Heat stroke and chronic diseases: prevention, assessment and health education
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:121
Autor principal (primer firmante): Nuria Pérez Aguilar
Fecha recepción: 25/06/26
Fecha aceptación: 19/07/26
Fecha de publicación: 25/07/26
Ref.: CADICE. 2026;1(7):121
Autores:
Nuria Pérez Aguilar
Miguel Torres Calvo
Laura Hidalgo Romero
Carmen Ruiz Esteban
Héctor Jiménez Lara
Ana Belén Cano Soler
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Hipertermia; Enfermedad crónica; Hidratación; Golpe de calor; Enfermería basada en la evidencia; Cuidados de Enfermería; Enfermería de urgencias; Atención inicial; Servicio de urgencias; Triaje
Keywords: Hyperthermia; Chronic Disease; Hydration; Heat Stroke; Evidence-Based Nursing; Nursing Care; Emergency Nursing; Initial Care; Emergency Service, Hospital; Triage
Resumen
Introducción: El golpe de calor constituye una urgencia tiempo-dependiente asociada a fallo en la termorregulación y a riesgo de deterioro multiorgánico. Su impacto asistencial aumenta cuando concurre enfermedad crónica, fragilidad, dependencia funcional, polimedicación o limitación para una hidratación y autocuidado adecuados. En este escenario, la Enfermería desempeña un papel relevante en la identificación precoz, la atención inicial, el triaje, la vigilancia clínica y la educación sanitaria orientada a la prevención.
Objetivos: Revisar la relación entre golpe de calor y enfermedades crónicas desde la perspectiva enfermera, describir los elementos esenciales de la valoración inicial y del abordaje en urgencias, y analizar las intervenciones educativas y preventivas más útiles en personas con mayor vulnerabilidad.
Metodología: Se presenta una revisión teórica de carácter narrativo centrada en contenidos clínicos y asistenciales de interés para la práctica enfermera. Se integran conceptos fisiopatológicos generales, factores de riesgo vinculados a cronicidad, aspectos de valoración y prioridades de cuidados en el entorno de urgencias y en la continuidad asistencial.
Resultados: La presencia de enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales, neurológicas, endocrinas o de salud mental puede favorecer una menor tolerancia al calor, comprometer la percepción de sed, dificultar la disipación térmica y condicionar la respuesta al estrés térmico. La valoración enfermera debe priorizar el nivel de consciencia, el patrón térmico, el estado de hidratación, la estabilidad hemodinámica, la situación respiratoria, la capacidad funcional y los tratamientos habituales. La actuación inicial se orienta a reconocer signos de gravedad, iniciar medidas de enfriamiento y soporte según el contexto clínico, vigilar la evolución y facilitar la coordinación asistencial. La educación sanitaria debe adaptarse al grado de autonomía, al entorno domiciliario y a la comprensión de la persona y sus cuidadores.
Discusión/Conclusiones: El abordaje enfermero del golpe de calor en pacientes con enfermedades crónicas requiere una visión integral que combine atención urgente, prevención de complicaciones y continuidad educativa. La identificación de perfiles vulnerables, la individualización de recomendaciones y la anticipación ante episodios de altas temperaturas pueden contribuir a reducir eventos evitables y mejorar la seguridad clínica.
Abstract
Introduction: Heat stroke is a time-sensitive emergency related to thermoregulatory failure and potential multi-organ impairment. Its clinical relevance increases when chronic disease, frailty, functional dependence, polypharmacy, or limited access to hydration and self-care are present. In this setting, nurses play an important role in early recognition, initial care, triage, clinical surveillance, and preventive health education.
Objectives: To review the relationship between heat stroke and chronic diseases from a nursing perspective, to describe key components of initial assessment and emergency care, and to analyse preventive and educational interventions for people at increased risk.
Methodology: A narrative theoretical review was conducted, focused on clinical and care-related issues relevant to nursing practice. General pathophysiological concepts, risk factors linked to chronic conditions, assessment priorities, and nursing care in emergency settings and follow-up were integrated.
Results: Cardiovascular, respiratory, renal, neurological, endocrine, and mental health disorders may reduce heat tolerance, impair thirst perception, hinder heat dissipation, and modify the response to thermal stress. Nursing assessment should prioritise level of consciousness, thermal pattern, hydration status, haemodynamic stability, respiratory status, functional capacity, and usual medication. Initial management is aimed at identifying severity, starting cooling and supportive measures according to the clinical context, monitoring progression, and promoting care coordination. Health education should be adapted to autonomy, home environment, and the understanding of patients and caregivers.
Discussion/Conclusions: Nursing management of heat stroke in patients with chronic diseases requires a comprehensive approach that combines emergency care, prevention of complications, and educational continuity. Early identification of vulnerable profiles, individualised advice, and anticipation during periods of high temperatures may help reduce avoidable events and improve patient safety.
Introducción
La exposición a temperaturas ambientales elevadas puede desencadenar un continuo de alteraciones clínicas que va desde el malestar por calor hasta la hipertermia grave. Dentro de este espectro, el golpe de calor representa la forma de mayor compromiso, caracterizada por un fracaso de los mecanismos de disipación térmica acompañado de alteración neurológica y riesgo de disfunción orgánica. Su reconocimiento temprano resulta especialmente relevante en los servicios de urgencias, en el ámbito extrahospitalario y en la atención a personas con procesos crónicos complejos.
El interés enfermero por este problema no se limita al momento agudo. Las olas de calor, el envejecimiento poblacional, la mayor supervivencia con enfermedades crónicas y la elevada prevalencia de polimedicación configuran un escenario asistencial en el que la vulnerabilidad frente al calor adquiere una dimensión clínica y social. La persona con insuficiencia cardiaca, enfermedad renal, diabetes mellitus, enfermedad pulmonar crónica, deterioro cognitivo, trastorno psiquiátrico o limitaciones funcionales puede presentar una menor reserva fisiológica, dificultades para identificar síntomas precoces o barreras para aplicar medidas preventivas.
Además, algunos tratamientos habituales pueden modificar la respuesta del organismo al calor o alterar el equilibrio hídrico y electrolítico. No se trata de establecer relaciones rígidas ni de atribuir causalidad automática a la medicación o a la enfermedad crónica, sino de asumir que determinados perfiles requieren una valoración más cuidadosa y una educación sanitaria mejor adaptada. Desde esta perspectiva, la Enfermería combina funciones de detección, priorización clínica, cuidados inmediatos, vigilancia continua y acompañamiento educativo.
La práctica asistencial muestra que el golpe de calor no siempre se presenta con una imagen clínica estereotipada. En personas mayores o con multimorbilidad puede predominar la confusión, el deterioro funcional, la postración, la hipotensión o la deshidratación, sin que el relato del episodio sea claro. En pacientes con deterioro cognitivo, dependencia o aislamiento social, el retraso en la consulta es un factor añadido de riesgo. Por ello, el razonamiento clínico enfermero debe integrar datos ambientales, funcionales, farmacológicos y sociales, además de los signos clínicos más visibles.
Abordar este problema desde una revisión teórica permite ordenar conceptos y trasladarlos a la práctica cotidiana. Interesa revisar qué condiciones crónicas incrementan la susceptibilidad, qué elementos deben priorizarse en la valoración inicial, cómo orientar el triaje y qué contenidos de educación sanitaria resultan más pertinentes para prevenir recurrencias o eventos graves durante periodos de calor intenso.
Objetivos
Analizar el golpe de calor en personas con enfermedades crónicas desde una perspectiva enfermera, con especial atención a la prevención, la valoración clínica inicial y la educación sanitaria.
De forma específica, se plantean los siguientes objetivos:
- Describir los principales mecanismos por los que la cronicidad puede aumentar la susceptibilidad al calor.
- Identificar elementos prioritarios de valoración enfermera en la atención inicial y en el triaje.
- Revisar las intervenciones generales de cuidados y vigilancia que pueden contribuir a la seguridad del paciente en el entorno de urgencias.
- Proponer líneas de educación sanitaria dirigidas a personas con enfermedad crónica, familias y cuidadores.
- Subrayar la importancia de la continuidad asistencial y de la adaptación de recomendaciones al contexto funcional y social.
Metodología
Se ha desarrollado una revisión teórica de tipo narrativo orientada a la práctica enfermera. El contenido se organiza a partir de cuestiones clínicas y asistenciales habituales en la atención a personas con hipertermia y sospecha de golpe de calor, especialmente cuando coexisten enfermedades crónicas. El enfoque combina elementos de fisiopatología general, valoración enfermera, priorización en urgencias y educación sanitaria, con redacción prudente y aplicable a distintos niveles asistenciales.
No se plantea como una guía protocolizada ni como un documento normativo. Las actuaciones descritas deben entenderse como orientaciones profesionales generales que requieren adaptación a la situación clínica, a los procedimientos del centro y a la coordinación con el equipo interdisciplinar. Este planteamiento resulta especialmente pertinente en un problema en el que la gravedad, la edad, la funcionalidad previa, la etiología del episodio y la comorbilidad condicionan el abordaje.
Para estructurar los resultados se consideran cuatro ejes: vulnerabilidad asociada a enfermedad crónica, valoración enfermera en la atención inicial, cuidados y vigilancia en urgencias, y estrategias de educación sanitaria y continuidad de cuidados. Esta organización permite integrar la atención inmediata con la prevención secundaria y con la dimensión comunitaria del problema.
Resultados
Golpe de calor y vulnerabilidad clínica en la cronicidad
El organismo mantiene su temperatura mediante mecanismos de producción y pérdida de calor que dependen del sistema nervioso central, del estado cardiovascular, de la función sudomotora, de la ventilación y del equilibrio hídrico. Cuando la carga térmica supera la capacidad de disipación, se desencadena hipertermia con afectación sistémica progresiva. En este proceso influyen la temperatura ambiental, la humedad, el esfuerzo físico, la ropa, el acceso a líquidos y sombra, y la reserva fisiológica de la persona.
Las enfermedades crónicas pueden reducir esa reserva por diferentes vías. La patología cardiovascular puede limitar la adaptación hemodinámica necesaria para redistribuir el flujo sanguíneo hacia la piel y favorecer la pérdida de calor. La enfermedad respiratoria crónica puede dificultar la tolerancia al esfuerzo y al estrés térmico. La disfunción renal condiciona mayor riesgo de alteraciones hidroelectrolíticas. En la diabetes, la neuropatía autonómica, las alteraciones vasculares o las dificultades de autocuidado pueden interferir en la respuesta al calor. Los trastornos neurológicos y cognitivos pueden dificultar la percepción de riesgo, la comunicación de síntomas o la búsqueda de ayuda. A ello se suma la fragilidad, la dependencia y el aislamiento social, que a menudo actúan como amplificadores del problema.
La polimedicación merece una revisión enfermera minuciosa. Algunos tratamientos pueden asociarse a cambios en la hidratación, en la sudoración, en el nivel de alerta o en la termorregulación. No procede establecer listados cerrados en un texto general, pero sí recordar que la entrevista clínica debe incluir medicación habitual, cambios recientes de dosis, automedicación y adherencia real, dado que estos aspectos pueden modificar tanto la presentación clínica como las necesidades de seguimiento.
Manifestaciones clínicas de interés para Enfermería
La sospecha de golpe de calor se apoya en la presencia de hipertermia acompañada de alteración del estado mental o de signos de afectación sistémica. Sin embargo, en pacientes crónicos la expresión clínica puede ser menos evidente al inicio. Pueden aparecer debilidad intensa, mareo, síncope, cefalea, náuseas, irritabilidad, somnolencia, incoordinación, confusión o empeoramiento funcional brusco. La piel puede estar caliente y seca o presentar sudoración, por lo que este dato aislado no debe utilizarse como criterio excluyente.
La observación enfermera resulta especialmente valiosa cuando la persona presenta dificultades de comunicación, deterioro cognitivo o dependencia para las actividades básicas. Cambios conductuales, apatía inhabitual, disminución de la ingesta, incontinencia nueva, caídas o descompensación de una enfermedad de base pueden ser signos de alarma en el contexto de calor ambiental. La evolución rápida hacia disminución del nivel de consciencia, compromiso respiratorio, inestabilidad hemodinámica o signos de fracaso orgánico obliga a priorizar la atención urgente.
Valoración inicial y triaje
En la recepción del paciente, la prioridad enfermera es reconocer gravedad potencial y orientar la atención con rapidez. El triaje debe considerar no solo la temperatura corporal y los síntomas referidos, sino también la alteración neurológica, la perfusión periférica, la frecuencia y el esfuerzo respiratorio, la tensión arterial, la frecuencia cardiaca, el estado de hidratación aparente y la presencia de comorbilidades relevantes. La información sobre tiempo de exposición al calor, actividad realizada, entorno donde fue encontrado y medidas aplicadas antes de la llegada puede aportar contexto clínico útil.
La valoración primaria se centra en vía aérea, respiración, circulación, estado neurológico y exposición. En este punto, la monitorización inicial y la repetición de controles según evolución forman parte del cuidado enfermero seguro. La observación continuada permite detectar deterioro precoz, fluctuaciones del nivel de consciencia o respuesta insuficiente a las medidas iniciales.
Junto a la evaluación fisiológica, conviene añadir una valoración funcional breve: autonomía habitual, movilidad, apoyos familiares, convivencia en domicilio, capacidad para ingerir líquidos y antecedente reciente de cuadros similares. Estos datos pueden parecer secundarios en el momento agudo, pero condicionan el riesgo de recurrencia y la planificación del alta o del ingreso.
Cuidados enfermeros en la atención inicial
Ante la sospecha de golpe de calor, las medidas de soporte y enfriamiento deben iniciarse de forma temprana conforme a la valoración clínica y a los procedimientos locales. Entre las actuaciones generales se incluyen retirar el exceso de ropa, favorecer un ambiente térmicamente adecuado, aplicar medidas físicas de enfriamiento, vigilar la permeabilidad de la vía aérea y mantener la monitorización clínica. La administración de fluidoterapia o de otras medidas terapéuticas depende de la prescripción correspondiente y de la situación hemodinámica, con especial prudencia en personas con insuficiencia cardiaca, enfermedad renal u otras condiciones que obliguen a individualizar el balance hídrico.
La vigilancia del estado neurológico ocupa un lugar central. La agitación, la somnolencia progresiva, la desorientación o las convulsiones pueden indicar empeoramiento y obligan a reevaluación inmediata. De igual modo, deben observarse signos compatibles con hipotensión, mala perfusión, deterioro respiratorio, oliguria o aparición de complicaciones asociadas a la hipertermia grave. La documentación precisa de tiempos, respuestas observadas y medidas aplicadas facilita la continuidad del cuidado y la toma de decisiones del equipo.
En pacientes con enfermedad crónica avanzada o con gran fragilidad, el cuidado no puede reducirse a la corrección térmica. Resulta necesario prevenir lesiones por presión durante periodos de inmovilidad, preservar la dignidad corporal en maniobras de enfriamiento, garantizar la seguridad en la movilización y valorar dolor, ansiedad o disconfort. La relación terapéutica con la familia y con el cuidador principal también forma parte de la intervención enfermera, sobre todo cuando son quienes aportan la mejor información basal del paciente.
Hidratación y equilibrio clínico
La hidratación es uno de los ejes preventivos y asistenciales más mencionados en relación con el calor, pero su abordaje debe ser prudente y personalizado. La recomendación genérica de aumentar la ingesta no es equivalente para todas las personas con cronicidad. En determinados pacientes puede ser necesario ajustar el consejo a restricciones previas, tolerancia digestiva, riesgo de broncoaspiración, capacidad de acceso a líquidos o situación cardiovascular y renal. Por ello, la educación sanitaria y la vigilancia clínica deben orientarse a promover una hidratación segura, no solo abundante.
En el episodio agudo, la valoración enfermera atiende a mucosas, turgencia cutánea con sus limitaciones, diuresis, sed, antecedentes de vómitos o diarrea, tolerancia oral y signos de sobrecarga o de déficit. La interpretación aislada de un solo signo puede ser equívoca en personas mayores; por tanto, la integración del conjunto clínico es más útil que la búsqueda de un indicador único. Esta mirada integral evita intervenciones uniformes en pacientes con necesidades muy distintas.
Educación sanitaria orientada a personas con enfermedad crónica
La prevención del golpe de calor exige intervenciones educativas que vayan más allá de recomendaciones generales sobre beber agua o evitar el sol. En personas con enfermedades crónicas, la educación sanitaria debe incorporar el reconocimiento de síntomas iniciales, la planificación diaria durante episodios de altas temperaturas, la identificación de espacios frescos, la revisión del apoyo familiar disponible y la anticipación de situaciones de riesgo, como salidas prolongadas, viviendas con mala ventilación o imposibilidad de ajustar horarios.
El contenido educativo debe adaptarse al nivel de alfabetización en salud, al estado cognitivo, a la capacidad funcional y al contexto social. En algunos casos, la intervención más eficaz no recae tanto en el paciente como en la familia, el cuidador o los recursos comunitarios. Conviene explorar si la persona sabe cuándo pedir ayuda, si dispone de teléfono operativo, si puede acceder por sí misma a líquidos o si comprende las señales de empeoramiento de su enfermedad de base durante el calor.
Entre los mensajes de mayor utilidad se encuentran la organización de una pauta de hidratación adaptada, el uso de ropa ligera, la permanencia en ambientes frescos, la limitación de esfuerzos en las horas de mayor temperatura, la ventilación adecuada del domicilio y la observación de síntomas como confusión, debilidad intensa, fiebre, mareo o disminución de la diuresis. También resulta pertinente recomendar la revisión periódica de medicación con los profesionales responsables cuando se prevean periodos de calor intenso, sin promover cambios autónomos en el tratamiento.
Continuidad asistencial y seguimiento
El episodio de golpe de calor o de hipertermia significativa puede ser un marcador de vulnerabilidad. Por ello, el alta desde urgencias o la transición entre niveles asistenciales debería acompañarse de una comunicación clara sobre factores de riesgo detectados, necesidades educativas y apoyos requeridos. Enfermería puede contribuir a esta continuidad identificando pacientes con riesgo de reconsulta, fragilidad, soledad no deseada, barreras de autocuidado o escasa comprensión del problema.
La coordinación con atención primaria, trabajo social sanitario, unidades de crónicos o recursos comunitarios puede ser especialmente útil cuando el desencadenante del episodio no es únicamente ambiental, sino también social o funcional. La prevención secundaria no depende solo de lo que el paciente recuerda al salir de urgencias; requiere reforzar mensajes, verificar comprensión y, cuando sea posible, activar redes de apoyo. Esta visión enlaza la seguridad clínica inmediata con la prevención de nuevos eventos.
Discusión/Conclusiones
El golpe de calor en personas con enfermedades crónicas obliga a un abordaje enfermero que combine rapidez asistencial y análisis integral del riesgo. La hipertermia grave no puede entenderse únicamente como una consecuencia de la temperatura ambiental; con frecuencia expresa la interacción entre comorbilidad, reserva fisiológica limitada, polimedicación, dependencia funcional y condiciones sociales adversas. Esta complejidad explica por qué la valoración inicial debe ir más allá de la medición térmica y del síntoma principal.
Desde la práctica enfermera, el primer reto consiste en reconocer presentaciones clínicas no siempre típicas. La confusión, la debilidad brusca, las caídas o la incapacidad para realizar actividades habituales pueden constituir formas de inicio en personas mayores o frágiles. Mantener un alto nivel de sospecha en periodos de calor y ante pacientes con multimorbilidad puede favorecer una priorización más adecuada en el triaje y una intervención más precoz.
El segundo reto es la individualización de cuidados. Las medidas de enfriamiento, la vigilancia hemodinámica y la atención al estado neurológico forman parte del núcleo asistencial, pero su aplicación debe considerar la enfermedad de base, el riesgo de sobrecarga hídrica, la tolerancia clínica y los procedimientos del entorno asistencial. En este sentido, la competencia enfermera se expresa tanto en la ejecución técnica como en la capacidad de integrar datos, anticipar complicaciones y comunicar cambios significativos al equipo.
La educación sanitaria constituye un tercer eje de especial relevancia. En pacientes con enfermedad crónica, la prevención no puede apoyarse en mensajes homogéneos. Requiere adaptar el consejo a la autonomía real, a la capacidad cognitiva, a la disponibilidad de cuidadores y a las características del domicilio. También exige contemplar que algunas personas no tienen posibilidad material de seguir recomendaciones aparentemente sencillas, como permanecer en ambientes frescos o acceder regularmente a líquidos. Identificar esas limitaciones es una intervención enfermera con impacto potencial en seguridad.
Finalmente, la continuidad asistencial aporta valor cuando el episodio agudo se interpreta como una oportunidad de detección de vulnerabilidad. La coordinación entre urgencias, atención primaria y recursos sociales puede contribuir a reducir recurrencias y a reforzar la prevención en periodos de riesgo térmico. El papel de Enfermería resulta especialmente pertinente en esta transición, al conectar la observación clínica del episodio con necesidades educativas, funcionales y familiares detectadas durante la atención.
En suma, la atención a personas con enfermedades crónicas expuestas a calor intenso requiere una respuesta enfermera estructurada, prudente y centrada en la persona. La identificación precoz, el triaje adecuado, la vigilancia clínica y la educación sanitaria individualizada conforman una línea de actuación coherente con una práctica orientada a la seguridad y a la continuidad de cuidados.
Conflicto de intereses
Los autores declaran que no existen conflictos de intereses personales, profesionales o económicos relacionados con este trabajo.
Financiación
La realización de este trabajo no recibió ayudas económicas ni financiación institucional específica.
Bibliografía
- Romanello M, Walawender M, Hsu SC, Moskeland A, Palmeiro-Silva Y, Scamman D, et al.. The 2024 report of the Lancet Countdown on health and climate change: facing record-breaking threats from delayed action.. Lancet. 2024;404(10465):1847-1896. doi: https://doi.org/10.1016/S0140-6736(24)01822-1
- Faurie C, Varghese BM, Liu J, Bi P. Association between high temperature and heatwaves with heat-related illnesses: A systematic review and meta-analysis.. Sci Total Environ. 2022;852:158332. doi: https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2022.158332
- Xu J, Wang Q, Anikeeva O, Zhu P, Bi P, Huang C. Effects of extreme heat on physiology, morbidity, and mortality under climate change: mechanisms and clinical implications.. BMJ. 2025;391:e084675. doi: https://doi.org/10.1136/bmj-2025-084675
- Acharya P, Boggess B, Zhang K. Assessing Heat Stress and Health among Construction Workers in a Changing Climate: A Review.. Int J Environ Res Public Health. 2018;15(2). doi: https://doi.org/10.3390/ijerph15020247
- Mac VVT, McCauley LA. Farmworker Vulnerability to Heat Hazards: A Conceptual Framework.. J Nurs Scholarsh. 2017;49(6):617-624. doi: https://doi.org/10.1111/jnu.12327
- El Khayat M, Halwani DA, Hneiny L, Alameddine I, Haidar MA, Habib RR. Impacts of Climate Change and Heat Stress on Farmworkers' Health: A Scoping Review.. Front Public Health. 2022;10:782811. doi: https://doi.org/10.3389/fpubh.2022.782811
- O'Neill MS, Carter R, Kish JK, Gronlund CJ, White-Newsome JL, Manarolla X, et al.. Preventing heat-related morbidity and mortality: new approaches in a changing climate.. Maturitas. 2009;64(2):98-103. doi: https://doi.org/10.1016/j.maturitas.2009.08.005
- Mutic AD, Mix JM, Elon L, Mutic NJ, Economos J, Flocks J, et al.. Classification of Heat-Related Illness Symptoms Among Florida Farmworkers.. J Nurs Scholarsh. 2018;50(1):74-82. doi: https://doi.org/10.1111/jnu.12355
- Jung J, Uejio CK, Kintziger KW, Duclos C, Reid K, Jordan M, et al.. Heat illness data strengthens vulnerability maps.. BMC Public Health. 2021;21(1):1999. doi: https://doi.org/10.1186/s12889-021-12097-6