Educational intervention on vaccination in adults with chronic diseases
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:256
Autor principal (primer firmante): Jorge Navarro Medina
Fecha recepción: 21/07/26
Fecha aceptación: 16/08/26
Fecha de publicación: 21/08/26
Ref.: CADICE. 2026;1(8):256
Autores:
Jorge Navarro Medina
Elena Vargas Prieto
Rocío Sánchez Gil
Pablo Ibáñez Cortés
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Recursos comunitarios; Salud comunitaria; Dudas vacunales; Participación comunitaria; Equidad en salud; Vacunación; Educación del paciente; Inmunización; Adulto; Educación para la salud
Keywords: Community Resources; Community Health Nursing; Vaccine Hesitancy; Community Participation; Health Equity; Vaccination; Patient Education; Immunization; Adult; Health Education
Resumen
Introducción: La vacunación en la edad adulta constituye una medida preventiva de especial interés en personas con enfermedades crónicas, ya que la presencia de comorbilidad, la necesidad de tratamientos prolongados y la mayor vulnerabilidad frente a determinadas infecciones pueden condicionar resultados clínicos menos favorables. A pesar de ello, en la práctica asistencial persisten dudas, percepciones de bajo riesgo, barreras de acceso y desigualdades en la información recibida, lo que sitúa a la educación para la salud como un ámbito prioritario de intervención enfermera.
Objetivos: Diseñar una intervención educativa dirigida a adultos con enfermedades crónicas orientada a mejorar conocimientos, resolver dudas vacunales, favorecer la toma de decisiones informada y reforzar la participación de la persona en el cuidado preventivo, incorporando una perspectiva comunitaria y de equidad en salud.
Metodología: Se plantea un programa de educación para la salud de carácter grupal e individual, aplicable en Atención Primaria y en otros dispositivos comunitarios. La intervención se estructura a partir de la identificación de necesidades educativas frecuentes en población adulta con cronicidad, la adaptación del mensaje al nivel de alfabetización en salud y la utilización de estrategias participativas, materiales de apoyo comprensibles y coordinación con recursos comunitarios.
Resultados: El programa incluye captación de población diana, valoración inicial de conocimientos y creencias, sesiones educativas centradas en utilidad de las vacunas, seguridad, compatibilidad con enfermedades crónicas y manejo de dudas frecuentes, además de seguimiento posterior. El papel de Enfermería se orienta a la educación sanitaria, la comunicación terapéutica, la detección de barreras de acceso y la continuidad del cuidado. La evaluación contempla aprendizaje percibido, comprensión de la información, aceptación de la recomendación vacunal y vinculación con el circuito asistencial correspondiente.
Discusión/Conclusiones: Una intervención educativa estructurada, accesible y adaptada al contexto sociocultural puede contribuir a mejorar la comprensión de la vacunación en adultos con enfermedades crónicas y a reducir dudas vacunales evitables. Su utilidad depende de la individualización, de la coordinación entre niveles asistenciales y de la capacidad enfermera para integrar información clínica, escucha activa y enfoque comunitario.
Abstract
Introduction: Adult vaccination is a relevant preventive measure for people living with chronic diseases, as comorbidity, long-term treatments and increased vulnerability to some infections may lead to less favorable clinical outcomes. However, routine care still shows persistent doubts, low perceived risk, access barriers and inequalities in the information provided. In this context, health education remains a key nursing intervention.
Objectives: To design an educational intervention for adults with chronic diseases aimed at improving knowledge, addressing vaccine hesitancy, supporting informed decision-making and strengthening patient participation in preventive care, while incorporating a community-based and health equity perspective.
Methodology: A health education program is proposed, combining group and individual actions, suitable for primary care and other community settings. The intervention is organized around common educational needs in adults with chronic conditions, adaptation of messages to health literacy level, and the use of participatory strategies, understandable educational materials and coordination with community resources.
Results: The program includes identification of the target population, baseline assessment of knowledge and beliefs, educational sessions focused on vaccine usefulness, safety, compatibility with chronic conditions and management of common concerns, as well as subsequent follow-up. The nursing role is centered on patient education, therapeutic communication, identification of access barriers and continuity of care. Evaluation addresses perceived learning, understanding of information, acceptance of vaccination advice and linkage with the appropriate care pathway.
Discussion/Conclusions: A structured, accessible and context-sensitive educational intervention may improve understanding of vaccination in adults with chronic diseases and reduce avoidable hesitancy. Its usefulness depends on individualization, coordination across care levels and the nursing capacity to combine clinical information, active listening and a community health approach.
Introducción
La atención a las personas adultas con enfermedades crónicas exige una visión preventiva que no se limite al control de síntomas o a la monitorización de tratamientos. El curso prolongado de muchas patologías, la coexistencia de varios procesos y la frecuente utilización de recursos sanitarios hacen necesario incorporar medidas de protección frente a riesgos evitables. En ese marco, la vacunación ocupa un lugar relevante dentro de los cuidados orientados al mantenimiento de la salud y a la prevención de complicaciones potencialmente prevenibles.
La experiencia asistencial muestra que, incluso cuando la indicación preventiva es conocida por los profesionales, la aceptación de la vacunación no depende solo de la disponibilidad de la prestación. Intervienen la percepción individual del riesgo, la confianza en el sistema sanitario, la comprensión de la información recibida, las experiencias previas, el entorno familiar y comunitario, así como condicionantes sociales que pueden dificultar el acceso o la toma de decisiones. En pacientes con patologías crónicas, además, aparecen dudas específicas relacionadas con la compatibilidad de las vacunas con la enfermedad de base, con los tratamientos inmunomoduladores o con la estabilidad clínica en determinados momentos del proceso asistencial.
Desde la Enfermería, la educación para la salud permite abordar estas cuestiones con un enfoque continuado y centrado en la persona. La enfermera comunitaria, por su accesibilidad, por su proximidad al domicilio y por su papel en el seguimiento longitudinal de la cronicidad, se encuentra en una posición especialmente adecuada para identificar necesidades educativas, explorar creencias, ofrecer información comprensible y facilitar la conexión entre recomendación preventiva y decisión informada. Este papel trasciende la mera transmisión de mensajes y requiere habilidades de valoración, comunicación terapéutica, acompañamiento y coordinación con otros recursos del entorno.
No todas las barreras frente a la vacunación tienen la misma naturaleza. Algunas se relacionan con déficit de información; otras responden a experiencias de desconfianza, a saturación informativa o a dificultades organizativas. También existen situaciones en las que la persona no rechaza la vacunación, pero pospone la decisión por inseguridad, por priorización de otros problemas de salud o por falta de oportunidades claras para resolver preguntas. Por ello, las intervenciones educativas más útiles suelen ser aquellas que combinan información clínica sencilla, escucha activa, adaptación cultural y continuidad en el seguimiento.
La perspectiva de equidad resulta especialmente pertinente en adultos con enfermedades crónicas. La edad, el nivel educativo, las limitaciones funcionales, la dependencia de cuidadores, la brecha digital o la residencia en entornos con menor disponibilidad de recursos pueden influir en la comprensión de la recomendación vacunal y en la accesibilidad real a la intervención. Diseñar una actividad educativa sin considerar estas variables puede reducir su alcance y aumentar diferencias preexistentes. En cambio, una propuesta enfermera sensible al contexto social y comunitario puede mejorar la calidad del cuidado preventivo y favorecer una participación más efectiva de la persona en sus decisiones de salud.
La intervención educativa sobre vacunación no debe plantearse como un acto aislado ni como una respuesta puntual ante una campaña. Integrada en el seguimiento de la cronicidad, puede convertirse en una oportunidad para revisar conocimientos, detectar temores, reforzar autocuidados y promover una relación terapéutica basada en la confianza. Este artículo desarrolla una propuesta de intervención de Enfermería dirigida a adultos con enfermedades crónicas, con orientación comunitaria y aplicable a diferentes contextos asistenciales.
Objetivos
Objetivo general: diseñar una intervención educativa de Enfermería sobre vacunación en adultos con enfermedades crónicas que favorezca la comprensión de la información, la resolución de dudas vacunales y la participación informada en decisiones preventivas.
Objetivos específicos:
- Identificar necesidades educativas frecuentes relacionadas con la vacunación en personas adultas con procesos crónicos.
- Explorar creencias, temores, experiencias previas y barreras de acceso que puedan influir en la aceptación de la recomendación vacunal.
- Desarrollar contenidos comprensibles sobre utilidad, seguridad, indicación general y aspectos prácticos de la vacunación en población adulta con cronicidad.
- Incorporar estrategias de comunicación adaptadas al nivel de alfabetización en salud y a la situación clínica y social de cada persona.
- Favorecer la coordinación entre consulta de Enfermería, medicina de familia, farmacia comunitaria y otros recursos del entorno cuando resulte pertinente.
- Establecer criterios de evaluación orientados al aprendizaje, a la satisfacción con la información recibida y a la vinculación con el circuito asistencial de vacunación.
Metodología
Se propone un programa de educación para la salud aplicable preferentemente en Atención Primaria, aunque transferible a consultas hospitalarias de seguimiento de enfermedades crónicas, centros sociosanitarios y dispositivos comunitarios. La población diana la constituyen personas adultas con patologías crónicas de evolución prolongada, con especial interés en aquellas que presentan dudas sobre vacunación, antecedentes de aplazamiento de decisiones preventivas, dificultades de acceso a la información o necesidad de apoyo adicional por complejidad clínica o social.
El diseño combina intervención grupal e intervención individual. El formato grupal permite trabajar dudas compartidas, identificar creencias frecuentes, aprovechar el apoyo entre iguales y optimizar recursos profesionales. El formato individual resulta útil para revisar situaciones clínicas concretas, adaptar el mensaje a tratamientos o comorbilidades y abordar temores que la persona no desea expresar en grupo. Ambas modalidades no son excluyentes; de hecho, su combinación suele aportar mayor continuidad y permite un acompañamiento progresivo.
Fase de valoración previa
Antes de iniciar la actividad educativa se recomienda una valoración básica orientada a conocer el perfil de la población atendida. Esta valoración puede incluir edad funcional, situación de cronicidad, seguimiento habitual por consulta de Enfermería, comprensión lectora, idioma preferente, apoyos familiares, barreras de movilidad, acceso telefónico o digital y experiencias previas con vacunas. También conviene explorar de forma abierta qué entiende la persona por vacunación en la edad adulta, qué dudas mantiene y qué factores condicionan su decisión.
En esta fase no se trata de discutir todas las recomendaciones de forma exhaustiva, sino de identificar necesidades educativas reales. En muchos casos aparece un desajuste entre el riesgo percibido y la vulnerabilidad clínica. Otras veces predomina la información fragmentada recibida por vías no sanitarias, la preocupación por efectos adversos o la sensación de que la enfermedad crónica ya supone una carga asistencial suficiente. Esta información orienta el enfoque del programa y evita mensajes estandarizados de escasa utilidad.
Planificación de la intervención
La intervención puede organizarse en tres momentos. Un primer contacto de captación y valoración, una o varias sesiones educativas y un seguimiento posterior. La captación puede realizarse desde la consulta de Enfermería, durante revisiones de cronicidad, actividades comunitarias, llamadas de seguimiento o derivación interna desde otros profesionales. Debe cuidarse que la invitación sea clara y no coercitiva, presentando la actividad como un espacio para resolver dudas y comprender mejor las medidas preventivas relacionadas con su proceso de salud.
Las sesiones grupales pueden desarrollarse con grupos reducidos para favorecer la interacción. Una duración moderada facilita la concentración y permite integrar exposición breve, diálogo abierto y repaso final. Cuando sea necesario, pueden ofrecerse apoyos para acompañantes o cuidadores, especialmente si participan en la toma de decisiones o en la organización del acceso al centro sanitario. La planificación debe prever accesibilidad física, horarios compatibles con las necesidades de personas con limitación funcional y materiales legibles.
Metodología educativa
Se prioriza una metodología participativa. La exposición unidireccional de información resulta insuficiente cuando existen dudas vacunales asentadas o experiencias previas negativas. Por ello, es preferible combinar preguntas exploratorias, aclaración de conceptos, ejemplos cotidianos, revisión de mitos frecuentes y verificación de la comprensión mediante lenguaje sencillo. La técnica de “devolución” o reformulación por parte del paciente puede ayudar a comprobar si el mensaje ha sido comprendido sin generar sensación de examen.
El contenido verbal debe apoyarse en material escrito breve, con tipografía legible y mensajes centrados en ideas principales: para qué sirve la vacunación, por qué puede ser relevante en personas con enfermedades crónicas, qué dudas conviene consultar con profesionales y dónde dirigirse para completar la valoración o la administración cuando corresponda. Si se utilizan recursos digitales, estos deben considerarse complementarios y no sustitutivos, dado que parte de la población adulta con cronicidad puede presentar brecha digital o preferir la información presencial.
Recursos y coordinación
La intervención requiere coordinación básica entre Enfermería, medicina, administración sanitaria y, cuando proceda, trabajo social y recursos comunitarios. Esta coordinación facilita la identificación de personas con mayores dificultades, la derivación ordenada y la continuidad del mensaje. La participación comunitaria puede reforzarse mediante asociaciones de pacientes, centros municipales, espacios de envejecimiento activo o programas comunitarios ya consolidados, siempre que la información mantenga coherencia clínica y se preserve la confidencialidad.
La perspectiva de equidad atraviesa todo el programa. Ello implica adaptar horarios, lenguaje, soporte material y canales de contacto; identificar barreras económicas indirectas, de transporte o de dependencia; y evitar que la intervención beneficie solo a quienes ya presentan mayor capacidad de acceso. Desde el punto de vista enfermero, esta dimensión exige una mirada amplia del cuidado preventivo y una valoración que contemple determinantes sociales de la salud.
Resultados
Como resultado del diseño propuesto, la intervención queda estructurada en componentes operativos que pueden incorporarse a la práctica enfermera habitual. No se presentan resultados de investigación ni datos cuantitativos, sino el desarrollo del programa y los elementos que permitirían su aplicación clínica y comunitaria.
Población diana y criterios de inclusión funcional
La intervención se dirige a personas adultas con enfermedades crónicas en seguimiento sanitario continuado, especialmente aquellas que expresan dudas sobre vacunación, presentan decisiones aplazadas, han recibido información contradictoria o muestran baja percepción de riesgo preventivo. También puede considerarse prioritaria en personas con limitaciones para comprender información sanitaria, con escaso apoyo social o con antecedentes de incumplimiento de revisiones preventivas por barreras organizativas.
La heterogeneidad clínica obliga a evitar mensajes cerrados. No todas las enfermedades crónicas plantean las mismas preguntas ni todos los tratamientos generan las mismas preocupaciones. Por ese motivo, la actividad educativa se formula como apoyo general a la vacunación del adulto y como espacio para orientar posteriores valoraciones individualizadas dentro del circuito asistencial correspondiente.
Contenidos de la intervención educativa
Los contenidos se organizan en bloques temáticos breves y progresivos. En primer lugar, se aborda la relación entre enfermedad crónica y prevención, explicando que la vacunación forma parte del cuidado integral y no debe entenderse como una medida ajena al seguimiento habitual. En segundo lugar, se revisan conceptos generales sobre cómo actúan las vacunas, qué objetivos preventivos persiguen y por qué determinadas situaciones clínicas pueden hacer especialmente recomendable revisar el estado vacunal.
Un tercer bloque se dedica a dudas frecuentes. Entre ellas suelen aparecer la preocupación por efectos adversos, la creencia de que la vacunación puede descompensar la enfermedad de base, la idea de que ciertas vacunas “no son necesarias” en adultos o la confusión entre contraindicaciones reales y precauciones que requieren valoración profesional. La intervención enfermera no sustituye la indicación clínica individual, pero sí puede ayudar a ordenar la información, distinguir entre dudas razonables y creencias erróneas, y facilitar la consulta con el profesional responsable cuando sea preciso.
También resulta útil incluir un bloque práctico sobre itinerario asistencial: dónde consultar, cómo revisar la situación vacunal, qué hacer si existen tratamientos o ingresos programados y qué señales deben motivar una consulta adicional. Este componente organizativo reduce incertidumbre y transforma la información sanitaria en un plan de acción comprensible.
Papel de Enfermería
La enfermera actúa como profesional de referencia para la educación sanitaria, la identificación de necesidades y la continuidad del proceso. Su función incluye valorar conocimientos previos, detectar temores, ajustar el nivel de complejidad del mensaje y generar un clima de confianza que permita expresar dudas sin juicio. La relación terapéutica es especialmente relevante cuando existe vacilación más que rechazo definido, ya que una comunicación respetuosa puede favorecer procesos de decisión más reflexivos.
Además, la práctica enfermera incorpora una dimensión de gestión del cuidado. Esto supone revisar si la persona conoce el circuito de vacunación, si necesita apoyo para programar citas, si requiere intervención del cuidador principal o si precisa coordinación con otros profesionales por su situación clínica. En pacientes con alta frecuentación sanitaria, la consulta de Enfermería puede convertirse en un punto de integración de información preventiva que, de otro modo, quedaría fragmentada.
Estrategias de comunicación
Las estrategias más útiles son aquellas que parten de preguntas abiertas y escuchan antes de informar. Expresiones como “¿qué ha oído sobre esta vacuna?” o “¿qué es lo que más le preocupa?” permiten identificar el foco real de la duda. A partir de ahí, conviene ofrecer respuestas breves, directas y comprensibles, evitando tecnicismos innecesarios. La corrección frontal de creencias puede generar resistencia; suele ser preferible validar la inquietud, aclarar el concepto y comprobar después cómo ha sido entendido.
La comunicación debe adaptarse a la alfabetización en salud. Un exceso de detalles técnicos no mejora necesariamente la comprensión y puede aumentar la inseguridad en personas con enfermedad crónica compleja. También conviene tener presente el impacto de la sobreinformación digital. Muchas dudas vacunales no derivan de ausencia de información, sino de exposición a mensajes contradictorios. La labor enfermera consiste en ayudar a discriminar información fiable y situarla dentro de la realidad clínica concreta de la persona.
Recursos comunitarios y participación
La intervención gana alcance cuando se articula con recursos comunitarios. Asociaciones de pacientes, espacios comunitarios de salud, programas municipales y redes vecinales pueden facilitar la difusión de mensajes preventivos y la captación de población con menor contacto asistencial. No obstante, la participación comunitaria debe conservar un marco sanitario claro, con contenidos homogéneos y posibilidad de derivación al sistema de salud cuando aparezcan dudas clínicas individualizadas.
La inclusión de cuidadores y familiares puede ser de utilidad en personas con dependencia, fragilidad o dificultades cognitivas leves, siempre respetando la autonomía de la persona atendida. En algunos casos, el entorno próximo condiciona de manera importante la aceptación o el rechazo de la recomendación preventiva, por lo que su participación puede mejorar la comprensión del proceso de decisión.
Evaluación del aprendizaje y del proceso
La evaluación no debe limitarse a contabilizar asistencia. Desde una perspectiva enfermera, interesa valorar si la persona comprende la finalidad de la vacunación, si distingue dudas generales de cuestiones que requieren consulta individual y si conoce el circuito para avanzar en la toma de decisiones. Puede emplearse una valoración breve antes y después de la intervención basada en preguntas sencillas sobre conocimientos, preocupaciones y percepción de utilidad.
También es pertinente recoger indicadores cualitativos de proceso: capacidad para expresar dudas, satisfacción con la información recibida, necesidad de apoyo adicional, adecuación de horarios, accesibilidad de los materiales y continuidad del contacto con el equipo sanitario. En personas con barreras sociales o funcionales, la simple vinculación efectiva con la consulta o con el dispositivo de vacunación ya constituye un resultado asistencial de interés.
Como criterios de buena implementación pueden considerarse la asistencia sostenida, la participación activa, la comprensión observable del mensaje, la disminución de dudas no resueltas y la derivación ordenada a valoración clínica cuando proceda. La decisión final sobre vacunación corresponde al proceso clínico individualizado, pero una intervención educativa bien diseñada puede mejorar la calidad de ese proceso.
Discusión/Conclusiones
La vacunación en adultos con enfermedades crónicas se sitúa en un espacio donde confluyen prevención clínica, experiencia de enfermedad, confianza institucional y determinantes sociales. Por ello, las intervenciones educativas enfermeras necesitan ir más allá de la transmisión de recomendaciones generales. El mayor valor del programa descrito radica en su capacidad para integrar escucha, adaptación del mensaje, continuidad del seguimiento y orientación comunitaria.
Uno de los principales retos consiste en diferenciar la falta de información de la vacilación compleja. No todas las dudas vacunales se resuelven con mayor cantidad de contenido, y en algunos pacientes el problema central no es cognitivo, sino relacional o contextual. La percepción de fragilidad, el cansancio asociado a la cronicidad, experiencias sanitarias previas y la influencia del entorno pueden modular la receptividad al mensaje preventivo. En este escenario, la comunicación terapéutica y la accesibilidad del profesional resultan tan relevantes como el contenido técnico.
Otra cuestión relevante es la equidad. Las personas con menor alfabetización en salud, dependencia funcional o dificultades de acceso pueden quedar fuera de las intervenciones si estas se diseñan desde un modelo homogéneo. Adaptar horarios, soportes, lenguaje y circuitos de seguimiento no es un elemento accesorio, sino parte sustancial de la calidad del cuidado enfermero. De forma paralela, la coordinación con recursos comunitarios permite ampliar el alcance del programa y acercarlo a personas que no siempre expresan sus dudas en el entorno clínico habitual.
La propuesta tiene límites. Su efectividad depende del contexto organizativo, de la disponibilidad de tiempo profesional, de la estabilidad de los circuitos asistenciales y de la coordinación entre niveles. Además, la educación sanitaria no sustituye la valoración clínica individual ni resuelve por sí sola las barreras estructurales del acceso. Aun así, puede reducir incertidumbre, mejorar la comprensión de la recomendación preventiva y favorecer decisiones más informadas y coherentes con la situación de salud de cada persona.
En la práctica, incorporar la revisión de dudas vacunales al seguimiento de la cronicidad puede reforzar la continuidad asistencial y ampliar el alcance preventivo de la consulta de Enfermería. La intervención educativa propuesta ofrece un marco flexible para ordenar esta actividad, con atención a la persona, a su entorno y a los recursos comunitarios disponibles. Su desarrollo requiere individualización, prudencia clínica y una visión del cuidado que vincule prevención, educación sanitaria y equidad en salud.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.
Financiación
Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.
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