Educational program on frailty and fall prevention at home
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:327
Autor principal (primer firmante): Cristina Moreno Vila
Fecha recepción: 25/07/26
Fecha aceptación: 30/08/26
Fecha de publicación: 04/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):327
Autores:
Cristina Moreno Vila
Daniel Ortega Medina
Patricia Serrano López
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Cuidadores; Educación para la salud; Educación del paciente; Promoción de la salud; Caídas accidentales; Entorno doméstico; Fragilidad; Anciano; Valoración geriátrica; Enfermería geriátrica
Keywords: Caregivers; Health Education; Patient Education; Health Promotion; Accidental Falls; Home Environment; Frailty; Aged; Geriatric Assessment; Geriatric Nursing
Resumen
Introducción: La fragilidad en las personas mayores se asocia a una mayor vulnerabilidad ante eventos adversos, entre ellos las caídas, especialmente cuando concurren limitaciones funcionales, comorbilidad, polifarmacia, alteraciones sensoriales o condiciones inadecuadas del entorno doméstico. En este contexto, la intervención enfermera en el domicilio y en atención comunitaria puede favorecer la detección precoz de factores de riesgo, la educación sanitaria y la implicación de la persona mayor y de sus cuidadores en estrategias preventivas realistas y adaptadas.
Objetivos: Diseñar un programa educativo de Enfermería dirigido a personas mayores con fragilidad o riesgo de presentarla y a sus cuidadores, orientado a prevenir caídas en domicilio mediante valoración inicial, intervención formativa estructurada y seguimiento de la adherencia a las recomendaciones.
Metodología: Se plantea un programa de educación para la salud aplicable en el ámbito comunitario y domiciliario, con intervención grupal o individual según situación funcional, capacidad cognitiva, red de apoyo y accesibilidad. El diseño incorpora identificación de población diana, valoración geriátrica básica, priorización de contenidos, metodología participativa, materiales comprensibles y evaluación clínica y educativa.
Resultados: El programa se organiza en sesiones centradas en comprensión de la fragilidad, reconocimiento de factores de riesgo de caída, revisión del domicilio, movilidad segura, ejercicio adaptado, autocuidado, uso de ayudas técnicas, papel del cuidador y criterios para solicitar valoración profesional. Se prevé una mejora del conocimiento, de la percepción del riesgo y de la capacidad para introducir cambios en el entorno y en las rutinas cotidianas.
Discusión/Conclusiones: Un programa educativo estructurado puede contribuir a integrar la prevención de caídas en la práctica enfermera habitual, siempre que se individualice, contemple barreras funcionales y sociales, y se mantenga continuidad en el seguimiento. La educación aislada resulta insuficiente si no se acompaña de valoración clínica, refuerzo conductual y coordinación con otros recursos asistenciales cuando sea necesario.
Abstract
Introduction: Frailty in older adults is associated with increased vulnerability to adverse events, including falls, particularly when functional limitations, multimorbidity, polypharmacy, sensory impairment, or unsafe home conditions are present. In this setting, nursing interventions in community and home care may support early risk identification, health education, and the involvement of older people and caregivers in realistic preventive strategies.
Objectives: To design a nursing educational program aimed at older adults with frailty or at risk of frailty and their caregivers, focused on preventing falls at home through initial assessment, structured educational intervention, and follow-up of adherence to recommendations.
Methodology: A health education program is proposed for community and home care settings, with group-based or individual delivery depending on functional status, cognitive situation, support network, and accessibility. The design includes target population identification, basic geriatric assessment, prioritization of contents, participatory methodology, understandable materials, and clinical and educational evaluation.
Results: The program is organized into sessions addressing understanding of frailty, identification of fall risk factors, home safety review, safe mobility, adapted exercise, self-care, use of assistive devices, caregiver role, and situations requiring professional assessment. An improvement is expected in knowledge, risk awareness, and the ability to implement changes in the home environment and daily routines.
Discussion/Conclusions: A structured educational program may help integrate fall prevention into routine nursing practice, provided that it is individualized, takes functional and social barriers into account, and includes continuity of follow-up. Education alone is insufficient if it is not accompanied by clinical assessment, behavioural reinforcement, and coordination with other healthcare resources when needed.
Introducción
La fragilidad constituye un síndrome geriátrico de especial relevancia para la práctica enfermera por su relación con la pérdida de reserva fisiológica, la disminución de la capacidad de respuesta ante estresores y el deterioro progresivo de la autonomía. En las personas mayores, esta situación no se expresa únicamente como debilidad física, sino como una combinación de factores biológicos, funcionales, cognitivos, emocionales y sociales que incrementan la vulnerabilidad. Entre sus consecuencias más trascendentes se encuentran la limitación de la movilidad, la dependencia en actividades de la vida diaria, el miedo a caer y la aparición de caídas repetidas.
La caída en el domicilio representa un problema complejo. Con frecuencia no obedece a una sola causa, sino a la interacción de múltiples elementos: alteraciones de la marcha y el equilibrio, pérdida de fuerza muscular, hipotensión ortostática, déficits visuales o auditivos, uso de determinados fármacos, incontinencia con urgencia para desplazarse, dolor crónico, calzado inadecuado, iluminación deficiente, alfombras sueltas, mobiliario poco seguro o ausencia de apoyos. La prevención, por tanto, no puede reducirse a una recomendación aislada, sino que requiere una valoración integral y una intervención educativa sostenida.
En el entorno domiciliario, la persona mayor desarrolla la mayor parte de sus rutinas, conserva elementos significativos de su identidad y mantiene, en distinto grado, su papel decisorio. Esto convierte el domicilio en un espacio prioritario de observación y cuidado para Enfermería. La visita domiciliaria o la atención comunitaria permiten detectar riesgos que no siempre son visibles en otros niveles asistenciales, comprender mejor la interacción entre limitaciones funcionales y ambiente físico, e implicar a cuidadores y familiares en medidas preventivas viables.
La educación para la salud ocupa un lugar central en este abordaje. No se trata solo de transmitir información, sino de favorecer comprensión, motivación, participación y capacidad de cambio. En personas mayores con fragilidad, la intervención educativa debe adaptarse al nivel cultural, al estado cognitivo, al grado de dependencia, a la red de apoyo y a la posibilidad real de modificar hábitos o elementos del hogar. También requiere evitar un enfoque culpabilizador: muchas caídas ocurren en contextos de vulnerabilidad acumulada y no pueden interpretarse como simple falta de atención.
El papel enfermero resulta especialmente pertinente por su cercanía continuada con las personas mayores, su competencia en valoración funcional y su capacidad para coordinar intervenciones preventivas. Desde esta perspectiva, un programa educativo estructurado puede servir como marco para ordenar contenidos, priorizar problemas, mejorar la adherencia y reforzar la seguridad en el domicilio sin desplazar la necesaria individualización clínica.
Objetivos
El objetivo general es diseñar un programa educativo de Enfermería orientado a la prevención de caídas en domicilio en personas mayores con fragilidad o riesgo de fragilidad, incorporando a cuidadores principales cuando exista dependencia funcional o necesidad de apoyo continuado.
Como objetivos específicos se plantean los siguientes:
- Identificar factores personales, clínicos, funcionales y ambientales que puedan aumentar el riesgo de caída.
- Favorecer que la persona mayor y su cuidador comprendan el concepto de fragilidad y su relación con la movilidad, la autonomía y la seguridad.
- Promover conductas de autocuidado relacionadas con ejercicio adaptado, cambios posturales seguros, hidratación, nutrición y uso correcto de ayudas técnicas.
- Mejorar la capacidad para reconocer riesgos en el entorno doméstico y establecer medidas factibles de corrección o minimización.
- Reforzar el papel del cuidador en la supervisión, el acompañamiento y la detección precoz de signos de deterioro funcional.
- Establecer criterios básicos de seguimiento enfermero para valorar aprendizaje, adherencia y necesidad de derivación o reevaluación.
Metodología
Se propone un programa de educación para la salud aplicable en atención primaria, atención domiciliaria y dispositivos comunitarios vinculados a personas mayores. La población diana incluye adultos mayores que viven en domicilio, presentan fragilidad o se encuentran en situación de vulnerabilidad funcional, así como sus cuidadores informales o familiares convivientes. El formato puede desarrollarse de manera individual en el hogar o en sesiones grupales reducidas cuando el estado funcional, la accesibilidad y la dinámica comunitaria lo permitan.
La captación de participantes puede realizarse a partir de la consulta de Enfermería, la visita domiciliaria, la valoración compartida con medicina de familia o trabajo social y la detección de antecedentes de caídas, inestabilidad, miedo a caer o pérdida de funcionalidad. Antes del inicio del programa conviene efectuar una valoración integral básica centrada en movilidad, capacidad para actividades básicas e instrumentales, estado cognitivo observado, situación sensorial, continencia, patrón de sueño, dolor, medicación habitual, apoyo familiar, barreras arquitectónicas y percepción subjetiva de seguridad. Más que una clasificación rígida, interesa identificar problemas relevantes para priorizar la intervención.
El diseño educativo se apoya en principios de accesibilidad, participación y repetición. Las personas mayores aprenden mejor cuando los contenidos se relacionan con situaciones cotidianas y se presentan de forma concreta. Por ello, las sesiones combinan explicación verbal clara, demostración práctica, observación del entorno, resolución de dudas y refuerzo de conductas. Debe evitarse la sobrecarga informativa. Resulta preferible trabajar pocos mensajes, bien comprendidos y repetidos, que ofrecer un volumen excesivo de recomendaciones difíciles de retener.
Se propone una estructura de cinco sesiones, con posibilidad de adaptación:
- Sesión 1. Valoración inicial, detección de necesidades educativas y establecimiento de objetivos compartidos.
- Sesión 2. Fragilidad, movilidad y factores de riesgo de caída.
- Sesión 3. Seguridad en el domicilio y revisión del entorno.
- Sesión 4. Ejercicio adaptado, transferencias y uso de apoyos.
- Sesión 5. Papel del cuidador, refuerzo final y plan de seguimiento.
La duración puede ajustarse a la tolerancia de la persona mayor. En domicilio, las sesiones breves suelen facilitar la participación, especialmente si existe fatigabilidad, deterioro leve de atención o presencia de dolor. En formato grupal, conviene reservar tiempo para interacción entre participantes, intercambio de experiencias y demostraciones prácticas sencillas.
Los recursos incluyen material visual de lectura fácil, listas de comprobación del entorno doméstico, entrenamiento práctico en maniobras seguras de incorporación y deambulación, y, cuando sea posible, coordinación con fisioterapia, terapia ocupacional o trabajo social si se detectan necesidades que superan el alcance de la intervención educativa enfermera.
La evaluación se plantea en dos niveles. El primero corresponde al aprendizaje: comprensión de mensajes clave, capacidad para identificar riesgos y participación activa en la toma de decisiones. El segundo se orienta a la adherencia: cambios observables en el domicilio, revisión del uso de ayudas técnicas, incorporación de rutinas de movilidad segura y aceptación del seguimiento. La reevaluación periódica permite ajustar el plan si aparecen nuevos problemas, empeora la funcionalidad o cambian las condiciones del cuidado.
Resultados
El resultado principal del diseño es un programa estructurado, flexible y centrado en necesidades reales de las personas mayores en su domicilio. Su contenido combina educación sanitaria, revisión del entorno y entrenamiento en habilidades básicas de seguridad, evitando un enfoque exclusivamente teórico.
Contenidos educativos nucleares
El primer bloque aborda la comprensión de la fragilidad. Se explica, con lenguaje comprensible, que no equivale al envejecimiento normal ni a una enfermedad concreta, sino a una situación de mayor vulnerabilidad. Esta aclaración es útil para reducir interpretaciones fatalistas y para mostrar que determinadas medidas pueden contribuir a conservar funcionalidad y seguridad. Se trabajan señales que justifican mayor vigilancia: cansancio excesivo, menor velocidad al caminar, dificultad para levantarse de una silla, pérdida de equilibrio, menor tolerancia al esfuerzo, disminución de actividad diaria y aumento de la dependencia.
El segundo bloque se centra en factores de riesgo de caída relacionados con la propia persona. Se revisan antecedentes de caídas, miedo a caminar, dolor, mareos, necesidad urgente de ir al baño, problemas visuales, déficit auditivo, calzado, bastón o andador mal ajustados, y posible influencia de la medicación. La intervención educativa no sustituye la valoración médica o farmacológica, pero sí permite enseñar a reconocer situaciones que requieren revisión profesional, como somnolencia excesiva, inestabilidad nueva o empeoramiento brusco de la marcha.
El tercer bloque se orienta al entorno doméstico. Enfermería puede recorrer con la persona mayor y el cuidador los espacios de mayor uso: dormitorio, baño, cocina, pasillo y acceso a la vivienda. Durante esa observación se revisan obstáculos en zonas de paso, alfombras deslizantes, cables, muebles inestables, iluminación insuficiente, superficies mojadas, altura inadecuada de cama o sillón y ausencia de puntos de apoyo. Más que ofrecer un listado genérico, el programa propone priorizar cambios concretos y asumibles, teniendo en cuenta recursos económicos y posibilidades de la familia.
Movilidad segura y ejercicio adaptado
Un componente esencial del programa es la enseñanza de estrategias básicas para moverse con mayor seguridad. Se incluyen indicaciones sobre incorporarse de la cama de forma progresiva, levantarse desde una silla utilizando apoyos estables, evitar giros bruscos, hacer pausas si aparece mareo y no caminar con prisa ante la urgencia miccional. Cuando la persona utiliza ayudas técnicas, se revisa su manejo práctico: altura aproximada, secuencia al caminar, necesidad de mantener elementos de apoyo al alcance y conveniencia de evitar el uso improvisado de muebles como sustitutos del bastón o andador.
El ejercicio adaptado ocupa un lugar destacado por su relación con fuerza muscular, equilibrio y confianza en la marcha. Dentro del programa no se prescribe un plan cerrado, pero sí se promueven rutinas sencillas ajustadas a la capacidad funcional: movilización diaria, levantarse y sentarse con supervisión si es preciso, marcha en trayectos seguros, ejercicios suaves de extremidades inferiores y trabajo postural. La indicación debe individualizarse y suspenderse o modificarse si aparece dolor relevante, disnea, inestabilidad marcada o cualquier signo que aconseje nueva valoración.
También se aborda el miedo a caer, frecuente tras caídas previas o sensación de inestabilidad. Este miedo puede reducir actividad, favorecer desacondicionamiento y aumentar dependencia. La intervención enfermera ayuda a identificarlo y a evitar que se traduzca en inmovilidad. El mensaje educativo no debe ser minimizar el temor, sino transformarlo en vigilancia razonable, apoyo progresivo y recuperación de la confianza dentro de límites seguros.
Nutrición, hidratación y autocuidado
El programa incorpora recomendaciones generales sobre hábitos que pueden influir en el estado funcional. Se revisa la importancia de mantener una ingesta adecuada según situación clínica, evitar periodos prolongados sin comer o beber cuando ello contribuya a debilidad o mareo, y consultar ante pérdida de peso, anorexia o dificultades de masticación y deglución. La educación sobre descanso, control del estreñimiento, manejo de la continencia y uso adecuado de gafas o audífonos completa este bloque, ya que pequeñas alteraciones acumuladas pueden repercutir en estabilidad y autonomía.
En personas con fragilidad, el autocuidado no debe plantearse como exigencia uniforme. Hay quienes conservan capacidad para introducir cambios por sí mismas y otras requieren supervisión parcial o total. Por ello, el programa diferencia entre actividades asumibles por la persona mayor, tareas compartidas y responsabilidades del cuidador.
Papel del cuidador y continuidad asistencial
La participación del cuidador es determinante cuando existe dependencia, deterioro cognitivo o dificultades para aplicar recomendaciones. El programa le asigna funciones de observación, apoyo y acompañamiento, pero también incluye su propia necesidad de educación. Se trabajan aspectos como facilitar desplazamientos sin sustituir innecesariamente la actividad de la persona mayor, mantener los objetos de uso frecuente accesibles, vigilar signos de deterioro y conocer cuándo solicitar ayuda profesional. De igual modo, se recuerda la conveniencia de evitar maniobras inseguras que puedan ocasionar sobreesfuerzo o riesgo para ambos.
El seguimiento enfermero puede realizarse mediante nueva visita domiciliaria, consulta programada o contacto telefónico según contexto asistencial. En esa revisión se valora si se han introducido modificaciones en el entorno, si persisten barreras, si la persona ejecuta las pautas de movilidad acordadas y si han aparecido nuevos episodios de inestabilidad. El mantenimiento en el tiempo es un elemento relevante: la educación sanitaria ofrece mejores posibilidades cuando se refuerza y se integra en planes de cuidados continuados.
Evaluación del aprendizaje y de la adherencia
La valoración del programa no se limita a la asistencia a las sesiones. Resulta más útil explorar si la persona mayor y el cuidador comprenden la relación entre fragilidad y caída, si identifican riesgos en su propio domicilio y si pueden describir conductas seguras básicas. La demostración práctica ofrece información de mayor calidad que la mera respuesta verbal. Por ejemplo, observar cómo se levanta la persona de una silla o cómo utiliza su andador permite detectar dificultades no expresadas.
La adherencia puede apreciarse mediante cambios visibles y realistas: despeje de zonas de paso, mejora de la iluminación, retirada de elementos inestables, uso más adecuado del calzado, incorporación de una rutina de movilidad, colocación accesible de objetos frecuentes o solicitud de revisión profesional ante síntomas nuevos. No todos los objetivos se alcanzarán con la misma rapidez; por ello, la evaluación debe contemplar progresos parciales y necesidades de refuerzo.
Discusión/Conclusiones
La prevención de caídas en personas mayores con fragilidad exige una mirada amplia. La educación sanitaria aporta herramientas valiosas, pero su efectividad depende de que se inserte en un proceso de valoración y acompañamiento. Un programa bien diseñado permite ordenar mensajes, aumentar la conciencia del riesgo y facilitar cambios concretos en el domicilio. Sin embargo, no debe entenderse como una intervención aislada ni como sustituto de la valoración clínica de problemas subyacentes.
Desde Enfermería, la principal fortaleza de este tipo de programas reside en su capacidad para unir observación del entorno, identificación de necesidades y relación terapéutica continuada. La proximidad al domicilio proporciona información que raramente emerge en una entrevista breve: trayectos inseguros hacia el baño, miedo nocturno, mobiliario no adaptado, hábitos que aumentan la prisa al caminar o cuidadores sobrecargados. Esta comprensión contextual mejora la pertinencia de las recomendaciones y evita discursos preventivos alejados de la vida real de la persona mayor.
También deben considerarse las barreras. La fragilidad suele acompañarse de cansancio, dolor, deterioro sensorial, dificultades cognitivas o escasa red de apoyo, factores que limitan la participación en actividades educativas. A ello se añaden condicionantes económicos y de vivienda que pueden impedir modificaciones estructurales del entorno. Por este motivo, las intervenciones deben priorizar medidas factibles, escalonadas y negociadas, evitando planteamientos idealizados que generen frustración o abandono.
Otra cuestión relevante es el equilibrio entre protección y mantenimiento de la autonomía. La prevención de caídas no debe traducirse en restricción excesiva de la movilidad, ya que la inmovilidad favorece desacondicionamiento, dependencia y pérdida de confianza. El objetivo enfermero se orienta más bien a promover actividad segura, supervisión proporcionada y adaptación del entorno. En este sentido, el cuidador necesita acompañamiento para comprender que ayudar no implica sustituir sistemáticamente todas las acciones de la persona mayor.
La continuidad asistencial condiciona el impacto del programa. La información proporcionada en una única sesión puede olvidarse o resultar insuficiente ante cambios en el estado funcional. El seguimiento periódico, la reevaluación del domicilio y la coordinación con otros profesionales cuando se detectan necesidades específicas aumentan la coherencia del abordaje. Del mismo modo, la intervención educativa debe integrarse en la atención habitual a la persona mayor, no limitarse a una acción puntual desconectada del resto del plan de cuidados.
En suma, un programa educativo sobre fragilidad y prevención de caídas en domicilio constituye una propuesta útil para la práctica enfermera comunitaria y domiciliaria. Su valor radica en combinar educación, observación del entorno, entrenamiento en conductas seguras e implicación del cuidador. Para que resulte verdaderamente aplicable, debe individualizarse, adaptarse al grado de fragilidad y sostenerse en el tiempo mediante seguimiento profesional. La prevención de caídas en el domicilio no depende de una única medida, sino de un conjunto de intervenciones coherentes orientadas a preservar seguridad, funcionalidad y permanencia en el entorno habitual con el mayor nivel posible de autonomía.
Conflicto de intereses
No se identifican conflictos de intereses por parte de los autores en relación con el tema tratado en este artículo.
Financiación
No se ha recibido financiación externa para el desarrollo, redacción o publicación del presente trabajo.
Bibliografía
- Hill L, Moran R. Older Adults and Unintentional Injury.. Med Clin North Am. 2023;107(6):1001-1010. doi: https://doi.org/10.1016/j.mcna.2023.05.011
- Del-Cuerpo I, Jiménez-Lupión D, Rubio-Oltra J, Chirosa-Ríos I, Chirosa-Ríos LJ, Jerez-Mayorga D. Push-Pull Ratio and Ankle Dorsiflexion Strength in Nurse Home Residents: Novel Insights Into Fall Prevention Strategies.. Physiother Res Int. 2026;31(1):e70132. doi: https://doi.org/10.1002/pri.70132
- Lektip C, Nawarat J, Miyake E, Aoki K, Nemoto S, Ohtsuka H, et al.. Home Environmental Hazard Levels Among Community-Dwelling Older Adults Across Different Frailty States in Southern Thailand.. Scientifica (Cairo). 2026;2026:6628363. doi: https://doi.org/10.1155/sci5/6628363
- Berland A, Gundersen D, Bentsen SB. Patient safety and falls: a qualitative study of home care nurses in Norway.. Nurs Health Sci. 2012;14(4):452-7. doi: https://doi.org/10.1111/j.1442-2018.2012.00701.x
- Hollinghurst J, Akbari A, Fry R, Watkins A, Berridge D, Clegg A, et al.. Study protocol for investigating the impact of community home modification services on hospital utilisation for fall injuries: a controlled longitudinal study using data linkage.. BMJ Open. 2018;8(10):e026290. doi: https://doi.org/10.1136/bmjopen-2018-026290
- Lee DR, Santo EC, Lo JC, Ritterman Weintraub ML, Patton M, Gordon NP. Understanding functional and social risk characteristics of frail older adults: a cross-sectional survey study.. BMC Fam Pract. 2018;19(1):170. doi: https://doi.org/10.1186/s12875-018-0851-1
- Intiso D, Di Rienzo F, Russo M, Pazienza L, Tolfa M, Iarossi A, et al.. Rehabilitation strategy in the elderly.. J Nephrol. 2012;25 Suppl 19:S90-5. doi: https://doi.org/10.5301/jn.5000138
- Cruz AO, Santana SMM, Costa CM, Gomes da Costa LV, Ferraz DD. Prevalence of falls in frail elderly users of ambulatory assistive devices: a comparative study.. Disabil Rehabil Assist Technol. 2020;15(5):510-514. doi: https://doi.org/10.1080/17483107.2019.1587016