Intervención ante polifarmacia y riesgo de efectos adversos en geriatría

Intervention for polypharmacy and risk of adverse effects in geriatric care

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:66

Autor principal (primer firmante): Clara Benítez Romero

Fecha recepción: 09/06/26

Fecha aceptación: 06/07/26

Fecha de publicación: 14/07/26

Ref.: CADICE. 2026;1(7):66

Autores:
Clara Benítez Romero
Álvaro Molina Serrano
Nerea Castillo Pardo

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Fragilidad; Conciliación de medicamentos; Intervenciones de Enfermería; Polifarmacia; Pluripatología; Protocolos clínicos; Anciano; Efectos adversos; Actividades de la vida diaria; Enfermería geriátrica

Keywords: Frailty; Medication Reconciliation; Nursing Interventions; Polypharmacy; Comorbidity; Clinical Protocols; Aged; Drug-Related Side Effects and Adverse Reactions; Activities of Daily Living; Geriatric Nursing

Resumen

Introducción: La polifarmacia en personas mayores constituye una situación clínica frecuente en contextos de fragilidad y pluripatología. Su relevancia para la práctica enfermera radica en la relación que puede establecerse con problemas de adherencia, errores en la administración, interacciones, deterioro funcional y aparición de efectos adversos, especialmente durante las transiciones asistenciales.

Objetivos: Describir una guía de intervención enfermera orientada a la valoración integral, la conciliación de medicamentos, la detección de situaciones de riesgo y el seguimiento de pacientes geriátricos con polifarmacia, con un enfoque de seguridad del paciente y continuidad de cuidados.

Metodología: Se desarrolla una propuesta de intervención aplicable a distintos ámbitos asistenciales, estructurada a partir del proceso de Enfermería, la valoración geriátrica integral y la revisión clínica de la farmacoterapia desde una perspectiva colaborativa. Se contemplan la situación funcional, el estado cognitivo, la capacidad de manejo del tratamiento, el apoyo del entorno y la identificación de signos de alarma relacionados con medicamentos.

Resultados: La intervención se organiza en fases: identificación de pacientes de mayor vulnerabilidad, valoración inicial, conciliación terapéutica, revisión enfermera del régimen farmacológico, planificación de cuidados, educación a paciente y cuidadores, y seguimiento. Entre los elementos prioritarios figuran la simplificación del manejo cuando sea posible, la vigilancia de reacciones adversas, la prevención de errores de medicación y la coordinación con medicina, farmacia y trabajo social según necesidades.

Discusión/Conclusiones: El abordaje enfermero de la polifarmacia no debe limitarse al recuento de fármacos, sino integrar funcionalidad, objetivos terapéuticos, preferencias de la persona y contexto social. Una intervención sistematizada puede contribuir a mejorar la seguridad, la comprensión del tratamiento y la continuidad asistencial, siempre con adaptación a la situación clínica y a los protocolos vigentes de cada centro.

Abstract

Introduction: Polypharmacy in older adults is a common clinical situation, particularly in the presence of frailty and multimorbidity. Its relevance to nursing practice lies in its association with poor adherence, administration errors, interactions, functional decline, and adverse drug reactions, especially during transitions of care.

Objectives: To describe a nursing intervention guide focused on comprehensive assessment, medication reconciliation, risk detection, and follow-up of geriatric patients with polypharmacy, from a patient safety and continuity-of-care perspective.

Methodology: A general intervention framework applicable to different healthcare settings is presented. It is structured through the nursing process, comprehensive geriatric assessment, and collaborative review of pharmacotherapy. Functional status, cognition, treatment management capacity, caregiver support, and medication-related warning signs are considered.

Results: The intervention is organized into sequential phases: identification of high-risk patients, initial assessment, medication reconciliation, nursing review of the treatment regimen, care planning, education for patients and caregivers, and follow-up. Priority actions include simplifying treatment handling whenever feasible, monitoring adverse reactions, preventing medication errors, and coordinating with physicians, pharmacists, and social workers when required.

Discussion/Conclusions: Nursing management of polypharmacy should go beyond counting medications and incorporate functionality, therapeutic goals, patient preferences, and social context. A structured intervention may improve safety, treatment understanding, and continuity of care, provided it is individualized and adapted to local protocols and the clinical condition of each patient.

Introducción

La atención a personas mayores con pluripatología ha incrementado la complejidad del manejo terapéutico en todos los niveles asistenciales. En este contexto, la polifarmacia suele aparecer como resultado de la coexistencia de procesos crónicos, la atención por múltiples profesionales y la necesidad de ajustar tratamientos a síntomas cambiantes, reagudizaciones y complicaciones funcionales. No obstante, la acumulación de medicamentos no puede interpretarse únicamente como una consecuencia inevitable del envejecimiento. Su impacto depende de factores clínicos, funcionales, cognitivos y sociales que condicionan tanto la indicación como el uso real del tratamiento.

Desde la práctica enfermera, la polifarmacia adquiere especial relevancia cuando se asocia a fragilidad, deterioro en las actividades de la vida diaria, dependencia para la administración de medicamentos, dificultades de comprensión del régimen terapéutico o presencia de síntomas que pueden corresponder a efectos adversos y pasar inadvertidos. Somnolencia, mareo, estreñimiento, hipotensión ortostática, alteración del apetito, confusión, caídas o empeoramiento funcional pueden atribuirse de forma errónea a la edad o a la enfermedad de base si no se explora la posible relación con la medicación.

La persona mayor no suele manejar su tratamiento en un escenario estable. Con frecuencia transita entre domicilio, atención primaria, consultas hospitalarias, urgencias, hospitalización y recursos sociosanitarios. Cada transición aumenta el riesgo de discrepancias terapéuticas, duplicidades, omisiones y cambios de prescripción insuficientemente comprendidos. En estas situaciones, la conciliación de medicamentos representa una actividad asistencial de primer orden, y la Enfermería ocupa una posición estratégica por su cercanía al paciente, su continuidad en los cuidados y su capacidad para detectar problemas en el uso cotidiano del tratamiento.

La intervención enfermera ante la polifarmacia requiere una mirada más amplia que la mera verificación de una lista farmacológica. Debe integrar la valoración geriátrica, la seguridad del paciente, la educación sanitaria, la observación clínica y la coordinación interdisciplinar. Resulta especialmente útil valorar si el plan terapéutico es comprensible, asumible y coherente con la situación funcional de la persona. También es necesario explorar la experiencia subjetiva del paciente: qué fármacos identifica, cuáles omite, qué síntomas atribuye al tratamiento, qué apoyos recibe y qué barreras encuentra para seguir las indicaciones.

En este sentido, una guía de intervención enfermera puede ayudar a ordenar la práctica clínica, homogeneizar aspectos esenciales de la valoración y favorecer decisiones más seguras. No se trata de establecer un protocolo universal cerrado, sino de ofrecer un marco de actuación aplicable a distintos entornos, adaptable a la organización del centro y útil para detectar riesgos, priorizar problemas y reforzar la continuidad asistencial.

Objetivos

Describir una guía de intervención enfermera para el abordaje de la polifarmacia y del riesgo de efectos adversos en personas mayores, orientada a la seguridad del paciente, la valoración integral y la continuidad de cuidados.

Objetivos específicos

  • Identificar criterios clínicos, funcionales y sociales que permitan reconocer a pacientes geriátricos con mayor vulnerabilidad relacionada con la medicación.
  • Establecer una secuencia de valoración inicial que incluya revisión del tratamiento, capacidad de autogestión, adherencia, signos de alarma y situación funcional.
  • Describir las actuaciones enfermeras implicadas en la conciliación de medicamentos durante ingresos, altas y otros cambios de nivel asistencial.
  • Precisar intervenciones orientadas a reducir errores de medicación, mejorar la comprensión del régimen terapéutico y detectar de forma precoz posibles efectos adversos.
  • Incorporar criterios de educación sanitaria, seguimiento y coordinación interdisciplinar adaptados a la persona mayor y a su entorno cuidador.
  • Señalar elementos de evaluación clínica y de seguridad que permitan valorar la respuesta al plan de cuidados.

Metodología

Se plantea una guía de intervención enfermera de carácter práctico, aplicable en hospitalización, atención primaria, consultas, urgencias, atención domiciliaria y recursos de media o larga estancia. El enfoque se apoya en el proceso de Enfermería y en la valoración geriátrica integral, entendida como una aproximación que considera la situación clínica, funcional, mental y social de la persona mayor. La propuesta se formula con carácter orientativo y requiere adaptación al contexto organizativo, al nivel asistencial y a los procedimientos del centro.

La población diana la constituyen personas mayores con tratamiento farmacológico múltiple, especialmente cuando presentan fragilidad, comorbilidad, dependencia en actividades de la vida diaria, deterioro cognitivo, antecedentes de caídas, ingresos recientes, reingresos, cambios frecuentes de tratamiento o dificultades para gestionar la medicación. También debe prestarse atención a quienes viven solos, dependen de varios cuidadores, utilizan distintos dispositivos de administración o reciben prescripciones de múltiples consultas sin una revisión integrada.

La intervención se organiza en varias fases enlazadas. La primera consiste en la identificación de pacientes de riesgo. La segunda, en una valoración enfermera estructurada del uso de medicamentos y de su repercusión sobre la persona. La tercera se centra en la conciliación terapéutica y en la detección de discrepancias. La cuarta corresponde a la planificación de cuidados y medidas de apoyo. La quinta integra educación sanitaria, coordinación con otros profesionales y seguimiento clínico.

Para la valoración no basta con registrar el nombre de los fármacos. Es necesario comprobar qué toma realmente el paciente, quién prepara la medicación, si conoce la finalidad de cada medicamento, si presenta dificultades visuales o manipulativas para abrir envases o partir comprimidos, si utiliza medicación sin prescripción, productos de herbolario o preparados adquiridos por iniciativa propia y si existen síntomas recientes que puedan guardar relación con la farmacoterapia. La entrevista clínica debe complementarse con observación directa, revisión del plan terapéutico disponible y participación del cuidador cuando proceda.

La guía adopta una perspectiva de seguridad del paciente. Por ello incorpora medidas para reconocer situaciones de alto riesgo, como duplicidades terapéuticas aparentes o reales, confusión entre fármacos con nombres o presentaciones semejantes, horarios complejos, administración condicionada por la alimentación sin adecuada comprensión, omisiones de dosis, automodificación del tratamiento o uso de medicación a demanda sin supervisión suficiente. Estas circunstancias no implican por sí mismas un error consolidado, pero deben motivar valoración y seguimiento.

La planificación de cuidados se estructura de forma individualizada, con objetivos realistas y reevaluables. En cada ámbito asistencial, la enfermera debe delimitar qué problemas puede abordar de forma autónoma, cuáles requieren revisión médica y cuáles aconsejan colaboración con farmacia, trabajo social, rehabilitación o servicios de apoyo comunitario. La intervención propuesta no sustituye la prescripción ni la revisión farmacológica especializada, pero sí aporta un marco para detectar riesgos y mejorar el manejo cotidiano del tratamiento.

Resultados

Identificación de personas mayores con mayor riesgo asociado a la polifarmacia

La primera actuación consiste en reconocer situaciones que obligan a una vigilancia reforzada. Entre ellas se encuentran la presencia de fragilidad clínica, pluripatología, historia reciente de caídas, episodios de delirium o confusión, pérdida de autonomía en actividades básicas o instrumentales, hospitalizaciones repetidas, cambios terapéuticos recientes, deterioro visual o auditivo, dificultad para deglutir, dependencia de terceros para organizar la medicación y ausencia de red de apoyo estable.

También deben considerarse indicadores de posible manejo inseguro: envases mezclados, listados de medicación desactualizados, uso de varios pastilleros no coordinados, diferencias entre la prescripción registrada y lo que refiere la persona, o incapacidad para explicar de forma sencilla qué tratamiento sigue. En el ámbito domiciliario, la observación del entorno puede aportar información relevante sobre conservación de medicamentos, accesibilidad, presencia de productos caducados o coexistencia de tratamientos de distintos convivientes en un mismo espacio.

Valoración enfermera inicial

La valoración debe recoger antecedentes de comorbilidad y situación de salud percibida, pero ha de centrarse de forma especial en el impacto funcional del tratamiento. Resulta útil explorar si el paciente presenta fatiga, inestabilidad, estreñimiento, sequedad de boca, trastornos del sueño, cambios de conducta, empeoramiento del apetito, náuseas, retención urinaria, dolor mal controlado o disminución reciente de la capacidad para realizar actividades habituales. Algunos de estos hallazgos pueden formar parte de la evolución de enfermedades crónicas; otros pueden estar influidos o agravados por la medicación.

La valoración funcional incluye la capacidad para preparar tomas, leer etiquetas, recordar horarios, utilizar inhaladores, colirios, parches, insulina u otros dispositivos, y mantener pautas con restricciones temporales o dietéticas. Debe valorarse igualmente la situación cognitiva, la memoria operativa, la capacidad para seguir instrucciones y la toma de decisiones respecto al tratamiento. Cuando la autogestión es parcial o inexistente, conviene identificar al cuidador principal, su nivel de alfabetización sanitaria y su disponibilidad real para colaborar.

Otro eje de la valoración es la adherencia terapéutica entendida en sentido amplio. Más allá de clasificar al paciente como adherente o no adherente, interesa conocer por qué se producen omisiones o cambios: olvido, efectos molestos, temor a la dependencia, creencias erróneas, complejidad del régimen, dificultades económicas, rechazo a determinados formatos o imposibilidad física para administrar el medicamento. Esta información permite orientar intervenciones realistas y evitar mensajes culpabilizadores.

Conciliación de medicamentos en transiciones asistenciales

La conciliación debe realizarse de manera especialmente cuidadosa en ingreso, traslado interno, alta hospitalaria, derivación a recursos intermedios y primera revisión tras un cambio importante del plan terapéutico. El objetivo es comparar el tratamiento que la persona venía utilizando con la nueva prescripción, identificar discrepancias y facilitar que cualquier modificación quede claramente comprendida.

En esta fase la enfermera puede contribuir mediante la recogida sistemática de información de distintas fuentes: entrevista con paciente o cuidador, informes previos, envases aportados, hojas de tratamiento y registros disponibles. Conviene diferenciar medicación crónica, tratamiento temporal, fármacos a demanda, suplementos y otros productos utilizados fuera del circuito habitual de prescripción. La verificación de dosis, horarios, vía de administración y motivo del cambio es especialmente relevante cuando se detectan fármacos suspendidos, sustituidos o duplicados.

En el momento del alta, la conciliación no debería limitarse a entregar una hoja de medicación. La comprensión efectiva del nuevo régimen requiere revisar qué se mantiene, qué se retira, qué se modifica y qué síntomas deben motivar consulta. En pacientes frágiles o con capacidad de autogestión reducida, puede ser recomendable confirmar la presencia de un cuidador instruido, valorar la necesidad de apoyo domiciliario o facilitar mecanismos de enlace con el equipo de seguimiento.

Revisión enfermera del régimen terapéutico y detección de problemas de uso

La revisión enfermera no pretende reevaluar la indicación farmacológica de forma aislada, pero sí identificar aspectos que repercuten en la seguridad y en la efectividad práctica del tratamiento. Entre ellos destacan la complejidad horaria, la coincidencia de múltiples tomas, la presencia de instrucciones difíciles de recordar, las formas farmacéuticas poco manejables y la falta de correspondencia entre la pauta prescrita y la capacidad real del paciente.

Puede resultar útil identificar señales de alerta relacionadas con medicamentos de especial vigilancia en geriatría, sin asumir que todo síntoma deriva del tratamiento. La aparición de somnolencia diurna, enlentecimiento, mareo al incorporarse, hipotensión, alteración del tránsito intestinal, retención de líquidos, sangrado, agitación, desorientación o empeoramiento de la marcha requiere valoración clínica y comunicación al profesional responsable cuando proceda. Del mismo modo, la ausencia de efecto esperado en el control sintomático puede sugerir problemas de adherencia, técnica incorrecta de administración o necesidad de revisión terapéutica.

La enfermera debe considerar asimismo el riesgo de cascada terapéutica, es decir, la introducción de nuevos medicamentos para tratar síntomas que podrían estar relacionados con otros fármacos previos. Aunque la decisión diagnóstica y terapéutica corresponda al equipo prescriptor, la observación enfermera puede contribuir a detectar esta posibilidad cuando existe una secuencia temporal plausible entre cambio de medicación y aparición de nuevos problemas.

Planificación de cuidados e intervenciones enfermeras

La planificación debe establecer prioridades. En algunos pacientes el problema central será la falta de comprensión del tratamiento; en otros, el riesgo de caída, la sobrecarga del cuidador, el deterioro cognitivo o la imposibilidad material de manejar dispositivos. La intervención será distinta si se trata de una persona autónoma con errores puntuales de organización que si se atiende a un paciente dependiente con múltiples prescripciones y apoyo familiar inestable.

Entre las intervenciones enfermeras con mayor aplicabilidad se encuentran:

  • Verificar de forma periódica la lista de medicamentos realmente utilizada por la persona.
  • Favorecer la organización del tratamiento mediante sistemas sencillos y comprensibles, adaptados a la capacidad visual, manual y cognitiva.
  • Observar y registrar signos o síntomas compatibles con reacciones adversas o con problemas de administración.
  • Comprobar la técnica de uso de inhaladores, colirios, parches, plumas precargadas, formas líquidas y otros dispositivos.
  • Reforzar la comprensión del horario, la finalidad de los fármacos y las modificaciones recientes del tratamiento.
  • Promover la comunicación temprana ante aparición de efectos no esperados, empeoramiento funcional o dudas relevantes.
  • Coordinar con medicina y farmacia los hallazgos que sugieran duplicidades, omisiones, interacciones potenciales o problemas de adherencia persistente.
  • Valorar necesidades del cuidador y su competencia para participar en la preparación y supervisión de la medicación.

Cuando existan alteraciones funcionales significativas, la simplificación del manejo es un objetivo práctico de gran relevancia. Aunque la modificación de la pauta dependa de la prescripción, la enfermera puede identificar qué elementos generan mayor dificultad: tomas dispersas a lo largo del día, instrucciones complejas, necesidad de fraccionar comprimidos, envases de difícil apertura o coincidencia de varios tratamientos a demanda sin criterios claros de uso.

Educación sanitaria dirigida a paciente y cuidadores

La educación debe ser individualizada, breve, repetida y orientada a problemas concretos. En la persona mayor con polifarmacia, los mensajes excesivamente extensos suelen dificultar la retención de la información. Resulta preferible priorizar unos pocos aspectos esenciales: qué medicamentos debe tomar, cuáles han sido modificados, quién debe administrarlos si existe dependencia, qué síntomas deben vigilarse y cuándo consultar.

La explicación oral conviene acompañarla de apoyos escritos legibles y consistentes con el plan terapéutico vigente. Puede ser útil emplear lenguaje claro, horarios cotidianos y confirmación de comprensión mediante reformulación por parte del paciente o del cuidador. La enseñanza debe incluir aspectos de seguridad doméstica, como no compartir tratamientos, no suspender o duplicar dosis por iniciativa propia y no incorporar productos adicionales sin comunicarlo al equipo asistencial, especialmente si el paciente ya presenta una carga terapéutica elevada.

En cuidadores familiares, la intervención educativa debe contemplar el riesgo de sobrecarga y de errores derivados de la fatiga o de la falta de entrenamiento. La Enfermería puede contribuir reforzando habilidades prácticas, ordenando la información y delimitando qué cambios deben comunicarse. En personas institucionalizadas o con apoyo profesional domiciliario, la transmisión de indicaciones entre turnos y dispositivos también merece atención específica.

Seguimiento y criterios de evaluación

El seguimiento enfermero debe centrarse en la respuesta clínica y funcional al plan establecido. No basta con constatar que la medicación se administra; es necesario valorar si el paciente mantiene estabilidad, si ha mejorado la comprensión del tratamiento, si disminuyen los errores observados y si los síntomas sospechosos de relación farmacológica han sido evaluados y comunicados.

Entre los criterios de evaluación útiles figuran la concordancia entre prescripción y medicación realmente utilizada, la reducción de dudas reiteradas sobre horarios o dosis, la correcta técnica de administración cuando se usan dispositivos, la ausencia de incidentes relacionados con preparación y toma, y la detección precoz de signos de intolerancia. También debe valorarse la repercusión sobre la funcionalidad cotidiana: marcha, equilibrio, nivel de alerta, apetito, sueño y capacidad para actividades básicas e instrumentales.

La reevaluación cobra especial importancia tras ingresos, altas, introducción de nuevos tratamientos o cambios en el soporte familiar. En personas frágiles, pequeñas modificaciones del régimen terapéutico pueden tener consecuencias desproporcionadas sobre la autonomía y el riesgo de eventos adversos, por lo que la observación longitudinal resulta especialmente útil.

Discusión/Conclusiones

La polifarmacia en geriatría no puede abordarse de forma adecuada si se reduce a un recuento numérico de medicamentos. El número de fármacos orienta sobre complejidad, pero no sustituye a la valoración clínica y funcional. Dos personas con una carga terapéutica aparentemente similar pueden presentar riesgos muy distintos en función de su fragilidad, capacidad cognitiva, técnica de administración, red de apoyo y objetivos asistenciales. Desde esta perspectiva, la contribución de la Enfermería consiste en conectar la farmacoterapia prescrita con la vida cotidiana del paciente y con su seguridad real.

Una intervención sistematizada permite mejorar la detección de discrepancias, identificar signos precoces de posibles efectos adversos y reconocer barreras que a menudo permanecen invisibles en una revisión puramente documental. La observación enfermera del desempeño funcional, de la comprensión del tratamiento y del papel del cuidador aporta información de gran valor para ajustar el plan de cuidados y facilitar la coordinación interdisciplinar. Este enfoque resulta particularmente relevante en las transiciones asistenciales, donde se concentran cambios terapéuticos, pérdidas de información y dificultades de continuidad.

La conciliación de medicamentos debe entenderse como un proceso clínico compartido, no como un trámite administrativo. La Enfermería participa de forma decisiva al recoger información fiable, contrastar lo prescrito con lo que realmente se utiliza, reforzar la comprensión del tratamiento y alertar sobre problemas detectados en el seguimiento. Del mismo modo, la educación sanitaria solo resulta útil cuando se adecua a la capacidad del paciente, se orienta a decisiones concretas y se integra con apoyos del entorno.

Existen, no obstante, límites claros. La intervención enfermera no reemplaza la revisión farmacológica ni la decisión prescriptora, y su efectividad depende de la existencia de circuitos de comunicación fluidos entre niveles asistenciales. Además, la simplificación terapéutica, la modificación de pautas o la desprescripción exigen valoración clínica individualizada por el profesional responsable. Por ello, la guía debe aplicarse como herramienta de apoyo a la práctica, siempre subordinada al juicio clínico y a los protocolos vigentes.

En términos asistenciales, resulta razonable considerar la polifarmacia como un indicador de posible complejidad, no como un diagnóstico autosuficiente. La respuesta más útil no pasa por uniformar decisiones, sino por reforzar la valoración integral, la vigilancia de síntomas, la educación adaptada y la continuidad de cuidados. En la persona mayor frágil, cada intervención orientada a mejorar el manejo de la medicación puede contribuir no solo a reducir incidentes, sino también a preservar funcionalidad, autonomía y calidad de vida dentro de los objetivos realistas de atención.

Conflicto de intereses

Los autores declaran la ausencia de conflictos de intereses en la preparación de este manuscrito.

Financiación

El presente manuscrito se ha realizado sin financiación externa específica.

Bibliografía

  1. Maher RL, Hanlon J, Hajjar ER. Clinical consequences of polypharmacy in elderly.. Expert Opin Drug Saf. 2014;13(1):57-65. doi: https://doi.org/10.1517/14740338.2013.827660
  2. Rodrigues MC, Oliveira Cd. Drug-drug interactions and adverse drug reactions in polypharmacy among older adults: an integrative review.. Rev Lat Am Enfermagem. 2016;24:e2800. doi: https://doi.org/10.1590/1518-8345.1316.2800
  3. Vasilevskis EE, Shah AS, Hollingsworth EK, Shotwell MS, Kripalani S, Mixon AS, et al.. Deprescribing Medications Among Older Adults From End of Hospitalization Through Postacute Care: A Shed-MEDS Randomized Clinical Trial.. JAMA Intern Med. 2023;183(3):223-231. doi: https://doi.org/10.1001/jamainternmed.2022.6545
  4. Hunter KF, Cyr D. Pharmacotherapeutics in older adults.. J Wound Ostomy Continence Nurs. 2006;33(6):630-6; quiz 637-8. doi: https://doi.org/10.1097/00152192-200611000-00007
  5. Soraci L, Cherubini A, Paoletti L, Filippelli G, Luciani F, Laganà P, et al.. Safety and Tolerability of Antimicrobial Agents in the Older Patient.. Drugs Aging. 2023;40(6):499-526. doi: https://doi.org/10.1007/s40266-023-01019-3
  6. Kitaw TA, Haile RN. Prevalence of polypharmacy among older adults in Ethiopia: a systematic review and meta-analysis.. Sci Rep. 2023;13(1):17641. doi: https://doi.org/10.1038/s41598-023-45095-2
  7. Ali MU, Sherifali D, Fitzpatrick-Lewis D, Kenny M, Lamarche L, Raina P, et al.. Interventions to address polypharmacy in older adults living with multimorbidity: Review of reviews.. Can Fam Physician. 2022;68(7):e215-e226. doi: https://doi.org/10.46747/cfp.6807e215
  8. Lion S, Evrard P, Foulon V, Spinewine A. Drug-drug interactions in nursing home residents: analysis from the COME-ON trial.. Age Ageing. 2023;52(1). doi: https://doi.org/10.1093/ageing/afac278
  9. Peron EP, Gray SL, Hanlon JT. Medication use and functional status decline in older adults: a narrative review.. Am J Geriatr Pharmacother. 2011;9(6):378-91. doi: https://doi.org/10.1016/j.amjopharm.2011.10.002
  10. Roman YM, Dixon DL, Salgado TM, Price ET, Zimmerman KM, Sargent L, et al.. Challenges in pharmacotherapy for older adults: a framework for pharmacogenomics implementation.. Pharmacogenomics. 2020;21(9):627-635. doi: https://doi.org/10.2217/pgs-2019-0198
  11. Martínez-Montesinos L, Rivera-Caravaca JM, Agewall S, Soler E, Lip GYH, Marín F, et al.. Polypharmacy and adverse events in atrial fibrillation: Main cause or reflection of multimorbidity?. Biomed Pharmacother. 2023;158:114064. doi: https://doi.org/10.1016/j.biopha.2022.114064
Scroll al inicio