Estandarización de curas de herida quirúrgica abdominal para mejorar continuidad y seguridad

Standardizing abdominal surgical wound care to improve continuity and safety

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:412

Autor principal (primer firmante): Marta Vidal Herrera

Fecha recepción: 16/08/26

Fecha aceptación: 17/09/26

Fecha de publicación: 21/09/26

Ref.: CADICE. 2026;1(9):412

Autores:
Marta Vidal Herrera
Raúl Gómez Salcedo
Irene Campos Núñez
David León Morales
Paula Ríos Fuentes

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Exudados; Gestión de riesgos; Alta del paciente; Seguridad del paciente; Continuidad asistencial; Mejora de la calidad; Cicatrización; Atención hospitalaria; Hospitalización; Herida quirúrgica

Keywords: Exudates and Transudates; Risk Management; Patient Discharge; Patient Safety; Continuity of Patient Care; Quality Improvement; Wound Healing; Hospital Care; Hospitalization; Surgical Wound

Resumen

Introducción: La herida quirúrgica abdominal constituye un proceso de cuidados frecuente en hospitalización y en la transición al alta. La variabilidad en la valoración, en la técnica de cura, en la selección de apósitos y en la documentación clínica puede dificultar la continuidad asistencial y aumentar el riesgo de incidentes relacionados con la detección tardía de complicaciones, la duplicidad de actuaciones o la transmisión incompleta de información entre profesionales y niveles asistenciales.

Objetivos: Proponer un marco de estandarización enfermera para las curas de herida quirúrgica abdominal orientado a mejorar la seguridad del paciente, la continuidad de cuidados, la consistencia del registro y la calidad de la educación al alta.

Metodología: Se desarrolla una propuesta de mejora de calidad con enfoque práctico, aplicable al ámbito hospitalario y a la transición domiciliaria. El planteamiento integra la valoración clínica sistemática de la herida, la definición de elementos mínimos de registro, la secuencia general de la cura, los criterios de comunicación interprofesional y los contenidos esenciales de educación sanitaria. Se formulan indicadores de proceso y resultado de utilidad para seguimiento interno, sin atribuir valores cuantitativos cerrados.

Resultados: La estandarización puede organizar la práctica en torno a cinco ejes: valoración inicial homogénea, técnica de cura coherente con el estado local y el exudado, documentación estructurada, preparación del alta con instrucciones comprensibles y circuitos de comunicación entre dispositivos asistenciales. Esta propuesta permite reducir la variabilidad no justificada, favorecer una toma de decisiones más trazable y facilitar la identificación precoz de signos de alarma. El liderazgo enfermero resulta central tanto en la ejecución de la cura como en la coordinación del proceso y en la capacitación de la persona intervenida y su entorno cuidador.

Discusión/Conclusiones: La estandarización no debe entenderse como una pauta rígida, sino como una herramienta de seguridad adaptable al contexto clínico, al tipo de cirugía y a la evolución de la herida. Su utilidad depende de la formación del equipo, de la disponibilidad de materiales, de un registro clínico útil y de la integración del alta en la continuidad asistencial. Un modelo compartido de valoración y cuidados puede contribuir a mejorar la calidad percibida, la seguridad y la consistencia del cuidado enfermero.

Abstract

Introduction: Abdominal surgical wounds are a common focus of nursing care during hospitalization and after discharge. Variability in wound assessment, dressing technique, product selection and clinical documentation may hinder continuity of care and increase the risk of incidents related to delayed recognition of complications, duplicated interventions or incomplete transfer of information across professionals and care settings.

Objectives: To propose a nursing standardization framework for abdominal surgical wound care aimed at improving patient safety, continuity of care, consistency of documentation and the quality of discharge education.

Methodology: A quality improvement proposal with a practical approach was developed for use in hospital care and discharge transition. The framework includes systematic wound assessment, minimum documentation items, a general sequence for dressing change, criteria for interprofessional communication and core educational content for patients and caregivers. Process and outcome indicators useful for internal monitoring are suggested without assigning fixed quantitative values.

Results: Standardization may be structured around five areas: uniform initial assessment, dressing care adapted to local wound status and exudate, structured documentation, discharge preparation with understandable instructions and communication pathways across care settings. This approach may reduce unwarranted variability, support traceable decision-making and facilitate early identification of warning signs. Nursing leadership is central to wound care delivery, coordination of the process and patient and caregiver education.

Discussion/Conclusions: Standardization should not be understood as a rigid protocol but as a safety-oriented tool that must be adapted to the clinical context, the type of surgery and wound progression. Its usefulness depends on team training, availability of materials, meaningful clinical records and the integration of discharge planning into continuity of care. A shared model of assessment and care may contribute to improved quality, safety and consistency in nursing practice.

Introducción

La atención a la herida quirúrgica abdominal ocupa un lugar habitual en la práctica enfermera hospitalaria. Aunque muchas incisiones evolucionan de forma favorable, su seguimiento exige una observación clínica continuada y una respuesta proporcionada a los cambios locales que pueden aparecer durante la cicatrización. La presencia de exudado, dolor, edema, eritema, dehiscencia parcial, problemas de adhesión del apósito o dificultades en el autocuidado tras el alta plantea decisiones que, en ausencia de criterios compartidos, pueden resolverse de forma desigual entre profesionales, turnos y niveles asistenciales.

Esta variabilidad no siempre responde a necesidades clínicas reales. En ocasiones se relaciona con diferencias en la forma de valorar la herida, en la nomenclatura utilizada en el registro, en la disponibilidad de materiales, en los hábitos de la unidad o en la experiencia individual. Cuando el paciente pasa de quirófano a reanimación, de ahí a hospitalización y posteriormente al domicilio o a otro recurso asistencial, las discontinuidades en la información pueden repercutir en la seguridad. Una descripción incompleta del tipo de cierre, del estado de la piel perilesional, del volumen o aspecto del exudado o de la pauta orientativa de seguimiento dificulta la continuidad del plan de cuidados.

La herida quirúrgica abdominal, además, no debe considerarse un elemento aislado. Su evolución está influida por factores relacionados con la técnica quirúrgica, el estado nutricional, la movilidad, el control del dolor, la capacidad funcional, la adherencia a las recomendaciones y el soporte disponible en el domicilio. Desde la perspectiva enfermera, esto obliga a integrar la cura local dentro de un proceso más amplio de vigilancia, educación sanitaria y coordinación. La seguridad del paciente no depende solo de realizar correctamente una cura, sino también de asegurar que dicha cura se indique en el momento adecuado, se documente con claridad y pueda continuar sin rupturas tras el alta.

La estandarización persigue precisamente reducir la variabilidad no justificada y establecer elementos comunes de práctica sin anular el juicio clínico. En el ámbito de las heridas quirúrgicas abdominales, un modelo compartido de valoración y de registro puede mejorar la trazabilidad de decisiones, facilitar la detección de cambios relevantes y hacer más comprensible la información para los distintos profesionales implicados. También puede reforzar la educación al paciente, al ofrecer mensajes coherentes sobre higiene, vigilancia de signos de alarma, manejo del apósito y momentos en los que debe solicitar valoración.

Desde una perspectiva de mejora de la calidad, la estandarización de las curas no equivale a imponer una técnica única para toda situación clínica. Más bien implica definir una secuencia de actuación segura, unos criterios mínimos de observación, una terminología homogénea y unos puntos de comunicación esenciales. Ese enfoque permite compatibilizar individualización y consistencia, dos exigencias frecuentes en la práctica enfermera contemporánea. En la herida quirúrgica abdominal, donde confluyen atención hospitalaria, alta del paciente y seguimiento posterior, esta necesidad adquiere una especial relevancia.

Objetivos

El objetivo general de este trabajo es presentar una propuesta de estandarización enfermera de las curas de herida quirúrgica abdominal orientada a mejorar la continuidad asistencial y la seguridad del paciente durante la hospitalización y en la transición al alta.

Como objetivos específicos se plantean los siguientes:

  • Definir los elementos básicos de valoración clínica que deberían recogerse de forma sistemática en cada cura.
  • Describir una secuencia general de actuación enfermera para la cura de la herida quirúrgica abdominal adaptable a diferentes contextos asistenciales.
  • Identificar contenidos mínimos de registro clínico que favorezcan la trazabilidad y la comunicación entre profesionales.
  • Integrar la preparación del alta dentro del proceso de cuidados, incluyendo educación sanitaria y criterios de consulta ante signos de alarma.
  • Proponer indicadores de seguimiento útiles para iniciativas locales de mejora de la calidad y seguridad.

Metodología

Se plantea una propuesta de mejora de calidad de carácter aplicado, centrada en la práctica enfermera relacionada con la herida quirúrgica abdominal en el entorno hospitalario. El desarrollo parte de un análisis clínico-organizativo del proceso de cura, desde el postoperatorio inmediato hasta la transición al domicilio, considerando especialmente los puntos donde puede producirse pérdida de información o variabilidad no justificada.

La intervención se estructura sobre cuatro componentes. El primero es la valoración sistemática de la herida y de su entorno clínico. El segundo, la definición de una secuencia general de cura que favorezca la asepsia, la selección razonada de materiales y la reevaluación continua. El tercero, la normalización del registro y de la transmisión de información. El cuarto, la incorporación de contenidos homogéneos de educación al alta. El conjunto se formula como guía orientativa para su adaptación a protocolos locales, recursos disponibles y características del paciente.

El ámbito de aplicación comprende unidades de hospitalización quirúrgica, áreas de recuperación postoperatoria con continuidad de cuidados y dispositivos en los que Enfermería participa en la preparación del alta o en el seguimiento posterior. No se limita a una técnica quirúrgica concreta, ya que la utilidad de la estandarización reside en definir principios comunes válidos para diferentes tipos de incisión abdominal, siempre que la valoración profesional determine su pertinencia.

Para operativizar la propuesta se consideran como elementos mínimos de valoración: localización y tipo de herida, estado de la aproximación de bordes, integridad del cierre, características del exudado, aspecto del lecho visible si procede, estado de la piel perilesional, presencia de dolor referido o manifestado durante la manipulación, olor anómalo cuando exista, tolerancia al procedimiento y factores que puedan interferir en la cicatrización o en el autocuidado. Del mismo modo, se identifican elementos mínimos de registro y de comunicación al alta, con el fin de evitar descripciones ambiguas o dependientes de estilos individuales.

La evaluación de la mejora se orienta mediante indicadores de proceso y de resultado clínico-organizativo. Entre ellos pueden contemplarse la cumplimentación del registro estructurado, la coherencia entre valoración y material empleado, la constancia de educación al paciente, la presencia de información de continuidad en el informe de cuidados y la detección precoz de incidencias relacionadas con la herida. No se asignan umbrales universales, ya que su interpretación debe adaptarse al punto de partida y al sistema de información de cada centro.

Resultados

Problema asistencial y áreas de variabilidad

El análisis del proceso pone de manifiesto que la variabilidad en las curas de herida quirúrgica abdominal suele concentrarse en aspectos concretos: frecuencia del cambio de apósito sin justificación clínica explícita, descripciones poco comparables entre turnos, heterogeneidad en la valoración del exudado, uso no homogéneo de productos de cura y escasa sistematización de la educación al alta. A ello se añade, en algunos entornos, una separación funcional entre quien realiza la cura y quien documenta la evolución, lo que puede empobrecer la trazabilidad del cuidado.

Otro punto sensible es la transición asistencial. La herida puede encontrarse estable en el momento del alta y, sin embargo, persistir la necesidad de vigilancia, de cambios de apósito o de resolución de dudas sobre higiene, actividad o signos de consulta. Si la información entregada al paciente y al siguiente nivel asistencial es incompleta, la continuidad del cuidado puede depender en exceso de iniciativas individuales. La estandarización busca reducir esa dependencia y ofrecer un marco compartido de actuación.

Valoración enfermera estandarizada

La propuesta sitúa la valoración como núcleo del proceso. Antes de cada cura resulta útil confirmar la situación general de la persona, revisar la indicación vigente y preparar el material conforme a las necesidades previsibles. Una vez expuesta la herida, la observación debe seguir un orden estable que facilite comparar evoluciones. Puede comenzarse por la inspección del apósito retirado, atendiendo a su grado de saturación, integridad y adherencia. Ese primer dato ya aporta información sobre cantidad aproximada de exudado, posibles fugas y tolerancia del material utilizado.

La observación directa de la herida incluye la aproximación de los bordes, la presencia o ausencia de separación, la integridad del sistema de cierre visible, el aspecto de la zona perilesional, la existencia de maceración, humedad retenida, eritema o edema, así como cualquier hallazgo que sugiera evolución no favorable. La valoración del exudado debe describirse por su cantidad orientativa, aspecto y localización, evitando términos ambiguos. También conviene recoger si el paciente refiere dolor espontáneo o durante la cura, y si dicho dolor limita la colaboración o hace recomendable adaptar el procedimiento.

Esta valoración debe completarse con factores contextuales que condicionan el cuidado: movilidad reducida, pliegues abdominales, incontinencia, sudoración intensa, dificultad visual o manual para el autocuidado, disponibilidad de apoyo familiar y comprensión de las recomendaciones. En heridas con evolución compleja, estos elementos pueden ser determinantes para seleccionar apósitos, espaciar revisiones o reforzar la educación sanitaria.

Secuencia general de cura

La secuencia de cura estandarizada propuesta se apoya en principios de seguridad, asepsia y adaptación clínica. Incluye identificación correcta del paciente, verificación de la indicación, higiene de manos, preparación del entorno, información previa sobre el procedimiento y preservación de la intimidad. Tras la retirada del apósito, se recomienda una inspección ordenada y la limpieza conforme a la práctica establecida en el centro y al estado local de la herida. La selección del material de cobertura debe responder a la necesidad de proteger la incisión, gestionar el exudado y mantener la piel perilesional en buen estado, evitando cambios innecesarios o materiales que no se ajusten al patrón de drenaje observado.

En heridas secas o con mínima exudación puede priorizarse la protección y la observación periódica; en heridas con mayor humedad o riesgo de maceración, la gestión del exudado adquiere más peso. La estandarización no prescribe un producto único, pero sí exige que la elección quede vinculada a hallazgos clínicos y que esa relación sea visible en el registro. Del mismo modo, ante signos compatibles con complicación local o con empeoramiento de la evolución, la actuación enfermera debe incluir la reevaluación del plan, la comunicación al equipo responsable y la intensificación del seguimiento según proceda.

Una secuencia uniforme también mejora la experiencia del paciente. Explicar lo que se va a realizar, anticipar posibles molestias, respetar tiempos de exposición de la herida y finalizar con información breve sobre los hallazgos observados contribuye a reducir incertidumbre y favorece la participación en el autocuidado.

Documentación y continuidad asistencial

Uno de los resultados principales de la propuesta es la definición de un registro mínimo común. Cada cura debería dejar constancia, al menos, de fecha y turno, aspecto general de la herida, características del exudado, estado de la piel circundante, material utilizado, tolerancia del paciente y plan de seguimiento. Cuando existan incidencias, conviene describirlas de forma concreta y comparativa, evitando expresiones vagas como “bien” o “sin cambios” si no permiten interpretar la evolución.

La continuidad asistencial mejora cuando el informe de cuidados al alta incorpora información práctica y comprensible: situación actual de la herida, frecuencia orientativa de revisión según indicación médica y enfermera, material de cura si se mantiene, recomendaciones de higiene, limitaciones o precauciones relacionadas con el cierre y signos de alarma que justifican consulta. También es útil dejar constancia de quién ha recibido la información, si ha existido demostración práctica y si se han detectado barreras de comprensión o de acceso a cuidados posteriores.

En entornos con historia clínica electrónica, la estandarización puede apoyarse en plantillas de registro que obliguen a completar campos esenciales y reduzcan la variabilidad terminológica. No obstante, la herramienta informática por sí sola no garantiza calidad; requiere formación, revisión periódica y una cultura clínica que valore la utilidad del registro para tomar decisiones, no solo como requisito administrativo.

Educación al alta y seguridad del paciente

La educación sanitaria forma parte de la cura y no debería posponerse exclusivamente al momento final del alta. Durante el ingreso, cada cambio de apósito puede aprovecharse para reforzar mensajes breves sobre higiene de manos, manipulación de la zona, cuidado del material, observación del exudado y necesidad de no retirar o aplicar productos por iniciativa propia cuando ello no haya sido indicado. Esta enseñanza progresiva suele ser más eficaz que una única explicación concentrada en el momento del alta.

En la preparación de la salida del hospital, la información debe individualizarse según la capacidad del paciente para el autocuidado y el apoyo disponible. Resulta aconsejable verificar si sabe identificar signos que requieren valoración, como cambios llamativos en el drenaje, apertura de bordes, dolor creciente no esperado, alteraciones cutáneas perilesionales o aparición de mal olor. También conviene confirmar si entiende dónde consultar, quién realizará el seguimiento y qué material necesita si persisten las curas en domicilio o en atención ambulatoria.

La seguridad del paciente mejora cuando existe coherencia entre lo realizado durante el ingreso y lo transmitido al alta. Instrucciones contradictorias entre profesionales, recomendaciones demasiado técnicas o falta de demostración práctica pueden comprometer la adherencia y favorecer errores en el manejo domiciliario.

Indicadores para seguimiento de la mejora

La propuesta incorpora indicadores utilizables en auditorías internas o ciclos de mejora. Entre los indicadores de proceso pueden incluirse la proporción de curas con registro completo de valoración, la constancia del tipo de exudado, la presencia de anotación sobre educación sanitaria y la inclusión de información específica sobre la herida en el informe de alta. Como indicadores de resultado organizativo pueden considerarse la reducción de incidencias por información incompleta, la mayor homogeneidad en la terminología empleada o la detección más temprana de cambios locales que requieran revisión clínica.

Su utilidad reside menos en la comparación externa que en la capacidad para identificar puntos débiles del circuito asistencial. Un equipo puede comprobar, por ejemplo, que documenta bien la evolución intrahospitalaria pero transfiere escasa información al alta, o que existe un uso muy heterogéneo de apósitos sin justificación explícita. A partir de estos hallazgos se pueden proponer acciones formativas, rediseño de plantillas o circuitos de consulta más ágiles.

Rol de Enfermería, barreras y facilitadores

El papel de Enfermería es transversal. Incluye la valoración continuada de la herida, la ejecución técnica del cuidado, la prevención de riesgos locales, la educación al paciente, la coordinación con otros profesionales y la documentación clínica. La estandarización refuerza este papel al hacer visible el razonamiento enfermero que vincula hallazgos, intervención y seguimiento.

Entre las barreras previsibles figuran la presión asistencial, la rotación de profesionales, la coexistencia de hábitos previos no homogéneos, la escasa disponibilidad de algunos materiales o la percepción de que registrar de forma estructurada consume tiempo sin aportar valor. También pueden influir dificultades tecnológicas si la historia clínica no facilita un registro útil o si los formularios son excesivamente rígidos.

Como facilitadores destacan la existencia de liderazgo clínico enfermero, la formación práctica basada en casos habituales, la disponibilidad de un repertorio de materiales consensuado, la revisión periódica de registros y la retroalimentación a los equipos. La participación de los profesionales en el diseño de la herramienta de estandarización favorece su aceptación y permite ajustar el contenido a la realidad de cada unidad.

Discusión/Conclusiones

La estandarización de las curas de herida quirúrgica abdominal puede entenderse como una intervención de mejora organizativa con impacto clínico. Su principal aportación no reside en uniformar todos los gestos técnicos, sino en asegurar que determinados elementos no dependan del profesional, del turno o del nivel asistencial. Cuando la valoración se realiza siempre sobre criterios comparables, el registro es inteligible y el alta incorpora información útil, la continuidad de cuidados resulta más robusta y la detección de complicaciones puede ser más oportuna.

Este enfoque es particularmente relevante en procesos quirúrgicos donde la estancia hospitalaria puede ser breve y una parte importante de la evolución de la herida transcurre fuera del hospital. El alta deja de ser un acto administrativo para convertirse en un momento clínico de transferencia del cuidado. Desde esa perspectiva, la educación sanitaria no es un complemento, sino un componente de seguridad. La persona atendida y su entorno cuidador necesitan mensajes consistentes, sencillos y aplicables, acordes con sus capacidades y con la red asistencial disponible.

También conviene subrayar que la estandarización no elimina la necesidad de juicio clínico. Las heridas abdominales no son homogéneas y pueden evolucionar de forma distinta según el tipo de intervención, el estado basal y las circunstancias del postoperatorio. Por ello, cualquier herramienta de mejora debe permitir adaptar la frecuencia de las curas, la elección del material y la intensidad del seguimiento. El riesgo de una estandarización mal entendida sería sustituir el razonamiento clínico por una rutina rígida. La utilidad real aparece cuando el estándar funciona como base común, no como límite al criterio profesional.

Entre los aspectos más sensibles para su implantación se encuentran la calidad del registro y la disponibilidad de tiempo asistencial. Un formulario excesivamente extenso puede dificultar el cumplimiento, mientras que uno demasiado breve empobrece la información relevante. De forma similar, la introducción de cambios en las prácticas de cura requiere acompañamiento formativo y revisión de resultados percibidos por los propios equipos. La mejora de calidad suele consolidarse cuando el profesional reconoce que el cambio le ayuda a trabajar con mayor claridad y no solo responde a una exigencia documental.

En términos prácticos, un modelo de estandarización para la herida quirúrgica abdominal debería incluir una valoración estructurada de la incisión y del exudado, criterios compartidos para seleccionar y revisar el apósito, registro clínico comparable entre profesionales, contenidos educativos homogéneos y un circuito claro de comunicación al alta. Estos elementos, aplicados con flexibilidad y adaptados a cada centro, pueden contribuir a reforzar la seguridad del paciente y la coherencia del cuidado enfermero.

La mejora de la calidad en este ámbito depende finalmente de una visión integrada del proceso quirúrgico. La herida no termina en la última cura realizada durante el ingreso. Su evolución continúa en la planta, en el domicilio y en los contactos posteriores con el sistema sanitario. Por ello, estandarizar no significa simplificar la complejidad clínica, sino organizarla de forma más segura, comprensible y útil para quienes cuidan y para quienes reciben los cuidados.

Conflicto de intereses

Los autores declaran la ausencia de conflictos de intereses en la preparación de este manuscrito.

Financiación

El presente manuscrito se ha realizado sin financiación externa específica.

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