Self-care plan for chronic musculoskeletal pain in community health
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:384
Autor principal (primer firmante): Marina Solís Navarro
Fecha recepción: 14/08/26
Fecha aceptación: 11/09/26
Fecha de publicación: 15/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):384
Autores:
Marina Solís Navarro
Andrés Fernández Rivas
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Intervenciones de Enfermería; Alfabetización en salud; Ejercicio terapéutico; Calidad de vida; Afrontamiento; Salud comunitaria; Dolor crónico; Participación comunitaria; Promoción de la salud; Protocolos clínicos
Keywords: Nursing Interventions; Health Literacy; Exercise Therapy; Quality of Life; Adaptation, Psychological; Community Health Nursing; Chronic Pain; Community Participation; Health Promotion; Clinical Protocols
Resumen
Introducción: El dolor crónico musculoesquelético constituye un motivo frecuente de consulta y seguimiento en el ámbito comunitario. Su impacto no se limita a la percepción dolorosa, sino que afecta a la movilidad, el sueño, el estado emocional, la participación social y la capacidad de mantener rutinas de autocuidado. Desde Enfermería, el abordaje comunitario requiere una valoración integral y continuada, centrada en la experiencia de la persona, su entorno y los factores que condicionan la adherencia a las recomendaciones no farmacológicas.
Objetivos: Describir un plan de autocuidado orientado a personas con dolor crónico musculoesquelético en salud comunitaria, especificando la valoración enfermera inicial, los componentes educativos, las intervenciones de apoyo al ejercicio terapéutico, las estrategias de afrontamiento y los criterios de seguimiento.
Metodología: Se presenta una guía de intervención de aplicación comunitaria construida a partir del proceso enfermero y de un enfoque de atención centrado en la persona. Se organiza en fases de valoración, planificación, implementación y evaluación, con especial atención a la alfabetización en salud, la funcionalidad, el contexto familiar y la participación comunitaria.
Resultados: El plan propuesto integra entrevista clínica, identificación de limitaciones funcionales, establecimiento de objetivos realistas, educación sobre dolor persistente, promoción de actividad física adaptada, higiene del sueño, conservación de energía, apoyo emocional y seguimiento longitudinal. La intervención enfermera puede contribuir a mejorar la autogestión, la adherencia, la percepción de autoeficacia y la calidad de vida, siempre que se individualice según situación clínica, comorbilidad y recursos disponibles.
Discusión/Conclusiones: El autocuidado en dolor crónico musculoesquelético no debe entenderse como una transferencia de responsabilidad al paciente, sino como un proceso de acompañamiento terapéutico. La Enfermería comunitaria ocupa una posición relevante para identificar barreras, reforzar capacidades y coordinar recursos. La utilidad del plan depende de su adaptación al contexto asistencial, de la continuidad del seguimiento y de la integración con el resto del equipo.
Abstract
Introduction: Chronic musculoskeletal pain is a common reason for consultation and follow-up in community care. Its impact goes beyond pain perception and affects mobility, sleep, emotional well-being, social participation and the ability to maintain self-care routines. From a nursing perspective, community-based management requires a comprehensive and longitudinal assessment focused on the person’s experience, environment and factors influencing adherence to non-pharmacological recommendations.
Objectives: To describe a self-care plan for people living with chronic musculoskeletal pain in community settings, detailing the initial nursing assessment, educational components, exercise therapy support, coping strategies and follow-up criteria.
Methodology: An intervention guide for community practice is presented, structured according to the nursing process and a person-centred care approach. It includes assessment, planning, implementation and evaluation, with special attention to health literacy, functional status, family context and community participation.
Results: The proposed plan integrates clinical interviewing, identification of functional limitations, realistic goal setting, education about persistent pain, promotion of adapted physical activity, sleep hygiene, energy conservation, emotional support and longitudinal monitoring. Nursing interventions may contribute to better self-management, adherence, perceived self-efficacy and quality of life when tailored to the clinical situation, comorbidities and available resources.
Discussion/Conclusions: Self-care in chronic musculoskeletal pain should not be interpreted as a transfer of responsibility to the patient, but as a therapeutic support process. Community nursing has a relevant role in identifying barriers, strengthening capacities and coordinating local resources. The usefulness of the plan depends on contextual adaptation, continuity of care and integration with the multidisciplinary team.
Introducción
El dolor crónico musculoesquelético representa una situación de cuidados compleja en Atención Primaria y en salud comunitaria. Con frecuencia adopta una evolución prolongada y fluctuante, con repercusiones sobre la capacidad funcional, la percepción de salud, la productividad, el descanso nocturno y la vida relacional. La persona puede experimentar limitación para caminar, subir escaleras, realizar tareas domésticas, mantener actividad laboral o participar en actividades significativas, lo que favorece un círculo de inactividad, pérdida de confianza corporal y mayor interferencia del dolor en la vida diaria.
En este escenario, la intervención enfermera no se reduce a reforzar indicaciones ya prescritas, sino que incorpora valoración clínica, escucha terapéutica, educación sanitaria, acompañamiento en la toma de decisiones y seguimiento de objetivos realistas. El dolor persistente suele coexistir con temor al movimiento, descondicionamiento físico, alteraciones del sueño, fatiga, ansiedad, frustración o expectativas poco ajustadas sobre la evolución. Estas dimensiones, lejos de ser accesorias, condicionan la respuesta al tratamiento y la capacidad de sostener cambios en el tiempo.
El ámbito comunitario ofrece oportunidades específicas para el abordaje del autocuidado. La continuidad asistencial, el conocimiento del entorno familiar y social, la proximidad de los profesionales y la posibilidad de activar recursos comunitarios permiten diseñar intervenciones más próximas a la vida cotidiana. A diferencia de un enfoque exclusivamente centrado en episodios agudos, la atención comunitaria facilita revisar hábitos, detectar barreras materiales o cognitivas, adaptar mensajes a la alfabetización en salud de cada persona y promover una participación activa en el plan terapéutico.
Hablar de autocuidado en dolor crónico exige, no obstante, cierta precisión conceptual. No se trata de indicar al paciente que gestione en solitario un problema persistente, sino de favorecer competencias para observar síntomas, dosificar esfuerzos, incorporar movimiento seguro, interpretar de forma más ajustada la experiencia dolorosa y pedir ayuda cuando sea necesario. El autocuidado eficaz combina información comprensible, apoyo profesional y metas alcanzables. Cuando este proceso fracasa, no suele deberse a falta de voluntad, sino a objetivos mal definidos, mensajes contradictorios, sobrecarga emocional, comorbilidad o contextos sociales desfavorables.
Desde Enfermería, la planificación de un plan de autocuidado debe integrar factores físicos, psicológicos y sociales. También debe reconocer que el dolor musculoesquelético incluye situaciones clínicas diversas, como dolor lumbar persistente, cervicalgia, artrosis sintomática, dolor de hombro o síndromes regionales con importante interferencia funcional. Aunque el diagnóstico médico orienta el contexto, la atención enfermera se centra en la experiencia funcional y en la capacidad de la persona para mantener actividades básicas, instrumentales y de participación.
Por ello, resulta útil disponer de una guía de intervención aplicable a consultas, visitas domiciliarias, seguimiento telefónico o actividades grupales comunitarias. Una propuesta de este tipo puede ordenar la valoración, facilitar la continuidad, mejorar la coherencia de los mensajes y orientar la evaluación de resultados desde una perspectiva prudente, individualizada y centrada en la calidad de vida.
Objetivos
Desarrollar un plan de autocuidado para personas con dolor crónico musculoesquelético atendidas en salud comunitaria, orientado a la práctica enfermera y adaptable a diferentes contextos asistenciales.
Objetivos específicos
- Definir los elementos clave de la valoración enfermera inicial en personas con dolor crónico musculoesquelético.
- Describir intervenciones educativas dirigidas a mejorar la alfabetización en salud y la comprensión del dolor persistente.
- Plantear medidas de autocuidado relacionadas con actividad física, ejercicio terapéutico, sueño, conservación de energía y ergonomía cotidiana.
- Incorporar estrategias de afrontamiento y apoyo emocional que puedan favorecer la adaptación funcional.
- Establecer criterios generales de seguimiento y reevaluación en el ámbito comunitario.
- Señalar aspectos de seguridad y de coordinación interprofesional relevantes para la práctica enfermera.
Metodología
Se presenta una guía de intervención enfermera para salud comunitaria estructurada según las etapas del proceso de atención: valoración, planificación, implementación y evaluación. El texto adopta un enfoque práctico orientado a la toma de decisiones clínicas habituales en Atención Primaria, consulta de Enfermería comunitaria y seguimiento domiciliario, sin pretender sustituir los procedimientos locales ni las indicaciones individualizadas del equipo responsable.
El ámbito de aplicación incluye personas adultas con dolor musculoesquelético de evolución persistente que conservan capacidad de participación en un plan educativo y de autocuidado, ya sea de forma autónoma o con apoyo familiar. La guía es especialmente útil cuando existe interferencia en la vida diaria, dificultades de adherencia, temor al movimiento, baja comprensión del problema o necesidad de coordinar recursos comunitarios. Debe adaptarse si concurren procesos inflamatorios activos, dolor de características no habituales, deterioro cognitivo importante, descompensación clínica o cualquier situación que exija priorizar valoración médica o derivación.
La propuesta parte de varios principios: atención centrada en la persona, escucha activa, formulación de objetivos funcionales concretos, gradualidad en las recomendaciones, refuerzo de la autoeficacia y seguimiento longitudinal. En lugar de centrarse exclusivamente en la intensidad del dolor, la guía prioriza variables funcionales y de participación, por considerar que son más útiles para orientar decisiones de autocuidado y para valorar cambios significativos en la vida diaria.
La intervención se organiza en cinco bloques operativos:
- Valoración inicial integral.
- Formulación compartida de objetivos de autocuidado.
- Educación sanitaria y entrenamiento en habilidades.
- Apoyo al cambio conductual y coordinación con recursos del entorno.
- Seguimiento, reevaluación y ajuste del plan.
En todos los bloques se recomienda un lenguaje claro, comprensible y no alarmista. El profesional debe explorar creencias previas, expectativas de curación, experiencias con tratamientos anteriores y disponibilidad real para sostener cambios. La información solo resulta útil cuando puede integrarse en la rutina de la persona; por ello, la planificación debe contemplar horarios, responsabilidades familiares, situación laboral, accesibilidad al entorno y apoyo social.
Resultados
Valoración inicial enfermera
La primera fase consiste en delimitar cómo vive la persona su dolor y qué consecuencias tiene sobre su funcionalidad. Conviene explorar localización principal, tiempo de evolución, factores que agravan o alivian, variabilidad a lo largo del día y medidas utilizadas hasta el momento. Más allá de estos aspectos, interesa conocer el grado de interferencia sobre actividades cotidianas: aseo, vestido, tareas del hogar, movilidad exterior, uso de transporte, actividad laboral, ocio y sueño.
La entrevista debe identificar signos de afrontamiento desadaptativo, como evitación sistemática del movimiento, miedo intenso a lesionarse, uso excesivo del reposo, abandono de actividades placenteras o expectativa de recuperación exclusivamente pasiva. También es pertinente valorar estado de ánimo, fatiga, red de apoyo, nivel de comprensión de la información sanitaria y existencia de barreras económicas, arquitectónicas o familiares.
En el entorno comunitario, la observación del contexto aporta información valiosa. La disposición de la vivienda, las exigencias del rol cuidador, la presencia de soledad no deseada o la falta de espacios seguros para caminar pueden condicionar más la adherencia que la propia recomendación clínica. Del mismo modo, la persona puede disponer de recursos positivos poco aprovechados, como asociaciones locales, grupos de ejercicio suave, centros comunitarios o apoyo familiar para reorganizar tareas.
La valoración debe completarse con la revisión de tratamientos en curso, capacidad para seguirlos correctamente, tolerancia percibida y dudas sobre fármacos, actividad física o ayudas técnicas. No se trata de sustituir la revisión médica, sino de identificar problemas de uso, expectativas inadecuadas o riesgos de mala adherencia que requieran educación o coordinación.
Definición de objetivos de autocuidado
Una vez recogida la información, la planificación debe traducirse en objetivos concretos y negociados. En dolor crónico musculoesquelético, formular metas exclusivamente centradas en “quitar el dolor” suele generar frustración. Resulta más operativo proponer objetivos funcionales y significativos, como caminar durante un tiempo tolerable, mejorar la tolerancia a las tareas domésticas, reducir el tiempo de reposo diurno, retomar una actividad social o dormir con menos interrupciones.
Las metas deben ser comprensibles, realistas y medibles en términos cotidianos. El profesional puede ayudar a transformar objetivos vagos en acciones observables: organizar pausas, planificar paseos progresivos, realizar ejercicios sencillos en casa o distribuir tareas exigentes en diferentes momentos del día. La participación de la persona en la definición de prioridades es decisiva, porque aumenta el compromiso y permite adaptar el plan a lo que realmente desea recuperar.
Cuando existe apoyo familiar, conviene incorporar a las personas cuidadoras o convivientes en la planificación, especialmente si hay tendencia a la sobreprotección o a mensajes desalentadores. El entorno puede facilitar el cambio o reforzar conductas de inactividad; por ello, la intervención educativa debe incluir pautas de acompañamiento que promuevan autonomía sin banalizar el sufrimiento.
Educación sanitaria y alfabetización en salud
La educación sobre dolor persistente es uno de los ejes del autocuidado. Muchas personas interpretan cualquier aumento del dolor como señal de daño inmediato o de empeoramiento irreversible, lo que favorece miedo, reposo excesivo y vigilancia corporal continua. La explicación enfermera debe ser prudente, sencilla y adaptada al nivel de comprensión, diferenciando entre dolor, esfuerzo y sobrecarga, y aclarando que la recuperación funcional suele requerir progresión gradual y constancia.
Es recomendable explorar primero qué cree la persona acerca de su dolor. A partir de ahí, puede corregirse información errónea, revisar expectativas poco realistas y ofrecer mensajes consistentes con el plan terapéutico. La comunicación ha de evitar tanto el alarmismo como la minimización del problema. Decir a alguien que “no tiene nada” cuando sufre limitación mantenida deteriora la alianza terapéutica; del mismo modo, reforzar discursos catastróficos incrementa la sensación de incapacidad.
La alfabetización en salud incluye también la capacidad para entender indicaciones sobre ejercicio, medicación, descanso y señales de reevaluación. Puede ser útil emplear demostración práctica, lenguaje visual, listas breves de prioridades y comprobación final de comprensión. En personas mayores o con baja escolarización sanitaria, esta estrategia mejora la posibilidad de aplicar las recomendaciones fuera de la consulta.
Actividad física y ejercicio terapéutico
La promoción del movimiento ocupa un lugar central, pero debe individualizarse. En general, se recomienda partir del nivel funcional real, no del deseable. Los programas demasiado intensos o genéricos favorecen abandono precoz. La progresión suele ser mejor aceptada cuando se inicia con actividades breves, frecuentes y tolerables, integradas en la rutina diaria.
La Enfermería puede ayudar a planificar caminatas progresivas, ejercicios de movilidad articular, fortalecimiento suave, trabajo postural básico y rutinas de calentamiento o estiramiento cuando estén indicados dentro del plan global. Más que supervisar técnicamente un programa complejo, el papel enfermero se centra en valorar barreras, reforzar adherencia, enseñar autorregistro sencillo y detectar signos de sobreesfuerzo o de descompensación funcional.
Es útil explicar que cierto aumento transitorio de molestias no siempre implica empeoramiento clínico, siempre que el ejercicio se haya pautado de forma gradual y no aparezcan signos de alarma. Esta información puede reducir la evitación por miedo. También conviene enseñar estrategias de dosificación del esfuerzo: alternar actividades, introducir descansos programados, distribuir tareas exigentes y evitar picos de sobrecarga en días de mayor bienestar, ya que este patrón suele preceder a reagudizaciones subjetivas.
Cuando existan recursos comunitarios accesibles, la derivación o recomendación a grupos de actividad adaptada, paseos acompañados o talleres comunitarios puede favorecer adherencia y reducir aislamiento. La participación grupal añade un componente motivacional y social especialmente útil en personas que han reducido su vida comunitaria por dolor o fatiga.
Sueño, descanso y conservación de energía
El sueño alterado y la fatiga son frecuentes en este problema de salud y empeoran la tolerancia al dolor. La valoración enfermera debe identificar horarios irregulares, siestas prolongadas, uso inadecuado de pantallas antes de dormir, preocupación nocturna o patrones de actividad desorganizados. Las recomendaciones de higiene del sueño deben ser concretas y viables: regularidad horaria, ambiente adecuado, reducción de estimulantes según hábitos, preparación progresiva para el descanso y revisión de conductas que perpetúan el insomnio.
La conservación de energía no equivale a evitar actividad, sino a organizarla mejor. La persona puede beneficiarse de aprender a priorizar tareas, fraccionar esfuerzos y combinar periodos de actividad con pausas breves. Estas medidas resultan especialmente útiles en quienes combinan dolor persistente con responsabilidades domésticas, trabajo informal o cuidado de terceros.
Afrontamiento y apoyo emocional
La experiencia prolongada de dolor puede generar sentimientos de impotencia, irritabilidad, tristeza o pérdida de identidad funcional. La intervención enfermera debe incorporar escucha activa y validación del malestar sin reforzar conductas de enfermedad. Favorecer una narrativa centrada en capacidades conservadas y logros parciales ayuda a reconstruir la percepción de control.
Entre las estrategias de afrontamiento que pueden trabajarse en consulta destacan la planificación de rutinas, el establecimiento de metas cortas, el entrenamiento en respiración o relajación sencilla, la identificación de pensamientos anticipatorios de incapacidad y la recuperación progresiva de actividades con valor personal. No todas las personas responderán del mismo modo; por ello, conviene observar qué estrategias han resultado útiles previamente y cuáles generan rechazo o sobrecarga.
Si durante el seguimiento se detecta sufrimiento emocional significativo, aislamiento progresivo o interferencia importante del dolor en la convivencia, debe valorarse coordinación con otros profesionales. La atención comunitaria favorece este enfoque porque permite observar la evolución en el tiempo y no solo durante episodios agudos.
Participación familiar y comunitaria
El autocuidado mejora cuando se sostiene en un entorno comprensivo y funcional. La familia puede colaborar en la reorganización de tareas, el acompañamiento a la actividad física o el refuerzo de objetivos, pero también puede contribuir, de forma involuntaria, a la dependencia y al sedentarismo. El profesional debe detectar estas dinámicas y ofrecer pautas claras de apoyo, evitando tanto la sobreexigencia como la sobreprotección.
En salud comunitaria es pertinente explorar recursos de proximidad: grupos vecinales, talleres municipales, asociaciones de pacientes, espacios de envejecimiento activo o programas comunitarios de ejercicio. La recomendación de participación debe ajustarse a preferencias, accesibilidad y seguridad funcional. No todas las personas desean o pueden integrarse en actividades grupales, pero cuando existe buena adecuación pueden obtenerse beneficios en adherencia, motivación y conexión social.
Seguimiento y criterios de evaluación
El seguimiento debe ser periódico y flexible. La frecuencia dependerá de la complejidad clínica, del grado de interferencia funcional y de la capacidad de la persona para mantener el plan. En cada contacto conviene revisar cambios en la actividad, dificultades encontradas, logros alcanzados, calidad del sueño, estado emocional y utilidad percibida de las medidas acordadas.
La evaluación no debería limitarse a preguntar si duele más o menos. Resulta más útil valorar si ha aumentado la tolerancia a determinadas actividades, si la persona descansa mejor, si emplea menos reposo evitativo, si comprende mejor su problema y si ha recuperado alguna función significativa. Del mismo modo, debe revisarse si existen signos que obliguen a replantear la intervención o a derivar para nueva valoración clínica.
Entre los indicadores cualitativos de evolución favorable pueden considerarse la mayor regularidad en la actividad física, la reducción del miedo al movimiento, la mejora de la autoconfianza, la adherencia a rutinas de sueño y la participación en actividades previamente abandonadas. Estos cambios suelen ser graduales y no lineales, por lo que conviene anticipar fluctuaciones sin interpretar cada empeoramiento puntual como fracaso terapéutico.
Aspectos de seguridad clínica
La promoción del autocuidado debe acompañarse de vigilancia sobre signos de alarma y de límites razonables de actuación. Un cambio marcado en las características del dolor, la aparición de síntomas neurológicos, deterioro funcional brusco, fiebre, traumatismo o cualquier manifestación no habitual requiere reevaluación clínica. También se recomienda revisar de forma periódica la seguridad en el uso de analgésicos, productos tópicos, ayudas técnicas y ejercicios realizados en domicilio.
La guía propuesta no sustituye la valoración diagnóstica ni el plan terapéutico prescrito. Su utilidad reside en estructurar el papel de Enfermería dentro de un abordaje compartido, facilitando continuidad, educación y acompañamiento en el medio comunitario.
Discusión/Conclusiones
El dolor crónico musculoesquelético plantea a la Enfermería comunitaria un reto asistencial sostenido: acompañar a personas con síntomas persistentes sin reducir la atención a la mera monitorización del dolor. Un plan de autocuidado bien estructurado permite desplazar el foco hacia la funcionalidad, la autoeficacia y la participación, aspectos especialmente relevantes cuando la evolución es prolongada y la curación completa no puede plantearse como único horizonte terapéutico.
Uno de los principales aportes de este enfoque es la integración de dimensiones que con frecuencia se abordan por separado. La persona no experimenta el dolor como un fenómeno exclusivamente físico; lo vive entrelazado con sueño insuficiente, miedo, fatiga, pérdida de actividad y cambios en su papel familiar o laboral. Por ello, la respuesta enfermera más útil suele ser la que combina educación, objetivos graduales, apoyo emocional y seguimiento continuado, más que la repetición de recomendaciones aisladas.
La alfabetización en salud merece una atención especial. En la práctica comunitaria es habitual encontrar mensajes previos contradictorios, creencias catastróficas o dificultades para traducir indicaciones generales a rutinas concretas. Cuando la información se adapta al nivel de comprensión y se vincula a metas funcionales cercanas, aumenta la probabilidad de adhesión y se reduce la sensación de fracaso. Esta adaptación exige tiempo clínico, escucha y capacidad de negociación terapéutica.
También deben reconocerse los límites del plan. No todas las personas disponen del mismo apoyo social, del mismo entorno físico ni de la misma capacidad para sostener cambios. La presencia de comorbilidad, sufrimiento emocional relevante o barreras socioeconómicas puede reducir la efectividad de recomendaciones aparentemente sencillas. Del mismo modo, algunos pacientes requerirán intervenciones más intensivas o coordinación estrecha con medicina de familia, fisioterapia, trabajo social u otros dispositivos.
En términos de práctica clínica, esta propuesta puede servir como marco de actuación para consultas de Enfermería, visitas domiciliarias y programas grupales. Su principal fortaleza reside en ordenar la intervención sin convertirla en un protocolo rígido. La individualización sigue siendo imprescindible: los objetivos, el ritmo de progresión y los recursos movilizados deben ajustarse a la situación funcional, a las preferencias de la persona y a los procedimientos vigentes en cada centro.
El autocuidado, entendido como proceso acompañado y no como delegación de responsabilidades, ofrece una vía útil para mejorar la continuidad y la calidad de los cuidados en dolor crónico musculoesquelético. La Enfermería comunitaria, por su cercanía y seguimiento longitudinal, se encuentra en una posición privilegiada para sostener este trabajo, identificar obstáculos tempranos y facilitar cambios clínicamente relevantes en la vida cotidiana.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.
Financiación
Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.
Bibliografía
- Moreno-Ligero M, Moral-Munoz JA, Salazar A, Failde I. mHealth Intervention for Improving Pain, Quality of Life, and Functional Disability in Patients With Chronic Pain: Systematic Review.. JMIR Mhealth Uhealth. 2023;11:e40844. doi: https://doi.org/10.2196/40844
- Cavlak U, Jurak I, Rusu L, Aytutuldu GK, Telebuh M, Budeanca-Babolea OB, et al.. An Analysis of Factors Associated with Chronic Musculoskeletal Pain, Pain Management Preferences, Coping Strategies, and Health-Related Quality of Life Among Older People: A Cross-Cultural Study.. J Pain Res. 2025;18:4915-4934. doi: https://doi.org/10.2147/JPR.S525968
- Cuenca-Martínez F, López-Bueno L, Suso-Martí L, Varangot-Reille C, Calatayud J, Herranz-Gómez A, et al.. Implementation of Online Behavior Modification Techniques in the Management of Chronic Musculoskeletal Pain: A Systematic Review and Meta-Analysis.. J Clin Med. 2022;11(7). doi: https://doi.org/10.3390/jcm11071806
- Cederbom S, Leveille SG, Bergland A. Effects of a behavioral medicine intervention on pain, health, and behavior among community-dwelling older adults: a randomized controlled trial.. Clin Interv Aging. 2019;14:1207-1220. doi: https://doi.org/10.2147/CIA.S208102
- Bernal-Utrera C, Gonzalez-Gerez JJ, Anarte-Lazo E, Rodriguez-Blanco C. Manual therapy versus therapeutic exercise in non-specific chronic neck pain: a randomized controlled trial.. Trials. 2020;21(1):682. doi: https://doi.org/10.1186/s13063-020-04610-w
- Casanova-Rodríguez D, Ranchal-Sánchez A, Rodríguez RB, Jurado-Castro JM. Aerobic Exercise Prescription for Pain Reduction in Fibromyalgia: A Systematic Review and Meta-Analysis.. Eur J Pain. 2025;29(2):e4783. doi: https://doi.org/10.1002/ejp.4783
- Wang Y, Aaron R, Attal N, Colloca L. An update on non-pharmacological interventions for pain relief.. Cell Rep Med. 2025;6(2):101940. doi: https://doi.org/10.1016/j.xcrm.2025.101940
- González-Gómez L, Moral-Munoz JA, Rosales-Tristancho A, Cuevas-Moreno A, Cardellat-González M, Rodríguez-Domínguez ÁJ. Exercise Therapy Versus Manual Therapy for the Management of Pain Intensity, Disability, and Physical Function in People With Chronic Low Back Pain: A Systematic Review With Meta-Analysis and Meta-Regression.. Eur J Pain. 2025;29(8):e70090. doi: https://doi.org/10.1002/ejp.70090