Intervention to improve therapeutic adherence in Parkinson's disease
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:210
Autor principal (primer firmante): Beatriz Alonso Vega
Fecha recepción: 30/06/26
Fecha aceptación: 05/08/26
Fecha de publicación: 11/08/26
Ref.: CADICE. 2026;1(8):210
Autores:
Beatriz Alonso Vega
Javier Muñoz Cabrera
Sara Domínguez Martín
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Fragilidad; Enfermería geriátrica; Autocuidado; Anciano; Actividades de la vida diaria; Enfermedad de Parkinson; Protocolos clínicos; Levodopa; Adherencia terapéutica; Intervenciones de Enfermería
Keywords: Frailty; Geriatric Nursing; Self Care; Aged; Activities of Daily Living; Parkinson Disease; Clinical Protocols; Levodopa; Treatment Adherence and Compliance; Nursing Interventions
Resumen
Introducción: La enfermedad de Parkinson es un proceso neurodegenerativo crónico cuya evolución se acompaña con frecuencia de síntomas motores y no motores que interfieren en el autocuidado, la organización de la medicación y las actividades de la vida diaria. La adherencia terapéutica puede verse comprometida por la complejidad de los horarios de administración, la variabilidad clínica, la fragilidad asociada al envejecimiento, el deterioro funcional y la sobrecarga del entorno cuidador. En este contexto, la Enfermería ocupa una posición relevante en la detección precoz de barreras, la educación sanitaria y el seguimiento continuado.
Objetivos: Describir una intervención enfermera orientada a mejorar la adherencia terapéutica en personas con enfermedad de Parkinson, integrando valoración funcional, educación, apoyo al autocuidado, participación familiar y criterios de evaluación clínica y asistencial.
Metodología: Se desarrolla una guía de intervención estructurada a partir del proceso enfermero y de un enfoque de valoración integral de la persona mayor con enfermedad de Parkinson. Se consideran dimensiones clínicas, funcionales, cognitivas, emocionales, sociales y relacionadas con el régimen terapéutico, con propuestas de actuación adaptables a distintos ámbitos asistenciales.
Resultados: La intervención se organiza en cinco ejes: valoración inicial de factores que condicionan la adherencia; identificación de problemas de cuidados y riesgos asociados; educación terapéutica individualizada sobre medicación, especialmente en tratamientos con levodopa; implementación de estrategias de recordatorio, simplificación práctica y apoyo al cuidador; y seguimiento periódico con reevaluación funcional, revisión de incidentes y coordinación interprofesional. Este abordaje puede favorecer la regularidad en la toma, reducir omisiones evitables y mejorar la seguridad del paciente.
Discusión/Conclusiones: La adherencia en la enfermedad de Parkinson no depende únicamente de la voluntad del paciente, sino de la interacción entre deterioro funcional, complejidad terapéutica, capacidad cognitiva, contexto social y apoyo disponible. La intervención enfermera, cuando es continuada e individualizada, puede contribuir a una mejor integración del tratamiento en la vida cotidiana y a una atención más segura. Su aplicación debe adaptarse a la situación clínica, a los protocolos del centro y al grado de autonomía de cada persona.
Abstract
Introduction: Parkinson disease is a chronic neurodegenerative condition often associated with motor and non-motor symptoms that interfere with self-care, medication management and activities of daily living. Treatment adherence may be affected by complex dosing schedules, clinical fluctuations, age-related frailty, functional decline and caregiver burden. In this setting, nursing plays an important role in early detection of barriers, health education and ongoing follow-up.
Objectives: To describe a nursing intervention aimed at improving treatment adherence in people with Parkinson disease, integrating functional assessment, education, self-care support, family involvement and clinical evaluation criteria.
Methodology: An intervention guide is presented using the nursing process and a comprehensive assessment approach for older adults with Parkinson disease. Clinical, functional, cognitive, emotional, social and treatment-related dimensions are considered, with actions adaptable to different care settings.
Results: The intervention is organised into five areas: initial assessment of factors influencing adherence; identification of care problems and related risks; individualised therapeutic education regarding medication, particularly levodopa-based treatment; implementation of reminder strategies, practical simplification and caregiver support; and periodic follow-up with functional reassessment, incident review and interprofessional coordination. This approach may support regular medication intake, reduce avoidable omissions and improve patient safety.
Discussion/Conclusions: Adherence in Parkinson disease does not depend solely on patient motivation, but on the interaction between functional impairment, treatment complexity, cognitive status, social context and available support. Ongoing and individualised nursing intervention may help integrate treatment into daily life and promote safer care. Its application should be adapted to the clinical situation, local protocols and the patient’s level of autonomy.
Introducción
La enfermedad de Parkinson plantea un reto asistencial sostenido por su carácter progresivo y por la diversidad de manifestaciones que acompañan al trastorno del movimiento. A los síntomas cardinales se añaden con frecuencia alteraciones del sueño, estreñimiento, fatiga, apatía, ansiedad, fluctuaciones del estado funcional y dificultades cognitivas de intensidad variable. Todo ello repercute en la capacidad para mantener rutinas estables y seguir pautas terapéuticas con precisión horaria, aspecto especialmente sensible cuando el beneficio clínico depende de la regularidad de la administración.
En la práctica enfermera, la falta de adherencia no puede abordarse como un incumplimiento aislado ni como una conducta atribuible exclusivamente a desinterés. Suele responder a una combinación de factores: polimedicación, regímenes con varias tomas diarias, problemas de deglución, limitación para manipular envases, deterioro visual, dependencia para actividades instrumentales, presencia de fragilidad, barreras de comprensión del tratamiento o ausencia de apoyo familiar suficiente. En personas mayores, además, la coexistencia de comorbilidad y la variabilidad entre periodos de mayor y menor respuesta al tratamiento complican todavía más la integración terapéutica en la vida cotidiana.
La levodopa y otros fármacos antiparkinsonianos requieren una administración ordenada y una observación clínica cuidadosa. Los retrasos, omisiones o duplicidades pueden relacionarse con empeoramiento funcional, incremento de la rigidez o de la lentitud motora, mayor riesgo de caídas y pérdida de autonomía en actividades básicas. También pueden aparecer efectos adversos, intolerancia digestiva o dificultades para conciliar la pauta prescrita con los hábitos alimentarios y de sueño. Por este motivo, la adherencia debe interpretarse no solo como la toma del medicamento, sino como la capacidad de la persona y su entorno para sostener de forma segura un régimen terapéutico complejo.
La Enfermería geriátrica y comunitaria dispone de un papel especialmente relevante en este ámbito. Su proximidad a la persona, la visión integral del cuidado y la continuidad del seguimiento permiten identificar barreras que a veces pasan desapercibidas en revisiones centradas solo en la respuesta farmacológica. Además, la educación sanitaria, la conciliación del tratamiento, la observación del desempeño en el domicilio y el apoyo al cuidador pueden mejorar la adaptación de la pauta a la realidad funcional del paciente.
Abordar la adherencia en la enfermedad de Parkinson exige, por tanto, una intervención estructurada pero flexible. No se trata de imponer un esquema uniforme, sino de individualizar medidas, priorizar la seguridad y reforzar aquellas capacidades conservadas que favorecen el autocuidado. La intervención enfermera debe integrar valoración, planificación, educación y seguimiento, atendiendo a las actividades de la vida diaria, la fragilidad y el contexto social en el que se administra el tratamiento.
Objetivos
El objetivo general es describir una intervención enfermera orientada a mejorar la adherencia terapéutica en personas con enfermedad de Parkinson, con especial atención a pacientes de edad avanzada, con deterioro funcional o con necesidades de apoyo para el autocuidado.
Como objetivos específicos, se plantean los siguientes:
- Identificar factores clínicos, funcionales, cognitivos y sociales que puedan interferir en el seguimiento correcto del tratamiento.
- Establecer una valoración inicial que permita reconocer barreras relacionadas con la medicación, la fragilidad y la capacidad para las actividades de la vida diaria.
- Proponer intervenciones enfermeras de educación sanitaria sobre la pauta farmacológica, los horarios, la observación de efectos y la prevención de errores de administración.
- Favorecer estrategias prácticas de autocuidado y apoyo al cuidador para integrar la medicación en las rutinas diarias de forma realista y segura.
- Definir criterios de seguimiento y reevaluación que faciliten la continuidad asistencial y la detección precoz de problemas.
Metodología
Se presenta una guía de intervención aplicable a entornos de hospitalización, consultas externas, atención primaria, centros sociosanitarios o seguimiento domiciliario, siempre con adaptación a la organización del centro y a la situación clínica de cada persona. El planteamiento se basa en el proceso de Enfermería y en una valoración geriátrica funcional orientada al autocuidado, la seguridad del paciente y la continuidad del tratamiento.
La población diana incluye personas adultas, especialmente mayores, con diagnóstico de enfermedad de Parkinson y tratamiento farmacológico pautado, en quienes existan dificultades reales o potenciales para mantener una adherencia adecuada. También se considera población diana al cuidador principal cuando participa de forma directa en la preparación, administración o supervisión de la medicación.
La valoración inicial debe ser multidimensional. No basta con preguntar si el paciente toma la medicación; es necesario analizar cómo la toma, quién la prepara, en qué momentos del día, qué incidencias se producen y qué repercusión tienen sobre el estado funcional. En esta fase conviene explorar:
- Situación basal y grado de autonomía para actividades básicas e instrumentales de la vida diaria.
- Presencia de temblor, bradicinesia, rigidez o bloqueos que dificulten abrir envases, fraccionar comprimidos o acudir a tiempo a la toma.
- Estado cognitivo, capacidad de comprensión, memoria reciente y orientación respecto al tratamiento.
- Estado emocional, presencia de apatía, ansiedad o síntomas depresivos que puedan disminuir la implicación en el autocuidado.
- Régimen farmacológico global, número de tomas, coincidencia con otras medicaciones y posibles dificultades de conciliación.
- Problemas de deglución, náuseas, estreñimiento u otras molestias que condicionen el cumplimiento.
- Apoyo familiar o social disponible, distribución de responsabilidades y nivel de sobrecarga del cuidador.
- Condiciones del domicilio o del entorno de residencia para organizar la medicación con seguridad.
Tras la valoración, la planificación debe centrarse en problemas de cuidados concretos: manejo ineficaz del régimen terapéutico, déficit de autocuidado relacionado con limitación motora, riesgo de caídas, deterioro de la movilidad, riesgo de errores de medicación, sobrecarga del cuidador o afrontamiento ineficaz ante la progresión funcional. La formulación de prioridades dependerá del grado de dependencia, del contexto asistencial y de la presencia de episodios recientes de empeoramiento coincidentes con tomas irregulares.
La intervención se estructura en fases sucesivas: valoración, educación, apoyo a la organización terapéutica, implicación del entorno y seguimiento. Esta secuencia permite un abordaje pragmático, centrado en la experiencia real de la persona y no solo en la prescripción escrita.
Resultados
Valoración inicial orientada a la adherencia
El primer resultado operativo de la intervención es obtener una imagen fiel de la adherencia efectiva. Muchas personas refieren cumplir el tratamiento, pero al detallar horarios, preparación, olvidos o cambios espontáneos emergen dificultades relevantes. La entrevista enfermera debe combinar preguntas abiertas y comprobaciones concretas: si existen tomas omitidas, si se retrasa la administración cuando la persona está dormida o fuera del domicilio, si hay confusión entre medicamentos de aspecto similar o si se modifican dosis por percepción subjetiva de mejoría o empeoramiento.
En la enfermedad de Parkinson es útil explorar la relación temporal entre la toma y la respuesta funcional percibida. Cuando el paciente o su cuidador identifican momentos del día con mayor rigidez, enlentecimiento, inestabilidad o dificultad para iniciar la marcha, conviene revisar si coinciden con retrasos de medicación, ingestas irregulares o problemas de absorción referidos por el propio paciente. Esta observación no sustituye la valoración médica del tratamiento, pero aporta información asistencial relevante para la coordinación del plan terapéutico.
La fragilidad debe considerarse un factor transversal. Un anciano con pérdida de fuerza, fatiga, menor velocidad de marcha y dependencia parcial puede tener más dificultades para sostener pautas complejas incluso aunque conserve una comprensión aceptable del régimen farmacológico. Del mismo modo, una persona con autonomía limitada para cocinar, comprar o desplazarse puede presentar problemas indirectos de adherencia por mala organización doméstica, ausencia de reposición de la medicación o horarios de comidas desestructurados.
Educación terapéutica individualizada
La educación sanitaria constituye uno de los núcleos de la intervención. Debe ser individualizada, gradual y adaptada al nivel de comprensión, alfabetización sanitaria y capacidad sensorial de la persona. No resulta suficiente entregar instrucciones generales; es preferible trabajar con la pauta real del paciente, revisar cada medicamento y aclarar para qué sirve, cuándo se administra, qué incidencias obligan a consultar y qué errores son más frecuentes.
En tratamientos con levodopa, la Enfermería puede reforzar la importancia de mantener horarios regulares según la pauta prescrita y evitar modificaciones no indicadas por el equipo responsable. También es oportuno revisar dificultades prácticas: si el paciente olvida la toma cuando cambia su rutina, si necesita ayuda para manipular el blister o si no comprende adecuadamente los intervalos entre dosis. Cuando existen alteraciones de memoria o lentitud cognitiva, las explicaciones deben ser breves, repetidas en distintos momentos y apoyadas en material visual sencillo.
La educación debe incluir al cuidador cuando participa activamente en el proceso. En muchos casos es quien prepara la medicación o detecta antes los signos de administración irregular. Integrarlo en la enseñanza mejora la consistencia del mensaje y permite identificar errores de interpretación, como suspender una toma por somnolencia, adelantarla por inquietud motora o duplicarla por olvido de una administración previa. La participación del cuidador no debe anular la autonomía residual del paciente, sino ajustarse a sus capacidades conservadas.
Estrategias prácticas para favorecer el autocuidado
Una intervención efectiva requiere traducir la educación en herramientas concretas. Entre las estrategias útiles se encuentran la elaboración de un plan horario visible, el uso de pastilleros preparados con supervisión adecuada, las alarmas en reloj o teléfono, la asociación de la toma a rutinas estables y la simplificación del entorno donde se guarda la medicación. La elección de una u otra medida depende de la destreza manual, el estado cognitivo y la disponibilidad de apoyo.
En pacientes con temblor o rigidez marcados puede ser necesario adaptar el formato de presentación o la forma de acceso a la medicación, siempre dentro de las posibilidades prescritas y coordinadas con el equipo. La observación enfermera sobre la dificultad para abrir envases, partir comprimidos o tragar determinadas presentaciones resulta muy valiosa para detectar barreras poco visibles en consulta.
El fomento del autocuidado también implica preservar la participación activa del paciente en aquello que aún puede hacer. Permitir que identifique el momento de la toma, que compruebe el pastillero o que verbalice su pauta favorece el mantenimiento de habilidades y refuerza la percepción de control. En fases más avanzadas, el objetivo puede desplazarse desde la autonomía plena hacia una adherencia segura con apoyo supervisado.
Intervención sobre factores que reducen la adherencia
La irregularidad terapéutica raramente tiene una sola causa. Por ello, la intervención enfermera debe actuar sobre factores contribuyentes. Si existe estreñimiento persistente, náuseas, problemas de deglución o pérdida de apetito, estas situaciones deben valorarse y comunicarse, ya que pueden disminuir la tolerancia al tratamiento o favorecer omisiones. Si la persona presenta somnolencia diurna, alteraciones del sueño o episodios de confusión, conviene revisar cómo afectan a los horarios y a la seguridad de la administración.
Otro aspecto frecuente es la coexistencia de múltiples fármacos. La polimedicación puede generar confusión, duplicidades involuntarias o fatiga terapéutica. La Enfermería puede colaborar en la revisión de envases, en la conciliación al ingreso y al alta, y en la detección de discrepancias entre lo prescrito y lo realmente administrado en domicilio o residencia. Esta tarea es particularmente importante cuando intervienen varios prescriptores o cuando el paciente alterna dispositivos asistenciales.
La dimensión emocional merece atención específica. La apatía, el desánimo o el sentimiento de dependencia pueden traducirse en menor implicación en el tratamiento. La entrevista terapéutica, la escucha activa y la identificación de signos de sobrecarga emocional del paciente o del cuidador ayudan a sostener el plan de cuidados y a derivar cuando resulte indicado. Mejorar la adherencia no depende solo de recordar una pastilla, sino de acompañar un proceso vital complejo y progresivo.
Seguimiento y reevaluación
La intervención no finaliza con la enseñanza inicial. La adherencia en la enfermedad de Parkinson cambia con la evolución clínica, con la aparición de nuevas dificultades funcionales y con las transiciones asistenciales. Se recomienda establecer contactos de seguimiento para revisar incidencias, comprobar si las estrategias implantadas resultan útiles y detectar nuevos riesgos. La frecuencia de esta reevaluación debe individualizarse según la estabilidad clínica y el grado de dependencia.
Durante el seguimiento, pueden valorarse indicadores cualitativos de utilidad clínica: menor número de olvidos referidos, mayor coincidencia entre pauta prescrita y administración real, disminución de errores en la preparación del pastillero, mejor comprensión del tratamiento por parte del paciente o del cuidador, y mejor integración de la medicación en las rutinas cotidianas. También resulta relevante registrar si se reducen situaciones de riesgo asociadas, como caídas vinculadas a periodos de inmovilidad por retraso terapéutico o consultas motivadas por descompensaciones relacionadas con administración irregular.
La coordinación interprofesional es parte del seguimiento. Cuando la valoración enfermera detecta cambios funcionales, efectos adversos, problemas de deglución, empeoramiento cognitivo o imposibilidad de sostener la pauta actual, debe facilitarse la comunicación con el resto del equipo para reconsiderar el plan terapéutico y de cuidados. Esta coordinación mejora la continuidad asistencial y evita que la carga de adaptación recaiga exclusivamente en el paciente o en su familia.
Consideraciones de seguridad del paciente
La seguridad debe mantenerse como eje transversal de toda la intervención. En personas con Parkinson y fragilidad, la administración irregular de la medicación puede asociarse a deterioro de la movilidad, inestabilidad postural, dependencia súbita para actividades básicas o agravamiento de síntomas no motores. Desde la práctica enfermera, conviene prestar atención a la prevención de caídas, a la correcta identificación de medicamentos, al almacenamiento adecuado y a la vigilancia de signos que indiquen mala tolerancia o necesidad de reevaluación clínica.
En ámbitos institucionales, la transmisión correcta de horarios y particularidades del tratamiento entre turnos y durante las transiciones asistenciales es especialmente importante. En el domicilio, la seguridad pasa por reducir improvisaciones, evitar mezclas de envases, mantener una organización visible y verificar que el paciente y el cuidador comprenden qué hacer ante una dosis olvidada o ante un cambio reciente de pauta comunicado por el equipo responsable.
Discusión/Conclusiones
La adherencia terapéutica en la enfermedad de Parkinson debe entenderse como un fenómeno dinámico y multifactorial. Limitar su análisis al cumplimiento declarado por el paciente conduce con frecuencia a intervenciones poco eficaces. La experiencia asistencial muestra que los problemas de adherencia suelen emerger en la intersección entre síntomas motores, fragilidad, dependencia funcional, carga del tratamiento, alteraciones cognitivas leves o moderadas y disponibilidad real de apoyo familiar. Por ello, la aportación de la Enfermería resulta especialmente valiosa cuando incorpora una valoración integral y una mirada centrada en la vida diaria.
La intervención descrita permite organizar la actuación enfermera de forma práctica, sin convertirla en un protocolo cerrado. Su utilidad reside en ordenar preguntas relevantes, priorizar barreras modificables y traducir la educación sanitaria en medidas concretas y sostenibles. Enseñar al paciente y al cuidador, observar cómo se administra realmente la medicación y reevaluar periódicamente las dificultades son acciones que pueden mejorar la seguridad y la continuidad del tratamiento.
Debe subrayarse que no todas las dificultades de adherencia se resuelven con más información. En pacientes con deterioro funcional avanzado, el objetivo puede no ser aumentar la autonomía, sino asegurar una administración correcta mediante apoyos externos. En otros casos, la principal necesidad será revisar la organización doméstica, detectar sobrecarga del cuidador o comunicar al equipo cambios que obliguen a replantear la pauta. Esta flexibilidad es coherente con la práctica enfermera centrada en la persona y con la heterogeneidad clínica propia de la enfermedad.
La presencia de fragilidad y de limitaciones en actividades de la vida diaria refuerza la conveniencia de integrar la adherencia farmacológica dentro de un plan de cuidados más amplio. Tomar la medicación a la hora prevista es importante, pero también lo son la movilidad segura, la alimentación, la deglución, el descanso, la continencia, el estado de ánimo y la red de apoyo. Cuando estos elementos se abordan de forma fragmentada, la intervención pierde eficacia y aumenta el riesgo de incidentes evitables.
En síntesis, la mejora de la adherencia terapéutica en la enfermedad de Parkinson requiere una intervención enfermera continuada, individualizada y coordinada. La valoración multidimensional, la educación adaptada, las ayudas prácticas para el autocuidado, la implicación del cuidador y la reevaluación periódica constituyen pilares asistenciales razonables para favorecer la regularidad del tratamiento y reducir riesgos. Su implementación debe ajustarse al contexto clínico, a la capacidad funcional de la persona y a los procedimientos vigentes en cada entorno asistencial.
Conflicto de intereses
Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.
Financiación
Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.
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