Participación parental en cuidados de recién nacido prematuro estable

Parental participation in the care of a stable preterm newborn

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:111

Autor principal (primer firmante): Eva Sánchez Domínguez

Fecha recepción: 21/06/26

Fecha aceptación: 17/07/26

Fecha de publicación: 23/07/26

Ref.: CADICE. 2026;1(7):111

Autores:
Eva Sánchez Domínguez
Óscar Romero Gil
Silvia Cano Morales
Marcos Vidal Nieto
Lorena Pardo Sáez

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Proceso de Enfermería; Salud materno-infantil; Puerperio; Unidad neonatal; Cuidados centrados en la familia; Prematuro; Enfermería obstétrica; Cuidados de Enfermería; Lactancia materna; Participación parental

Keywords: Nursing Process; Maternal-Child Health Services; Postpartum Period; Neonatal Intensive Care Units; Family-Centered Care; Infant, Premature; Obstetric Nursing; Nursing Care; Breast Feeding; Parent Participation

Resumen

Introducción: La atención al recién nacido prematuro estable en unidad neonatal ha evolucionado hacia modelos asistenciales en los que la familia participa de forma progresiva en los cuidados. En este marco, la Enfermería desempeña una función central al valorar la situación clínica del neonato, las necesidades de los progenitores en el puerperio y las condiciones que facilitan una implicación segura, informada y emocionalmente sostenible.

Objetivos: Describir el abordaje enfermero ante una situación clínica de prematuro estable en la que se promueve la participación parental en los cuidados cotidianos, identificar necesidades de valoración prioritarias y analizar intervenciones orientadas a la vinculación, la adquisición de competencias y la continuidad asistencial.

Metodología: Se expone una situación clínica del ámbito hospitalario estructurada mediante el proceso de Enfermería. El análisis integra valoración del recién nacido y de sus progenitores, identificación de problemas de cuidados, planificación de intervenciones, seguimiento evolutivo y preparación del alta desde un enfoque centrado en la familia.

Resultados: La participación parental se incorporó de manera gradual en actividades como contacto piel con piel, higiene, confort, observación de signos de estabilidad, apoyo a la alimentación y organización de rutinas. La actuación enfermera combinó vigilancia clínica, educación sanitaria, acompañamiento emocional y adaptación del nivel de participación a la capacidad real de la familia. La evolución fue favorable, con mayor seguridad percibida por los progenitores, mejor integración en los cuidados diarios y preparación progresiva para la transición al domicilio.

Discusión/Conclusiones: La implicación parental en el cuidado del prematuro estable puede contribuir a humanizar la asistencia, reforzar el vínculo y favorecer la continuidad de cuidados tras el alta, siempre que se apoye en valoración clínica continuada, supervisión profesional y adecuación al estado del neonato y de la familia. La Enfermería neonatal y obstétrica ocupa una posición estratégica para articular este proceso, detectar barreras y sostener una participación segura y realista.

Abstract

Introduction: Care for the clinically stable premature newborn in the neonatal unit has progressively moved towards family participation models. Within this framework, nursing plays a key role in assessing neonatal status, parental needs during the postpartum period, and the conditions that enable safe, informed and emotionally sustainable involvement.

Objectives: To describe a nursing approach to a clinical situation involving a stable premature infant in which parental participation in everyday care is promoted, to identify priority assessment needs, and to analyse interventions aimed at bonding, skill acquisition and continuity of care.

Methodology: A hospital-based clinical situation is presented and organised according to the nursing process. The analysis includes assessment of the newborn and parents, identification of care needs, care planning, follow-up and discharge preparation from a family-centred perspective.

Results: Parental participation was progressively incorporated into activities such as skin-to-skin contact, hygiene, comfort measures, observation of stability signs, feeding support and daily care routines. Nursing care combined clinical surveillance, health education, emotional support and adaptation of parental involvement to the family’s actual abilities. The course was favourable, with increased parental confidence, better integration into daily care and gradual preparation for home transition.

Discussion/Conclusions: Parental involvement in the care of the stable premature infant may help humanise care, strengthen bonding and support continuity after discharge, provided that it is based on ongoing clinical assessment, professional supervision and adjustment to both neonatal condition and family circumstances. Neonatal and obstetric nursing are strategically positioned to coordinate this process, identify barriers and sustain safe, meaningful participation.

Introducción

El nacimiento pretérmino introduce con frecuencia una interrupción brusca de las expectativas parentales en torno al puerperio y al inicio de la crianza. La hospitalización neonatal, incluso cuando el recién nacido mantiene estabilidad clínica, modifica los tiempos habituales de contacto, altera la construcción temprana del rol parental y sitúa a la familia en un entorno tecnificado en el que la observación continua y la prudencia clínica condicionan cualquier interacción. En ese escenario, la participación de los progenitores en los cuidados no constituye solo una medida de acompañamiento, sino un componente asistencial con relevancia para la adaptación familiar y la continuidad del cuidado.

El recién nacido prematuro estable suele requerir supervisión por inmadurez fisiológica, dificultades de alimentación, termorregulación vulnerable y necesidad de seguimiento del crecimiento y la tolerancia a los cuidados. Sin embargo, la estabilidad clínica abre la posibilidad de integrar progresivamente a madre y padre en actividades cotidianas que anteriormente quedaban reservadas al profesional. Este proceso debe manejarse con criterio enfermero, ya que no toda participación es equivalente ni todos los momentos del puerperio permiten el mismo grado de implicación.

Desde la perspectiva de los cuidados centrados en la familia, la unidad neonatal deja de concebir a los progenitores como visitantes y los reconoce como cuidadores principales en desarrollo. Esto exige reorganizar la relación terapéutica: informar de forma comprensible, negociar tiempos, observar la respuesta emocional, detectar temor o fatiga y graduar la enseñanza según la capacidad de aprendizaje y el estado clínico del neonato. La participación parental no se limita a ejecutar tareas; implica comprender el significado de los cuidados, reconocer signos de confort o inestabilidad y adquirir confianza para el manejo futuro en domicilio.

La Enfermería neonatal ocupa una posición privilegiada para facilitar esta transición. Su presencia continuada junto al recién nacido y la familia permite valorar no solo parámetros clínicos, sino también conductas de interacción, disponibilidad emocional, tolerancia al contacto, dificultades prácticas con la lactancia y necesidades educativas. Del mismo modo, la coordinación con Enfermería obstétrica resulta especialmente pertinente cuando la madre se encuentra todavía en puerperio inmediato o reciente, con recuperación física en curso, posible dolor, cansancio y reajuste emocional tras un parto adelantado.

En la práctica diaria, la incorporación de los progenitores a los cuidados puede generar dudas sobre qué actividades delegar, cómo supervisarlas y cuándo aumentar o reducir su participación. También pueden aparecer tensiones entre la necesidad de promover autonomía y la obligación de preservar la seguridad clínica. Por ello, el proceso debe sustentarse en valoración individualizada, comunicación clara y objetivos de cuidado realistas, evitando tanto la sobreprotección profesional como la exigencia prematura a la familia.

El interés del presente trabajo reside en mostrar, desde una situación clínica habitual de unidad neonatal, cómo la participación parental puede organizarse mediante el proceso de Enfermería, identificando necesidades de cuidado del recién nacido prematuro estable y de sus progenitores, así como intervenciones orientadas a la vinculación, la competencia cuidadora y la preparación para el alta.

Objetivos

Describir el abordaje enfermero en una situación clínica de recién nacido prematuro estable en la que se promueve la participación parental en los cuidados durante el ingreso neonatal.

Como objetivos específicos se plantean los siguientes:

  • Valorar las necesidades clínicas y de cuidados del recién nacido prematuro estable en relación con su tolerancia a la manipulación, la alimentación, el descanso y la termorregulación.
  • Identificar factores familiares y del puerperio que influyen en la participación parental, incluyendo disponibilidad emocional, conocimientos previos, temores y capacidad para asumir cuidados progresivos.
  • Planificar intervenciones enfermeras orientadas a la educación sanitaria, el acompañamiento emocional y la supervisión de cuidados cotidianos realizados por los progenitores.
  • Analizar la evolución de la participación parental y su repercusión en la seguridad percibida, el vínculo y la preparación para la continuidad asistencial tras el alta.

Metodología

Se desarrolla una situación clínica del ámbito hospitalario centrada en un recién nacido prematuro estable ingresado en unidad neonatal. El abordaje se organiza a partir del proceso de Enfermería, integrando valoración inicial, identificación de necesidades de cuidado, planificación de intervenciones, seguimiento y reevaluación. La exposición prioriza aspectos clínicos y relacionales de especial interés para la práctica asistencial.

La valoración enfermera contempla dos planos interdependientes. Por una parte, se consideran la estabilidad del neonato, su respuesta al contacto, la organización sueño-vigilia, el patrón de alimentación, la capacidad de autorregulación y la tolerancia a las rutinas de higiene y manipulación. Por otra, se analizan elementos familiares relevantes: estado físico y emocional de la madre en puerperio, presencia y disponibilidad del otro progenitor, interacción temprana con el recién nacido, expresión de miedos, habilidades observadas durante los cuidados y necesidad de información.

La planificación se basa en un modelo de cuidados centrados en la familia y en la progresión de actividades desde la observación guiada hacia la participación activa supervisada. Las intervenciones se seleccionan con criterios de seguridad clínica, adecuación al momento evolutivo y respeto al ritmo de aprendizaje de los progenitores. No se plantea un itinerario rígido, sino una secuencia adaptable según la respuesta del recién nacido y la capacidad de la familia.

Para la exposición de resultados se presenta una evolución clínica resumida del ingreso, con énfasis en la incorporación paulatina de la familia a los cuidados, las decisiones enfermeras adoptadas y los elementos que condicionan la preparación del alta. Se preserva un nivel de generalidad compatible con la confidencialidad y con la aplicabilidad práctica del análisis.

Resultados

Situación clínica y valoración inicial

Recién nacido pretérmino, de sexo masculino, identificado como R.N.M., ingresado en unidad neonatal tras nacimiento antes de término. Durante los primeros días de ingreso presenta evolución clínica estable, sin necesidad de soporte invasivo y con vigilancia dirigida a alimentación, mantenimiento térmico, organización del descanso y seguimiento de la tolerancia a los cuidados. Permanece en cuna térmica al inicio y posteriormente en condiciones de menor soporte ambiental, con buena respuesta global a la manipulación cuando esta se realiza de forma contenida y respetando los periodos de reposo.

La madre se encuentra en puerperio reciente, con recuperación física aceptable pero con cansancio marcado, llanto fácil e inseguridad al aproximarse al recién nacido. Expresa miedo a hacer daño al bebé por su tamaño y por la presencia de dispositivos habituales de monitorización. El padre muestra una actitud colaboradora, aunque verbaliza sensación de falta de competencia y dependencia del equipo para cualquier actividad de cuidado. Ambos acuden con frecuencia a la unidad y demandan información sobre cómo participar.

En la observación inicial se detecta vinculación afectiva presente, pero interferida por temor al manejo. Los progenitores tocan poco al recién nacido, preguntan antes de cada gesto y se sitúan con una actitud expectante frente al profesional. La madre manifiesta deseo de ofrecer leche materna, aunque refiere dificultades para integrar la extracción en el contexto emocional del ingreso y del puerperio. El equipo de Enfermería identifica como prioridades favorecer el contacto seguro, reducir la ansiedad relacionada con los cuidados y transformar la presencia parental en participación activa y progresiva.

Problemas de cuidados identificados

En relación con el recién nacido, se priorizan necesidades vinculadas al mantenimiento de la estabilidad fisiológica durante la manipulación, al apoyo de la alimentación, al confort y a la conservación de un entorno que reduzca la sobreestimulación. Aunque la evolución clínica es favorable, se considera necesario que cualquier actividad realizada por los progenitores se ajuste al estado de alerta del neonato y a su tolerancia observada.

Respecto a la familia, se identifican manifestaciones compatibles con ansiedad situacional, inseguridad en el desempeño del rol parental y necesidad de aprendizaje para el manejo cotidiano del prematuro estable. Se observa, además, riesgo de participación desigual entre ambos progenitores si la enseñanza se dirige solo a la madre, así como posible sobrecarga emocional en el contexto del puerperio. Estas necesidades orientan un plan de cuidados centrado tanto en la situación clínica del recién nacido como en la capacitación gradual de sus cuidadores principales.

Planificación enfermera

Se acuerda un plan progresivo con objetivos concretos a corto plazo: aumentar el tiempo de contacto significativo con el recién nacido, facilitar la participación supervisada en medidas de confort e higiene básica, iniciar o reforzar el contacto piel con piel cuando la situación clínica lo permita, apoyar la instauración de la lactancia materna o de la alimentación con leche materna extraída según tolerancia, y mejorar la seguridad percibida por los progenitores en la observación de signos de bienestar y de posible desorganización.

El plan incluye una secuencia educativa basada en demostración, práctica supervisada y retroalimentación inmediata. Se evita proporcionar gran cantidad de información en una sola sesión, priorizando mensajes breves y repetidos en distintos momentos del día. El equipo enfermero procura mantener coherencia en las indicaciones para evitar mensajes contradictorios, aspecto especialmente relevante en familias con alta necesidad de control y confirmación.

Intervenciones durante el ingreso

La primera línea de intervención se centra en la acogida y en la reformulación del papel parental dentro de la unidad. Enfermería explica de manera comprensible el estado de estabilidad del recién nacido, las precauciones básicas durante la manipulación y aquellas actividades en las que la familia puede participar desde el inicio. Esta información reduce la percepción de fragilidad extrema y ayuda a desplazar la idea de que cualquier contacto puede resultar perjudicial.

Posteriormente se inicia participación guiada en cuidados de baja complejidad: contención manual durante procedimientos menores, cambio de pañal, colocación de ropa, higiene oral básica y observación de señales del neonato antes y después de la manipulación. Se enseña a reconocer expresiones de confort, sueño, estrés y cansancio, así como la conveniencia de agrupar cuidados para respetar los periodos de descanso.

El contacto piel con piel se introduce como actividad prioritaria, ajustando duración y frecuencia a la tolerancia del recién nacido y a la situación física de la madre. En los primeros encuentros, la presencia continuada de Enfermería resulta necesaria para orientar la postura, vigilar el confort, resolver dudas y ayudar a los progenitores a interpretar la respuesta del neonato. Con el paso de los días, ambos progenitores realizan esta práctica con menor necesidad de supervisión directa.

En el ámbito de la alimentación, la intervención enfermera se dirige a sostener el proyecto de lactancia sin convertirlo en una fuente adicional de presión. Se explica la importancia de preservar la producción láctea cuando la succión directa todavía no es eficaz o no puede mantenerse de forma continuada, se revisa la técnica de extracción y conservación según las posibilidades de la unidad y se acompaña a la madre en la observación de señales de disposición del recién nacido para tomas progresivas. Cuando la alimentación requiere apoyo adicional, se enseña a la familia a participar respetando el ritmo del neonato y evitando maniobras que aumenten la fatiga.

De forma paralela, se aborda el componente emocional. La madre verbaliza sentimientos de culpa por el parto adelantado y frustración por no poder iniciar la crianza como había previsto. El padre expresa que su función queda a menudo relegada a acompañar sin saber cómo ayudar. Enfermería crea espacios breves de escucha, valida las emociones sin banalizarlas e incorpora activamente al padre a las tareas de cuidado, evitando que la participación parental se identifique exclusivamente con la madre lactante. Esta decisión favorece una distribución más equilibrada de responsabilidades y refuerza el sentimiento de competencia compartida.

La intervención también incluye educación para la observación clínica básica. Sin trasladar a la familia una responsabilidad propia de la vigilancia profesional, se les enseña a identificar signos sencillos relacionados con coloración, esfuerzo durante la alimentación, respuesta al contacto, tolerancia al cambio postural y necesidad de descanso. El objetivo no es convertir a los progenitores en monitores clínicos, sino dotarles de herramientas de lectura del comportamiento del prematuro estable útiles para el periodo posterior al alta.

Evolución y transición al alta

A lo largo del ingreso se observa una transformación progresiva del comportamiento parental. La madre pasa de un contacto temeroso y breve a sostener periodos de piel con piel con mayor serenidad, participa en la alimentación según las posibilidades del recién nacido y verbaliza mejor comprensión de sus ritmos. El padre incrementa su implicación en cambios posturales, higiene, vestido y organización del entorno inmediato, mostrando iniciativa y menor dependencia de la confirmación continua del profesional.

El recién nacido mantiene estabilidad general y buena tolerancia a la participación de sus progenitores cuando las actividades se realizan de forma ordenada y respetando las señales de cansancio. Se aprecia mejor coordinación familiar en los cuidados y una interacción más espontánea: ambos progenitores hablan al bebé, anticipan maniobras, buscan posturas de confort y solicitan aclaraciones específicas en lugar de mostrar inseguridad global.

En la fase previa al alta, Enfermería reorienta la intervención hacia la autonomía supervisada. Se revisan cuidados diarios, pautas generales de higiene, organización de las tomas, mantenimiento de la temperatura, observación del descanso y criterios para consultar ante cambios clínicos o dificultades en la alimentación. También se abordan expectativas realistas del domicilio, la necesidad de apoyo familiar y la conveniencia de coordinar la continuidad asistencial con los recursos de seguimiento neonatal y de atención primaria según la organización del entorno.

Al cierre del proceso, los progenitores manifiestan sentirse más capaces de cuidar a su hijo y menos intimidados por su condición de prematuridad. Persiste preocupación propia de la transición al domicilio, pero con menor componente de bloqueo y mayor capacidad para formular dudas concretas. Desde la valoración enfermera, la participación parental ha evolucionado desde una presencia pasiva hacia un rol cuidador activo, acompañado y compatible con la seguridad clínica del recién nacido estable.

Discusión/Conclusiones

La situación expuesta muestra que la participación parental en los cuidados del recién nacido prematuro estable no depende únicamente de la voluntad de la familia, sino de cómo el equipo enfermero organiza el entorno, comunica la información y convierte cada encuentro asistencial en una oportunidad de capacitación. La mera apertura de la unidad a la presencia de los progenitores no garantiza implicación efectiva. Para que la participación sea significativa, debe traducirse en experiencias concretas de cuidado, supervisadas y adaptadas al estado clínico del neonato y a la situación emocional del puerperio.

Uno de los hallazgos más relevantes desde la práctica enfermera es la necesidad de valorar simultáneamente al recién nacido y a sus progenitores. En ocasiones, un prematuro clínicamente estable convive con una familia muy insegura, exhausta o emocionalmente desbordada, lo que limita la posibilidad real de participación. En otras, la familia muestra alta disposición, pero el neonato tolera solo intervenciones breves y muy moduladas. El equilibrio entre ambas dimensiones exige observación continuada y flexibilidad en la planificación.

La participación parental adquiere especial valor cuando se entiende como proceso de aprendizaje relacional y no solo como transmisión de tareas. Cambiar un pañal, sostener al bebé en contacto piel con piel o colaborar en la alimentación no son actividades neutras: permiten que los progenitores construyan conocimiento corporal sobre su hijo, reconozcan sus señales y desarrollen confianza. Esta experiencia práctica puede facilitar la transición del hospital al domicilio, donde la supervisión profesional ya no es constante.

El caso también pone de manifiesto la importancia de integrar la realidad materna del puerperio en la planificación de cuidados. La recuperación física, la labilidad emocional, el cansancio y las expectativas frustradas tras un nacimiento pretérmino pueden interferir en la participación, incluso cuando existe fuerte deseo de implicarse. Del mismo modo, la inclusión activa del padre o de la otra figura cuidadora principal previene dinámicas de exclusión y contribuye a repartir la carga emocional y práctica del cuidado.

Desde el punto de vista organizativo, la coherencia del equipo resulta determinante. Mensajes discordantes sobre manipulación, alimentación o tiempos de contacto pueden aumentar la ansiedad y debilitar la confianza parental. Por ello, aunque la adaptación al caso individual es necesaria, conviene mantener líneas de actuación compartidas dentro del equipo de Enfermería y comunicación fluida con el resto de profesionales implicados en el cuidado neonatal.

La principal limitación de este tipo de abordaje radica en que la participación parental no puede plantearse como medida uniforme. Debe individualizarse según estabilidad clínica, condiciones de la unidad, disponibilidad de los progenitores, barreras idiomáticas o socioculturales y red de apoyo posterior. También requiere tiempo asistencial, competencia comunicativa y sensibilidad para detectar cuándo la familia necesita mayor presencia profesional y cuándo está preparada para asumir más autonomía.

Puede concluirse que la implicación de los progenitores en el cuidado del prematuro estable constituye una intervención enfermera de alto valor asistencial cuando se desarrolla con criterios de seguridad, progresión y acompañamiento. La Enfermería neonatal, en coordinación con la atención obstétrica y con los dispositivos de continuidad, puede favorecer que la familia pase de una vivencia de fragilidad y dependencia a un desempeño cuidador más seguro, vinculado y sostenible tras el alta hospitalaria.

Conflicto de intereses

Los autores declaran que no existen conflictos de intereses personales, profesionales o económicos relacionados con este trabajo.

Financiación

La realización de este trabajo no recibió ayudas económicas ni financiación institucional específica.

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