Polypharmacy and safety in geriatric care: a review of risks and nursing care
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:124
Autor principal (primer firmante): Clara Benítez Romero
Fecha recepción: 20/06/26
Fecha aceptación: 20/07/26
Fecha de publicación: 25/07/26
Ref.: CADICE. 2026;1(7):124
Autores:
Clara Benítez Romero
Álvaro Molina Serrano
Nerea Castillo Pardo
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Efectos adversos; Enfermería basada en la evidencia; Enfermería geriátrica; Revisión; Fragilidad; Cuidados de Enfermería; Conciliación de medicamentos; Actividades de la vida diaria; Anciano; Polifarmacia
Keywords: Adverse Effects; Evidence-Based Nursing; Geriatric Nursing; Review; Frailty; Nursing Care; Medication Reconciliation; Activities of Daily Living; Aged; Polypharmacy
Resumen
Introducción: La polifarmacia constituye una situación frecuente en la atención a personas mayores y se relaciona con multimorbilidad, fragilidad, cambios farmacocinéticos y farmacodinámicos propios del envejecimiento, además de transiciones asistenciales que favorecen la complejidad terapéutica. Su relevancia para Enfermería no se limita al control de la administración, sino que alcanza la valoración integral, la detección de efectos adversos, la conciliación de medicamentos y el seguimiento del impacto funcional.
Objetivos: Revisar los principales riesgos asociados a la polifarmacia en geriatría y analizar las intervenciones enfermeras orientadas a mejorar la seguridad del paciente, la adherencia y la continuidad asistencial.
Metodología: Se presenta una revisión teórica de carácter narrativo centrada en la polifarmacia en personas mayores desde la perspectiva de los cuidados enfermeros. El contenido se organiza en torno a factores predisponentes, riesgos clínicos y funcionales, valoración enfermera, conciliación terapéutica y estrategias de intervención en distintos ámbitos asistenciales.
Resultados: La polifarmacia puede asociarse a mayor probabilidad de interacciones, reacciones adversas, errores de medicación, deterioro funcional, caídas, confusión, menor adherencia y sobrecarga del cuidador. La valoración enfermera debe integrar situación clínica, funcional, cognitiva, social y terapéutica. Entre las actuaciones de mayor interés se encuentran la revisión estructurada de la medicación, la conciliación en ingresos, traslados y altas, la educación sanitaria adaptada, la vigilancia de signos de toxicidad o infrautilización y la coordinación con el equipo interdisciplinar.
Discusión/Conclusiones: El abordaje de la polifarmacia en geriatría exige una mirada integral, prudente e individualizada. Enfermería ocupa una posición estratégica para identificar problemas relacionados con la medicación y promover un uso más seguro y comprensible de los tratamientos. La prevención de eventos adversos no depende solo del número de fármacos, sino de la adecuación terapéutica, la situación de fragilidad y la capacidad real de la persona para manejar su régimen farmacológico.
Abstract
Introduction: Polypharmacy is a common condition in the care of older adults and is associated with multimorbidity, frailty, age-related pharmacokinetic and pharmacodynamic changes, and care transitions that increase therapeutic complexity. Its relevance for nursing extends beyond medication administration to comprehensive assessment, adverse effect detection, medication reconciliation, and monitoring of functional impact.
Objectives: To review the main risks associated with polypharmacy in geriatrics and to analyse nursing interventions aimed at improving patient safety, adherence, and continuity of care.
Methodology: A narrative theoretical review is presented, focused on polypharmacy in older adults from a nursing care perspective. The content is organised around predisposing factors, clinical and functional risks, nursing assessment, medication reconciliation, and intervention strategies across different care settings.
Results: Polypharmacy may be associated with a higher likelihood of drug interactions, adverse reactions, medication errors, functional decline, falls, confusion, reduced adherence, and caregiver burden. Nursing assessment should include clinical, functional, cognitive, social, and therapeutic dimensions. Relevant nursing actions include structured medication review, reconciliation at admission, transfer and discharge, tailored health education, monitoring for toxicity or undertreatment, and coordination with the interdisciplinary team.
Discussion/Conclusions: Managing polypharmacy in geriatrics requires a comprehensive, prudent, and individualised approach. Nurses are in a strategic position to identify medication-related problems and to promote safer and more understandable use of treatments. Preventing adverse events depends not only on the number of medicines, but also on therapeutic appropriateness, frailty status, and the person’s actual ability to manage the medication regimen.
Introducción
El progresivo envejecimiento de la población atendida en los distintos niveles asistenciales ha incrementado la presencia de personas con enfermedades crónicas simultáneas, dependencia variable para las actividades de la vida diaria y necesidades terapéuticas complejas. En este escenario, la polifarmacia aparece como un fenómeno clínico y organizativo de gran relevancia. Aunque en sentido operativo suele aludirse al consumo concurrente de varios fármacos, su significado práctico va más allá del recuento numérico. La preocupación principal no reside únicamente en cuántos medicamentos recibe una persona mayor, sino en si dicha combinación resulta adecuada para sus problemas de salud, su situación funcional, sus objetivos asistenciales y su capacidad de manejo.
El envejecimiento modifica la respuesta al tratamiento farmacológico. Los cambios en composición corporal, función renal y hepática, sensibilidad a determinados principios activos y reserva fisiológica condicionan una mayor variabilidad en la eficacia y la tolerabilidad. A ello se suma la fragilidad, entendida como un estado de vulnerabilidad aumentada ante estresores, que puede hacer que efectos considerados leves en otros grupos etarios adquieran consecuencias clínicas relevantes en una persona mayor. Sedación, hipotensión, estreñimiento, sequedad de mucosas, delirium, somnolencia diurna o inestabilidad postural pueden traducirse en inmovilidad, caídas, pérdida de autonomía o institucionalización.
La complejidad terapéutica también se relaciona con factores no estrictamente farmacológicos. La persona puede presentar deterioro cognitivo, déficit visual, temblor, artritis en manos, barreras idiomáticas, escasa alfabetización en salud o apoyo informal insuficiente. Un tratamiento técnicamente correcto puede no ser manejable en la práctica diaria si exige horarios complejos, múltiples formas farmacéuticas o instrucciones difíciles de interpretar. Por ello, la seguridad en el uso de medicamentos en geriatría requiere contemplar la experiencia de vida diaria del paciente y de su entorno cuidador.
Desde la perspectiva enfermera, la polifarmacia afecta a ámbitos nucleares del cuidado: valoración integral, administración segura, vigilancia clínica, educación sanitaria, detección precoz de problemas relacionados con la medicación y continuidad asistencial. La presencia de síntomas inespecíficos en personas mayores obliga a considerar que parte del deterioro funcional, la apatía, la pérdida de apetito, la confusión o las caídas pueden estar vinculados al tratamiento. Esta mirada resulta especialmente necesaria en ingresos hospitalarios, consultas de seguimiento, atención domiciliaria y centros residenciales, donde las transiciones entre profesionales y niveles de atención pueden favorecer discrepancias en la medicación activa.
La revisión de este tema mantiene plena actualidad porque el manejo de la polifarmacia no puede reducirse a simplificar por simplificar. Existen situaciones en las que varios tratamientos están clínicamente indicados, mientras que en otros casos puede haber prescripción en cascada, duplicidades, persistencia de fármacos ya no necesarios o falta de adecuación a objetivos centrados en la funcionalidad y el confort. En este equilibrio entre beneficio esperado y carga terapéutica, Enfermería aporta información decisiva sobre tolerancia real, adherencia, capacidad de autocuidado y repercusión en la vida cotidiana.
Objetivos
El objetivo general de esta revisión es analizar la polifarmacia en personas mayores desde una perspectiva enfermera, centrada en la seguridad del paciente y en la continuidad de cuidados.
Como objetivos específicos se plantean los siguientes:
- Describir los factores clínicos y asistenciales que favorecen la polifarmacia en geriatría.
- Revisar los riesgos más relevantes asociados al uso simultáneo de múltiples medicamentos en personas mayores, con especial atención a las consecuencias funcionales y de seguridad.
- Examinar los elementos que deben integrar la valoración enfermera de la persona mayor con tratamiento complejo.
- Identificar intervenciones enfermeras útiles en conciliación terapéutica, educación sanitaria, vigilancia de efectos adversos y coordinación interdisciplinar.
- Reflexionar sobre las implicaciones de la fragilidad y de la capacidad funcional en la toma de decisiones relacionadas con la medicación.
Metodología
Se desarrolla una revisión teórica de carácter narrativo sobre polifarmacia y seguridad en geriatría. El enfoque se orienta a integrar conocimiento clínico general con implicaciones aplicables a la práctica enfermera en atención hospitalaria, atención primaria, atención domiciliaria y recursos sociosanitarios. Dado que no se parte de un protocolo de revisión sistemática ni de un corpus bibliográfico explicitado, el análisis se formula de manera prudente y sintética, evitando atribuir resultados concretos a estudios específicos.
La organización del contenido responde a una lógica asistencial. En primer lugar se aborda la polifarmacia como fenómeno ligado a multimorbilidad, envejecimiento y fragilidad. Después se revisan los principales riesgos clínicos, funcionales y organizativos. A continuación se describen componentes de la valoración enfermera y actuaciones de interés en la práctica: conciliación de medicamentos, observación de signos de alarma, apoyo a la adherencia, educación sanitaria y continuidad asistencial. Finalmente, se discuten los límites de una aproximación centrada exclusivamente en el número de fármacos y la necesidad de individualizar la toma de decisiones.
La metodología adoptada pretende ofrecer un marco de actualización profesional útil para la reflexión clínica y la práctica de cuidados, sin sustituir los protocolos vigentes de cada centro ni la valoración interdisciplinar de cada caso. Las recomendaciones presentadas deben entenderse como orientaciones generales que requieren adaptación al contexto asistencial, a la situación de la persona mayor y a la prescripción vigente.
Resultados
Polifarmacia, multimorbilidad y fragilidad
La polifarmacia suele aparecer en personas con varios diagnósticos crónicos, seguimiento por distintos especialistas y modificaciones terapéuticas acumuladas a lo largo del tiempo. Este proceso puede conducir a regímenes complejos en los que coexisten tratamientos preventivos, sintomáticos y de control de patologías de larga evolución. En geriatría, la situación se vuelve especialmente sensible cuando la carga terapéutica supera la capacidad funcional, cognitiva o social de la persona para gestionarla con seguridad.
La fragilidad añade un elemento decisivo. Dos personas con el mismo número de medicamentos pueden presentar riesgos muy distintos según su reserva fisiológica, su estado nutricional, la presencia de sarcopenia, la marcha, el equilibrio, el estado cognitivo o la red de apoyo. Por ello, la valoración de la polifarmacia no debe limitarse a inventariar envases o prescripciones activas, sino que precisa contextualizar la medicación dentro de un perfil geriátrico más amplio.
También conviene distinguir entre polifarmacia apropiada e inapropiada. En determinadas situaciones, el uso simultáneo de varios fármacos responde a objetivos terapéuticos claros y a un balance beneficio-riesgo razonable. La preocupación clínica surge cuando existe falta de indicación actual, ausencia de reevaluación, duplicidad de principios activos, pautas difíciles de seguir, interacciones previsibles o tratamientos cuyo riesgo puede superar el beneficio esperado según la situación global del paciente.
Riesgos clínicos y funcionales asociados
Entre los riesgos más relevantes se encuentran las interacciones farmacológicas y las reacciones adversas. En las personas mayores, la presentación de un efecto adverso puede ser atípica y manifestarse como empeoramiento general, desorientación, caída, anorexia, incontinencia o deterioro en la movilidad. Este carácter inespecífico favorece que el problema no siempre se identifique de forma temprana y que, en ocasiones, se interprete como progresión de la enfermedad o como consecuencia inevitable del envejecimiento.
La prescripción en cascada constituye otra situación de interés. Puede ocurrir cuando un efecto adverso se interpreta como un nuevo problema clínico y motiva la adición de otro medicamento, aumentando aún más la complejidad del tratamiento. Desde la observación enfermera, reconocer relaciones temporales entre cambios terapéuticos y aparición de síntomas aporta información valiosa para la reevaluación clínica.
Las alteraciones del equilibrio, la sedación, la hipotensión ortostática y los cambios en el nivel de alerta incrementan la vulnerabilidad ante caídas. En una persona mayor frágil, una caída puede tener repercusiones muy superiores al evento inicial: inmovilidad, dolor persistente, miedo a volver a caminar, pérdida de autonomía y aumento de la dependencia. De modo similar, el estreñimiento farmacológico, la xerostomía o la somnolencia no deben infravalorarse, ya que pueden comprometer la nutrición, la hidratación, el descanso y la capacidad para mantener rutinas básicas de autocuidado.
La polifarmacia se asocia además a un mayor riesgo de errores de medicación. Estos errores pueden producirse en la prescripción, la transcripción, la dispensación, la administración o el autoconsumo en domicilio. Los cambios frecuentes de marcas, envases o posología, junto con la coexistencia de medicación pautada y medicación “si precisa”, generan escenarios propicios para omisiones, duplicidades o tomas incorrectas. Las transiciones asistenciales son momentos particularmente vulnerables si no se verifica de forma activa qué tratamientos continuaban previamente, cuáles se suspenden y cuáles se introducen.
No menos importante es el impacto sobre la adherencia terapéutica. A medida que aumenta la complejidad del régimen, puede disminuir la capacidad de seguimiento. Ello no siempre obedece a rechazo voluntario; a menudo intervienen dificultades prácticas, miedo a efectos adversos, escasa comprensión de la finalidad de cada fármaco, cansancio por la carga de tratamiento o limitaciones sensoriales. En el paciente geriátrico, la falta de adherencia puede coexistir con sobreutilización de otros medicamentos, automedicación o uso de productos no registrados en la historia farmacoterapéutica, lo que incrementa la incertidumbre clínica.
Valoración enfermera de la persona mayor con tratamiento complejo
La valoración enfermera debe ser integral y dinámica. El primer paso consiste en conocer con precisión qué está tomando realmente la persona, cómo lo toma y quién participa en esa gestión. No basta con revisar la hoja de tratamiento; es necesario explorar discrepancias entre la prescripción registrada y el consumo efectivo, incluyendo preparados de venta libre, plantas medicinales, suplementos y medicación previa conservada en el domicilio.
La dimensión funcional es central. Resulta pertinente valorar la capacidad para preparar dosis, abrir blísteres, leer etiquetas, recordar horarios y relacionar la toma con comidas o controles específicos. Una persona que mantiene independencia en otras áreas puede, sin embargo, tener dificultades concretas para manejar inhaladores, colirios, formas líquidas o sistemas de administración de mayor complejidad. Estas limitaciones influyen directamente en la seguridad del tratamiento y en la necesidad de apoyo.
La esfera cognitiva y emocional también merece atención. El deterioro cognitivo, la depresión, el delirium o la ansiedad pueden alterar la comprensión de instrucciones y la constancia en el seguimiento. Del mismo modo, la percepción del propio tratamiento condiciona su aceptación. Algunos pacientes expresan saturación terapéutica, temor a los efectos secundarios o dudas sobre la utilidad real de medicamentos que no perciben como beneficiosos de forma inmediata. Escuchar estas percepciones favorece una educación sanitaria más realista y una mejor coordinación con el resto del equipo.
Desde el punto de vista clínico, la vigilancia debe orientarse a detectar síntomas sugestivos de intolerancia, toxicidad, infrautilización o pérdida de efectividad aparente. La aparición de mareo, caídas recientes, somnolencia, estreñimiento persistente, retención urinaria, cambios conductuales, pérdida de apetito o descenso en la capacidad para las actividades básicas puede requerir una revisión del tratamiento. No siempre existe una relación causal directa, pero la sospecha razonada forma parte de la seguridad del paciente.
La valoración social completa este proceso. Vivir solo, depender de un cuidador sobrecargado, carecer de apoyo para recoger medicación o tener dificultades económicas puede comprometer el plan terapéutico. En muchos casos, las incidencias con la medicación no derivan de una falta de voluntad, sino de barreras prácticas no identificadas durante la atención clínica.
Conciliación de medicamentos y continuidad asistencial
La conciliación terapéutica ocupa un lugar destacado en la prevención de errores. Su finalidad es comparar de manera sistemática la medicación que la persona utilizaba previamente con la que se prescribe en cada transición asistencial, aclarando continuidades, suspensiones, sustituciones y cambios de dosis o frecuencia. Esta tarea tiene especial interés en ingresos hospitalarios, traslados entre unidades, altas, derivaciones a centros sociosanitarios y reanudación del seguimiento en atención primaria.
Enfermería participa activamente en este proceso porque dispone de información de proximidad sobre el uso real de la medicación y sobre las dificultades de manejo. La entrevista con paciente y familia, la revisión de envases o listados traídos desde domicilio y la comparación con la información registrada permiten identificar discrepancias con repercusión potencial. Igualmente importante es traducir los cambios terapéuticos a instrucciones comprensibles y funcionales para la vida diaria, evitando mensajes ambiguos o excesivamente técnicos.
En el alta, la seguridad no depende solo de entregar una lista de fármacos. Es recomendable comprobar si la persona entiende qué se ha modificado, qué debe suspender, qué debe vigilar y a quién consultar ante incidencias. Cuando existen limitaciones cognitivas o funcionales, la implicación del cuidador principal y la comunicación estructurada con el siguiente nivel asistencial pueden reducir errores evitables.
Intervenciones enfermeras orientadas a la seguridad
Las intervenciones enfermeras más útiles en este ámbito parten de una observación clínica atenta y de un enfoque centrado en la persona. La revisión periódica de la medicación debe considerar indicación aparente, tolerancia referida, efectos sobre el sueño, el apetito, la eliminación, la movilidad y el desempeño de actividades básicas. Este seguimiento permite detectar problemas que no siempre emergen en una revisión puramente farmacológica.
La administración segura exige verificar identidad, tratamiento prescrito, vía, horario y condiciones particulares, pero en geriatría se amplía además a la evaluación de la deglución, el riesgo de aspiración, la capacidad para usar dispositivos y la conveniencia de adaptar el momento de administración a rutinas de descanso o alimentación. En atención domiciliaria o residencial, la observación de cómo la persona organiza realmente su medicación aporta datos de gran valor.
La educación sanitaria debe ser individualizada, breve, comprensible y repetida cuando sea necesario. En personas mayores con regímenes complejos suele resultar más eficaz priorizar mensajes clave: finalidad principal de cada grupo terapéutico, forma de administración, signos de alarma y qué cambios no deben realizarse sin consulta previa. El empleo de lenguaje claro, apoyos visuales y participación del cuidador puede mejorar la comprensión. La educación no debe orientarse solo a “cumplir”, sino a favorecer un uso consciente y seguro del tratamiento.
Otra línea de actuación consiste en promover la detección temprana de problemas relacionados con la medicación. Si un paciente refiere mareo matutino desde un cambio reciente de pauta, somnolencia excesiva, diarrea, estreñimiento intenso, confusión fluctuante o empeoramiento del equilibrio, Enfermería puede iniciar la valoración del problema, documentar la evolución y comunicar al equipo la sospecha clínica con información concreta y contextualizada.
La coordinación interdisciplinar resulta especialmente relevante. La complejidad de la polifarmacia requiere colaboración entre medicina, Enfermería, farmacia y, cuando procede, trabajo social, fisioterapia o terapia ocupacional. Enfermería actúa como nexo entre la prescripción y la experiencia cotidiana del paciente, aportando datos sobre funcionalidad, adherencia, barreras prácticas y carga del cuidado.
Repercusión en actividades de la vida diaria y en el entorno cuidador
Uno de los aspectos más significativos de la polifarmacia en geriatría es su impacto sobre las actividades de la vida diaria. Un régimen farmacológico mal tolerado o difícil de seguir puede afectar al levantarse, asearse, preparar comidas, desplazarse con seguridad, mantener el ritmo sueño-vigilia o participar en actividades sociales. La relación entre medicación y funcionalidad debe ser observada de forma continua, ya que pequeñas pérdidas en autonomía pueden pasar inadvertidas si no se exploran de manera específica.
El entorno cuidador también se ve afectado. Familiares y cuidadores asumen con frecuencia tareas de organización de tomas, vigilancia de efectos adversos, recogida de recetas y supervisión del cumplimiento. Cuando la pauta es compleja, esta carga puede generar estrés, errores involuntarios y dificultades de conciliación con otras responsabilidades. Integrar al cuidador en la educación sanitaria y valorar su capacidad real para sostener el plan terapéutico contribuye a una atención más segura.
En personas institucionalizadas, la polifarmacia se vincula además a la necesidad de coordinación estrecha entre prescripción, preparación, administración y observación clínica. Los cambios sutiles en conducta, apetito, patrón de sueño o movilidad deben compartirse con rapidez para valorar si guardan relación con modificaciones terapéuticas recientes.
Discusión/Conclusiones
La polifarmacia en geriatría representa un problema de seguridad clínica que no puede interpretarse únicamente como exceso numérico de medicamentos. Su significado asistencial depende de la adecuación de la prescripción, de la fragilidad, del pronóstico, de las prioridades de la persona mayor y de su capacidad para integrar el tratamiento en la vida diaria. Este enfoque evita simplificaciones y sitúa la toma de decisiones en un marco centrado en la funcionalidad y la seguridad.
La revisión realizada permite señalar que muchos de los problemas relacionados con la medicación en personas mayores se expresan mediante cambios funcionales y síntomas inespecíficos. Por ello, la aportación enfermera resulta especialmente valiosa. La observación continuada, la entrevista clínica, la valoración de actividades básicas, la detección de barreras de manejo y la comunicación con paciente y cuidadores permiten identificar señales tempranas de riesgo que podrían pasar desapercibidas en una revisión centrada exclusivamente en diagnósticos o listados terapéuticos.
Entre las actuaciones con mayor potencial se encuentran la conciliación de medicamentos en transiciones asistenciales, la educación sanitaria adaptada a la capacidad de comprensión y al contexto de apoyo, y la vigilancia de efectos adversos con repercusión funcional. También debe destacarse la necesidad de revisar periódicamente la carga terapéutica desde una perspectiva interdisciplinar, especialmente cuando aparecen caídas, confusión, pérdida de apetito, cansancio extremo o disminución en la autonomía.
La seguridad del tratamiento en geriatría exige reconocer que no todos los pacientes se benefician del mismo modo de estrategias terapéuticas intensivas o mantenidas en el tiempo. La individualización, la reevaluación y la coordinación entre niveles asistenciales son elementos fundamentales. En este proceso, Enfermería no ocupa un papel accesorio, sino una posición central para traducir la prescripción a cuidados seguros, comprensibles y sostenibles.
Persisten, no obstante, dificultades prácticas: fragmentación asistencial, escasa comunicación entre dispositivos, registros incompletos, automedicación no comunicada y limitaciones funcionales o cognitivas que dificultan el autocuidado. Abordar estas barreras requiere modelos de atención que integren la valoración geriátrica, el seguimiento longitudinal y la participación de la persona mayor y su entorno en la toma de decisiones.
En síntesis, la polifarmacia debe valorarse como un fenómeno clínico, funcional y social. La intervención enfermera, cuando se apoya en la valoración integral y en la continuidad asistencial, puede contribuir a reducir riesgos, detectar problemas de forma precoz y orientar un uso más seguro de la medicación en las personas mayores. La meta no es únicamente disminuir el número de fármacos, sino favorecer tratamientos proporcionados, comprensibles y alineados con la situación real del paciente.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.
Financiación
Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.
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