Procedimiento para prevención de infección asociada a catéter venoso central en UCI

Procedure for preventing central venous catheter-associated infection in the ICU

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:389

Autor principal (primer firmante): Alba Fernández Molina

Fecha recepción: 07/08/26

Fecha aceptación: 09/09/26

Fecha de publicación: 16/09/26

Ref.: CADICE. 2026;1(9):389

Autores:
Alba Fernández Molina
Iván Herrera Santos

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Bacteriemia; Intervenciones de Enfermería; Paciente crítico; Técnica aséptica; Cuidados críticos; Control de infecciones; Unidades de cuidados intensivos; Monitorización fisiológica; Catéter venoso central; Protocolos clínicos

Keywords: Bacteremia; Nursing Interventions; Critical Illness; Aseptic Technique; Critical Care; Infection Control; Intensive Care Units; Monitoring, Physiologic; Central Venous Catheters; Clinical Protocols

Resumen

Introducción: La infección asociada al catéter venoso central constituye una complicación relevante en las unidades de cuidados intensivos por su impacto clínico, por la complejidad del paciente crítico y por la elevada frecuencia de manipulación del dispositivo. La práctica enfermera ocupa una posición central en la prevención, al intervenir en la preparación del material, la asistencia durante la inserción, el mantenimiento diario, la vigilancia del punto de acceso y la detección precoz de signos de infección.

Objetivos: Describir una guía de intervención enfermera orientada a reducir el riesgo de infección asociada a catéter venoso central en UCI, estructurando la valoración inicial, las medidas durante la inserción, los cuidados de mantenimiento, la vigilancia clínica y los criterios generales de evaluación.

Metodología: Se presenta un desarrollo práctico de carácter descriptivo, centrado en el proceso asistencial del paciente crítico portador de catéter venoso central. El contenido se organiza en torno a la valoración enfermera, la aplicación de técnica aséptica, la estandarización de cuidados y la monitorización continuada, con formulación prudente y adaptable a los protocolos vigentes de cada centro.

Resultados: La intervención enfermera se articula en varias fases: verificación de la indicación y del tipo de acceso, preparación del entorno y del material, apoyo a la inserción con medidas de barrera, fijación y cura inicial, mantenimiento de la permeabilidad y del sistema cerrado, manipulación segura de conexiones, revisión diaria de la necesidad del catéter, educación del equipo y registro clínico estructurado. La combinación de estas medidas puede contribuir a disminuir la contaminación extraluminal e intraluminal y a mejorar la seguridad del paciente.

Discusión/Conclusiones: La prevención de la infección asociada al catéter venoso central no depende de una actuación aislada, sino de la consistencia del cuidado enfermero en todas las fases del proceso. La adherencia a la asepsia, la reevaluación diaria del dispositivo y la observación clínica sistemática favorecen una atención más segura. Su aplicación debe individualizarse según la situación hemodinámica, el tipo de catéter, la duración prevista del acceso y las normas del entorno asistencial.

Abstract

Introduction: Central venous catheter-related infection is a major concern in intensive care units because of its clinical consequences, the vulnerability of critically ill patients and the frequent manipulation of the device. Nursing practice has a key role in prevention through device preparation, assistance during insertion, daily maintenance, insertion-site surveillance and early identification of infection-related findings.

Objectives: To describe a nursing intervention guide aimed at reducing the risk of infection associated with central venous catheters in the intensive care setting, including initial assessment, insertion-related measures, maintenance care, clinical surveillance and general evaluation criteria.

Methodology: A descriptive practice-oriented approach is presented, focused on the care process of critically ill patients carrying a central venous catheter. The content is organised around nursing assessment, aseptic technique, standardised care and ongoing monitoring, using a prudent wording that should be adapted to local protocols.

Results: Nursing intervention is structured into several stages: verification of indication and vascular access type, preparation of the environment and equipment, support during insertion with maximal barrier precautions, fixation and initial dressing, maintenance of patency and a closed system, safe handling of hubs and connections, daily review of catheter necessity, team education and structured documentation. The combination of these measures may help reduce both extraluminal and intraluminal contamination and improve patient safety.

Discussion/Conclusions: Prevention of central venous catheter-related infection does not rely on a single action but on the consistent performance of nursing care throughout the whole process. Adherence to aseptic practice, daily reassessment of the device and systematic clinical observation support safer care. Implementation should be individualised according to haemodynamic status, catheter type, expected duration of use and institutional standards.

Introducción

El catéter venoso central es un recurso habitual en la atención al paciente crítico. Permite administrar fármacos vasoactivos, nutrición parenteral, fluidoterapia compleja, hemoderivados y otras terapias que exigen un acceso venoso estable y de alta seguridad. También facilita la monitorización y la extracción seriada de muestras en situaciones de inestabilidad clínica. Sin embargo, su utilización se asocia a complicaciones mecánicas, trombóticas e infecciosas, entre las que la infección relacionada con el dispositivo ocupa un lugar prioritario por su potencial repercusión clínica.

En la UCI confluyen varios factores que incrementan el riesgo de infección: gravedad del proceso de base, exposición prolongada a procedimientos invasivos, necesidad de múltiples manipulaciones, alteraciones inmunológicas, tratamientos antimicrobianos previos y coexistencia de otros focos infecciosos. A ello se suma la urgencia con la que en ocasiones debe colocarse el acceso venoso, circunstancia que puede dificultar el cumplimiento óptimo de algunas medidas preventivas si no existe una cultura asistencial firmemente orientada a la seguridad.

La infección asociada al catéter puede originarse por colonización del punto de inserción y migración de microorganismos a lo largo del trayecto externo, por contaminación de conexiones y luces durante el uso, o por diseminación hematógena desde otro foco. Estas vías justifican que la prevención no se limite al momento de la inserción. El riesgo se construye y se reduce de manera acumulativa: elección del acceso, preparación de la piel, técnica aséptica, calidad de la fijación, integridad del apósito, manipulación de llaves y conectores, frecuencia de uso y duración de la permanencia.

La Enfermería de cuidados críticos desempeña un papel transversal en todo este proceso. La enfermera participa en la verificación de la indicación, prepara el material, colabora en la colocación, comprueba la correcta disposición del sistema, realiza las curas, mantiene la permeabilidad del catéter, vigila signos locales y sistémicos compatibles con infección y documenta la evolución. Asimismo, favorece la continuidad de las medidas preventivas mediante observación clínica, comunicación con el equipo y revisión diaria de la necesidad de mantener el dispositivo.

Por ello, más que un conjunto aislado de maniobras, la prevención de infección asociada a catéter venoso central requiere un procedimiento de cuidados coherente, reproducible y adaptable. La finalidad no es sustituir los protocolos específicos del centro, sino ofrecer una guía de intervención enfermera útil para ordenar la práctica y reforzar los puntos críticos de seguridad.

Objetivos

Objetivo general: Describir un procedimiento de intervención enfermera para la prevención de la infección asociada a catéter venoso central en pacientes ingresados en UCI.

Objetivos específicos:

  • Identificar los elementos de valoración inicial que condicionan el riesgo infeccioso asociado al dispositivo.
  • Ordenar las actuaciones enfermeras relacionadas con la inserción y la preparación del entorno asistencial.
  • Detallar los cuidados de mantenimiento que pueden contribuir a preservar un sistema seguro y funcional.
  • Definir criterios de vigilancia clínica y de detección precoz de complicaciones infecciosas.
  • Resaltar la importancia del registro, la reevaluación diaria de la necesidad del catéter y la coordinación del equipo.

Metodología

Se desarrolla una guía de intervención orientada a la práctica clínica en UCI a partir de los principales momentos asistenciales implicados en el cuidado del catéter venoso central: valoración previa, inserción, mantenimiento, vigilancia y retirada. El enfoque se centra en las actuaciones de Enfermería y en la integración de medidas de técnica aséptica, seguridad del paciente y continuidad de cuidados.

El ámbito de aplicación corresponde a pacientes adultos críticos portadores de catéter venoso central no tunelizado o de uso temporal en unidades de hospitalización intensiva. No obstante, la aplicabilidad debe ajustarse a la indicación del acceso, al tipo de catéter, a la situación clínica, a la disponibilidad de material y a las normas organizativas de cada centro. Las situaciones pediátricas, los accesos de larga duración o determinados dispositivos especiales pueden requerir consideraciones adicionales.

La propuesta se plantea como orientación profesional general, no como protocolo cerrado. Por ello, las intervenciones descritas deben interpretarse junto con los procedimientos locales sobre higiene de manos, antisepsia cutánea, selección del acceso vascular, cuidado de conexiones, recambio de sistemas, hemocultivos, administración de soluciones y retirada del dispositivo. En escenarios de urgencia, inestabilidad extrema o acceso difícil, algunas decisiones pueden precisar priorizar la seguridad hemodinámica inmediata y revisar posteriormente las condiciones del acceso implantado.

La organización del procedimiento parte de una premisa básica: la prevención de la infección asociada al catéter depende tanto de la técnica inicial como de la calidad del mantenimiento. En consecuencia, se incorporan criterios de valoración continuada, observación del entorno, trazabilidad del cuidado y revisión de la necesidad clínica del catéter. Esta visión longitudinal resulta especialmente pertinente en UCI, donde el paciente puede experimentar cambios rápidos en su estado y en sus requerimientos terapéuticos.

Resultados

Valoración enfermera inicial

Antes de la inserción o en la recepción de un paciente que ya porta un catéter, conviene realizar una valoración estructurada del riesgo. Deben considerarse la indicación clínica del acceso central, la previsión de duración, el número de luces necesario, la compatibilidad de terapias, la presencia de otros dispositivos invasivos, el estado de la piel, la perfusión periférica, la existencia de infección activa en otro foco y las limitaciones anatómicas o funcionales para la elección del punto de inserción.

También es pertinente revisar antecedentes de dificultad de acceso vascular, tratamientos inmunosupresores, alteraciones de la coagulación, episodios previos relacionados con catéteres y grado de agitación o necesidad de sedación. Desde la perspectiva enfermera, la valoración no sólo anticipa complicaciones, sino que facilita adecuar el plan de vigilancia y el material disponible, evitando manipulaciones innecesarias una vez iniciado el procedimiento.

Preparación del entorno y del material

La preparación debe orientarse a reducir interrupciones, minimizar la exposición del material estéril y favorecer una secuencia de trabajo segura. Es recomendable verificar la identificación del paciente, la indicación del acceso, el lado o localización previstos, el tipo de catéter y la disponibilidad de todo el material necesario antes de comenzar: campos, soluciones antisépticas, apósitos, sistemas de fijación, jeringas, llaves, conexiones sin aguja si se utilizan en el centro, material de cura y elementos para la monitorización del paciente.

En esta fase, la higiene de manos constituye una medida básica previa a cualquier contacto con el dispositivo o con el entorno inmediato del procedimiento. La enfermera contribuye además a ordenar la superficie de trabajo, mantener la asepsia del material, anticipar necesidades del operador y evitar aperturas sucesivas de envases o desplazamientos que incrementen el riesgo de contaminación.

Cuidados durante la inserción

Durante la colocación del catéter, la intervención enfermera incluye asistencia técnica y vigilancia clínica simultánea. Resulta prioritario mantener las medidas de barrera indicadas para el procedimiento, colaborar en la preparación de la piel y preservar la esterilidad de campos, guías, conexiones y luces. La antisepsia cutánea requiere respetar el tiempo de contacto y de secado del antiséptico empleado, ya que una manipulación prematura puede reducir la eficacia del proceso y favorecer irritación local.

La elección del acceso venoso no corresponde exclusivamente a Enfermería, pero la observación enfermera puede aportar información relevante sobre humedad local, integridad cutánea, proximidad a traqueostomías, drenajes o heridas, y tolerancia prevista del apósito. Del mismo modo, tras la canalización, debe comprobarse la estabilidad del catéter, la correcta fijación, la permeabilidad inicial y la colocación de un apósito limpio, seco e íntegro que permita vigilar la zona de inserción.

Si la inserción se realiza en condiciones de urgencia subóptimas, el registro debe reflejar esta circunstancia y favorecer una reevaluación precoz del dispositivo. La práctica enfermera no finaliza con la implantación; comienza entonces la fase más prolongada y, con frecuencia, la de mayor riesgo acumulado.

Mantenimiento del catéter y del sistema de infusión

El mantenimiento diario es el núcleo preventivo del procedimiento. Toda manipulación del catéter debe realizarse con higiene de manos y técnica aséptica, prestando especial atención a hubs, bioconectores, llaves y puntos de acceso. La desinfección previa de las conexiones, cuando proceda según el dispositivo disponible, debe integrarse de forma sistemática antes de administrar medicación, extraer muestras o conectar nuevas perfusiones.

La conservación de un sistema lo más cerrado posible ayuda a disminuir el número de aperturas y, por tanto, la oportunidad de contaminación intraluminal. Por ello, es aconsejable planificar la administración de tratamientos, agrupar maniobras cuando sea viable y evitar desconexiones no justificadas. La enfermera debe revisar la compatibilidad de soluciones y la disposición de las luces para reducir manipulaciones repetidas y uso inapropiado de una misma vía para indicaciones diferentes.

El apósito requiere vigilancia diaria. Debe permanecer adherido, limpio, seco y sin signos de despegamiento, humedad o restos hemáticos que dificulten la visualización del punto de inserción. La cura y el recambio han de realizarse cuando el apósito pierda integridad, exista exudado, se observe suciedad o el protocolo del centro establezca el momento de sustitución. En cada intervención conviene valorar enrojecimiento, calor, dolor, induración, secreción o sangrado persistente.

La fijación también merece atención específica. Un sistema de fijación inadecuado favorece microtracciones, traumatismo del punto de inserción y necesidad de manipulaciones adicionales. Mantener el catéter estable mejora la comodidad del paciente, facilita la integridad del apósito y puede contribuir a disminuir la colonización extraluminal.

La permeabilidad debe comprobarse conforme a la pauta del dispositivo y de los tratamientos administrados, evitando maniobras bruscas y manipulaciones repetidas si existe resistencia. Ante dificultad de aspiración, oclusión o necesidad de forzar lavados, se recomienda revalorar la posición del catéter, la presencia de acodamientos, la indicación de cada luz y la existencia de complicaciones asociadas antes de insistir con maniobras que puedan deteriorar el sistema.

Vigilancia clínica y detección precoz

La monitorización del paciente portador de catéter venoso central no se limita a la observación local. En UCI, la presencia de fiebre, inestabilidad hemodinámica, empeoramiento respiratorio, aumento de requerimientos vasopresores o alteración del estado general puede obedecer a múltiples causas; no obstante, el dispositivo vascular debe incluirse en la valoración diferencial cuando no exista un foco evidente o cuando coincidan hallazgos locales en el punto de inserción.

La enfermera desempeña un papel relevante en la identificación precoz de cambios sutiles. La observación seriada del punto de inserción, la revisión de la tolerancia a la infusión, la detección de exudado, dolor, eritema o edema, así como la correlación con signos sistémicos, permiten comunicar de forma temprana la sospecha clínica. Esta vigilancia es particularmente importante en pacientes sedados, con ventilación mecánica o con capacidad limitada para expresar molestias locales.

Cuando se plantee sospecha de infección relacionada con el catéter, la actuación debe coordinarse con el equipo responsable para valorar obtención de muestras, revisión de otros focos, necesidad de retirada del dispositivo y elección de un nuevo acceso si continúa siendo imprescindible. El registro enfermero debe reflejar con precisión los hallazgos observados, las maniobras realizadas y la respuesta clínica del paciente.

Revisión diaria de la necesidad del dispositivo

Una de las medidas preventivas más consistentes desde el punto de vista asistencial es evitar la permanencia de catéteres sin indicación activa. En la práctica de UCI, un acceso inicialmente imprescindible puede dejar de serlo tras la estabilización hemodinámica o la simplificación del tratamiento. La reevaluación diaria de la necesidad del catéter forma parte del cuidado seguro y debe incorporarse a la rutina de la unidad.

La enfermera puede impulsar esta revisión mediante preguntas operativas en el pase de turno y en la valoración diaria: si persiste la necesidad de fármacos de administración central, si existen alternativas periféricas seguras, si el número de luces sigue siendo adecuado o excesivo, y si el acceso actual presenta incidencias que aconsejen su retirada o sustitución. Reducir los días de exposición al dispositivo disminuye la oportunidad acumulada de contaminación y otras complicaciones derivadas del acceso vascular.

Registro, continuidad de cuidados y trabajo en equipo

La prevención eficaz requiere trazabilidad. El registro enfermero debe incluir la localización y características del catéter, fecha de inserción si está disponible, estado del apósito, aspecto del punto de acceso, permeabilidad, incidencias de manipulación, cambios de sistemas según procedimiento local, sospechas clínicas y decisión sobre la continuidad del dispositivo. Un registro incompleto dificulta la detección de patrones, retrasa la toma de decisiones y fragmenta la continuidad asistencial.

La coordinación entre profesionales es igualmente relevante. El cumplimiento de medidas preventivas mejora cuando existe un lenguaje común en torno a la asepsia, la minimización de manipulaciones y la retirada precoz. La enfermera de UCI, por su presencia continuada a pie de cama, se sitúa en una posición privilegiada para detectar desviaciones, reforzar buenas prácticas y promover una cultura de vigilancia compartida.

Criterios generales de evaluación del procedimiento

La evaluación del cuidado puede apoyarse en criterios cualitativos y observacionales: integridad del apósito, adecuada identificación del acceso, ausencia de desconexiones innecesarias, cumplimiento de higiene de manos antes de la manipulación, desinfección de conexiones cuando corresponda, registro diario del estado del punto de inserción y revisión documentada de la necesidad del catéter.

Desde una perspectiva clínica, también resultan orientativos la ausencia de signos locales de infección, la estabilidad funcional del dispositivo y la detección precoz de incidencias que conduzcan a una respuesta rápida. Estos criterios no sustituyen a los indicadores institucionales de vigilancia, pero sí ayudan a estructurar el seguimiento del cuidado enfermero en la práctica cotidiana.

Discusión/Conclusiones

La prevención de la infección asociada al catéter venoso central en UCI debe entenderse como un proceso continuo de cuidados y no como una intervención vinculada sólo al momento de la canalización. Esta visión tiene especial relevancia en el paciente crítico, donde el uso intensivo del dispositivo y la complejidad clínica pueden normalizar manipulaciones frecuentes que, si no se ejecutan con método, incrementan el riesgo infeccioso.

Desde la práctica enfermera, el principal valor del procedimiento reside en ordenar actuaciones que a menudo se realizan de forma fragmentada. La valoración inicial orienta la planificación del acceso; la preparación del entorno mejora la seguridad de la inserción; el mantenimiento diario reduce la contaminación del sistema; la vigilancia clínica permite detectar signos precoces y la revisión de la necesidad del catéter limita exposiciones evitables. Ninguna de estas medidas actúa de forma suficiente por separado, pero su aplicación consistente genera un marco asistencial más seguro.

El procedimiento presenta, no obstante, límites prácticos. La urgencia clínica, la dificultad de acceso vascular, la variabilidad en los dispositivos disponibles y las diferencias organizativas entre unidades pueden condicionar la aplicabilidad de algunas medidas. Además, la prevención no depende exclusivamente de la competencia individual, sino también de la disponibilidad de recursos, de la formación del equipo y de la estabilidad de los circuitos de trabajo. Por ello, cualquier guía de intervención debe adaptarse a los protocolos vigentes del centro y a la realidad del entorno asistencial.

Otro aspecto a considerar es que la sospecha de infección relacionada con catéter rara vez se resuelve a partir de un único signo clínico. En el paciente crítico, los hallazgos pueden ser inespecíficos y coexistir con otras causas de deterioro. La aportación enfermera resulta especialmente valiosa cuando integra observación local, evolución hemodinámica, cambios en la tolerancia del dispositivo y calidad del registro. Esa mirada continuada favorece la detección temprana y mejora la comunicación interdisciplinar.

En conjunto, una intervención enfermera sistematizada puede contribuir de manera relevante a reducir el riesgo de infección asociada a catéter venoso central. La higiene de manos, la técnica aséptica, la integridad del apósito, la manipulación segura de conexiones, la vigilancia clínica y la retirada cuando el acceso deja de ser necesario constituyen los pilares del cuidado. Su incorporación estable en la práctica cotidiana de la UCI refuerza la seguridad del paciente y la calidad de la atención intensiva.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.

Financiación

Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.

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