Intervention to prevent local complications in peripheral vascular catheters
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:387
Autor principal (primer firmante): Víctor Ramírez Ponce
Fecha recepción: 14/08/26
Fecha aceptación: 12/09/26
Fecha de publicación: 16/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):387
Autores:
Víctor Ramírez Ponce
Alicia Martín Salas
Noelia Prieto Guzmán
Rubén Castro Peña
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Cicatrización de heridas; Apósitos; Técnica aséptica; Flebitis; Estomas quirúrgicos; Catéter periférico; Terapia intravenosa; Piel; Intervenciones de Enfermería; Protocolos clínicos
Keywords: Wound Healing; Bandages; Aseptic Technique; Phlebitis; Surgical Stomas; Peripheral Catheterization; Infusions, Intravenous; Skin; Nursing Interventions; Clinical Protocols
Resumen
Introducción: El catéter vascular periférico es uno de los dispositivos más utilizados en la práctica clínica para la administración de fluidoterapia, medicación y otros tratamientos intravenosos. Su uso extendido lo convierte en un elemento cotidiano para Enfermería, pero también en un punto vulnerable para la aparición de complicaciones locales, como dolor, eritema, flebitis, infiltración, extravasación, edema o deterioro cutáneo en torno al punto de inserción. La prevención de estos eventos depende en gran medida de la valoración continuada, de la inserción y mantenimiento adecuados del dispositivo y de una vigilancia clínica sistemática.
Objetivos: Describir una intervención enfermera orientada a prevenir complicaciones locales asociadas al catéter vascular periférico, incluyendo la valoración inicial, las medidas de mantenimiento, la vigilancia del punto de inserción, los criterios de reevaluación y los elementos de seguridad que deben adaptarse a cada entorno asistencial.
Metodología: Se presenta una guía de intervención de carácter práctico, elaborada a partir del proceso enfermero y enfocada al cuidado del paciente portador de catéter vascular periférico. El contenido se organiza en torno a la valoración clínica, la preparación del procedimiento, la técnica de inserción, los cuidados de mantenimiento, la detección precoz de signos de complicación y los criterios de retirada o sustitución según evolución clínica y protocolo institucional.
Resultados: La intervención enfermera se articula en varias fases: valoración de indicación y del capital venoso, selección prudente del sitio de inserción y del calibre, aplicación de técnica aséptica, estabilización adecuada del dispositivo, protección cutánea, elección y control del apósito, vigilancia programada del punto de inserción y respuesta temprana ante signos locales. La educación al paciente y la trazabilidad de los cuidados completan una estrategia que puede contribuir a reducir incidencias y a mejorar la continuidad asistencial.
Discusión/Conclusiones: La prevención de complicaciones locales en el catéter vascular periférico no depende de una medida aislada, sino de un conjunto de decisiones enfermeras encadenadas desde la indicación inicial hasta la retirada del dispositivo. La observación clínica, la protección de la piel, la manipulación segura del sistema y la retirada precoz cuando el acceso deja de ser necesario son componentes centrales del cuidado. Su aplicación requiere individualización y adaptación a los protocolos vigentes de cada centro.
Abstract
Introduction: Peripheral vascular catheters are among the most frequently used devices in clinical practice for intravenous therapy, drug administration, and hydration. Their widespread use makes them highly relevant to nursing care, but also exposes patients to local complications such as pain, erythema, phlebitis, infiltration, extravasation, edema, and skin damage around the insertion site. Prevention largely depends on ongoing assessment, proper insertion and maintenance, and systematic clinical surveillance.
Objectives: To describe a nursing intervention aimed at preventing local complications associated with peripheral vascular catheters, including initial assessment, maintenance measures, insertion-site monitoring, reassessment criteria, and safety elements that should be adapted to each care setting.
Methodology: A practical intervention guide is presented, structured according to the nursing process and focused on the care of patients carrying a peripheral vascular catheter. The content is organized around clinical assessment, procedure preparation, insertion technique, maintenance care, early identification of local complications, and criteria for catheter removal or replacement according to clinical evolution and institutional protocols.
Results: The nursing intervention is developed in several phases: assessment of indication and venous access, prudent selection of insertion site and catheter gauge, use of aseptic technique, proper device stabilization, skin protection, dressing selection and surveillance, scheduled inspection of the insertion site, and early response to local warning signs. Patient education and documentation complete a strategy that may help reduce complications and improve continuity of care.
Discussion/Conclusions: Prevention of local complications in peripheral vascular catheters does not rely on a single measure, but on a sequence of nursing decisions from indication to removal. Clinical observation, skin protection, safe manipulation of the system, and prompt removal when the device is no longer needed are key elements of care. Implementation should be individualized and aligned with local protocols.
Introducción
El acceso vascular periférico forma parte de la práctica habitual en hospitales, centros sociosanitarios, áreas de urgencias, hospitales de día y otros dispositivos asistenciales. Su indicación suele responder a necesidades terapéuticas frecuentes y, por ello, puede pasar a considerarse una técnica rutinaria. Sin embargo, su aparente simplicidad no debe ocultar que se trata de un procedimiento invasivo que altera la barrera cutánea y expone al paciente a complicaciones locales evitables en una proporción relevante de situaciones si no se mantienen cuidados rigurosos.
Las complicaciones locales asociadas al catéter vascular periférico presentan una expresión clínica variable. Pueden aparecer dolor en el trayecto venoso, enrojecimiento, calor local, induración, edema, extravasación de soluciones, maceración de la piel bajo el apósito, sangrado persistente o pérdida de fijación. En otras ocasiones, la alteración inicial es más sutil y se manifiesta como molestias referidas por el paciente, resistencia al flujo, apósito húmedo o cambios discretos en la coloración del punto de inserción. La progresión de estos signos no solo compromete el confort y la integridad cutánea, sino que puede obligar a retirar el dispositivo, interrumpir tratamientos y dificultar el mantenimiento de un acceso venoso funcional.
Desde la perspectiva enfermera, la prevención de estas complicaciones no se limita al momento de la punción. Comprende una secuencia de actuaciones que empieza con la confirmación de la necesidad del catéter, continúa con la selección del lugar y del dispositivo más adecuados, se mantiene durante toda la permanencia del acceso y finaliza con la retirada en el momento oportuno. Esta continuidad convierte a Enfermería en el profesional con mayor capacidad para detectar precozmente eventos adversos locales y para introducir medidas correctoras antes de que se establezca una lesión más avanzada.
La integridad de la piel y del tejido subcutáneo, la tolerancia del vaso a la terapia prescrita, la estabilidad del catéter, la seguridad de la técnica aséptica y la frecuencia de manipulación del sistema son elementos interrelacionados. Un catéter bien insertado puede complicarse si no se vigila de forma adecuada, del mismo modo que una buena vigilancia pierde eficacia si la inserción se realiza en un sitio poco apropiado o si el apósito impide valorar el punto de punción. De ahí que resulte útil disponer de una guía de intervención centrada en decisiones prácticas y aplicables a la actividad asistencial diaria.
El objetivo de este trabajo es ordenar esas actuaciones desde una visión enfermera, con especial atención a la prevención de la flebitis, la infiltración y otras alteraciones locales del punto de inserción. Se abordan la valoración inicial, la preparación del procedimiento, las medidas de mantenimiento, los criterios de vigilancia y la respuesta ante signos de alarma, siempre desde una formulación prudente y adaptable al contexto clínico.
Objetivos
Objetivo general: describir una intervención enfermera orientada a prevenir complicaciones locales en pacientes portadores de catéter vascular periférico durante la terapia intravenosa.
Objetivos específicos:
- Identificar los aspectos de la valoración inicial que condicionan el riesgo de complicaciones locales.
- Describir medidas de inserción y mantenimiento que pueden favorecer la integridad cutánea y la estabilidad del dispositivo.
- Precisar los elementos de vigilancia clínica necesarios para detectar de forma temprana flebitis, infiltración, extravasación y deterioro del punto de inserción.
- Ordenar la actuación enfermera ante la aparición de signos locales de alarma.
- Resaltar la importancia del registro y de la educación al paciente como componentes de seguridad y continuidad asistencial.
Metodología
Se desarrolla una guía de intervención aplicada al cuidado del paciente portador de catéter vascular periférico. El planteamiento se apoya en el proceso de Enfermería y organiza las actuaciones en fases sucesivas: valoración previa a la canalización, preparación del material y del entorno, inserción del dispositivo, cuidados de mantenimiento, reevaluación periódica y retirada cuando el acceso deja de ser necesario o aparecen signos de complicación.
El ámbito de aplicación incluye aquellos contextos donde se emplea terapia intravenosa mediante acceso venoso periférico de corta permanencia. Aunque muchos principios son compartidos entre unidades, la toma de decisiones debe adaptarse a factores como edad, estado cutáneo, accesibilidad venosa, características de la terapia, capacidad de colaboración del paciente, nivel de actividad, presencia de edema, fragilidad vascular y protocolos internos del centro.
La guía se formula como orientación profesional general y no como protocolo cerrado. Por ello, algunas decisiones, como el tipo de antiséptico, el material de fijación, la frecuencia de vigilancia o los criterios de sustitución del dispositivo, deben ajustarse a la normativa y a los procedimientos vigentes en cada organización sanitaria. Se priorizan aquellas actuaciones enfermeras que, por su coherencia clínica, pueden integrarse de forma razonable en la práctica asistencial para reducir el riesgo de eventos locales.
En la construcción del contenido se consideran cuatro ejes asistenciales: preservación del capital venoso, protección de la piel, manipulación segura del sistema y detección precoz de signos de complicación. Estos ejes permiten estructurar la intervención sin reducirla a una secuencia técnica aislada, ya que el objetivo no es solo mantener un catéter permeable, sino sostener un acceso bien tolerado y clínicamente seguro.
Resultados
Valoración inicial antes de la canalización
La primera decisión preventiva consiste en confirmar la necesidad del acceso periférico. Debe valorarse si la terapia prevista requiere realmente una canalización venosa, durante cuánto tiempo puede mantenerse y si las características del tratamiento aconsejan otro tipo de acceso. Insertar un catéter sin indicación clara o mantenerlo por inercia aumenta exposiciones evitables.
La exploración venosa no debe limitarse a localizar una vena visible. Conviene considerar la calidad del capital venoso, la elasticidad del trayecto, el calibre aparente, la presencia de venas previamente puncionadas, zonas de dolor, hematomas, edema o alteraciones cutáneas. También deben revisarse antecedentes que pueden dificultar la tolerancia del dispositivo, como fragilidad capilar, tratamientos irritantes, movilidad intensa de la extremidad o necesidad previsible de múltiples manipulaciones.
La piel merece una valoración específica. El estado de hidratación, la presencia de sequedad, excoriaciones, maceración, lesiones previas, alergias conocidas a adhesivos y sensibilidad al material de fijación condicionan la elección del apósito y las medidas de protección. En pacientes con piel frágil o con lesiones cercanas, pequeñas decisiones en la fijación pueden marcar la diferencia entre un punto de inserción estable y un deterioro cutáneo secundario al adhesivo.
Selección del sitio de inserción y del dispositivo
En términos generales, conviene elegir una vena que permita la terapia prevista con el menor trauma posible. El objetivo no es solo conseguir una punción eficaz, sino favorecer una permanencia segura. Suele ser preferible utilizar el catéter de menor calibre compatible con el tratamiento indicado, ya que un dispositivo sobredimensionado puede aumentar el riesgo de irritación mecánica y dificultar el flujo venoso alrededor del catéter.
La selección del sitio debe valorar estabilidad, confort y capacidad de observación. Las zonas con flexión frecuente pueden favorecer desplazamientos, acodamientos o molestias repetidas. Del mismo modo, lugares donde el apósito quede sometido a humedad, fricción o tracción continua pueden perder fijación con mayor facilidad. Debe reservarse un margen de prudencia en pacientes con deterioro de la movilidad, agitación, sudoración abundante o necesidad de autocuidado limitado.
La elección del material de fijación y del apósito también forma parte de la prevención. Resulta útil que el sistema permita visualizar el punto de inserción y detectar precozmente cambios locales, sin comprometer la sujeción del catéter. Cuando existe riesgo de lesión por adhesivo o fragilidad cutánea, puede ser necesario reforzar medidas de protección de la piel perilesional y extremar la técnica de retirada del apósito para evitar desgarros.
Preparación del procedimiento e inserción segura
Antes de la punción, la preparación del entorno, del material y del profesional reduce interrupciones y manipulaciones innecesarias. La higiene de manos, la organización del material de canalización y la preservación de un campo limpio son pasos esenciales para disminuir la contaminación del dispositivo y del punto de inserción.
La antisepsia cutánea debe realizarse respetando el tiempo de actuación y de secado del antiséptico utilizado según el protocolo institucional. No conviene apresurar este paso, ya que la humedad residual puede reducir la eficacia del procedimiento y favorecer la irritación local bajo el apósito. Tras la preparación de la piel, deben evitarse nuevos contactos sobre la zona si no son imprescindibles.
Durante la inserción, una técnica cuidadosa disminuye traumatismos. El número de intentos debe limitarse y, si la dificultad persiste, es prudente reevaluar el lugar elegido, solicitar apoyo profesional o reconsiderar la estrategia de acceso. Tras la canalización, la comprobación de la permeabilidad y de la ausencia de dolor, tumefacción o resistencia anómala ayuda a detectar inserciones subóptimas desde el inicio.
La estabilización del catéter es un elemento frecuentemente infravalorado. Una fijación insuficiente facilita microdesplazamientos del dispositivo dentro del vaso, movimiento del punto de punción y pérdida de integridad del apósito. Por el contrario, una fijación excesivamente rígida o con adhesivos mal colocados puede ocultar signos locales o lesionar la piel al retirarse. El equilibrio entre seguridad y visualización es uno de los aspectos más delicados del cuidado.
Cuidados de mantenimiento y vigilancia del punto de inserción
Una vez insertado el catéter, el mantenimiento requiere observación clínica repetida. La inspección del punto de inserción debe integrarse en las rondas habituales, en cada administración intravenosa y siempre que el paciente refiera molestias. No es suficiente comprobar que el sistema infunde; también debe valorarse cómo lo tolera el tejido circundante.
Los signos que orientan a complicación local incluyen dolor espontáneo o durante la perfusión, enrojecimiento, calor, cordón venoso palpable, edema, endurecimiento, humedad bajo el apósito, sangrado persistente y cambio en el aspecto de la piel. La aparición de cualquiera de estos hallazgos debe motivar una reevaluación inmediata del dispositivo. En pacientes con menor capacidad para comunicar síntomas, la observación enfermera adquiere todavía más relevancia.
La vigilancia no se limita al punto de punción. También debe revisarse el trayecto del sistema, el estado de las conexiones, la limpieza de los puertos y la estabilidad del conjunto. Las desconexiones accidentales, la manipulación repetida o la presencia de restos visibles pueden aumentar el riesgo de contaminación y de incidencias locales. Mantener un circuito ordenado, accesible y bien fijado favorece la seguridad del paciente y del procedimiento.
El apósito debe permanecer limpio, seco, íntegro y bien adherido. Si pierde estas condiciones, conviene valorar su cambio con técnica aséptica. Un apósito despegado, húmedo o sucio dificulta la inspección y puede actuar como fuente de irritación o contaminación. Al cambiarlo, la piel debe revisarse con atención para identificar maceración, erosiones o lesiones por adhesivo, especialmente en pacientes vulnerables.
El lavado de la vía y la manipulación de conexiones deben realizarse de forma estandarizada y cuidadosa. Las maniobras bruscas, la presión inadecuada o el uso del acceso cuando presenta resistencia pueden favorecer dolor, infiltración o daño vascular. Si se aprecia dificultad para el flujo, no debe forzarse la infusión sin una valoración previa de la causa.
Prevención específica de flebitis, infiltración y extravasación
La flebitis puede asociarse a factores mecánicos, químicos o relacionados con la técnica de manejo. Para prevenirla, conviene reducir el movimiento del catéter, seleccionar un calibre proporcionado, evitar zonas de fricción o flexión excesiva y vigilar la tolerancia venosa a la terapia administrada. Cuando el tratamiento presenta mayor potencial irritante, la observación debe intensificarse y la adecuación del acceso debe reevaluarse con mayor frecuencia.
La infiltración suele manifestarse con edema, frialdad local, tensión de los tejidos, enlentecimiento de la perfusión o disconfort. Su prevención depende de una fijación estable, de la observación durante la administración y de la capacidad para interrumpir la infusión ante los primeros signos. En algunos pacientes, sobre todo con alteración sensitiva o dificultades de comunicación, el edema puede ser el primer hallazgo visible y exige especial atención enfermera.
La extravasación requiere una respuesta especialmente rápida cuando se administran soluciones o fármacos con capacidad de producir lesión tisular. Aunque la conducta específica depende del producto implicado y del protocolo del centro, existen medidas generales prudentes: detener la administración, mantener la calma, valorar el alcance de la lesión, no minimizar el síntoma y activar el procedimiento institucional correspondiente. El reconocimiento temprano es una de las funciones más relevantes de la vigilancia enfermera.
Educación al paciente y participación en la vigilancia
El paciente puede actuar como aliado en la detección precoz de complicaciones si recibe información clara y comprensible. Debe saber que conviene comunicar dolor, escozor, sensación de quemazón, tirantez, humedad en la zona o cualquier cambio brusco en el apósito. Esta información no debe presentarse de forma alarmista, sino como parte normal del cuidado compartido.
En pacientes pediátricos, mayores o con dependencia, la educación se extiende a la familia o a la persona cuidadora, siempre que participe en el proceso asistencial. También es útil explicar medidas sencillas para evitar tracciones, manipulación involuntaria del sistema o humedecimiento del apósito. La información favorece adherencia a los cuidados y puede reducir incidencias relacionadas con desplazamientos del catéter.
Registro, reevaluación y retirada del dispositivo
La trazabilidad del cuidado es un componente de seguridad. Deben registrarse, según los sistemas del centro, el lugar de inserción, características observables del dispositivo, tolerancia del paciente, estado del punto de punción, cambios de apósito, incidencias y medidas adoptadas. Un registro claro facilita el relevo entre profesionales y permite identificar tendencias, como dolor progresivo o problemas repetidos de fijación.
La reevaluación debe incluir una pregunta básica: si el catéter sigue siendo necesario. La retirada del dispositivo cuando ha cesado la indicación terapéutica es una medida preventiva de primer orden, ya que ningún acceso venoso está exento de riesgo mientras permanece insertado. Del mismo modo, si aparecen signos de complicación local o la tolerancia es inadecuada, debe valorarse la retirada y la búsqueda de una alternativa más segura.
Tras la retirada, la observación del sitio de punción y los cuidados locales ayudan a detectar sangrado, persistencia del dolor o alteración cutánea. En pacientes con piel frágil o apósitos adhesivos intensos, la retirada del material debe hacerse con delicadeza para evitar lesiones añadidas. El episodio no concluye al extraer el catéter; finaliza cuando la zona queda estable y bien documentada.
Discusión/Conclusiones
La prevención de complicaciones locales en el catéter vascular periférico exige una mirada enfermera continua y no fragmentada. En la práctica, muchos problemas se originan por la suma de pequeños factores: una indicación mantenida más tiempo del necesario, una vena poco adecuada, una fijación que limita la observación, un apósito deteriorado o una molestia inicial que no se explora con suficiente prontitud. Por ello, la intervención preventiva más útil suele ser la que combina decisiones técnicas y juicio clínico a lo largo de todo el proceso.
El cuidado del acceso venoso periférico se relaciona estrechamente con la seguridad del paciente y con la calidad de la terapia intravenosa. Un punto de inserción bien valorado, visible y vigilado permite actuar antes de que se establezcan lesiones locales más significativas. En este sentido, la inspección sistemática y la escucha activa de los síntomas referidos por el paciente tienen un valor similar al de la correcta canalización inicial.
La protección de la piel merece una consideración específica. Con frecuencia, el daño local no depende solo del catéter, sino también de la humedad retenida, del material adhesivo o de las maniobras de retirada del apósito. Integrar el cuidado cutáneo dentro del mantenimiento del dispositivo favorece una práctica más completa, especialmente en personas mayores, pacientes con fragilidad cutánea o situaciones de permanencia prolongada.
También debe subrayarse que ninguna recomendación puede aplicarse de forma uniforme a todos los entornos. La elección de materiales, la frecuencia de vigilancia y algunos criterios operativos deben ajustarse a la complejidad del paciente, a la terapia prescrita y a los procedimientos normalizados del centro. Esta necesidad de adaptación no reduce el valor de la guía, sino que la sitúa en el terreno adecuado: el de la orientación clínica prudente y contextualizada.
Desde una perspectiva práctica, las acciones con mayor impacto potencial son confirmación de la indicación, selección adecuada del sitio y calibre, técnica aséptica, fijación estable con buena visualización, revisión frecuente del punto de inserción, respuesta precoz ante signos locales y retirada del dispositivo cuando deja de ser necesario o no resulta bien tolerado. El papel de Enfermería atraviesa todas estas fases y condiciona de forma directa la continuidad terapéutica y el confort del paciente.
Prevenir complicaciones locales en el catéter vascular periférico no consiste solo en mantener una vía permeable, sino en sostener un cuidado seguro, observable y respetuoso con la integridad de la piel y del tejido venoso. Esa diferencia, aparentemente sutil, es la que transforma una técnica habitual en una práctica de cuidados de calidad.
Conflicto de intereses
Los autores manifiestan que no existe ningún conflicto de intereses que haya podido influir en el contenido del presente trabajo.
Financiación
La elaboración de este artículo no contó con financiación externa pública ni privada.
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