Educational intervention for families on delirium in intensive care
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:230
Autor principal (primer firmante): Beatriz Alonso Vega
Fecha recepción: 12/07/26
Fecha aceptación: 10/08/26
Fecha de publicación: 15/08/26
Ref.: CADICE. 2026;1(8):230
Autores:
Beatriz Alonso Vega
Javier Muñoz Cabrera
Sara Domínguez Martín
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Promoción de la salud; Monitorización fisiológica; Cuidados críticos; Educación del paciente; Medidas no farmacológicas; Sedación; Familia; Educación para la salud; Unidades de cuidados intensivos; Delirio
Keywords: Health Promotion; Monitoring, Physiologic; Critical Care; Patient Education; Nonpharmacological Interventions; Sedation; Family; Health Education; Intensive Care Units; Delirium
Resumen
Introducción: El delirium constituye una alteración aguda de la atención, la conciencia y la cognición que puede aparecer durante el ingreso en unidades de cuidados intensivos. Su presentación suele ser fluctuante y, en muchas ocasiones, genera incertidumbre, miedo y dificultades de interacción tanto en el paciente como en su entorno familiar. En este contexto, la familia puede desempeñar un papel de apoyo relevante si recibe información comprensible, ajustada al momento clínico y coherente con los objetivos de seguridad del paciente.
Objetivos: Diseñar una intervención educativa dirigida a familiares de pacientes ingresados en cuidados intensivos con riesgo o presencia de delirium, orientada a mejorar la comprensión del proceso, facilitar una participación segura en medidas no farmacológicas y reforzar la comunicación con el equipo de Enfermería.
Metodología: Se plantea un programa estructurado de educación para la salud aplicable en UCI, basado en la identificación de necesidades informativas frecuentes de las familias, la adaptación del mensaje al estado clínico del paciente y el uso combinado de información verbal, material escrito breve y refuerzo durante la visita. La propuesta integra valoración inicial, contenidos educativos, pautas de implementación enfermera y criterios de evaluación del aprendizaje.
Resultados: La intervención se organiza en fases progresivas: acogida, detección de conocimientos previos, explicación del delirium en lenguaje claro, entrenamiento en actuaciones familiares compatibles con el cuidado intensivo y verificación de la comprensión. Entre los contenidos principales se incluyen la diferencia entre delirium y otras alteraciones del comportamiento, la influencia del entorno, la importancia de la orientación, el descanso, la comunicación calmada y la necesidad de no interferir con dispositivos ni decisiones clínicas. Se plantea una evaluación centrada en comprensión, participación segura y reducción de conductas familiares desorganizadas por ansiedad o desinformación.
Discusión/Conclusiones: La educación estructurada a familias sobre delirium puede contribuir a humanizar la atención crítica, favorecer la alianza terapéutica y apoyar intervenciones no farmacológicas compatibles con la práctica enfermera. Su utilidad depende de la individualización, del momento evolutivo del paciente y de la coordinación con el equipo asistencial. Incorporar esta educación como parte del plan de cuidados puede mejorar la experiencia familiar y reforzar cuidados más seguros y coherentes.
Abstract
Introduction: Delirium is an acute disturbance of attention, awareness, and cognition that may occur during admission to intensive care units. Its fluctuating presentation often causes uncertainty, distress, and communication difficulties for both patients and relatives. In this setting, family members may play a supportive role when they receive clear information adapted to the clinical situation and aligned with patient safety goals.
Objectives: To design an educational intervention for relatives of critically ill patients at risk of or experiencing delirium, aimed at improving understanding of the condition, enabling safe participation in nonpharmacological measures, and strengthening communication with the nursing team.
Methodology: A structured health education programme for ICU settings is proposed. It is based on the identification of common informational needs among families, adaptation of messages to the patient’s clinical status, and the combined use of verbal information, brief written material, and reinforcement during visiting periods. The intervention includes initial assessment, educational contents, nursing implementation guidance, and learning evaluation criteria.
Results: The intervention is organised into progressive phases: reception, assessment of previous knowledge, explanation of delirium in plain language, guidance on family actions compatible with critical care, and confirmation of understanding. Main contents include the distinction between delirium and other behavioural changes, the influence of the environment, the role of orientation, rest, calm communication, and the importance of not interfering with devices or clinical decisions. Evaluation focuses on understanding, safe participation, and reduction of disorganised family behaviours related to anxiety or lack of information.
Discussion/Conclusions: Structured family education on delirium may support humanised critical care, strengthen the therapeutic alliance, and reinforce nonpharmacological interventions within nursing practice. Its usefulness depends on individualisation, timing, and coordination with the multidisciplinary team. Integrating this educational approach into the care plan may improve family experience and promote safer, more consistent care.
Introducción
El delirium en cuidados intensivos representa un problema asistencial de especial relevancia por su impacto clínico, funcional y emocional. Se manifiesta como una alteración aguda y fluctuante del estado mental, con cambios en la atención, el nivel de conciencia, la percepción y el comportamiento. En el entorno de la UCI, su identificación puede resultar compleja por la coexistencia de sedación, ventilación mecánica, dolor, privación del sueño, inmovilidad, enfermedad grave y procedimientos invasivos. A esta complejidad se suma la vivencia de la familia, que con frecuencia presencia episodios de desorientación, agitación, miedo, somnolencia excesiva o discurso incoherente sin disponer de un marco interpretativo claro.
Para los familiares, estas manifestaciones suelen generar sufrimiento añadido. En muchos casos se interpretan como empeoramiento neurológico irreversible, pérdida de reconocimiento personal o reacción emocional extrema del paciente. La falta de información puede traducirse en ansiedad, respuestas impulsivas durante la visita, dificultad para colaborar con el equipo y sensación de impotencia. También puede favorecer expectativas poco realistas o, por el contrario, conductas de evitación ante una situación vivida como amenazante.
La Enfermería de cuidados críticos ocupa una posición privilegiada para intervenir en este punto. Su presencia continuada junto al paciente, la monitorización clínica, la relación terapéutica con la familia y la participación en medidas no farmacológicas sitúan a la enfermera como profesional de referencia para ofrecer educación sanitaria ajustada y útil. Informar no consiste únicamente en transmitir datos; implica traducir el lenguaje clínico, ordenar prioridades, reducir incertidumbre evitable y facilitar una participación familiar compatible con la seguridad del paciente.
En la práctica diaria, la familia puede contribuir a intervenciones sencillas de apoyo, como la reorientación, la comunicación calmada, el uso de mensajes breves y consistentes, la evocación de elementos conocidos o el acompañamiento que favorezca serenidad. Sin embargo, esta participación requiere límites claros. La familia no sustituye la vigilancia clínica ni decide medidas terapéuticas; su papel debe ser definido por el equipo y adaptado a la situación hemodinámica, respiratoria, neurológica y conductual del paciente.
Una intervención educativa específica sobre delirium permite abordar esta necesidad de manera estructurada. Frente a las explicaciones improvisadas y fragmentadas, un programa organizado facilita mensajes homogéneos, mejora la comprensión y reduce contradicciones entre profesionales. Además, encaja con una atención centrada en la persona y su entorno, en la que la humanización no se opone a la seguridad, sino que se integra con ella.
Desde una perspectiva enfermera, el interés de este tipo de intervención no se limita al bienestar emocional de la familia. También puede favorecer una mejor colaboración durante las visitas, disminuir estímulos inadecuados, apoyar la orientación del paciente y mejorar la calidad percibida de los cuidados. Por ello, diseñar estrategias educativas realistas, breves, repetibles y adaptables al ritmo de la UCI constituye una línea de trabajo pertinente para la práctica clínica.
Objetivos
El objetivo general es desarrollar una intervención educativa dirigida a familias de pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos con riesgo o presencia de delirium, integrada en la práctica enfermera y orientada a promover comprensión, participación segura y continuidad informativa.
De forma específica, se pretende:
- Identificar las principales necesidades de información de las familias en relación con el delirium y su expresión clínica en la UCI.
- Proporcionar contenidos claros sobre qué es el delirium, cómo puede manifestarse y por qué su presentación puede fluctuar a lo largo del día.
- Favorecer que los familiares diferencien conductas relacionadas con delirium de otras situaciones, evitando interpretaciones alarmistas o simplificaciones erróneas.
- Entrenar actuaciones familiares de apoyo compatibles con medidas no farmacológicas, como la orientación, la comunicación serena y la reducción de estímulos desorganizados.
- Delimitar conductas que no deben realizarse durante la visita, especialmente aquellas que puedan incrementar la sobreestimulación o comprometer la seguridad.
- Mejorar la coordinación comunicativa entre familia y equipo de Enfermería, promoviendo un marco común de actuación.
- Establecer criterios de evaluación del aprendizaje y de la participación familiar para valorar la utilidad del programa en la práctica asistencial.
Metodología
Se propone una intervención de educación para la salud concebida para su aplicación en unidades de cuidados intensivos de adultos. La población diana está formada por familiares o personas allegadas de referencia de pacientes con riesgo o presencia de delirium durante el ingreso. La propuesta puede adaptarse a distintos modelos de visita y a diferentes niveles de apertura de la unidad, siempre que se mantenga la priorización de la seguridad clínica y la organización del servicio.
La captación de participantes se plantea de forma oportunista, vinculada al ingreso en UCI, a la aparición de signos compatibles con delirium o a la detección por parte de Enfermería de dudas, miedo o desorientación familiar relevantes. No se trata de una sesión aislada, sino de un proceso educativo breve y secuencial, distribuido en varios contactos. Esta organización resulta más adecuada en cuidados críticos, donde el estado del paciente, la carga emocional y las limitaciones de tiempo dificultan la asimilación de mensajes extensos en una sola entrevista.
Valoración educativa inicial
Antes de iniciar la información específica, la enfermera explora algunos aspectos básicos: grado de conocimiento previo sobre la situación del paciente, experiencia anterior con ingresos críticos, nivel de ansiedad observable, capacidad de comprensión, idioma habitual y papel que la familia desempeña en la vida cotidiana de la persona ingresada. También conviene identificar creencias que puedan interferir en la intervención, como asociar cualquier alteración de conducta con enfermedad psiquiátrica, considerar la agitación como expresión voluntaria o interpretar la somnolencia exclusivamente como descanso fisiológico.
Esta valoración inicial permite ajustar la profundidad del mensaje y seleccionar a la persona o personas de referencia para evitar información dispersa. Cuando existen varios familiares, suele ser útil consensuar un interlocutor principal que reciba la información estructurada y la transmita al resto de forma coordinada con el equipo.
Diseño y formato de la intervención
La propuesta se articula en tres niveles complementarios. El primero es la información verbal breve, proporcionada por la enfermera en lenguaje accesible, sin tecnicismos innecesarios y con posibilidad de reformulación. El segundo es un apoyo escrito de extensión reducida, con mensajes prácticos sobre qué observar, cómo comunicarse con el paciente y qué conductas evitar. El tercero es el refuerzo en el momento de la visita, donde se corrigen dudas y se modelan actuaciones concretas.
La intervención puede desarrollarse en sesiones de corta duración integradas en la rutina asistencial. La primera sesión se orienta a explicar el cuadro y contener la ansiedad inicial; la segunda a entrenar la participación familiar; y las posteriores a reforzar o reajustar mensajes según la evolución clínica. En pacientes con estancia prolongada, este refuerzo cobra especial importancia, ya que el delirium puede cambiar de forma y la respuesta familiar también evoluciona.
Contenidos nucleares
Los contenidos educativos se seleccionan por su utilidad práctica. Deben incluir una explicación sencilla del delirium como alteración aguda del estado mental que puede aparecer en personas graves y que no siempre implica daño cerebral permanente. Se explican también sus formas de presentación, incluyendo episodios de inquietud, desorientación, pensamiento incoherente, inversión del ciclo sueño-vigilia, somnolencia llamativa o escasa interacción. Resulta especialmente útil aclarar que la fluctuación es habitual y que un paciente puede parecer mejor orientado en un momento y mostrarse confuso poco después.
Junto a la comprensión del problema, se abordan las medidas de apoyo que la familia puede realizar: hablar despacio, presentarse cada vez que entra en la habitación, recordar dónde está el paciente, usar frases breves, evitar discusiones sobre contenidos delirantes, llevar gafas o audífonos si están autorizados y disponibles, y colaborar en un ambiente tranquilo. Se añade la recomendación de respetar las indicaciones del equipo sobre duración de las visitas, manipulación de dispositivos y necesidad de reposo.
Recursos y papel de Enfermería
La enfermera actúa como educadora, observadora y coordinadora. No solo transmite información, sino que detecta señales de sobrecarga emocional, dificultades de comprensión y estilos de afrontamiento que pueden condicionar la relación con el paciente. Para ello precisa habilidades comunicativas, mensajes homogéneos y disponibilidad para el refuerzo. La participación del resto del equipo resulta conveniente para mantener coherencia, especialmente cuando el paciente presenta agitación, requiere sedación o atraviesa cambios clínicos rápidos.
Como recursos básicos, el programa requiere un guion común de información, un folleto o hoja de apoyo validada por la unidad, un espacio breve para entrevista cuando sea posible y registro enfermero de la educación realizada. La trazabilidad del proceso ayuda a evitar repeticiones improductivas y facilita la continuidad entre turnos.
Resultados
La aplicación práctica de la intervención puede organizarse en cinco fases sucesivas, no siempre lineales, pero sí reconocibles en la dinámica asistencial.
Acogida y contención emocional inicial
El primer contacto tiene como finalidad recibir a la familia, explorar su nivel de angustia y ofrecer un marco explicativo básico. En esta fase no conviene saturar con información. Suele ser más eficaz enunciar mensajes breves: que el paciente atraviesa una situación crítica, que pueden aparecer cambios en la conducta o en la atención, y que el equipo está realizando seguimiento estrecho. Nombrar el delirium y asociarlo a una alteración aguda frecuente en la enfermedad grave puede disminuir interpretaciones catastróficas y facilitar preguntas posteriores.
La enfermera observa la respuesta familiar: silencio bloqueado, llanto, necesidad de detalles constantes, tendencia a interrumpir o dificultad para aceptar la situación. Estas respuestas orientan el ritmo de la educación. La validación emocional resulta útil para establecer vínculo, pero debe acompañarse de información concreta para no quedar en una mera contención afectiva.
Explicación comprensible del delirium
Una vez establecida una comunicación mínima eficaz, se desarrolla la explicación central. El delirium se presenta como un estado de confusión aguda que puede hacer que la persona no reconozca bien el lugar, altere su atención, tenga ideas erróneas o reaccione de manera inhabitual. Se aclara que puede cursar con agitación visible, pero también con somnolencia, lentitud o desconexión aparente, formas que a veces la familia no identifica como problemáticas.
Es conveniente insistir en la naturaleza fluctuante del cuadro. La familia debe entender que una breve mejoría no excluye nuevas oscilaciones y que un episodio de confusión no resume toda la evolución. Esta aclaración evita expectativas poco realistas y reduce conflictos interpretativos durante los cambios de turno o de estado clínico.
Entrenamiento en actuaciones familiares de apoyo
La fase más operativa del programa consiste en transformar la información en pautas concretas. La familia aprende a acercarse al paciente de manera previsible y calmada, a identificarse al entrar, a emplear un tono de voz sereno y a introducir referencias temporales y espaciales sencillas. También se recomienda priorizar mensajes cortos: quién habla, dónde se encuentra el paciente y que el equipo está cuidándolo.
Cuando el paciente tolera la interacción, puede ser útil evocar elementos familiares neutros y tranquilizadores, como rutinas cotidianas, nombres de allegados o referencias al día. Deben evitarse conversaciones intensas, discusiones para corregir frontalmente interpretaciones erróneas o intentos de forzar la memoria. Si el paciente verbaliza ideas irreales, la familia puede redirigir la atención sin confrontación directa, manteniendo un tono de calma y buscando apoyo del personal si observa aumento de agitación.
En esta fase también se delimitan conductas desaconsejadas: tocar bombas, sondas, mascarillas o monitores; elevar el volumen de voz para “hacer reaccionar” al paciente; entrar varias personas a la vez sin coordinación; insistir en que recuerde hechos complejos; usar el teléfono o videollamadas de forma sobreestimulante si no están indicadas; o desautorizar delante del paciente las medidas terapéuticas prescritas. Definir estos límites reduce riesgos y evita que la familia interprete su participación como un rol de vigilancia paralela.
Refuerzo durante la visita y coordinación con el equipo
La intervención gana eficacia cuando la enfermera observa una visita y ofrece retroalimentación directa. Pequeños ajustes, como reducir la cantidad de preguntas, dejar pausas, tocar con delicadeza si está permitido o finalizar la interacción cuando el paciente muestra fatiga, pueden marcar diferencias en la tolerancia al contacto. El refuerzo debe ser concreto y no culpabilizador. La familia suele responder mejor cuando comprende que su colaboración forma parte de un entorno terapéutico ordenado.
La coordinación intraequipo resulta igualmente relevante. Si médicos, enfermeras, técnicos en cuidados auxiliares y otros profesionales transmiten mensajes contradictorios, la familia percibe inseguridad y la intervención pierde consistencia. Por ello, conviene que el discurso educativo básico sea compartido y que las particularidades del caso se comuniquen en el registro y en el relevo asistencial.
Evaluación del aprendizaje y de la participación segura
La evaluación puede realizarse de manera sencilla, mediante preguntas de comprobación y observación conductual. Resulta útil verificar si la familia puede explicar con sus palabras qué es el delirium, si identifica que puede fluctuar y si conoce al menos varias medidas de apoyo apropiadas. Del mismo modo, puede valorarse si respeta límites durante la visita, si consulta antes de actuar y si disminuyen conductas impulsivas motivadas por la ansiedad.
Como indicadores cualitativos de utilidad del programa pueden considerarse la mayor coherencia en la interacción con el paciente, la reducción de preguntas repetitivas derivadas de confusión conceptual, la mejor adaptación a los cambios de estado y una relación más colaborativa con Enfermería. En estancias prolongadas, la reevaluación periódica es recomendable, ya que las necesidades educativas no son estáticas.
En el plano enfermero, esta intervención se relaciona con problemas de cuidados habituales en el entorno crítico, como la desorientación aguda del paciente, la alteración del descanso, la vulnerabilidad ante estímulos ambientales y la ansiedad de la familia. El programa no sustituye la valoración clínica ni las medidas terapéuticas indicadas, pero puede integrarse de forma útil en el plan de cuidados para reforzar seguridad, comunicación y apoyo emocional.
Discusión/Conclusiones
La educación a familias sobre delirium en UCI responde a una necesidad asistencial frecuente y a menudo infradesarrollada. Aunque la presencia de la familia se reconoce cada vez más como elemento relevante en la atención centrada en la persona, su participación solo resulta beneficiosa cuando está bien orientada. Sin información suficiente, el entorno puede convertirse de forma involuntaria en una fuente adicional de sobreestimulación, conflicto o sufrimiento. Con información clara, en cambio, la familia puede transformarse en un apoyo estable, predecible y emocionalmente significativo para el paciente.
Desde la práctica enfermera, esta intervención presenta varias ventajas. Es compatible con la actividad habitual de la UCI, no requiere tecnología compleja y se integra bien en la acogida, la visita y el seguimiento diario. Además, mejora la calidad de la comunicación clínica al ofrecer un lenguaje compartido para describir conductas que, de otro modo, suelen vivirse con desconcierto. Esta claridad beneficia tanto al paciente y su entorno como al propio equipo, que reduce mensajes dispersos y explicaciones improvisadas.
No obstante, su implementación exige considerar limitaciones reales. No todas las familias disponen del mismo nivel de alfabetización en salud ni del mismo equilibrio emocional para participar activamente. Existen barreras idiomáticas, diferencias culturales en la interpretación de la confusión aguda y situaciones de conflicto familiar que dificultan designar referentes claros. Del mismo modo, no todos los pacientes se benefician del mismo tipo de estimulación; en algunos momentos clínicos será preferible reducir al mínimo la interacción o posponerla. La intervención, por tanto, debe individualizarse y subordinarse siempre a la situación clínica y a la organización de la unidad.
También conviene evitar una visión idealizada del papel de la familia. Su presencia no corrige por sí sola el delirium ni sustituye intervenciones clínicas más amplias. La educación debe situar expectativas realistas: acompañar, orientar y favorecer serenidad son contribuciones valiosas, pero forman parte de un abordaje integral que incluye vigilancia, identificación precoz de cambios, revisión de factores precipitantes y ajuste terapéutico por parte del equipo.
En términos organizativos, incorporar un programa educativo de estas características puede favorecer una práctica más homogénea. La disponibilidad de materiales breves, mensajes consensuados y registro de la educación realizada facilita la continuidad entre turnos y reduce la variabilidad. Asimismo, puede contribuir a una cultura de cuidados más abierta a la participación familiar, siempre dentro de límites claros y seguros.
Como síntesis final, una intervención educativa estructurada sobre delirium para familias en cuidados intensivos constituye una herramienta pertinente dentro del rol enfermero. Puede mejorar la comprensión del proceso, apoyar medidas no farmacológicas, disminuir la incertidumbre y fortalecer la alianza terapéutica. Su valor práctico reside menos en la complejidad del diseño que en la consistencia de su aplicación: información comprensible, refuerzo continuado, observación de la respuesta familiar y adaptación permanente al estado del paciente.
Conflicto de intereses
No se identifican conflictos de intereses por parte de los autores en relación con el tema tratado en este artículo.
Financiación
No se ha recibido financiación externa para el desarrollo, redacción o publicación del presente trabajo.
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