Nursing procedure for follow-up of an abdominal surgical wound with exudate
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:238
Autor principal (primer firmante): Miriam Castillo Ruiz
Fecha recepción: 09/07/26
Fecha aceptación: 10/08/26
Fecha de publicación: 17/08/26
Ref.: CADICE. 2026;1(8):238
Autores:
Miriam Castillo Ruiz
Guillermo Pérez Navarro
Nadia Torres Aguilera
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Protocolos clínicos; Exudados; Hospitalización; Planificación de cuidados; Intervenciones de Enfermería; Cicatrización; Seguridad del paciente; Dolor postoperatorio; Herida quirúrgica; Atención hospitalaria
Keywords: Clinical Protocols; Exudates and Transudates; Hospitalization; Patient Care Planning; Nursing Interventions; Wound Healing; Patient Safety; Pain, Postoperative; Surgical Wound; Hospital Care
Resumen
Introducción: El seguimiento de la herida quirúrgica abdominal con exudado constituye una actividad asistencial frecuente en hospitalización y requiere una valoración enfermera continuada, orientada tanto a la evolución local del tejido como a la detección precoz de complicaciones. La presencia de exudado no implica por sí misma un curso desfavorable, pero obliga a interpretar su cantidad, aspecto, repercusión sobre la piel perilesional y relación con el dolor, el estado general y el momento postoperatorio.
Objetivos: Describir un procedimiento enfermero de seguimiento aplicable a pacientes con herida quirúrgica abdominal exudativa, integrando valoración inicial, planificación de cuidados, intervención paso a paso, criterios de reevaluación y medidas de seguridad clínica.
Metodología: Se desarrolla una guía de intervención orientada al ámbito hospitalario, estructurada mediante el proceso de Enfermería y centrada en la observación sistemática de la herida, el manejo del exudado, la protección cutánea, el control del dolor, la educación sanitaria y la coordinación con el equipo asistencial.
Resultados: El procedimiento propuesto organiza la actuación enfermera en fases: valoración clínica de la herida y del paciente, preparación del material y del entorno, realización de la cura con técnica adecuada al contexto, selección prudente del apósito según nivel de humedad y localización, registro de hallazgos, vigilancia de signos de alarma y reevaluación periódica. Se identifican además elementos que condicionan la evolución, como la movilidad, el estado nutricional, la continencia, la tolerancia al dolor y la capacidad de autocuidado.
Discusión/Conclusiones: El seguimiento estructurado de la herida quirúrgica abdominal con exudado puede contribuir a mejorar la continuidad asistencial, disminuir la variabilidad en los cuidados y favorecer decisiones clínicas más seguras. Su aplicación debe individualizarse según el tipo de cirugía, la situación clínica y los protocolos vigentes en cada centro.
Abstract
Introduction: Follow-up of an abdominal surgical wound with exudate is a common nursing activity in hospital care and requires ongoing assessment focused on local tissue evolution as well as early identification of complications. The presence of exudate does not necessarily indicate an adverse course, but it calls for interpretation of its amount, appearance, effect on periwound skin, and relationship with pain, general condition, and postoperative stage.
Objectives: To describe a nursing follow-up procedure applicable to patients with exudative abdominal surgical wounds, integrating initial assessment, care planning, step-by-step intervention, reassessment criteria, and patient safety measures.
Methodology: An intervention guide for the hospital setting is presented, structured through the nursing process and focused on systematic wound observation, exudate management, skin protection, pain control, health education, and coordination with the healthcare team.
Results: The proposed procedure organizes nursing care into phases: clinical assessment of the wound and the patient, preparation of equipment and environment, dressing change using an appropriate technique according to the clinical context, careful dressing selection based on moisture level and wound location, documentation of findings, monitoring of warning signs, and periodic reassessment. Factors influencing progress are also identified, including mobility, nutritional status, continence, pain tolerance, and self-care ability.
Discussion/Conclusions: Structured follow-up of the abdominal surgical wound with exudate may improve continuity of care, reduce variability in nursing practice, and support safer clinical decision-making. Its application should be individualized according to the type of surgery, the patient’s condition, and local institutional protocols.
Introducción
La herida quirúrgica abdominal forma parte del proceso postoperatorio habitual, pero su seguimiento exige una vigilancia clínica sostenida, especialmente cuando aparece exudado. En este contexto, la actuación enfermera no se limita al cambio de apósitos, sino que incluye la valoración integral del paciente, la interpretación de la evolución tisular, la identificación de factores que interfieren en la cicatrización y la detección precoz de signos compatibles con complicación local o sistémica.
El exudado desempeña una función biológica en la reparación tisular, al mantener un entorno húmedo y facilitar determinados procesos de limpieza local. Sin embargo, cuando es excesivo, persistente o se acompaña de cambios en color, olor, viscosidad, dolor o deterioro de la piel perilesional, puede asociarse a maceración, retraso de la cicatrización, pérdida de confort y aumento de la complejidad del cuidado. En la cirugía abdominal, además, la localización anatómica y la cercanía a pliegues, dispositivos, drenajes o zonas de fricción pueden dificultar el control de la humedad y la correcta fijación de los apósitos.
Desde la perspectiva enfermera, el seguimiento de estas heridas requiere integrar observación clínica, técnica aséptica, juicio profesional y capacidad de adaptación. No todas las heridas abdominales evolucionan de igual manera, y la presencia de exudado debe interpretarse teniendo en cuenta el tipo de intervención, el tiempo transcurrido desde la cirugía, la existencia de comorbilidad, el patrón de movilidad, el estado nutricional, la tolerancia al dolor y el nivel de dependencia. Del mismo modo, una herida con drenaje escaso y tejido de aspecto conservado no plantea la misma situación que otra con aumento progresivo de humedad, bordes friables o separación de la línea de sutura.
La práctica clínica muestra que la variabilidad en la descripción del exudado, en la frecuencia de las curas o en la elección de productos puede dificultar la continuidad asistencial. Por ello, disponer de un procedimiento enfermero orientativo ayuda a ordenar la actuación, mejorar el registro y facilitar la comunicación dentro del equipo. Esta necesidad es particularmente relevante en las unidades de hospitalización, donde diferentes profesionales pueden participar en el seguimiento del mismo paciente durante el postoperatorio inmediato y en la preparación del alta.
Un abordaje estructurado también se relaciona con la seguridad del paciente. La observación sistemática permite reconocer signos que requieren revisión médica, ajustar medidas de confort, prevenir lesiones cutáneas asociadas a la humedad y reforzar la educación sanitaria antes de la transición al domicilio. En este proceso, la enfermera actúa como profesional clave para vincular el estado local de la herida con la situación clínica global del paciente.
Objetivos
Describir un procedimiento enfermero para el seguimiento de la herida quirúrgica abdominal con exudado en el ámbito hospitalario, orientado a la valoración clínica, la planificación de cuidados, la realización segura de las curas y la reevaluación evolutiva.
De forma específica, se pretende:
- Precisar los elementos de valoración inicial de la herida, el exudado y la situación general del paciente.
- Ordenar la intervención enfermera durante la preparación, ejecución y cierre de la cura.
- Definir criterios prácticos para el manejo de la humedad, la protección de la piel perilesional y el control del dolor postoperatorio.
- Identificar signos de alarma que aconsejan ampliar la valoración o comunicar la situación al equipo responsable.
- Favorecer un registro clínico útil para la continuidad asistencial y la toma de decisiones.
- Incorporar medidas de educación sanitaria ajustadas al momento clínico y a la previsión de alta.
Metodología
Se presenta una guía de intervención de aplicación hospitalaria basada en el proceso de Enfermería. El contenido se organiza a partir de la secuencia habitual del cuidado: valoración, planificación, intervención, registro y reevaluación. El enfoque es deliberadamente práctico y está dirigido a la atención de personas adultas con herida quirúrgica abdominal cerrada o parcialmente exudativa durante el periodo postoperatorio, sin pretender sustituir los protocolos específicos de cada centro ni las indicaciones quirúrgicas individualizadas.
Para su desarrollo se han integrado criterios clínicos de uso habitual en la práctica enfermera: observación local sistemática, control de factores que interfieren en la cicatrización, técnica de cura ajustada al contexto, protección del tejido perilesional, evaluación del dolor y vigilancia de complicaciones. El procedimiento se formula como una orientación general aplicable a diferentes escenarios de hospitalización, y debe adaptarse al tipo de incisión, material de cierre, presencia de drenajes, evolución postoperatoria y recursos disponibles.
La planificación se apoya en problemas de cuidados frecuentes en este tipo de pacientes, como alteración de la integridad cutánea o tisular, dolor agudo postoperatorio, riesgo de infección, deterioro del confort, limitación de la movilidad y déficit de conocimientos para el autocuidado al alta. En lugar de establecer un protocolo cerrado, se prioriza una secuencia de actuación que facilite el razonamiento clínico y reduzca la variabilidad innecesaria.
Resultados
Valoración inicial del paciente y de la herida
El seguimiento comienza con una valoración global. Antes de retirar el apósito, conviene revisar el momento postoperatorio, el tipo de cirugía referida en la documentación disponible, la existencia de incidencias previas, la pauta analgésica y los factores que pueden influir en la cicatrización, como obesidad, diabetes conocida, tratamiento inmunosupresor, desnutrición, incontinencia, tos persistente o dificultad para movilizarse. También resulta útil explorar el grado de autonomía, la comprensión de las instrucciones y el apoyo previsto en el domicilio si el alta es próxima.
La valoración local debe ser comparativa y secuencial. No basta con describir que la herida “presenta exudado”; es preferible precisar si se trata de un exudado escaso, moderado o abundante, si es seroso, serohemático o de aspecto más denso, si ha traspasado el apósito, si condiciona humedad mantenida y si existe repercusión sobre la piel circundante. Asimismo, se deben observar el aspecto de los bordes, la aproximación de la línea de sutura o grapas, la presencia de eritema, edema, calor local, fluctuación, dehiscencia visible o mal olor. La intensidad del dolor, especialmente si aumenta de forma no esperada durante la evolución, añade información clínica relevante.
La piel perilesional merece una atención específica. La maceración, el enrojecimiento por adhesivos, la fragilidad cutánea o la irritación causada por exudado persistente pueden complicar el manejo de la herida incluso cuando el lecho quirúrgico no muestra alteraciones significativas. En abdomen, además, la sudoración, la tensión cutánea por la postura o la presencia de pliegues pueden favorecer el despegado del apósito y el contacto mantenido con la humedad.
Planificación de cuidados
Tras la valoración, la enfermera prioriza necesidades y establece objetivos de cuidado realistas para el turno o para el periodo de ingreso. Entre los resultados esperables se incluyen mantener la herida limpia y protegida, controlar el exceso de exudado sin desecar el tejido, preservar la integridad de la piel perilesional, reducir el dolor asociado a la cura, detectar de manera precoz cambios clínicamente relevantes y promover la participación del paciente en su propio cuidado.
La frecuencia del seguimiento no debe responder solo a una pauta fija de cambio de apósito. Debe considerar la saturación del material, la evolución local, la tolerancia del paciente, la indicación quirúrgica y la presencia de factores de riesgo. Una herida con exudado moderado puede requerir observación más estrecha al inicio, mientras que una herida estable con apósito seco permite espaciar la intervención, evitando manipulaciones innecesarias. Esta individualización reduce tanto el riesgo de maceración como el de exposición repetida del lecho quirúrgico.
Preparación del procedimiento
Antes de la cura se debe verificar la identidad del paciente, explicarle el procedimiento y procurar intimidad. La información anticipada reduce ansiedad y facilita colaboración, sobre todo cuando el movimiento abdominal aumenta el dolor. Si el paciente refiere molestias significativas, puede ser oportuno coordinar la cura con la pauta analgésica prescrita, dejando un tiempo razonable para su efecto.
La preparación incluye higiene de manos, organización del campo de trabajo y selección del material necesario según las características observadas previamente: solución de limpieza si está indicada por el procedimiento del centro, gasas o material de secado, dispositivos de protección cutánea, apósitos con capacidad de absorción adecuada y elementos de fijación que minimicen traumatismo en la retirada. También se comprobará si existen drenajes, sistemas de vacío, ostomías cercanas u otros dispositivos que condicionen la técnica.
Retirada del apósito y observación directa
La retirada debe realizarse con suavidad, evitando tracciones bruscas sobre la piel y la línea de sutura. Conviene observar el apósito antes de desecharlo, ya que su grado de impregnación, distribución de la humedad y posible presencia de exudado serohemático aportan información complementaria. En pacientes con piel frágil, la dirección de la retirada y el uso de técnicas que reduzcan el daño por adhesivo resultan especialmente importantes.
Con la herida expuesta, la observación ha de ser deliberada y ordenada. Debe valorarse longitud aproximada de la incisión, continuidad de los bordes, coloración del tejido visible, humedad del lecho si existiera apertura parcial, cantidad y aspecto del exudado presente en ese momento, estado de la piel circundante y respuesta del paciente a la manipulación. Si se aprecia separación de bordes, salida súbita de abundante exudado, tejido no habitual o dolor intenso desproporcionado, la situación requiere reevaluación inmediata y comunicación clínica.
Limpieza, control del exudado y protección de la piel
La limpieza de la herida debe seguir el procedimiento establecido en cada entorno asistencial. De manera general, se recomienda evitar maniobras traumáticas y utilizar una técnica limpia o aséptica según la indicación del centro y la situación de la herida. La finalidad es retirar restos de exudado y facilitar la valoración sin lesionar tejido reciente. El secado posterior, cuando proceda, debe ser cuidadoso, sin fricción vigorosa sobre la línea quirúrgica.
El manejo del exudado persigue un equilibrio: absorber el exceso de humedad y, al mismo tiempo, evitar un entorno excesivamente seco que pueda interferir en la evolución local. Por ello, la elección del apósito no debería basarse únicamente en la disponibilidad, sino en la cantidad de exudado, la necesidad de protección mecánica, la localización abdominal y la tolerancia cutánea. En presencia de humedad mantenida, puede ser útil reforzar la protección de la piel perilesional con productos barrera compatibles con el apósito utilizado, siempre según la práctica del centro.
Cuando el exudado es abundante o reaparece con rapidez, la prioridad enfermera no consiste solo en aumentar la absorción, sino en reinterpretar la situación clínica. Deben revisarse la presencia de tensión sobre la herida, el funcionamiento de drenajes si existieran, la aparición de signos inflamatorios llamativos, el patrón de dolor y el estado general del paciente. En estos casos, la cura se convierte también en un acto de vigilancia clínica.
Control del dolor y confort postoperatorio
El dolor influye en la movilidad, la respiración profunda, la tos eficaz, el descanso y la disposición del paciente para participar en las curas. La valoración no debe limitarse a la intensidad, sino incluir localización, momento de aparición, factores desencadenantes y relación con la movilización o la manipulación de la herida. Un aumento progresivo del dolor local, especialmente si no guarda relación con el movimiento habitual o no responde a la pauta analgésica prevista, merece una valoración más detenida.
Durante la cura conviene favorecer posturas que reduzcan la tensión abdominal, explicar cada maniobra antes de realizarla y permitir pausas breves si el paciente lo precisa. El confort también depende de mantener la ropa de cama seca, minimizar la exposición corporal y evitar cambios de apósito más frecuentes de lo necesario. En algunos pacientes, la anticipación del procedimiento y la escucha activa reducen la vivencia de dolor o amenaza asociada a la herida.
Vigilancia de complicaciones y comunicación clínica
El seguimiento enfermero debe orientarse a reconocer de forma temprana cambios potencialmente significativos. Entre ellos se encuentran el incremento no esperado de exudado, la modificación de su aspecto hacia contenido purulento o maloliente, el sangrado persistente, la dehiscencia, la aparición de calor o eritema progresivo, el endurecimiento doloroso de la zona, la maceración extensa de la piel y la asociación con fiebre, malestar general u otras manifestaciones sistémicas.
La comunicación al equipo responsable debe ser concreta y basada en hallazgos observables: localización, cambio respecto a valoraciones previas, características del exudado, estado de la piel, respuesta dolorosa y medidas ya realizadas. Este modo de registro y transmisión mejora la continuidad asistencial y evita descripciones ambiguas. En pacientes con evolución compleja, la comparación seriada de fotografías clínicas solo sería pertinente si forma parte del procedimiento institucional y respeta las exigencias éticas y de confidencialidad del centro.
Registro enfermero y continuidad asistencial
Un registro útil debería recoger, al menos, fecha y turno, aspecto general de la herida, cantidad y características del exudado, estado de la piel perilesional, presencia o ausencia de signos de alarma, tolerancia al procedimiento, material utilizado y plan de seguimiento. También es pertinente consignar la educación proporcionada al paciente y su respuesta, sobre todo cuando se prevé continuidad del cuidado fuera del hospital.
El lenguaje del registro ha de ser descriptivo y evitar términos imprecisos. Expresiones como “herida bien” o “cura sin incidencias” aportan escasa información si no se acompañan de datos observables. Una documentación más precisa facilita que otro profesional interprete la evolución y mantenga una línea de cuidado coherente.
Educación sanitaria y preparación del alta
Aunque el seguimiento se sitúe en hospitalización, la planificación del alta debe iniciarse de forma progresiva. El paciente y, si procede, su cuidador principal necesitan comprender aspectos básicos: cómo mantener la herida limpia y seca según las indicaciones recibidas, cuándo consultar por cambios en el exudado o en el dolor, cómo evitar presión o fricción innecesaria sobre la zona y qué medidas favorecen una recuperación funcional segura. La enseñanza debe adaptarse al nivel de comprensión, al grado de autonomía y a la posible necesidad de apoyo domiciliario.
La educación no debe reducirse a instrucciones aisladas al final del ingreso. Reforzar mensajes durante las curas, mostrar el aspecto habitual de la evolución y verificar la comprensión mejora la continuidad de cuidados. En pacientes con limitación visual, cognitiva o funcional, conviene anticipar barreras para el autocuidado y coordinar recursos asistenciales si fuera necesario.
Discusión/Conclusiones
El seguimiento enfermero de la herida quirúrgica abdominal con exudado exige una mirada clínica que vaya más allá del procedimiento técnico. La cantidad de humedad, el estado de la piel perilesional, el dolor y la evolución temporal de la incisión ofrecen información que puede orientar decisiones de cuidado y facilitar la detección precoz de complicaciones. Un abordaje estructurado ayuda a ordenar la observación, reduce descripciones vagas y favorece una respuesta más homogénea entre profesionales.
La principal utilidad de un procedimiento como el descrito radica en integrar dimensiones que con frecuencia se abordan de forma fragmentada: protección tisular, confort, seguridad del paciente, educación sanitaria y continuidad asistencial. La cura deja así de ser un acto aislado y se convierte en una intervención de valoración continua. Esta perspectiva resulta especialmente pertinente en cirugía abdominal, donde los cambios posturales, la presión intraabdominal, la presencia de drenajes o las dificultades de movilidad pueden modificar la evolución local en poco tiempo.
No obstante, la aplicación de cualquier guía debe individualizarse. El tipo de cierre quirúrgico, la complejidad de la intervención, la situación basal del paciente y las normas del centro condicionan la frecuencia de las curas, el material empleado y los criterios de derivación o revisión médica. Por ello, este procedimiento debe entenderse como una orientación de práctica enfermera y no como un protocolo universal cerrado.
La mejora del seguimiento también depende de factores organizativos: disponibilidad de materiales adecuados, registros clínicos útiles, formación continuada y comunicación efectiva con el equipo quirúrgico y médico. Cuando estas condiciones están presentes, la Enfermería puede desempeñar un papel decisivo en la vigilancia del proceso de cicatrización, en la prevención del deterioro cutáneo asociado al exceso de exudado y en la preparación segura del paciente para el alta y el autocuidado posterior.
Conflicto de intereses
Los autores declaran la ausencia de conflictos de intereses en la preparación de este manuscrito.
Financiación
El presente manuscrito se ha realizado sin financiación externa específica.
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