo psicosocial y el seguimiento evolutivo.
Metodología: Se expone una situación clínica estructurada mediante el proceso de Enfermería. La valoración incluyó entrevista clínica, exploración de hábitos de sueño, análisis de factores laborales y emocionales, repercusión diurna y capacidad de afrontamiento. A partir de esta valoración se planteó un plan de cuidados individualizado con medidas no farmacológicas, educación sanitaria y reevaluación periódica.
Resultados: La persona presentaba dificultades de conciliación y mantenimiento del sueño, fatiga diurna, irritabilidad, preocupación anticipatoria al acostarse y hábitos incompatibles con un descanso reparador. La intervención enfermera se orientó a reorganizar rutinas, mejorar la higiene del sueño, reducir conductas perpetuadoras del insomnio, reforzar la relación terapéutica y favorecer estrategias de afrontamiento del estrés laboral. En el seguimiento se observó mejor comprensión del problema, mayor adherencia a las recomendaciones, disminución de la activación pre-sueño y percepción subjetiva de mejoría.
Discusión/Conclusiones: La educación del sueño integrada en un plan de cuidados enfermero puede resultar útil en personas con insomnio crónico y estrés laboral, especialmente cuando se combina con escucha activa, apoyo psicosocial y continuidad asistencial. El abordaje debe individualizarse, valorar comorbilidades y coordinarse con otros profesionales cuando la situación clínica lo requiera.
Abstract
Introduction: Chronic insomnia associated with occupational stress is a common reason for consultation and is often linked to functional, emotional, and relational impairment. In this context, nursing intervention may contribute to a comprehensive assessment of the sleep pattern, the identification of maintaining factors, and the development of educational self-care strategies.
Objectives: To describe the nursing management of an adult with persistent insomnia related to work overload, focusing on sleep education, psychosocial support, and follow-up.
Methodology: A clinical situation was organized according to the nursing process. Assessment included clinical interview, review of sleep habits, exploration of work-related and emotional factors, daytime impact, and coping capacity. Based on these findings, an individualized care plan was proposed, combining non-pharmacological measures, health education, and periodic reassessment.
Results: The person reported difficulties initiating and maintaining sleep, daytime fatigue, irritability, anticipatory worry at bedtime, and habits inconsistent with restorative sleep. Nursing care focused on restructuring routines, improving sleep hygiene, reducing behaviors that perpetuate insomnia, strengthening the therapeutic relationship, and promoting stress-coping strategies. Follow-up showed better understanding of the problem, improved adherence, lower pre-sleep arousal, and subjective sleep improvement.
Discussion/Conclusions: Sleep education integrated into a nursing care plan may be helpful for people with chronic insomnia and occupational stress, especially when combined with active listening, psychosocial support, and continuity of care. Management should be individualized, include assessment of comorbidities, and involve interprofessional coordination when clinically indicated.
Introducción
El insomnio crónico representa un problema de salud con impacto transversal sobre el bienestar físico, el equilibrio emocional, el rendimiento ocupacional y la calidad de vida. Aunque su expresión clínica puede parecer limitada al ámbito nocturno, sus consecuencias se extienden a la esfera diurna en forma de cansancio persistente, disminución de la concentración, irritabilidad, sensación de ineficacia y deterioro del afrontamiento. Cuando se asocia al estrés laboral, el cuadro suele adquirir una dinámica de mantenimiento en la que se combinan hiperactivación cognitiva, preocupación anticipatoria, prolongación de la jornada mental más allá del horario de trabajo y adopción de hábitos compensatorios poco saludables.
Desde la perspectiva enfermera, el sueño no puede valorarse de manera aislada. La calidad del descanso se relaciona con el entorno, las rutinas, las demandas familiares y profesionales, la salud mental percibida, el apoyo social, la gestión emocional y el significado que la persona atribuye a su dificultad para dormir. La consulta de Enfermería ofrece un espacio especialmente adecuado para explorar estos factores, identificar necesidades de educación sanitaria y promover cambios conductuales sostenibles. Además, la relación terapéutica puede reducir la sensación de descontrol que con frecuencia acompaña al insomnio prolongado.
El estrés laboral constituye un factor de vulnerabilidad relevante. Las cargas de trabajo elevadas, la presión por objetivos, la conectividad permanente, la dificultad para desconectar tras la jornada y la percepción de escaso margen de control favorecen una activación sostenida que interfiere con la conciliación del sueño. A ello se añaden, en muchos casos, conductas compensatorias como el aumento del consumo de café, el uso nocturno de pantallas, la permanencia prolongada en la cama intentando dormir o la variabilidad excesiva de horarios durante los días no laborables. Estas respuestas, inicialmente orientadas a mitigar el malestar, pueden contribuir a perpetuar el problema.
La educación del sueño forma parte de las intervenciones no farmacológicas con mayor aplicabilidad en la práctica enfermera. No se limita a ofrecer recomendaciones generales, sino que exige partir de una valoración individual, detectar creencias erróneas sobre el descanso, pactar objetivos realistas y acompañar la puesta en marcha de cambios graduales. En personas con insomnio crónico, la información aislada suele ser insuficiente si no se integra en un proceso de seguimiento y apoyo. La enfermera puede actuar como profesional de referencia para ordenar la experiencia del paciente, reforzar la autoobservación y facilitar la adherencia.
El presente artículo desarrolla una situación clínica centrada en una persona adulta con insomnio crónico y estrés laboral. El interés del caso reside en mostrar cómo el proceso de Enfermería permite articular la valoración del sueño, el apoyo psicosocial y la educación sanitaria sin reducir el problema a un único síntoma. El análisis se orienta a la práctica clínica y a la toma de decisiones prudente en entornos asistenciales donde la demanda por alteraciones del sueño es frecuente.
Objetivos
Describir un abordaje enfermero integral en una persona con insomnio crónico asociado a estrés laboral, centrado en la valoración del patrón de sueño, la identificación de factores mantenedores y la implementación de educación sanitaria individualizada.
De forma específica, se plantean los siguientes objetivos:
- Analizar la repercusión del insomnio sobre el funcionamiento diurno, el estado emocional y la actividad laboral.
- Identificar hábitos, creencias y conductas que puedan interferir con un sueño reparador.
- Explorar el papel del estrés ocupacional y de la activación cognitiva en el mantenimiento del problema.
- Planificar intervenciones enfermeras orientadas a la higiene del sueño, la autorregulación y el afrontamiento.
- Favorecer la participación activa de la persona en el plan de cuidados mediante una relación terapéutica de apoyo.
- Valorar la evolución clínica a corto plazo y los criterios que harían recomendable ampliar la coordinación interdisciplinar.
Metodología
Se expone una situación clínica del ámbito ambulatorio estructurada mediante el proceso de Enfermería. El abordaje se organizó en torno a cinco elementos: valoración inicial, identificación de problemas de cuidados, establecimiento de objetivos, planificación de intervenciones y seguimiento evolutivo. El caso se centra en la práctica enfermera habitual ante un motivo de consulta relacionado con alteración persistente del sueño y malestar asociado.
La valoración inicial se realizó mediante entrevista clínica semiestructurada. Se exploraron la demanda principal, el tiempo de evolución, las características del insomnio, los horarios de sueño y vigilia, la latencia de inicio del sueño, los despertares nocturnos, la sensación de descanso al despertar y la repercusión en la vida diaria. Se recogieron también antecedentes de salud de interés, consumo habitual de sustancias estimulantes, automedicación referida por la persona, presencia de síntomas ansiosos o afectivos, contexto familiar y características del entorno de descanso.
De manera específica se valoraron factores laborales potencialmente relacionados con el problema: extensión de la jornada, trabajo fuera del horario ordinario, nivel de exigencia percibida, dificultad para desconectar, exposición continuada a dispositivos electrónicos y expectativas de rendimiento. Esta información se complementó con la observación de la respuesta emocional durante la entrevista, el lenguaje utilizado para describir el sueño y la percepción de autoeficacia para modificar hábitos.
La planificación de cuidados se orientó hacia intervenciones no farmacológicas susceptibles de aplicarse desde Enfermería, con educación sanitaria, apoyo psicosocial y revisión periódica. Se propusieron medidas escalonadas y pactadas con la persona, evitando recomendaciones excesivas o difíciles de incorporar de forma simultánea. El seguimiento se centró en la evolución subjetiva del descanso, la adherencia a los cambios propuestos, la reducción de conductas desadaptativas y la detección de signos que aconsejaran derivación o coordinación con otros profesionales.
El desarrollo del caso se presenta con finalidad clínica y docente, preservando la confidencialidad mediante el uso de iniciales ficticias y datos generales no identificables.
Resultados
Presentación de la situación clínica
M.R., mujer de 43 años, administrativa en una empresa de servicios, acudió a consulta de Enfermería por dificultad persistente para dormir desde hacía varios meses, con empeoramiento progresivo. Refería conciliación tardía del sueño, despertares frecuentes durante la noche y sensación de no haber descansado al levantarse. Describía cansancio matutino, cefalea opresiva ocasional, dificultad para concentrarse en tareas habituales, irritabilidad con su entorno familiar y temor creciente a la llegada de la noche. No relataba cambios recientes en su estado de salud física que explicaran por sí solos el cuadro.
En la entrevista señaló un periodo prolongado de elevada carga laboral, con incremento de responsabilidades, recepción continua de mensajes fuera del horario de trabajo y sensación de no llegar a las demandas de la organización. Comentaba que al acostarse seguía repasando tareas pendientes, anticipando errores o imaginando conversaciones futuras con compañeros y responsables. Reconocía uso del teléfono móvil en la cama, consumo elevado de café durante la mañana y parte de la tarde, y tendencia a permanecer acostada más tiempo del habitual los fines de semana para compensar el cansancio acumulado.
Había comenzado a asociar la cama con frustración. Manifestaba que “cuanto más intento dormir, más me desvelo”, expresión coherente con una elevada activación pre-sueño. En ocasiones encendía la televisión de madrugada o revisaba correos electrónicos para distraerse. Durante el día mostraba preocupación por el rendimiento laboral y por las consecuencias de dormir mal, lo que alimentaba un círculo de vigilancia excesiva sobre su propio sueño. Negaba consumo problemático de alcohol u otras sustancias, y no refería ideación autolítica ni síntomas psicóticos. Sí expresaba sensación de desbordamiento emocional y llanto fácil en momentos de sobrecarga.
Valoración enfermera
La valoración permitió identificar una alteración mantenida del patrón de sueño con importante repercusión diurna y coexistencia de factores laborales, cognitivos y conductuales. Entre los elementos más relevantes destacaban la hiperactivación mental al final del día, la falta de límites entre tiempo laboral y tiempo personal, los hábitos inadecuados de higiene del sueño y la consolidación de expectativas negativas respecto a la capacidad para dormir. También se objetivó una necesidad de apoyo emocional, dado que la paciente verbalizaba culpa por no rendir igual que antes y miedo a perder el control de la situación.
Desde el punto de vista funcional, conservaba autonomía para las actividades básicas, aunque refería menor tolerancia al esfuerzo cotidiano y reducción de actividades gratificantes. Había dejado de caminar por la tarde, práctica que anteriormente identificaba como útil para relajarse, por falta de energía. En el ámbito relacional reconocía respuestas bruscas con su pareja e hijos al final del día, seguidas de sentimiento de malestar. La alimentación era irregular durante la semana y con frecuencia cenaba tarde mientras continuaba revisando asuntos del trabajo.
En la exploración enfermera del problema se consideraron como áreas prioritarias de cuidado el deterioro del descanso, la sobrecarga emocional, las dificultades de afrontamiento y el déficit de conocimientos aplicados al manejo conductual del insomnio. No se objetivaron en ese momento signos de urgencia psiquiátrica ni datos de compromiso físico agudo, aunque se estimó necesario mantener vigilancia clínica por la persistencia del problema y su impacto psicosocial.
Planificación de cuidados
Se establecieron objetivos asistenciales realistas y progresivos. En una primera fase se priorizó disminuir la activación asociada al momento de acostarse, mejorar la regularidad de horarios y favorecer una comprensión menos amenazante del problema. Se trabajó con la paciente la idea de que la recuperación del sueño suele requerir tiempo y constancia, evitando generar expectativas de cambio inmediato. También se acordó registrar de forma sencilla la hora de acostarse, despertares percibidos, hora aproximada de levantarse, siestas y consumo de estimulantes, con la finalidad de aumentar la conciencia sobre los patrones reales sin transformar el registro en una fuente adicional de ansiedad.
Los objetivos pactados incluyeron:
- Incrementar la percepción de control sobre las rutinas previas al sueño.
- Reducir conductas que mantuvieran la asociación entre cama y vigilia.
- Favorecer la desconexión progresiva del trabajo en las horas previas al descanso.
- Mejorar el afrontamiento emocional del malestar asociado al insomnio.
- Promover la adherencia a recomendaciones factibles y adaptadas a su realidad laboral y familiar.
Intervenciones enfermeras
La intervención se desarrolló en consultas sucesivas con enfoque educativo y de apoyo. En primer lugar, se ofreció información comprensible sobre la relación entre estrés, activación fisiológica y dificultades para dormir. Se explicó cómo determinados intentos de compensación, aunque comprensibles, podían contribuir al mantenimiento del insomnio: ampliar de forma excesiva el tiempo en cama, alternar mucho los horarios, revisar el móvil de madrugada o utilizar la cama para actividades ajenas al descanso. Esta información se presentó de forma no culpabilizadora, vinculándola a la experiencia concreta de la paciente.
Se trabajaron medidas básicas de higiene del sueño adaptadas a su situación. Se recomendó establecer una hora de levantarse estable, incluso tras una mala noche, disminuir de forma progresiva el consumo vespertino de cafeína, evitar cenas copiosas y retrasadas, reducir la exposición a pantallas en el periodo previo al sueño y reservar la cama para dormir. También se propuso crear una secuencia de transición al descanso con actividades monótonas o relajantes, alejadas de tareas laborales. La paciente eligió lectura ligera en soporte papel, ducha templada y preparación anticipada de la ropa del día siguiente como rituales concretos que percibía viables.
Un aspecto central fue la desconexión laboral. Se acordó delimitar un horario máximo para revisar correos o mensajería profesional y establecer una rutina de cierre del día con anotación breve de pendientes para reducir la rumiación nocturna. La enfermera exploró barreras para este cambio, entre ellas la presión interna por responder de inmediato y el temor a ser considerada poco disponible. El trabajo educativo se orientó a distinguir exigencias reales de autoexigencias internalizadas, reforzando la legitimidad del descanso como necesidad de salud y no como tiempo improductivo.
Se incorporaron técnicas sencillas de autorregulación, como respiración diafragmática, focalización atencional en sensaciones neutras y prácticas breves de relajación antes de acostarse. No se presentaron como solución aislada, sino como apoyo para reducir la activación. Asimismo, se abordaron pensamientos disfuncionales frecuentes en el insomnio, por ejemplo la anticipación catastrófica de las consecuencias de no dormir una noche determinada. A través de la entrevista, se reformularon estas ideas hacia planteamientos más ajustados y menos amenazantes.
La relación enfermera-paciente tuvo un valor terapéutico añadido. La paciente expresó sentirse “por fin escuchada” y dejó de interpretar el problema únicamente como un fracaso personal. Esta alianza facilitó la adherencia, ya que permitió negociar objetivos asumibles y revisar sin juicio las dificultades de implementación. En lugar de insistir en un cumplimiento perfecto, se reforzó cada avance parcial, como adelantar la desconexión digital o evitar permanecer despierta en la cama durante largos periodos.
Evolución y seguimiento
En el seguimiento inicial, M.R. refirió que las primeras noches no mostraron una mejoría clara, lo que generó desánimo. Esta respuesta se abordó como parte esperable del proceso de cambio, insistiendo en la necesidad de mantener la regularidad de las rutinas. A partir de las consultas posteriores manifestó una disminución de la preocupación intensa al acostarse, menor uso del teléfono móvil nocturno y mayor capacidad para detectar cuándo la activación provenía de pensamientos relacionados con el trabajo.
La paciente describió una ligera reducción del tiempo que tardaba en dormirse y algunos despertares nocturnos menos prolongados. Más relevante aún, comenzó a vivir las noches desfavorables con menor sensación de amenaza y menor tendencia a compensar con conductas desorganizadoras al día siguiente. En el plano diurno refirió mejor tolerancia emocional, recuperación parcial de los paseos vespertinos y percepción de mayor claridad mental en la jornada laboral. Persistían episodios de insomnio en semanas de especial sobrecarga, pero con mejor respuesta de afrontamiento.
Durante el seguimiento se insistió en la necesidad de reevaluación médica si aparecían síntomas afectivos de mayor intensidad, uso creciente de fármacos por cuenta propia, somnolencia incapacitante, sospecha de otros trastornos del sueño o deterioro funcional relevante. La continuidad de cuidados se planteó como elemento clave para consolidar cambios y prevenir recaídas asociadas a nuevas fases de estrés ocupacional.
Discusión/Conclusiones
La situación analizada muestra que el insomnio crónico asociado al estrés laboral raramente responde a una causa única. En la práctica clínica, suele sostenerse por la interacción entre demandas externas, estilos de afrontamiento, hábitos cotidianos y significado subjetivo del dormir mal. Esta complejidad justifica una valoración enfermera amplia, que vaya más allá del recuento de horas de sueño y se adentre en la experiencia de la persona, sus rutinas y sus recursos para el autocuidado.
Uno de los elementos de mayor interés es el peso de los factores mantenedores. En el caso presentado, la sobrecarga laboral actuaba como desencadenante, pero la permanencia del cuadro se relacionaba también con conductas aprendidas y con una intensa vigilancia sobre el sueño. La educación sanitaria permitió desactivar parcialmente este círculo, no mediante mensajes normativos, sino a través de una comprensión compartida del problema. Cuando la persona reconoce el vínculo entre activación, hábitos y descanso, aumenta la posibilidad de adherirse a cambios concretos.
El papel de Enfermería resulta particularmente valioso por varias razones. En primer lugar, por la accesibilidad de la consulta y por la posibilidad de establecer continuidad. En segundo lugar, por la capacidad de integrar dimensiones físicas, emocionales y sociales en un mismo plan de cuidados. Y, además, por el potencial de la relación terapéutica para disminuir la culpa y el sentimiento de incapacidad que con frecuencia acompañan al insomnio persistente. La escucha activa y la validación del malestar no son elementos accesorios, sino condiciones que facilitan el cambio conductual.
La educación del sueño debe individualizarse. Recomendaciones correctas en términos generales pueden resultar poco útiles si no se ajustan a las condiciones reales de vida de la persona. En trabajadores con escasa desconexión digital, por ejemplo, no basta con indicar “evite pantallas”; es más operativo negociar una secuencia factible de cierre laboral y explorar resistencias concretas. Del mismo modo, los mensajes centrados únicamente en disciplina del sueño pueden fracasar si no se atiende el trasfondo emocional o la autoexigencia excesiva.
Este abordaje presenta límites. La intervención enfermera no sustituye la valoración diagnóstica cuando existen sospechas de otros trastornos del sueño, comorbilidad psiquiátrica relevante, consumo problemático de sustancias o deterioro funcional importante. Tampoco puede desvincularse del contexto organizacional cuando el estrés laboral obedece a condiciones estructurales mantenidas. En estos supuestos, la coordinación con medicina de familia, salud mental, medicina del trabajo u otros recursos asistenciales puede ser necesaria.
En términos prácticos, el caso sugiere que la mejora clínicamente significativa no siempre se expresa como desaparición completa del insomnio en poco tiempo. En ocasiones, los primeros resultados consisten en una menor activación pre-sueño, mejor manejo de las noches desfavorables, reducción de conductas desadaptativas y recuperación progresiva del sentimiento de control. Estos cambios, aunque discretos, pueden representar una evolución favorable y sientan bases para intervenciones posteriores.
La atención enfermera a personas con insomnio crónico y estrés laboral puede contribuir de forma relevante a la recuperación del descanso cuando combina valoración integral, educación del sueño, apoyo psicosocial y seguimiento. La utilidad del cuidado reside tanto en las recomendaciones sobre hábitos como en la capacidad de acompañar a la persona en la reinterpretación de su problema, en el ajuste de expectativas y en la construcción de rutinas sostenibles. El reto no es solo dormir más, sino recuperar un patrón de autocuidado compatible con la salud mental, la vida cotidiana y las exigencias del entorno.
Conflicto de intereses
Los autores manifiestan que no existe ningún conflicto de intereses que haya podido influir en el contenido del presente trabajo.
Financiación
La elaboración de este artículo no contó con financiación externa pública ni privada.
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