Guide to the non-pharmacological management of chronic pain in rehabilitation
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:180
Autor principal (primer firmante): Clara Benítez Romero
Fecha recepción: 07/07/26
Fecha aceptación: 31/07/26
Fecha de publicación: 05/08/26
Ref.: CADICE. 2026;1(8):180
Autores:
Clara Benítez Romero
Álvaro Molina Serrano
Nerea Castillo Pardo
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Planificación de cuidados; Rehabilitación; Autonomía personal; Intervenciones de Enfermería; Ejercicio terapéutico; Afrontamiento; Protocolos clínicos; Calidad de vida; Actividades de la vida diaria; Dolor crónico
Keywords: Patient Care Planning; Rehabilitation; Personal Autonomy; Nursing Interventions; Exercise Therapy; Adaptation, Psychological; Clinical Protocols; Quality of Life; Activities of Daily Living; Chronic Pain
Resumen
Introducción: El dolor crónico constituye un problema de salud de elevada complejidad clínica y funcional. En el ámbito de la rehabilitación, su abordaje no puede limitarse a la reducción de la intensidad dolorosa, ya que suele asociarse a alteraciones del sueño, disminución de la tolerancia al esfuerzo, temor al movimiento, dependencia progresiva en las actividades de la vida diaria y deterioro de la participación social. La Enfermería desempeña un papel relevante en la valoración integral, la educación terapéutica, el apoyo al afrontamiento y la continuidad de cuidados.
Objetivos: Describir una guía de actuación enfermera para el abordaje no farmacológico del dolor crónico en procesos de rehabilitación, orientada a la mejora funcional, la autonomía personal y la calidad de vida, mediante intervenciones individualizadas y seguras.
Metodología: Se presenta una guía de intervención de carácter práctico y clínico, estructurada a partir del proceso de Enfermería. Se organiza en valoración inicial, definición de objetivos, planificación de intervenciones, seguimiento y criterios de evaluación. El contenido se formula como orientación profesional general y requiere adaptación al contexto asistencial, al plan rehabilitador y a la situación clínica de cada persona.
Resultados: La propuesta integra valoración multidimensional del dolor, exploración del impacto funcional y emocional, educación sobre autocuidado, entrenamiento en ejercicio terapéutico supervisado, técnicas de conservación de energía, higiene postural, medidas físicas, estrategias de relajación y apoyo al afrontamiento. También incorpora la coordinación con el equipo interdisciplinar y la participación activa del paciente en la toma de decisiones.
Discusión/Conclusiones: El abordaje no farmacológico del dolor crónico en rehabilitación puede contribuir a mejorar la funcionalidad y la adaptación a largo plazo cuando se plantea de forma gradual, realista e individualizada. La intervención enfermera resulta especialmente útil para vincular el control de síntomas con objetivos significativos de autonomía, adherencia terapéutica y desempeño ocupacional, siempre en coordinación con los protocolos del centro y con reevaluación clínica periódica.
Abstract
Introduction: Chronic pain is a complex health problem with functional, emotional and social consequences. In rehabilitation settings, management should not focus exclusively on pain intensity, since persistent pain is often associated with sleep disturbance, reduced physical tolerance, fear of movement, dependence in daily activities and limited social participation. Nursing has an important role in comprehensive assessment, therapeutic education, coping support and continuity of care.
Objectives: To describe a nursing intervention guide for the non-pharmacological management of chronic pain in rehabilitation, aimed at improving function, personal autonomy and quality of life through individualized and safe interventions.
Methodology: A practical clinical guide is presented using the nursing process as its organizational framework. It includes initial assessment, goal setting, intervention planning, follow-up and evaluation criteria. The proposal is intended as general professional guidance and should be adapted to the clinical context, rehabilitation plan and individual patient needs.
Results: The guide combines multidimensional pain assessment, evaluation of functional and emotional impact, self-care education, supervised therapeutic exercise, energy conservation strategies, postural hygiene, physical measures, relaxation techniques and support for psychological adaptation. Interdisciplinary coordination and active patient participation in decision-making are also included.
Discussion/Conclusions: Non-pharmacological management of chronic pain in rehabilitation may help improve function and long-term adaptation when delivered in a gradual, realistic and individualized manner. Nursing intervention is especially valuable in linking symptom management with meaningful goals related to autonomy, treatment adherence and daily performance, in coordination with local protocols and ongoing clinical reassessment.
Introducción
El dolor crónico representa una experiencia persistente y multifactorial que trasciende la dimensión sensorial. En la práctica clínica habitual se acompaña con frecuencia de limitación funcional, evitación del movimiento, pérdida de roles, descondicionamiento físico, alteraciones afectivas y una percepción de menor control sobre la propia salud. Cuando la persona se incorpora a un proceso de rehabilitación, estas variables condicionan tanto la participación en el tratamiento como los resultados funcionales esperables.
En este contexto, el abordaje enfermero no farmacológico adquiere especial interés porque permite actuar sobre elementos que modulan la vivencia del dolor y su repercusión en la vida diaria. La escucha clínica, la valoración sistemática de la funcionalidad, la educación en autocuidado y la promoción de estrategias de afrontamiento pueden favorecer una adaptación más eficaz a la enfermedad o al proceso de limitación persistente. Este trabajo resulta especialmente relevante en personas con dolor musculoesquelético de larga evolución, secuelas neurológicas, procesos degenerativos, dolor postquirúrgico persistente o situaciones en las que el componente funcional es tan importante como el síntoma doloroso.
La rehabilitación exige un equilibrio entre la protección del paciente y la recuperación de actividad. Una intervención excesivamente centrada en el reposo puede reforzar la evitación, mientras que una progresión mal ajustada puede incrementar la frustración y el abandono. La aportación de Enfermería consiste en traducir los objetivos generales del plan rehabilitador a conductas concretas de autocuidado, observación clínica y acompañamiento terapéutico, integrando las preferencias y prioridades de la persona.
Además, el dolor crónico obliga a considerar la autonomía personal como un resultado asistencial de primer orden. No siempre es posible lograr una desaparición completa del dolor, pero sí puede trabajarse la mejora del desempeño en actividades básicas e instrumentales, la tolerancia a la actividad, la percepción de autoeficacia y la reorganización de rutinas. Esta mirada funcional y centrada en la persona evita reducir la atención al control del síntoma y orienta los cuidados hacia metas clínicamente significativas.
Desde una perspectiva de seguridad, el abordaje no farmacológico no debe entenderse como una alternativa aislada ni como un conjunto cerrado de técnicas. Requiere valoración profesional, adaptación al diagnóstico de base, coordinación con fisioterapia, medicina rehabilitadora, terapia ocupacional, psicología u otros dispositivos implicados, y revisión continua de la respuesta clínica. Su utilidad se incrementa cuando forma parte de un plan integral y coherente, con objetivos compartidos y mensajes terapéuticos consistentes.
Objetivos
Objetivo general: Proponer una guía de actuación enfermera para el abordaje no farmacológico del dolor crónico en rehabilitación, orientada a mejorar la funcionalidad, la autonomía y la calidad de vida de la persona atendida.
Objetivos específicos:
- Establecer los elementos de valoración inicial necesarios para identificar la repercusión del dolor sobre la actividad, el descanso, el estado emocional y la participación social.
- Definir criterios para la planificación de cuidados individualizados, vinculando el manejo del dolor con metas funcionales realistas.
- Describir intervenciones enfermeras no farmacológicas aplicables en rehabilitación, con atención al ejercicio terapéutico, la educación sanitaria, las medidas físicas y las estrategias de afrontamiento.
- Favorecer la participación activa del paciente en el proceso rehabilitador y en la toma de decisiones sobre autocuidado.
- Incorporar criterios de seguimiento y reevaluación que permitan ajustar la intervención según la evolución clínica y el contexto asistencial.
- Subrayar la necesidad de coordinación interdisciplinar y de adaptación a los protocolos vigentes del centro.
Metodología
Se desarrolla una guía clínica orientativa para la práctica enfermera en entornos de rehabilitación ambulatoria, hospitalaria o sociosanitaria en los que se atiende a personas con dolor crónico y limitación funcional asociada. El contenido se organiza siguiendo el proceso de Enfermería: valoración, identificación de necesidades de cuidados, establecimiento de objetivos, intervención, seguimiento y evaluación.
El ámbito de aplicación comprende adultos con dolor persistente en los que se considere indicado un plan rehabilitador y en los que las intervenciones no farmacológicas puedan complementar el tratamiento prescrito. La propuesta no sustituye la valoración diagnóstica ni las decisiones terapéuticas del equipo responsable. Su finalidad es ordenar la actuación enfermera, mejorar la continuidad asistencial y facilitar un enfoque funcional centrado en la persona.
La guía se apoya en principios clínicos ampliamente aceptados en el manejo del dolor persistente: valoración multidimensional, individualización de objetivos, progresión gradual de la actividad, educación terapéutica, apoyo al afrontamiento y evaluación continua de resultados. Dado que las manifestaciones del dolor crónico son heterogéneas, la aplicación de las intervenciones debe ajustarse a la etiología, al nivel funcional, a las comorbilidades, a la disponibilidad de recursos y a las preferencias del paciente.
Para su utilización práctica, se propone una secuencia de trabajo:
- Valoración inicial integral del dolor y de su impacto.
- Priorización de problemas de cuidados y barreras para la rehabilitación.
- Formulación de objetivos funcionales alcanzables y medibles en términos clínicos.
- Selección de intervenciones no farmacológicas adecuadas a la situación.
- Registro de la respuesta, la adherencia y los cambios funcionales observados.
- Reevaluación periódica con ajuste del plan de cuidados.
La guía se plantea como un documento de apoyo a la decisión clínica. Su implementación debe armonizarse con los procedimientos internos del centro, con las indicaciones del equipo interdisciplinar y con las condiciones de seguridad de cada paciente.
Resultados
Valoración inicial enfermera
La valoración no debe limitarse a preguntar por la intensidad del dolor. Es preciso explorar la localización, el patrón temporal, los factores que lo agravan o alivian, la interferencia con el sueño, la movilidad, la bipedestación, las transferencias, la marcha, el autocuidado y las actividades instrumentales. También conviene indagar sobre expectativas del tratamiento, creencias sobre el dolor, experiencias previas con rehabilitación y grado de apoyo familiar o social.
La entrevista clínica puede completarse con la observación del movimiento, la tolerancia al esfuerzo, la presencia de conductas de evitación y la forma en que el paciente organiza sus actividades cotidianas. En rehabilitación, estos datos son especialmente útiles para diferenciar entre limitaciones asociadas al dolor, al desacondicionamiento físico, al miedo al empeoramiento o a barreras del entorno. Del mismo modo, debe valorarse el impacto emocional, ya que la ansiedad, la frustración, la sensación de impotencia o el ánimo deprimido pueden interferir en la adherencia y en la percepción de mejoría.
También es importante revisar la situación basal de autonomía, el uso de ayudas técnicas, el riesgo de caídas, la calidad del descanso, los hábitos de actividad física y la presencia de comorbilidades que obliguen a adaptar el plan, como fragilidad, enfermedad cardiovascular, deterioro cognitivo, obesidad, afectación respiratoria o secuelas neurológicas. La valoración inicial debe concluir con una síntesis clara de problemas de cuidados y fortalezas de la persona, no solo de sus déficits.
Planificación de objetivos de cuidados
Los objetivos deben formularse de manera realista y funcional. En dolor crónico, centrar toda la intervención en la desaparición del síntoma puede generar expectativas poco ajustadas y aumentar la percepción de fracaso. Resulta más útil relacionar los objetivos con actividades concretas: aumentar el tiempo de deambulación tolerado, mejorar las transferencias, retomar tareas domésticas básicas, reducir las interrupciones del sueño o participar de forma más constante en el programa de ejercicio.
La planificación debe negociarse con la persona atendida. Cuando el paciente identifica metas significativas para su vida diaria, la adherencia suele mejorar. La Enfermería puede ayudar a traducir deseos amplios, como “volver a hacer vida normal”, en metas graduales y observables, vinculadas al nivel funcional previo, al entorno y a la evolución esperada. En este proceso conviene revisar miedos, falsas creencias y experiencias previas de fracaso terapéutico.
Educación terapéutica y alianza asistencial
La educación constituye una de las intervenciones nucleares. Su finalidad no es solo transmitir información, sino favorecer comprensión, participación y toma de decisiones compartida. Es recomendable explicar de forma comprensible la diferencia entre dolor persistente y daño tisular agudo, la importancia de la actividad dosificada, el sentido del plan rehabilitador y la necesidad de una evolución progresiva. Una información coherente y repetida por el equipo reduce mensajes contradictorios y puede disminuir la evitación.
La educación debe incorporar pautas de autocuidado adaptadas al nivel de alfabetización en salud del paciente. Entre los contenidos de mayor utilidad se encuentran el reconocimiento de sobreesfuerzo, la distribución de actividades a lo largo del día, la alternancia entre esfuerzo y descanso, la higiene postural, la adaptación del entorno doméstico y el uso racional de ayudas técnicas cuando estén indicadas. También es oportuno revisar hábitos de sueño, alimentación y actividad, ya que el dolor crónico raramente se comporta de forma aislada.
La alianza terapéutica exige validar la experiencia del paciente sin reforzar conductas de inactividad. Escuchar, clarificar objetivos y reconocer las dificultades reales del proceso rehabilitador favorece la confianza y reduce la sensación de incomprensión, frecuente en personas con dolor persistente de larga evolución.
Ejercicio terapéutico y progresión de la actividad
El ejercicio terapéutico forma parte habitual del abordaje no farmacológico en rehabilitación y su aplicación requiere coordinación con el equipo responsable. Desde Enfermería, el papel principal consiste en preparar al paciente para una participación segura, reforzar la adherencia, detectar barreras y registrar la respuesta al esfuerzo. Debe insistirse en que la progresión de la actividad suele ser gradual y que la fluctuación de síntomas no implica necesariamente fracaso del tratamiento.
La intervención puede incluir entrenamiento en calentamiento previo, dosificación del esfuerzo, identificación de señales de alarma y registro simple de actividad y tolerancia. En pacientes muy limitados, el inicio puede centrarse en movimientos básicos, cambios posturales, ejercicios suaves de movilidad o programas de marcha progresiva, siempre según indicación y supervisión del plan rehabilitador. En personas con mayor capacidad funcional, la Enfermería puede reforzar la continuidad del ejercicio en domicilio y la integración de actividad física segura en la rutina cotidiana.
Conviene evitar mensajes dicotómicos del tipo reposo absoluto frente a actividad intensa. La pauta más útil suele basarse en la regularidad, la progresión y la adaptación. El objetivo no es únicamente hacer ejercicio, sino recuperar confianza en el movimiento y aumentar la tolerancia funcional sin incrementos desproporcionados de malestar.
Medidas físicas y manejo cotidiano del síntoma
Las medidas físicas pueden emplearse como complemento dentro del plan de cuidados. Su uso debe individualizarse según la respuesta previa del paciente, la zona afectada, la tolerancia cutánea, la presencia de alteraciones sensitivas y las contraindicaciones clínicas. Entre las opciones habituales se incluyen la aplicación local de calor o frío, los cambios posturales, la descarga articular, el apoyo mediante cojines o dispositivos de posicionamiento y la adecuación ergonómica durante el descanso o determinadas actividades.
Estas medidas no deberían presentarse como soluciones únicas ni utilizarse de forma indiscriminada. Su mayor utilidad suele aparecer cuando se integran en una estrategia más amplia de control de síntomas y mantenimiento de actividad. La Enfermería debe enseñar una aplicación segura, valorar la respuesta obtenida y evitar que el paciente sustituya por completo la actividad terapéutica por medidas pasivas de alivio transitorio.
Estrategias de afrontamiento y regulación emocional
El dolor crónico puede alterar la percepción de control y favorecer patrones de hipervigilancia, miedo y desánimo. Por ello, la intervención enfermera no farmacológica debe incluir apoyo al afrontamiento. Las técnicas de respiración lenta, relajación muscular, atención focalizada, pausas programadas y rutinas de descanso pueden resultar útiles en determinadas personas, especialmente cuando el dolor se asocia a tensión muscular, ansiedad anticipatoria o fatiga acumulada.
No todas las estrategias funcionan igual en todos los pacientes. La utilidad clínica depende de la capacidad de aprendizaje, del contexto emocional, de la motivación y de la continuidad en la práctica. La función de Enfermería consiste en enseñar de forma sencilla, supervisar la comprensión y ayudar a integrar estas herramientas en momentos concretos del día, como antes del ejercicio, durante episodios de aumento del dolor o al inicio del descanso nocturno.
Cuando se detectan signos de sufrimiento emocional intenso, aislamiento o deterioro significativo del afrontamiento, debe considerarse la derivación o coordinación con otros profesionales. El reconocimiento temprano de estas necesidades evita reducir el problema a una mera cuestión de tolerancia al dolor.
Conservación de energía, actividades de la vida diaria y autonomía
En muchas personas, el principal motivo de consulta no es solo el dolor, sino la pérdida de independencia para vestirse, asearse, cocinar, desplazarse o mantener responsabilidades familiares. Por ello, una guía útil en rehabilitación debe vincular las intervenciones con actividades de la vida diaria. La Enfermería puede enseñar técnicas de simplificación de tareas, fraccionamiento de actividades, uso de apoyos, organización del entorno y planificación de periodos de descanso sin caer en el sedentarismo.
La conservación de energía no implica renunciar a la actividad, sino distribuirla mejor. Ayudar al paciente a identificar cuáles son las tareas prioritarias, en qué momento del día dispone de mayor tolerancia y qué movimientos o posturas aumentan el dolor puede mejorar de forma notable la sensación de control. Este enfoque también resulta útil en pacientes con dolor asociado a fatiga persistente o a patología crónica con fluctuaciones funcionales.
Coordinación interdisciplinar y continuidad asistencial
La eficacia del abordaje no farmacológico depende en buena medida de la coherencia entre profesionales. Los mensajes contradictorios sobre reposo, ejercicio, tiempos de recuperación o expectativas funcionales generan inseguridad y reducen la adherencia. Enfermería ocupa una posición estratégica para detectar discrepancias, reforzar instrucciones consensuadas y trasladar al equipo la evolución real del paciente en su vida cotidiana.
La continuidad de cuidados es especialmente importante en la transición entre dispositivos, por ejemplo del ingreso a la rehabilitación ambulatoria o del hospital al domicilio. El plan de cuidados debe recoger problemas relevantes, objetivos funcionales acordados, barreras detectadas, necesidades educativas y recomendaciones de seguimiento. Esta información facilita la adaptación del tratamiento y evita reinicios innecesarios en la intervención.
Criterios de evaluación
La evaluación no debe apoyarse exclusivamente en cambios en la intensidad del dolor. Conviene valorar la participación en el programa de rehabilitación, la tolerancia a la actividad, la calidad del sueño, la capacidad para realizar actividades básicas e instrumentales, la percepción de autoeficacia, el uso de estrategias de autocuidado y el grado de autonomía alcanzado. También es pertinente revisar si el paciente comprende el plan, identifica objetivos realistas y mantiene una conducta activa ante el tratamiento.
Entre los signos de evolución favorable pueden encontrarse una mayor regularidad en la actividad, reducción de la evitación del movimiento, mejor organización de las tareas diarias, mejor adaptación emocional y comunicación más precisa de los factores que modulan el dolor. Si no se observan avances, debe reconsiderarse la adecuación de los objetivos, la carga de actividad, las barreras psicosociales, la comprensión del plan terapéutico y la necesidad de revaloración por el equipo.
Discusión/Conclusiones
El abordaje no farmacológico del dolor crónico en rehabilitación exige comprender que el dolor persistente rara vez se resuelve con una medida aislada. La atención enfermera aporta valor cuando conecta la evaluación clínica del síntoma con el desempeño funcional real de la persona, su capacidad de autocuidado y su modo de afrontar la enfermedad. Esta mirada permite pasar de una lógica centrada en “cuánto duele” a otra más útil para la práctica: “qué limita, qué facilita, qué metas son posibles y cómo sostener los cambios”.
La guía presentada sitúa la valoración integral como punto de partida, ya que una intervención no individualizada puede resultar ineficaz o incluso contraproducente. El dolor crónico no se expresa del mismo modo en una persona con alta motivación y apoyo familiar que en otra con temor intenso al movimiento, escasa red de apoyo o deterioro funcional avanzado. Del mismo modo, las intervenciones deben ajustarse a la etiología del dolor, a la comorbilidad y al momento del proceso rehabilitador.
Uno de los aspectos más relevantes para la práctica es la necesidad de formular objetivos clínicamente significativos y alcanzables. La mejoría funcional, la recuperación de actividades valiosas, la reorganización de rutinas y el aumento de la autoeficacia pueden representar resultados muy relevantes aunque el dolor persista en cierta medida. Este enfoque reduce la frustración y favorece una participación más constante en el tratamiento.
También debe considerarse que algunas intervenciones no farmacológicas, aunque de uso frecuente, requieren educación adecuada y supervisión. El ejercicio, las medidas físicas, las técnicas de relajación o la conservación de energía no son recursos neutros; su beneficio depende de la indicación correcta, de la adherencia y del momento clínico. Por ello, la actuación enfermera no se limita a aplicar recomendaciones generales, sino que incluye observación, ajuste, refuerzo y reevaluación continuada.
La coordinación interdisciplinar constituye otro elemento decisivo. En rehabilitación, la fragmentación de mensajes puede debilitar cualquier plan de cuidados. Enfermería facilita la continuidad al registrar la respuesta del paciente, identificar barreras domésticas o emocionales y mantener una comunicación operativa con el resto del equipo. Esta función resulta especialmente útil en procesos prolongados, con evolución oscilante o con alta carga de dependencia funcional.
En síntesis, una estrategia no farmacológica bien integrada en rehabilitación puede contribuir a mejorar la autonomía personal y la calidad de vida, siempre que se base en valoración integral, objetivos funcionales, educación terapéutica y seguimiento estructurado. Su aplicación debe adaptarse a los protocolos de cada centro, al plan terapéutico global y a la situación concreta de la persona atendida. El papel de Enfermería es especialmente relevante para sostener la adherencia, promover el autocuidado y transformar la intervención rehabilitadora en un proceso comprensible, progresivo y centrado en metas funcionales compartidas.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.
Financiación
Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.
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