Manejo no farmacológico del dolor crónico durante rehabilitación

Non-pharmacological management of chronic pain during rehabilitation

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:9

Autor principal (primer firmante): Jorge Navarro Medina

Fecha recepción: 27/05/26

Fecha aceptación: 26/06/26

Fecha de publicación: 02/07/26

Ref.: CADICE. 2026;1(7):9

Autores:
Jorge Navarro Medina
Elena Vargas Prieto
Rocío Sánchez Gil
Pablo Ibáñez Cortés

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Calidad de vida; Rehabilitación; Autonomía personal; Dolor crónico; Actividades de la vida diaria; Ejercicio terapéutico; Proceso de Enfermería; Afrontamiento; Planificación de cuidados; Cuidados de Enfermería

Keywords: Quality of Life; Rehabilitation; Personal Autonomy; Chronic Pain; Activities of Daily Living; Exercise Therapy; Nursing Process; Adaptation, Psychological; Patient Care Planning; Nursing Care

Resumen

Introducción: El dolor crónico constituye un problema de cuidados frecuente en los procesos de rehabilitación y condiciona la movilidad, la participación en el tratamiento, el descanso, el estado emocional y la autonomía para las actividades de la vida diaria. En este contexto, la Enfermería desempeña una función relevante en la valoración integral, la educación sanitaria, el acompañamiento terapéutico y la coordinación de intervenciones no farmacológicas ajustadas a la situación funcional de cada persona.

Objetivos: Describir el abordaje enfermero del dolor crónico durante la rehabilitación mediante una situación clínica estructurada según el proceso de Enfermería, centrada en la identificación de problemas de cuidados, la planificación de intervenciones no farmacológicas y el seguimiento de la evolución funcional.

Metodología: Se expone una situación clínica de una persona adulta con dolor musculoesquelético persistente incluida en un programa de rehabilitación. El análisis se organiza a partir de la valoración enfermera por patrones funcionales, la priorización de problemas relacionados con dolor, movilidad, sueño, afrontamiento y autonomía, y la planificación individualizada de cuidados orientados a mejorar la funcionalidad y la participación activa en el tratamiento.

Resultados: La valoración inicial mostró dolor persistente con limitación para la marcha prolongada, dificultades en algunas actividades básicas e instrumentales, temor al movimiento, descanso nocturno poco reparador y uso irregular de estrategias de autocuidado. La intervención enfermera se dirigió a educación sobre dolor persistente y actividad graduada, entrenamiento en técnicas de respiración y relajación, organización del esfuerzo, higiene postural, conservación de energía, registro de síntomas y refuerzo del afrontamiento adaptativo. Durante el seguimiento se observó mejor tolerancia al ejercicio, mayor confianza para participar en rehabilitación, mejora subjetiva del descanso y aumento de la autonomía en tareas cotidianas.

Discusión/Conclusiones: El manejo no farmacológico del dolor crónico durante la rehabilitación requiere una valoración continuada, objetivos realistas y coordinación interdisciplinar. Las intervenciones enfermeras orientadas a la educación, el ejercicio terapéutico pautado, el afrontamiento y la funcionalidad pueden contribuir a reducir la interferencia del dolor y a favorecer la continuidad del proceso rehabilitador, siempre con adaptación al contexto clínico y a las capacidades de la persona.

Abstract

Introduction: Chronic pain is a common care problem in rehabilitation processes and affects mobility, treatment participation, sleep, emotional status and independence in activities of daily living. In this setting, nursing plays a relevant role in comprehensive assessment, health education, therapeutic support and coordination of individualized non-pharmacological interventions.

Objectives: To describe a nursing approach to chronic pain management during rehabilitation through a clinical situation structured according to the nursing process, focusing on care problems, non-pharmacological interventions and follow-up of functional progress.

Methodology: A clinical situation involving an adult with persistent musculoskeletal pain enrolled in a rehabilitation programme is presented. The analysis is based on nursing assessment using functional patterns, prioritization of pain-related problems, mobility, sleep, coping and autonomy, and individualized care planning aimed at improving function and active engagement in treatment.

Results: Initial assessment identified persistent pain with limited tolerance to prolonged walking, difficulties in some basic and instrumental daily activities, fear of movement, non-restorative sleep and inconsistent self-care strategies. Nursing interventions focused on education about persistent pain and graded activity, breathing and relaxation techniques, pacing, postural care, energy conservation, symptom monitoring and reinforcement of adaptive coping. Follow-up showed better tolerance to therapeutic exercise, greater confidence in rehabilitation, subjective sleep improvement and increased autonomy in daily tasks.

Discussion/Conclusions: Non-pharmacological management of chronic pain during rehabilitation requires ongoing assessment, realistic goals and interdisciplinary coordination. Nursing interventions focused on education, graded exercise, coping and functional performance may help reduce pain interference and support continuity of rehabilitation, with individualized adaptation to the clinical context and patient capabilities.

Introducción

El dolor crónico no se limita a una sensación somática persistente. En la práctica clínica se expresa como una experiencia compleja en la que confluyen componentes físicos, emocionales, cognitivos y sociales que alteran la manera de moverse, descansar, trabajar, relacionarse y mantener la autonomía. Cuando la persona inicia o continúa un proceso de rehabilitación, esta complejidad adquiere especial relevancia, ya que el dolor puede actuar como barrera para la adherencia al ejercicio terapéutico, la recuperación funcional y la participación activa en los objetivos del tratamiento.

Desde la perspectiva enfermera, el dolor crónico durante la rehabilitación obliga a mirar más allá de la intensidad percibida. Resulta necesario valorar de qué forma interfiere en las actividades de la vida diaria, qué creencias mantiene la persona acerca del movimiento, cómo regula el esfuerzo, qué estrategias utiliza para afrontar los síntomas y cuál es su red de apoyo. En muchas ocasiones, la limitación no depende solo del dolor en sí, sino del círculo formado por evitación, desacondicionamiento, alteración del sueño, ansiedad anticipatoria y pérdida progresiva de confianza en la propia capacidad funcional.

En los dispositivos de rehabilitación, la Enfermería puede actuar como nexo entre la valoración clínica, la educación para el autocuidado y la continuidad asistencial. Su aportación incluye la identificación de necesidades, la clarificación de expectativas, el acompañamiento en la adaptación al plan terapéutico y la detección de factores que favorecen o dificultan la respuesta al tratamiento. Las intervenciones no farmacológicas forman parte de este campo de actuación e incluyen medidas educativas, entrenamiento en respiración y relajación, organización del ritmo actividad-descanso, recomendaciones posturales, apoyo al afrontamiento y refuerzo de la autonomía cotidiana.

No se trata de plantear estas medidas como sustituto universal de otras estrategias terapéuticas, sino de integrarlas de forma razonada dentro de un plan de cuidados individualizado. La utilidad clínica de este enfoque reside en que puede contribuir a disminuir la interferencia del dolor, facilitar la participación en rehabilitación y mejorar la percepción de control, especialmente cuando se adapta a la situación funcional, al entorno y a los objetivos significativos para la persona.

El presente artículo desarrolla una situación clínica centrada en una persona con dolor musculoesquelético persistente durante un proceso de rehabilitación. El interés del caso radica en mostrar cómo la valoración enfermera puede traducirse en un plan de cuidados orientado a la funcionalidad, al afrontamiento y a la calidad de vida, manteniendo una visión prudente, realista y centrada en la persona.

Objetivos

Describir el abordaje enfermero del manejo no farmacológico del dolor crónico durante la rehabilitación a través del proceso de valoración, planificación, intervención y seguimiento evolutivo.

Como objetivos específicos se plantean los siguientes:

  • Identificar los problemas de cuidados asociados al dolor crónico que interfieren en la recuperación funcional.
  • Analizar el impacto del dolor en la movilidad, el descanso, el estado emocional, el afrontamiento y la autonomía para las actividades de la vida diaria.
  • Planificar intervenciones no farmacológicas de competencia enfermera orientadas a reducir la interferencia del dolor y favorecer la participación en el programa rehabilitador.
  • Explorar la evolución clínica a corto plazo en términos de tolerancia al ejercicio, autogestión de los síntomas y funcionalidad percibida.
  • Reflexionar sobre las implicaciones del caso para la práctica enfermera en entornos de rehabilitación.

Metodología

Se desarrolla una situación clínica de una mujer de 58 años, identificada como M.R., remitida a rehabilitación por dolor lumbar y glúteo de larga evolución con irradiación ocasional a miembro inferior, rigidez matutina y limitación funcional progresiva. Entre sus antecedentes se recogían sobrepeso, vida laboral con periodos prolongados de sedestación y episodios previos de reagudización dolorosa tratados de forma intermitente. La paciente convivía con su pareja, mantenía autonomía parcial para las actividades cotidianas y expresaba preocupación por la pérdida de independencia y por la posibilidad de empeorar si realizaba determinados movimientos.

El abordaje se organizó mediante el proceso de Enfermería. La valoración inicial se estructuró con entrevista clínica, observación y exploración funcional básica dentro del ámbito competencial enfermero, atendiendo a percepción del dolor, factores desencadenantes y de alivio, repercusión en sueño y actividad, patrón de movilidad, nivel de fatiga, estado emocional, recursos de afrontamiento, apoyo familiar y grado de comprensión del plan rehabilitador. También se consideró la capacidad para el autocuidado, la forma de distribuir las tareas domésticas y la presencia de conductas de evitación del movimiento.

La planificación de cuidados se orientó a problemas frecuentes en este tipo de procesos: dolor persistente con repercusión funcional, deterioro de la movilidad, intolerancia parcial a la actividad, alteración del descanso, ansiedad asociada al movimiento y necesidad de mejorar conocimientos para el autocuidado. Se fijaron objetivos asistenciales realistas y revisables, centrados en aumentar la participación en el ejercicio terapéutico, reducir la evitación, facilitar estrategias de regulación del esfuerzo y mejorar la autonomía en actividades significativas para la paciente.

Las intervenciones no farmacológicas seleccionadas se integraron en coordinación con el equipo de rehabilitación, evitando plantearlas como medidas aisladas. El seguimiento se realizó durante varias sesiones, con reevaluación clínica de la respuesta al plan, del grado de adherencia y de las dificultades emergentes. La evolución se describió de forma cualitativa, priorizando variables relevantes para la práctica enfermera, como la tolerancia al movimiento, el descanso, la percepción de autoeficacia y la funcionalidad cotidiana.

Resultados

Valoración inicial

En la entrevista inicial, M.R. describía dolor diario de predominio mecánico, con oscilaciones según la actividad, sensación de rigidez y cansancio al permanecer de pie o caminar más de lo habitual. Refería que algunas tareas domésticas, como tender la ropa, hacer compras o permanecer mucho tiempo en la cocina, aumentaban la molestia y le obligaban a detenerse. Aunque mantenía independencia para el aseo, el vestido y la alimentación, realizaba ciertas actividades con lentitud y evitaba cargar pesos, agacharse repetidamente o caminar trayectos largos.

La paciente manifestaba temor a que el ejercicio empeorase su estado. Asociaba el dolor a una lesión “que no debía moverse demasiado” y por ello alternaba periodos de sobreesfuerzo en los días de menor molestia con reposo excesivo cuando aparecía cansancio o dolor más intenso. Este patrón generaba oscilaciones en la actividad y contribuía a una baja tolerancia al esfuerzo sostenido. Expresaba además frustración por no poder mantener el ritmo previo y por depender cada vez más de su pareja para algunas tareas fuera del domicilio.

El descanso nocturno estaba alterado por dificultad para encontrar una postura cómoda y por despertares frecuentes. Durante el día se mostraba irritable, con sensación de fatiga y menor motivación para seguir las pautas de ejercicio. No se objetivaron signos de deterioro cognitivo ni dificultades de comunicación. La red de apoyo era adecuada, aunque la pareja tendía a asumir actividades que la paciente aún podía realizar parcialmente, lo que reforzaba de forma involuntaria la dependencia funcional.

A partir de esta valoración se identificaron como prioridades enfermeras la experiencia de dolor persistente, la limitación de la movilidad funcional, la interferencia en el sueño, el afrontamiento condicionado por miedo al movimiento y la necesidad de educación para reorganizar la actividad diaria. También se consideró relevante trabajar la percepción de autoeficacia, dado que la paciente verbalizaba escasa confianza en su capacidad para mejorar.

Planificación de cuidados

La planificación se centró en objetivos alcanzables a corto y medio plazo. En primer lugar, se propuso que la paciente comprendiera la diferencia entre actividad perjudicial y actividad dosificada, con el fin de reducir conductas de evitación. En segundo lugar, se planteó mejorar la tolerancia al programa de rehabilitación, favoreciendo una participación más regular y menos condicionada por oscilaciones extremas entre reposo y sobrecarga. Un tercer objetivo consistió en disminuir la interferencia del dolor en actividades concretas priorizadas por la propia paciente, como caminar para realizar compras de proximidad y permanecer de pie el tiempo suficiente para preparar comidas sencillas.

También se incluyeron metas relativas al descanso y al afrontamiento emocional: identificar posturas de alivio, incorporar una rutina breve de relajación antes de dormir, registrar situaciones desencadenantes y reconocer progresos funcionales, aunque fueran modestos. La planificación contempló la implicación de la pareja como apoyo, pero orientada a promover autonomía y no sustitución innecesaria.

Intervenciones enfermeras no farmacológicas

La primera línea de intervención fue educativa. Se abordó con lenguaje accesible la naturaleza persistente del dolor, insistiendo en que la presencia de molestia durante ciertas actividades no implica necesariamente daño nuevo. Esta explicación se realizó de forma prudente, evitando mensajes simplistas, y se relacionó con la necesidad de moverse de manera graduada y sostenida. La educación buscó disminuir el temor y favorecer expectativas realistas: no se prometió ausencia completa de dolor, sino mejor manejo y menor interferencia en la vida cotidiana.

Se trabajó la organización del esfuerzo mediante pautas de actividad graduada. La paciente aprendió a fragmentar tareas largas en periodos más cortos, introducir pausas planificadas antes de llegar al agotamiento y alternar actividades con diferentes demandas físicas. Esta estrategia se aplicó a la deambulación, a las labores domésticas y al programa de ejercicio indicado en rehabilitación. La finalidad era evitar el patrón de “hacer demasiado en los días buenos” seguido de varios días de mayor limitación.

Junto a ello, se reforzaron recomendaciones de higiene postural y ergonomía en actividades habituales: colocación del cuerpo al inclinarse, uso de superficies de apoyo, aproximación de objetos al tronco, distribución de cargas y adaptación del entorno doméstico para reducir movimientos repetitivos o mantenidos en posturas incómodas. Estas indicaciones se individualizaron a tareas concretas que la paciente realizaba a diario, con demostración práctica durante las sesiones.

En relación con el control sintomático, se enseñaron ejercicios sencillos de respiración diafragmática y relajación muscular con el objetivo de disminuir tensión asociada al dolor, mejorar la percepción de control y facilitar la conciliación del sueño. La práctica se integró al inicio y al final de algunas sesiones de rehabilitación y se recomendó su repetición en domicilio en momentos de aumento de malestar o antes del descanso nocturno.

El componente funcional se abordó en coordinación con el ejercicio terapéutico pautado por el equipo de rehabilitación. Desde Enfermería se reforzó la adherencia, se revisaron barreras para la práctica en domicilio y se ajustó el discurso terapéutico para que la paciente interpretara el ejercicio como parte del tratamiento y no como una amenaza. Se recomendó registrar de forma simple la actividad realizada, la respuesta del dolor y el nivel de fatiga, no con finalidad de hipervigilancia, sino para identificar patrones útiles en la autorregulación.

El afrontamiento ocupó un lugar destacado. La paciente tendía a formular pensamientos de incapacidad ante actividades que antes desempeñaba sin dificultad. Mediante entrevista motivacional breve y refuerzo de logros concretos, se favoreció una reinterpretación más adaptativa del proceso rehabilitador. Se revisaron metas significativas para ella, como poder salir a comprar al comercio del barrio o participar en una comida familiar sin necesidad de permanecer sentada durante todo el tiempo. Vincular el plan de cuidados a estos objetivos personales facilitó su implicación.

Con la pareja se trabajó la importancia de apoyar sin sobreproteger. Se sugirió reservar ayuda para tareas que excedían temporalmente la capacidad de la paciente, promoviendo que continuase realizando aquellas que podía completar con tiempo, pausas y ajustes posturales. Esta intervención resultó útil para sostener la autonomía y reducir el sentimiento de inutilidad expresado en la valoración inicial.

Evolución durante el seguimiento

En las primeras sesiones persistía cierta inseguridad frente al movimiento, especialmente al realizar ejercicios que implicaban flexión o cambios posturales. Sin embargo, la paciente comenzó a identificar que el aumento transitorio de molestia tras la actividad no siempre se acompañaba de empeoramiento funcional posterior. Esta observación favoreció una actitud menos evitativa. Progresivamente logró completar las sesiones de rehabilitación con menos interrupciones y refirió sentirse más preparada para anticipar cuándo precisaba descansar y cuándo podía continuar.

Tras varias semanas, informó de una mejor distribución de las tareas domésticas. Continuaba presentando dolor, pero lo describía como más manejable y menos desorganizante. Señaló que caminar distancias cortas de forma regular le generaba menos temor que al inicio y que había retomado pequeñas compras cercanas al domicilio, planificando descansos intermedios si era necesario. También refería menor rigidez al iniciar la marcha tras periodos de reposo.

El descanso nocturno mejoró de manera parcial. La paciente seguía despertándose en algunas ocasiones, aunque con menor dificultad para volver a dormir tras realizar ejercicios respiratorios y adoptar posturas de alivio previamente ensayadas. Durante el día decía sentirse menos fatigada y más predispuesta a cumplir el programa de ejercicio domiciliario.

En el plano emocional, verbalizaba mayor sensación de control. Dejó de describirse como “incapaz” y empezó a hablar en términos de adaptación y aprendizaje. La pareja confirmó una disminución de la dependencia para tareas cotidianas y una participación más activa en decisiones sobre el manejo del dolor. Desde la perspectiva enfermera, la evolución fue favorable en cuanto a adherencia, funcionalidad percibida y afrontamiento, aunque se mantuvo la necesidad de seguimiento por tratarse de un cuadro persistente con fluctuaciones.

Discusión/Conclusiones

La situación expuesta permite observar que el dolor crónico durante la rehabilitación no puede abordarse únicamente desde la intensidad del síntoma. La interferencia funcional, la conducta de evitación, el sueño no reparador y la pérdida de confianza en las propias capacidades configuran un problema de cuidados complejo, en el que pequeñas modificaciones de hábitos y creencias pueden tener repercusión clínica significativa. La aportación enfermera resulta especialmente útil cuando logra conectar la experiencia subjetiva del dolor con objetivos cotidianos comprensibles para la persona.

El caso muestra también la importancia de la educación sanitaria en torno al dolor persistente. Muchas personas llegan a rehabilitación con interpretaciones que asocian dolor y daño de manera lineal, lo que favorece inmovilidad, sobreprotección familiar y abandono precoz del ejercicio. Una información clara, prudente y coherente con el resto del equipo puede facilitar una participación más activa. Esta labor exige habilidades de comunicación, escucha clínica y capacidad para adaptar el mensaje al nivel de comprensión y a las creencias previas del paciente.

Las intervenciones no farmacológicas descritas no deben entenderse como un conjunto fijo de técnicas, sino como herramientas que adquieren sentido cuando se integran en un plan individualizado. La actividad graduada, la organización del esfuerzo, la respiración, la relajación o la adaptación de tareas son medidas relativamente sencillas, pero su efectividad práctica depende de que se relacionen con problemas concretos y con metas relevantes para la persona. Del mismo modo, la participación de la familia puede ser facilitadora o interferir en la recuperación, por lo que conviene incluirla en la planificación de cuidados cuando su papel sea significativo.

Otro aspecto destacable es la centralidad de la funcionalidad como criterio de evolución. En cuadros persistentes, la mejoría no siempre se expresa como desaparición del dolor, sino como aumento de la tolerancia al movimiento, recuperación de actividades significativas, mejor descanso y mayor percepción de control. Esta visión evita expectativas poco realistas y orienta el seguimiento hacia resultados útiles para la vida diaria. Para Enfermería, supone desplazar el foco desde la simple presencia del síntoma hacia su impacto en la autonomía y la calidad de vida.

Entre los límites del abordaje debe considerarse que la respuesta clínica al manejo no farmacológico es variable y puede verse condicionada por comorbilidad, situación emocional, contexto social, adherencia y recursos disponibles en el dispositivo asistencial. Además, algunas personas precisarán intervenciones complementarias o reevaluación diagnóstica si aparecen cambios clínicos relevantes, deterioro funcional acelerado o signos de alarma que excedan el curso esperado. Por ello, el seguimiento enfermero debe mantenerse coordinado con el resto del equipo y ajustarse a la evolución del caso.

En síntesis, el manejo no farmacológico del dolor crónico durante la rehabilitación se beneficia de una actuación enfermera continuada, centrada en la valoración integral y en la funcionalidad. Educar, acompañar, dosificar la actividad, reforzar estrategias de afrontamiento y promover autonomía son acciones que pueden contribuir a reducir la interferencia del dolor y a sostener la participación en el proceso rehabilitador. La práctica clínica sugiere que estos cuidados adquieren mayor valor cuando se construyen con la persona, a partir de sus limitaciones reales, sus recursos y los objetivos que considera significativos en su vida cotidiana.

Conflicto de intereses

No se identifican conflictos de intereses por parte de los autores en relación con el tema tratado en este artículo.

Financiación

No se ha recibido financiación externa para el desarrollo, redacción o publicación del presente trabajo.

Bibliografía

  1. Wang Y, Aaron R, Attal N, Colloca L. An update on non-pharmacological interventions for pain relief.. Cell Rep Med. 2025;6(2):101940. doi: https://doi.org/10.1016/j.xcrm.2025.101940
  2. Lo HHM, Zhu M, Zou Z, Wong CL, Lo SHS, Chung VC, et al.. Immersive and Nonimmersive Virtual Reality-Assisted Active Training in Chronic Musculoskeletal Pain: Systematic Review and Meta-Analysis.. J Med Internet Res. 2024;26:e48787. doi: https://doi.org/10.2196/48787
  3. Barrie J, Loughlin D. Managing chronic pain in adults.. Nurs Stand. 2014;29(7):50-8. doi: https://doi.org/10.7748/ns.29.7.50.e9099
  4. Sheikh F, Brandt N, Vinh D, Elon RD. Management of Chronic Pain in Nursing Homes: Navigating Challenges to Improve Person-Centered Care.. J Am Med Dir Assoc. 2021;22(6):1199-1205. doi: https://doi.org/10.1016/j.jamda.2020.12.029
  5. Arnstein P. Chronic neuropathic pain: issues in patient education.. Pain Manag Nurs. 2004;5(4 Suppl 1):34-41. doi: https://doi.org/10.1016/j.pmn.2004.10.003
  6. Bernier Carney KM, Young EE, Guite JW, Starkweather AR. A Systematic Review of Biological Mechanisms and Chronic Pain Outcomes During Stress Reduction Interventions.. Biol Res Nurs. 2020;22(2):205-216. doi: https://doi.org/10.1177/1099800420907964
  7. Stephenson NL, Dalton JA. Using reflexology for pain management. A review.. J Holist Nurs. 2003;21(2):179-91. doi: https://doi.org/10.1177/0898010103021002007
  8. Jones KF, Wechsler S, Zulewski D, Wood L. Pharmacological and Nonpharmacological Management of Chemotherapy-Induced Peripheral Neuropathy: A Scoping Review of Randomized Controlled Trials.. J Palliat Med. 2022;25(6):964-995. doi: https://doi.org/10.1089/jpm.2021.0512
  9. Eaton LH, Jang MK, Jensen MP, Pike KC, Heitkemper MM, Doorenbos AZ. Hypnosis and relaxation interventions for chronic pain management in cancer survivors: a randomized controlled trial.. Support Care Cancer. 2022;31(1):50. doi: https://doi.org/10.1007/s00520-022-07498-1
  10. Woo KY, Abbott LK, Librach L. Evidence-based approach to manage persistent wound-related pain.. Curr Opin Support Palliat Care. 2013;7(1):86-94. doi: https://doi.org/10.1097/SPC.0b013e32835d7ed2
  11. Matthie N, Jenerette C. Knowledge and Experience of In-Home Virtual Reality for Chronic Pain in Sickle Cell Disease.. J Pain. 2024;25(12):104668. doi: https://doi.org/10.1016/j.jpain.2024.104668
  12. Yin M, Muhammed SA, Wang Y, Colloca L. Yoga and massage are associated with small experimental placebo effects in chronic orofacial pain.. Eur J Pain. 2023;27(7):816-830. doi: https://doi.org/10.1002/ejp.2111
  13. Shamsi F, Azadinia F, Shaygan M. Does brain entrainment using binaural auditory beats affect pain perception in acute and chronic pain?: a systematic review.. BMC Complement Med Ther. 2024;24(1):34. doi: https://doi.org/10.1186/s12906-024-04339-y
  14. Turcotte K, Oelke ND, Whitaker G, Holtzman S, O'Connor B, Pearson N, et al.. Multi-disciplinary community-based group intervention for fibromyalgia: a pilot randomized controlled trial.. Rheumatol Int. 2023;43(12):2201-2210. doi: https://doi.org/10.1007/s00296-023-05403-5
  15. Alqudimat M, Mesaroli G, Lalloo C, Stinson J, Matava C. State of the Art: Immersive Technologies for Perioperative Anxiety, Acute, and Chronic Pain Management in Pediatric Patients.. Curr Anesthesiol Rep. 2021;11(3):265-274. doi: https://doi.org/10.1007/s40140-021-00472-3
Scroll al inicio