Training in the safe use of mobility assistive devices
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:361
Autor principal (primer firmante): Marina Solís Navarro
Fecha recepción: 10/08/26
Fecha aceptación: 03/09/26
Fecha de publicación: 11/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):361
Autores:
Marina Solís Navarro
Andrés Fernández Rivas
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Proceso de Enfermería; Prevención de caídas; Autonomía personal; Cuidados de Enfermería; Movilidad; Dispositivos de ayuda; Entrenamiento; Planificación de cuidados; Rehabilitación; Actividades de la vida diaria
Keywords: Nursing Process; Accidental Falls; Personal Autonomy; Nursing Care; Mobility Limitation; Self-Help Devices; Training; Patient Care Planning; Rehabilitation; Activities of Daily Living
Resumen
Introducción: El uso de ayudas técnicas para la movilidad forma parte de la atención habitual a personas con limitación funcional transitoria o persistente. Su indicación no garantiza por sí sola un desplazamiento seguro ni una mejor autonomía, ya que el beneficio depende de la adecuación del dispositivo, de la capacidad física y cognitiva de la persona, del entorno y del entrenamiento recibido. Desde Enfermería, la valoración funcional, la educación sanitaria y el seguimiento permiten integrar estas ayudas en un plan de cuidados orientado a reducir riesgos y favorecer la participación en las actividades de la vida diaria.
Objetivos: Describir el abordaje enfermero de una situación clínica centrada en el entrenamiento para el uso seguro de ayudas técnicas para la movilidad, identificar problemas de cuidados asociados y exponer intervenciones dirigidas a prevenir caídas, mejorar la autonomía y facilitar la continuidad asistencial.
Metodología: Se presenta una situación clínica estructurada mediante el proceso de Enfermería. El análisis incluye valoración inicial, identificación de problemas de cuidados, planificación de objetivos, intervención educativa y seguimiento de la evolución funcional en relación con la marcha, las transferencias y el desempeño básico.
Resultados: La intervención enfermera permitió detectar dificultades relevantes en la selección y utilización del dispositivo, inseguridad durante la deambulación, dependencia parcial en actividades básicas y temor a la caída. El entrenamiento progresivo, la adaptación del entorno, la implicación familiar y el refuerzo de pautas de seguridad se asociaron a una ejecución más estable de las transferencias, mejor tolerancia al esfuerzo y mayor confianza para desplazamientos cortos con supervisión decreciente.
Discusión/Conclusiones: El entrenamiento en ayudas técnicas no debe entenderse como una instrucción aislada, sino como un proceso clínico individualizado. La aportación enfermera resulta especialmente relevante para vincular la movilidad con la seguridad del paciente, la prevención de complicaciones y la autonomía funcional. La efectividad del abordaje depende de la reevaluación continuada, de la coordinación interdisciplinar y de la adaptación de las recomendaciones al contexto domiciliario y al nivel real de capacidad de la persona.
Abstract
Introduction: The use of mobility assistive devices is common in patients with temporary or long-term functional limitation. However, prescribing a device does not by itself ensure safe ambulation or improved independence. Outcomes depend on proper device selection, physical and cognitive abilities, environmental conditions, and structured training. From a nursing perspective, functional assessment, patient education and follow-up are essential to integrate these devices into a care plan focused on fall prevention and functional participation.
Objectives: To describe a nursing approach to a clinical situation focused on safe training in mobility assistive devices, to identify related care problems, and to present interventions aimed at preventing falls, improving autonomy, and supporting continuity of care.
Methodology: A clinical situation was organised using the nursing process. The analysis included initial assessment, identification of care problems, goal setting, educational intervention, and follow-up of functional progress related to gait, transfers, and performance in daily activities.
Results: Nursing intervention made it possible to identify relevant difficulties in device selection and use, instability during walking, partial dependence in basic activities, and fear of falling. Progressive training, environmental adaptation, family involvement, and reinforcement of safety measures were associated with more stable transfer performance, better activity tolerance, and increased confidence during short-distance ambulation with decreasing supervision.
Discussion/Conclusions: Training in assistive devices should not be considered an isolated instruction but an individualised clinical process. Nursing plays an important role in linking mobility to patient safety, complication prevention, and functional autonomy. The effectiveness of this approach depends on ongoing reassessment, interdisciplinary coordination, and adaptation of recommendations to the home setting and to the patient’s actual abilities.
Introducción
La limitación de la movilidad condiciona de forma directa la capacidad para realizar actividades básicas, participar en la vida cotidiana y mantener un grado suficiente de autonomía. En la práctica asistencial, esta situación aparece en personas mayores con fragilidad, en pacientes con procesos traumatológicos, neurológicos o musculoesqueléticos y en periodos de recuperación tras enfermedad aguda o cirugía. Cuando el desplazamiento se vuelve inestable o doloroso, las ayudas técnicas pueden contribuir a compensar déficits funcionales y a reducir la carga física durante la marcha y las transferencias. No obstante, su uso sin entrenamiento puede generar nuevas dificultades, como una distribución incorrecta del peso, una mala coordinación del patrón de marcha, sobreesfuerzo en miembros superiores, tropiezos o incremento de la inseguridad.
La indicación de un bastón, unas muletas o un andador suele percibirse como una medida sencilla, pero su incorporación efectiva a la vida diaria requiere valoración clínica y aprendizaje. La persona debe comprender para qué sirve el dispositivo, cuándo debe utilizarlo y qué límites presenta. También necesita adquirir habilidades concretas: regular la altura, sujetarlo adecuadamente, iniciar la marcha de manera secuenciada, girar, sentarse, levantarse, salvar pequeños obstáculos o pedir ayuda cuando la situación supera su capacidad. Estas acciones, aparentemente simples, concentran buena parte del riesgo de caída y de lesión secundaria.
La Enfermería ocupa una posición central en este proceso porque articula la valoración funcional con la educación sanitaria, la observación directa del desempeño y la adaptación de los cuidados al contexto real del paciente. La intervención enfermera no se limita a enseñar una maniobra; incluye detectar barreras sensoriales o cognitivas, valorar la tolerancia al esfuerzo, identificar miedo a la caída, revisar el calzado, observar el entorno físico y coordinar con fisioterapia, terapia ocupacional y familia cuando el caso lo precisa. Además, la continuidad asistencial resulta determinante, ya que una persona puede mostrar un uso correcto del dispositivo en un espacio controlado y, sin embargo, presentar dificultades importantes en el domicilio.
Desde una perspectiva de seguridad del paciente, el entrenamiento en ayudas técnicas se relaciona con la prevención de caídas, la conservación de la capacidad funcional y la reducción de la dependencia evitable. También influye en dimensiones menos visibles, como la confianza, la percepción de autoeficacia y la disposición a retomar actividades de la vida diaria. Por ello, un abordaje enfermero planificado debe integrar la enseñanza, la práctica supervisada, la reevaluación y el acompañamiento en la transición entre niveles asistenciales.
Objetivos
Describir una situación clínica centrada en el entrenamiento enfermero para el uso seguro de ayudas técnicas para la movilidad, mostrando su integración en el proceso de cuidados.
Como objetivos específicos se plantean:
- Valorar los factores clínicos, funcionales y ambientales que influyen en la selección y el manejo del dispositivo de ayuda.
- Identificar problemas de cuidados relacionados con la limitación de la movilidad, el riesgo de caídas y la autonomía en actividades básicas.
- Planificar intervenciones de entrenamiento, educación sanitaria y adaptación del entorno dirigidas a mejorar la seguridad durante la marcha y las transferencias.
- Analizar la evolución funcional tras la intervención enfermera y las necesidades de seguimiento en la continuidad asistencial.
Metodología
Se expone una situación clínica del ámbito de hospitalización de media estancia, estructurada mediante el proceso de Enfermería y orientada al entrenamiento en una ayuda técnica para la movilidad. El caso se desarrolla a partir de una valoración integral con atención a la situación funcional previa, antecedentes de caídas, capacidad de comprensión, equilibrio, fuerza muscular global, tolerancia a la actividad, dolor, estado emocional y apoyo familiar disponible.
La organización del abordaje siguió una secuencia clínica centrada en: recogida de datos, identificación de problemas de cuidados, definición de objetivos funcionales a corto plazo, intervención educativa progresiva y reevaluación diaria de la respuesta del paciente. La observación directa durante las transferencias, la bipedestación y la marcha permitió ajustar la intensidad de la ayuda, el tipo de supervisión y las pautas de seguridad. Se incorporó, además, la valoración del entorno previsto tras el alta, con especial atención a barreras arquitectónicas domésticas, disposición del mobiliario y presencia de cuidador principal.
Para favorecer la aplicabilidad práctica, el análisis se centró en elementos frecuentes en la atención enfermera: enseñanza del uso del dispositivo, protección frente a caídas, promoción de la autonomía, prevención del desacondicionamiento y coordinación con otros profesionales del equipo rehabilitador. La evolución se describió en términos funcionales y de seguridad, evitando plantear el procedimiento como un protocolo cerrado, ya que su implementación debe individualizarse según capacidad basal, patología subyacente y contexto asistencial.
Resultados
Presentación de la situación clínica
Paciente mujer de 78 años, M.R., ingresada para recuperación funcional tras reagudización de dolor en cadera y rodilla con disminución importante de la movilidad. Como antecedentes generales presentaba artrosis avanzada, hipertensión arterial controlada y episodios previos de inestabilidad en la marcha. Antes del deterioro reciente realizaba desplazamientos cortos dentro del domicilio con apoyo en muebles y ayuda ocasional de un familiar para salir a la calle. Durante los días previos al ingreso había reducido de forma marcada su actividad por miedo al dolor y a una posible caída.
En la valoración inicial de Enfermería se observó dependencia parcial para levantarse de la cama y de la silla, dificultad para iniciar la marcha, base de sustentación inestable, fatigabilidad precoz y necesidad de apoyo físico cercano. La paciente refería inseguridad ante cualquier desplazamiento y verbalizaba temor a perder el equilibrio al girar o al pasar por espacios estrechos. Su hija, cuidadora principal, manifestaba dudas sobre qué dispositivo sería más adecuado y cómo ayudar sin aumentar el riesgo. El domicilio era accesible en una sola planta, pero con alfombras, pasillo estrecho y baño sin elementos de apoyo.
Valoración enfermera
La valoración puso de manifiesto varios ejes clínicos de interés. En primer lugar, existía limitación de la movilidad física por dolor mecánico y desacondicionamiento tras un periodo de inactividad. En segundo lugar, se apreciaba un riesgo elevado de incidentes durante la deambulación por alteración del equilibrio, mala estrategia compensatoria y desconocimiento en el uso de ayudas técnicas. A ello se añadía un componente emocional relevante: el miedo a la caída condicionaba la conducta motora, favoreciendo movimientos bruscos, excesiva rigidez y evitación de la actividad.
El análisis funcional mostró que el principal objetivo no era recuperar una marcha comunitaria amplia, sino lograr desplazamientos básicos seguros dentro de la habitación y del futuro entorno domiciliario. La paciente conservaba capacidad suficiente para aprender instrucciones sencillas, colaborar activamente y reconocer situaciones de riesgo. También mostraba buena disposición para participar en el entrenamiento si el dolor se controlaba antes de la movilización y si se le ofrecía supervisión cercana.
Con estos datos, los problemas prioritarios de cuidados se relacionaron con el deterioro de la movilidad, el riesgo de caída, la dependencia parcial en actividades básicas, la intolerancia al esfuerzo moderado y la necesidad de conocimientos prácticos sobre el manejo del dispositivo. El plan de cuidados se orientó a conseguir transferencias seguras, mejora progresiva de la marcha funcional y adquisición de competencias básicas para el uso de un andador como ayuda técnica principal, por ofrecer mayor base de apoyo en la fase inicial.
Planificación de cuidados
Se establecieron objetivos asistenciales de corto recorrido y observables: levantarse de sedestación con indicaciones mínimas, mantener la bipedestación con apoyo estable, iniciar la marcha con secuencia correcta, realizar trayectos cortos con supervisión, identificar riesgos del entorno inmediato y expresar las medidas básicas de seguridad. También se consideró objetivo prioritario disminuir la ansiedad asociada al movimiento, ya que la percepción de amenaza interfería claramente en la ejecución motora.
La planificación incluyó analgesia pautada de acuerdo con la prescripción médica antes de las sesiones de movilización, entrenamiento fraccionado para evitar fatiga excesiva, educación dirigida a paciente y cuidadora, y coordinación con fisioterapia para mantener criterios comunes sobre progresión del esfuerzo y ayudas necesarias. Desde Enfermería se acordó revisar diariamente el ajuste del andador, la técnica empleada y la respuesta clínica, así como registrar incidentes, necesidad de ayuda y grado de autonomía alcanzado.
Intervención enfermera
La intervención comenzó por aspectos básicos de seguridad. Se explicó a la paciente la finalidad del andador y la necesidad de utilizarlo siempre que se levantara, evitando apoyarse en muebles inestables. Se ajustó la altura del dispositivo para facilitar una postura erguida sin elevación excesiva de hombros ni flexión pronunciada del tronco. Antes de iniciar la marcha se entrenó la secuencia de levantarse desde la silla: aproximación al borde, colocación correcta de ambos pies, impulso controlado con apoyos estables y agarre posterior del andador una vez conseguida la bipedestación.
Durante las primeras sesiones, la enfermera proporcionó ayuda física cercana y consignas breves: adelantar el andador a una distancia corta, apoyar con estabilidad, avanzar primero la extremidad más comprometida y después la contralateral, manteniendo ritmo lento y evitando pasos desiguales. Se insistió en no tirar del dispositivo al incorporarse, no caminar con él excesivamente alejado del cuerpo y no girar bruscamente. Para sentarse, se reforzó la necesidad de aproximarse a la superficie, notar el contacto en las piernas, alcanzar los apoyabrazos si estaban disponibles y descender de manera controlada.
Una parte significativa del entrenamiento se destinó a las transferencias y a la movilidad funcional cotidiana. Se practicó el paso cama-silla, la entrada y salida del baño y los giros en espacios reducidos. El aprendizaje se realizó con repeticiones cortas, pausas frecuentes y refuerzo positivo cuando la secuencia era correcta. En paralelo, se revisaron factores modificables del entorno: retirada de alfombras, mejora de la iluminación, calzado cerrado y antideslizante, eliminación de cables visibles y recomendación de instalar puntos de apoyo en zonas de mayor riesgo según valoración domiciliaria posterior.
La educación a la cuidadora se orientó a promover una ayuda segura y no sustitutiva. Se le indicó colocarse en posición de acompañamiento lateral ligeramente posterior, evitar traccionar de los brazos de la paciente y observar signos de fatiga o dolor que hicieran aconsejable detener la actividad. Asimismo, se trabajó la comunicación para disminuir mensajes que aumentaran el miedo, favoreciendo instrucciones simples y consistentes. La implicación familiar resultó útil para mantener la técnica fuera de los momentos formales de entrenamiento y para trasladar al domicilio pautas coherentes.
El abordaje enfermero también contempló la dimensión emocional. La paciente asociaba movimiento con caída inminente, por lo que se utilizaron estrategias de anticipación y control: explicar cada maniobra antes de realizarla, ofrecer contacto de seguridad al inicio, graduar la dificultad y señalar de forma explícita los progresos observados. Esta intervención redujo la evitación y mejoró la disposición a repetir ejercicios funcionales. En varias ocasiones fue necesario reformular el objetivo de la sesión para priorizar calidad del movimiento sobre distancia recorrida, ya que los intentos de avanzar demasiado rápido aumentaban la inestabilidad.
Evolución
Tras varios días de entrenamiento, la paciente pasó de requerir ayuda física relevante para levantarse y caminar unos pocos pasos a realizar transferencias con supervisión cercana y desplazamientos cortos con andador y descansos programados. La secuencia de inicio de la marcha se volvió más fluida, disminuyeron los bloqueos al girar y mejoró la distribución del peso durante la bipedestación. Aunque persistía la necesidad de vigilancia en espacios no conocidos, se observó mayor confianza y mejor tolerancia al esfuerzo en trayectos funcionales dentro de la unidad.
En las actividades básicas, consiguió acceder al baño con ayuda limitada y participar con mayor seguridad en el aseo y el vestido inferior. La cuidadora fue capaz de reproducir las indicaciones principales y de reconocer situaciones en las que debía solicitar apoyo adicional. Antes del alta, se reforzaron las recomendaciones relacionadas con la organización del domicilio, la necesidad de no abandonar el dispositivo por sensación subjetiva de mejoría y la conveniencia de mantener seguimiento por los profesionales implicados en su recuperación funcional.
La evolución no fue lineal. En algunos momentos aparecieron retrocesos relacionados con dolor, cansancio o exceso de confianza, lo que obligó a reajustar la intensidad del entrenamiento. Este aspecto puso de manifiesto la importancia de la reevaluación enfermera continua y de no considerar el aprendizaje como adquirido de forma definitiva tras una única demostración correcta. La observación repetida permitió detectar errores de técnica que reaparecían en situaciones de distracción o prisa, especialmente al sentarse y al atravesar puertas.
Discusión/Conclusiones
La situación descrita muestra que la utilidad de una ayuda técnica depende menos del dispositivo en sí que de su integración en un plan de cuidados centrado en la persona. El andador proporcionó una base de apoyo adecuada para esta paciente, pero solo se convirtió en un recurso terapéutico efectivo cuando fue acompañado de valoración funcional, entrenamiento secuenciado, supervisión y adaptación ambiental. En ausencia de este proceso, el mismo dispositivo podría haber actuado como un elemento de falsa seguridad.
Desde la práctica enfermera, el entrenamiento en movilidad tiene un valor que supera la enseñanza de una técnica concreta. Permite identificar barreras que a menudo pasan desapercibidas en una valoración exclusivamente biomédica: miedo al movimiento, patrones compensatorios ineficaces, ayuda familiar inadecuada, sobrestimación de capacidades o entornos domésticos inseguros. Además, vincula la movilidad con resultados especialmente relevantes para los cuidados, como la prevención de caídas, la conservación de la autonomía y la participación en actividades básicas.
La experiencia clínica sugiere que los mejores resultados se observan cuando el aprendizaje se plantea con metas realistas y funcionales. No siempre es necesario aspirar a grandes distancias o a una independencia completa; en muchos pacientes resulta más útil asegurar trayectos cortos, transferencias seguras y capacidad para pedir ayuda de forma oportuna. Este enfoque reduce frustración, mejora la adherencia y permite priorizar logros significativos para la vida diaria.
Otro elemento destacable es la necesidad de continuidad asistencial. La competencia adquirida en el entorno hospitalario puede perderse si el domicilio introduce obstáculos no previstos o si el cuidador modifica la técnica por comodidad o desconocimiento. Por ello, las recomendaciones deben formularse de manera comprensible, verificando su correcta ejecución y coordinando el seguimiento con los recursos disponibles en rehabilitación, atención primaria o atención domiciliaria según cada caso.
Entre los límites del abordaje debe señalarse que la respuesta al entrenamiento puede variar según el origen de la limitación funcional, el estado cognitivo, la presencia de dolor, la capacidad de aprendizaje y el apoyo social. Tampoco existe una secuencia única válida para todos los pacientes o todos los dispositivos. La elección entre bastón, muletas o andador exige valoración individualizada, y la progresión del entrenamiento debe ajustarse al equilibrio, la fuerza, la resistencia y las condiciones del entorno.
En síntesis, el entrenamiento en el uso seguro de ayudas técnicas para la movilidad constituye una intervención enfermera de alto valor práctico. Su desarrollo ordenado, progresivo y contextualizado puede favorecer desplazamientos más seguros, reducir conductas de riesgo y preservar la autonomía posible. La clave reside en combinar observación clínica, educación, práctica supervisada y seguimiento, manteniendo siempre una perspectiva funcional y centrada en la seguridad del paciente.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.
Financiación
Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.
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