Plan de cuidados ante desgarro cutáneo en persona mayor con piel frágil

Care plan for skin tears in older adults with fragile skin

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:250

Autor principal (primer firmante): Jorge Navarro Medina

Fecha recepción: 09/07/26

Fecha aceptación: 14/08/26

Fecha de publicación: 19/08/26

Ref.: CADICE. 2026;1(8):250

Autores:
Jorge Navarro Medina
Elena Vargas Prieto
Rocío Sánchez Gil
Pablo Ibáñez Cortés

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Piel; Valoración de Enfermería; Estomas quirúrgicos; Protocolos clínicos; Anciano; Intervenciones de Enfermería; Cicatrización de heridas; Piel frágil; Desgarros cutáneos; Apósitos

Keywords: Skin; Nursing Assessment; Surgical Stomas; Clinical Protocols; Aged; Nursing Interventions; Wound Healing; Fragile Skin; Skin Tears; Bandages

Resumen

Introducción: El desgarro cutáneo constituye una lesión frecuente en personas mayores con piel frágil, especialmente cuando concurren envejecimiento cutáneo, dependencia funcional, comorbilidad, tratamientos que alteran la integridad tisular o exposición repetida a fricción y cizalla. Su manejo exige una valoración enfermera cuidadosa, ya que pequeñas variaciones en la viabilidad del colgajo, el exudado, el dolor o el riesgo de infección condicionan la evolución de la herida y la selección del apósito.

Objetivos: Describir una guía de cuidados enfermeros para la atención del desgarro cutáneo en la persona mayor con piel frágil, centrada en la valoración inicial, la intervención local, la prevención de nuevas lesiones y el seguimiento evolutivo.

Metodología: Se presenta un desarrollo orientado a la práctica clínica a partir del proceso de Enfermería y de criterios generales de cuidado de heridas. El abordaje integra valoración de la piel y del entorno clínico, objetivos asistenciales, intervención paso a paso y criterios de reevaluación, con enfoque prudente y adaptable a los protocolos vigentes de cada centro.

Resultados: La actuación enfermera se organiza en cuatro ejes: identificación de factores predisponentes, valoración estructurada de la lesión, cuidado local atraumático y medidas de prevención secundaria. La limpieza suave, la posible recolocación del colgajo cuando es viable, la protección de la piel perilesional, la elección individualizada del apósito y la educación a paciente y cuidadores pueden favorecer un entorno de cicatrización más seguro. El seguimiento debe incluir dolor, exudado, signos locales de complicación y riesgo de recurrencia.

Discusión/Conclusiones: El desgarro cutáneo no debe considerarse una lesión menor. Su abordaje requiere integrar conocimientos sobre fragilidad cutánea, seguridad del paciente, técnica de cura y continuidad asistencial. Un plan de cuidados estructurado puede mejorar la protección tisular, reducir manipulaciones innecesarias y orientar la prevención de nuevas lesiones, siempre con adaptación al contexto clínico, a la localización de la herida y a la situación funcional de la persona.

Abstract

Introduction: Skin tears are common wounds in older adults with fragile skin, particularly when skin aging, functional dependence, multimorbidity, treatments affecting tissue integrity, or repeated friction and shear are present. Their management requires careful nursing assessment, since flap viability, exudate, pain, and risk of infection influence wound progression and dressing selection.

Objectives: To describe a nursing care guide for the management of skin tears in older adults with fragile skin, focused on initial assessment, local wound care, prevention of further injury, and follow-up.

Methodology: A practice-oriented approach based on the nursing process and general wound care principles is presented. The proposal integrates skin and clinical context assessment, care goals, stepwise intervention, and reassessment criteria, with a prudent approach that should be adapted to local protocols.

Results: Nursing management is organized into four areas: identification of predisposing factors, structured wound assessment, atraumatic local care, and secondary prevention measures. Gentle cleansing, possible flap realignment when viable, protection of periwound skin, individualized dressing selection, and education for patients and caregivers may support a safer healing environment. Follow-up should include pain, exudate, local signs of complications, and recurrence risk.

Discussion/Conclusions: Skin tears should not be underestimated. Their management requires integration of knowledge on skin fragility, patient safety, wound care technique, and continuity of care. A structured nursing care plan may improve tissue protection, reduce unnecessary manipulation, and support prevention of new injuries, always according to clinical context, wound location, and the person’s functional condition.

Introducción

El desgarro cutáneo es una solución de continuidad producida por fuerzas mecánicas, habitualmente fricción, cizalla o traumatismo de baja intensidad, que separan capas de la piel y pueden generar un colgajo cutáneo parcial o total. Aunque en ocasiones se percibe como una lesión menor, en la persona mayor con piel frágil representa un problema asistencial relevante por su dolor, por la dificultad técnica de la cura y por el riesgo de cronificación, infección local o deterioro funcional asociado.

El envejecimiento modifica la estructura y la respuesta de la piel. La reducción de elasticidad, la menor resistencia al trauma, la sequedad, la atrofia, la alteración de la microcirculación y la menor capacidad reparadora favorecen la aparición de lesiones ante estímulos cotidianos, como transferencias, retirada de adhesivos, roces con mobiliario o maniobras de movilización. A ello se añaden factores clínicos frecuentes en geriatría: dependencia para las actividades básicas, malnutrición, edema, incontinencia, deterioro cognitivo, polimedicación o coexistencia de dispositivos y estomas que incrementan la exposición de la piel a humedad, adhesivos y tracción.

Desde Enfermería, el abordaje del desgarro cutáneo requiere una mirada integral. No basta con cubrir la herida; es preciso identificar por qué se ha producido, qué factores pueden dificultar la cicatrización y qué medidas deben incorporarse para evitar recurrencias. La valoración inicial, la cura atraumática, la selección del apósito y la reevaluación periódica forman parte de un continuo asistencial que también incluye la educación a la familia, la coordinación con otros profesionales y la adaptación a la situación funcional y al entorno de cuidados.

La presencia de un estoma quirúrgico, o de otros dispositivos adheridos a la piel, añade complejidad al plan de cuidados cuando el desgarro aparece en áreas próximas o en una piel ya sometida a manipulación reiterada. En estos casos debe extremarse la protección del tejido perilesional, la elección de materiales con retirada menos traumática y la planificación de la cura para reducir cambios innecesarios. La prioridad enfermera es preservar la integridad cutánea sin comprometer el resto de necesidades asistenciales.

Un artículo orientado a la intervención resulta útil para homogeneizar criterios de actuación y aportar una secuencia de cuidados aplicable en distintos niveles asistenciales. Sin plantearlo como protocolo universal, puede servir como marco para la práctica segura y para la toma de decisiones fundamentada ante uno de los problemas cutáneos más frecuentes en la población mayor frágil.

Objetivos

Describir un plan de cuidados enfermeros para la atención del desgarro cutáneo en la persona mayor con piel frágil, con especial atención a la valoración integral, al manejo local de la herida y a la prevención de nuevas lesiones.

Como objetivos específicos se plantean:

  • Identificar los elementos de la valoración inicial que condicionan el pronóstico y la estrategia de cura.
  • Ordenar la intervención enfermera en una secuencia práctica, atraumática y adaptable al contexto asistencial.
  • Definir criterios generales para la selección y el uso de apósitos en función de la viabilidad tisular, el exudado y la localización.
  • Incorporar medidas de seguridad y protección cutánea, incluyendo situaciones con dispositivos o estomas quirúrgicos.
  • Establecer parámetros de seguimiento clínico y de reevaluación de la herida.
  • Subrayar la importancia de la educación a la persona cuidadora y de la continuidad de cuidados.

Metodología

Se desarrolla una guía de intervención estructurada mediante el proceso de Enfermería y orientada a la práctica clínica en ámbitos hospitalarios, sociosanitarios y domiciliarios. El contenido se centra en criterios generales de valoración y cuidado de heridas de espesor parcial o de despegamiento cutáneo superficial, aplicados a la persona mayor con fragilidad cutánea.

La propuesta parte de una secuencia asistencial: valoración inicial del estado general y de la lesión, identificación de prioridades, planificación de objetivos de cuidados, aplicación de intervenciones locales y preventivas, y seguimiento evolutivo. Este planteamiento no sustituye los procedimientos de cada institución, sino que ofrece un marco de actuación que debe individualizarse según el estado basal de la persona, la localización de la herida, la presencia de comorbilidad, el entorno de cuidados y los recursos disponibles.

Para su organización se han integrado elementos habitualmente relevantes en la práctica enfermera: integridad cutánea, riesgo de infección, control del dolor, protección de la piel perilesional, tolerancia a los procedimientos, necesidad de apoyo para el autocuidado y prevención de nuevas lesiones. Cuando la herida se localiza cerca de un estoma quirúrgico o de superficies sometidas a adhesivos, se contempla además la revisión del sistema de fijación y del impacto del dispositivo sobre la piel adyacente.

La metodología se apoya en una perspectiva prudente. No se plantean indicaciones cerradas sobre productos concretos, frecuencia fija de cura o resultados predeterminados, dado que estas decisiones dependen de la evolución clínica y de los protocolos del centro. Se prioriza, en cambio, una lógica de cuidados que reduzca el trauma añadido, mantenga un ambiente local adecuado para la cicatrización y facilite la vigilancia de complicaciones.

Resultados

Valoración inicial de la persona y del entorno clínico

La valoración comienza por la situación global de la persona mayor. Debe recogerse el grado de dependencia, la capacidad de colaboración, el nivel cognitivo, la movilidad, la continencia, el estado nutricional observado, la hidratación cutánea y la existencia de dolor espontáneo o durante la manipulación. También conviene revisar antecedentes de fragilidad capilar, lesiones previas, tratamiento con fármacos que puedan alterar la integridad tisular o la coagulación, y presencia de edemas, equimosis o dermatosis concomitantes.

En paralelo, la enfermera valora el contexto en que se produjo la lesión. Un desgarro cutáneo relacionado con transferencia, caída, retirada de un adhesivo o manipulación de dispositivos orienta hacia medidas preventivas específicas. Si la persona porta un estoma quirúrgico, sondas, férulas o sistemas de fijación, debe analizarse si el patrón de adhesión, la humedad o la tracción han contribuido al daño. Esta información resulta esencial para evitar recurrencias en la misma zona o en áreas próximas.

Valoración local de la herida

La exploración de la lesión ha de ser sistemática y respetuosa. Interesa describir localización anatómica, extensión aproximada, presencia o ausencia de colgajo cutáneo, coloración y viabilidad del tejido, exudado, sangrado, estado de la piel perilesional y dolor asociado. Es igualmente importante observar si existe edema local, maceración, restos de adhesivo, suciedad visible o signos que hagan sospechar complicación, como aumento progresivo del eritema, calor local, olor inusual o cambios desfavorables en la herida.

Cuando hay colgajo cutáneo, la prioridad es determinar si puede reposicionarse sin tensión y si mantiene un aspecto compatible con perfusión tisular. La manipulación debe ser mínima. Forzar un tejido desvitalizado o aplicar tracciones repetidas puede aumentar la pérdida de superficie viable. Del mismo modo, en piel extremadamente frágil conviene evitar frotamientos, secado agresivo o el uso indiscriminado de adhesivos.

Objetivos de cuidados

Tras la valoración, los objetivos asistenciales suelen orientarse a preservar el tejido viable, proteger la piel perilesional, controlar el dolor, favorecer un ambiente de cicatrización húmeda equilibrada, prevenir la infección y reducir el riesgo de nuevas lesiones. En personas con dependencia o deterioro cognitivo se añade la necesidad de adaptar el entorno y apoyar al cuidador principal para asegurar la continuidad del plan.

Si la lesión se sitúa cerca de un estoma, otro objetivo es mantener la funcionalidad del dispositivo sin comprometer la integridad de la piel. Esto puede requerir coordinar el momento de la cura, revisar el patrón de recorte o ajuste del sistema y reducir la frecuencia de despegado cuando la situación clínica lo permita.

Intervención enfermera paso a paso

La primera fase consiste en preparar un entorno de cura seguro y con materiales suficientes para evitar interrupciones. Resulta recomendable informar a la persona, incluso cuando exista deterioro cognitivo, utilizando un lenguaje sencillo y anticipando las maniobras que pueden resultar molestas. El control del dolor debe valorarse antes del procedimiento y durante la cura, ya que una técnica aparentemente menor puede ser mal tolerada en piel frágil.

La limpieza de la lesión debe realizarse con suavidad, retirando restos visibles sin fricción intensa. El objetivo no es desbridar de forma agresiva, sino permitir la inspección y reducir la carga de contaminantes superficiales. Después se seca cuidadosamente la piel circundante mediante toques suaves, evitando arrastre.

Cuando existe un colgajo viable, puede considerarse su aproximación anatómica con maniobras mínimas, utilizando instrumental o técnica que no desgarre más el tejido. No se trata de reposicionarlo a cualquier precio, sino de favorecer que actúe como cobertura biológica cuando su estado lo permita. Si el colgajo está claramente no viable o se observa deterioro importante, la conducta debe individualizarse según la valoración clínica y los procedimientos establecidos.

La protección de la piel perilesional constituye un eje central del cuidado. En personas mayores con xerosis o piel muy vulnerable, la barrera cutánea puede verse alterada tanto por el exudado como por los adhesivos. Por ello deben priorizarse materiales de contacto suave y sistemas de fijación que minimicen el trauma al retirarlos. La retirada de cualquier apósito ha de hacerse lentamente, sujetando la piel para disminuir la cizalla.

La selección del apósito depende del estado de la herida. En general, se buscan coberturas no traumáticas, con capacidad de proteger el tejido, controlar exudado cuando sea necesario y mantener un entorno local estable. Si el exudado es escaso, un apósito que preserve la humedad sin adherirse al lecho puede ser suficiente; si es moderado o mayor, puede requerirse mayor absorción. En localizaciones expuestas al roce o junto a dispositivos, también se valorará la conformabilidad y la estabilidad del apósito. Debe evitarse la compresión innecesaria y cualquier fijación que añada riesgo de nueva lesión.

La frecuencia de cambio ha de ajustarse a la evolución de la herida, al nivel de exudado, a la tolerancia de la persona y a la necesidad de inspección clínica. En piel frágil conviene reducir cambios no justificados, dado que cada manipulación puede lesionar tejido sano. No obstante, una vigilancia insuficiente también puede retrasar la detección de maceración, despegamiento del apósito o signos locales de complicación.

Manejo del dolor y confort

El dolor asociado al desgarro cutáneo puede infravalorarse, sobre todo cuando la lesión es pequeña. Sin embargo, la propia herida, la limpieza y la retirada del apósito pueden generar malestar significativo. La valoración enfermera debe incluir tanto el dolor en reposo como el dolor procedimental, y registrar si la persona expresa temor a la cura, evita movilizar el miembro afectado o muestra conductas de rechazo.

Las medidas de confort incluyen explicar el procedimiento, manipular con delicadeza, usar apósitos menos adherentes, espaciar cambios cuando sea clínicamente razonable y coordinar la cura con el manejo analgésico prescrito si la situación lo requiere. En personas con alteración cognitiva, la observación de gestos, vocalizaciones o resistencia al contacto adquiere especial importancia.

Prevención de nuevas lesiones

La prevención secundaria no debe posponerse. Una vez producido un desgarro cutáneo, es frecuente que existan otros factores de riesgo activos. Conviene revisar técnicas de movilización, necesidad de ayudas para las transferencias, estado de los textiles, protección de prominencias o zonas expuestas al roce y uso de emolientes o medidas de hidratación cutánea según tolerancia y prescripción habitual del entorno asistencial.

Debe prestarse atención al empleo de adhesivos sobre piel frágil. Siempre que sea posible, se seleccionarán sistemas de fijación menos agresivos y se evitará la retirada repetida de materiales innecesarios. En personas con estoma quirúrgico, la prevención incluye vigilar la piel periestomal, optimizar el ajuste del dispositivo, evitar recambios sin indicación y planificar las curas para no superponer manipulaciones traumáticas sobre la misma zona.

La educación a cuidadores y familiares es parte del plan de cuidados. Deben conocer cómo identificar sangrado persistente, aumento del exudado, cambios desfavorables en la coloración del tejido, mal olor, dolor creciente o signos de deterioro de la piel de alrededor. También necesitan instrucciones claras sobre cómo sujetar la piel al retirar un adhesivo, cómo evitar golpes accidentales y cuándo solicitar reevaluación profesional.

Criterios de evaluación y seguimiento

La reevaluación debe ser periódica y centrarse en parámetros clínicos observables: aproximación o pérdida del colgajo, evolución del exudado, estado de la piel perilesional, presencia de maceración, intensidad del dolor, tolerancia al apósito y aparición de signos locales que aconsejen modificar la estrategia. La mejora no siempre es lineal, por lo que resulta útil comparar la herida con valoraciones previas y documentar los cambios de forma clara.

Entre los indicadores de buena evolución se encuentran la preservación del tejido viable, la disminución del dolor procedimental, la estabilidad de la piel circundante y la ausencia de nuevas lesiones relacionadas con la cura. Si la herida empeora, se extiende, se acompaña de deterioro cutáneo significativo o no progresa según lo esperable para la situación clínica, procede una nueva valoración interdisciplinar y la revisión del plan de cuidados.

Continuidad asistencial

La continuidad de cuidados es especialmente relevante en la persona mayor polimórbida o institucionalizada. El registro enfermero debe describir la lesión, el tipo de cobertura empleada, la respuesta de la persona, las dificultades encontradas y las medidas preventivas indicadas. Un traspaso de información incompleto favorece cambios de material innecesarios, manipulaciones repetidas y pérdida de coherencia terapéutica.

En atención domiciliaria o en residencias, la coordinación con el equipo responsable y con la familia resulta determinante. La simplificación del plan, el uso de instrucciones comprensibles y la revisión de los recursos disponibles aumentan la adherencia al cuidado y reducen intervenciones improvisadas sobre piel muy vulnerable.

Discusión/Conclusiones

El abordaje del desgarro cutáneo en la persona mayor con piel frágil exige más que una cura local convencional. La lesión aparece con frecuencia en un terreno biológico y funcional complejo, donde intervienen envejecimiento cutáneo, dependencia, exposición a fricción y cizalla, uso de adhesivos, dispositivos o estomas y, en no pocas ocasiones, limitaciones del entorno de cuidados. Por ello, la respuesta enfermera debe integrar valoración clínica, técnica atraumática y prevención activa.

Una de las principales dificultades en la práctica es la tendencia a infraestimar estas heridas por su tamaño aparente. Esa simplificación puede llevar a manipulaciones excesivas, elección inadecuada del apósito o falta de seguimiento. En cambio, una valoración estructurada permite diferenciar situaciones de baja complejidad de otras que requieren mayor vigilancia, especialmente cuando existe colgajo cutáneo comprometido, exudado cambiante, dolor relevante o piel perilesional muy deteriorada.

La protección del tejido viable y la reducción del trauma iatrogénico son ideas centrales. En piel frágil, el propio cuidado puede convertirse en una fuente adicional de lesión si se emplean adhesivos inadecuados, se realizan cambios demasiado frecuentes o se ejerce fricción durante la limpieza. Esto cobra especial importancia en áreas próximas a estomas quirúrgicos, donde la repetición de recambios y la necesidad de asegurar la adherencia del sistema pueden entrar en conflicto con la preservación de la integridad cutánea.

También merece atención la dimensión educativa. El paciente y sus cuidadores participan de manera decisiva en la prevención de recurrencias, en la observación de signos de alarma y en la protección de la piel durante las actividades cotidianas. Un plan de cuidados bien formulado no se limita a indicar un apósito, sino que traduce la valoración enfermera en medidas comprensibles, asumibles y sostenibles en el tiempo.

Como orientación general, esta propuesta debe adaptarse a los protocolos locales, a la disponibilidad de materiales y a la situación clínica concreta. No todas las heridas evolucionan del mismo modo ni todas las personas toleran igual las mismas coberturas o ritmos de cura. La individualización sigue siendo un requisito de calidad asistencial.

En síntesis, el desgarro cutáneo en la persona mayor con piel frágil representa un problema de cuidados que requiere intervención enfermera específica, delicada y continuada. La valoración integral, el manejo atraumático, la elección prudente del apósito y la prevención de nuevas lesiones constituyen los pilares de un plan de cuidados orientado a favorecer la cicatrización y a proteger la integridad cutánea en una población especialmente vulnerable.

Conflicto de intereses

Los autores manifiestan que no existe ningún conflicto de intereses que haya podido influir en el contenido del presente trabajo.

Financiación

La elaboración de este artículo no contó con financiación externa pública ni privada.

Bibliografía

  1. LeBlanc K, Langemo D, Woo K, Campos HMH, Santos V, Holloway S. Skin tears: prevention and management.. Br J Community Nurs. 2019;24(Sup9):S12-S18. doi: https://doi.org/10.12968/bjcn.2019.24.Sup9.S12
  2. Holloway S, Prentice J, Samuriwo R. Preventing, assessing and treating skin tears.. Nurs Stand. 2023;38(10):37-45. doi: https://doi.org/10.7748/ns.2023.e12127
  3. Stephen-Haynes J. Prevention of skin tears: intrinsic and extrinsic factors.. Br J Nurs. 2023;32(Sup20):S22-S28. doi: https://doi.org/10.12968/bjon.2023.32.Sup20.S22
  4. McInulty L. Prevention and management of skin tears in older people.. Emerg Nurse. 2017;25(3):32-39. doi: https://doi.org/10.7748/en.2017.e1687
  5. Roberts MJ. Preventing and managing skin tears: a review.. J Wound Ostomy Continence Nurs. 2007;34(3):256-9. doi: https://doi.org/10.1097/01.WON.0000270819.84071.80
  6. Baranoski S, LeBlanc K, Gloeckner M. CE: Preventing, Assessing, and Managing Skin Tears: A Clinical Review.. Am J Nurs. 2016;116(11):24-30. doi: https://doi.org/10.1097/01.NAJ.0000505581.01967.75
  7. Chen YH, Hsieh HL, Shih WM. Applying Skin Barrier Film for Skin Tear Management in Patients with Central Venous Catheterization.. Adv Skin Wound Care. 2020;33(11):582-586. doi: https://doi.org/10.1097/01.ASW.0000717208.20481.a0
  8. Van Tiggelen H, Van Damme N, Theys S, Vanheyste E, Verhaeghe S, LeBlanc K, et al.. The prevalence and associated factors of skin tears in Belgian nursing homes: A cross-sectional observational study.. J Tissue Viability. 2019;28(2):100-106. doi: https://doi.org/10.1016/j.jtv.2019.01.003
  9. Chang YY, Carville K, Tay AC. The prevalence of skin tears in the acute care setting in Singapore.. Int Wound J. 2016;13(5):977-83. doi: https://doi.org/10.1111/iwj.12572
  10. Hitchcock J, Savine L. Medical adhesive-related skin injuries associated with vascular access.. Br J Nurs. 2017;26(8):S4-S12. doi: https://doi.org/10.12968/bjon.2017.26.8.S4
  11. Degenhardt A, Reinbold T, Weinhardt C. Performance and safety of transparent postoperative dressings with silicone adhesive in daily practice on fragile skin.. J Wound Care. 2024;33(11):824-832. doi: https://doi.org/10.12968/jowc.2024.0308
Scroll al inicio