Insuficiencia cardiaca estable: contenidos esenciales de educación enfermera

Stable heart failure: essential content for nursing education

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:333

Autor principal (primer firmante): Lucía Ortega Ramos

Fecha recepción: 07/08/26

Fecha aceptación: 29/08/26

Fecha de publicación: 05/09/26

Ref.: CADICE. 2026;1(9):333

Autores:
Lucía Ortega Ramos
Sergio Martín Delgado

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Autocuidado; Enfermería basada en la evidencia; Cuidados de Enfermería; Edema; Atención primaria de salud; Insuficiencia cardíaca; Educación sanitaria; Peso corporal; Revisión; Seguimiento de pacientes

Keywords: Self Care; Evidence-Based Nursing; Nursing Care; Edema; Primary Health Care; Heart Failure; Health Education; Body Weight; Review; Patient Follow-Up

Resumen

Introducción: La insuficiencia cardiaca estable constituye una situación clínica de alta complejidad para la persona y su entorno, no solo por la persistencia de síntomas y limitaciones funcionales, sino también por la necesidad de mantener conductas de autocuidado sostenidas en el tiempo. En este marco, la educación enfermera ocupa un lugar central, especialmente en atención primaria y en los dispositivos de seguimiento ambulatorio, al facilitar la comprensión de la enfermedad, la detección precoz de descompensaciones y la adherencia al plan terapéutico.

Objetivos: Revisar los contenidos esenciales de educación enfermera dirigidos a personas con insuficiencia cardiaca estable, identificar los principales ámbitos de intervención educativa y analizar su utilidad para la práctica clínica y la continuidad asistencial.

Metodología: Revisión teórica de carácter narrativo centrada en el papel de Enfermería en la educación sanitaria de personas adultas con insuficiencia cardiaca estable. Se organizan los contenidos a partir de áreas clínicas y de autocuidado de uso habitual en la práctica asistencial: conocimiento de la enfermedad, tratamiento, control de síntomas, peso corporal, edema, hábitos de vida, seguimiento y participación familiar.

Resultados: Los contenidos educativos prioritarios incluyen la comprensión básica del proceso, la identificación de signos de empeoramiento, el control diario del peso cuando esté indicado, la vigilancia del edema y de la tolerancia al esfuerzo, la adherencia al tratamiento prescrito, la organización de la ingesta de líquidos y sodio según indicación clínica, la prevención de factores desestabilizadores y la utilización adecuada de los recursos asistenciales. La intervención enfermera requiere valoración individual, adaptación del mensaje al nivel de alfabetización en salud y refuerzo continuado.

Discusión/Conclusiones: La educación enfermera en insuficiencia cardiaca estable no debe entenderse como una información puntual, sino como un proceso longitudinal de acompañamiento, entrenamiento y reevaluación. Su efectividad práctica depende de la personalización, la continuidad entre niveles asistenciales y la consideración de barreras funcionales, cognitivas, emocionales y sociales. Una educación estructurada, prudente y centrada en la persona puede contribuir a mejorar el autocuidado y a favorecer una atención más segura.

Abstract

Introduction: Stable heart failure is a complex clinical condition for patients and caregivers because it involves persistent symptoms, functional limitations, and the need for long-term self-care behaviours. In this setting, nursing education plays a major role, particularly in primary care and outpatient follow-up, by supporting disease understanding, early recognition of worsening symptoms, and adherence to the therapeutic plan.

Objectives: To review the essential nursing education contents for adults with stable heart failure, to identify the main educational domains, and to analyse their relevance for clinical practice and continuity of care.

Methodology: A narrative theoretical review was conducted focusing on the nursing role in health education for adults with stable heart failure. The contents were organised around common clinical and self-care domains used in practice: disease understanding, treatment, symptom monitoring, body weight, oedema, lifestyle, follow-up, and family involvement.

Results: Priority educational contents include basic understanding of the condition, recognition of warning signs, daily weight monitoring when indicated, surveillance of oedema and exercise tolerance, adherence to prescribed treatment, management of fluid and sodium intake according to clinical advice, prevention of destabilising factors, and appropriate use of healthcare resources. Nursing interventions require individual assessment, adaptation to health literacy, and continuous reinforcement.

Discussion/Conclusions: Nursing education in stable heart failure should not be limited to one-time information delivery, but rather understood as a longitudinal process of support, coaching, and reassessment. Its practical value depends on personalisation, continuity across care settings, and attention to functional, cognitive, emotional, and social barriers. Structured, patient-centred education may contribute to better self-care and safer care pathways.

Introducción

La insuficiencia cardiaca estable representa una fase clínica en la que la persona mantiene una situación relativamente compensada, aunque persiste un riesgo de empeoramiento relacionado con la propia evolución del proceso, la comorbilidad, la fragilidad, la adherencia terapéutica y múltiples factores del entorno. Desde la perspectiva enfermera, no se trata solo de una enfermedad cardiovascular crónica, sino de una condición que condiciona la vida diaria, el descanso, la movilidad, la alimentación, la percepción de seguridad y la capacidad para anticipar cambios clínicos relevantes.

Buena parte del control cotidiano de la insuficiencia cardiaca descansa fuera del hospital. La observación de síntomas, el reconocimiento de variaciones en el peso corporal, la vigilancia del edema, la correcta toma de la medicación y la respuesta ante signos de alarma son aspectos que suceden en el domicilio y dependen, en gran medida, del grado de comprensión y de la capacidad de autocuidado de la persona y de su familia. Por ello, la educación sanitaria no es un complemento accesorio del tratamiento, sino una intervención de cuidados integrada en el seguimiento habitual.

Enfermería ocupa una posición especialmente relevante en este ámbito por su contacto continuado con el paciente, su visión funcional y su capacidad para traducir indicaciones complejas en conductas concretas y asumibles. La consulta de atención primaria, la visita domiciliaria, la transición al alta y los programas de seguimiento ofrecen oportunidades sucesivas para valorar necesidades, reforzar mensajes y detectar dificultades. Esta continuidad permite adaptar la educación a la situación clínica, al contexto social y al nivel de alfabetización en salud, evitando una transmisión uniforme de información que a menudo resulta insuficiente.

La estabilidad clínica no excluye la existencia de síntomas fluctuantes, cansancio, intolerancia al esfuerzo o dudas persistentes sobre la vida cotidiana. Muchas personas refieren inseguridad para identificar cuándo un cambio es esperable y cuándo exige consulta. Otras presentan barreras relacionadas con deterioro cognitivo leve, polimedicación, dependencia funcional, soledad o sobrecarga del cuidador. En consecuencia, los contenidos educativos no deben limitarse a definir la enfermedad, sino que han de orientarse a la toma de decisiones prácticas y seguras en el entorno real del paciente.

En este escenario, revisar qué contenidos son prioritarios y cómo deben abordarse resulta de utilidad para homogeneizar la práctica enfermera sin convertirla en un protocolo cerrado. La educación en insuficiencia cardiaca estable debe ser comprensible, gradual, repetida y centrada en problemas de la vida diaria. También debe contemplar la coordinación entre niveles asistenciales y la participación de la familia cuando proceda.

Objetivos

El objetivo general de este trabajo es revisar los contenidos esenciales de educación enfermera en personas con insuficiencia cardiaca estable, con especial atención a su aplicabilidad en el seguimiento ambulatorio y en atención primaria.

Como objetivos específicos se plantean:

  • Describir los ámbitos prioritarios de educación sanitaria relacionados con el autocuidado y la detección precoz de descompensación.
  • Analizar el papel de Enfermería en la valoración educativa, la individualización del plan de enseñanza y el refuerzo continuado.
  • Identificar elementos clínicos y contextuales que condicionan la adherencia y la comprensión del tratamiento.
  • Ordenar contenidos prácticos sobre peso corporal, edema, hábitos de vida, medicación y seguimiento que puedan incorporarse a la actividad asistencial ordinaria.
  • Reflexionar sobre las barreras más frecuentes y sobre la necesidad de continuidad entre distintos ámbitos de atención.

Metodología

Se presenta una revisión teórica de tipo narrativo sobre educación enfermera en insuficiencia cardiaca estable. El enfoque se centra en la práctica clínica habitual y en los contenidos que suelen formar parte del seguimiento de personas adultas atendidas en consultas de atención primaria, consultas especializadas, hospitalización con planificación del alta y atención domiciliaria.

La organización del texto responde a áreas de intervención educativa de interés asistencial: comprensión de la enfermedad, control de síntomas, vigilancia del peso corporal y del edema, cumplimiento terapéutico, alimentación y líquidos, actividad física y descanso, prevención de descompensaciones, seguimiento clínico y participación del entorno cuidador. No se plantea una revisión sistemática ni se cuantifican resultados de estudios concretos, sino una síntesis razonada orientada a la práctica enfermera.

El desarrollo parte de un criterio de prudencia clínica. Los contenidos expuestos no sustituyen la valoración individual ni las indicaciones del equipo responsable, y deben adaptarse a la situación funcional, cognitiva y social de cada persona. Del mismo modo, la educación propuesta se entiende como un proceso longitudinal que requiere reevaluación periódica del aprendizaje, de la capacidad de ejecución y de las dificultades emergentes.

Resultados

Comprensión básica de la enfermedad y del plan de cuidados

Uno de los primeros objetivos educativos consiste en lograr que la persona comprenda, de forma proporcionada a su nivel de alfabetización en salud, qué significa vivir con insuficiencia cardiaca. No es necesario trasladar una explicación fisiopatológica extensa, pero sí conviene que el paciente identifique que el corazón puede no bombear o llenarse con eficacia suficiente y que ello puede traducirse en retención de líquidos, dificultad respiratoria, cansancio o limitación para actividades habituales. Esta comprensión básica favorece que los síntomas se interpreten dentro de un marco coherente y no como episodios aislados sin relación entre sí.

La educación inicial debe incorporar una explicación clara del propósito del seguimiento, de la necesidad de observar cambios clínicos y del papel activo que tiene la persona en su propio cuidado. Resulta útil explorar previamente ideas erróneas frecuentes, como considerar que la ausencia de dolor implica siempre estabilidad, que la hinchazón de las piernas es un hallazgo banal o que el cansancio forma parte inevitable del envejecimiento y no merece consulta. Estas creencias pueden retrasar la detección de empeoramientos.

La intervención enfermera se beneficia de un lenguaje concreto, ejemplos cotidianos y verificación de la comprensión. Pedir al paciente que explique con sus palabras qué debe vigilar o qué haría ante una ganancia rápida de peso ofrece más información que una simple pregunta cerrada. La educación efectiva no consiste tanto en entregar mensajes como en comprobar que se han entendido y pueden aplicarse.

Autocontrol de síntomas y reconocimiento de signos de alarma

La insuficiencia cardiaca estable requiere observación continuada de síntomas. Entre los contenidos prioritarios se encuentran la disnea de esfuerzo o en reposo, la ortopnea, la aparición de fatiga desproporcionada, la reducción de la tolerancia a actividades habituales, la sensación de hinchazón, el edema en extremidades inferiores y el aumento del perímetro abdominal cuando proceda. Enfermería debe ayudar a diferenciar entre molestias conocidas y cambios que sugieren pérdida de estabilidad.

La enseñanza sobre signos de alarma debe formularse de manera operativa. Más que enumerar síntomas de forma abstracta, conviene traducirlos en situaciones concretas: necesidad de dormir con más almohadas de lo habitual, dificultad para caminar distancias previamente toleradas, aumento visible de la hinchazón de tobillos o piernas, incremento rápido del peso, disminución llamativa de la diuresis si el paciente es capaz de observarla, o empeoramiento del cansancio sin causa aparente. También es pertinente valorar la presencia de tos nocturna, malestar general o sensación de plenitud abdominal cuando formen parte de la experiencia clínica habitual del paciente.

La educación no debe inducir alarma desproporcionada, pero sí facilitar criterios de consulta. La persona ha de saber cuándo contactar con su centro de salud, con su consulta de seguimiento o con dispositivos de atención urgente según la intensidad de los síntomas, la rapidez de instauración y la presencia de compromiso respiratorio o deterioro general. Esta toma de decisiones mejora cuando las instrucciones se entregan por escrito y se revisan en visitas sucesivas.

Control del peso corporal y vigilancia del edema

El control del peso corporal es uno de los ejes más conocidos del autocuidado en insuficiencia cardiaca, aunque su eficacia depende de que el paciente entienda por qué se realiza y cómo debe interpretarlo. Enfermería debe explicar que variaciones relativamente rápidas del peso pueden sugerir retención hídrica antes de que aparezca un empeoramiento clínico más evidente. Para ello, si está indicado en el plan individual, se recomienda enseñar una técnica homogénea de pesada: misma báscula, horario similar, ropa comparable y registro continuado.

No todas las personas presentan las mismas condiciones para un autocontrol fiable. La inestabilidad postural, la dependencia funcional, el deterioro cognitivo o la ausencia de apoyo pueden limitar esta estrategia. En tales casos, el seguimiento puede apoyarse más en otros indicadores observables, como el edema, el patrón respiratorio, la tolerancia al esfuerzo o la necesidad de ampliar reposo. La educación enfermera debe ajustarse a lo factible, no a un ideal uniforme.

En relación con el edema, resulta útil enseñar a identificar cambios en tobillos, piernas, calzado, anillos o prendas que antes no oprimían. El paciente puede no reconocer el edema como un signo clínico relevante si no se le ha explicado previamente. También conviene valorar si sabe diferenciar una hinchazón mantenida de otra que aumenta en pocos días, pues esta evolución puede tener mayor interés en el seguimiento.

Adherencia terapéutica y manejo del tratamiento

La polimedicación es frecuente en personas con insuficiencia cardiaca, especialmente cuando conviven hipertensión, diabetes, enfermedad renal crónica, fibrilación auricular u otras patologías. En este contexto, la educación enfermera debe dirigirse a mejorar el conocimiento práctico del tratamiento: para qué sirve cada grupo farmacológico de forma general, cómo organizar las tomas, qué hacer ante olvidos y por qué no debe modificarse la pauta sin indicación profesional.

El abordaje educativo debe evitar explicaciones excesivamente técnicas y centrarse en problemas reales: dificultad para recordar horarios, confusión entre comprimidos, temor a efectos adversos, automedicación, abandono del diurético por las molestias derivadas del aumento de la diuresis o interrupción del tratamiento al encontrarse mejor. También es importante revisar si existen obstáculos económicos, visuales o manipulativos para preparar la medicación.

Las intervenciones más útiles suelen ser sencillas: conciliación del tratamiento al alta o en consulta, uso de listados claros, revisión de pastilleros cuando el contexto lo permita y participación del cuidador principal si la autonomía es limitada. El objetivo no es que la persona memorice nombres complejos, sino que comprenda la importancia de mantener la pauta prescrita y pueda ejecutarla con seguridad.

Alimentación, sodio, líquidos y hábitos de vida

Las recomendaciones dietéticas en insuficiencia cardiaca deben individualizarse. Desde Enfermería, la educación se orienta habitualmente a reducir conductas que favorecen la retención hídrica y a promover una alimentación compatible con la situación clínica y la comorbilidad. En la práctica, esto implica explorar hábitos previos, consumo de productos procesados, uso de sal añadida, comidas fuera del domicilio y capacidad real para preparar alimentos adecuados.

La reducción del sodio suele expresarse mejor en términos prácticos que en cifras abstractas. Resulta más útil enseñar a identificar alimentos especialmente salados, caldos comerciales, embutidos, conservas, aperitivos y salsas, así como revisar etiquetas de forma comprensible. Del mismo modo, cuando exista recomendación de control de líquidos, la persona debe saber qué bebidas y preparados computan en el total diario y cómo distribuir la ingesta para minimizar la sensación de sed. Estas indicaciones requieren siempre adaptación al plan clínico individual.

Otros hábitos de vida también forman parte de la educación. El consumo de alcohol, el tabaquismo, el sedentarismo o las alteraciones del sueño pueden influir en la evolución y en la capacidad de autocuidado. Enfermería puede trabajar objetivos progresivos, realistas y revisables, evitando mensajes culpabilizadores. El consejo sanitario breve, sostenido y centrado en problemas concretos suele ser más útil que recomendaciones extensas poco aplicables.

Actividad física, conservación de energía y descanso

La limitación funcional es una de las experiencias más incapacitantes para muchas personas con insuficiencia cardiaca. La educación debe ayudar a encontrar un equilibrio entre evitar el sedentarismo y no sobrepasar la tolerancia individual. De manera general, se recomienda valorar el patrón previo de actividad, la presencia de disnea, mareo o fatiga, y pactar pautas adaptadas a la situación clínica y a la indicación profesional recibida.

Enfermería puede enseñar estrategias de conservación de energía para actividades básicas e instrumentales, como espaciar tareas, alternar esfuerzo y descanso, priorizar actividades, sentarse para el aseo o la preparación de alimentos y detectar señales de sobrecarga. Este tipo de educación tiene especial interés en personas mayores, frágiles o con comorbilidad respiratoria y osteoarticular.

El descanso nocturno merece atención específica. La ortopnea, la nocturia, la ansiedad ante la sensación de ahogo o la presencia de apnea del sueño ya diagnosticada pueden alterar el sueño y empeorar la percepción de salud. Preguntar por la calidad del descanso y por los cambios en la postura para dormir aporta información clínica y orienta parte del consejo educativo.

Seguimiento, continuidad asistencial y participación familiar

La educación enfermera en insuficiencia cardiaca estable alcanza mejores resultados prácticos cuando se integra en un seguimiento continuado. Las revisiones periódicas permiten reevaluar síntomas, comprobar registros de peso si existen, revisar edemas, detectar errores en la toma de medicación y actualizar el plan educativo. En muchos casos, la repetición del mensaje es necesaria porque el aprendizaje se ve afectado por la edad, la carga terapéutica o la ansiedad que acompaña a la enfermedad crónica.

La transición entre niveles asistenciales merece especial atención. Tras una hospitalización por descompensación, el paciente puede regresar a su domicilio con cambios terapéuticos, nuevas restricciones y dudas no resueltas. La coordinación entre hospital y atención primaria, junto con una información coherente y no contradictoria, puede favorecer la seguridad del proceso. Desde Enfermería, la continuidad asistencial incluye verificar lo comprendido, reforzar la educación recibida y adaptar el seguimiento al riesgo clínico y a la capacidad de autocuidado.

La familia y los cuidadores constituyen un apoyo importante cuando existe dependencia parcial, deterioro cognitivo o escasa autonomía para la gestión del tratamiento. Su participación debe incorporarse con consentimiento del paciente y con delimitación clara de responsabilidades. Educar al cuidador no sustituye el trabajo con la persona enferma, pero puede mejorar la observación de cambios y la organización del cuidado diario.

Barreras educativas y adaptación del mensaje

No todas las personas se benefician del mismo formato educativo. La hipoacusia, las dificultades de lectura, el bajo nivel de alfabetización en salud, la fatiga, la depresión, el aislamiento social o la barrera idiomática pueden reducir la eficacia de la educación si no se valoran de forma específica. Del mismo modo, la sobrecarga informativa en una sola consulta suele dificultar el recuerdo y la aplicación posterior.

La planificación enfermera debe priorizar objetivos, fragmentar contenidos y emplear materiales comprensibles. Las instrucciones escritas breves, la revisión de un registro domiciliario sencillo o el uso de preguntas de retorno pueden mejorar la consolidación del aprendizaje. También es pertinente identificar creencias culturales o experiencias previas que condicionen la aceptación del tratamiento y del autocontrol.

La educación de calidad no se limita a informar, sino que persigue capacitar. Para ello resulta necesario comprobar no solo lo que el paciente sabe, sino lo que puede hacer y mantener en su vida cotidiana. La distancia entre conocimiento y conducta es especialmente visible en enfermedades crónicas complejas como la insuficiencia cardiaca.

Discusión/Conclusiones

La insuficiencia cardiaca estable exige una educación enfermera sostenida, individualizada y orientada a decisiones prácticas. Los contenidos esenciales no se reducen a una lista de recomendaciones, sino que configuran un marco de autocuidado que debe ajustarse a síntomas, comorbilidad, capacidad funcional y contexto social. Entre ellos destacan la comprensión básica del proceso, la adherencia al tratamiento, la vigilancia del peso corporal cuando esté indicada, la observación del edema y de la disnea, el reconocimiento de signos de alarma y el uso adecuado de los recursos sanitarios.

Desde la práctica enfermera, uno de los principales retos consiste en transformar información clínica compleja en conductas asumibles y mantenidas. Esto requiere tiempo, continuidad, repetición y verificación de la comprensión. También exige abandonar modelos educativos centrados exclusivamente en la transmisión de mensajes y avanzar hacia intervenciones más interactivas, donde el paciente pueda expresar dudas, mostrar cómo organiza su medicación, explicar qué entiende por empeoramiento y señalar qué barreras encuentra en el domicilio.

El seguimiento en atención primaria ofrece una posición privilegiada para este trabajo por su proximidad, longitudinalidad y capacidad de integrar aspectos clínicos, familiares y comunitarios. No obstante, la efectividad de la educación depende en gran medida de la coordinación con otros niveles asistenciales, en especial tras episodios de descompensación o cambios terapéuticos recientes. Una información fragmentada o contradictoria puede dificultar la adherencia y generar inseguridad.

Asimismo, debe reconocerse que no todas las personas podrán asumir un mismo nivel de autocontrol. La fragilidad, el deterioro cognitivo, la dependencia funcional o la soledad obligan a redefinir objetivos, incorporar a cuidadores y priorizar medidas realistas. La educación enfermera de calidad no persigue la autonomía idealizada, sino el máximo nivel de seguridad y capacidad posible en cada situación.

En conjunto, la educación sanitaria en insuficiencia cardiaca estable forma parte del cuidado clínico y no de un complemento informativo. Cuando se integra en la valoración enfermera, se adapta a la persona y se mantiene en el tiempo, puede contribuir a un mejor reconocimiento de cambios clínicos, a un autocuidado más consistente y a una atención más segura y coherente en el ámbito comunitario y ambulatorio.

Conflicto de intereses

Los autores declaran que no existen conflictos de intereses personales, profesionales o económicos relacionados con este trabajo.

Financiación

La realización de este trabajo no recibió ayudas económicas ni financiación institucional específica.

Bibliografía

  1. Zare-Kaseb A, Emami Zeydi A, Bakhtiari-Dovvombaygi H, Nazari AM. Effects of education based on teach-back methods on self‑care and quality of life of the patients with heart failure: a systematic review. BMC Cardiovasc Disord. 2024;24(1):591. doi: https://doi.org/10.1186/s12872-024-04264-5
  2. Chi SY, Soh KL, Raman RA, Ong SL, Soh KG. Nurses' knowledge of heart failure self-care education: A systematic review. Nurs Crit Care. 2022;27(2):172-186. doi: https://doi.org/10.1111/nicc.12758
  3. Evangelista LS, Shinnick MA. What do we know about adherence and self-care?. J Cardiovasc Nurs. 2008;23(3):250-7. doi: https://doi.org/10.1097/01.JCN.0000317428.98844.4d
  4. Edwardson SR. Patient education in heart failure. Heart Lung. 2007;36(4):244-52. doi: https://doi.org/10.1016/j.hrtlng.2006.08.011
  5. Dunbar SB, Clark PC, Quinn C, Gary RA, Kaslow NJ. Family influences on heart failure self-care and outcomes. J Cardiovasc Nurs. 2008;23(3):258-65. doi: https://doi.org/10.1097/01.JCN.0000305093.20012.b8
  6. Strömberg A. Educating nurses and patients to manage heart failure. Eur J Cardiovasc Nurs. 2002;1(1):33-40. doi: https://doi.org/10.1016/S1474-5151(01)00011-1
  7. Camino Ortega E, Baroja Gil de Gómez A, González Gamarra A, Cuevas-Budhart MA, García Klepzig JL, Gómez Del Pulgar García-Madrid M. [Education interventions in heart failure using m-Health: Systematic review]. Aten Primaria. 2023;55(11):102734. doi: https://doi.org/10.1016/j.aprim.2023.102734
  8. Boyde M, Peters R. Education material for heart failure patients: what works and what does not?. Curr Heart Fail Rep. 2014;11(3):314-20. doi: https://doi.org/10.1007/s11897-014-0200-1
  9. Pruitt AL. Heart failure: it's not just for men. Crit Care Nurs Clin North Am. 2008;20(3):327-41. doi: https://doi.org/10.1016/j.ccell.2008.03.010
  10. Abshire M, Xu J, Baptiste D, Almansa JR, Xu J, Cummings A, et al. Nutritional Interventions in Heart Failure: A Systematic Review of the Literature. J Card Fail. 2015;21(12):989-99. doi: https://doi.org/10.1016/j.cardfail.2015.10.004
  11. Gonzaga MCV. Enhanced Patient-Centered Educational Program for HF Self-care management in Sub-acute settings. Appl Nurs Res. 2018;42:22-34. doi: https://doi.org/10.1016/j.apnr.2018.03.010
Scroll al inicio