Improving therapeutic adherence in people with Parkinson's disease
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:378
Autor principal (primer firmante): Marta Vidal Herrera
Fecha recepción: 10/08/26
Fecha aceptación: 09/09/26
Fecha de publicación: 14/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):378
Autores:
Marta Vidal Herrera
Raúl Gómez Salcedo
Irene Campos Núñez
David León Morales
Paula Ríos Fuentes
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Enfermedad de Parkinson; Mejora de la calidad; Adherencia terapéutica; Actividades de la vida diaria; Seguridad del paciente; Fragilidad; Levodopa; Autocuidado; Anciano; Enfermería geriátrica
Keywords: Parkinson Disease; Quality Improvement; Treatment Adherence and Compliance; Activities of Daily Living; Patient Safety; Frailty; Levodopa; Self Care; Aged; Geriatric Nursing
Resumen
Introducción: La enfermedad de Parkinson plantea un reto asistencial sostenido por la progresión clínica, la variabilidad sintomática y la complejidad del tratamiento, especialmente en personas mayores con fragilidad, comorbilidad y dependencia parcial para las actividades de la vida diaria. La adherencia terapéutica no depende únicamente de la prescripción farmacológica, sino también de factores funcionales, cognitivos, emocionales, sociales y organizativos que pueden comprometer la efectividad del plan de cuidados y aumentar los riesgos para la seguridad del paciente.
Objetivos: Analizar los factores que condicionan la adherencia terapéutica en personas con enfermedad de Parkinson y proponer una intervención de mejora liderada por Enfermería, orientada a la calidad asistencial, la continuidad de cuidados, el autocuidado y la prevención de incidentes relacionados con la medicación.
Metodología: Se desarrolla una propuesta de mejora de calidad desde un enfoque descriptivo y aplicado, centrada en el proceso asistencial de personas con enfermedad de Parkinson en seguimiento ambulatorio o sociosanitario. Se consideran áreas clave de valoración enfermera, barreras frecuentes para la adherencia, componentes de una intervención multimodal y criterios generales de seguimiento clínico y funcional.
Resultados: La intervención propuesta integra valoración estructurada, conciliación y revisión del tratamiento, educación sanitaria individualizada, apoyo al cuidador, organización de tomas, seguimiento enfermero y refuerzo de medidas de seguridad. Entre los elementos prioritarios destacan la adecuación de horarios, la detección de dificultades en la deglución y la manipulación de la medicación, la identificación de deterioro cognitivo o síntomas depresivos, y la coordinación entre niveles asistenciales. La participación enfermera puede contribuir a reducir errores de administración, olvidos, duplicidades y descompensaciones funcionales asociadas a una baja adherencia.
Discusión/Conclusiones: La mejora de la adherencia terapéutica en la enfermedad de Parkinson requiere intervenciones continuadas, individualizadas y sensibles a la situación funcional de cada persona. Enfermería ocupa una posición estratégica para detectar barreras, promover autocuidado seguro y sostener la continuidad asistencial. Un abordaje centrado en la persona, el cuidador y el contexto de uso de la medicación puede mejorar la calidad de los cuidados y disminuir riesgos evitables.
Abstract
Introduction: Parkinson disease poses a sustained care challenge due to clinical progression, symptom variability and treatment complexity, especially in older adults with frailty, multimorbidity and partial dependence in activities of daily living. Treatment adherence is not determined only by prescription, but also by functional, cognitive, emotional, social and organizational factors that may compromise care effectiveness and patient safety.
Objectives: To analyse the factors influencing treatment adherence in people with Parkinson disease and to propose a nurse-led quality improvement intervention focused on continuity of care, self-management and medication safety.
Methodology: A descriptive and practice-oriented quality improvement proposal is presented, focused on the care process of people with Parkinson disease in outpatient or long-term care settings. Key nursing assessment areas, common adherence barriers, components of a multimodal intervention and general follow-up criteria were considered.
Results: The proposed intervention includes structured assessment, medication reconciliation and review, individualized health education, caregiver support, medication schedule organization, nursing follow-up and patient safety measures. Priority elements include dose timing, swallowing and medication handling difficulties, identification of cognitive decline or depressive symptoms, and coordination across care settings. Nursing involvement may help reduce administration errors, missed doses, duplication and functional deterioration associated with poor adherence.
Discussion/Conclusions: Improving treatment adherence in Parkinson disease requires continuous, individualized interventions adapted to each person’s functional status. Nurses are in a strategic position to detect barriers, promote safe self-care and support continuity of care. A person-centred approach that also addresses caregivers and the practical context of medication use may improve care quality and reduce preventable risks.
Introducción
La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo que repercute de forma progresiva en la movilidad, la autonomía y la participación en la vida cotidiana. A sus manifestaciones motoras se suman síntomas no motores, fluctuaciones clínicas y necesidades crecientes de apoyo, de modo que la persona afectada suele requerir un plan terapéutico mantenido y sensible a cambios evolutivos. En este escenario, la adherencia terapéutica representa un componente asistencial de especial relevancia, no solo por su relación con el control sintomático, sino también por su impacto potencial sobre la seguridad del paciente, el riesgo de complicaciones y la carga de cuidados.
En las personas mayores con Parkinson, la adherencia puede verse comprometida por múltiples factores concurrentes. La fragilidad, la polimedicación, las dificultades de deglución, el deterioro cognitivo, la depresión, la apatía, la alteración del sueño, la dependencia parcial para las actividades de la vida diaria o la falta de soporte familiar influyen en el cumplimiento real del tratamiento. A ello se añade la complejidad de algunos regímenes farmacológicos, en los que la distribución horaria de las tomas y la relación con las comidas adquieren importancia práctica. Cuando estos elementos no se valoran de forma sistemática, aumentan los olvidos, las tomas fuera de horario, la administración incorrecta y las interrupciones no comunicadas del tratamiento.
Desde la perspectiva enfermera, la adherencia no debe entenderse como una responsabilidad exclusiva del paciente. Se trata de un fenómeno relacional y contextual que depende de cómo la persona comprende su enfermedad, percibe la utilidad del tratamiento, organiza sus rutinas, dispone de ayuda y recibe seguimiento por parte de los profesionales. En la enfermedad de Parkinson, esta visión es particularmente necesaria, ya que los síntomas pueden dificultar tanto el autocuidado como la expresión de problemas reales con la medicación. Un paciente que refiere “seguir el tratamiento” puede, sin embargo, presentar retrasos repetidos en las tomas, errores por confusión de envases, imposibilidad para abrir blísteres o abandono parcial por efectos adversos no comunicados.
La mejora de la calidad asistencial en este ámbito exige pasar de una aproximación centrada solo en la prescripción a un modelo que contemple el proceso completo de uso del medicamento. Esto incluye la valoración funcional, la conciliación terapéutica, la educación sanitaria adaptada, la participación del cuidador cuando exista, la coordinación entre niveles asistenciales y la monitorización de incidentes prevenibles. Enfermería, por su proximidad a la persona y a su entorno de cuidados, puede identificar barreras poco visibles en la consulta médica convencional y traducirlas en intervenciones factibles, sostenidas y centradas en la seguridad.
Abordar la adherencia terapéutica en Parkinson desde una lógica de mejora permite ordenar acciones de alto valor práctico: revisar cómo se administran realmente los fármacos, detectar puntos críticos del itinerario asistencial, reforzar competencias de autocuidado y establecer indicadores clínicos y de proceso útiles para el seguimiento. Esta perspectiva no persigue una estandarización rígida, sino favorecer cuidados más consistentes y adaptados a una población especialmente vulnerable.
Objetivos
El objetivo general de este trabajo es plantear una propuesta de mejora de calidad orientada a aumentar la adherencia terapéutica en personas con enfermedad de Parkinson, con énfasis en el papel de Enfermería dentro de la continuidad asistencial y la seguridad del paciente.
Como objetivos específicos se plantean los siguientes:
- Identificar factores clínicos, funcionales, cognitivos, emocionales y sociales que pueden interferir en la adherencia al tratamiento.
- Describir áreas de valoración enfermera relevantes para detectar barreras reales en el uso cotidiano de la medicación.
- Proponer intervenciones enfermeras dirigidas a mejorar la comprensión del régimen terapéutico, la organización de las tomas y la capacidad de autocuidado.
- Incorporar medidas de seguridad para prevenir errores de administración, omisiones, duplicidades y situaciones de riesgo asociadas a la fragilidad o la dependencia.
- Establecer indicadores generales de seguimiento que permitan valorar la aplicabilidad y la utilidad de la intervención en distintos entornos asistenciales.
Metodología
Se presenta una propuesta de mejora de calidad de carácter descriptivo y aplicado, centrada en la atención enfermera a personas con enfermedad de Parkinson en contextos de seguimiento ambulatorio, atención domiciliaria, hospitalización convencional o recursos sociosanitarios. El planteamiento parte de problemas asistenciales observables en la práctica habitual: dificultades para mantener horarios de medicación, baja comprensión del tratamiento, escasa adaptación del plan terapéutico a la situación funcional y comunicación insuficiente entre profesionales, paciente y cuidador.
La intervención se organiza en torno a cinco ejes: valoración inicial estructurada, revisión del proceso de medicación, educación sanitaria individualizada, apoyo a cuidadores y seguimiento planificado. No se formula como protocolo cerrado, sino como marco operativo adaptable al contexto del centro y a las características de cada persona.
Ámbito de valoración
La valoración enfermera inicial debe explorar dimensiones que con frecuencia condicionan la adherencia y no siempre quedan recogidas de manera suficiente en la consulta orientada a síntomas. Entre ellas destacan:
- Capacidad para comprender las indicaciones terapéuticas y recordar horarios.
- Situación funcional y grado de dependencia para las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria.
- Presencia de temblor, rigidez, bradicinesia u otras limitaciones que dificulten la manipulación de comprimidos, envases o dispositivos.
- Dificultades de deglución, fatiga durante la toma o necesidad de modificar la forma de administración.
- Estado emocional, especialmente apatía, ansiedad o síntomas depresivos que puedan reducir la motivación para el autocuidado.
- Presencia de caídas, hipotensión ortostática, fluctuaciones motoras o periodos de menor movilidad que interfieran en los horarios.
- Contexto domiciliario, apoyo del cuidador principal y disponibilidad de recursos materiales para organizar la medicación.
- Conocimiento de la persona y la familia sobre la finalidad del tratamiento, efectos esperables y situaciones que deben comunicarse.
Estrategia de mejora
La propuesta se basa en una intervención multimodal liderada por Enfermería y coordinada con el resto del equipo asistencial. Incluye la revisión del tratamiento realmente utilizado, la identificación de barreras individuales, la selección de apoyos organizativos sencillos, el refuerzo educativo y la reevaluación periódica. Se consideran especialmente relevantes los puntos de transición asistencial, como el alta hospitalaria, la derivación entre recursos o la incorporación de nuevos fármacos, por ser momentos de especial vulnerabilidad para la adherencia y la seguridad.
Criterios generales de seguimiento
El seguimiento debe atender tanto a variables de proceso como a resultados clínico-funcionales observables. Entre los primeros pueden valorarse la realización de educación sanitaria, la existencia de un plan horario comprensible, la conciliación del tratamiento y la implicación del cuidador cuando sea necesaria. Entre los segundos pueden explorarse la disminución de olvidos referidos, la reducción de incidencias relacionadas con la medicación, la mejora percibida en la organización del autocuidado y la estabilidad funcional en actividades cotidianas.
Resultados
La propuesta de mejora se articula como una secuencia de intervención enfermera que busca convertir la adherencia en un objetivo asistencial explícito. Su desarrollo práctico puede variar según el entorno, pero mantiene componentes comunes orientados a la calidad y la seguridad.
Detección del problema asistencial
En muchas personas con enfermedad de Parkinson, el incumplimiento terapéutico no adopta la forma clásica de abandono total del tratamiento. Es más frecuente la adherencia irregular: tomas retrasadas, ajustes no comunicados por iniciativa propia, omisión de dosis en momentos de menor supervisión o uso inadecuado cuando aparecen dificultades para tragar o manipular los comprimidos. Estas situaciones pueden manifestarse como empeoramiento motor fluctuante, mayor dependencia para las actividades diarias, episodios de inmovilidad, caídas o incremento de consultas por descompensación funcional.
La identificación precoz de estos patrones exige preguntas concretas y observación del contexto real. Resulta útil conocer quién prepara la medicación, cómo se distribuyen las tomas a lo largo del día, qué ocurre si el paciente sale de casa o duerme durante una franja horaria, si existen problemas para partir comprimidos o si hay alimentos que interfieren con la rutina establecida. También conviene explorar creencias frecuentes, como la suspensión temporal por sensación de mejoría o el temor a efectos secundarios no adecuadamente comprendidos.
Valoración enfermera orientada a adherencia y seguridad
La valoración debe integrar dimensiones clínicas y funcionales. En la persona anciana con Parkinson, la fragilidad y la pérdida de reserva fisiológica aumentan la repercusión de errores aparentemente menores. Un retraso repetido en la administración puede traducirse en periodos de menor movilidad, mayor riesgo de inmovilización transitoria o dificultad para realizar actividades esenciales como comer, asearse o trasladarse. Del mismo modo, un esquema terapéutico complejo puede convertirse en una fuente de sobrecarga para el cuidador, con errores involuntarios cuando no existe apoyo estructurado.
En esta fase adquiere relevancia la revisión del domicilio terapéutico, entendida como la forma concreta en que la medicación se usa y se conserva. Enfermería puede detectar envases duplicados, restos de tratamientos previos, confusión entre presentaciones, ausencia de sistemas de recordatorio o almacenamiento poco accesible para una persona con temblor o rigidez. En pacientes con deterioro cognitivo leve o fluctuante, el discurso verbal de buena adherencia no siempre refleja la práctica real, por lo que la participación del cuidador o la observación directa pueden aportar información decisiva.
Componentes de la intervención propuesta
La intervención de mejora incluye varias acciones complementarias:
- Conciliación y revisión práctica del tratamiento: comprobar qué fármacos se están tomando realmente, en qué horario y con qué grado de comprensión por parte del paciente y del cuidador. Esta revisión ayuda a detectar duplicidades, omisiones, modificaciones no comunicadas y dificultades para seguir la pauta prescrita.
- Organización individualizada de las tomas: adaptar, en coordinación con el equipo responsable, la presentación de la pauta a un formato comprensible y manejable. Puede ser útil simplificar la información escrita, ordenar tomas por franjas horarias y vincularlas a rutinas estables del día, evitando instrucciones ambiguas.
- Educación sanitaria centrada en el uso real del medicamento: explicar la finalidad del tratamiento, la importancia de los horarios, la necesidad de no modificar la pauta sin consulta y las situaciones que deben notificarse. La enseñanza debe adecuarse al nivel de alfabetización en salud y repetirse cuando existan alteraciones de memoria o atención.
- Entrenamiento en estrategias de apoyo al autocuidado: uso de pastilleros, alarmas, hojas de control sencillas o supervisión compartida con familiares. Estas medidas deben elegirse según la capacidad funcional y cognitiva, evitando dispositivos complejos que puedan aumentar la confusión.
- Apoyo al cuidador principal: proporcionar información práctica sobre administración segura, observación de efectos, manejo de incidencias y signos de alerta. El cuidador necesita instrucciones claras y realistas, especialmente cuando la carga asistencial es elevada.
- Seguimiento enfermero programado: revisar periódicamente la adherencia, revaluar barreras emergentes y reforzar el plan educativo, con mayor intensidad tras cambios de tratamiento, ingresos o pérdida funcional.
Intervenciones específicas en situaciones frecuentes
Cuando existen dificultades de deglución, la adherencia puede deteriorarse por miedo al atragantamiento o por modificaciones caseras de la medicación sin consulta previa. En estos casos se recomienda valorar de forma específica la seguridad de la administración, explorar la necesidad de apoyo durante la toma y comunicar al equipo prescriptor cualquier limitación relevante para adecuar el tratamiento.
Si predomina el deterioro cognitivo, la intervención debe orientarse menos a la autonomía formal y más a la supervisión segura. La responsabilidad del cumplimiento puede desplazarse al cuidador o a sistemas de apoyo estructurado, manteniendo la participación del paciente en la medida de sus posibilidades. En personas con apatía o síntomas depresivos, conviene contemplar que la falta de iniciativa puede expresarse como baja adherencia, por lo que la reevaluación del estado emocional forma parte del plan de cuidados.
En pacientes con fragilidad avanzada o alta dependencia, el objetivo no siempre será una autogestión completa, sino asegurar continuidad, confort y prevención de incidentes. En estos casos, la mejora de la calidad se relaciona con la anticipación de problemas y con la coordinación entre domicilio, atención primaria, consulta especializada, hospital y recursos residenciales.
Indicadores de calidad y seguimiento
La evaluación de la propuesta puede apoyarse en indicadores sencillos, clínicamente útiles y asumibles por el equipo. Entre ellos cabe considerar:
- Registro de valoración enfermera específica sobre adherencia y capacidad de manejo de la medicación.
- Existencia de conciliación terapéutica documentada en transiciones asistenciales.
- Disponibilidad de un plan horario claro para paciente y cuidador.
- Identificación y abordaje de barreras funcionales, cognitivas o emocionales.
- Incidencias relacionadas con olvidos, errores de administración o modificaciones no comunicadas.
- Necesidad de apoyo del cuidador y grado de capacitación recibido.
- Evolución funcional referida en relación con la regularidad de las tomas.
Estos indicadores no deben interpretarse de manera aislada. Su utilidad reside en mostrar si la adherencia ha dejado de ser un asunto implícito para convertirse en un elemento explícito del plan de cuidados.
Barreras y facilitadores para la implementación
Entre las barreras más frecuentes figuran la sobrecarga asistencial, la fragmentación entre niveles, la ausencia de tiempo para educación sanitaria efectiva y la tendencia a centrar el seguimiento exclusivamente en la evolución motora. También pueden dificultar la intervención la escasa disponibilidad del cuidador, la baja alfabetización en salud o la resistencia del paciente a reconocer problemas con la medicación por temor a perder autonomía.
Como facilitadores destacan la continuidad de la relación enfermera-paciente, la proximidad al entorno domiciliario, la capacidad de observación funcional y la coordinación con farmacia, medicina, terapia ocupacional, fisioterapia y trabajo social cuando el caso lo requiera. La integración de la adherencia en las revisiones periódicas y en los procesos de alta contribuye a consolidar mejoras sostenibles.
Discusión/Conclusiones
La adherencia terapéutica en la enfermedad de Parkinson no puede reducirse a una cuestión de voluntad individual ni resolverse únicamente con instrucciones generales. Su mejora depende de reconocer que el tratamiento se administra en un contexto marcado por fluctuaciones clínicas, limitaciones motoras, fragilidad, dependencia progresiva y, con frecuencia, una organización doméstica compleja. Cuando estos elementos no se incorporan a la valoración, la baja adherencia puede permanecer oculta hasta que se expresa como deterioro funcional, caídas, descompensación clínica o sobrecarga familiar.
La propuesta desarrollada sitúa a Enfermería en una posición central para transformar ese problema en una oportunidad de mejora. La observación de rutinas, la identificación de barreras concretas, la educación sanitaria adaptada y el seguimiento continuado permiten actuar sobre dimensiones que rara vez se corrigen solo con cambios en la prescripción. Además, la intervención enfermera puede favorecer una lectura más precisa de las dificultades del paciente: no es lo mismo olvidar una toma por desorganización que no poder realizarla por temblor intenso, disfunción cognitiva o miedo a la deglución.
Desde el punto de vista de la seguridad del paciente, el valor de este enfoque reside en anticipar eventos evitables. La omisión de dosis, la administración irregular, la duplicidad entre tratamientos antiguos y actuales o la falta de adaptación del régimen terapéutico a la capacidad funcional constituyen riesgos potencialmente modificables. La mejora de calidad no requiere necesariamente dispositivos complejos; con frecuencia depende de intervenciones sencillas, mantenidas y bien coordinadas, como revisar los horarios con la persona, comprobar el uso real del pastillero, formar al cuidador o reforzar la conciliación tras un ingreso.
El abordaje debe individualizarse. En fases iniciales puede priorizarse la autonomía y el aprendizaje del autocuidado; en situaciones de mayor dependencia será más útil fortalecer la supervisión, el apoyo del cuidador y la coordinación con otros recursos. Esta adaptación evita planteamientos uniformes en una enfermedad heterogénea y de evolución cambiante.
Entre los límites de cualquier propuesta de mejora en este campo se encuentran la variabilidad clínica, la heterogeneidad de los entornos asistenciales y la influencia de factores sociales difíciles de modificar desde una intervención aislada. Aun así, incorporar la adherencia terapéutica como objetivo explícito del proceso enfermero puede mejorar la calidad percibida, la continuidad de cuidados y la seguridad en personas con enfermedad de Parkinson.
La atención enfermera a este grupo de pacientes gana consistencia cuando la pregunta no es solo qué tratamiento tienen prescrito, sino cómo lo utilizan, con qué dificultades y con qué apoyos. Esa diferencia de enfoque permite pasar de una comprobación formal del tratamiento a un cuidado verdaderamente centrado en la persona.
Conflicto de intereses
Los autores declaran que no existen conflictos de intereses personales, profesionales o económicos relacionados con este trabajo.
Financiación
La realización de este trabajo no recibió ayudas económicas ni financiación institucional específica.
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