Pressure injuries in palliative care: comfort-oriented prevention
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:373
Autor principal (primer firmante): Jorge Navarro Medina
Fecha recepción: 03/08/26
Fecha aceptación: 07/09/26
Fecha de publicación: 13/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):373
Autores:
Jorge Navarro Medina
Elena Vargas Prieto
Rocío Sánchez Gil
Pablo Ibáñez Cortés
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Confort; Movilidad reducida; Cuidados paliativos; Lesión por presión; Enfermería basada en la evidencia; Revisión; Cuidados de Enfermería; Control de síntomas; Cuidadores familiares; Atención al final de la vida
Keywords: Comfort; Mobility Limitation; Palliative Care; Pressure Ulcer; Evidence-Based Nursing; Review; Nursing Care; Symptom Management; Family Caregivers; End-of-Life Care
Resumen
Introducción: La prevención de las lesiones por presión en cuidados paliativos plantea un reto clínico y ético particular. En este contexto, la vulnerabilidad cutánea, la inmovilidad, la desnutrición, la perfusión comprometida y la evolución de la enfermedad incrementan el riesgo de daño tisular, pero las medidas preventivas no pueden plantearse de forma aislada del alivio sintomático, la tolerancia del paciente ni los objetivos de cuidado acordados.
Objetivos: Analizar el abordaje enfermero de las lesiones por presión en personas con necesidades paliativas, con especial atención a la prevención orientada al confort, la individualización de cuidados y la participación de la familia en la toma de decisiones.
Metodología: Revisión teórica de enfoque narrativo sobre los principales elementos clínicos, asistenciales y éticos implicados en la prevención de lesiones por presión en cuidados paliativos, integrando conceptos de valoración enfermera, control de síntomas, movilización, cuidado cutáneo y continuidad asistencial.
Resultados: La prevención en cuidados paliativos requiere una valoración integral y dinámica. No todas las medidas preventivas tienen la misma pertinencia en todas las fases evolutivas. Los cambios posturales, las superficies de apoyo, la protección cutánea, la nutrición e hidratación según situación clínica, y la educación a cuidadores pueden contribuir a disminuir el daño por presión, siempre que se adapten a la tolerancia y al pronóstico funcional. La Enfermería desempeña un papel central en la detección precoz, la priorización del confort y la comunicación con paciente y familia.
Discusión/Conclusiones: En cuidados paliativos, prevenir lesiones por presión no debe entenderse únicamente como un objetivo técnico, sino como parte de un plan de cuidados centrado en la persona. La actuación enfermera más adecuada suele ser aquella que equilibra beneficio preventivo, carga terapéutica y bienestar percibido, evitando intervenciones desproporcionadas y favoreciendo decisiones compartidas.
Abstract
Introduction: Pressure injury prevention in palliative care involves specific clinical and ethical challenges. In this setting, skin fragility, immobility, poor nutritional status, impaired perfusion and disease progression increase the risk of tissue damage, yet preventive measures should not be considered separately from symptom relief, patient tolerance and previously agreed goals of care.
Objectives: To analyse the nursing approach to pressure injuries in people receiving palliative care, with special emphasis on comfort-oriented prevention, individualized care and family involvement in decision-making.
Methodology: Narrative theoretical review addressing the main clinical, care-related and ethical issues involved in pressure injury prevention in palliative care, including nursing assessment, symptom management, repositioning, skin care and continuity of care.
Results: Prevention in palliative care requires comprehensive and ongoing assessment. Not all preventive measures are equally appropriate at every stage of illness. Repositioning, support surfaces, skin protection, nutrition and hydration according to clinical condition, and caregiver education may help reduce pressure-related damage when adapted to tolerance and functional prognosis. Nurses play a central role in early identification, comfort prioritization and communication with patients and families.
Discussion/Conclusions: In palliative care, pressure injury prevention should not be viewed as a purely technical target but as part of person-centred care. The most appropriate nursing response is often the one that balances preventive benefit, treatment burden and perceived comfort, avoiding disproportionate interventions and supporting shared decisions.
Introducción
Las lesiones por presión continúan siendo un problema relevante en personas con enfermedad avanzada y elevada dependencia. En cuidados paliativos, su aparición o progresión no siempre responde a un fallo de cuidados, sino a la interacción entre inmovilidad, deterioro general, cambios hemodinámicos, fragilidad cutánea, disminución de la ingesta, incontinencia, edema y limitada capacidad de recuperación tisular. Esta complejidad obliga a alejarse de enfoques simplificados y a considerar la prevención desde una perspectiva clínica realista.
El marco paliativo introduce, además, un elemento decisivo: el objetivo principal no es prolongar intervenciones preventivas a cualquier coste, sino preservar dignidad, confort y calidad de vida de acuerdo con los valores de la persona. Algunas medidas clásicas de prevención pueden ser útiles y bien toleradas; otras, aun siendo técnicamente correctas, pueden provocar dolor, fatiga, disnea, ansiedad o alteración del descanso. Por ello, el plan de cuidados debe orientarse por una valoración proporcional entre beneficio esperado y carga asociada.
Para la Enfermería, esta cuestión tiene una importancia particular. La vigilancia de la integridad cutánea, la observación de cambios sutiles, la adaptación de superficies de apoyo, el manejo de la humedad, la ayuda en la movilización y la educación a familiares forman parte del cuidado cotidiano. Sin embargo, en la fase paliativa estos cuidados no pueden separarse del control de síntomas, de la comunicación terapéutica y de la revisión continua de objetivos asistenciales.
Otro aspecto relevante es la vivencia moral que acompaña a las lesiones cutáneas al final de la vida. Su presencia puede generar en profesionales y familias una percepción de fracaso o abandono, especialmente cuando la evolución es rápida. Una aproximación enfermera bien fundamentada ayuda a contextualizar el problema, explicar sus límites prevenibles y sostener decisiones prudentes, evitando tanto la inercia terapéutica como la omisión injustificada de medidas de alivio.
La prevención orientada al confort no equivale a renunciar a la calidad de los cuidados. Implica, más bien, seleccionar intervenciones que mantengan la piel protegida y reduzcan la presión en la medida de lo posible sin comprometer el bienestar global. Este enfoque exige juicio clínico, seguimiento estrecho y una comunicación honesta con paciente y familia, especialmente cuando el deterioro funcional progresa y cambian las prioridades de atención.
Objetivos
Analizar el abordaje enfermero de las lesiones por presión en cuidados paliativos desde una perspectiva centrada en el confort, la individualización y la toma de decisiones compartida.
De forma específica, se pretende:
- Describir los factores que incrementan la susceptibilidad al daño por presión en personas con necesidades paliativas.
- Examinar los componentes de la valoración enfermera aplicables a la prevención y detección precoz del deterioro cutáneo.
- Revisar las principales intervenciones de cuidado relacionadas con movilización, alivio de presión, protección de la piel, soporte básico y educación a cuidadores.
- Reflexionar sobre los límites clínicos y éticos de la prevención cuando el confort y el control sintomático condicionan la tolerancia a las medidas habituales.
- Delimitar el papel de la Enfermería en la comunicación de objetivos de cuidado y en la continuidad asistencial entre domicilio, hospitalización y recursos sociosanitarios.
Metodología
Se presenta una revisión teórica de carácter narrativo centrada en la prevención de lesiones por presión en el ámbito de los cuidados paliativos. El abordaje se organiza a partir de aspectos considerados nucleares para la práctica enfermera: valoración integral, identificación de factores de riesgo, medidas preventivas adaptadas a la tolerancia, coordinación con familia y equipo interdisciplinar, y reflexión sobre la proporcionalidad terapéutica.
Al tratarse de una revisión orientada a la práctica clínica, el desarrollo prioriza la integración razonada de conocimientos asistenciales ampliamente aceptados en la atención paliativa y en el cuidado de la integridad cutánea, sin plantear un protocolo cerrado ni una secuencia universal de actuación. Las recomendaciones se formulan en términos prudentes y deben interpretarse en función del contexto clínico, del entorno asistencial y de la situación evolutiva de cada paciente.
El enfoque se dirige a profesionales de Enfermería implicados en atención hospitalaria, domiciliaria, sociosanitaria o de soporte paliativo, con interés en adaptar la prevención del daño por presión a escenarios donde la fragilidad, la dependencia y la carga sintomática condicionan de forma importante la planificación de cuidados.
Resultados
Vulnerabilidad cutánea en la enfermedad avanzada
La piel de la persona en situación paliativa suele presentar una menor tolerancia a la presión, la fricción y la humedad. La inmovilidad prolongada limita la redistribución espontánea del peso corporal, mientras que el deterioro de la perfusión y la reducción de reservas tisulares dificultan la respuesta al daño mecánico. A ello pueden añadirse caquexia, pérdida de masa muscular, edema, alteraciones neurológicas, somnolencia, dolor con el movimiento y dependencia completa para las actividades básicas.
En fases avanzadas también es frecuente que el objetivo asistencial priorice el alivio sobre la recuperación funcional. Esto modifica el significado práctico de la prevención. El propósito puede no ser evitar toda alteración cutánea, lo que a veces no resulta factible, sino minimizar sufrimiento, retrasar el deterioro evitable y reducir complicaciones locales como dolor, exudado, mal olor o riesgo de sobreinfección según la situación clínica.
Valoración enfermera integral y dinámica
La prevención eficaz comienza con una valoración que no se limita al riesgo biomecánico. La Enfermería debe explorar el estado general, el nivel de consciencia, la movilidad real, la capacidad para colaborar en cambios de posición, el patrón de dolor, la tolerancia al decúbito, la presencia de disnea, la continencia, el grado de humedad, el estado nutricional, la ingesta, la temperatura cutánea y la existencia de zonas enrojecidas o dolorosas a la palpación.
Esta valoración requiere repetición periódica. En cuidados paliativos, los cambios pueden ser rápidos y modificar en pocos días la indicación de determinadas medidas. Un paciente que toleraba movilizaciones frecuentes puede dejar de hacerlo por incremento del dolor o agotamiento extremo; otro puede precisar revisar la superficie de apoyo por empeoramiento de edema, sudoración o inestabilidad postural. La reevaluación permite ajustar los cuidados sin convertir el plan preventivo en una pauta rígida.
También conviene identificar qué significado otorgan paciente y familia a las intervenciones. Algunas personas priorizan claramente el descanso continuo, otras prefieren asumir movilizaciones si se reducen molestias posteriores, y otras expresan rechazo a ciertos dispositivos. Conocer estas preferencias facilita una práctica más respetuosa y disminuye conflictos en torno a decisiones complejas.
Inspección de la piel y detección precoz
La observación sistemática de prominencias óseas y de áreas sometidas a apoyo sostenido es una competencia básica. En cuidados paliativos resulta útil prestar especial atención a sacro, talones, caderas, trocánteres, maleolos, codos, escápulas y zonas occipitales, además de áreas expuestas a presión por dispositivos. La identificación temprana de cambios de color, aumento de temperatura, dolor localizado, maceración o fragilidad epidérmica puede permitir ajustes antes de que aparezca una lesión más establecida.
La inspección debe realizarse con sensibilidad clínica y mínima agresión. Maniobras repetidas o movilizaciones intensas para revisar la piel pueden ser mal toleradas en pacientes con dolor intenso, disnea o debilidad extrema. En estos casos, la observación se integra en los cuidados rutinarios, durante la higiene, el cambio de absorbente o los reposicionamientos necesarios, evitando exploraciones innecesariamente invasivas.
Reposicionamiento y movilización: utilidad y límites
El cambio postural sigue siendo una de las medidas preventivas más conocidas, pero en paliativos no debe aplicarse como una consigna uniforme. La frecuencia, la amplitud del giro y la postura final deben adaptarse a la tolerancia y al objetivo clínico. Un reposicionamiento técnicamente correcto puede resultar contraproducente si desencadena dolor no controlado, desaturación, tos intensa, náuseas o agitación.
La actuación enfermera suele orientarse hacia microcambios posturales, redistribución suave del apoyo, uso de almohadas o cuñas para descargar prominencias y combinación de posturas de descanso con periodos de alivio de presión. En ocasiones, reposicionar menos pero mejor, con analgesia previa si procede y atención a la comodidad final, puede ser más beneficioso que insistir en una pauta frecuente mal tolerada.
La sedestación prolongada también merece valoración. Permanecer sentado puede aumentar el confort subjetivo en pacientes con disnea o con deseo de interacción familiar, aunque incremente la presión en determinadas zonas. Esto no obliga a suprimir la postura, sino a revisar tiempos, apoyos, cojines, alineación y necesidad de pausas de descarga, equilibrando prevención con autonomía y bienestar.
Superficies de apoyo y descarga de presión
Las superficies especiales de apoyo pueden formar parte del plan de cuidados cuando existe riesgo elevado o deterioro cutáneo ya establecido. Su utilidad depende no solo del dispositivo, sino de la correcta indicación, colocación y seguimiento. Colchones o sobrecolchones de redistribución de presión, taloneras protectoras y cojines específicos pueden contribuir a disminuir cargas localizadas, siempre dentro de una estrategia global.
En la práctica enfermera es importante vigilar que estos recursos no generen falsa seguridad. Ninguna superficie sustituye por completo la observación clínica, el control de la humedad o la adecuación postural. Además, algunos dispositivos pueden resultar ruidosos, difíciles de manejar en domicilio o incómodos para determinadas personas. La selección debe considerar entorno, dependencia, apoyo familiar y expectativa de tolerancia.
Cuidado de la piel, humedad e higiene
La piel frágil requiere una higiene respetuosa, con productos no irritantes y secado cuidadoso, evitando fricción intensa. El exceso de humedad por incontinencia, sudoración, exudado o secreciones incrementa la maceración y favorece el daño superficial. En estos casos, la protección cutánea mediante medidas barrera y el cambio oportuno de ropa o absorbentes forman parte de la prevención básica.
La higiene, además de su valor físico, tiene un significado relacional en cuidados paliativos. Realizarla con tiempo suficiente, preservando intimidad y minimizando molestias, ayuda a mantener confort y dignidad. Cuando la situación clínica limita procedimientos completos, la priorización de zonas más expuestas y la simplificación de la técnica permiten mantener objetivos realistas sin sobrecargar al paciente.
Debe evitarse el masaje vigoroso sobre áreas eritematosas o comprometidas, así como el uso de materiales que aumenten fricción o arrastre. La movilización en la cama requiere técnicas de deslizamiento o ayudas mecánicas cuando estén disponibles, con el fin de reducir cizalla y lesiones asociadas a manipulación.
Nutrición, hidratación y soporte básico
La relación entre estado nutricional y riesgo cutáneo es conocida, pero en cuidados paliativos la intervención debe contextualizarse. La disminución de la ingesta puede formar parte de la evolución natural de la enfermedad, y forzar aportes por encima de la tolerancia puede generar mayor malestar. Desde Enfermería resulta pertinente valorar apetito, capacidad de deglución, preferencias, síntomas digestivos, sequedad de mucosas y posibilidad de pequeñas adaptaciones dietéticas o de textura cuando estas aporten bienestar.
La hidratación y el soporte nutricional no deben interpretarse únicamente como herramientas para la prevención de lesiones por presión. Su indicación se relaciona con confort, síntomas y objetivos globales de atención. En algunos pacientes, medidas sencillas como cuidados de la boca, fraccionamiento de tomas, adaptación de consistencias o alivio de náuseas pueden tener más impacto en bienestar que estrategias de aporte intensivo mal toleradas.
Dolor, síntomas y decisiones de cuidado
El dolor asociado a la movilización o a la propia lesión condiciona todo el plan preventivo. Si no se reconoce, la resistencia al cambio postural puede interpretarse de forma errónea como falta de colaboración. La valoración enfermera debe diferenciar dolor basal, dolor incidental y signos no verbales de sufrimiento, especialmente en personas con deterioro cognitivo o disminución del nivel de respuesta.
La prevención orientada al confort exige anticiparse al síntoma. Programar movilizaciones tras medidas analgésicas, coordinar cuidados para evitar interrupciones repetidas del descanso y limitar procedimientos redundantes puede mejorar la tolerancia. Del mismo modo, disnea, ansiedad, delirium o fatiga extrema pueden justificar la modificación temporal o permanente del plan preventivo.
En fases de últimos días, el objetivo puede desplazarse de la prevención activa a la protección mínima necesaria y al manejo sintomático local. Esta transición debe explicarse con claridad a la familia para evitar expectativas irreales o sentimientos de culpa. El cambio de enfoque no significa abandono, sino adecuación del cuidado a la situación clínica.
Papel de la familia y de los cuidadores
En el domicilio, los cuidadores familiares suelen participar de forma directa en cambios posturales, higiene y vigilancia de la piel. Su implicación puede ser muy valiosa, pero también generar sobrecarga física y emocional. La educación enfermera debe ser práctica, comprensible y ajustada a las capacidades reales del entorno. No basta con indicar que hay que movilizar; conviene enseñar cómo hacerlo sin producir dolor ni lesiones por arrastre, cuándo observar la piel y en qué situaciones solicitar ayuda.
Es igualmente importante legitimar que algunas medidas no siempre podrán realizarse con la intensidad deseable. La familia necesita comprender que, en determinadas fases, la evolución cutánea puede estar condicionada por el propio proceso de enfermedad. Esta información reduce interpretaciones culpabilizantes y favorece una alianza terapéutica basada en objetivos alcanzables.
Continuidad asistencial y coordinación interdisciplinar
La prevención y el manejo del daño por presión en paliativos se benefician de una coordinación fluida entre niveles asistenciales. Los cambios de domicilio a hospital, de hospital a recurso residencial o entre equipos de soporte pueden producir interrupciones en el plan de cuidados si no se transmiten de forma clara el estado cutáneo, las medidas útiles, la tolerancia a movilizaciones y las preferencias del paciente.
La Enfermería actúa como nexo en esta continuidad. Registrar la situación de la piel, describir los apoyos requeridos, advertir sobre zonas de especial fragilidad y comunicar qué intervenciones generan alivio o malestar permite mantener una atención más coherente. La coordinación con medicina, fisioterapia, trabajo social y equipos paliativos resulta especialmente relevante cuando se valora material de apoyo, control del dolor o reorganización de cuidados en domicilio.
Discusión/Conclusiones
La prevención de lesiones por presión en cuidados paliativos no puede plantearse con los mismos objetivos ni con la misma intensidad que en contextos de recuperación funcional. Aunque muchas medidas preventivas conservan utilidad, su aplicación requiere un cambio de enfoque: el criterio principal deja de ser la adhesión a una pauta estandarizada y pasa a ser la proporcionalidad entre beneficio, carga terapéutica y experiencia subjetiva de confort.
Desde la práctica enfermera, esta realidad obliga a sostener decisiones matizadas. Mantener la piel limpia, seca y protegida, disminuir la presión cuando sea posible, revisar posturas, utilizar superficies de apoyo y educar a los cuidadores siguen siendo actuaciones valiosas. No obstante, deben ajustarse al nivel de tolerancia, al momento evolutivo y a los deseos expresados por la persona. La insistencia en intervenciones muy exigentes, cuando provocan más sufrimiento que beneficio, puede alejar los cuidados de su finalidad paliativa.
También resulta necesario desterrar la idea de que toda lesión por presión al final de la vida es necesariamente evitable. Existen situaciones en las que el deterioro tisular acompaña a la progresión de la enfermedad pese a la adecuación de los cuidados. Reconocer este límite no disminuye la responsabilidad profesional; al contrario, la orienta hacia metas realistas, documentación rigurosa, observación continua y comunicación honesta.
La aportación específica de la Enfermería radica en integrar aspectos técnicos y relacionales: valorar riesgo y tolerancia, identificar síntomas que interfieren con la prevención, adaptar el entorno, acompañar a la familia y facilitar decisiones compartidas. Cuando esta integración se realiza de forma consistente, la prevención del daño por presión deja de ser una actividad aislada y se convierte en parte de un plan de cuidados coherente con la dignidad y el bienestar de la persona en situación paliativa.
En términos prácticos, una prevención orientada al confort implica hacer menos intervenciones inútiles y mejores intervenciones pertinentes. Esa selección cuidadosa, apoyada en juicio clínico y reevaluación frecuente, representa una de las expresiones más relevantes del cuidado enfermero al final de la vida.
Conflicto de intereses
Los autores declaran la ausencia de conflictos de intereses en la preparación de este manuscrito.
Financiación
El presente manuscrito se ha realizado sin financiación externa específica.
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