Homeless people and continuity of care: a review from the nursing perspective
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:192
Autor principal (primer firmante): Eva Sánchez Domínguez
Fecha recepción: 01/07/26
Fecha aceptación: 31/07/26
Fecha de publicación: 08/08/26
Ref.: CADICE. 2026;1(8):192
Autores:
Eva Sánchez Domínguez
Óscar Romero Gil
Silvia Cano Morales
Marcos Vidal Nieto
Lorena Pardo Sáez
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Vulnerabilidad social; Cuidados de Enfermería; Alfabetización en salud; Enfermería basada en la evidencia; Promoción de la salud; Personas sin hogar; Salud comunitaria; Participación comunitaria; Equidad en salud; Continuidad asistencial
Keywords: Social Vulnerability; Nursing Care; Health Literacy; Evidence-Based Nursing; Health Promotion; Homeless Persons; Community Health Nursing; Community Participation; Health Equity; Continuity of Patient Care
Resumen
Introducción: La experiencia de sinhogarismo se asocia a una elevada vulnerabilidad social y sanitaria, con trayectorias asistenciales frecuentemente fragmentadas. En este contexto, la continuidad de cuidados constituye un elemento relevante para reducir interrupciones en el seguimiento, favorecer el acceso a recursos y sostener intervenciones ajustadas a necesidades complejas.
Objetivos: Analizar, desde la perspectiva enfermera, los principales factores que condicionan la continuidad de cuidados en personas sin hogar y revisar líneas de actuación útiles en el ámbito comunitario, sociosanitario y asistencial.
Metodología: Se presenta una revisión teórica de carácter narrativo orientada a integrar aspectos clínicos, comunitarios y organizativos relacionados con el cuidado enfermero a personas en situación de sinhogarismo. El análisis se centra en vulnerabilidad social, acceso al sistema sanitario, alfabetización en salud, coordinación interprofesional y participación comunitaria.
Resultados: La continuidad asistencial en este grupo poblacional puede verse comprometida por barreras administrativas, dificultades de accesibilidad, inestabilidad residencial, experiencias previas de estigmatización, comorbilidad física y mental, consumo de sustancias, escasa adecuación de los circuitos asistenciales y limitada adaptación de la información sanitaria. La aportación enfermera incluye valoración integral, construcción de vínculo terapéutico, detección de necesidades no cubiertas, educación para la salud adaptada, apoyo al autocuidado, coordinación entre dispositivos y seguimiento flexible.
Discusión/Conclusiones: El abordaje enfermero de las personas sin hogar requiere una mirada centrada en equidad, accesibilidad y continuidad. Las intervenciones más útiles suelen ser aquellas que combinan competencia clínica, enfoque comunitario, trabajo intersectorial y respeto a la autonomía. Más que actuaciones aisladas, se precisan itinerarios de cuidados sostenidos, adaptables y sensibles a los determinantes sociales que atraviesan la enfermedad y el cuidado.
Abstract
Introduction: Homelessness is associated with marked social and health vulnerability, often leading to fragmented care pathways. In this setting, continuity of care is a relevant component to reduce follow-up disruption, improve access to services, and support interventions tailored to complex needs.
Objectives: To analyse, from a nursing perspective, the main factors affecting continuity of care in homeless persons and to review relevant lines of action in community, social, and healthcare settings.
Methodology: A narrative theoretical review was undertaken to integrate clinical, community, and organisational aspects related to nursing care for people experiencing homelessness. The analysis focused on social vulnerability, healthcare access, health literacy, interprofessional coordination, and community participation.
Results: Continuity of care in this population may be hindered by administrative barriers, accessibility problems, housing instability, previous experiences of stigma, physical and mental comorbidity, substance use, poor fit between care pathways and patient needs, and limited adaptation of health information. Nursing contributions include comprehensive assessment, therapeutic relationship building, identification of unmet needs, tailored health education, self-care support, coordination across services, and flexible follow-up.
Discussion/Conclusions: Nursing care for homeless persons requires an approach focused on equity, accessibility, and continuity. The most useful interventions are usually those combining clinical competence, community orientation, intersectoral work, and respect for autonomy. Rather than isolated actions, sustained and adaptable care pathways are needed, taking into account the social determinants shaping illness and care.
Introducción
La atención a personas sin hogar interpela de forma directa a la Enfermería por su relación con necesidades de salud complejas, problemas de acceso a los servicios y fuerte influencia de los determinantes sociales. La ausencia de una vivienda estable no constituye únicamente un problema residencial; suele acompañarse de precariedad económica, fragilidad de los apoyos sociales, exposición a violencia, dificultades administrativas, inseguridad alimentaria y trayectorias vitales marcadas por la discontinuidad. Todo ello repercute en la posibilidad real de mantener cuidados, comprender indicaciones, conservar tratamientos y sostener seguimientos clínicos.
Desde una perspectiva enfermera, la continuidad de cuidados no se limita a garantizar citas sucesivas. Implica mantener una relación terapéutica reconocible, compartir información útil entre dispositivos, adaptar las intervenciones a la situación vital de la persona y reducir las transiciones fallidas entre recursos sanitarios y sociales. En población sin hogar, este proceso resulta especialmente sensible, ya que los modelos asistenciales convencionales suelen presuponer estabilidad domiciliaria, disponibilidad telefónica, capacidad de almacenamiento de medicación, horarios predecibles y márgenes de planificación que no siempre existen.
La experiencia de enfermedad en personas en situación de sinhogarismo suele desarrollarse en un entorno de alta carga de vulnerabilidad. Pueden coexistir problemas de salud crónicos mal seguidos, procesos agudos atendidos de forma tardía, trastornos de salud mental, sufrimiento emocional, consumo problemático de sustancias y deterioro funcional. A ello se añade con frecuencia una interacción previa desfavorable con instituciones, lo que puede traducirse en desconfianza, evitación de recursos o abandono temprano de los circuitos asistenciales. La fragmentación no solo es organizativa; también puede ser relacional y simbólica, cuando la persona no se percibe acogida ni considerada en igualdad de dignidad.
La Enfermería dispone de competencias particularmente relevantes para este ámbito. La valoración integral, la observación clínica continuada, la educación para la salud adaptada, el acompañamiento, el trabajo comunitario y la coordinación interprofesional permiten responder de forma más ajustada a necesidades sanitarias que no pueden entenderse al margen del contexto social. Además, la práctica enfermera puede contribuir a identificar barreras invisibles para el sistema, pero determinantes para la persona: ausencia de documentación, dificultades para la higiene, imposibilidad de refrigerar fármacos, exposición constante a condiciones ambientales adversas o prioridades vitales que desplazan el autocuidado.
Abordar la continuidad de cuidados en personas sin hogar exige, por tanto, una revisión que supere lecturas exclusivamente biomédicas. Resulta necesario integrar accesibilidad, alfabetización en salud, equidad, participación comunitaria y coordinación sociosanitaria como componentes del cuidado. En ese marco, la perspectiva enfermera ofrece una aproximación útil para comprender no solo qué cuidados se prestan, sino en qué condiciones pueden mantenerse y tener sentido para la persona.
Objetivos
Analizar los elementos que condicionan la continuidad de cuidados en personas sin hogar desde la perspectiva enfermera.
De forma específica, se pretende:
- Examinar las barreras sociales, organizativas y relacionales que dificultan el seguimiento asistencial.
- Describir necesidades de salud frecuentes que requieren abordaje continuado y coordinación entre dispositivos.
- Revisar la aportación de la Enfermería en la valoración integral, la educación para la salud, la promoción del autocuidado y el acompañamiento terapéutico.
- Identificar estrategias de intervención comunitaria y sociosanitaria que pueden favorecer accesibilidad, adherencia y continuidad.
- Reflexionar sobre las implicaciones éticas y organizativas de un cuidado orientado por la equidad en salud.
Metodología
Se ha realizado una revisión teórica de carácter narrativo centrada en el abordaje enfermero de la continuidad de cuidados en personas sin hogar. El desarrollo del texto integra contenidos conceptuales, clínicos, comunitarios y organizativos habitualmente presentes en la atención a este grupo poblacional. Dada la finalidad del artículo, el análisis no se articula como una revisión sistemática ni pretende establecer recomendaciones cerradas, sino ofrecer una síntesis razonada útil para la práctica profesional.
La revisión se estructura en torno a cinco ejes: vulnerabilidad social y determinantes de salud; barreras de acceso y permanencia en los circuitos asistenciales; necesidades de salud y complejidad clínica; intervenciones enfermeras orientadas a continuidad; y coordinación con recursos comunitarios y sociales. También se incorpora una lectura transversal sobre alfabetización en salud, relación terapéutica, estigma y participación de la persona en la toma de decisiones.
Para el análisis se ha priorizado un enfoque prudente, evitando atribuir resultados concretos a estudios o instituciones no especificados. Los contenidos se formulan en términos generales y aplicables a diversos entornos asistenciales, con especial atención a la Enfermería comunitaria, la atención primaria, los dispositivos de urgencias, las unidades de hospitalización, la salud mental y los recursos de atención social. El propósito es situar la continuidad de cuidados como un proceso clínico y relacional que requiere adaptación al contexto de vida, flexibilidad organizativa y trabajo intersectorial.
Resultados
Vulnerabilidad social y complejidad del cuidado
La situación de sinhogarismo constituye una expresión extrema de exclusión social y condiciona profundamente la experiencia de salud. La falta de estabilidad residencial dificulta actividades básicas para sostener tratamientos o medidas de autocuidado: descanso reparador, higiene, alimentación regular, almacenamiento seguro de medicación, seguimiento de pautas horarias o recuperación tras un proceso agudo. No se trata únicamente de una menor disponibilidad de recursos materiales; también existe una exposición continuada a condiciones ambientales y relacionales que favorecen el deterioro físico y emocional.
Desde el punto de vista asistencial, muchas personas sin hogar presentan necesidades concurrentes. Puede observarse coexistencia de enfermedades crónicas, dolor persistente, procesos infecciosos, lesiones cutáneas, problemas bucodentales, alteraciones del sueño, trastornos de salud mental, sufrimiento psíquico vinculado a trauma o duelo, y consumo de alcohol u otras sustancias. Esta complejidad no siempre se traduce en un seguimiento longitudinal adecuado, ya que el sistema suele responder por episodios y dispositivos. La consecuencia es una atención fragmentada, con reconsultas frecuentes, repetición de exploraciones, pérdida de oportunidades preventivas y baja continuidad relacional.
Para la Enfermería, esta realidad obliga a interpretar los problemas de salud dentro de un marco más amplio. La valoración no puede restringirse al motivo de consulta inmediato. Debe explorar funcionalidad, red de apoyos, condiciones de seguridad, capacidad para comprender indicaciones, barreras para acudir a controles, prioridades expresadas por la persona y disponibilidad real de recursos. Cuando esta lectura contextual no se incorpora, el plan de cuidados corre el riesgo de ser técnicamente correcto, pero materialmente inviable.
Barreras de acceso y discontinuidad asistencial
La discontinuidad de cuidados en personas sin hogar suele ser multifactorial. Existen barreras administrativas, como dificultades para la tramitación documental o para mantener vías de contacto estables. También persisten obstáculos organizativos: horarios rígidos, circuitos complejos, citaciones distantes en el tiempo, exigencia de gestiones sucesivas, escasa coordinación entre niveles y formatos de atención poco flexibles. Estas dinámicas afectan a cualquier paciente vulnerable, pero adquieren mayor impacto cuando no hay domicilio, soporte familiar o capacidad de anticipar la jornada siguiente.
Las barreras relacionales resultan igualmente relevantes. La experiencia acumulada de rechazo, trato estigmatizante o sensación de no ser escuchado puede generar distancia respecto a los servicios sanitarios. Algunas personas acuden cuando la situación está avanzada o recurren a dispositivos de respuesta inmediata por percibirlos como únicos espacios accesibles. En estos casos, la continuidad no depende solo de abrir una derivación, sino de construir confianza y de ofrecer mensajes claros, realistas y comprensibles.
La alfabetización en salud merece una consideración específica. Comprender el lenguaje clínico, interpretar instrucciones, reconocer signos de alarma o identificar el sentido de un tratamiento exige capacidades que pueden verse comprometidas por bajo nivel educativo, deterioro cognitivo, malestar psicológico, consumo de sustancias o simple saturación vital. La información sanitaria que no se adapta a este contexto favorece errores, incumplimientos no intencionales y desvinculación. Por ello, la enseñanza enfermera debe ser breve, concreta, verificable y ajustada a prioridades alcanzables.
Continuidad de cuidados como proceso clínico, relacional y organizativo
En población sin hogar, la continuidad de cuidados puede entenderse en al menos tres dimensiones complementarias. La primera es la continuidad informativa, es decir, la posibilidad de que los distintos profesionales dispongan de datos relevantes sobre problemas de salud, tratamientos en curso, necesidades sociales y contactos previos. La segunda es la continuidad relacional, vinculada a la existencia de profesionales o equipos de referencia que permitan sostener vínculo y confianza. La tercera es la continuidad de gestión o coordinación, que hace posible transiciones más seguras entre dispositivos, evitando que la persona tenga que reiniciar su itinerario en cada contacto.
Cuando una de estas dimensiones falla, aumentan los riesgos de pérdida de seguimiento. Un alta hospitalaria sin enlace comunitario, una pauta terapéutica sin comprobar posibilidades de conservación, o una recomendación preventiva formulada sin atender a la situación de calle son ejemplos frecuentes de discontinuidad funcional. La perspectiva enfermera aporta valor precisamente en la traducción del plan asistencial a las condiciones reales de vida. Esto implica anticipar dificultades, priorizar objetivos realistas y adaptar las intervenciones al entorno disponible.
La continuidad también requiere reconocer tiempos distintos a los del sistema. En ocasiones, el primer objetivo no es la adhesión plena a un programa, sino reducir daño, establecer contacto periódico, facilitar curas, asegurar hidratación, revisar medicación o identificar signos de descompensación. Esta lógica de progresión gradual puede ser más eficaz que exigir cambios complejos de manera inmediata. La permanencia del vínculo, aunque sea intermitente, constituye ya un recurso terapéutico relevante.
Aportación específica de la Enfermería
La práctica enfermera en este ámbito se apoya en una valoración integral y repetida, más que en una única fotografía clínica. Resulta útil explorar estado general, síntomas activos, situación funcional, dolor, descanso, nutrición, higiene, integridad cutánea, consumo de sustancias, bienestar emocional, apoyos disponibles y recursos accesibles. Junto a ello, debe identificarse qué aspectos del tratamiento son sostenibles y cuáles requieren reformulación. Una pauta que presupone rutinas estables puede fracasar no por falta de voluntad, sino por falta de condiciones mínimas para cumplirla.
La relación terapéutica ocupa un lugar central. El cuidado enfermero puede ofrecer un espacio de reconocimiento y escucha que disminuya la distancia con el sistema. La comunicación no enjuiciadora, el respeto por la autonomía, la validación de prioridades expresadas por la persona y la coherencia en el seguimiento facilitan continuidad. En un contexto marcado por pérdidas, rupturas y desconfianza institucional, la consistencia del vínculo asistencial tiene un valor clínico evidente.
La educación para la salud debe orientarse a metas concretas y negociadas. Más que transmitir grandes volúmenes de información, conviene priorizar indicaciones esenciales: manejo básico de síntomas, uso seguro de medicación, cuidados de heridas, hidratación, signos que aconsejen nueva consulta, o recursos a los que acudir. La comprobación de comprensión mediante reformulación por parte de la persona puede mejorar la efectividad del mensaje. Del mismo modo, el uso de lenguaje claro y la repetición planificada de contenidos favorecen aprendizaje y retención.
La Enfermería desempeña además una función de enlace. Coordinar citas, comunicar incidencias a otros niveles, activar recursos sociales, contactar con dispositivos comunitarios y facilitar transiciones tras altas o derivaciones son actividades que contribuyen a reducir pérdidas en el itinerario asistencial. En determinados entornos, la flexibilidad del seguimiento, la atención de proximidad y las intervenciones extramuros pueden mejorar la accesibilidad de personas que difícilmente se vinculan a modelos convencionales de consulta programada.
Salud comunitaria, participación y redes de apoyo
La continuidad de cuidados no depende solo de la relación entre profesional y paciente. También requiere un entorno comunitario capaz de sostener procesos. Los recursos de baja exigencia, los equipos de calle, los dispositivos de atención social, los centros de día, los albergues, los programas de reducción de daños y los servicios de salud mental pueden actuar como nodos de continuidad cuando existe comunicación efectiva y objetivos compartidos. La Enfermería comunitaria se encuentra en una posición favorable para articular parte de esta red, siempre que disponga de margen organizativo y canales de coordinación.
La participación de la persona en las decisiones de cuidado debe considerarse un componente práctico, no meramente declarativo. Preguntar qué necesidad percibe como prioritaria, qué recurso considera viable, qué experiencias previas condicionan su relación con el sistema y qué objetivos está dispuesto a asumir permite elaborar planes más realistas. La continuidad mejora cuando el cuidado se acuerda con la persona y no solo sobre la persona.
Las redes informales, cuando existen, también pueden facilitar adherencia y seguimiento. Algunas personas mantienen vínculos con familiares, amistades, profesionales sociales o referentes comunitarios que actúan como apoyo para recordar citas, acompañar a consultas o interpretar indicaciones. Integrar estos apoyos, con consentimiento de la persona, puede aportar estabilidad al proceso asistencial. En ausencia de red, el sistema debe compensar en la medida de lo posible mediante estrategias de proximidad y coordinación.
Ámbitos de intervención prioritarios
La promoción de la salud en personas sin hogar debe entenderse desde un enfoque pragmático y gradual. Intervenciones sobre alimentación, higiene, descanso, prevención de lesiones, salud sexual, vacunación, control de enfermedades crónicas o reducción de riesgos asociados al consumo pueden ser pertinentes, pero necesitan adaptarse al contexto de vida. La recomendación válida para una persona con vivienda y rutina estable puede no ser trasladable sin modificaciones a quien vive en calle o en alojamientos temporales.
En el ámbito hospitalario, la continuidad de cuidados se pone especialmente a prueba en el alta. La planificación enfermera debería contemplar, en la medida de lo posible, el destino inmediato, la accesibilidad de la medicación, la comprensión de las recomendaciones y la coordinación con recursos extrahospitalarios. Un alta segura no es solo la resolución del episodio agudo, sino la valoración de si la persona dispone de condiciones mínimas para sostener el plan indicado.
En atención primaria y comunitaria, la flexibilidad organizativa puede marcar diferencias relevantes. Citas accesibles, seguimiento proactivo, coordinación con trabajo social, apertura a demandas no programadas y colaboración con entidades del entorno favorecen permanencia y detección precoz de problemas. En salud mental y adicciones, el enfoque integrado resulta especialmente necesario, dado que la fragmentación entre dispositivos sanitarios y sociales puede agravar la exclusión y dificultar la adherencia.
Discusión/Conclusiones
La continuidad de cuidados en personas sin hogar constituye un reto sanitario y ético que no puede resolverse solo con mayor disponibilidad técnica. Requiere revisar cómo se organiza la atención, qué supuestos de normalidad residencial incorporan los circuitos asistenciales y hasta qué punto los planes terapéuticos se ajustan a las condiciones reales de vida. Desde la Enfermería, esta revisión tiene especial relevancia porque el cuidado cotidiano permite identificar de forma temprana la distancia entre la indicación prescrita y su factibilidad práctica.
Una de las principales aportaciones enfermeras radica en conectar clínica y contexto. La valoración integral, el seguimiento longitudinal, la educación sanitaria adaptada y la coordinación con recursos comunitarios sitúan a la profesión en un lugar estratégico para reducir discontinuidades. No obstante, esta capacidad depende también de factores estructurales: tiempo asistencial suficiente, canales interprofesionales ágiles, accesibilidad de los sistemas de información, presencia de dispositivos comunitarios y reconocimiento institucional del trabajo en red.
El abordaje centrado en equidad implica ofrecer más adaptación allí donde existen más barreras. Ello no supone crear itinerarios paralelos desarticulados, sino hacer permeable el sistema a trayectorias de vida complejas. Puede ser necesario flexibilizar la citación, simplificar indicaciones, reforzar la enseñanza, priorizar objetivos de reducción de daño, acercar la atención a los espacios donde están las personas y sostener contactos sucesivos aunque la adherencia sea irregular. Desde una lógica de cuidados, la vinculación parcial no debe interpretarse automáticamente como fracaso, sino como oportunidad para mantener presencia terapéutica.
También conviene evitar miradas homogeneizadoras. Las personas sin hogar no constituyen un grupo uniforme y sus necesidades pueden variar según edad, género, situación administrativa, experiencia de violencia, enfermedad mental, consumo de sustancias, nivel funcional o disponibilidad de apoyos. La respuesta enfermera debe individualizarse y preservar la dignidad, evitando reducir a la persona a su situación residencial o a un problema predominante.
En términos prácticos, los modelos más prometedores suelen combinar atención clínica accesible, relación terapéutica continuada, coordinación sociosanitaria y participación de la comunidad. La promoción de la salud y el apoyo al autocuidado adquieren sentido cuando se construyen desde objetivos alcanzables y negociados. Del mismo modo, la alfabetización en salud no puede entenderse como mera transmisión de información, sino como un proceso de acompañamiento para hacer comprensibles y utilizables las decisiones sanitarias.
La continuidad de cuidados, en este ámbito, no es un resultado espontáneo del contacto con el sistema, sino una tarea deliberada. Exige profesionales capaces de leer la complejidad, organizaciones dispuestas a adaptarse y redes comunitarias que complementen la respuesta sanitaria. La Enfermería, por su proximidad asistencial y su orientación al cuidado integral, puede desempeñar un papel decisivo en este proceso, siempre que la práctica se sostenga en una perspectiva de derechos, respeto y equidad en salud.
Conflicto de intereses
Los autores declaran la ausencia de conflictos de intereses en la preparación de este manuscrito.
Financiación
El presente manuscrito se ha realizado sin financiación externa específica.
Bibliografía
- van Dongen SI, Klop HT, Onwuteaka-Philipsen BD, de Veer AJ, Slockers MT, van Laere IR, et al.. End-of-life care for homeless people in shelter-based nursing care settings: A retrospective record study.. Palliat Med. 2020;34(10):1374-1384. doi: https://doi.org/10.1177/0269216320940559
- Kertesz SG, Posner MA, O'Connell JJ, Swain S, Mullins AN, Shwartz M, et al.. Post-hospital medical respite care and hospital readmission of homeless persons.. J Prev Interv Community. 2009;37(2):129-42. doi: https://doi.org/10.1080/10852350902735734
- Brown RT, Hemati K, Riley ED, Lee CT, Ponath C, Tieu L, et al.. Geriatric Conditions in a Population-Based Sample of Older Homeless Adults.. Gerontologist. 2017;57(4):757-766. doi: https://doi.org/10.1093/geront/gnw011
- Biederman DJ, Gamble J, Manson M, Taylor D. Assessing the need for a medical respite: perceptions of service providers and homeless persons.. J Community Health Nurs. 2014;31(3):145-56. doi: https://doi.org/10.1080/07370016.2014.926675
- Peden AR. Music: making the connection with persons who are homeless.. J Psychosoc Nurs Ment Health Serv. 1993;31(7):17-20. doi: https://doi.org/10.3928/0279-3695-19930701-07
- LaCoursiere Zucchero T, McDannold S, McInnes DK. "Walking in a maze": community providers' difficulties coordinating health care for homeless patients.. BMC Health Serv Res. 2016;16(1):480. doi: https://doi.org/10.1186/s12913-016-1722-x
- Murray R, Baier M, North C, Lato M, Eskew C. Components of an effective transitional residential program for homeless mentally ill clients.. Arch Psychiatr Nurs. 1995;9(3):152-7. doi: https://doi.org/10.1016/s0883-9417(95)80038-7
- Cavazos DM. Street Nursing: Teaching and Improving Community Health.. Hisp Health Care Int. 2023;21(2):55-59. doi: https://doi.org/10.1177/15404153221098958
- Smith-Bernardin SM, Suen LW, Barr-Walker J, Cuervo IA, Handley MA. Scoping review of managed alcohol programs.. Harm Reduct J. 2022;19(1):82. doi: https://doi.org/10.1186/s12954-022-00646-0
- Rog DJ, Marshall T, Dougherty RH, George P, Daniels AS, Ghose SS, et al.. Permanent supportive housing: assessing the evidence.. Psychiatr Serv. 2014;65(3):287-94. doi: https://doi.org/10.1176/appi.ps.201300261