Plan de cuidados para úlcera venosa de larga evolución en atención comunitaria

Care plan for long-standing venous ulcer in community care

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:255

Autor principal (primer firmante): Víctor Ramírez Ponce

Fecha recepción: 18/07/26

Fecha aceptación: 12/08/26

Fecha de publicación: 20/08/26

Ref.: CADICE. 2026;1(8):255

Autores:
Víctor Ramírez Ponce
Alicia Martín Salas
Noelia Prieto Guzmán
Rubén Castro Peña

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Proceso de Enfermería; Apósitos; Piel; Cuidados de Enfermería; Insuficiencia venosa; Vendaje compresivo; Informes de casos; Estomas quirúrgicos; Úlcera venosa; Cicatrización de heridas

Keywords: Nursing Process; Bandages; Skin; Nursing Care; Venous Insufficiency; Compression Bandages; Case Reports; Surgical Stomas; Varicose Ulcer; Wound Healing

Resumen

Introducción: La úlcera venosa constituye un problema de cuidados frecuente en personas con insuficiencia venosa crónica y suele cursar con evolución prolongada, recurrencia, dolor, exudado, limitación funcional e impacto relevante en la vida cotidiana. En atención comunitaria, la enfermera desempeña un papel central en la valoración integral, el tratamiento local, la terapia compresiva, la educación sanitaria y el seguimiento continuado.

Objetivos: Describir un plan de cuidados enfermeros aplicado a una persona con úlcera venosa de larga evolución en el ámbito comunitario, destacando la valoración clínica, los problemas de cuidados identificados, las intervenciones prioritarias y la evolución observada durante el seguimiento.

Metodología: Se expone una situación clínica estructurada mediante el proceso de Enfermería. El abordaje incluye anamnesis, exploración de la extremidad afectada, valoración del lecho de la herida, piel perilesional, edema, dolor, capacidad de autocuidado, adherencia y entorno domiciliario. A partir de esta valoración se organiza un plan individualizado centrado en el control del exudado, la protección cutánea, la compresión terapéutica, la prevención de complicaciones y la educación para el autocuidado.

Resultados: La paciente presentaba úlcera maleolar de larga evolución, edema persistente, piel perilesional frágil y limitación para mantener medidas de elevación y compresión de forma continuada. El plan de cuidados combinó limpieza de la lesión, selección prudente de apósitos según características locales, protección de bordes, vendaje compresivo adaptado a la tolerancia y educación sobre cuidado cutáneo, movilidad, reposo con elevación y signos de alarma. Durante el seguimiento se observó mejor control del exudado, reducción del edema, mejoría del dolor en reposo y progresión favorable del tejido de granulación, con incremento de la implicación de la paciente en su autocuidado.

Discusión/Conclusiones: El abordaje enfermero de la úlcera venosa de larga evolución requiere continuidad, reevaluación periódica y coordinación con el resto del equipo. La combinación de valoración integral, cura local basada en las características de la herida, compresión individualizada y educación terapéutica puede contribuir a mejorar la evolución local y la adherencia. La práctica comunitaria exige además considerar factores sociales, funcionales y ambientales que condicionan la respuesta al tratamiento.

Abstract

Introduction: Venous leg ulcer is a frequent care problem in people with chronic venous insufficiency and often follows a prolonged course, with recurrence, pain, exudate, functional limitation, and a significant impact on daily life. In community care, nurses play a key role in comprehensive assessment, local wound management, compression therapy, health education, and follow-up.

Objectives: To describe a nursing care plan for a person with a long-standing venous ulcer in the community setting, focusing on clinical assessment, identified care problems, priority interventions, and observed progress during follow-up.

Methodology: A clinical situation is presented using the nursing process. The approach includes history taking, examination of the affected limb, wound bed assessment, periwound skin evaluation, edema, pain, self-care capacity, adherence, and home environment. Based on this assessment, an individualized care plan was organized, focused on exudate control, skin protection, therapeutic compression, complication prevention, and self-care education.

Results: The patient showed a long-standing malleolar ulcer, persistent edema, fragile periwound skin, and difficulty maintaining elevation and compression measures on a regular basis. The care plan combined wound cleansing, prudent dressing selection according to local characteristics, edge protection, compression bandaging adapted to tolerance, and education on skin care, mobility, leg elevation, and warning signs. Follow-up showed improved exudate control, edema reduction, less pain at rest, and favorable granulation tissue progression, together with better patient involvement in self-care.

Discussion/Conclusions: Nursing management of long-standing venous ulcer requires continuity, periodic reassessment, and coordination with the multidisciplinary team. Comprehensive assessment, local care tailored to wound characteristics, individualized compression, and therapeutic education may contribute to better local evolution and adherence. Community practice also requires consideration of social, functional, and environmental factors that influence treatment response.

Introducción

La úlcera venosa de la extremidad inferior representa una de las manifestaciones más complejas de la insuficiencia venosa crónica. Su manejo rara vez se limita a la cura local de la lesión. Con frecuencia se acompaña de edema, alteración cutánea, dolor, prurito, exudado, maceración perilesional, dificultades para el descanso y limitación para actividades habituales. A ello se añade un curso clínico a menudo prolongado, con cierres incompletos, reaperturas y periodos de baja adherencia a las medidas terapéuticas, especialmente cuando la persona convive con comorbilidad, dependencia parcial o barreras sociales.

En este escenario, la atención comunitaria ofrece un marco privilegiado para el seguimiento longitudinal y la personalización de los cuidados. La enfermera puede valorar la extremidad en su contexto funcional real, identificar factores que perpetúan la lesión, ajustar el tratamiento tópico a la evolución del lecho y reforzar intervenciones no farmacológicas que resultan determinantes, como la compresión, el cuidado de la piel, la movilización y la elevación de los miembros inferiores. La continuidad asistencial permite, además, detectar de forma precoz cambios compatibles con complicaciones locales o con falta de respuesta al tratamiento.

La úlcera venosa no debe entenderse solo como una solución de continuidad en la piel. Es una situación de salud que compromete confort, imagen corporal, autonomía y participación social. El olor, el exudado visible, la necesidad de curas frecuentes o la dificultad para utilizar determinado calzado pueden condicionar aislamiento y desánimo. Por ello, un plan de cuidados útil debe integrar dimensiones físicas, emocionales y sociales, con objetivos realistas y revisables.

Desde el punto de vista enfermero, el proceso de valoración tiene un peso decisivo. Resulta necesario explorar antecedentes de insuficiencia venosa, evolución temporal de la lesión, episodios previos, hábitos posturales, tolerancia a la compresión, estado de la piel perilesional, dolor, patrón de sueño, red de apoyo y capacidad para comprender y sostener las recomendaciones. También conviene valorar si existen elementos que obliguen a revisión diagnóstica o médica, como cambios bruscos en el aspecto de la herida, deterioro progresivo pese a las curas, aumento del dolor o signos sugerentes de infección o isquemia.

El presente artículo desarrolla un plan de cuidados centrado en una persona con úlcera venosa de larga evolución atendida en el ámbito comunitario. El interés del caso radica en la necesidad de combinar tratamiento local, terapia compresiva, educación sanitaria y seguimiento estrecho, manteniendo una mirada global sobre la persona y su entorno.

Objetivos

Describir el abordaje enfermero de una úlcera venosa de larga evolución en atención comunitaria mediante un plan de cuidados individualizado, orientado a favorecer la cicatrización, reducir complicaciones y mejorar la capacidad de autocuidado.

Objetivos específicos

  • Realizar una valoración integral de la persona, la extremidad afectada y la lesión cutánea, incluyendo factores clínicos, funcionales y sociales relacionados con la evolución de la herida.
  • Identificar los principales problemas de cuidados asociados a la úlcera venosa prolongada, con especial atención al deterioro de la integridad cutánea, el edema, el dolor, el riesgo de lesión perilesional y las dificultades de adherencia.
  • Planificar intervenciones enfermeras orientadas al manejo local de la herida, la protección de la piel, la aplicación de compresión de forma individualizada y la educación para el autocuidado.
  • Valorar la evolución clínica durante el seguimiento domiciliario o en consulta comunitaria mediante la observación de cambios en exudado, tejido de granulación, edema, confort y participación de la paciente en los cuidados.
  • Reflexionar sobre las implicaciones prácticas del caso para la continuidad asistencial en personas con lesiones crónicas relacionadas con insuficiencia venosa.

Metodología

Se desarrolla una situación clínica del ámbito comunitario estructurada a partir del proceso de Enfermería. El caso se organiza en torno a las etapas de valoración, identificación de problemas de cuidados, planificación, intervención y seguimiento evolutivo. El objetivo metodológico no es establecer un protocolo cerrado, sino mostrar un razonamiento clínico enfermero aplicable a la práctica habitual de consulta o domicilio.

La valoración inicial se centró en los siguientes ejes:

  • Antecedentes relacionados con enfermedad venosa y evolución previa de la lesión.
  • Características de la úlcera: localización, extensión aproximada, bordes, tipo de tejido visible, cantidad de exudado, olor, dolor asociado y estado de la piel perilesional.
  • Estado del miembro inferior: presencia de edema, cambios cutáneos compatibles con estasis venosa, tolerancia a la palpación y limitación funcional.
  • Capacidad de autocuidado: comprensión de las recomendaciones, habilidad para colaborar en la cura, disponibilidad de apoyo familiar y adherencia previa a compresión, elevación y cuidado cutáneo.
  • Condiciones del entorno: barreras para acudir a consulta, posibilidades de descanso con elevación de piernas, tipo de calzado y organización doméstica.

A partir de esta información se formuló un plan de cuidados con objetivos graduales. Se priorizaron la mejora del entorno local de la herida, el control del edema, la protección de la piel perilesional, el alivio del dolor y el fortalecimiento del autocuidado. La reevaluación se realizó de forma periódica en función de la respuesta clínica, tolerancia al vendaje y cambios observados por la paciente entre visitas.

El desarrollo del caso incorpora lenguaje enfermero habitual en la práctica clínica y mantiene una orientación prudente, individualizada y centrada en la seguridad. Las decisiones sobre cura local y compresión se presentan como actuaciones adaptadas a la valoración clínica, no como indicaciones universales aplicables a toda persona con úlcera venosa.

Resultados

Presentación de la situación clínica

Mujer de 72 años, identificada como M.R., seguida en atención comunitaria por lesión crónica en tercio distal de la pierna izquierda, de predominio maleolar medial, con varios meses de evolución y antecedentes de episodios previos de ulceración en la misma extremidad. Refería pesadez de piernas, edema vespertino, prurito ocasional y molestias que aumentaban al permanecer mucho tiempo sentada con las piernas en declive. Convivía con su pareja, mantenía deambulación autónoma en domicilio y presentaba cierta limitación para trayectos largos. Había utilizado medidas compresivas de forma irregular por sensación de calor e incomodidad, y expresaba cansancio por la duración del proceso.

En la valoración inicial se observó úlcera superficial de contorno irregular, con predominio de tejido de granulación y áreas de fibrina, exudado moderado y piel perilesional frágil, con signos de maceración en algunos bordes. El miembro inferior mostraba edema blando, cambios cutáneos compatibles con insuficiencia venosa y sensación de tirantez al final del día. La paciente describía dolor leve en reposo y aumento de la molestia durante la manipulación de la herida y con determinados vendajes previos. No refería fiebre ni otros síntomas sistémicos, aunque sí preocupación por la lentitud de la mejoría y por la repercusión en su rutina diaria.

Valoración enfermera integral

La situación clínica sugería una interacción de varios factores mantenedores: retorno venoso ineficaz, edema persistente, cuidado cutáneo insuficiente, dificultades para sostener la compresión y una vivencia de cronicidad que afectaba a la motivación. En el plano funcional, la paciente conservaba autonomía básica, pero organizaba mal los periodos de reposo con elevación de las piernas y alternaba días de escasa movilidad con otros de actividad doméstica prolongada. También manifestaba dudas sobre la utilidad de algunas recomendaciones, al no percibir resultados rápidos.

Desde la perspectiva de cuidados, se identificaron como problemas prioritarios el deterioro de la integridad cutánea y tisular, el exceso de humedad perilesional vinculado al exudado, el edema de la extremidad afectada, el dolor asociado a la lesión y a determinadas manipulaciones, y la necesidad de reforzar conocimientos y adherencia respecto a medidas no farmacológicas. Asimismo, se consideró la repercusión emocional de una lesión visible y persistente, con riesgo de desánimo y abandono parcial del tratamiento.

Planificación de cuidados

Se establecieron como metas asistenciales la protección del lecho y de la piel circundante, la disminución progresiva del exudado, la reducción del edema, la mejora del confort durante las curas y el aumento de la colaboración de la paciente en su cuidado diario. Dado el carácter prolongado de la lesión, se plantearon objetivos realistas y escalonados, evitando generar expectativas inmediatas de cierre completo.

La planificación incluyó:

  • Realizar curas periódicas con técnica limpia o aséptica según situación de la lesión y entorno asistencial.
  • Mantener un ambiente local favorable a la cicatrización mediante limpieza adecuada y apósitos seleccionados según nivel de exudado y estado del tejido.
  • Proteger bordes y piel perilesional frente a maceración, fricción e irritación.
  • Aplicar vendaje compresivo adaptado a la tolerancia, con vigilancia de confort, coloración distal y posibles incidencias.
  • Educar sobre elevación de extremidades, movilidad regular, cuidado de la piel, observación de signos de alarma y continuidad de las medidas prescritas.
  • Favorecer la participación activa de la paciente y su entorno en la vigilancia del vendaje y en el cumplimiento de recomendaciones cotidianas.

Intervenciones enfermeras

En cada cura se procedió a la limpieza de la lesión con solución adecuada al contexto clínico, retirando restos de exudado y material desvitalizado no adherido sin provocar traumatismo innecesario. Se valoró de forma seriada el predominio tisular, la humedad local, el aspecto de los bordes y el estado de la piel cercana. La elección del apósito se orientó a controlar el exudado, preservar la humedad terapéutica y minimizar la agresión al retirarlo. En fases con mayor exudación se priorizaron materiales con capacidad de absorción; cuando la piel perilesional mostraba mayor fragilidad, se reforzó la protección con productos barrera y se extremó el cuidado al fijar y retirar el material.

La compresión se introdujo y ajustó de forma progresiva, atendiendo a tolerancia, características de la extremidad y respuesta clínica observada. Antes de cada aplicación se revisó el estado distal del miembro y se explicó a la paciente la finalidad de la medida, insistiendo en que la sensación inicial de presión no debía confundirse con dolor mantenido, frialdad o empeoramiento del malestar. La educación se orientó a facilitar una participación segura: observar deslizamientos, evitar manipulación excesiva del vendaje, comunicar aumento del dolor o cambios en coloración y mantener la extremidad elevada en periodos de reposo.

Se trabajó además la higiene e hidratación de la piel no lesionada, el secado cuidadoso de pliegues y zonas interdigitales, y la elección de ropa y calzado que no generasen rozaduras. En relación con la movilidad, se recomendó distribuir la actividad diaria, evitar estancias prolongadas con las piernas colgando y realizar movimientos frecuentes de tobillo durante los periodos de sedestación. Las pautas se adaptaron a la rutina doméstica de la paciente para favorecer su cumplimiento.

El componente educativo tuvo especial relevancia. La paciente expresaba una vivencia de fracaso por la larga evolución de la lesión y tendía a interrumpir medidas cuando no apreciaba cambios rápidos. Por ello, en cada contacto se reforzó la explicación sobre la relación entre insuficiencia venosa, edema y retraso de cicatrización, así como la necesidad de mantener los cuidados de forma continuada. También se abordó el impacto emocional del proceso, validando el cansancio expresado y reconociendo pequeños avances clínicos que ayudasen a sostener la adherencia.

Evolución durante el seguimiento

En las primeras semanas se objetivó mejor control del exudado y menor maceración perilesional. La paciente refería mayor tolerancia al vendaje cuando comprendía mejor su función y cuando las curas se organizaban con un ritmo estable. El edema distal disminuyó de forma apreciable en los días de mayor cumplimiento de la elevación y de la compresión, lo que permitió mejorar también la sensación de pesadez.

Posteriormente se observó un lecho más uniforme, con incremento del tejido de granulación y menor friabilidad de los bordes. El dolor en reposo se redujo y las molestias durante la cura fueron más manejables al ajustar la técnica y utilizar materiales menos traumáticos para la piel. La paciente empezó a anticipar necesidades, preparó mejor el espacio para las curas y participó activamente en la vigilancia de signos de alarma, como aumento brusco del exudado, empeoramiento del olor o desplazamiento del vendaje.

Persistieron, no obstante, algunos condicionantes de la cronicidad. En periodos de calor o de mayor actividad doméstica aparecieron repuntes de edema y cierta dificultad para mantener la compresión durante todo el tiempo indicado. También fue necesario insistir en la protección de la piel de la pierna contralateral y en medidas preventivas de recurrencia, dado el antecedente de episodios previos. La evolución global se consideró favorable, con tendencia a la reducción progresiva de la lesión y mejora del autocuidado, aunque manteniendo la necesidad de seguimiento enfermero continuado.

Aspectos de continuidad asistencial

El caso puso de manifiesto la utilidad de la reevaluación periódica y de la coordinación con medicina de familia cuando surgían dudas sobre la evolución o la necesidad de revisar el plan terapéutico. La atención comunitaria permitió adaptar las curas a cambios clínicos y a la realidad domiciliaria, identificar barreras concretas de adherencia y trabajar objetivos alcanzables. La alianza terapéutica resultó especialmente relevante en una persona con fatiga derivada de un proceso prolongado.

La observación sistemática de la herida y del entorno de la paciente permitió además anticipar complicaciones evitables, como la maceración por exudado mal controlado, la lesión cutánea secundaria a fijaciones agresivas o la retirada precoz de la compresión por incomodidad no verbalizada. Este seguimiento cercano favoreció una intervención más precisa y mejor aceptada.

Discusión/Conclusiones

La evolución de una úlcera venosa de larga duración depende de múltiples factores que trascienden la superficie de la lesión. El caso presentado muestra que el tratamiento local aislado suele ser insuficiente si no se acompaña de medidas dirigidas al edema, a la insuficiencia venosa subyacente y a las condiciones de vida de la persona. En este sentido, el proceso de Enfermería facilita una aproximación ordenada y clínica, capaz de integrar observación del lecho, estado de la piel, tolerancia a la compresión, dolor, hábitos cotidianos y capacidad de autocuidado.

Uno de los elementos más relevantes fue la necesidad de individualizar la compresión. Aunque esta medida ocupa un lugar central en el abordaje de la úlcera venosa, su efectividad práctica se relaciona con la tolerancia, la técnica de aplicación, la vigilancia de incidencias y la comprensión de su finalidad por parte de la persona. La educación sanitaria no puede limitarse a instrucciones aisladas; necesita repetición, adaptación al nivel de comprensión y vinculación con problemas concretos que la paciente percibe, como la pesadez, la hinchazón o la incomodidad al final del día.

También se confirma la importancia del cuidado de la piel perilesional. En heridas crónicas exudativas, la maceración y la fragilidad cutánea pueden perpetuar el tamaño de la lesión y aumentar el dolor durante las curas. La selección prudente de apósitos y barreras protectoras, junto con una técnica de retirada cuidadosa, puede contribuir a preservar tejido viable y mejorar el confort. Del mismo modo, la frecuencia de la cura debe responder a la situación clínica y no a una rutina fija desvinculada del exudado, del estado del vendaje o de la evolución del lecho.

Desde una perspectiva comunitaria, el caso subraya que la adherencia es un fenómeno dinámico. No depende solo de la voluntad individual, sino también de factores como el calor ambiental, la limitación funcional, el cansancio por la cronicidad, la percepción de utilidad del tratamiento y la existencia de apoyo en el domicilio. La enfermera comunitaria se encuentra en una posición especialmente adecuada para detectar estas barreras y negociar estrategias realistas, por ejemplo reorganizando periodos de reposo, facilitando instrucciones sencillas o reforzando la observación de signos que obliguen a consultar.

El seguimiento longitudinal aporta, además, un valor clínico difícilmente sustituible. Permite comparar de manera seriada la respuesta del lecho, ajustar el manejo del exudado, reconocer estancamientos y decidir cuándo conviene revisar el abordaje junto con otros profesionales. En lesiones de larga evolución, esta continuidad evita tanto el inmovilismo terapéutico como los cambios innecesarios de material sin una justificación clínica clara.

Entre los límites del abordaje descrito se encuentra la variabilidad inherente a este tipo de lesiones y a las características de cada persona. La localización exacta, la extensión, la presencia de comorbilidad, la situación vascular global o la disponibilidad de recursos pueden modificar las decisiones de cuidado. Por ello, las intervenciones expuestas deben interpretarse como una orientación clínica enfermera basada en la valoración individual y no como un esquema universal.

En conjunto, el plan de cuidados desarrollado refleja que la combinación de valoración integral, cura local adaptada, protección cutánea, compresión individualizada y educación terapéutica sostenida puede favorecer una evolución local más favorable y una mejor implicación de la persona en su proceso. En atención comunitaria, este trabajo requiere constancia, capacidad de reevaluación y una relación terapéutica que acompañe la experiencia de cronicidad sin reducirla a la herida visible.

Conflicto de intereses

Los autores declaran la ausencia de conflictos de intereses en la preparación de este manuscrito.

Financiación

El presente manuscrito se ha realizado sin financiación externa específica.

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