Educational program on prevention of skin tears in fragile skin
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:332
Autor principal (primer firmante): Isabel Gómez Cordero
Fecha recepción: 28/07/26
Fecha aceptación: 29/08/26
Fecha de publicación: 05/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):332
Autores:
Isabel Gómez Cordero
Adrián López Herrera
Teresa Molina García
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Apósitos; Educación del paciente; Cicatrización de heridas; Piel; Piel frágil; Estomas quirúrgicos; Anciano; Desgarros cutáneos; Promoción de la salud; Educación para la salud
Keywords: Bandages; Patient Education; Wound Healing; Skin; Fragile Skin; Surgical Stomas; Aged; Skin Tears; Health Promotion; Health Education
Resumen
Introducción: Los desgarros cutáneos constituyen una lesión frecuente en personas con piel frágil, especialmente en edades avanzadas, en situaciones de dependencia funcional y en pacientes sometidos a cuidados repetidos sobre la superficie cutánea. Su aparición suele relacionarse con fricción, cizalla, traumatismos leves, retirada inadecuada de adhesivos y manipulación durante transferencias, higiene o cambios de dispositivos. En presencia de estomas quirúrgicos, vendajes o apósitos, la vulnerabilidad cutánea puede aumentar y obliga a extremar la prevención desde una perspectiva enfermera.
Objetivos: Diseñar un programa educativo dirigido a personas con piel frágil, familiares y cuidadores para mejorar el conocimiento sobre factores de riesgo, medidas preventivas básicas, protección de la piel y actuación inicial ante un desgarro cutáneo, así como reforzar el papel de Enfermería en la educación para la salud y la continuidad de cuidados.
Metodología: Se presenta una propuesta de intervención educativa estructurada para su aplicación en atención comunitaria, hospitalización, centros sociosanitarios o consulta de ostomías y heridas. El programa se organiza en sesiones breves, materiales de apoyo comprensibles, demostración práctica y reevaluación del aprendizaje. Se plantea una metodología participativa, adaptada al nivel cognitivo, funcional y de alfabetización sanitaria de la población diana.
Resultados: El programa incluye valoración inicial, estratificación práctica del riesgo, contenidos sobre hidratación cutánea, prevención de traumatismos, movilización segura, manejo de ropa, entorno y adhesivos, vigilancia de la piel periestomal y uso prudente de apósitos protectores. Se describen estrategias docentes, indicadores cualitativos de aprendizaje y propuestas de seguimiento enfermero para favorecer la adherencia y la detección precoz de lesiones.
Discusión/Conclusiones: La educación sanitaria sistemática puede contribuir a reducir eventos evitables sobre piel frágil y a mejorar la seguridad del paciente cuando se integra en planes de cuidados individualizados. Su efectividad depende de la adecuación de los mensajes, del entrenamiento práctico y de la continuidad entre niveles asistenciales. Enfermería ocupa una posición central para identificar riesgo, enseñar medidas de protección y promover autocuidados y cuidados delegados realistas.
Abstract
Introduction: Skin tears are common injuries in people with fragile skin, particularly older adults, dependent patients, and individuals requiring repeated skin care procedures. They are usually associated with friction, shear, minor trauma, inappropriate adhesive removal, and skin manipulation during transfers, hygiene, or device changes. In patients with surgical stomas, dressings, or bandages, skin vulnerability may increase and calls for enhanced nursing prevention strategies.
Objectives: To design an educational programme aimed at people with fragile skin, relatives, and caregivers in order to improve knowledge about risk factors, basic preventive measures, skin protection, and early action when a skin tear occurs, while strengthening the nursing role in health education and continuity of care.
Methodology: A structured educational intervention is proposed for use in community care, hospital wards, long-term care facilities, or stoma and wound clinics. The programme is organised into brief sessions, understandable support materials, practical demonstration, and learning reassessment. A participatory methodology is suggested, adapted to the target population’s cognitive status, functional capacity, and health literacy.
Results: The programme includes initial assessment, practical risk stratification, contents on skin hydration, trauma prevention, safe mobilisation, clothing and environmental measures, careful adhesive management, peristomal skin surveillance, and prudent use of protective dressings. Teaching strategies, qualitative learning indicators, and nursing follow-up proposals are described to support adherence and early lesion detection.
Discussion/Conclusions: Structured health education may help reduce avoidable events in fragile skin and improve patient safety when integrated into individualised care plans. Its usefulness depends on message suitability, practical training, and continuity across care settings. Nursing has a central role in risk identification, teaching protective measures, and supporting realistic self-care and caregiver-delivered care.
Introducción
La integridad cutánea representa un componente básico de la seguridad y del bienestar de las personas atendidas por Enfermería. Cuando la piel pierde resistencia, elasticidad y capacidad de tolerar agresiones mecánicas leves, aumenta la probabilidad de lesiones traumáticas superficiales o parciales que comprometen el confort, favorecen exudado, dolor, dificultad para la movilización y una mayor complejidad de cuidados. Entre estas lesiones, los desgarros cutáneos merecen una atención específica por su relación directa con actividades cotidianas aparentemente banales: retirar un adhesivo, ayudar a incorporarse, movilizar una extremidad, colocar ropa ajustada o realizar la higiene con fricción excesiva.
La piel frágil es un hallazgo frecuente en personas mayores, pacientes con dependencia funcional, fragilidad clínica, malnutrición, edemas, tratamientos que alteran la calidad cutánea, exposición mantenida a humedad o manipulación repetida por necesidades asistenciales. También puede observarse en situaciones de cicatrización previa, atrofia cutánea y en áreas sometidas a dispositivos de fijación o al cuidado de estomas quirúrgicos. En estas circunstancias, la lesión no siempre depende de un trauma evidente; en ocasiones basta una fuerza de cizalla moderada o una retirada brusca de materiales adhesivos para provocar la separación de capas cutáneas.
Desde la práctica enfermera, la prevención de desgarros cutáneos no puede limitarse a una recomendación aislada. Requiere observación sistemática, identificación de factores predisponentes, selección cuidadosa de materiales, adaptación del entorno y, sobre todo, educación sanitaria continuada. El componente educativo resulta especialmente relevante porque muchas lesiones se producen fuera de procedimientos complejos, durante cuidados rutinarios realizados por pacientes, familiares o cuidadores formales e informales. La información, por sí sola, puede ser insuficiente si no se acompaña de demostración práctica y refuerzo de conductas seguras.
Además, la presencia de estomas quirúrgicos añade un escenario asistencial particular. La piel periestomal está expuesta a adhesivos, recambios frecuentes de dispositivos, humedad, efluentes irritantes y maniobras de limpieza que, si no se individualizan, pueden favorecer daño cutáneo. Aunque el desgarro cutáneo no es equivalente a otras lesiones de la piel periestomal, comparten un principio preventivo esencial: la necesidad de reducir agresiones mecánicas y químicas sobre una barrera cutánea ya vulnerable.
En este marco, desarrollar un programa educativo específico permite ordenar mensajes, unificar criterios básicos de prevención y fortalecer la continuidad asistencial. La aportación de Enfermería no se reduce a enseñar qué hacer, sino a valorar quién puede aprender, cómo debe enseñarse, qué barreras existen para aplicar los cuidados y qué seguimiento es necesario para consolidar hábitos protectores en el domicilio, en instituciones residenciales o en unidades de hospitalización.
Objetivos
El objetivo general de este trabajo es diseñar un programa educativo de Enfermería orientado a la prevención de desgarros cutáneos en personas con piel frágil, con aplicabilidad en distintos ámbitos asistenciales.
Como objetivos específicos se plantean los siguientes:
- Identificar la población diana y los principales factores que incrementan el riesgo de lesión cutánea traumática.
- Definir contenidos educativos prioritarios sobre cuidado diario de la piel, prevención de fricción y cizalla, uso prudente de adhesivos y protección de zonas vulnerables.
- Incorporar recomendaciones prácticas para el manejo de la piel periestomal y de otras áreas expuestas a dispositivos, apósitos o vendajes.
- Establecer una metodología docente participativa, comprensible y adaptable al grado de autonomía del paciente y de sus cuidadores.
- Proponer criterios de evaluación del aprendizaje, de la adherencia a las medidas preventivas y del seguimiento enfermero.
- Favorecer la integración del programa en planes de cuidados y en circuitos de continuidad asistencial.
Metodología
Se desarrolla una propuesta de programa educativo de carácter aplicado, concebida para su utilización por profesionales de Enfermería en consultas, hospitalización, atención domiciliaria, centros sociosanitarios y dispositivos de seguimiento de heridas o estomas. El planteamiento parte de un enfoque preventivo y de educación para la salud, centrado en necesidades de aprendizaje identificables en la práctica clínica habitual.
La población diana incluye a personas mayores con piel atrófica o vulnerable, pacientes con limitación funcional o dependencia para las actividades básicas, portadores de estomas quirúrgicos, personas con antecedentes de lesiones cutáneas traumáticas y cuidadores responsables de la higiene, movilización o manejo de dispositivos. No se trata de un programa rígido ni de aplicación universal; debe ajustarse al nivel de riesgo, al contexto asistencial y a la capacidad real de participar en el proceso educativo.
La intervención se estructura en cuatro fases: valoración inicial, planificación educativa, desarrollo de sesiones y evaluación. En la valoración inicial, la enfermera identifica antecedentes de lesiones, estado general de la piel, presencia de equimosis, sequedad, edema, dependencia para transferencias, uso de adhesivos, presencia de vendajes o dispositivos, características del entorno y nivel de conocimientos previos. También se valora quién ejecuta los cuidados cotidianos y si existe sobrecarga del cuidador, ya que ambos elementos condicionan la viabilidad de las medidas propuestas.
La planificación educativa define objetivos individualizados y selecciona contenidos esenciales. Para facilitar la comprensión, el programa puede organizarse en dos o tres sesiones breves, combinando información verbal, material escrito de lectura sencilla, imágenes orientativas y demostración práctica. La secuencia docente debe priorizar habilidades con impacto directo en la prevención: inspeccionar la piel, manipular sin fricción innecesaria, retirar adhesivos con técnica cuidadosa, hidratar la piel y adaptar ropa, mobiliario y ayudas técnicas.
En cuanto a la metodología didáctica, resulta útil combinar exposición breve, diálogo dirigido, resolución de dudas, demostración y devolución demostrativa por parte del paciente o cuidador. Esta última permite comprobar si el aprendizaje es operativo, más allá de la mera comprensión teórica. En personas con deterioro cognitivo o gran dependencia, la intervención se orienta preferentemente al cuidador principal, sin excluir al paciente cuando pueda participar.
Los recursos mínimos incluyen material educativo escrito, productos habituales de higiene e hidratación disponibles en el entorno asistencial, ejemplos de adhesivos y apósitos de uso frecuente, y, cuando procede, dispositivos de ostomía para enseñar retirada, limpieza y recolocación sin agresión cutánea. El lenguaje debe evitar tecnicismos innecesarios, pero mantener precisión profesional.
La evaluación se plantea en dos niveles. El primero valora el aprendizaje inmediato mediante preguntas abiertas y observación de habilidades básicas. El segundo se centra en el seguimiento enfermero, revisando si las medidas se mantienen en el tiempo, si aparecen nuevas lesiones, si se detectan dificultades con el material o con las transferencias y si el plan debe modificarse. El programa, por tanto, se concibe como una intervención educativa continua y no como una sesión informativa aislada.
Resultados
Población diana y criterios prácticos de inclusión
El programa resulta especialmente pertinente en personas de edad avanzada, con piel seca, fina o con pérdida de elasticidad, en pacientes inmovilizados o con movilización asistida, en quienes presentan edemas o dependencia para el aseo y vestido, y en portadores de estomas quirúrgicos u otros dispositivos que obligan a cambios frecuentes de material adhesivo. También puede beneficiar a pacientes institucionalizados y a personas atendidas en domicilio tras procesos quirúrgicos o episodios de agudización clínica.
La inclusión práctica no exige instrumentos complejos. Puede basarse en la presencia de uno o varios elementos observables: fragilidad cutánea evidente, antecedentes de desgarros, hematomas de repetición, dificultad para realizar transferencias sin ayuda, uso continuado de apósitos o adhesivos, manipulación frecuente de la piel periestomal o coexistencia de dependencia y cuidador no entrenado. Esta aproximación facilita la identificación temprana desde la valoración enfermera rutinaria.
Contenidos educativos del programa
El primer bloque temático aborda el reconocimiento de la piel frágil. Se enseña a distinguir signos de vulnerabilidad cutánea, como sequedad intensa, descamación, adelgazamiento, facilidad para la aparición de equimosis o malestar al retirar material adherente. El objetivo no es convertir al paciente o al cuidador en evaluadores expertos, sino favorecer una observación cotidiana capaz de detectar riesgo y de pedir ayuda antes de que aparezca una lesión mayor.
El segundo bloque se centra en el cuidado básico de la piel. Se refuerza la importancia de una higiene suave, con agua a temperatura templada y productos que no aumenten la sequedad ni exijan fricción vigorosa. Tras la higiene, se recomienda secado por contacto suave y aplicación de productos hidratantes compatibles con el estado de la piel y con los dispositivos presentes, evitando zonas donde puedan interferir con la fijación necesaria de sistemas terapéuticos. Esta indicación exige individualización, especialmente alrededor del estoma y en áreas de adhesión.
El tercer bloque aborda la prevención mecánica. Se enseñan maniobras de movilización y transferencia que reduzcan tracción sobre brazos y piernas, evitando arrastres sobre sábanas o sujeciones directas de la piel. La ropa debe ser cómoda, no compresiva y fácil de colocar. Deben revisarse elementos del entorno que favorezcan golpes o rozaduras, como barandillas, esquinas de mobiliario, superficies ásperas, calzado inestable o ayudas técnicas mal ajustadas. En el domicilio o en instituciones, este apartado requiere implicar a quienes organizan el espacio de cuidados.
Un cuarto bloque se dedica al manejo de adhesivos, apósitos y vendajes. La enseñanza incluye la conveniencia de valorar la necesidad real de cada fijación, seleccionar materiales menos agresivos cuando sea posible y aplicar técnicas de retirada lenta, con estabilización de la piel y tracción controlada del adhesivo. También se trabajan aspectos relacionados con la protección de zonas de roce mediante materiales adecuados al contexto clínico, siempre evitando el uso indiscriminado de productos que puedan macerar o dificultar la valoración cutánea.
En pacientes con estomas quirúrgicos, se incorpora un bloque específico sobre piel periestomal. La educación contempla limpieza respetuosa, secado cuidadoso, observación de enrojecimiento o dolor, retirada no traumática del dispositivo y correcta adaptación del sistema colector para disminuir fugas y cambios innecesarios. Cuando la piel periestomal está alterada, la prevención de nuevas agresiones debe priorizarse y requiere valoración profesional para seleccionar barreras o accesorios compatibles con la situación.
Otro componente esencial es la actuación inicial ante la sospecha de desgarro cutáneo. El programa no pretende sustituir la valoración clínica, pero sí enseñar a reconocer la lesión, interrumpir la manipulación traumática, proteger la zona, evitar limpieza agresiva y solicitar revisión profesional. En personas cuidadas en domicilio o residencia, disponer de una conducta inicial ordenada puede limitar daños añadidos y favorecer una atención más temprana.
Planificación de sesiones
Una organización operativa puede incluir tres sesiones. La primera, de valoración y sensibilización, explora conocimientos previos, identifica factores de riesgo presentes y presenta medidas generales de protección cutánea. La segunda se dedica a demostración práctica: higiene sin fricción, hidratación, movilización cuidadosa, retirada de adhesivos y manejo básico de apósitos o dispositivos. La tercera revisa dificultades reales surgidas tras la puesta en práctica, corrige errores y refuerza la observación de la piel y la actuación ante signos de alarma local.
Entre sesiones, la entrega de un recordatorio escrito breve favorece la adherencia. Este material debe incluir mensajes concretos, por ejemplo: evitar tirones, revisar zonas expuestas, no despegar adhesivos de forma brusca, proteger prominencias o áreas de roce y consultar ante dolor, sangrado, despegamiento cutáneo o cambios relevantes en la piel periestomal. La redacción ha de ser clara y utilizable por cuidadores sin formación sanitaria.
Papel de Enfermería
La enfermera asume funciones de valoración, priorización del riesgo, educación, supervisión técnica y coordinación con otros profesionales cuando existen factores añadidos como malnutrición, deterioro funcional significativo o necesidad de adaptar dispositivos. El programa educativo no se limita a transmitir instrucciones; requiere observar cómo se ejecutan los cuidados, identificar errores habituales y negociar cambios factibles. En este sentido, la intervención enfermera debe ser realista: no todas las personas pueden aplicar el mismo nivel de autocuidado ni disponen del mismo apoyo familiar o material.
La continuidad asistencial adquiere especial relevancia cuando el paciente transita entre hospital, domicilio y atención comunitaria. Las medidas preventivas sobre piel frágil deberían mantenerse con mensajes coherentes, evitando contradicciones sobre hidratación, cambios de dispositivos, tipos de apósitos o frecuencia de manipulación. La enfermera puede facilitar esta continuidad mediante registros claros y educación reforzada en cada punto de contacto asistencial.
Evaluación del aprendizaje y del seguimiento
La evaluación inmediata puede realizarse mediante observación directa de habilidades y preguntas abiertas: cómo identifica una zona de riesgo, cómo retiraría un adhesivo o qué haría ante un pequeño despegamiento de la piel. Este método permite comprobar comprensión práctica sin necesidad de instrumentos complejos. En pacientes con cuidador principal, debe verificarse quién ha asumido realmente el aprendizaje operativo.
Para el seguimiento, son útiles indicadores cualitativos como la mejora en la técnica de movilización, la disminución de manipulaciones innecesarias, la inspección habitual de extremidades y áreas periestomales, la adecuación del material utilizado y la consulta temprana ante alteraciones cutáneas. También puede valorarse si el paciente o cuidador verbaliza con seguridad las medidas preventivas y si se han corregido barreras detectadas al inicio, como miedo a movilizar, desconocimiento sobre adhesivos o falta de revisión del entorno.
Cuando se identifican nuevas lesiones o persistencia de prácticas inadecuadas, el programa debe replantearse. En algunos casos será necesario simplificar mensajes, fraccionar la enseñanza o reforzar la demostración. La evaluación, por tanto, no se orienta solo a medir aprendizaje, sino a adaptar la intervención a una realidad de cuidados cambiante.
Discusión/Conclusiones
La prevención de desgarros cutáneos en piel frágil constituye un área de cuidado donde la educación sanitaria puede tener una repercusión directa sobre la seguridad del paciente. Muchas de estas lesiones aparecen en actividades ordinarias y repetidas, de modo que la mejora de gestos cotidianos ofrece una oportunidad preventiva clara. Esta característica explica por qué Enfermería ocupa una posición estratégica: es el profesional que con mayor frecuencia valora la piel, observa la ejecución de los cuidados y detecta si existe distancia entre la indicación técnica y la práctica real.
El diseño de un programa educativo específico permite superar intervenciones fragmentadas o mensajes dispersos. Al ordenar contenidos, establecer prioridades y prever evaluación, se favorece una enseñanza más consistente y transferible entre entornos asistenciales. Además, integrar aspectos como la movilización segura, el uso prudente de adhesivos, la protección de la piel periestomal y la adaptación del entorno amplía el enfoque más allá de la lesión aislada y lo sitúa en una lógica de prevención integral.
No obstante, la utilidad del programa depende de varios condicionantes. La fragilidad cutánea suele coexistir con dependencia, deterioro sensorial, pluripatología y sobrecarga del cuidador, circunstancias que limitan la aplicación uniforme de las recomendaciones. Por ello, el valor del programa no reside en ofrecer instrucciones extensas, sino en seleccionar medidas viables, reforzarlas con demostración y revisarlas de forma periódica. La adherencia mejora cuando las indicaciones encajan con la rutina real del cuidado y cuando el profesional identifica barreras materiales, cognitivas o emocionales.
Otro aspecto relevante es la necesidad de evitar la banalización de estas lesiones. Aunque algunos desgarros pueden parecer menores, su evolución puede complicarse si se repite el trauma, se emplean productos inadecuados o se retrasa la valoración profesional. La educación debe transmitir prudencia sin alarmismo, promoviendo observación temprana y consulta oportuna.
En pacientes con estomas quirúrgicos, la prevención adquiere una dimensión adicional. La manipulación frecuente de dispositivos, la exposición a efluentes y la fragilidad de la piel adyacente exigen entrenamiento específico. Incluir este contenido dentro del programa educativo favorece una visión más completa del riesgo cutáneo y refuerza la coordinación entre cuidados generales de la piel y cuidados periestomales.
Como síntesis, un programa educativo de Enfermería bien estructurado puede contribuir a mejorar conocimientos, habilidades y conductas relacionadas con la protección de la piel frágil. Su implementación debe individualizarse, mantenerse en el tiempo y vincularse a la valoración enfermera continuada. Más que una actividad puntual, representa una línea de cuidado preventivo que ayuda a reducir agresiones evitables, apoyar a cuidadores y preservar la integridad cutánea en personas especialmente vulnerables.
Conflicto de intereses
No se identifican conflictos de intereses por parte de los autores en relación con el tema tratado en este artículo.
Financiación
No se ha recibido financiación externa para el desarrollo, redacción o publicación del presente trabajo.
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