Social prescribing and community nursing: conceptual framework and applications
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:445
Autor principal (primer firmante): Isabel Gómez Cordero
Fecha recepción: 16/08/26
Fecha aceptación: 19/09/26
Fecha de publicación: 27/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):445
Autores:
Isabel Gómez Cordero
Adrián López Herrera
Teresa Molina García
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Participación comunitaria; Recursos comunitarios; Bienestar emocional; Promoción de la salud; Revisión; Enfermería basada en la evidencia; Prescripción social; Cuidados de Enfermería; Salud comunitaria; Alfabetización en salud
Keywords: Community Participation; Community Resources; Emotional Well-Being; Health Promotion; Review; Evidence-Based Nursing; Social Prescribing; Nursing Care; Community Health Nursing; Health Literacy
Resumen
Introducción: La prescripción social se ha incorporado progresivamente al debate sanitario como una forma de respuesta a necesidades que no se explican solo por variables biomédicas. Desde la perspectiva enfermera, su interés radica en la posibilidad de conectar la valoración clínica y social con recursos comunitarios que pueden favorecer el bienestar, la participación y la autonomía.
Objetivos: Analizar el marco conceptual de la prescripción social, revisar su relación con la Enfermería comunitaria y describir aplicaciones profesionales en promoción de la salud, apoyo al bienestar emocional y atención a personas con necesidades complejas.
Metodología: Revisión teórica de carácter narrativo centrada en la delimitación conceptual del término, sus componentes operativos y sus implicaciones para la práctica enfermera en el ámbito comunitario. Se organiza el contenido a partir de ejes asistenciales, organizativos y educativos, evitando la atribución de resultados cuantitativos no aportados.
Resultados: La prescripción social puede entenderse como un proceso estructurado de identificación de necesidades no estrictamente clínicas, exploración de preferencias y capacidades, y orientación hacia actividades, activos o recursos del entorno. En este proceso, la Enfermería comunitaria aporta una posición estratégica por su cercanía longitudinal, su competencia en educación para la salud y su visión integral de la persona, la familia y el entorno. Entre sus posibles aplicaciones destacan la soledad no deseada, el malestar emocional leve, la fragilidad social, la baja participación comunitaria, la necesidad de apoyo en autocuidados y las situaciones en las que la alfabetización en salud condiciona el acceso efectivo a recursos.
Discusión/Conclusiones: La prescripción social no debe interpretarse como sustituto de la atención clínica ni como derivación informal desvinculada del proceso asistencial. Su valor potencial depende de una valoración profesional individualizada, del conocimiento actualizado del mapa de recursos, de la coordinación intersectorial y del seguimiento. Para Enfermería, constituye una oportunidad de reforzar la orientación comunitaria de los cuidados, siempre que se implemente con criterios de equidad, seguridad y pertinencia.
Abstract
Introduction: Social prescribing has progressively gained relevance in healthcare as an approach to needs that cannot be fully explained through a biomedical lens. From a nursing perspective, its relevance lies in linking clinical and social assessment with community resources that may support well-being, participation and self-management.
Objectives: To analyse the conceptual framework of social prescribing, review its relationship with community nursing, and describe professional applications in health promotion, emotional well-being support and care for people with complex needs.
Methodology: A narrative theoretical review was conducted, focusing on the conceptual definition of social prescribing, its operational components and its implications for community nursing practice. The content is organised around care-related, organisational and educational dimensions, avoiding unsupported quantitative claims.
Results: Social prescribing may be understood as a structured process involving the identification of non-strictly clinical needs, the exploration of preferences and capabilities, and the connection with activities, assets or resources available in the community. Community nurses occupy a strategic position due to their continuity of care, health education skills and holistic understanding of individuals, families and social contexts. Potential applications include unwanted loneliness, mild emotional distress, social vulnerability, limited community participation, self-care support needs and situations in which health literacy affects effective access to resources.
Discussion/Conclusions: Social prescribing should not be viewed as a substitute for clinical care or as an informal referral detached from the care process. Its potential value depends on individualised professional assessment, updated knowledge of community resources, intersectoral coordination and follow-up. For nursing, it offers an opportunity to strengthen the community orientation of care, provided that implementation is grounded in equity, safety and relevance.
Introducción
La atención a la salud en el ámbito comunitario obliga a reconocer que muchas situaciones de malestar, vulnerabilidad o deterioro funcional se encuentran influidas por factores relacionales, económicos, culturales y ambientales. La experiencia asistencial diaria muestra que no todas las necesidades relevantes para la salud se resuelven mediante tratamiento farmacológico, seguimiento clínico convencional o derivación a dispositivos sanitarios especializados. A menudo, la capacidad de participar en actividades significativas, disponer de apoyo social, comprender la información sanitaria o acceder a recursos del entorno condiciona de forma decisiva la evolución de la persona.
En este marco se sitúa la prescripción social, un concepto que ha adquirido presencia creciente en la conversación profesional y organizativa sobre salud comunitaria. De forma general, alude a la conexión deliberada entre una necesidad detectada en consulta y una respuesta no farmacológica, generalmente situada en el entorno comunitario, con el propósito de mejorar el bienestar, la participación y la capacidad de afrontamiento. La intervención puede orientarse hacia actividades grupales, recursos municipales, asociaciones, programas de apoyo mutuo, iniciativas culturales, ejercicio adaptado, espacios de socialización o dispositivos de acompañamiento, entre otras posibilidades. Su interés no reside únicamente en el recurso final, sino en el proceso de valoración, adecuación y seguimiento.
La Enfermería comunitaria ocupa una posición particularmente adecuada para este enfoque. Su práctica integra la observación de determinantes sociales, la relación terapéutica sostenida, la educación para la salud, la promoción del autocuidado y el conocimiento progresivo del entorno familiar y vecinal. Además, la enfermera comunitaria suele identificar precozmente señales de aislamiento, sobrecarga del cuidador, dificultades de comprensión, problemas de adherencia relacionados con barreras sociales o pérdida de vínculos significativos. Estas situaciones no siempre constituyen un diagnóstico médico, pero sí generan necesidades de cuidado que pueden beneficiarse de una respuesta comunitaria organizada.
La prescripción social también interpela a la forma en que se concibe la práctica basada en la evidencia en contextos complejos. En este ámbito, la evidencia no puede reducirse a la eficacia aislada de una actividad concreta, sino que debe considerar la adecuación contextual, la aceptabilidad, la continuidad, la accesibilidad y la experiencia de la persona. Para Enfermería, ello implica articular conocimientos clínicos, juicio profesional y comprensión del territorio. No se trata de añadir una derivación más al circuito asistencial, sino de incorporar una mirada que relacione salud, comunidad y cuidados de forma operativa.
Frente a una interpretación simplificada, la prescripción social no equivale a recomendar de manera genérica que una persona “salga más” o “participe en actividades”. Requiere explorar motivación, situación funcional, barreras de acceso, preferencias, soporte familiar y alfabetización en salud. También exige conocer la calidad, estabilidad y adecuación de los recursos disponibles. Una práctica poco estructurada podría generar frustración, inequidad o desajuste entre necesidad y respuesta. Por ello, su integración en la Enfermería comunitaria demanda un marco conceptual claro y una aplicación prudente.
Objetivos
Analizar el concepto de prescripción social desde la perspectiva de la Enfermería comunitaria, delimitando sus elementos esenciales y sus diferencias respecto a otras intervenciones de orientación social o educativa.
Como objetivos específicos, se pretende:
- Describir los componentes del proceso de prescripción social aplicables a la práctica enfermera.
- Explorar su relación con la promoción de la salud, la alfabetización en salud y la participación comunitaria.
- Identificar ámbitos de aplicación asistencial en los que la intervención enfermera puede facilitar la conexión con recursos comunitarios.
- Revisar barreras, riesgos y condiciones organizativas que deben considerarse para una implementación segura y pertinente.
- Valorar las implicaciones de este enfoque para la continuidad de cuidados y la orientación comunitaria de los servicios.
Metodología
Se realiza una revisión teórica de tipo narrativo con finalidad de actualización profesional. El abordaje se centra en la clarificación conceptual de la prescripción social y en su traducción práctica al campo de la Enfermería comunitaria. Dado que no se aportan estudios específicos ni una estrategia formal de búsqueda bibliográfica, el texto se construye a partir de categorías ampliamente utilizadas en salud comunitaria y cuidados enfermeros: necesidades de salud con componente social, activos comunitarios, participación, alfabetización en salud, continuidad asistencial y seguimiento.
La organización del contenido responde a una lógica clínica y comunitaria. En primer lugar, se delimita qué puede entenderse por prescripción social y qué elementos la diferencian de un consejo inespecífico o de una simple derivación administrativa. En segundo lugar, se revisa el papel de la enfermera en la valoración, la toma de decisiones compartida y la orientación a recursos. Finalmente, se desarrollan escenarios de aplicación y consideraciones de implementación, con especial atención a la seguridad, la equidad y la coordinación intersectorial.
Al tratarse de una revisión no sistemática, el artículo no pretende emitir conclusiones cerradas sobre efectividad comparada ni establecer protocolos universales. Su propósito es ofrecer un marco de interpretación útil para la práctica clínica, la gestión de cuidados y el diseño de intervenciones comunitarias adaptadas al contexto. Se ha mantenido una redacción prudente, evitando cifras, resultados o recomendaciones atribuidas a organismos concretos cuando no se han proporcionado fuentes verificables.
Resultados
Delimitación conceptual
La prescripción social puede definirse, de forma operativa, como un proceso de identificación de necesidades relacionadas con el bienestar y la vida cotidiana que pueden abordarse, al menos en parte, mediante recursos no clínicos presentes en la comunidad. Este proceso incluye varios componentes: detección de la necesidad, valoración integral, conversación sobre expectativas y preferencias, selección del recurso o actividad más adecuada, facilitación del acceso y seguimiento posterior.
Dos rasgos la distinguen de otras actuaciones frecuentes. El primero es su intencionalidad clínica y de cuidados: no se limita a informar de que existe un recurso, sino que incorpora esa opción dentro del plan de atención. El segundo es su orientación personalizada: el recurso no se elige por disponibilidad abstracta, sino por su ajuste a la situación de la persona. Un taller grupal, una actividad física comunitaria, un programa de apoyo mutuo o una red vecinal pueden ser valiosos en ciertos casos, pero poco útiles si no se consideran la motivación, la movilidad, el estigma percibido, la accesibilidad económica o la capacidad para sostener la participación.
La noción de activo para la salud resulta especialmente relevante. Desde esta perspectiva, la comunidad no se entiende solo como escenario donde aparecen problemas, sino como espacio donde existen capacidades, vínculos y recursos que pueden favorecer salud y resiliencia. La prescripción social conecta con esta mirada porque desplaza parte de la atención desde el déficit hacia las posibilidades reales del entorno. No obstante, ello no debe invisibilizar las desigualdades estructurales. Una comunidad con recursos escasos o poco accesibles no ofrece las mismas oportunidades de prescripción social que otra con tejido asociativo consolidado.
Relación con la Enfermería comunitaria
La convergencia entre prescripción social y Enfermería comunitaria es amplia. La enfermera valora a la persona en su contexto, identifica barreras para el autocuidado, detecta factores que interfieren en la adherencia y reconoce necesidades emocionales o sociales que modulan la experiencia de enfermedad. Esa visión integral favorece la identificación de situaciones en las que un recurso comunitario puede complementar el abordaje sanitario.
La consulta enfermera, la visita domiciliaria y las actividades grupales ofrecen oportunidades distintas para iniciar este proceso. En consulta pueden detectarse señales de aislamiento, desmotivación, cansancio del cuidador, pérdida de rutinas saludables o dificultades para comprender recomendaciones. En el domicilio se observan con mayor claridad el entorno real, las redes de apoyo, la funcionalidad y las limitaciones prácticas para desplazarse o participar. En espacios grupales, por su parte, se pueden identificar intereses compartidos y facilitar la incorporación a dinámicas comunitarias menos medicalizadas.
La intervención enfermera no se reduce a derivar. Incluye traducir la necesidad en una propuesta comprensible, explorar miedos y resistencias, anticipar barreras, reforzar la percepción de capacidad y comprobar posteriormente si el recurso ha sido accesible y significativo. Este acompañamiento es especialmente importante en personas con alfabetización en salud limitada, con escasa red social o con experiencias previas de desvinculación institucional. En ellas, una mera recomendación verbal puede ser insuficiente.
Dimensión educativa y alfabetización en salud
La alfabetización en salud influye de manera directa en la posibilidad de beneficiarse de la prescripción social. Comprender qué se propone, para qué sirve, dónde se realiza, qué compromiso requiere y cómo puede contribuir al bienestar son condiciones básicas para una participación informada. Muchas personas no rechazan los recursos comunitarios por falta de interés, sino porque no comprenden su funcionamiento, perciben inseguridad o encuentran barreras administrativas y simbólicas.
La Enfermería desempeña aquí una función mediadora. Puede adaptar la información, verificar la comprensión, utilizar lenguaje claro, negociar objetivos realistas y promover decisiones compartidas. También puede detectar situaciones en las que la prioridad no es remitir a un recurso externo, sino fortalecer primero habilidades de autocuidado, orientación en el sistema o apoyo emocional básico. La prescripción social no debe imponerse como una respuesta estandarizada; necesita ser legible y asumible para la persona.
La educación para la salud se amplía así más allá de la transmisión de consejos. Abarca la facilitación de itinerarios de participación y el acompañamiento en el uso de recursos comunitarios. Esta dimensión es especialmente visible en personas mayores que viven solas, en quienes presentan enfermedades crónicas con desánimo o baja autoeficacia, y en familias con necesidades sociosanitarias complejas. En todos estos casos, la alfabetización en salud actúa como puente o como barrera.
Ámbitos de aplicación asistencial
Entre los escenarios en los que la prescripción social puede tener mayor sentido se encuentran la soledad no deseada y el empobrecimiento relacional. La ausencia de vínculos significativos afecta a la percepción de bienestar, al ánimo, a las rutinas y, con frecuencia, al mantenimiento de conductas saludables. En estos casos, la conexión con actividades comunitarias, grupos de encuentro o iniciativas de apoyo puede formar parte de una estrategia de cuidados más amplia.
Otro ámbito frecuente es el malestar emocional de intensidad leve o fluctuante, cuando se relaciona con duelo, cambios vitales, dificultades de adaptación o sensación de desconexión social. La intervención enfermera debe valorar siempre la necesidad de atención clínica específica y descartar situaciones de mayor complejidad. Cuando el contexto lo permite, algunos recursos comunitarios pueden complementar el apoyo profesional y favorecer estructura, vínculo y sentido de pertenencia.
También puede resultar aplicable en personas con enfermedades crónicas que expresan cansancio, baja motivación o dificultades para sostener hábitos saludables. Grupos de ejercicio adaptado, actividades de autocuidado compartido o espacios comunitarios de apoyo pueden contribuir a mejorar la percepción de competencia y la adherencia a objetivos realistas. En este terreno, el valor añadido no se limita a la actividad en sí misma, sino a la creación de una red de apoyo y a la disminución de la sensación de afrontamiento solitario.
La fragilidad social, el riesgo de institucionalización evitable, la sobrecarga de personas cuidadoras y ciertas necesidades de integración tras procesos de enfermedad o dependencia son otros contextos en los que este enfoque merece consideración. En todos ellos, la indicación debe individualizarse y formar parte de un plan de cuidados que contemple prioridades clínicas, funcionales y sociales.
Requisitos para una implementación útil
Para que la prescripción social sea algo más que una declaración de intenciones, se requieren condiciones concretas. La primera es disponer de un conocimiento operativo del territorio: no basta con saber que existen recursos, sino conocer su accesibilidad, estabilidad, criterios de entrada, tipo de actividades y adecuación a distintos perfiles. Un mapa comunitario desactualizado o puramente administrativo tiene escaso valor asistencial.
La segunda condición es la coordinación. La relación entre atención sanitaria, servicios sociales, ayuntamientos, asociaciones y otros agentes comunitarios debe permitir circuitos claros, aunque sean flexibles. Cuando no existe comunicación mínima entre sectores, el seguimiento se debilita y la derivación pierde continuidad. Enfermería puede actuar como nexo, pero no debería asumir en solitario toda la carga de articulación interinstitucional.
La tercera condición es incorporar seguimiento. Saber si la persona acudió, si se sintió acogida, si mantuvo la participación o si aparecieron barreras es parte del proceso de cuidados. Sin este retorno, la prescripción social se convierte en un gesto bienintencionado, pero clínicamente incompleto. El seguimiento también permite detectar efectos no deseados, como frustración, exposición a entornos poco adecuados o incremento del sentimiento de fracaso cuando la propuesta no encaja.
Riesgos y límites
La expansión del término ha generado expectativas que conviene matizar. La prescripción social no corrige por sí sola las desigualdades sociales, no sustituye intervenciones clínicas indicadas y no puede compensar la insuficiencia de recursos estructurales. Existe el riesgo de desplazar hacia la comunidad problemas que requieren respuestas institucionales más amplias, o de responsabilizar a la persona de su participación en contextos donde los recursos son escasos, inaccesibles o poco inclusivos.
También deben evitarse enfoques normativos. No todas las personas desean participar en actividades grupales, ni todas experimentan el bienestar del mismo modo. Forzar modelos de “activación” puede vulnerar preferencias, aumentar resistencia o simplificar trayectorias vitales complejas. La pertinencia de la intervención depende del respeto a la autonomía y de una valoración realista de las capacidades y deseos.
Otro límite relevante es la inequidad territorial. La prescripción social puede desarrollarse con mayor facilidad donde existe red comunitaria sólida, transporte accesible, tejido asociativo activo y coordinación local. En zonas con menor disponibilidad de recursos, el margen de actuación se reduce. Este hecho no invalida el enfoque, pero obliga a evitar discursos uniformes y a reconocer que la calidad de la respuesta depende también del contexto organizativo y comunitario.
Discusión/Conclusiones
La prescripción social representa una evolución coherente con la tradición de la Enfermería comunitaria, que históricamente ha vinculado cuidados, entorno y determinantes sociales. Su aportación no consiste en añadir una técnica aislada, sino en ofrecer una forma de organizar respuestas cuando la necesidad de salud desborda la lógica estrictamente biomédica. En ese sentido, puede reforzar la orientación integral de los cuidados y ampliar la capacidad resolutiva de la atención comunitaria.
Su utilidad práctica depende, sin embargo, de varios equilibrios. El primero es el equilibrio entre clínica y comunidad. La intervención comunitaria puede complementar la atención sanitaria, pero no reemplazarla cuando existen síntomas, riesgos o necesidades que exigen evaluación clínica específica. El segundo es el equilibrio entre accesibilidad y adecuación: ampliar el acceso a recursos es positivo, aunque no cualquier recurso es adecuado para cualquier persona. El tercero es el equilibrio entre iniciativa profesional y autonomía del paciente: acompañar no significa dirigir de manera paternalista, sino facilitar elecciones informadas y viables.
Desde el punto de vista enfermero, la prescripción social obliga a reforzar competencias que ya forman parte del núcleo disciplinar: valoración integral, comunicación terapéutica, educación para la salud, trabajo con familias, orientación comunitaria y coordinación interprofesional. También exige tiempo relacional, conocimiento del territorio y estructuras que permitan seguimiento. Si estos elementos faltan, existe el riesgo de banalizar el concepto y reducirlo a una recomendación genérica sin continuidad.
La alfabetización en salud merece una consideración especial. Una intervención potencialmente beneficiosa puede fracasar si la persona no comprende la propuesta, no sabe cómo acceder o no identifica su utilidad. Por ello, la prescripción social debe ir acompañada de estrategias de comunicación clara y apoyo gradual, especialmente en población vulnerable. Del mismo modo, la evaluación de resultados no debería limitarse a la asistencia a una actividad, sino incluir cambios percibidos en bienestar, capacidad de relación, seguridad, motivación y vinculación con el entorno.
En términos organizativos, resulta razonable avanzar hacia modelos donde el conocimiento de activos comunitarios y la coordinación con recursos del territorio formen parte de la práctica habitual de la atención comunitaria. Esto no implica homogeneizar respuestas ni establecer itinerarios rígidos, sino favorecer marcos de trabajo compartidos, herramientas de registro útiles y espacios de colaboración con agentes no sanitarios. La calidad de esta integración dependerá de la adaptación local y del reconocimiento de las desigualdades territoriales.
La prescripción social puede aportar valor cuando se aplica con criterio clínico, sensibilidad comunitaria y seguimiento suficiente. Para Enfermería comunitaria constituye una vía consistente con su enfoque integral, siempre que se preserve la individualización, se respeten las preferencias de la persona y se mantenga la coordinación con el resto del sistema asistencial. Más que una moda organizativa, puede entenderse como una expresión práctica de los cuidados orientados a la vida cotidiana, los vínculos y la participación social.
Conflicto de intereses
No se identifican conflictos de intereses por parte de los autores en relación con el tema tratado en este artículo.
Financiación
No se ha recibido financiación externa para el desarrollo, redacción o publicación del presente trabajo.
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