Programa educativo para autonomía funcional tras ictus con hemiparesia

Educational program for functional autonomy after stroke with hemiparesis

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:437

Autor principal (primer firmante): Marina Solís Navarro

Fecha recepción: 21/08/26

Fecha aceptación: 22/09/26

Fecha de publicación: 26/09/26

Ref.: CADICE. 2026;1(9):437

Autores:
Marina Solís Navarro
Andrés Fernández Rivas

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Dependencia; Educación para la salud; Hemiparesia; Promoción de la salud; Educación del paciente; Ictus; Autonomía personal; Actividades de la vida diaria; Rehabilitación; Entrenamiento

Keywords: Dependency; Health Education; Hemiparesis; Health Promotion; Patient Education; Stroke; Personal Autonomy; Activities of Daily Living; Rehabilitation; Training

Resumen

Introducción: La hemiparesia tras un ictus puede producir limitación funcional, dependencia para las actividades de la vida diaria y necesidad de apoyo continuado en el entorno domiciliario. En este escenario, la educación sanitaria liderada por Enfermería constituye una intervención relevante para facilitar el aprendizaje de estrategias de autocuidado, el uso seguro de las capacidades conservadas y la participación de la familia en el proceso de recuperación.

Objetivos: Diseñar un programa educativo enfermero orientado a favorecer la autonomía funcional de personas con hemiparesia tras ictus, mejorar el desempeño en actividades básicas de la vida diaria, promover la seguridad en domicilio y reforzar la capacidad de afrontamiento del paciente y su cuidador principal.

Metodología: Se plantea un programa estructurado de educación para la salud dirigido a personas adultas con secuelas motoras compatibles con hemiparesia y a su entorno cuidador. El diseño se organiza en sesiones progresivas, individuales o grupales de pequeño formato, con valoración inicial enfermera, establecimiento de objetivos educativos, contenidos prácticos y evaluación formativa del aprendizaje.

Resultados: El programa incluye valoración funcional y del contexto social, entrenamiento en movilidad y transferencias, adaptación de actividades de autocuidado, prevención de complicaciones asociadas a inmovilidad o mal manejo postural, educación sobre medicación y hábitos saludables, así como acompañamiento a la familia para reducir la sobrecarga y mejorar la continuidad de cuidados. La evaluación se centra en la adquisición de conocimientos, la ejecución supervisada de habilidades y el grado de participación en el autocuidado.

Discusión/Conclusiones: Un programa educativo de estas características puede contribuir a reducir dependencia evitable, incrementar la participación del paciente en su recuperación y ordenar la intervención enfermera durante la transición al domicilio. Su utilidad depende de la individualización, del momento evolutivo del ictus, de las capacidades cognitivas y comunicativas conservadas y de la coordinación con otros profesionales del ámbito rehabilitador.

Abstract

Introduction: Hemiparesis after stroke may lead to functional impairment, dependency in activities of daily living, and ongoing support needs at home. In this context, nurse-led health education is a relevant intervention to promote self-care strategies, safe use of preserved abilities, and family involvement throughout the recovery process.

Objectives: To design a nursing educational programme aimed at improving functional autonomy in people with post-stroke hemiparesis, enhancing performance in basic activities of daily living, promoting safety at home, and strengthening coping abilities in patients and primary caregivers.

Methodology: A structured health education programme is proposed for adults with motor sequelae consistent with hemiparesis and their caregiving environment. The design is organised into progressive sessions, delivered individually or in small groups, including initial nursing assessment, educational goals, practical contents, and formative evaluation of learning.

Results: The programme includes functional and social assessment, training in mobility and transfers, adaptation of self-care activities, prevention of complications related to immobility or poor posture management, education on medication and healthy habits, and support for relatives to reduce caregiver burden and improve continuity of care. Evaluation focuses on knowledge acquisition, supervised performance of skills, and level of participation in self-care.

Discussion/Conclusions: A programme of this kind may help reduce avoidable dependency, increase patient participation in recovery, and organise nursing intervention during the transition to home. Its usefulness depends on individualisation, stroke recovery stage, preserved cognitive and communication abilities, and coordination with other rehabilitation professionals.

Introducción

El ictus representa una de las situaciones clínicas con mayor repercusión funcional en la vida adulta. Más allá del episodio agudo, muchas personas afrontan secuelas persistentes que afectan al movimiento, al equilibrio, a la sensibilidad, a la comunicación y a la capacidad para desenvolverse con seguridad en su entorno habitual. Entre estas secuelas, la hemiparesia condiciona de forma especialmente visible la autonomía personal, ya que interfiere en acciones tan básicas como incorporarse, caminar, vestirse, asearse o alimentarse con independencia.

La recuperación funcional tras un ictus no depende únicamente de la evolución neurológica. También está influida por la detección temprana de necesidades, el entrenamiento repetido en tareas significativas, la adaptación del entorno y la capacidad del paciente para comprender y participar activamente en su propio proceso de rehabilitación. En este punto, la educación para la salud adquiere un papel central. Informar no es suficiente; el objetivo es enseñar, acompañar, reforzar habilidades y facilitar decisiones prácticas que permitan conservar la máxima autonomía posible.

Enfermería ocupa una posición estratégica en este proceso. Su presencia continuada en el ámbito hospitalario, sociosanitario y domiciliario permite identificar limitaciones funcionales, valorar barreras del aprendizaje, entrenar actividades de la vida diaria y coordinar la continuidad asistencial con la familia y con el resto del equipo. La intervención educativa enfermera resulta especialmente pertinente durante la transición del hospital al domicilio, etapa en la que suelen emerger dudas sobre movilización, transferencias, prevención de caídas, administración del tratamiento, fatiga, adaptación de rutinas y reorganización de roles familiares.

La persona con hemiparesia puede presentar, además, dificultades añadidas que condicionan la eficacia de cualquier programa educativo: alteraciones del lenguaje, enlentecimiento cognitivo, labilidad emocional, apatía, trastornos perceptivos o temor a realizar movimientos por miedo a caerse. Estas circunstancias obligan a plantear propuestas docentes realistas, secuenciadas y centradas en objetivos funcionales concretos. De igual modo, la familia o el cuidador principal suelen asumir tareas nuevas sin una preparación suficiente, lo que favorece la sobreprotección, el uso de técnicas inadecuadas de movilización o una dependencia mayor de la estrictamente derivada del déficit neurológico.

Un programa educativo bien estructurado puede ayudar a ordenar la práctica enfermera y a homogeneizar contenidos mínimos sin convertir la intervención en un procedimiento rígido. La educación debe adaptarse al momento clínico, al nivel previo de autonomía, a la lateralidad afectada, al apoyo social disponible y a la capacidad real de aprendizaje del paciente. Desde esta perspectiva, el diseño de un programa orientado a la autonomía funcional tras ictus con hemiparesia constituye una herramienta de interés para la práctica clínica, la continuidad de cuidados y la promoción de la salud en personas con limitación funcional adquirida.

Objetivos

Objetivo general: desarrollar un programa educativo enfermero dirigido a personas con hemiparesia tras ictus, orientado a mejorar su autonomía funcional y a favorecer un autocuidado seguro y progresivo en el domicilio y en otros entornos de la vida cotidiana.

Objetivos específicos:

  • Valorar de forma integral la situación funcional, cognitiva, emocional y social del paciente y de su entorno cuidador antes de iniciar la intervención educativa.
  • Identificar necesidades de aprendizaje relacionadas con movilidad, transferencias, higiene, vestido, alimentación, eliminación, descanso y seguridad ambiental.
  • Entrenar habilidades básicas para el desempeño de actividades de la vida diaria con aprovechamiento del hemicuerpo conservado y uso seguro de ayudas técnicas cuando proceda.
  • Promover medidas de prevención frente a caídas, lesiones por presión, dolor de hombro, estreñimiento, inmovilidad prolongada y otras complicaciones frecuentes asociadas a la limitación funcional.
  • Facilitar la comprensión del tratamiento farmacológico y de las recomendaciones generales de salud, incluyendo adherencia terapéutica y reconocimiento de signos de alerta que requieran consulta profesional.
  • Favorecer la implicación del cuidador principal sin sustituir innecesariamente la capacidad residual del paciente, reforzando un modelo de apoyo que estimule la participación y no la dependencia.
  • Evaluar el aprendizaje adquirido mediante observación directa, demostración práctica y revisión de dificultades persistentes para reajustar el plan educativo.

Metodología

Se propone un programa de educación para la salud de aplicación preferente en unidades de hospitalización, rehabilitación ambulatoria, consultas enfermeras de continuidad asistencial o atención domiciliaria. Está dirigido a personas adultas con antecedentes de ictus y secuelas motoras compatibles con hemiparesia, clínicamente estables y con capacidad suficiente para participar en un proceso de aprendizaje adaptado. Cuando existan alteraciones del lenguaje, deterioro cognitivo o fatiga marcada, la intervención debe ajustarse en duración, formato y nivel de complejidad, incorporando al cuidador principal como apoyo esencial.

La captación de participantes puede realizarse a partir de la valoración enfermera durante el alta, en seguimiento ambulatorio o tras derivación interna desde medicina, rehabilitación, fisioterapia, terapia ocupacional o trabajo social. No se plantea como un programa cerrado ni uniforme. La elegibilidad debe individualizarse teniendo en cuenta el momento evolutivo, las capacidades conservadas, la motivación del paciente, las condiciones del domicilio y la disponibilidad de apoyo familiar.

Población diana y enfoque educativo

La población diana principal incluye personas con hemiparesia que presentan limitaciones en las actividades básicas de la vida diaria y riesgo de dependencia mantenida si no reciben entrenamiento funcional adecuado. Como población diana secundaria se incluye a familiares o cuidadores informales que asumen tareas de apoyo en la movilización, supervisión de la medicación, preparación del entorno y refuerzo del plan terapéutico.

El enfoque pedagógico combina educación individualizada con componentes prácticos repetidos. Se prioriza el aprendizaje significativo, centrado en tareas concretas del día a día, frente a la transmisión aislada de información. La enfermera valora lo que la persona ya sabe hacer, qué teme hacer y qué necesita reaprender. A partir de ello se establecen metas alcanzables, formuladas en términos funcionales: levantarse de la cama con ayuda mínima, realizar la higiene de la mitad corporal accesible, comer con adaptaciones, utilizar el baño con mayor seguridad o manejar de forma comprensible su medicación.

Planificación del programa

La intervención puede organizarse en seis sesiones secuenciales, flexibles en duración y periodicidad según el contexto asistencial. Las sesiones no deben entenderse como compartimentos estancos; en muchos casos será necesario revisar contenidos previos, fragmentar tareas o ampliar la práctica supervisada.

  • Sesión 1. Valoración inicial y establecimiento de objetivos: revisión de situación funcional, apoyo social, barreras para el aprendizaje, nivel de comprensión, expectativas y prioridades del paciente.
  • Sesión 2. Movilidad básica y cambios posturales: técnicas de volteo, sedestación, incorporación, transferencias y prevención de posturas lesivas.
  • Sesión 3. Actividades de autocuidado: higiene, vestido, alimentación y eliminación con adaptación a la hemiparesia.
  • Sesión 4. Seguridad en el domicilio: prevención de caídas, organización del espacio, uso de calzado y ayudas técnicas, pautas de supervisión.
  • Sesión 5. Tratamiento y hábitos de salud: administración segura de la medicación, descanso, hidratación, dieta y hábitos compatibles con el plan terapéutico.
  • Sesión 6. Reevaluación y continuidad: comprobación del aprendizaje, resolución de dudas, detección de necesidades persistentes y coordinación con seguimiento posterior.

Recursos docentes y papel de Enfermería

Los recursos recomendables incluyen demostración práctica, repetición guiada, material visual sencillo, listados de comprobación para domicilio y participación directa del cuidador durante los entrenamientos. Cuando existan alteraciones del habla o dificultades de comprensión, conviene emplear mensajes breves, consignas únicas, apoyo gestual y tiempos amplios de respuesta. El exceso de información en una sola sesión reduce la retención y puede incrementar la ansiedad.

La enfermera actúa como profesional de referencia para integrar dimensiones clínicas, funcionales y educativas. Su labor no se limita a enseñar técnicas; también identifica riesgos, explora creencias erróneas, modula expectativas poco realistas, favorece la autoestima del paciente y detecta signos de sobrecarga del cuidador. Asimismo, coordina la comunicación con otros profesionales cuando se precisan adaptaciones específicas, derivación a rehabilitación o intervención social.

Resultados

El contenido del programa se articula en áreas de aprendizaje que responden a necesidades frecuentes tras un ictus con hemiparesia. Cada una de ellas debe adaptarse a la lateralidad afectada, al grado de control motor residual, al nivel de fatiga y a la situación del entorno doméstico.

Valoración inicial orientada a la autonomía

La primera fase comprende una valoración enfermera amplia. Debe explorarse el nivel de independencia previo al ictus, la situación funcional actual, la presencia de dolor, espasticidad o limitación articular, el riesgo de caída, la tolerancia al esfuerzo, el patrón de sueño, la continencia, la nutrición, la integridad cutánea y la capacidad de comprensión. También conviene identificar el grado de conciencia del déficit y la respuesta emocional ante la nueva situación de dependencia.

La dimensión social es igualmente relevante. No es lo mismo planificar el alta de una persona que vive sola que la de otra con convivencia estable y apoyo constante. El número de barreras arquitectónicas, la accesibilidad del baño, la disposición del dormitorio y la disponibilidad de productos de apoyo pueden condicionar la viabilidad de las recomendaciones educativas. Esta información permite priorizar objetivos y seleccionar intervenciones realistas.

Entrenamiento en movilidad, postura y transferencias

La movilidad es un eje central del programa porque condiciona el resto de autocuidados. La enseñanza debe incluir cambios posturales en cama, alineación corporal, paso de decúbito a sedestación, sedestación segura, incorporación a bipedestación y transferencias básicas. La práctica se realiza de forma supervisada, insistiendo en la protección del lado afecto, en la no tracción del miembro superior comprometido y en el uso de apoyos estables.

La educación postural persigue prevenir complicaciones asociadas al mal posicionamiento, entre ellas dolor, rigidez, edema distal o aumento del riesgo de lesión cutánea. Se enseña al paciente y al cuidador a colocar adecuadamente extremidades y tronco, a respetar tiempos de descanso y a alternar posiciones. Cuando la tolerancia lo permite, se fomenta la participación activa del paciente en cada maniobra, aunque precise ayuda parcial.

En domicilio, la enfermera puede orientar sobre elementos sencillos que mejoran la seguridad: retirada de alfombras, adecuada iluminación, orden del mobiliario, altura funcional de la cama o disponibilidad de barras de apoyo si han sido indicadas. Estas medidas no sustituyen la valoración técnica específica cuando se requiere, pero sí reducen riesgos evitables.

Actividades básicas de la vida diaria y reaprendizaje funcional

La enseñanza del autocuidado debe orientarse a tareas concretas y repetibles. En higiene personal, por ejemplo, se favorece el uso del lado conservado, la organización previa del material y la secuenciación de la tarea para reducir frustración y fatiga. En el vestido, puede entrenarse el orden más funcional de colocación y retirada de prendas, la elección de ropa cómoda y el empleo de cierres sencillos. En alimentación, se trabajan postura, ritmo, utensilios adaptados si están disponibles y medidas generales para una ingesta segura según la situación clínica.

El objetivo no es alcanzar una independencia idealizada en poco tiempo, sino aumentar la participación efectiva del paciente en tareas significativas. La sobreasistencia puede consolidar la dependencia, mientras que una exigencia excesiva genera cansancio y fracaso. Por ello, la enfermera debe graduar la ayuda, reforzar logros parciales y convertir cada actividad diaria en una oportunidad terapéutica.

En personas con hemiparesia y alteraciones cognitivas leves, conviene fraccionar las tareas en pasos simples y mantener rutinas estables. La repetición estructurada facilita el aprendizaje procedimental y reduce la desorganización. Cuando existe afasia o dificultad expresiva, la demostración práctica y la observación del desempeño resultan más útiles que las explicaciones extensas.

Prevención de complicaciones y seguridad clínica

Una parte sustancial del programa se dirige a prevenir problemas frecuentes derivados de la inmovilidad o del manejo inadecuado. Deben abordarse medidas para evitar caídas, lesiones por presión, estreñimiento, deshidratación, dolor musculoesquelético y deterioro de la tolerancia a la actividad. En pacientes con movilidad reducida, la vigilancia de la piel y los cambios posturales adquieren especial importancia, así como la observación de zonas sometidas a presión prolongada.

La fatiga postictus puede interferir notablemente en el rendimiento funcional. La educación enfermera debe ayudar a distribuir esfuerzos, alternar actividad y descanso y reconocer signos de agotamiento que obliguen a detener o simplificar la tarea. Del mismo modo, se refuerza el uso de calzado seguro, la prudencia en superficies húmedas y la necesidad de evitar movilizaciones rápidas no supervisadas en fases de inestabilidad.

En relación con el tratamiento, se explican pautas básicas para su correcta administración y para la identificación de incidencias que requieran consulta, especialmente cuando el paciente o la familia presentan dudas sobre posología, horarios o efectos percibidos. La enseñanza debe ser comprensible y preferiblemente apoyada en registros sencillos de seguimiento.

Participación del cuidador y prevención de sobrecarga

La implicación del cuidador principal es un componente determinante de la continuidad de cuidados. Sin embargo, la ayuda familiar no siempre se traduce en apoyo eficaz. Con frecuencia aparecen conductas de sustitución total, miedo a que el paciente se caiga o, por el contrario, exigencias poco ajustadas a su situación real. El programa educativo debe ofrecer pautas claras sobre cómo ayudar sin anular la participación del paciente.

Se recomienda entrenar al cuidador en técnicas básicas de movilización segura, observación de signos de cansancio, organización del tiempo de cuidados y comunicación respetuosa que preserve la dignidad de la persona dependiente. También es oportuno explorar carga subjetiva, disponibilidad de relevo y necesidad de apoyo social o sanitario adicional. La prevención de la sobrecarga cuidadora no solo protege al familiar, sino que repercute en la calidad y sostenibilidad del cuidado en domicilio.

Evaluación del aprendizaje y seguimiento

La evaluación se plantea de forma continua. Más que comprobar si el paciente recuerda una explicación, interesa observar si puede realizar una tarea con mayor seguridad o con menos ayuda que al inicio. Son útiles la demostración práctica, la repetición supervisada, la resolución de problemas cotidianos y la revisión de incidencias surgidas en domicilio.

Entre los criterios de evaluación pueden considerarse la comprensión de las recomendaciones esenciales, la participación en actividades básicas de la vida diaria, la capacidad para efectuar transferencias con el nivel de ayuda previsto, la correcta organización del tratamiento y la identificación de riesgos en el hogar. Asimismo, debe valorarse si el cuidador ha integrado técnicas de apoyo seguras y si dispone de instrucciones claras para el seguimiento.

El cierre del programa no equivale al final del proceso rehabilitador. En muchas personas será necesario mantener refuerzo educativo, reevaluar objetivos y coordinar intervenciones con atención primaria, rehabilitación, terapia ocupacional o servicios sociales. La continuidad es especialmente importante cuando existen fluctuaciones funcionales, barreras sociales o dificultades persistentes en la adherencia al plan de cuidados.

Discusión/Conclusiones

La autonomía funcional tras un ictus con hemiparesia no se recupera únicamente a partir del tratamiento médico o de la rehabilitación motora formal. Requiere integrar el aprendizaje en la vida diaria, transformar actividades ordinarias en oportunidades terapéuticas y sostener un acompañamiento profesional que permita avanzar desde la dependencia inicial hacia un mayor control sobre el propio cuidado. En este proceso, la educación sanitaria liderada por Enfermería ofrece una aportación singular, porque articula información, entrenamiento, observación continuada y adaptación al entorno real del paciente.

El programa descrito resulta útil como marco de intervención para ordenar contenidos prioritarios y evitar omisiones frecuentes en la preparación del alta o en el seguimiento domiciliario. Su principal fortaleza reside en el enfoque funcional: no se centra en un déficit abstracto, sino en problemas cotidianos concretos que condicionan la calidad de vida. Esta orientación permite al paciente percibir el sentido práctico del aprendizaje y favorece una participación más activa en su recuperación.

No obstante, la efectividad de cualquier intervención educativa dependerá de factores que deben valorarse con prudencia. La presencia de afasia, trastornos cognitivos, anosognosia, dolor, depresión, escaso apoyo social o vivienda poco accesible puede limitar la adquisición de habilidades y obligar a reformular objetivos. También debe evitarse la idea de que toda dependencia es corregible mediante entrenamiento; en algunos casos, el objetivo razonable será mejorar seguridad, confort y participación parcial, más que alcanzar independencia completa.

Otro aspecto relevante es la coordinación interdisciplinar. La enfermera puede identificar necesidades y reforzar el aprendizaje, pero la complejidad funcional tras un ictus suele requerir intervención complementaria de fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia, medicina rehabilitadora y trabajo social. Un programa educativo adquiere mayor valor cuando se integra en un plan asistencial coherente y cuando la información transmitida al paciente es consistente entre profesionales.

Desde la práctica enfermera, este tipo de programas puede contribuir a reducir dependencia evitable, mejorar la transición asistencial y apoyar a las familias en una etapa de alta exigencia emocional y organizativa. Su desarrollo exige individualización, continuidad y evaluación periódica de resultados funcionales y educativos. Más que un conjunto fijo de instrucciones, debe entenderse como una herramienta de acompañamiento clínico para que la persona con hemiparesia recupere, mantenga o adapte del mejor modo posible su capacidad de vivir con la mayor autonomía alcanzable.

Conflicto de intereses

Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.

Financiación

Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.

Bibliografía

  1. Cramer SC, Parodi L, Moslemi Z, Braun RG, Aldridge CM, Shahbaba B, et al.. Genetic Variation and Stroke Recovery: The STRONG Study.. Stroke. 2024;55(8):2094-2102. doi: https://doi.org/10.1161/STROKEAHA.124.047643
  2. Gor-García-Fogeda MD, Molina-Rueda F, Cuesta-Gómez A, Carratalá-Tejada M, Alguacil-Diego IM, Miangolarra-Page JC. Scales to assess gross motor function in stroke patients: a systematic review.. Arch Phys Med Rehabil. 2014;95(6):1174-83. doi: https://doi.org/10.1016/j.apmr.2014.02.013
  3. Schinwelski MJ, Sitek EJ, Wąż P, Sławek JW. Prevalence and predictors of post-stroke spasticity and its impact on daily living and quality of life.. Neurol Neurochir Pol. 2019;53(6):449-457. doi: https://doi.org/10.5603/PJNNS.a2019.0067
  4. Barclay RE, Stevenson TJ, Poluha W, Semenko B, Schubert J. Mental practice for treating upper extremity deficits in individuals with hemiparesis after stroke.. Cochrane Database Syst Rev. 2020;5(5):CD005950. doi: https://doi.org/10.1002/14651858.CD005950.pub5
  5. Ostadabbas S, Housley SN, Sebkhi N, Richards K, Wu D, Zhang Z, et al.. Tongue-controlled robotic rehabilitation: A feasibility study in people with stroke.. J Rehabil Res Dev. 2016;53(6):989-1006. doi: https://doi.org/10.1682/JRRD.2015.06.0122
  6. Michael K, Macko RF. Ambulatory activity intensity profiles, fitness, and fatigue in chronic stroke.. Top Stroke Rehabil. 2007;14(2):5-12. doi: https://doi.org/10.1310/tsr1402-5
  7. Ma HI, Liao WW, Lin CH, Chen IC, Wu CY. Indirect causal path from motor function to quality of life through daily use of the affected arm poststroke after task-specific training: a longitudinal mediation analysis.. Disabil Rehabil. 2024;46(10):2089-2096. doi: https://doi.org/10.1080/09638288.2023.2216948
  8. Sit JW, Chair SY, Choi KC, Chan CW, Lee DT, Chan AW, et al.. Do empowered stroke patients perform better at self-management and functional recovery after a stroke? A randomized controlled trial.. Clin Interv Aging. 2016;11:1441-1450. doi: https://doi.org/10.2147/CIA.S109560
  9. Tsuji T, Liu M, Hase K, Masakado Y, Takahashi H, Hara Y, et al.. Physical fitness in persons with hemiparetic stroke: its structure and longitudinal changes during an inpatient rehabilitation programme.. Clin Rehabil. 2004;18(4):450-60. doi: https://doi.org/10.1191/0269215504cr717oa
  10. Shu Y, Li L, Shu F, Wei Y, Zhang L, Zhou Y. Application of an adjustable medical foot support pillow to prevent foot drop in patients with stroke.. Technol Health Care. 2023;31(3):991-1001. doi: https://doi.org/10.3233/THC-220462
  11. Sommerfeld DK, Johansson H, Jönsson AL, Murray V, Wessari T, Holmqvist LW, et al.. Rivermead mobility index can be used to predict length of stay for elderly persons, 5 days after stroke onset.. J Geriatr Phys Ther. 2011;34(2):64-71. doi: https://doi.org/10.1519/JPT.0b013e3181ffb70d
Scroll al inicio