Guía de manejo de drenaje quirúrgico y vigilancia de signos de alarma

Guide for surgical drain management and monitoring warning signs

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:36

Autor principal (primer firmante): Nuria Pérez Aguilar

Fecha recepción: 29/05/26

Fecha aceptación: 04/07/26

Fecha de publicación: 08/07/26

Ref.: CADICE. 2026;1(7):36

Autores:
Nuria Pérez Aguilar
Miguel Torres Calvo
Laura Hidalgo Romero
Carmen Ruiz Esteban
Héctor Jiménez Lara
Ana Belén Cano Soler

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Protocolos clínicos; Herida quirúrgica; Exudado; Drenaje quirúrgico; Intervenciones de Enfermería; Apósitos; Cicatrización de heridas; Estomas quirúrgicos; Signos de alarma; Piel

Keywords: Clinical Protocols; Surgical Wound; Exudates and Transudates; Drainage; Nursing Interventions; Bandages; Wound Healing; Surgical Stomas; Warning Signs; Skin

Resumen

Introducción: El drenaje quirúrgico forma parte del manejo postoperatorio de numerosos pacientes y su cuidado exige una vigilancia enfermera continuada. La adecuada observación del dispositivo, de la herida y del exudado puede contribuir a detectar de forma precoz complicaciones locales o sistémicas, favorecer la cicatrización y reducir incidencias relacionadas con la obstrucción, el desplazamiento o el mal funcionamiento del sistema.

Objetivos: Describir una guía orientativa de valoración y manejo enfermero del drenaje quirúrgico, así como los principales signos de alarma que requieren reevaluación clínica y comunicación asistencial.

Metodología: Se desarrolla una guía de intervención de carácter práctico a partir del proceso de atención de Enfermería y de criterios generales de seguridad clínica aplicables al cuidado de heridas, apósitos, piel perilesional y sistemas de drenaje en el ámbito hospitalario y en la continuidad de cuidados.

Resultados: El abordaje incluye la valoración inicial del tipo de drenaje, localización, fijación, permeabilidad, características del exudado, estado de la herida, dolor, integridad cutánea y respuesta general del paciente. Se describen medidas de cuidado, registro, educación sanitaria, prevención de incidencias y criterios de derivación ante alteraciones como aumento brusco del débito, cambios relevantes de coloración, mal olor, fiebre, dolor desproporcionado, eritema progresivo, fuga peritubo o retirada accidental.

Discusión/Conclusiones: El manejo enfermero del drenaje quirúrgico debe entenderse como una intervención dinámica, individualizada y vinculada al contexto clínico. La estandarización prudente de la observación, del registro y de la respuesta ante signos de alarma puede mejorar la seguridad del paciente, aunque siempre debe adaptarse al procedimiento quirúrgico, al estado hemodinámico, a los protocolos del centro y a la valoración interdisciplinar.

Abstract

Introduction: Surgical drains are commonly used in postoperative care, and their management requires continuous nursing surveillance. Careful assessment of the device, the wound and the drainage output may help identify complications early, support wound healing and reduce incidents related to obstruction, displacement or malfunction.

Objectives: To describe a practical nursing guide for surgical drain management and for the surveillance of warning signs requiring clinical reassessment and team communication.

Methodology: A practice-oriented intervention guide was developed based on the nursing process and on general patient safety criteria applicable to wound care, dressings, periwound skin and drainage systems in hospital settings and during continuity of care.

Results: The approach includes initial assessment of drain type, location, fixation, patency, characteristics of drainage, wound status, pain, skin integrity and the patient’s overall response. Nursing care measures, documentation, patient education, prevention of incidents and escalation criteria are described for situations such as sudden increase in output, relevant colour changes, foul odour, fever, disproportionate pain, progressive erythema, leakage around the tube or accidental removal.

Discussion/Conclusions: Nursing management of surgical drains should be considered a dynamic and individualized intervention linked to the clinical context. A prudent standardization of observation, documentation and response to warning signs may improve patient safety, but it should always be adapted to the surgical procedure, haemodynamic status, local protocols and interdisciplinary assessment.

Introducción

El drenaje quirúrgico se emplea para favorecer la evacuación de líquidos o aire tras determinados procedimientos, disminuir la acumulación de colecciones en el lecho quirúrgico y facilitar la vigilancia de la evolución postoperatoria. Su presencia modifica el plan de cuidados porque añade un dispositivo invasivo conectado a una herida o cavidad y puede condicionar dolor, limitación funcional, ansiedad, alteraciones de la piel circundante y riesgo de complicaciones. Desde la perspectiva enfermera, no se trata únicamente de vaciar un reservorio o cambiar un apósito, sino de integrar observación clínica, prevención de eventos adversos, educación sanitaria y coordinación con el equipo responsable.

La variabilidad en los drenajes utilizados, en la técnica quirúrgica y en la situación del paciente obliga a evitar enfoques rígidos. Existen sistemas abiertos y cerrados, dispositivos con succión y sin ella, drenajes temporales en cirugía abdominal, traumatológica, torácica, plástica o de partes blandas, así como situaciones particulares en el entorno de estomas quirúrgicos o heridas con exudado abundante. Pese a esta heterogeneidad, hay principios comunes de cuidado: mantener la permeabilidad sin manipulación innecesaria, evitar tracciones, vigilar el débito y sus características, proteger la piel, preservar la asepsia y reconocer de forma temprana los signos de deterioro.

La vigilancia del exudado tiene valor clínico porque orienta sobre la respuesta inflamatoria, el proceso de cicatrización y la posible aparición de sangrado, infección, dehiscencia o fuga de contenido no esperado. También es relevante la relación entre drenaje, apósito y piel. El contacto mantenido con humedad o secreciones favorece maceración, irritación y pérdida de integridad cutánea, especialmente en personas frágiles, con movilidad reducida, desnutrición, diabetes o tratamientos que alteran la respuesta tisular. Por ello, el manejo del drenaje no debe aislarse del cuidado integral de la herida quirúrgica.

En la práctica diaria, la calidad de los cuidados depende en gran medida de la sistemática enfermera. Una observación incompleta puede retrasar la identificación de incidencias; un registro impreciso dificulta el seguimiento evolutivo; y una educación insuficiente puede comprometer la seguridad cuando el paciente mantiene el drenaje fuera del área de hospitalización. Esta guía reúne criterios generales para orientar la valoración, la intervención y la vigilancia de signos de alarma, con un planteamiento adaptable a los protocolos vigentes de cada centro.

Objetivos

El objetivo general es ofrecer un marco de actuación enfermera para el manejo seguro del drenaje quirúrgico y la detección precoz de signos de alarma asociados a la herida, al exudado, al dispositivo y al estado general del paciente.

Como objetivos específicos se plantean:

  • Identificar los elementos básicos de la valoración inicial y evolutiva del drenaje quirúrgico.
  • Describir cuidados enfermeros orientados a mantener la funcionalidad del dispositivo y la integridad de la herida y de la piel circundante.
  • Precisar criterios prácticos de observación del exudado y del débito sin convertirlos en umbrales universales.
  • Señalar incidencias frecuentes relacionadas con fijación, permeabilidad, apósitos y confort del paciente.
  • Delimitar los principales signos de alarma que requieren valoración clínica adicional y comunicación al equipo responsable.
  • Incorporar recomendaciones de educación sanitaria y continuidad asistencial cuando el paciente precise seguimiento con drenaje.

Metodología

Se presenta una guía de intervención orientada a la práctica enfermera, organizada según las fases habituales del proceso de cuidados: valoración, planificación, actuación, registro y reevaluación. Su finalidad es proporcionar criterios aplicables en unidades de hospitalización, áreas quirúrgicas y dispositivos de continuidad asistencial, siempre sujetos a individualización clínica.

El contenido se estructura a partir de problemas de cuidados frecuentes en pacientes portadores de drenaje quirúrgico: riesgo de infección de la herida, alteración de la integridad cutánea, dolor agudo, limitación de la movilidad, ansiedad ante el dispositivo, riesgo de retirada accidental y necesidad de educación para el autocuidado. En este marco, la intervención enfermera se formula de forma operativa, vinculando observación clínica, técnica aséptica, manejo del apósito, registro del exudado y respuesta ante incidencias.

El ámbito de aplicación incluye situaciones en las que el drenaje forma parte del postoperatorio inmediato o del seguimiento posterior, siempre que no se trate de un dispositivo cuya complejidad requiera protocolos altamente específicos. En todos los casos, la actuación debe armonizarse con la prescripción médica, con el procedimiento quirúrgico realizado y con las instrucciones institucionales sobre retirada, aspiración, curas y notificación de eventos. La guía no pretende sustituir dichos documentos, sino ofrecer un esquema clínico útil para la práctica asistencial.

Resultados

Valoración inicial del paciente y del dispositivo

La primera observación debe confirmar qué tipo de drenaje porta el paciente, su localización anatómica, fecha de colocación si está disponible, finalidad esperable y sistema de funcionamiento. Resulta relevante verificar si se trata de un circuito cerrado, si requiere vacío o presión negativa, si dispone de reservorio graduado y si el tubo se encuentra correctamente fijado y sin acodamientos visibles.

La valoración se completa con la revisión de la herida quirúrgica y del punto de salida del drenaje. Deben observarse el estado del apósito, la presencia de fuga peritubo, el grado de humedad, el aspecto de la piel circundante, la existencia de eritema, induración, calor local o dolor a la palpación, así como signos de tracción o presión mecánica sobre el trayecto del tubo. La integridad de la piel merece especial atención en pacientes con piel frágil, sudoración, incontinencia o exudado abundante.

En paralelo, es necesario valorar el estado general del paciente: dolor, tolerancia al movimiento, nivel de comprensión del dispositivo, ansiedad, náuseas, mareo, signos de compromiso hemodinámico y respuesta emocional ante la imagen corporal. Si el drenaje limita la deambulación o interfiere con el descanso, estos elementos deben incorporarse al plan de cuidados porque pueden repercutir en la recuperación postoperatoria.

Observación del exudado y registro clínico

El exudado debe describirse de forma sistemática y comparativa. Conviene registrar el volumen observado en el intervalo asistencial correspondiente, su tendencia evolutiva y sus características cualitativas: seroso, serohemático, hemático, purulento, bilioso o de otro aspecto no habitual según el procedimiento. Más que una cifra aislada, interesa la evolución en el tiempo y su concordancia con la situación clínica del paciente.

El cambio de color, consistencia u olor puede aportar información relevante. Un contenido progresivamente más claro puede formar parte de la evolución esperable en algunos contextos, mientras que un aspecto intensamente hemático, turbio o maloliente debe interpretarse junto con la exploración de la herida y la situación general. El registro debe ser legible, cronológico y clínicamente útil, evitando términos ambiguos como “normal” si no se precisa qué se ha observado.

La trazabilidad del drenaje incluye también la comprobación del funcionamiento del sistema. En drenajes con reservorio, se anotará si el vacío se mantiene; en cualquier dispositivo, si existe obstrucción aparente, tubuladuras plegadas, desconexión, salida parcial o imposibilidad para el drenaje. Este registro facilita la continuidad asistencial entre turnos y la toma de decisiones por parte del equipo.

Cuidados enfermeros del drenaje quirúrgico

La manipulación debe realizarse con higiene de manos y medidas de asepsia acordes al procedimiento. Antes de cualquier intervención conviene preparar el material, explicar la técnica al paciente y preservar su intimidad. Si el apósito está húmedo, despegado o contaminado, se procederá a su sustitución siguiendo la práctica segura del centro y minimizando la movilización del tubo.

La fijación del drenaje es un elemento de seguridad. Debe comprobarse que el sistema no esté sometido a tirantez, que el peso del reservorio no traccione del punto de inserción y que el recorrido permita movilización razonable del paciente sin riesgo de arrastre. Siempre que sea posible, se mantendrá el reservorio por debajo del punto de inserción cuando el sistema lo requiera y se evitará apoyarlo en el suelo o colocarlo en posiciones que comprometan su funcionamiento.

El vaciado del contenido, si procede según el tipo de drenaje, debe efectuarse con técnica limpia o aséptica conforme al protocolo del centro, utilizando recipientes graduados cuando sea necesario para asegurar un registro correcto. Tras el vaciado, se verificará el correcto cierre del sistema y, en los drenajes con succión, la restitución del mecanismo indicado. Cualquier manipulación innecesaria aumenta el riesgo de contaminación y debe evitarse.

La cura de la zona de salida requiere valorar si basta con reforzar el apósito o si está indicada una limpieza más amplia. La piel perilesional debe secarse con suavidad y protegerse frente a humedad persistente o adhesivos repetidos. Cuando exista exudado abundante, puede ser preciso individualizar el tipo de apósito para equilibrar absorción, protección cutánea y posibilidad de inspección. La selección del material dependerá del volumen de drenaje, la localización anatómica y la tolerancia de la piel.

El dolor asociado al drenaje no debe infraestimarse. Puede aparecer durante el movimiento, al cambiar de posición o en las curas. La valoración periódica del dolor y la aplicación de medidas farmacológicas prescritas y no farmacológicas, como la movilización cuidadosa, el apoyo del tubo durante los cambios posturales y la información previa al procedimiento, pueden mejorar la tolerancia y reducir la respuesta de defensa del paciente.

Prevención de incidencias frecuentes

Las incidencias más comunes incluyen acodamiento del tubo, pérdida de vacío, fuga alrededor del punto de salida, desconexiones, retirada parcial, apósito saturado y maceración de la piel. Muchas de ellas pueden prevenirse mediante una rutina sencilla: revisión visual del sistema al inicio del turno, comprobación tras movilizaciones o traslados, sujeción adecuada de la tubuladura y educación al paciente para que evite manipular el dispositivo o apoyar el reservorio sobre la cama sin control.

En pacientes con menor autonomía, deterioro cognitivo o agitación, puede aumentar el riesgo de tracción accidental. En estos casos conviene reforzar la vigilancia, revisar la colocación de la ropa y de la ropa de cama, y valorar con el equipo medidas que reduzcan la exposición del sistema sin dificultar su monitorización. La movilización y la deambulación deben promoverse con seguridad, integrando el drenaje en el plan de cuidados y anticipando quién sostendrá el sistema y cómo se evitarán tirones.

Signos de alarma relacionados con el drenaje y la herida

La aparición de determinados cambios obliga a una reevaluación clínica sin demora. Entre ellos destaca el aumento brusco del débito o un descenso repentino no explicado en un paciente con sospecha de obstrucción, especialmente si se acompaña de dolor, distensión, tensión del área intervenida o salida de líquido alrededor del tubo. También requieren valoración la presencia de sangrado de aspecto fresco en cantidad llamativa para la evolución esperada o cambios relevantes hacia un contenido purulento, fecaloideo, bilioso o intensamente maloliente.

En la zona de inserción y en la herida quirúrgica deben considerarse signos de alarma el eritema progresivo, el calor local creciente, la tumefacción, la induración, la separación de bordes, la maceración extensa, la necrosis cutánea o el dolor desproporcionado. Si el apósito se empapa repetidamente, existe fuga persistente o el drenaje parece exteriorizado más de lo habitual, es necesario revisar la fijación y comunicar la incidencia.

Desde una perspectiva sistémica, la fiebre, los escalofríos, el deterioro del estado general, la taquicardia, la hipotensión, la dificultad respiratoria, la oliguria o la confusión aguda pueden indicar una complicación postoperatoria y deben interpretarse en conjunto con el dispositivo y la herida. Enfermería desempeña un papel esencial en la detección precoz de estos cambios, ya que suele ser el profesional que observa la evolución continuada del paciente.

Comunicación y escalada asistencial

Ante un signo de alarma, la respuesta no debe limitarse a consignar la incidencia en el registro. Es preciso reevaluar al paciente, comprobar el funcionamiento del drenaje, revisar constantes si procede y comunicar de manera estructurada la situación al profesional responsable. Una comunicación útil incluye qué cambio se ha observado, desde cuándo, cómo era la situación previa, qué otras manifestaciones clínicas acompañan y qué actuaciones iniciales se han realizado.

Si el drenaje se exterioriza accidentalmente o se produce desconexión del sistema, la prioridad es preservar la seguridad del paciente, proteger el campo, valorar el estado de la herida, evitar manipulaciones no indicadas y activar la valoración médica según la urgencia del caso. La reposición del dispositivo o la decisión sobre su mantenimiento no corresponde a una actuación automática, sino a una valoración clínica individualizada.

Educación sanitaria y continuidad de cuidados

Cuando el paciente vaya a convivir con el drenaje más allá del postoperatorio inmediato, la educación sanitaria resulta imprescindible. Debe adaptarse al nivel de comprensión, a la capacidad funcional y al apoyo familiar disponible. Es recomendable explicar de forma clara la finalidad del dispositivo, cómo evitar tirones, qué posición favorece la comodidad, cuándo avisar ante cambios del exudado y cómo observar el apósito sin retirar material que no deba manipular.

La información debe priorizar signos sencillos y relevantes: aumento llamativo del contenido, sangre roja evidente, mal olor, fiebre, dolor creciente, enrojecimiento que se extiende, salida del tubo, reservorio sin funcionamiento aparente o fuga continua sobre la piel. También conviene reforzar medidas generales como la higiene de manos antes de cualquier contacto, la no manipulación del sistema salvo indicación expresa y el mantenimiento de la cita de seguimiento o del contacto con el dispositivo asistencial de referencia.

En la continuidad de cuidados, la documentación enfermera tiene valor práctico. Reflejar el tipo de drenaje, la última observación, el aspecto del exudado, el estado de la herida, el material empleado en la cura y las instrucciones proporcionadas favorece transiciones asistenciales más seguras y reduce omisiones en el seguimiento.

Discusión/Conclusiones

El drenaje quirúrgico obliga a una vigilancia enfermera que combina técnica, juicio clínico y capacidad de anticipación. Aunque la función del dispositivo parezca limitada a evacuar exudado, su manejo repercute de forma directa en la evolución de la herida, en la prevención de infecciones, en el confort del paciente y en la identificación temprana de complicaciones. Por ello, la observación no debe centrarse solo en el volumen drenado, sino integrar el estado del lecho quirúrgico, la piel perilesional, la fijación del sistema y los cambios generales del paciente.

Una de las principales aportaciones del enfoque enfermero es la continuidad. El profesional de Enfermería valora la evolución a lo largo del turno, relaciona hallazgos aparentemente menores y detecta tendencias que pueden pasar inadvertidas en valoraciones puntuales. Un apósito que se humedece de forma repetida, una piel cada vez más macerada, un dolor creciente al movilizarse o la pérdida progresiva de vacío del reservorio son datos que, interpretados en conjunto, orientan la necesidad de revisar el plan terapéutico.

También debe considerarse que no todos los cambios tienen el mismo significado en todos los procedimientos. El tipo de cirugía, la localización anatómica, el momento postoperatorio, la existencia de estomas, la comorbilidad y la situación hemodinámica modifican la interpretación del exudado y de los signos locales. De ahí que esta guía deba entenderse como una orientación clínica general, útil para ordenar la práctica, pero subordinada a la valoración individual y a los protocolos específicos del centro.

En pacientes con alta precoz o seguimiento ambulatorio, la educación sanitaria adquiere un peso mayor. La seguridad depende en buena medida de que el paciente y la familia comprendan cómo convivir con el drenaje, qué observaciones son relevantes y cuándo solicitar ayuda. Una información excesivamente técnica puede dificultar la adherencia; una información insuficiente puede retrasar la consulta. El equilibrio consiste en seleccionar mensajes claros, repetibles y vinculados a situaciones observables.

Puede concluirse que el manejo enfermero del drenaje quirúrgico no se reduce a una tarea técnica aislada, sino que forma parte del cuidado integral de la herida y de la recuperación postoperatoria. La valoración sistemática, el registro preciso, la protección de la piel, la prevención de tracciones y la respuesta temprana ante signos de alarma constituyen los ejes de una práctica segura. Su aplicación, siempre individualizada, puede contribuir a mejorar la continuidad asistencial y la detección precoz de complicaciones en pacientes quirúrgicos.

Conflicto de intereses

Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.

Financiación

Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.

Bibliografía

  1. Fitzpatrick ER. Postoperative Management of the Thoracic Surgery Patient.. Crit Care Nurs Clin North Am. 2025;37(3):389-405. doi: https://doi.org/10.1016/j.cnc.2025.05.005
  2. Batchelor TJP, Ljungqvist O. A surgical perspective of ERAS guidelines in thoracic surgery.. Curr Opin Anaesthesiol. 2019;32(1):17-22. doi: https://doi.org/10.1097/ACO.0000000000000685
  3. Gökgöz G, Karabacak Ü, Kan Öntürk Z. The effects of milking and suction drain management methods in paediatric patients after cardiac surgery.. Int J Nurs Pract. 2023;29(2):e13122. doi: https://doi.org/10.1111/ijn.13122
  4. Nguyen H, Lund CH. Exploratory laparotomy or peritoneal drain? Management of bowel perforation in the neonatal intensive care unit.. J Perinat Neonatal Nurs. 2007;21(1):50-60; quiz 61-2. doi: https://doi.org/10.1097/00005237-200701000-00011
  5. Tu JJ, Chen Z, Zhou ZQ, Lu FY. Postoperative care for patients undergoing cholecystectomy: A comprehensive nursing review.. World J Gastrointest Surg. 2025;17(8):106170. doi: https://doi.org/10.4240/wjgs.v17.i8.106170
  6. Field M, Doolan J, Safar M, Kuduvalli M, Oo A, Mills K, et al.. The safe use of spinal drains in thoracic aortic surgery.. Interact Cardiovasc Thorac Surg. 2011;13(6):557-65. doi: https://doi.org/10.1510/icvts.2011.272211
  7. Tsang LF, Cheng HC, Ho HS, Hsu YC, Chow CM, Law HW, et al.. Translating evidence-based protocol of wound drain management for total joint arthroplasty into practice: A quasi-experimental study.. Int J Orthop Trauma Nurs. 2016;21:49-61. doi: https://doi.org/10.1016/j.ijotn.2015.07.002
  8. Sun L, Lu Y, Zhang Y, Jin C, Yuan Z, Xu R. Risk factors for enhanced recovery after surgery failure in patients undergoing lung cancer resection with concomitant cardiovascular disease: A single-center retrospective study.. Asia Pac J Oncol Nurs. 2024;11(8):100532. doi: https://doi.org/10.1016/j.apjon.2024.100532
  9. Orth K. Preventing Surgical Site Infections Related to Abdominal Drains in the Intensive Care Unit.. Crit Care Nurse. 2018;38(4):20-26. doi: https://doi.org/10.4037/ccn2018254
Scroll al inicio