Plan de seguridad para reducir delirium no detectado en personas mayores ingresadas

Safety plan to reduce undetected delirium in hospitalized older adults

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:301

Autor principal (primer firmante): Marina Solís Navarro

Fecha recepción: 28/07/26

Fecha aceptación: 23/08/26

Fecha de publicación: 30/08/26

Ref.: CADICE. 2026;1(8):301

Autores:
Marina Solís Navarro
Andrés Fernández Rivas

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Mejora de la calidad; Continuidad asistencial; Detección precoz; Orientación; Delirio; Atención hospitalaria; Hospitalización; Anciano frágil; Gestión de riesgos; Seguridad del paciente

Keywords: Quality Improvement; Continuity of Patient Care; Early Detection; Orientation; Delirium; Hospital Care; Hospitalization; Frail Elderly; Risk Management; Patient Safety

Resumen

Introducción: El delirium en personas mayores hospitalizadas constituye un problema frecuente de seguridad clínica por su inicio agudo, su presentación fluctuante y su fácil confusión con deterioro cognitivo previo, depresión, dolor, infección o efectos farmacológicos. Cuando no se detecta de forma temprana, puede favorecer complicaciones asistenciales, aumentar la vulnerabilidad funcional y dificultar la continuidad de cuidados.

Objetivos: Proponer un plan de seguridad orientado a reducir el delirium no detectado en personas mayores ingresadas, reforzando la valoración enfermera inicial, la vigilancia clínica, la comunicación interdisciplinar y la participación familiar.

Metodología: Se plantea una propuesta de mejora de calidad aplicada al ámbito hospitalario basada en el análisis del problema asistencial, la identificación de puntos críticos del proceso y el diseño de intervenciones organizativas y enfermeras de detección precoz, prevención no farmacológica y seguimiento. La intervención se estructura en fases de ingreso, estancia, cambios clínicos y transición asistencial, con indicadores de proceso y resultado orientados a la práctica real.

Resultados: El plan organiza la atención sobre cinco ejes: identificación de personas de riesgo, observación sistemática de cambios cognitivos y conductuales, medidas ambientales y de orientación, comunicación estandarizada entre profesionales y continuidad al alta. La Enfermería asume un papel central en la vigilancia del estado mental, el reconocimiento de signos de alerta, la activación de valoración médica y la educación a familiares y cuidadores.

Discusión/Conclusiones: La reducción del delirium no detectado requiere más que una acción aislada; precisa integrar cultura de seguridad, competencias clínicas, registro útil y coordinación asistencial. Un plan estructurado puede contribuir a hacer visible un problema a menudo infradiagnosticado y a mejorar la seguridad del paciente mayor hospitalizado, siempre con adaptación al contexto, recursos y protocolos de cada centro.

Abstract

Introduction: Delirium in hospitalized older adults is a relevant patient safety issue because of its acute onset, fluctuating course and frequent confusion with pre-existing cognitive impairment, depression, pain, infection or medication-related effects. When early recognition fails, complications may increase and continuity of care may be compromised.

Objectives: To propose a safety plan aimed at reducing undetected delirium in hospitalized older adults by strengthening initial nursing assessment, clinical surveillance, interdisciplinary communication and family involvement.

Methodology: A quality improvement proposal for the hospital setting is presented, based on problem analysis, identification of critical points in the care process and design of nursing and organizational interventions focused on early detection, non-pharmacological prevention and follow-up. The intervention is organized through admission, hospital stay, clinical changes and care transitions, using process and outcome indicators suitable for routine practice.

Results: The plan is structured around five areas: identification of patients at risk, systematic observation of cognitive and behavioral changes, environmental and orientation measures, standardized communication among professionals and continuity at discharge. Nursing plays a central role in mental status surveillance, recognition of warning signs, activation of medical assessment and education for relatives and caregivers.

Discussion/Conclusions: Reducing undetected delirium requires more than an isolated measure; it involves safety culture, clinical skills, meaningful documentation and coordinated care. A structured plan may help make visible an often underrecognized problem and improve the safety of frail hospitalized older adults, while remaining adaptable to local protocols and resources.

Introducción

El delirium es un síndrome neurocognitivo agudo de presentación compleja que aparece con especial frecuencia en personas mayores ingresadas, sobre todo cuando existe fragilidad, pluripatología, dependencia funcional, deterioro sensorial, polifarmacia o enfermedad aguda intercurrente. En el medio hospitalario puede manifestarse mediante desorientación, fluctuaciones en la atención, alteraciones del ciclo sueño-vigilia, pensamiento desorganizado, cambios psicomotores o conductas que se interpretan de forma imprecisa como “descompensación”, “agitación”, “somnolencia” o “empeoramiento basal”. Esa ambigüedad clínica explica que parte de los episodios no sean reconocidos con la rapidez necesaria.

Desde la perspectiva de la seguridad del paciente, el problema no se limita a la aparición del delirium, sino a su invisibilidad asistencial. El cuadro puede pasar desapercibido cuando predomina la hipoactividad, cuando el paciente tiene deterioro cognitivo previo o cuando el equipo centra la atención en el motivo principal de ingreso y resta valor a los cambios mentales agudos. La consecuencia es una demora diagnóstica que puede dificultar la búsqueda de causas precipitantes, retrasar medidas de soporte y aumentar la probabilidad de eventos adversos relacionados con inmovilidad, caídas, retirada de dispositivos, sobreestimulación, contenciones o uso inadecuado de fármacos sedantes.

La Enfermería ocupa una posición estratégica en este proceso. Su presencia continuada a pie de cama permite detectar variaciones sutiles en la atención, la conducta, el lenguaje, la cooperación con los cuidados o la capacidad para seguir instrucciones. Además, la valoración enfermera integra dimensiones funcionales, cognitivas, emocionales y ambientales que resultan decisivas para diferenciar un estado basal de un cambio agudo. Por ello, un plan de seguridad orientado a reducir el delirium no detectado debe considerar a la enfermera no solo como ejecutora de medidas preventivas, sino como profesional clave en la identificación precoz y en la activación de respuestas coordinadas.

La atención a la persona mayor ingresada exige también continuidad asistencial. Con frecuencia, la información sobre el estado cognitivo habitual del paciente no acompaña con suficiente calidad al ingreso, y durante el alta no siempre se trasladan de forma explícita los episodios de confusión aguda ocurridos en la hospitalización. Esta discontinuidad dificulta el reconocimiento del riesgo, genera interpretaciones parciales y limita el seguimiento posterior. Un enfoque de mejora debe, por tanto, actuar sobre todo el trayecto asistencial: acogida, estancia, interconsultas, cambios de unidad y transición al domicilio o a otros recursos.

Más que elaborar un protocolo cerrado, resulta útil diseñar un plan estructurado y flexible, centrado en puntos críticos del proceso y en medidas de bajo riesgo, factibles e integrables en la práctica habitual. La finalidad no es sustituir la valoración clínica individual ni uniformar situaciones heterogéneas, sino ofrecer una base organizada para disminuir omisiones diagnósticas y reforzar una atención más segura a las personas mayores hospitalizadas.

Objetivos

El objetivo general es proponer un plan de seguridad aplicable al entorno hospitalario para reducir el delirium no detectado en personas mayores ingresadas, mediante intervenciones de mejora de calidad centradas en la detección precoz, la prevención no farmacológica, la comunicación clínica y la continuidad asistencial.

Como objetivos específicos se plantean los siguientes:

  • Favorecer la identificación temprana de pacientes con mayor vulnerabilidad para desarrollar delirium durante la hospitalización.
  • Reforzar la valoración enfermera del estado cognitivo y conductual desde el ingreso y ante cualquier cambio clínico relevante.
  • Establecer un marco común de observación y comunicación entre profesionales para disminuir interpretaciones inespecíficas o tardías.
  • Promover medidas ambientales y de orientación que puedan reducir factores precipitantes y minimizar la sobrecarga sensorial o el desanclaje del entorno.
  • Incorporar a familiares y cuidadores como informantes del estado basal y como apoyo en estrategias de reorientación, siempre que la situación clínica lo permita.
  • Mejorar la trazabilidad del episodio de delirium y de los riesgos detectados en las transiciones entre unidades y en el informe de alta.
  • Definir indicadores que permitan monitorizar la implantación del plan y revisar de forma periódica su utilidad asistencial.

Metodología

Se desarrolla una propuesta de mejora de calidad y seguridad del paciente dirigida a unidades de hospitalización con presencia habitual de personas mayores. El planteamiento parte de un análisis clínico-organizativo del problema: el delirium puede estar presente pero no ser reconocido, puede sospecharse sin registrarse de manera útil o puede documentarse de forma insuficiente para activar medidas preventivas y de continuidad. A partir de esta secuencia se identifican oportunidades de intervención en cuatro momentos asistenciales: ingreso, seguimiento diario, respuesta ante cambios agudos y transición al alta o traslado.

La intervención se apoya en una lógica de proceso, no en una única herramienta. El objetivo es evitar que la detección dependa exclusivamente de la experiencia individual o de la iniciativa aislada de un profesional. Para ello, el plan combina elementos de valoración inicial, vigilancia sistemática, soporte ambiental, comunicación estructurada y revisión de incidentes relacionados. Se considera población diana a las personas mayores ingresadas, con especial atención a quienes presenten fragilidad, dependencia, alteraciones sensoriales, antecedentes de deterioro cognitivo, inmovilidad, deshidratación, dolor, infección, retención urinaria, estreñimiento, privación del sueño o exposición a cambios frecuentes de entorno y tratamiento.

Fases del plan

1. Fase de preparación. Incluye la sensibilización del equipo, la definición operativa del problema asistencial y la adaptación del circuito a la organización del centro. En esta etapa conviene consensuar qué se entiende por cambio mental agudo, qué signos deben generar sospecha y cómo se comunica la necesidad de valoración clínica.

2. Fase de implantación. Se incorporan al proceso de ingreso preguntas dirigidas al estado cognitivo previo, a la orientación habitual, a las ayudas sensoriales y a la presencia de episodios previos de confusión. Paralelamente, se establecen recordatorios de observación enfermera durante el turno y en situaciones de riesgo, como posoperatorio, infección, ayuno prolongado, cambios de unidad o inicio de medicación con potencial impacto en el estado mental.

3. Fase de seguimiento. Se revisa la cumplimentación de registros, la identificación de casos sospechosos y la respuesta clínica activada. El seguimiento no se orienta solo a contabilizar episodios, sino a valorar si el sistema está ayudando a detectar antes, comunicar mejor y actuar con mayor coherencia.

4. Fase de retroalimentación. Se analizan barreras, incidentes y áreas de mejora para reajustar el plan. Las unidades con mayor complejidad geriátrica pueden requerir refuerzos formativos, simplificación de registros o implicación más estrecha de referentes clínicos.

Ámbitos de intervención

El plan se plantea para hospitalización convencional, con posibilidad de adaptación a áreas quirúrgicas, médicas y de cuidados intermedios. No pretende reemplazar los protocolos locales ni las decisiones del equipo responsable, sino aportar una estructura de seguridad integrada en la práctica enfermera. Por este motivo, se priorizan medidas factibles: observación clínica orientada, lenguaje común, revisión de factores precipitantes, información visible en el plan de cuidados y participación de la familia cuando sea viable.

Indicadores de seguimiento

Se proponen indicadores cualitativos y de proceso, tales como la proporción de ingresos con valoración cognitiva basal documentada, la presencia de registro de riesgo en pacientes vulnerables, la constancia de medidas de orientación y sueño, el número de comunicaciones clínicas activadas ante cambios conductuales y la inclusión del episodio de delirium o de sospecha fundada en los documentos de transición asistencial. También resulta útil revisar incidentes relacionados con caídas, retirada de dispositivos o agitación no explicada, no para atribuir causalidad directa, sino para identificar posibles fallos de reconocimiento.

Resultados

La propuesta se concreta en un plan de seguridad de cinco componentes interdependientes. Su valor reside en la combinación de acciones simples pero sostenidas, capaces de transformar un fenómeno difuso en un proceso clínicamente visible.

Identificación inicial del riesgo y del estado basal

En el momento del ingreso, la enfermera debe recoger información funcional y cognitiva que permita distinguir con mayor claridad un estado previo de un cambio agudo. No se trata únicamente de registrar si el paciente “está orientado”, sino de explorar cómo era su atención habitual, si precisaba supervisión en actividades básicas, si existían alteraciones de memoria conocidas, qué grado de autonomía mantenía y cómo se comunicaba en su domicilio o residencia. La información procedente de la familia o del cuidador principal adquiere aquí especial relevancia.

El plan recomienda documentar de forma visible factores que pueden favorecer delirium durante la hospitalización: déficit visual o auditivo sin ayudas disponibles, inmovilidad, dolor mal controlado, problemas de eliminación, deshidratación, restricción física, aislamiento, privación de sueño o elevada carga farmacológica. Esta identificación temprana no diagnostica el cuadro, pero permite aumentar el nivel de vigilancia y anticipar medidas de soporte.

Vigilancia enfermera del cambio cognitivo y conductual

La observación continuada es el núcleo del plan. El delirium rara vez se presenta de forma idéntica en todos los pacientes; por ello, la vigilancia debe centrarse en variaciones respecto al estado basal: atención dispersa, respuestas incoherentes, inversión del ciclo sueño-vigilia, enlentecimiento inusual, irritabilidad, temor, rechazo repentino de cuidados, tendencia a quitarse vías o desconexión aparente del entorno. En personas con deterioro cognitivo previo, el elemento orientador es la agudeza del cambio y su carácter fluctuante.

Para reducir la infradetección, se propone sustituir descripciones vagas por registros clínicos concretos. Expresiones como “algo raro”, “está más dormido” o “anda revuelto” ofrecen poca utilidad si no se acompañan de observaciones específicas: dificultad para mantener la atención, desorientación nueva, oscilación marcada entre somnolencia e inquietud, lenguaje incoherente o alteración súbita de la colaboración. Este tipo de registro facilita la comunicación con el equipo médico y favorece decisiones más ajustadas.

La vigilancia debe intensificarse tras procedimientos, cambios terapéuticos, empeoramiento infeccioso, dolor no controlado o traslados de unidad. En estos momentos, el riesgo de atribuir el cuadro a “evolución esperable” es mayor, por lo que la evaluación enfermera adquiere especial valor preventivo.

Medidas ambientales y no farmacológicas integradas en los cuidados

El plan incorpora intervenciones orientadas a disminuir estímulos desorganizadores y reforzar anclajes con la realidad. Entre ellas figuran la presentación clara del entorno, el uso de reloj y calendario visibles, la identificación del profesional que atiende, la facilitación de gafas y audífonos si el paciente los utiliza, el ajuste de la iluminación a los ciclos de día y noche y la reducción de interrupciones innecesarias durante el descanso. Del mismo modo, se aconseja favorecer la movilización segura, la hidratación y la eliminación, revisar el dolor y procurar que las indicaciones se ofrezcan con mensajes breves, simples y repetibles.

Estas medidas pueden parecer elementales, pero pierden efectividad cuando se aplican de forma irregular o sin asignación clara de responsabilidades. Por ello, el plan las integra en la rutina enfermera diaria y en el plan de cuidados, evitando que queden como recomendaciones genéricas sin seguimiento. En pacientes con agitación o miedo, la aproximación relacional resulta especialmente importante: hablar con tono calmado, anticipar procedimientos, evitar confrontaciones y mantener referentes estables puede reducir conductas de riesgo y mejorar la tolerancia al tratamiento.

Comunicación clínica estandarizada y activación precoz

Uno de los principales factores del delirium no detectado es la fragmentación de la información. Un profesional percibe somnolencia, otro observa inquietud nocturna y un tercero interpreta desorientación, pero la suma de esos datos no siempre cristaliza en sospecha clínica compartida. Para evitarlo, el plan establece que ante determinados signos de alerta la enfermera active una comunicación estructurada con el equipo responsable, describiendo inicio, fluctuación, cambios concretos y posibles precipitantes identificados.

Esta activación temprana no sustituye la valoración diagnóstica, pero permite explorar causas potencialmente reversibles y ajustar el abordaje. La estandarización también debe extenderse al relevo entre turnos. Incluir de forma explícita si existe cambio mental agudo, riesgo elevado de desorientación o necesidad de medidas de orientación evita que la observación se reinicie desde cero en cada jornada y reduce pérdidas de información clínica relevante.

Continuidad asistencial y transición segura

La continuidad es un punto especialmente sensible. Un episodio de delirium durante el ingreso, aunque remita o mejore, puede tener implicaciones posteriores en la recuperación funcional, en la adherencia al tratamiento o en la capacidad de autocuidado. Por ello, el plan plantea que la información de alta o traslado recoja de manera clara la presencia de confusión aguda, los factores asociados identificados, la evolución observada y las necesidades de apoyo persistentes.

Cuando la persona procede de residencia o retorna a domicilio con cuidadores, la comunicación debe favorecer el reconocimiento precoz de recurrencias o secuelas funcionales. La Enfermería puede contribuir explicando de forma comprensible qué cambios se observaron, qué medidas ayudaron durante la estancia y qué signos deberían motivar una nueva valoración profesional. Esta continuidad no tiene un fin meramente informativo; forma parte de la seguridad clínica porque disminuye la discontinuidad interpretativa entre niveles asistenciales.

Rol de Enfermería, barreras y facilitadores

La aplicación del plan sitúa a la Enfermería como eje de detección, coordinación y seguimiento. Su papel incluye valorar el estado basal, identificar cambios precoces, revisar factores precipitantes, aplicar medidas no farmacológicas, registrar observaciones útiles, alertar al equipo y acompañar a la familia. Esta función requiere competencias clínicas, pero también respaldo organizativo. Entre las barreras previsibles figuran la presión asistencial, la normalización de la confusión en personas mayores, la escasa calidad del registro, la rotación de profesionales y la variabilidad en el conocimiento del delirium hipoactivo.

Como facilitadores destacan la existencia de circuitos simples de comunicación, formación práctica centrada en casos reales, registros breves pero específicos, liderazgo enfermero de la implantación y apoyo interdisciplinar. También ayuda identificar referentes en la unidad capaces de resolver dudas, revisar incidentes y reforzar la cultura de observación clínica. El éxito del plan depende menos de incorporar muchos elementos y más de sostener unos pocos de forma consistente y comprensible para todo el equipo.

Discusión/Conclusiones

La principal aportación de un plan de seguridad para reducir el delirium no detectado es desplazar el foco desde el episodio ya establecido hacia el proceso previo de reconocimiento. En la práctica asistencial, el problema no suele residir solo en la ausencia de herramientas, sino en la dispersión de la información, la falta de comparación con el estado basal y la tendencia a banalizar cambios mentales en pacientes mayores frágiles. Por este motivo, cualquier estrategia efectiva debe partir de una mirada clínica compartida y no de una respuesta exclusivamente documental.

La propuesta desarrollada refuerza una idea central: la detección precoz del delirium es inseparable de los cuidados básicos de calidad. Orientación, sueño, hidratación, movilidad, control del dolor, uso de ayudas sensoriales y comunicación terapéutica no son intervenciones accesorias, sino componentes del entorno de seguridad del paciente mayor. Cuando estas dimensiones se integran en la rutina, la valoración enfermera gana precisión y la sospecha clínica emerge antes. Por el contrario, en entornos con alta carga de trabajo y escasa continuidad entre turnos, el cuadro tiende a fragmentarse en signos aislados que no generan respuesta coordinada.

Otro aspecto relevante es la necesidad de diferenciar entre prevención y detección. No todos los episodios pueden evitarse, especialmente en contextos de alta complejidad clínica. Sin embargo, incluso cuando el delirium aparece, su reconocimiento temprano puede facilitar la búsqueda de causas, reducir intervenciones iatrogénicas y orientar decisiones de cuidado más proporcionales. En este sentido, el plan no debe evaluarse solo por la eventual reducción de episodios, sino también por su capacidad para mejorar la visibilidad clínica del problema y la calidad de la respuesta asistencial.

La continuidad de cuidados merece una consideración específica. La información sobre un episodio de confusión aguda no debería perderse al traslado o al alta, ya que esa omisión puede afectar al seguimiento posterior y al soporte requerido por el paciente y su entorno. Incorporar esta información en la transición asistencial contribuye a una atención más segura, especialmente en personas con fragilidad, dependencia o deterioro cognitivo previo.

Entre las limitaciones previsibles del plan se encuentran la necesidad de adaptación a cada organización, la heterogeneidad entre unidades y la dificultad para mantener cambios estables sin liderazgo clínico. También conviene asumir que la mejora no depende solo de formar a los profesionales, sino de facilitar condiciones de trabajo que permitan observar, registrar y comunicar con calidad suficiente. La simplificación operativa, la revisión periódica de incidentes y la implicación del equipo interdisciplinar pueden ayudar a consolidar la intervención.

En conjunto, un plan de seguridad centrado en la persona mayor hospitalizada puede contribuir a reducir el delirium no detectado si se integra en el proceso asistencial cotidiano, se apoya en la vigilancia enfermera y fortalece la continuidad entre profesionales y niveles. No se trata de medicalizar cualquier cambio conductual, sino de reconocer de forma temprana un síndrome clínicamente relevante cuya invisibilidad sigue representando un riesgo evitable en la hospitalización del paciente frágil.

Conflicto de intereses

Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.

Financiación

Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.

Bibliografía

  1. Howick AS, Thao P, Carpenter KP, Boie MA, Maia IWA, Mullan AF, et al.. Outcomes of Older Adults With Delirium Discharged From the Emergency Department.. Ann Emerg Med. 2025;86(5):484-495. doi: https://doi.org/10.1016/j.annemergmed.2025.02.003
  2. Alonso-Crespo D, Rodríguez-Mondéjar JJ, Leal-Costa C. Scoping review of the evolution of delirium detection, diagnostic, and severity assessment scales.. Geriatr Nurs. 2026;69:103846. doi: https://doi.org/10.1016/j.gerinurse.2026.103846
  3. Wu SJ, Sharma N, Bauch A, Yang HC, Hect JL, Thomas C, et al.. Predicting Postoperative Delirium in Older Patients Before Elective Surgery: Multicenter Retrospective Cohort Study.. JMIR Aging. 2025;8:e67958. doi: https://doi.org/10.2196/67958
  4. Rohatgi N, Weng Y, Bentley J, Lansberg MG, Shepard J, Mazur D, et al.. Initiative for Prevention and Early Identification of Delirium in Medical-Surgical Units: Lessons Learned in the Past Five Years.. Am J Med. 2019;132(12):1421-1430.e8. doi: https://doi.org/10.1016/j.amjmed.2019.05.035
  5. Uldall K, Williams BL, Dunn JD, Blackmore CC. Association between combative behavior requiring intervention and delirium in hospitalized patients.. J Hosp Med. 2014;9(10):658-62. doi: https://doi.org/10.1002/jhm.2247
  6. Jepma P, Verweij L, Tijssen A, Heymans MW, Flierman I, Latour CHM, et al.. The performance of the Dutch Safety Management System frailty tool to predict the risk of readmission or mortality in older hospitalised cardiac patients.. BMC Geriatr. 2021;21(1):299. doi: https://doi.org/10.1186/s12877-021-02243-5
  7. Aldwikat RK, Manias E, Holmes AC, Tomlinson E, Nicholson P. Associations of postoperative delirium with activities of daily living in older people after major surgery: A prospective cohort study.. J Clin Nurs. 2023;32(19-20):7578-7588. doi: https://doi.org/10.1111/jocn.16801
  8. Tomlinson EJ, Phillips NM, Mohebbi M, Hutchinson AM. Risk factors for incident delirium in an acute general medical setting: a retrospective case-control study.. J Clin Nurs. 2017;26(5-6):658-667. doi: https://doi.org/10.1111/jocn.13529
Scroll al inicio