Improving educational prevention of heat stroke in chronic patients seen in emergency care
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:23
Autor principal (primer firmante): Jorge Navarro Medina
Fecha recepción: 29/05/26
Fecha aceptación: 28/06/26
Fecha de publicación: 05/07/26
Ref.: CADICE. 2026;1(7):23
Autores:
Jorge Navarro Medina
Elena Vargas Prieto
Rocío Sánchez Gil
Pablo Ibáñez Cortés
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Hipertermia; Enfermería de urgencias; Hidratación; Golpe de calor; Atención inicial; Triaje; Servicio de urgencias; Seguridad del paciente; Mejora de la calidad; Enfermedad crónica
Keywords: Hyperthermia; Emergency Nursing; Hydration; Heat Stroke; Initial Care; Triage; Emergency Service, Hospital; Patient Safety; Quality Improvement; Chronic Disease
Resumen
Introducción: La exposición a temperaturas elevadas puede agravar la situación clínica de personas con enfermedades crónicas, especialmente cuando concurren edad avanzada, limitación funcional, tratamiento farmacológico complejo o dificultades para mantener una hidratación adecuada. En el servicio de urgencias, el triaje y la atención inicial suelen centrarse de forma prioritaria en la estabilización del episodio agudo, pero este contacto asistencial también ofrece una oportunidad relevante para detectar vulnerabilidad frente al calor e incorporar intervenciones educativas breves orientadas a la seguridad del paciente.
Objetivos: Analizar una propuesta de mejora de calidad dirigida a reforzar la prevención educativa del golpe de calor en pacientes crónicos atendidos en urgencias, describiendo su justificación, componentes operativos, papel de Enfermería, barreras de implantación e indicadores de seguimiento.
Metodología: Se desarrolla una propuesta de mejora aplicable al ámbito de urgencias hospitalarias a partir de un enfoque organizativo y enfermero. El planteamiento integra identificación de pacientes con mayor vulnerabilidad, educación sanitaria breve durante la asistencia, entrega de información comprensible al alta y coordinación con la continuidad de cuidados según el contexto clínico.
Resultados: La intervención propuesta se organiza en cuatro ejes: cribado enfermero del riesgo relacionado con el calor, estandarización del mensaje educativo, refuerzo de la documentación en el episodio de urgencias y seguimiento de indicadores de proceso y seguridad. Se describen contenidos esenciales sobre hidratación, reconocimiento precoz de síntomas de alarma, adaptación del autocuidado y apoyo familiar o cuidador. La iniciativa puede contribuir a homogeneizar la práctica, reducir omisiones en la educación al alta y mejorar la identificación de pacientes especialmente vulnerables.
Discusión/Conclusiones: La prevención educativa del golpe de calor en pacientes crónicos no debe entenderse como una acción aislada, sino como una medida integrada en la calidad asistencial y la prevención de eventos evitables. Enfermería de urgencias ocupa una posición estratégica para valorar vulnerabilidad, comunicar medidas de autoprotección y favorecer continuidad asistencial. La implantación requiere adaptación a los protocolos del centro, coordinación interdisciplinar y evaluación periódica de su aplicabilidad.
Abstract
Introduction: Exposure to high temperatures may worsen the clinical status of people living with chronic conditions, particularly when advanced age, functional limitations, polypharmacy or impaired hydration coexist. In emergency departments, triage and initial care are primarily focused on acute stabilization; however, this clinical encounter also provides an important opportunity to identify heat-related vulnerability and to deliver brief educational interventions aimed at patient safety.
Objectives: To analyse a quality improvement proposal intended to strengthen educational prevention of heat stroke in chronic patients treated in emergency settings, describing its rationale, operational components, nursing role, implementation barriers and follow-up indicators.
Methodology: A quality improvement proposal for hospital emergency care is presented from an organizational and nursing perspective. The approach combines identification of patients at increased heat-related risk, brief health education during care, delivery of understandable discharge information and coordination with continuity of care according to the clinical context.
Results: The proposed intervention is structured around four areas: nursing screening of heat-related risk, standardization of educational messages, reinforcement of documentation within the emergency episode and monitoring of process and safety indicators. Key contents include hydration, early recognition of warning signs, adaptation of self-care measures and involvement of relatives or caregivers. This initiative may help standardize practice, reduce omissions in discharge education and improve recognition of particularly vulnerable patients.
Discussion/Conclusions: Educational prevention of heat stroke in chronic patients should not be considered an isolated action, but rather a component of care quality and prevention of avoidable adverse events. Emergency nurses are strategically positioned to assess vulnerability, communicate self-protection measures and facilitate continuity of care. Implementation requires adaptation to local protocols, interdisciplinary coordination and periodic evaluation of feasibility.
Introducción
Los episodios de calor intenso constituyen un problema asistencial con repercusión directa sobre la seguridad del paciente. Su impacto es especialmente relevante en personas con enfermedades crónicas, cuya capacidad de adaptación fisiológica o funcional puede encontrarse comprometida. La coexistencia de insuficiencia cardiaca, enfermedad respiratoria crónica, diabetes, deterioro cognitivo, fragilidad, dependencia para las actividades básicas o tratamientos que condicionan balance hídrico y termorregulación sitúa a determinados pacientes en una posición de mayor vulnerabilidad frente a la hipertermia y sus complicaciones.
En urgencias, esta vulnerabilidad suele hacerse visible cuando el paciente consulta por deshidratación, deterioro general, síncope, alteración del nivel de conciencia, empeoramiento de una patología de base o signos compatibles con enfermedad relacionada con el calor. Sin embargo, no todos los casos se presentan como golpe de calor establecido. Con frecuencia, el motivo de consulta es inespecífico o aparece entremezclado con la descompensación de procesos crónicos, lo que puede dificultar la identificación precoz del riesgo ambiental y del componente prevenible del episodio.
Desde la perspectiva enfermera, la atención inicial no se limita a la vigilancia clínica y a la priorización del triaje. También incluye valoración del riesgo, detección de necesidades educativas, apoyo al autocuidado y preparación segura del alta o de la continuidad asistencial. Esta dimensión adquiere especial importancia cuando el paciente regresa a un entorno social o domiciliario donde persisten las temperaturas elevadas, el aislamiento, la escasa red de apoyo o las limitaciones para seguir recomendaciones básicas relacionadas con ingesta hídrica, uso de ropa ligera, adaptación de horarios, ventilación del domicilio o reconocimiento de signos de alarma.
La educación sanitaria en urgencias presenta dificultades conocidas: tiempo asistencial limitado, presión de demanda, heterogeneidad de perfiles clínicos y tendencia a priorizar exclusivamente lo agudo. Aun así, las intervenciones educativas breves y estructuradas pueden aportar valor cuando se dirigen a riesgos concretos, se adaptan a la capacidad de comprensión del paciente y se integran en el circuito habitual de cuidados. En pacientes crónicos, la prevención del golpe de calor no debe abordarse únicamente como información general de verano, sino como una actuación ligada a la seguridad clínica, al manejo de la cronicidad y a la prevención de reconsultas potencialmente evitables.
La mejora de calidad en este ámbito requiere pasar de mensajes ocasionales y no homogéneos a un modelo más sistemático. Ello implica incorporar criterios de detección de vulnerabilidad, definir contenidos mínimos de educación, facilitar soportes de información comprensibles y registrar la intervención realizada. El papel de Enfermería resulta central por su presencia en triaje, atención continuada, observación, preparación del alta y comunicación con paciente y familia.
El presente trabajo analiza una propuesta de mejora orientada a reforzar la prevención educativa del golpe de calor en pacientes crónicos atendidos en urgencias, entendiendo que la seguridad del paciente comienza en la identificación precoz del riesgo y se prolonga más allá del episodio asistencial inmediato.
Objetivos
El objetivo general es describir una propuesta de mejora de calidad para fortalecer la prevención educativa del golpe de calor en pacientes crónicos atendidos en un servicio de urgencias, con especial atención al papel de Enfermería en la identificación del riesgo, la educación sanitaria breve y la continuidad de cuidados.
Como objetivos específicos se plantean los siguientes:
- Identificar los elementos clínicos y sociales que pueden aumentar la vulnerabilidad de pacientes crónicos frente a temperaturas elevadas durante la atención urgente.
- Definir componentes operativos de una intervención educativa breve, homogénea y aplicable en los distintos momentos del circuito asistencial de urgencias.
- Describir contenidos esenciales que deben formar parte del consejo enfermero relacionado con hidratación, medidas de protección frente al calor y reconocimiento de signos de alarma.
- Proponer indicadores de proceso y de seguridad que permitan evaluar la implantación de la mejora sin asumir resultados cuantitativos no medidos.
- Analizar barreras y facilitadores para la incorporación de esta práctica en el trabajo cotidiano del servicio.
Metodología
Se presenta una propuesta de mejora de calidad con orientación práctica para el ámbito de urgencias hospitalarias. El desarrollo se basa en el análisis clínico-organizativo del problema y en la integración de actuaciones enfermeras factibles dentro del proceso asistencial habitual, sin plantearlo como protocolo universal cerrado. La propuesta está pensada para adaptarse a los circuitos, recursos y procedimientos vigentes de cada centro.
La población diana se define como pacientes adultos con enfermedad crónica atendidos en urgencias y que, por sus características clínicas, funcionales, terapéuticas o sociales, pueden presentar mayor susceptibilidad a enfermedad relacionada con el calor. Esta categoría incluye, de forma orientativa, personas de edad avanzada, pacientes con multimorbilidad, usuarios con dependencia funcional, deterioro cognitivo, limitaciones de movilidad, dificultad de acceso a líquidos, polimedicación, soporte social insuficiente o antecedentes recientes de deshidratación y descompensación durante periodos de altas temperaturas.
La intervención se articula en torno a cuatro componentes. El primero es el cribado enfermero de vulnerabilidad relacionado con el calor durante el triaje o en la valoración inicial, incorporando preguntas sencillas sobre exposición reciente, capacidad de autocuidado, ingesta hídrica habitual, condiciones del domicilio y apoyo de cuidadores. El segundo componente es un mensaje educativo breve y estructurado, adaptado al motivo de consulta y al nivel de comprensión. El tercero consiste en reforzar la documentación de la educación realizada y de los factores de riesgo detectados. El cuarto es favorecer continuidad asistencial al alta, especialmente cuando se aprecien necesidades de seguimiento por atención primaria, Enfermería comunitaria o soporte familiar.
Para orientar la implantación se contemplan indicadores de proceso, tales como la proporción de pacientes crónicos con valoración documentada de riesgo relacionado con el calor, la entrega de recomendaciones de autocuidado al alta o la identificación de pacientes que requieren apoyo adicional para comprenderlas. También pueden considerarse indicadores de seguridad vinculados a reconsultas relacionadas con deshidratación o empeoramiento clínico durante episodios de calor, siempre que el centro disponga de sistemas de información que permitan un análisis prudente y contextualizado.
La propuesta incorpora un enfoque de mejora continua. La puesta en marcha puede iniciarse mediante sesiones breves de formación interna, disponibilidad de material educativo estandarizado, revisión de registros y recogida periódica de incidencias percibidas por los profesionales. No se pretende sustituir la valoración clínica individual ni las decisiones médicas o enfermeras específicas de cada caso, sino apoyar una práctica más homogénea en un ámbito frecuentemente sometido a variabilidad.
Resultados
La propuesta de mejora sitúa la prevención educativa del golpe de calor como una intervención transversal dentro del episodio de urgencias. Su principal aportación no radica en añadir una carga informativa extensa, sino en introducir un esquema breve, repetible y clínicamente útil para pacientes con mayor riesgo. El resultado esperado es una asistencia más consistente en la detección de vulnerabilidad y en la transmisión de medidas de autoprotección.
Identificación estructurada de pacientes vulnerables
El primer resultado operativo consiste en incorporar la valoración del riesgo relacionado con el calor a la mirada clínica enfermera. En el triaje o en la valoración inicial puede resultar útil explorar si el paciente ha permanecido en ambientes calurosos, si dispone de medios para refrescarse, si ha disminuido la ingesta de líquidos, si presenta dificultad para percibir sed, si necesita ayuda para beber o si convive solo. Esta exploración debe ser breve, orientada y proporcionada a la situación asistencial.
En pacientes crónicos, la vulnerabilidad no depende solo del diagnóstico principal. También intervienen factores como fragilidad, dependencia, trastornos cognitivos, limitación para modificar rutinas, barreras económicas para climatizar el entorno y complejidad terapéutica. El reconocimiento de estos elementos permite priorizar a quién ofrecer una intervención educativa más intensiva y a quién involucrar de forma explícita a familiares o cuidadores.
La identificación temprana favorece, además, una lectura más completa del episodio agudo. Ante malestar general, hipotensión, somnolencia, deterioro funcional o empeoramiento de patologías de base, la exposición al calor y la hidratación insuficiente pueden actuar como factores precipitantes o agravantes. Considerarlos desde el inicio puede mejorar la coherencia del plan de cuidados y del mensaje de alta.
Contenido del consejo enfermero breve
El segundo eje de la mejora es la estandarización del mensaje educativo. En un entorno con elevada presión asistencial, la variabilidad aumenta cuando el contenido depende exclusivamente de la iniciativa individual. Por ello, se propone definir un núcleo mínimo de recomendaciones, expresadas con lenguaje claro y adaptadas a la situación clínica del paciente.
Entre los contenidos básicos deben figurar medidas para favorecer la hidratación según tolerancia y situación clínica, evitando mensajes rígidos y recordando que determinadas enfermedades o tratamientos pueden requerir individualización profesional. También conviene insistir en evitar exposición al calor en las horas de mayor intensidad, usar ropa ligera, permanecer en espacios ventilados, reducir esfuerzos innecesarios, vigilar el estado general y mantener especial atención en personas mayores o dependientes del domicilio.
Un bloque esencial del consejo consiste en el reconocimiento precoz de síntomas de alarma. Debe explicarse de forma comprensible que la aparición de confusión, somnolencia inusual, debilidad marcada, mareo persistente, fiebre o temperatura elevada, cefalea intensa, vómitos, disminución relevante de la diuresis o empeoramiento rápido del estado general requiere nueva valoración sanitaria. En pacientes con enfermedades crónicas, es recomendable relacionar estas señales con la posibilidad de descompensación de su proceso de base, no solo con el calor como fenómeno ambiental aislado.
Cuando existen cuidadores, el mensaje educativo no debe dirigirse solo al paciente. La observación de cambios conductuales, la supervisión de la ingesta de líquidos, el control del entorno térmico y la detección de dificultades para seguir las recomendaciones son aspectos donde la familia o el apoyo informal pueden desempeñar un papel determinante.
Integración en los momentos clave del circuito asistencial
La mejora gana viabilidad cuando se distribuye en varios puntos del proceso en lugar de concentrarse únicamente al alta. En triaje puede identificarse vulnerabilidad y dejar constancia inicial del riesgo. Durante la atención y observación, el profesional de Enfermería puede reforzar mensajes conforme evoluciona el paciente y valorar su capacidad para comprenderlos. En el momento del alta, la información debe sintetizarse, comprobar comprensión y, si procede, facilitar apoyo escrito o recordatorio estructurado.
Este enfoque escalonado reduce la probabilidad de que la educación quede supeditada a los últimos minutos del episodio, cuando el paciente puede estar cansado, preocupado o con menor capacidad de retención. También permite ajustar el contenido a la evolución clínica: no es lo mismo un paciente dado de alta tras mejoría rápida que otro que presenta deterioro funcional, fragilidad o necesidad de supervisión estrecha en domicilio.
La coordinación con otros profesionales resulta igualmente relevante. La información transmitida por Enfermería puede complementarse con decisiones clínicas sobre tratamiento, reevaluación terapéutica o seguimiento. Cuando se detectan barreras importantes para el autocuidado, la continuidad con atención primaria o dispositivos comunitarios puede reforzar la seguridad tras el alta.
Documentación y trazabilidad de la intervención
Uno de los déficits habituales en la educación sanitaria de urgencias es la escasa trazabilidad. Si la intervención no se registra, resulta difícil conocer si se realizó, qué contenidos se abordaron y en qué pacientes se concentra mayor vulnerabilidad. La propuesta incluye incorporar en el registro enfermero campos sencillos que permitan consignar valoración del riesgo, educación ofrecida, participación de cuidadores y necesidad de continuidad asistencial.
No se trata de generar una documentación extensa, sino de disponer de evidencias mínimas de práctica clínica. Esta trazabilidad facilita auditorías internas, identificación de áreas de mejora y continuidad entre profesionales. Además, puede contribuir a disminuir omisiones en situaciones de alta rotación asistencial, donde la transmisión exclusivamente verbal tiende a perderse.
Indicadores de seguimiento de la mejora
Para valorar la implantación, pueden utilizarse indicadores cualitativos y de proceso. Entre ellos: existencia de un circuito definido para pacientes vulnerables al calor, disponibilidad de material educativo breve, porcentaje de altas con consejo documentado cuando el riesgo está identificado, grado de participación enfermera en sesiones formativas internas y detección de incidencias relacionadas con comprensión insuficiente de las recomendaciones.
En una fase posterior, cada institución puede valorar indicadores de seguridad más complejos, siempre dentro de sus posibilidades analíticas y sin establecer relaciones causales simplificadas. La reconsulta precoz, la persistencia de signos de deshidratación o las dificultades notificadas por pacientes y cuidadores pueden ofrecer información útil sobre la efectividad práctica del modelo y sobre la necesidad de introducir cambios en el mensaje o en la selección de pacientes diana.
Papel específico de Enfermería
Enfermería de urgencias ocupa una posición especialmente adecuada para liderar esta mejora por varias razones. Su presencia en el triaje facilita una primera aproximación al riesgo; el contacto mantenido durante la atención permite observar factores funcionales y sociales que no siempre afloran en la anamnesis médica; y su intervención en el alta le confiere un papel decisivo en la transmisión de recomendaciones y en la comprobación de comprensión.
Además, el enfoque enfermero integra valoración clínica y capacidad de autocuidado. En pacientes crónicos, esta mirada resulta particularmente útil, ya que la prevención del golpe de calor no depende solo de conocer una recomendación, sino de poder aplicarla en la vida diaria. Valorar si la persona puede beber con autonomía, acceder a espacios frescos, identificar síntomas tempranos o pedir ayuda forma parte de la seguridad del proceso.
Barreras y facilitadores de implantación
Entre las barreras previsibles destacan la sobrecarga asistencial, la percepción de falta de tiempo, la ausencia de materiales comunes, la heterogeneidad de criterios entre profesionales y la dificultad para incorporar nuevos registros en sistemas ya saturados. También puede existir una tendencia a considerar la prevención del calor como un asunto menor frente a problemas clínicos más aparentes.
Frente a ello, facilitan la implantación las intervenciones breves, los mensajes consensuados, el apoyo de mandos intermedios, la disponibilidad de recordatorios en puntos de atención y la integración del contenido en procedimientos ya existentes de alta segura. La sensibilización del equipo mejora cuando se presenta la prevención del golpe de calor como una dimensión de seguridad del paciente crónico y no como información ambiental accesoria.
Discusión/Conclusiones
La atención urgente a pacientes crónicos durante periodos de altas temperaturas obliga a ampliar la mirada más allá del episodio agudo. El golpe de calor y otras formas de enfermedad relacionada con el calor no solo representan un problema clínico inmediato, sino también un indicador de vulnerabilidad que puede pasar inadvertido si la asistencia se limita a la resolución sintomática. Desde esta perspectiva, la educación sanitaria breve adquiere valor como intervención de prevención secundaria y como herramienta de calidad asistencial.
La principal fortaleza de una estrategia estructurada reside en su capacidad para reducir la variabilidad. En muchos servicios, el consejo preventivo depende de la sensibilidad individual del profesional, del tiempo disponible o de la visibilidad del riesgo. Esto favorece omisiones, especialmente en pacientes que no consultan de manera explícita por golpe de calor, pero sí presentan factores predisponentes o cuadros compatibles con deshidratación y descompensación. Incorporar un cribado enfermero sencillo y un mensaje común permite mejorar consistencia sin convertir la práctica en un procedimiento rígido.
No obstante, la mejora solo será útil si se adapta al contexto real del servicio. Urgencias es un entorno de alta complejidad, con prioridades cambiantes y gran presión asistencial. Por ello, las propuestas extensas o muy burocratizadas tienen escasa probabilidad de consolidarse. Resulta más razonable optar por herramientas breves, contenidos esenciales y registros simples, integrados en el flujo habitual del trabajo. El objetivo no es añadir tareas desvinculadas de la asistencia, sino convertir la prevención educativa en una prolongación natural de la valoración y del alta segura.
Otro aspecto relevante es la individualización. Los pacientes crónicos no constituyen un grupo homogéneo. Las recomendaciones sobre hidratación, actividad o adaptación de rutinas deben interpretarse a la luz de cada situación clínica. La intervención educativa, por tanto, no debe formularse como un conjunto de instrucciones universales e invariables, sino como una orientación comprensible, prudente y coherente con el plan asistencial establecido. La participación de cuidadores puede ser decisiva cuando existen deterioro cognitivo, dependencia funcional o dificultades de comprensión.
Desde el punto de vista de la seguridad del paciente, esta propuesta puede contribuir a identificar situaciones de especial fragilidad que de otro modo quedarían infravaloradas: personas que viven solas, pacientes con capacidad limitada para ingerir líquidos, usuarios con escasa percepción de sed, dependencia para desplazarse o dificultades para modificar el ambiente doméstico. Detectar estos elementos en urgencias no resuelve por sí mismo el problema, pero permite reforzar la educación, planificar la continuidad y anticipar riesgos tras el alta.
También debe señalarse que la efectividad de la mejora no puede darse por supuesta sin seguimiento local. Los indicadores de proceso y la revisión periódica de la práctica son necesarios para conocer su implantación real, detectar barreras y redefinir contenidos. El interés de esta propuesta no está en presentar resultados cuantificados no medidos, sino en ofrecer un marco operativo razonable para incorporar prevención y seguridad en un ámbito donde ambas dimensiones suelen competir con la urgencia de lo inmediato.
En síntesis, reforzar la prevención educativa del golpe de calor en pacientes crónicos atendidos en urgencias puede mejorar la calidad del cuidado cuando se basa en identificación precoz de vulnerabilidad, comunicación clara, participación de cuidadores, documentación mínima y coordinación con la continuidad asistencial. Enfermería dispone de una posición estratégica para liderar esta mejora y convertir una intervención breve en una medida relevante de protección clínica durante periodos de calor.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.
Financiación
Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.
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