Improving the use of non-pharmacological strategies for chronic pain during rehabilitation
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:350
Autor principal (primer firmante): Víctor Ramírez Ponce
Fecha recepción: 09/08/26
Fecha aceptación: 31/08/26
Fecha de publicación: 08/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):350
Autores:
Víctor Ramírez Ponce
Alicia Martín Salas
Noelia Prieto Guzmán
Rubén Castro Peña
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Seguridad del paciente; Mejora de la calidad; Ejercicio terapéutico; Calidad de vida; Autonomía personal; Rehabilitación; Afrontamiento; Entrenamiento; Dolor crónico; Actividades de la vida diaria
Keywords: Patient Safety; Quality Improvement; Exercise Therapy; Quality of Life; Personal Autonomy; Rehabilitation; Adaptation, Psychological; Training; Chronic Pain; Activities of Daily Living
Resumen
Introducción: El dolor crónico constituye un motivo frecuente de limitación funcional en los procesos de rehabilitación y puede condicionar la tolerancia al ejercicio, la participación del paciente y la continuidad del tratamiento. Aunque el abordaje farmacológico forma parte del manejo clínico, en la práctica asistencial se observa con frecuencia una integración desigual de estrategias no farmacológicas, a pesar de su interés para favorecer el afrontamiento, la autonomía y el desempeño en actividades de la vida diaria.
Objetivos: Proponer una intervención de mejora de calidad orientada a incrementar el uso estructurado, seguro e individualizado de estrategias no farmacológicas en personas con dolor crónico atendidas en rehabilitación, definiendo el papel de Enfermería, los elementos organizativos básicos y los indicadores de seguimiento.
Metodología: Se plantea una propuesta de mejora de proceso aplicable a consultas y unidades de rehabilitación. El enfoque se centra en la detección de puntos de variabilidad asistencial, la estandarización de la valoración enfermera, la incorporación de educación terapéutica y entrenamiento en autocuidado, y el seguimiento mediante indicadores cualitativos y de proceso, sin asumir resultados cuantitativos previos.
Resultados: La intervención propuesta incluye valoración inicial del dolor y su impacto funcional, identificación de barreras para la participación, información coherente entre profesionales, entrenamiento en técnicas de respiración y relajación, dosificación de actividad, higiene del sueño, conservación de energía, ejercicio terapéutico supervisado y refuerzo del afrontamiento adaptativo. Se describen barreras habituales, facilitadores organizativos e indicadores de calidad centrados en registro, adherencia, experiencia del paciente y continuidad asistencial.
Discusión/Conclusiones: La incorporación sistemática de estrategias no farmacológicas puede contribuir a una atención más segura, centrada en la persona y orientada a la funcionalidad. Su utilidad depende de la individualización clínica, la coordinación interdisciplinar y la consistencia del mensaje terapéutico. Enfermería ocupa una posición relevante en la valoración continuada, la educación sanitaria, el acompañamiento y la evaluación de resultados funcionales.
Abstract
Introduction: Chronic pain is a frequent source of functional limitation in rehabilitation settings and may reduce tolerance to exercise, patient participation, and continuity of care. Although pharmacological management is often part of treatment, non-pharmacological strategies are not always integrated in a consistent way, despite their potential contribution to coping, autonomy, and performance in daily activities.
Objectives: To propose a quality improvement intervention aimed at increasing the structured, safe, and individualized use of non-pharmacological strategies in people with chronic pain undergoing rehabilitation, while defining the nursing role, key organizational elements, and follow-up indicators.
Methodology: A process improvement proposal for rehabilitation clinics and units is presented. The approach focuses on identifying care variability, standardizing nursing assessment, incorporating therapeutic education and self-management training, and monitoring implementation through qualitative and process indicators, without assuming prior quantitative outcomes.
Results: The proposed intervention includes initial assessment of pain and its functional impact, identification of barriers to participation, consistent information across professionals, training in breathing and relaxation techniques, activity pacing, sleep hygiene, energy conservation, supervised exercise therapy, and reinforcement of adaptive coping. Common barriers, organizational facilitators, and quality indicators related to documentation, adherence, patient experience, and continuity of care are described.
Discussion/Conclusions: Systematic integration of non-pharmacological strategies may support safer, person-centred, and function-oriented care. Their usefulness depends on clinical individualization, interdisciplinary coordination, and consistent therapeutic messaging. Nursing has a relevant role in ongoing assessment, health education, therapeutic support, and evaluation of functional outcomes.
Introducción
El dolor crónico en el ámbito de la rehabilitación plantea una situación asistencial compleja. No solo se relaciona con la persistencia del síntoma doloroso, sino también con alteraciones del sueño, disminución de la movilidad, temor al movimiento, interferencia en las actividades cotidianas y desgaste emocional. Todo ello puede limitar la implicación de la persona en el programa rehabilitador y generar respuestas de evitación que afectan al pronóstico funcional.
En este contexto, la seguridad del paciente no debe interpretarse únicamente como prevención de eventos adversos vinculados a tratamientos o procedimientos. También comprende la reducción de prácticas inconsistentes, la evitación de mensajes contradictorios, la detección de barreras que dificultan el autocuidado y la promoción de intervenciones proporcionadas al estado funcional de cada persona. Desde esta perspectiva, el uso de estrategias no farmacológicas adquiere interés como parte de un abordaje más amplio y coherente del dolor crónico.
Las estrategias no farmacológicas pueden incluir educación sobre dolor, técnicas de respiración y relajación, dosificación de actividad, pautas de conservación de energía, ejercicio terapéutico adaptado, entrenamiento en hábitos de sueño y apoyo al afrontamiento. Su empleo no sustituye la valoración clínica ni el tratamiento prescrito, pero puede complementar el abordaje habitual y mejorar la experiencia asistencial cuando se aplica de forma estructurada, comprensible y adaptada a la situación funcional.
En la práctica diaria persisten varios problemas. No todos los pacientes reciben la misma información; la enseñanza puede depender del profesional o del momento del proceso; algunas recomendaciones se ofrecen de forma aislada, sin seguimiento; y con frecuencia se prioriza el control inmediato del dolor sobre el entrenamiento en habilidades de autocuidado. Esta variabilidad reduce la consistencia terapéutica y puede generar frustración, baja adherencia o expectativas poco realistas.
La Enfermería de rehabilitación se encuentra en una posición especialmente adecuada para identificar estas discontinuidades. La valoración continuada, la observación del desempeño funcional, la relación terapéutica y la educación sanitaria permiten detectar cómo el dolor afecta a la persona en su vida diaria, qué estrategias utiliza, cuáles evita y qué apoyos necesita para participar de manera más segura en el proceso rehabilitador. Además, la mirada enfermera facilita integrar el control de síntomas con la autonomía personal y la capacidad para realizar actividades de la vida diaria.
Plantear una mejora de calidad en este ámbito supone ordenar la intervención, compartir criterios básicos entre profesionales y hacer visible que el tratamiento no farmacológico requiere planificación, entrenamiento y evaluación. No se trata de añadir recomendaciones dispersas, sino de incorporar un componente asistencial reconocible, registrable y revisable dentro del circuito de rehabilitación.
Objetivos
El objetivo general es diseñar una propuesta de mejora de calidad dirigida a optimizar el uso de estrategias no farmacológicas en personas con dolor crónico atendidas durante procesos de rehabilitación, con especial atención a la seguridad, la funcionalidad y la autonomía.
Como objetivos específicos se plantean los siguientes:
- Homogeneizar la valoración enfermera inicial del dolor y de su repercusión sobre la movilidad, el sueño, el afrontamiento y las actividades de la vida diaria.
- Favorecer una información terapéutica coherente entre los distintos profesionales implicados en el proceso rehabilitador.
- Incorporar de forma sistemática educación sanitaria y entrenamiento práctico en estrategias no farmacológicas ajustadas a la situación clínica y funcional.
- Mejorar la participación activa del paciente en el tratamiento mediante objetivos realistas, comprensibles y revisables.
- Disponer de indicadores de proceso que permitan valorar implantación, continuidad asistencial y experiencia percibida por la persona atendida.
- Reforzar el papel de Enfermería en la detección de barreras, la enseñanza de autocuidados y el seguimiento de la adherencia al plan rehabilitador.
Metodología
Se desarrolla una propuesta de mejora asistencial orientada a unidades y consultas de rehabilitación que atienden a personas adultas con dolor crónico de diversa etiología, siempre dentro del marco de la valoración clínica individual y de los protocolos del centro. El planteamiento parte de un análisis cualitativo del proceso habitual de atención, identificando áreas en las que la intervención no farmacológica puede aparecer de manera fragmentada, tardía o poco coordinada.
La propuesta se organiza en cuatro ejes: valoración enfermera estructurada, intervención educativa y entrenamiento, coordinación interdisciplinar y seguimiento con indicadores de calidad. No se presenta como protocolo cerrado, sino como una guía organizativa adaptable al contexto asistencial, al perfil de pacientes y a la disponibilidad de recursos.
Ámbito de aplicación
El modelo puede aplicarse en rehabilitación ambulatoria, hospitalaria o sociosanitaria cuando exista un componente de dolor persistente que interfiera en la recuperación funcional. Resulta especialmente útil en personas que muestran temor al movimiento, baja tolerancia al esfuerzo, dependencia progresiva para actividades de la vida diaria, dificultades para sostener rutinas de ejercicio o uso limitado de estrategias de afrontamiento.
Elementos de valoración inicial
La valoración enfermera debe contemplar la experiencia subjetiva del dolor y su repercusión práctica. Más que limitarse a la intensidad referida, interesa explorar cuándo aparece, qué actividades lo desencadenan o agravan, cómo condiciona el descanso, qué temores genera y de qué manera influye en la participación en el plan de rehabilitación. También conviene conocer expectativas, creencias sobre el movimiento, experiencias previas con tratamientos y red de apoyo familiar o social.
En esta fase es recomendable registrar:
- Interferencia del dolor en marcha, transferencias, autocuidado y tareas domésticas.
- Patrones de evitación de actividad o sobreesfuerzo intermitente.
- Calidad del sueño y presencia de fatiga diurna.
- Estrategias de alivio ya utilizadas por la persona.
- Necesidades educativas y capacidad para comprender y aplicar indicaciones.
- Factores emocionales que puedan modular la vivencia del dolor y la adherencia.
Diseño de la intervención de mejora
La intervención propuesta se apoya en un circuito asistencial sencillo. Tras la valoración inicial, Enfermería identifica necesidades prioritarias y acuerda con el paciente objetivos funcionales alcanzables a corto plazo. Estos objetivos se traducen en un plan de entrenamiento en estrategias no farmacológicas, integrado con las sesiones de rehabilitación y revisado de forma periódica.
El diseño contempla materiales educativos comprensibles, mensajes consistentes entre profesionales, registro de las estrategias enseñadas y revisión sucesiva de la aplicación real en domicilio o durante la actividad diaria. La mejora de calidad no depende solo de impartir información, sino de comprobar que la persona entiende qué hacer, cuándo hacerlo y con qué finalidad.
Indicadores de seguimiento
Al no disponerse de datos previos cuantificados, se proponen indicadores de proceso y de resultado clínico percibido que pueden adaptarse a cada centro. Entre ellos destacan:
- Proporción de pacientes con registro de valoración del impacto funcional del dolor.
- Registro de educación sanitaria sobre estrategias no farmacológicas.
- Presencia de objetivos funcionales individualizados en el plan de cuidados.
- Revisión documentada de adherencia, dificultades y ajustes del plan.
- Percepción del paciente sobre utilidad, comprensión y aplicabilidad de las recomendaciones.
- Observación clínica de participación en ejercicio terapéutico y actividades de autocuidado.
Estos indicadores no sustituyen la evaluación clínica global, pero permiten conocer si la estrategia se ha incorporado realmente al proceso asistencial.
Resultados
La propuesta de mejora se concreta en un conjunto de actuaciones integradas que buscan reducir la variabilidad asistencial y fortalecer la continuidad del cuidado. Su principal resultado esperado es que las estrategias no farmacológicas dejen de aparecer como recomendaciones ocasionales y pasen a formar parte del itinerario terapéutico habitual del paciente con dolor crónico en rehabilitación.
Valoración enfermera orientada a la funcionalidad
La primera mejora consiste en desplazar el foco desde una lectura exclusivamente sintomática del dolor hacia una valoración funcional y contextual. Esto permite diferenciar situaciones en las que la principal limitación es la evitación del movimiento, el desacondicionamiento, la alteración del sueño, la sobrecarga por mala dosificación de actividad o la escasez de recursos de afrontamiento.
Desde la práctica enfermera, esta valoración ofrece una base más útil para planificar intervenciones. Un paciente que limita la marcha por miedo al aumento del dolor no requiere el mismo abordaje que otro que alterna periodos de inactividad con episodios de sobreesfuerzo. Del mismo modo, la persona con sueño no reparador y fatiga mantenida puede beneficiarse de medidas específicas orientadas a regular rutinas y distribuir la actividad a lo largo del día.
Educación sanitaria estructurada y coherente
Una segunda línea de mejora consiste en organizar la educación sanitaria en mensajes simples, repetibles y consistentes. En lugar de ofrecer consejos aislados, se propone una secuencia educativa breve, acumulativa y adaptada al ritmo del paciente. Los contenidos básicos pueden incluir explicación comprensible de la relación entre dolor persistente y limitación funcional, sentido del ejercicio terapéutico, importancia de evitar tanto el reposo excesivo como la sobrecarga, y utilidad de entrenar técnicas de alivio no farmacológico.
El papel de Enfermería es especialmente relevante para traducir las recomendaciones a la vida cotidiana. No basta con indicar que la persona “debe moverse”; conviene acordar cómo integrar la actividad en el domicilio, cómo fraccionar tareas, qué señales obligan a detenerse y cuándo una molestia tolerable puede formar parte del proceso de readaptación. Esta clarificación reduce incertidumbre y puede favorecer la adherencia.
Entrenamiento en estrategias no farmacológicas
Entre las estrategias que pueden incorporarse de forma estructurada destacan las siguientes:
- Respiración controlada y relajación: útiles como apoyo para modular tensión muscular, ansiedad anticipatoria y sensación de desbordamiento antes o después del ejercicio.
- Dosificación de actividad: planificación de periodos de esfuerzo y descanso para evitar el patrón de sobrecarga-secuela de dolor-inactividad.
- Ejercicio terapéutico adaptado: realización progresiva, supervisada e individualizada, integrada en el programa rehabilitador.
- Higiene del sueño: revisión de hábitos que interfieren en el descanso y establecimiento de rutinas compatibles con el estado funcional.
- Conservación de energía y simplificación de tareas: priorización de actividades, uso de pausas y organización del entorno para reducir sobreesfuerzo innecesario.
- Afrontamiento adaptativo: identificación de pensamientos desalentadores, refuerzo de logros funcionales y orientación hacia metas alcanzables.
Estas medidas deben enseñarse, practicarse y revisarse. Su valor clínico disminuye si se entregan como lista cerrada de recomendaciones sin entrenamiento ni seguimiento. La propuesta contempla que Enfermería compruebe la ejecución, explore dificultades y reformule indicaciones cuando sea necesario.
Integración con el equipo interdisciplinar
La mejora no puede sostenerse únicamente desde una consulta aislada. Requiere coordinación entre profesionales para evitar mensajes dispares sobre reposo, esfuerzo, expectativas de recuperación o manejo del dolor durante las sesiones. Cuando la información se ofrece de forma incoherente, el paciente puede interpretar que el dolor es señal de daño inminente, abandonar el ejercicio o adoptar conductas de excesiva cautela.
La coordinación efectiva se apoya en criterios compartidos: lenguaje comprensible, objetivos funcionales consensuados y registro visible de las estrategias enseñadas. Enfermería puede actuar como nexo entre la prescripción terapéutica, la respuesta observada durante las sesiones y las dificultades que emergen en el entorno domiciliario.
Seguridad del paciente y prevención de prácticas inadecuadas
El enfoque de seguridad obliga a vigilar varios riesgos. Entre ellos se encuentran la banalización del dolor persistente, la transmisión de mensajes que culpabilizan al paciente si no mejora, la indicación de ejercicios no ajustados a la capacidad funcional, o la recomendación indiscriminada de técnicas que la persona no comprende o no puede aplicar. También es necesario evitar que la estrategia no farmacológica se perciba como sustitución automática de otras medidas clínicas necesarias.
Por ello, la propuesta incluye reevaluación periódica, adaptación del plan y derivación o consulta con otros profesionales cuando la evolución funcional, la intensidad del sufrimiento o la aparición de nuevos signos así lo aconsejen. La educación sanitaria debe ser realista: orientada a mejorar el manejo del proceso, no a prometer desaparición completa del dolor.
Barreras identificables en la implantación
La implantación de esta mejora puede verse dificultada por limitaciones de tiempo, heterogeneidad de criterios entre profesionales, falta de materiales docentes, escaso espacio para el seguimiento o tendencia a priorizar exclusivamente la intervención técnica. También influyen la baja motivación inicial, las expectativas centradas solo en el alivio inmediato y ciertas creencias de evitación del movimiento muy arraigadas.
Desde la organización, otra barrera frecuente es la ausencia de registro específico. Cuando no queda documentado qué estrategia se ha enseñado, con qué objetivo y qué respuesta ha mostrado la persona, la continuidad se debilita y el abordaje depende del recuerdo individual de cada profesional.
Facilitadores para la mejora
Entre los facilitadores destacan la existencia de circuitos de acogida o valoración inicial, sesiones educativas breves incorporadas a la rutina asistencial, documentos de apoyo con lenguaje claro, reuniones de coordinación y registro compartido. También ayuda que el equipo formule metas funcionales concretas, por ejemplo relacionadas con tolerancia a la marcha, autocuidado básico, descanso nocturno o capacidad para sostener tareas del hogar sin sobrecarga relevante.
La relación terapéutica es, además, un facilitador esencial. Los pacientes con dolor crónico suelen llegar a rehabilitación tras itinerarios prolongados y, en ocasiones, con sensación de incomprensión o cansancio terapéutico. Una comunicación enfermera basada en escucha activa, validación del malestar y orientación práctica puede mejorar la disposición al entrenamiento y a la reevaluación progresiva.
Indicadores útiles para valorar la implantación
Los resultados de la mejora deben observarse sobre todo en la calidad del proceso asistencial. Entre los indicadores cualitativos y de seguimiento resultan de interés la presencia de una valoración funcional inicial completa, la constancia documental de las estrategias enseñadas, la revisión periódica de su aplicación, la participación del paciente en la fijación de objetivos y la percepción de utilidad de las recomendaciones en su vida diaria.
Junto a ello, puede valorarse clínicamente si el paciente incrementa su implicación en el ejercicio terapéutico, muestra mayor capacidad para dosificar esfuerzos, expresa mejor comprensión del plan rehabilitador o refiere menor interferencia del dolor en determinadas actividades. Estos cambios deben interpretarse con prudencia y siempre en relación con el conjunto del proceso clínico.
Discusión/Conclusiones
La mejora del uso de estrategias no farmacológicas en dolor crónico durante rehabilitación no depende tanto de incorporar técnicas nuevas como de ordenar la asistencia y convertir estas intervenciones en parte reconocible del cuidado. Cuando la educación sanitaria, el entrenamiento y el seguimiento quedan integrados en el proceso, el tratamiento gana coherencia y el paciente dispone de herramientas más útiles para participar activamente en su recuperación funcional.
Desde una perspectiva enfermera, el interés principal de esta propuesta reside en vincular el manejo del dolor con objetivos de autonomía, desempeño cotidiano y adaptación. El síntoma no se aborda de manera aislada, sino en relación con la marcha, el sueño, el descanso, la tolerancia al ejercicio, el temor al movimiento y la capacidad para sostener las actividades de la vida diaria. Esta mirada amplia permite priorizar necesidades reales y ajustar mejor el acompañamiento clínico.
También conviene subrayar que las estrategias no farmacológicas no son uniformemente aplicables ni generan la misma respuesta en todas las personas. Su implementación debe individualizarse según etiología, capacidad funcional, comorbilidad, contexto psicosocial y fase del proceso rehabilitador. Una intervención útil en un paciente autónomo con dolor persistente de moderada interferencia puede no ser suficiente en otro con deterioro funcional marcado, sufrimiento emocional intenso o escasa red de apoyo.
La coordinación interdisciplinar aparece como condición de éxito. Si el equipo transmite mensajes contradictorios sobre esfuerzo, reposo o expectativas, cualquier plan educativo pierde consistencia. En cambio, cuando existe un marco compartido y registrable, la experiencia del paciente suele ser más comprensible y menos fragmentada. En este punto, Enfermería contribuye de forma decisiva al conectar valoración, educación, observación clínica y seguimiento de la adherencia.
La propuesta presenta límites inherentes a su carácter organizativo. Su impacto final dependerá de la cultura asistencial del centro, del tiempo disponible, de la formación de los profesionales y de la posibilidad de mantener reevaluaciones sucesivas. Además, la mejoría funcional en dolor crónico responde a múltiples variables, por lo que no puede atribuirse de forma lineal a una única intervención. Aun así, estructurar el uso de estas estrategias puede favorecer una atención más segura, comprensible y centrada en la persona.
En síntesis, incorporar de forma sistemática estrategias no farmacológicas durante la rehabilitación puede contribuir a mejorar la calidad del cuidado en personas con dolor crónico. Su valor práctico se sitúa en la combinación de información consistente, entrenamiento realista, objetivos funcionales y seguimiento continuado. Este marco refuerza la autonomía, apoya el afrontamiento y hace más visible la aportación enfermera a la recuperación funcional y a la seguridad del paciente.
Conflicto de intereses
Los autores manifiestan que no existe ningún conflicto de intereses que haya podido influir en el contenido del presente trabajo.
Financiación
La elaboración de este artículo no contó con financiación externa pública ni privada.
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