Pie diabético: prevención, educación y seguimiento desde Enfermería

Diabetic foot: prevention, education and follow-up from Nursing

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:93

Autor principal (primer firmante): Cristina Moreno Vila

Fecha recepción: 21/06/26

Fecha aceptación: 13/07/26

Fecha de publicación: 19/07/26

Ref.: CADICE. 2026;1(7):93

Autores:
Cristina Moreno Vila
Daniel Ortega Medina
Patricia Serrano López

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Infección de heridas; Cuidados de Enfermería; Diabetes mellitus; Pie diabético; Apósitos; Enfermería basada en la evidencia; Estomas quirúrgicos; Cicatrización de heridas; Educación del paciente; Piel

Keywords: Wound Infection; Nursing Care; Diabetes Mellitus; Diabetic Foot; Bandages; Evidence-Based Nursing; Surgical Stomas; Wound Healing; Patient Education; Skin

Resumen

Introducción: El pie diabético constituye una complicación compleja de la diabetes mellitus, relacionada con alteraciones neuropáticas, vasculares y biomecánicas que pueden favorecer la pérdida de integridad cutánea, la infección y la cronificación de las lesiones. Su abordaje requiere una vigilancia continuada y un papel enfermero especialmente relevante en la prevención, la detección precoz y la educación terapéutica.

Objetivos: Analizar el papel de Enfermería en la prevención del pie diabético, revisar los elementos esenciales de la valoración clínica, describir las intervenciones educativas de mayor utilidad práctica y sintetizar los aspectos básicos del seguimiento de las personas con riesgo o con lesiones activas.

Metodología: Se realiza una revisión teórica de carácter narrativo orientada a la práctica enfermera. El contenido se organiza en torno a la fisiopatología general del problema, la valoración del riesgo, los cuidados preventivos, la educación para el autocuidado, el manejo general de las lesiones y la continuidad asistencial. Se adopta una redacción prudente y aplicable a distintos ámbitos asistenciales.

Resultados: La valoración sistemática del pie, la identificación de factores de riesgo, la inspección periódica de la piel y las uñas, el control de la humedad, la elección del calzado, la educación del paciente y la coordinación con otros profesionales pueden contribuir a reducir complicaciones evitables. En presencia de lesión, Enfermería participa en la observación clínica, los cuidados locales, la selección razonada de apósitos según características de la herida, la vigilancia de signos de infección y el seguimiento evolutivo.

Discusión/Conclusiones: El pie diabético exige un abordaje integral y longitudinal. La actuación enfermera no debe limitarse al cuidado local de la herida, sino incorporar prevención primaria y secundaria, apoyo al autocuidado, evaluación de la adherencia y continuidad asistencial. La individualización del plan de cuidados y la detección temprana de cambios clínicos son elementos centrales para mejorar la seguridad del paciente y la calidad de los cuidados.

Abstract

Introduction: Diabetic foot is a complex complication of diabetes mellitus associated with neuropathic, vascular and biomechanical changes that may lead to skin breakdown, infection and delayed wound healing. Nursing plays a central role in prevention, early identification and therapeutic education.

Objectives: To analyse the role of nursing in diabetic foot prevention, review the essential components of clinical assessment, describe relevant educational interventions and summarise key aspects of follow-up in patients at risk or with active lesions.

Methodology: A narrative theoretical review was carried out with a focus on nursing practice. The content was organised around general pathophysiology, risk assessment, preventive care, patient education, general wound management and continuity of care. A cautious and practice-oriented approach was adopted.

Results: Systematic foot assessment, identification of risk factors, regular inspection of skin and nails, moisture control, footwear counselling, patient education and interdisciplinary coordination may help reduce preventable complications. When a lesion is present, nursing contributes to clinical observation, local wound care, reasoned dressing selection according to wound features, surveillance for signs of infection and ongoing follow-up.

Discussion/Conclusions: Diabetic foot requires an integral and longitudinal approach. Nursing care should not be restricted to local wound treatment but should also include primary and secondary prevention, self-care support, adherence assessment and continuity of care. Individualised care planning and early recognition of clinical changes remain key elements for patient safety and quality of care.

Introducción

El pie diabético representa una de las manifestaciones de mayor impacto clínico y funcional en las personas con diabetes mellitus. Su desarrollo suele responder a la interacción de varios mecanismos: pérdida progresiva de la sensibilidad protectora, deformidades del pie, alteraciones en la distribución de presiones, disminución de la perfusión tisular y mayor vulnerabilidad de la piel frente a la lesión y la infección. Desde la práctica asistencial, esta combinación obliga a considerar el pie como una zona de riesgo que debe ser evaluada de forma sistemática y no solo cuando aparece una úlcera.

La lesión del pie en la persona con diabetes no se explica únicamente por la presencia de una herida. Con frecuencia existe un proceso previo de riesgo acumulado en el que intervienen callosidades, sequedad cutánea, fisuras, dificultades visuales o motoras para el autocuidado, uso de calzado inadecuado, escasa percepción del daño y retraso en la consulta. La progresión desde una alteración aparentemente menor hasta una infección o una lesión compleja puede ser rápida en determinados contextos clínicos, por lo que la anticipación adquiere un valor asistencial evidente.

En este escenario, la Enfermería ocupa una posición estratégica. Por su presencia continuada en atención primaria, hospitalización, consultas monográficas, atención domiciliaria y dispositivos sociosanitarios, la enfermera puede identificar signos iniciales de deterioro cutáneo, valorar conductas de autocuidado, reforzar la educación terapéutica y promover la derivación oportuna cuando la situación lo requiera. Esta labor resulta especialmente relevante en personas con larga evolución de la diabetes, antecedentes de ulceración, limitación funcional o escaso apoyo social.

La prevención del pie diabético no debe entenderse como una intervención puntual, sino como un proceso longitudinal integrado en el seguimiento de la diabetes. Revisar el estado de la piel, explorar la sensibilidad, observar la forma del pie, preguntar por el calzado habitual y detectar barreras para el autocuidado son acciones que pueden incorporarse a la práctica clínica habitual. Del mismo modo, cuando ya existe una lesión, los cuidados locales deben acompañarse de medidas de descarga, vigilancia de la evolución, control de factores asociados y coordinación con el resto del equipo.

La complejidad del pie diabético también exige prudencia. No todas las lesiones presentan la misma gravedad ni todos los pacientes se benefician de las mismas intervenciones en idénticos plazos. La elección de apósitos, la frecuencia de las curas, la necesidad de desbridamiento, la sospecha de isquemia o la detección de infección deben valorarse en función del contexto clínico y de los recursos disponibles. Por ello, el papel enfermero combina competencias técnicas, capacidad de observación clínica y habilidades de comunicación orientadas a sostener cambios de conducta realistas.

Abordar este problema desde una revisión teórica resulta útil para ordenar los elementos fundamentales de la práctica enfermera. Más allá de la herida visible, interesa comprender el riesgo, educar para prevenir y mantener un seguimiento suficiente para detectar cambios evolutivos. Esa mirada integral es la que permite situar los cuidados del pie diabético dentro de un modelo de atención centrado en la persona y en la continuidad asistencial.

Objetivos

El objetivo general de este trabajo es revisar el abordaje enfermero del pie diabético con énfasis en la prevención, la educación terapéutica y el seguimiento clínico.

De forma específica, se pretende:

  • Describir los factores clínicos que favorecen la aparición de lesiones en el pie de la persona con diabetes.
  • Revisar los componentes básicos de la valoración enfermera orientada a detectar riesgo de ulceración o complicaciones asociadas.
  • Desarrollar las principales intervenciones preventivas relacionadas con el cuidado de la piel, las uñas, la higiene y el calzado.
  • Analizar el papel de la educación para la salud en la mejora del autocuidado y en la consulta precoz ante signos de alarma.
  • Sintetizar los principios generales del seguimiento enfermero cuando existe una lesión activa, incluyendo observación clínica, cuidados locales y coordinación interdisciplinar.

Metodología

Se presenta una revisión teórica de tipo narrativo centrada en aspectos clínicos y de cuidados relevantes para Enfermería. El enfoque adoptado prioriza contenidos aplicables a la práctica profesional en distintos niveles asistenciales, sin pretensión de establecer un protocolo cerrado ni una secuencia universal de actuación. La exposición integra conocimiento clínico general sobre el pie diabético y lo organiza en torno a la valoración del riesgo, la prevención, la educación al paciente y el seguimiento de las lesiones.

Para estructurar el análisis se han considerado varios ejes de interés enfermero: integridad cutánea, detección de factores predisponentes, prevención de complicaciones, apoyo al autocuidado y continuidad asistencial. El desarrollo del contenido se ha planteado desde una perspectiva prudente, evitando recomendaciones excesivamente prescriptivas cuando estas dependen de la situación clínica, de la disponibilidad de recursos o de los protocolos vigentes en cada centro.

La metodología expositiva responde, por tanto, a una finalidad de actualización profesional. Se revisan de forma razonada los elementos que con mayor frecuencia orientan la toma de decisiones enfermeras: inspección sistemática del pie, identificación de signos de riesgo, medidas básicas de cuidado preventivo, educación individualizada, observación de la herida, selección de coberturas según el estado local y criterios de reevaluación. Se incorpora además la necesidad de coordinación con otros profesionales cuando la complejidad del proceso supera el ámbito del cuidado enfermero autónomo.

Resultados

Elementos fisiopatológicos con repercusión en los cuidados

El pie diabético suele aparecer cuando confluyen varios factores. La neuropatía periférica favorece la pérdida de sensibilidad protectora, de modo que pequeñas presiones repetidas, rozaduras o traumatismos pueden pasar inadvertidos. A ello se suma, en algunos pacientes, la afectación motora, que modifica la biomecánica del apoyo y favorece deformidades o zonas de hiperpresión. La alteración autonómica, por su parte, puede traducirse en sequedad cutánea y fisuración, lo que deteriora la función barrera de la piel.

La enfermedad arterial periférica añade complejidad al comprometer el aporte sanguíneo y dificultar la cicatrización. No siempre se manifiesta con síntomas floridos, especialmente en personas con neuropatía, por lo que la observación clínica del color, la temperatura, el trofismo cutáneo o la presencia de dolor atípico debe completarse con la valoración médica cuando exista sospecha de isquemia. En paralelo, la hiperglucemia mantenida y otros factores metabólicos pueden asociarse a una menor capacidad de reparación tisular y a un mayor riesgo de infección.

Desde la perspectiva enfermera, comprender estos mecanismos permite interpretar mejor la evolución de las lesiones. Una úlcera que no mejora puede relacionarse con un problema de presión persistente, con isquemia, con infección o con una combinación de estos factores. Por eso, el cuidado local aislado raramente es suficiente si no se corrigen los determinantes que perpetúan el daño.

Valoración enfermera del riesgo

La valoración del pie debe integrarse en el seguimiento habitual de la persona con diabetes, con periodicidad ajustada a su perfil de riesgo. La inspección comienza por la piel: coloración, sequedad, maceración, fisuras, hiperqueratosis, ampollas, erosiones, presencia de exudado u olor anómalo. Las zonas interdigitales requieren especial atención, ya que pueden pasar desapercibidas tanto para el paciente como para el profesional si la exploración es superficial.

La revisión de las uñas resulta igualmente importante. Uñas engrosadas, mal cortadas o con bordes que se introducen en el tejido periungueal pueden actuar como punto de entrada para lesiones e infección. También conviene observar deformidades estructurales, prominencias óseas, dedos en garra, hallux valgus o modificaciones del apoyo plantar que aumenten la presión en áreas concretas.

La sensibilidad protectora debe valorarse de forma sistemática mediante procedimientos habituales en la práctica clínica y siempre dentro de las competencias y recursos del entorno asistencial. La detección de una disminución sensitiva modifica el nivel de riesgo y orienta la educación posterior. Junto a ello, la evaluación de la perfusión periférica y la identificación de signos compatibles con compromiso vascular ayudan a priorizar derivaciones y a ajustar expectativas de cicatrización.

No menos relevante es la valoración funcional y social. Dificultades para ver la planta del pie, limitación para realizar la higiene, dependencia para el corte de uñas, deterioro cognitivo, escasa comprensión del tratamiento o ausencia de apoyo familiar pueden comprometer la adherencia a las medidas preventivas. En muchos casos, el riesgo no depende solo del estado del pie, sino de la capacidad real de la persona para sostener el autocuidado.

Prevención primaria y secundaria en la consulta enfermera

La prevención se apoya en intervenciones sencillas, repetidas y adaptadas al paciente. La higiene debe orientarse a mantener la piel limpia y seca, evitando temperaturas extremas y prestando atención al secado cuidadoso, especialmente entre los dedos. La hidratación cutánea puede ser útil cuando existe sequedad, siempre evitando la aplicación de productos emolientes en espacios interdigitales si favorecen la maceración.

La inspección diaria del pie es una recomendación habitual en personas con riesgo, pero no puede darse por supuesta. Muchos pacientes precisan entrenamiento para identificar cambios relevantes. La educación debe incluir qué observar: enrojecimiento, zonas de roce, ampollas, heridas, sangrado, cambios de temperatura, exudado, mal olor o dolor nuevo. Cuando la persona no puede explorarse adecuadamente, conviene implicar a cuidadores o familiares si forman parte de la red de apoyo.

El cuidado de las uñas requiere especial prudencia. El corte inadecuado, el uso de instrumentos no apropiados o la manipulación de callosidades pueden desencadenar lesiones evitables. En pacientes con alteraciones visuales, neuropatía o antecedentes de ulceración, suele ser preferible reforzar la consulta profesional para el cuidado podológico y desaconsejar intervenciones domésticas agresivas sobre durezas o uñas conflictivas.

El calzado constituye otro eje preventivo. Debe revisarse no solo el tipo de zapato, sino su ajuste, el estado interior, las costuras, la rigidez y la posibilidad de generar puntos de presión. La recomendación de caminar descalzo, incluso dentro del domicilio, no resulta apropiada en personas con pérdida sensitiva. También es conveniente explorar el uso de calcetines, la presencia de costuras internas o tejidos que favorezcan fricción y humedad.

Cuando ya existe antecedente de úlcera o deformidad significativa, la prevención secundaria adquiere aún mayor relevancia. En estos casos, el seguimiento enfermero puede centrarse en detectar recurrencias tempranas, reforzar medidas de descarga indicadas por el equipo, revisar la tolerancia al calzado terapéutico y valorar la aparición de nuevas zonas de riesgo.

Educación terapéutica y apoyo al autocuidado

La educación sanitaria en pie diabético es más eficaz cuando se integra en una relación clínica continuada y no como una entrega aislada de instrucciones. El contenido debe adaptarse al nivel de alfabetización en salud, a la experiencia previa y a la situación funcional del paciente. No todos necesitan la misma profundidad de información, pero sí mensajes claros, concretos y repetidos de forma comprensible.

Una intervención educativa útil suele combinar explicación, demostración y verificación. No basta con indicar que el paciente debe revisar sus pies; es preferible mostrar cómo hacerlo, qué zonas revisar y cuándo consultar. Del mismo modo, conviene confirmar que comprende la relación entre neuropatía, traumatismos inadvertidos y aparición de úlceras. Cuando el paciente entiende el sentido de la recomendación, la adherencia suele ser más consistente.

La educación debe abordar también decisiones cotidianas: cómo elegir calzado, cómo actuar ante una rozadura, cuándo evitar remedios caseros, por qué no aplicar productos irritantes sobre la piel lesionada y qué signos obligan a valoración profesional temprana. Esta información puede adquirir especial valor tras el alta hospitalaria o después de un episodio previo de ulceración, momento en el que la persona suele mostrar mayor receptividad al aprendizaje.

El apoyo al autocuidado incluye explorar barreras reales. Algunas personas minimizan la importancia de pequeñas lesiones por ausencia de dolor; otras no modifican su calzado por motivos económicos, laborales o culturales. La intervención enfermera gana efectividad cuando identifica esos condicionantes y busca alternativas realistas, en lugar de formular recomendaciones difíciles de cumplir.

Cuidados locales de la lesión y uso razonado de apósitos

Ante una lesión activa, la valoración inicial debe considerar localización, profundidad aparente, aspecto del lecho, exudado, bordes, estado de la piel perilesional, olor y presencia de signos clínicos compatibles con infección. La observación evolutiva seriada aporta información de gran valor para decidir si el plan de cuidados resulta adecuado o si debe revisarse junto con otros profesionales.

La limpieza de la herida y la protección del tejido perilesional forman parte de los cuidados básicos. El objetivo general es favorecer un entorno local que no incremente el daño y permita monitorizar la evolución. La elección de apósitos debe individualizarse según humedad, cantidad de exudado, necesidad de protección mecánica, fragilidad de la piel y tolerancia del paciente. No existe un apósito universalmente indicado para todas las lesiones de pie diabético, por lo que la selección razonada y la reevaluación periódica son preferibles a una elección estática.

En heridas con exudado elevado, la capacidad de absorción y el control de la maceración cobran importancia. En lesiones secas o con tendencia a la desecación, puede ser necesario evitar coberturas que agraven esa situación. La piel perilesional, a menudo frágil, requiere protección frente a adhesivos, humedad o fricción repetida. La frecuencia de la cura dependerá del estado de la lesión, del producto utilizado y de la evolución clínica observada.

El cuidado local debe acompañarse de medidas que disminuyan la presión sobre la zona afectada. Si la descarga es insuficiente, la probabilidad de cronificación aumenta. La enfermera puede valorar la adherencia a estas medidas, detectar dificultades en su uso y reforzar la importancia de mantenerlas según la indicación del equipo. También resulta pertinente vigilar la aparición de nuevas zonas de roce derivadas de dispositivos o modificaciones del apoyo.

La sospecha de infección exige especial atención. Eritema progresivo, aumento de calor local, edema, empeoramiento del exudado, mal olor, dolor de nueva aparición o deterioro inesperado de la lesión pueden justificar una valoración clínica más amplia. En presencia de signos de gravedad, repercusión sistémica o rápida progresión, la derivación no debe demorarse.

Seguimiento y continuidad asistencial

El seguimiento enfermero del pie diabético no se limita a registrar el estado de una herida. Debe incluir la reevaluación del riesgo, la comprobación del autocuidado, la revisión del calzado, la adherencia a las indicaciones y la identificación de barreras emergentes. En personas con lesiones activas, la continuidad del plan de cuidados mejora cuando existe una secuencia clara de observación, cura, reevaluación y toma de decisiones compartida.

La transición entre ámbitos asistenciales es un momento vulnerable. Tras un alta hospitalaria o un cambio de dispositivo, pueden perderse información sobre la localización de la lesión, el tipo de cura, la necesidad de descarga o los signos de alarma ya detectados. La documentación enfermera y la comunicación estructurada ayudan a mantener la coherencia del plan de cuidados y a evitar interrupciones innecesarias.

La coordinación con medicina, podología, cirugía, endocrinología, rehabilitación o trabajo social puede resultar necesaria según la complejidad del caso. Enfermería aporta una visión continuada del proceso y de las capacidades reales del paciente para seguir las recomendaciones, lo que facilita una toma de decisiones más ajustada. Esta coordinación no sustituye la responsabilidad específica de cada disciplina, pero sí mejora la integración del cuidado.

En pacientes con alta vulnerabilidad, la atención domiciliaria puede aportar información valiosa sobre el entorno, la higiene, la movilidad, el calzado disponible y la red de apoyo efectiva. Ver el contexto de vida permite entender mejor por qué algunas recomendaciones no se sostienen en la práctica diaria y ajustar el plan de cuidados a condiciones reales.

Discusión/Conclusiones

El pie diabético condensa varios retos habituales de la práctica enfermera: necesidad de anticipación, seguimiento longitudinal, observación clínica fina y educación terapéutica sostenida. La relevancia de Enfermería no deriva solo del contacto frecuente con el paciente, sino de la capacidad para integrar datos locales de la herida con factores funcionales, sociales y conductuales que condicionan la evolución.

Una de las principales implicaciones para la práctica es evitar una mirada reducida al episodio agudo. Curar una lesión sin revisar la causa que la originó o sin intervenir sobre la conducta de riesgo deja sin abordar una parte importante del problema. La consulta enfermera permite detectar de forma precoz signos menores que, en pacientes con neuropatía o isquemia, pueden preceder a complicaciones relevantes. Esa detección temprana tiene valor preventivo incluso cuando la intervención requerida no sea exclusivamente enfermera.

La educación al paciente sigue siendo un componente central, pero su eficacia depende del modo en que se desarrolla. Informar no equivale a capacitar. Las recomendaciones sobre higiene, revisión del pie o elección de calzado tienen más posibilidades de integrarse cuando se adaptan a las limitaciones de cada persona y se revisan en contactos sucesivos. El seguimiento proporciona, además, la oportunidad de comprobar si las conductas propuestas se han incorporado realmente o si existen obstáculos no identificados en un primer momento.

En el ámbito del cuidado local, conviene mantener una posición clínica prudente. La elección de apósitos, la necesidad de derivación, la sospecha de infección o la valoración de perfusión no pueden resolverse con respuestas uniformes para todas las situaciones. El juicio enfermero se fortalece cuando combina valoración estructurada, registro evolutivo y coordinación con el equipo. De ese modo, el cuidado de la herida se integra en un plan más amplio orientado a preservar la integridad tisular, reducir complicaciones y sostener la funcionalidad.

Otro aspecto relevante es la continuidad asistencial. La persona con diabetes puede transitar por consultas, hospitalización y domicilio con cambios en sus necesidades y en su capacidad de autocuidado. Mantener mensajes consistentes y un plan de seguimiento comprensible favorece la seguridad clínica. Asimismo, la participación de cuidadores cuando existe dependencia funcional puede ser determinante para prevenir recurrencias o detectar signos de alarma.

En síntesis, el abordaje enfermero del pie diabético debe entenderse como un proceso integral de prevención, vigilancia, educación y seguimiento. La práctica clínica se beneficia de una valoración periódica del riesgo, de cuidados locales individualizados y de intervenciones educativas centradas en la capacidad real de autocuidado. Cuando estos componentes se articulan de forma continuada, Enfermería contribuye de manera sustancial a una atención más segura, más precoz y mejor adaptada a la complejidad de las personas con diabetes.

Conflicto de intereses

Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.

Financiación

Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.

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