Programa educativo para prevención de nuevas caídas tras fractura de cadera

Educational program to prevent new falls after hip fracture

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:292

Autor principal (primer firmante): Cristina Moreno Vila

Fecha recepción: 29/07/26

Fecha aceptación: 22/08/26

Fecha de publicación: 28/08/26

Ref.: CADICE. 2026;1(8):292

Autores:
Cristina Moreno Vila
Daniel Ortega Medina
Patricia Serrano López

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Movilidad; Atención inicial; Prevención; Fractura de cadera; Enfermería de urgencias; Servicio de urgencias; Educación del paciente; Caídas accidentales; Educación para la salud; Triaje

Keywords: Mobility Limitation; Initial Care; Prevention; Hip Fractures; Emergency Nursing; Emergency Service, Hospital; Patient Education; Accidental Falls; Health Education; Triage

Resumen

Introducción: La fractura de cadera constituye un evento de gran impacto funcional y asistencial, especialmente en personas de edad avanzada. Tras la atención inicial y el tratamiento hospitalario, persiste un riesgo relevante de nuevas caídas asociado a limitación de la movilidad, miedo a la deambulación, dolor, cambios en la fuerza muscular, uso de ayudas técnicas y condiciones del entorno domiciliario. En este escenario, la educación sanitaria desarrollada por Enfermería puede contribuir a mejorar la seguridad del paciente y de su cuidador principal.

Objetivos: Diseñar un programa educativo enfermero orientado a prevenir nuevas caídas tras una fractura de cadera, favoreciendo la adquisición de conocimientos, la identificación de factores de riesgo y la incorporación de medidas de seguridad adaptadas a cada situación clínica y social.

Metodología: Se plantea una intervención educativa estructurada, dirigida a pacientes con fractura de cadera y a sus cuidadores, integrada en la continuidad asistencial desde urgencias y hospitalización hasta el alta y el seguimiento posterior. El programa se organiza en sesiones breves, progresivas e individualizadas, con lenguaje comprensible, demostración práctica y verificación del aprendizaje.

Resultados: El programa incluye valoración inicial de necesidades educativas, revisión de antecedentes de caídas, estado funcional, barreras del domicilio, manejo de dispositivos de apoyo, administración segura de la medicación, recomendaciones de movilidad y transferencia, identificación precoz de signos de alarma y coordinación con otros niveles asistenciales. La evaluación contempla comprensión de los contenidos, capacidad para aplicar medidas preventivas y grado de implicación familiar.

Discusión/Conclusiones: La prevención secundaria de caídas tras fractura de cadera requiere un abordaje enfermero continuado, realista y centrado en la persona. Un programa educativo bien planificado puede mejorar la seguridad durante la recuperación, aunque su efectividad depende de la individualización, del estado cognitivo y funcional, del apoyo social y de la coordinación entre dispositivos asistenciales.

Abstract

Introduction: Hip fracture is a major event with significant functional and care implications, particularly in older adults. After initial management and hospital treatment, the risk of subsequent falls remains high due to impaired mobility, fear of walking, pain, reduced muscle strength, use of assistive devices, and environmental hazards at home. In this context, nurse-led health education may contribute to improving patient and caregiver safety.

Objectives: To design a nursing educational programme aimed at preventing new falls after hip fracture by promoting knowledge acquisition, recognition of risk factors, and implementation of safety measures tailored to each clinical and social situation.

Methodology: A structured educational intervention is proposed for patients with hip fracture and their caregivers, integrated into continuity of care from the emergency department and hospital admission to discharge and subsequent follow-up. The programme is organised into brief, progressive, individualised sessions using clear language, practical demonstration, and learning verification.

Results: The programme includes initial assessment of educational needs, review of fall history, functional status, home barriers, management of assistive devices, safe medication use, mobility and transfer recommendations, early identification of warning signs, and coordination with other care settings. Evaluation addresses understanding of the contents, ability to apply preventive measures, and family involvement.

Discussion/Conclusions: Secondary prevention of falls after hip fracture requires continuous, realistic, person-centred nursing management. A well-planned educational programme may improve safety during recovery, although its usefulness depends on individualisation, cognitive and functional status, social support, and coordination across healthcare settings.

Introducción

La caída en la persona adulta mayor no debe interpretarse únicamente como un accidente aislado. Con frecuencia representa la expresión de una vulnerabilidad previa en la que convergen factores intrínsecos, funcionales, farmacológicos, ambientales y sociales. Cuando la consecuencia es una fractura de cadera, el impacto clínico trasciende la lesión ósea: se alteran la movilidad, la capacidad para las actividades básicas, la percepción de autonomía y la estabilidad emocional del paciente y de su entorno cuidador. A partir de ese momento, la prevención de nuevas caídas pasa a ser una prioridad asistencial.

En la práctica clínica, la atención enfermera comienza desde el triaje y la atención inicial en urgencias, donde ya pueden detectarse elementos de riesgo con valor pronóstico para la recuperación posterior: antecedente de caídas previas, deterioro de la marcha, uso inadecuado de ayudas técnicas, déficit sensorial, polifarmacia, dolor mal controlado, fragilidad o dificultades de apoyo familiar. Sin embargo, la información ofrecida al paciente en fases tempranas suele verse limitada por el dolor, la ansiedad, la sobrecarga emocional y la complejidad del proceso diagnóstico y terapéutico. Por ello, la educación sanitaria no debe reducirse a una entrega puntual de instrucciones al alta, sino organizarse como un proceso gradual, repetido y adaptado a la evolución clínica.

La fractura de cadera marca además un punto de inflexión en la percepción del riesgo. Muchas personas desarrollan temor a moverse, restringen de forma excesiva la deambulación o delegan actividades que podrían recuperar con entrenamiento y apoyo adecuados. Este miedo, si no se aborda de manera proporcional, puede favorecer desacondicionamiento físico, dependencia progresiva y aislamiento. Del mismo modo, el cuidador principal puede asumir movilizaciones o decisiones sin la formación necesaria, incrementando el riesgo de accidentes durante las transferencias, el baño, el vestido o el uso del retrete.

El papel de Enfermería resulta especialmente relevante porque integra valoración clínica, observación funcional, educación para la salud y continuidad de cuidados. La enfermera no solo identifica problemas actuales, sino que acompaña al paciente en la comprensión de su nueva situación, prioriza necesidades educativas, adapta la información a la capacidad de aprendizaje y verifica si las recomendaciones pueden aplicarse realmente en el domicilio. Esta perspectiva permite pasar de mensajes genéricos de prevención a un plan educativo centrado en riesgos concretos y en conductas observables.

La prevención secundaria de caídas tras una fractura de cadera requiere, por tanto, una mirada amplia. No basta con insistir en la precaución al caminar. Es preciso revisar el entorno, el uso del calzado, la administración de la medicación, la hidratación, la iluminación, la organización del espacio, el manejo de andadores o bastones, las pautas de rehabilitación indicadas y los signos que obligan a consultar. También debe considerarse la situación cognitiva y emocional, ya que la comprensión del riesgo y la adherencia a las recomendaciones se modifican de forma importante cuando existe deterioro cognitivo, delirium reciente, depresión, sobrecarga del cuidador o escaso soporte social.

En este contexto, diseñar un programa educativo estructurado facilita homogeneizar contenidos esenciales sin perder la necesaria individualización. Además, favorece la coordinación entre el servicio de urgencias, la unidad de hospitalización, la atención primaria y los recursos comunitarios, reduciendo la fragmentación informativa. El interés de esta propuesta radica en ofrecer un marco de actuación enfermera útil, prudente y aplicable a diferentes entornos asistenciales.

Objetivos

Objetivo general: desarrollar un programa educativo enfermero para personas que han sufrido una fractura de cadera, orientado a disminuir el riesgo de nuevas caídas durante el proceso de recuperación y en la transición al domicilio.

Objetivos específicos:

  • Identificar de forma precoz factores de riesgo de nuevas caídas relacionados con la movilidad, el tratamiento, el entorno y la situación social.
  • Valorar las necesidades educativas del paciente y del cuidador principal, teniendo en cuenta su capacidad funcional, cognitiva y emocional.
  • Proporcionar información comprensible sobre medidas de seguridad en la deambulación, las transferencias y las actividades básicas de la vida diaria.
  • Entrenar, cuando sea posible, en el uso seguro de ayudas técnicas y en la adaptación del domicilio.
  • Favorecer conductas de autocuidado y de vigilancia compartida relacionadas con el dolor, la fatiga, los mareos, la adherencia terapéutica y la prevención de riesgos ambientales.
  • Promover la continuidad asistencial mediante la coordinación con otros profesionales y niveles de atención.
  • Evaluar el grado de comprensión y aplicación práctica de las recomendaciones educativas.

Metodología

Se propone un programa de educación para la salud de carácter individual o bipersonal, dirigido al paciente con fractura de cadera y, siempre que sea posible, a la persona cuidadora de referencia. El ámbito de inicio es el hospital, pudiendo activarse desde urgencias una vez estabilizada la situación clínica y completarse en hospitalización, en el momento del alta y en el seguimiento posterior según la organización de cada centro.

La población diana prioritaria está constituida por personas mayores con limitación de la movilidad tras fractura de cadera, especialmente cuando presentan antecedentes de caídas, fragilidad, necesidad de apoyo para actividades básicas o barreras previsibles en el entorno domiciliario. También se considera población diana al cuidador familiar o informal que vaya a asumir supervisión o ayuda en la movilización.

El programa se articula en cuatro fases interrelacionadas.

Valoración inicial

La primera fase consiste en una valoración enfermera centrada en la seguridad y en la capacidad de aprendizaje. Deben explorarse de manera sistemática los siguientes aspectos:

  • Antecedentes de caídas previas y circunstancias en que ocurrieron.
  • Situación basal de movilidad y grado de autonomía antes de la fractura.
  • Presencia de dolor, miedo al movimiento, mareo, inestabilidad o fatiga.
  • Uso habitual de gafas, audífonos, bastón, andador u otras ayudas.
  • Tratamiento farmacológico y posibles dificultades para su manejo seguro.
  • Estado cognitivo, capacidad de comprensión y presencia de desorientación.
  • Apoyo familiar disponible y competencias del cuidador.
  • Características del domicilio: escaleras, iluminación, alfombras, baño, distribución del mobiliario y barreras arquitectónicas.

Esta valoración permite identificar prioridades educativas y ajustar la intensidad de la intervención. En pacientes con dolor intenso, fatiga o saturación informativa, puede ser preferible fraccionar los contenidos y reforzarlos en distintos momentos del proceso asistencial.

Planificación educativa

Tras la valoración se establecen objetivos educativos realistas, observables y adaptados a la situación funcional. La planificación debe definir qué contenidos se abordarán, quién los recibirá, en qué momento resultan más pertinentes y cómo se comprobará su comprensión. En este punto conviene seleccionar materiales de apoyo sencillos, con lenguaje claro y secuencias de acción breves, evitando instrucciones ambiguas.

La planificación debe contemplar distintos momentos docentes: información inicial sobre riesgo de nuevas caídas, entrenamiento en movilización segura antes del alta, revisión del entorno domiciliario, recomendaciones de autocuidado y recordatorio posterior si el circuito asistencial dispone de seguimiento telefónico o consulta de Enfermería.

Estrategias metodológicas

El aprendizaje mejora cuando la información verbal se combina con observación y práctica supervisada. Por ello, el programa incorpora demostración de transferencias, entrenamiento en uso de ayudas técnicas, resolución de dudas y técnica de repetición por parte del paciente o cuidador para confirmar la asimilación. También es útil priorizar pocos mensajes clave en cada sesión, especialmente en personas con cansancio, dolor o dificultades atencionales.

La comunicación debe ser pausada, concreta y respetuosa con el ritmo del paciente. En presencia de deterioro cognitivo leve o ansiedad, puede ser necesario repetir indicaciones, apoyarse en imágenes o simplificar la secuencia de pasos. Si el paciente no puede asumir por sí mismo las recomendaciones, el protagonismo educativo recae en la persona cuidadora, sin excluir la participación del propio paciente en aquello que sea capaz de realizar con seguridad.

Evaluación y continuidad

La evaluación no se limita a preguntar si la información se ha entendido. Debe verificarse si el paciente o cuidador sabe explicar y aplicar medidas concretas: cómo levantarse, cómo usar el andador, qué objetos retirar del paso, qué hacer ante mareo o aumento del dolor, cuándo solicitar ayuda y qué revisiones o seguimientos tiene pendientes. La continuidad del programa depende de la coordinación con atención primaria, rehabilitación, trabajo social u otros recursos que puedan intervenir en el domicilio o en la recuperación funcional.

Resultados

El resultado del diseño se concreta en un programa educativo estructurado en contenidos esenciales que pueden distribuirse en varias sesiones breves según la evolución del paciente. No se presenta como un protocolo rígido, sino como una propuesta enfermera adaptable al contexto clínico y organizativo.

Bloque 1. Comprensión del riesgo de nuevas caídas

El primer contenido consiste en ayudar al paciente y a su cuidador a comprender por qué el riesgo de caída puede mantenerse o incluso aumentar tras una fractura de cadera. La limitación de la movilidad, el dolor, la debilidad, el miedo, los cambios posturales, la necesidad de dispositivos de apoyo y ciertos tratamientos pueden alterar el equilibrio y la capacidad de respuesta. Reconocer este riesgo tiene un valor preventivo, siempre que no se traduzca en inmovilización excesiva. El mensaje educativo debe equilibrar seguridad y recuperación funcional: moverse puede ser beneficioso si se hace de acuerdo con las indicaciones recibidas y con las ayudas adecuadas.

Bloque 2. Movilidad y transferencias seguras

Una parte central del programa se orienta a las actividades cotidianas con mayor probabilidad de accidente: levantarse de la cama, sentarse, incorporarse desde una silla, entrar y salir del baño, caminar trayectos cortos y girarse. La enfermera puede desglosar cada maniobra en pasos simples, insistiendo en la importancia de no precipitarse, pedir ayuda cuando sea necesario y utilizar calzado cerrado y estable. Si el paciente dispone de andador o bastón, debe comprobarse que conoce la forma básica de uso indicada para su situación y que no lo emplea como un apoyo improvisado sin estabilidad suficiente.

En pacientes con mayor dependencia, el componente educativo dirigido al cuidador resulta decisivo. Debe enseñarse cómo acompañar sin tirar del brazo, cómo situarse durante una transferencia y cuándo conviene solicitar apoyo adicional. La prevención de caídas incluye también evitar lesiones en el propio cuidador.

Bloque 3. Seguridad en el domicilio

La revisión del entorno domiciliario es uno de los apartados de mayor aplicabilidad práctica. El programa propone valorar iluminación suficiente, pasillos despejados, retirada de alfombras sueltas, fijación de cables, disponibilidad de superficies de apoyo estables, altura adecuada de la cama y accesibilidad al cuarto de baño. En el baño suelen requerirse medidas adicionales de seguridad por tratarse de un espacio húmedo y reducido, donde las transferencias pueden ser más complejas.

La educación no debe formularse como una lista abstracta de recomendaciones, sino vincularse a escenas concretas: levantarse por la noche para ir al baño, alcanzar objetos en estanterías, sentarse en superficies bajas o caminar con prisa para atender el teléfono o el timbre. Este enfoque situacional favorece que el paciente identifique sus momentos de mayor vulnerabilidad.

Bloque 4. Medicación, síntomas y autocuidado

El tratamiento analgésico, así como otros fármacos de uso habitual, puede influir en el nivel de alerta, en la tensión arterial o en la sensación subjetiva de equilibrio. Por ello, el programa debe incluir revisión educativa sobre administración segura, respeto de las pautas prescritas y vigilancia de síntomas como somnolencia excesiva, mareo o sensación de inestabilidad. También es pertinente reforzar medidas generales de autocuidado que pueden influir indirectamente en la seguridad, como una hidratación adecuada, la regularidad en la alimentación y la adaptación de la actividad al nivel de fatiga.

La enfermera debe enseñar a reconocer situaciones que exigen consulta profesional: incremento importante del dolor, incapacidad súbita para movilizarse como lo hacía previamente, caída aunque no haya traumatismo aparente, alteración del estado mental, fiebre, signos de mala tolerancia al tratamiento o dificultad creciente para realizar actividades básicas.

Bloque 5. Miedo a caer y adaptación emocional

El temor a una nueva caída es frecuente tras la fractura de cadera y puede condicionar la rehabilitación. No se trata de eliminar el miedo con mensajes tranquilizadores, sino de ayudar a transformarlo en una actitud prudente y manejable. La educación enfermera puede explorar verbalizaciones como “ya no me atrevo a levantarme” o “prefiero no caminar” y reconducirlas hacia metas funcionales seguras, consensuadas y progresivas. Validar el malestar emocional y, al mismo tiempo, reforzar pequeños logros de movilidad puede favorecer la adherencia al plan de recuperación.

Bloque 6. Participación familiar y coordinación asistencial

La efectividad del programa aumenta cuando existe coherencia entre los mensajes dados por los distintos profesionales y cuando la familia comprende su papel. El cuidador no debe limitarse a vigilar, sino aprender a facilitar un entorno seguro, respetar los tiempos del paciente y detectar signos de descompensación funcional. En situaciones de especial vulnerabilidad social o alta dependencia, la coordinación con atención primaria, fisioterapia, rehabilitación o trabajo social puede resultar necesaria para sostener las medidas educativas tras el alta.

Evaluación del aprendizaje

La evaluación se basa en criterios prácticos. Se considera favorable que el paciente o cuidador pueda identificar factores de riesgo personales, describir medidas básicas de seguridad en el domicilio, realizar o explicar transferencias seguras según su situación, manejar adecuadamente la ayuda técnica indicada y reconocer cuándo debe pedir ayuda profesional. La valoración puede completarse con observación directa, repetición de mensajes clave y revisión posterior de dificultades surgidas en el domicilio.

Discusión/Conclusiones

La educación para la prevención de nuevas caídas tras una fractura de cadera ocupa un lugar estratégico en la continuidad de cuidados. Su utilidad no depende solo de la calidad del mensaje, sino de la oportunidad en que se ofrece, de la capacidad del paciente para incorporarlo y del apoyo real disponible en el entorno. Las recomendaciones demasiado numerosas o desvinculadas de la vida cotidiana suelen tener menor impacto que aquellas centradas en riesgos concretos y en acciones factibles.

Desde la perspectiva enfermera, el principal valor del programa reside en integrar observación clínica, valoración funcional, enseñanza y seguimiento. Esta aproximación permite adaptar el contenido educativo a perfiles muy diferentes: pacientes con buena reserva funcional, personas con alta dependencia, situaciones con cuidador competente o escenarios con fragilidad social. También facilita detectar barreras que, de otro modo, podrían pasar inadvertidas, como el miedo intenso a la movilización, la escasa comprensión de las pautas o la imposibilidad material de modificar determinadas condiciones del domicilio.

Existen, no obstante, límites relevantes. La sobrecarga informativa durante el ingreso, el dolor, el deterioro cognitivo, la rotación de cuidadores, la ausencia de red familiar o la falta de recursos comunitarios pueden reducir la adherencia a las medidas propuestas. Del mismo modo, algunas recomendaciones solo son efectivas si van acompañadas de entrenamiento funcional y de una revisión periódica de la situación clínica. Por ello, el programa educativo debe entenderse como una intervención dinámica, no como una entrega aislada de instrucciones.

La transición desde urgencias hasta el alta ofrece varias oportunidades de intervención. En urgencias, la enfermera puede iniciar la detección de factores de riesgo y anticipar necesidades educativas. En hospitalización, puede profundizar en la enseñanza de movilización, autocuidado y seguridad ambiental. Tras el alta, la coordinación con otros dispositivos asistenciales permite consolidar lo aprendido y adaptar las medidas a la evolución real del paciente. Esta continuidad reduce la fragmentación y favorece que la prevención se mantenga más allá del episodio agudo.

En síntesis, un programa educativo enfermero dirigido a prevenir nuevas caídas tras fractura de cadera puede contribuir a mejorar la seguridad del paciente, apoyar a la familia y reforzar la recuperación funcional. Para que resulte útil debe ser individualizado, progresivo, comprensible y conectado con la realidad domiciliaria. La prevención de nuevas caídas no se resuelve con una recomendación aislada, sino mediante un proceso educativo sostenido, clínicamente prudente y centrado en las capacidades y limitaciones de cada persona.

Conflicto de intereses

Los autores manifiestan que no existe ningún conflicto de intereses que haya podido influir en el contenido del presente trabajo.

Financiación

La elaboración de este artículo no contó con financiación externa pública ni privada.

Bibliografía

  1. Bruyere O, Brandi ML, Burlet N, Harvey N, Lyritis G, Minne H, et al.. Post-fracture management of patients with hip fracture: a perspective.. Curr Med Res Opin. 2008;24(10):2841-51. doi: https://doi.org/10.1185/03007990802381430
  2. Ma F, Wang Z, Luo X, Wu N, Ma X, Hu Y, et al.. Knowledge, attitude, and practice of osteoporosis and hip fracture in older Chinese adults.. Sci Rep. 2026;16(1):4861. doi: https://doi.org/10.1038/s41598-026-35046-y
  3. Córcoles-Jiménez MP, Candel-Parra E, Del Egido-Fernández MÁ, Villada-Munera A, Moreno-Moreno M, Piña-Martínez AJ, et al.. Preventing Functional Urinary Incontinence in Hip-Fractured Older Adults Through Patient Education: A Randomized Controlled Trial.. J Appl Gerontol. 2021;40(8):890-901. doi: https://doi.org/10.1177/0733464820952608
  4. Madrecka A, Lyons D, O'Connor C, Ryan C, O'Hara O, Real S, et al.. Hip protectors in fracture prevention for aging adults at risk of falling: a study of user compliance.. J Geriatr Phys Ther. 2009;32(4):153-8. doi: https://doi.org/10.1519/00139143-200932040-00003
  5. Grahn Kronhed AC, Blomberg C, Karlsson N, Löfman O, Timpka T, Möller M. Impact of a community-based osteoporosis and fall prevention program on fracture incidence.. Osteoporos Int. 2005;16(6):700-6. doi: https://doi.org/10.1007/s00198-004-1732-0
  6. Lockwood KJ, Harding KE, Boyd JN, Taylor NF. Home visits by occupational therapists improve adherence to recommendations: Process evaluation of a randomised controlled trial.. Aust Occup Ther J. 2020;67(4):287-296. doi: https://doi.org/10.1111/1440-1630.12651
  7. Øien H, Jakobsson N, Bonander C. The impact of community-based interventions for the older population: a quasi-experimental study of a hip-fracture prevention program in Norway.. BMC Geriatr. 2018;18(1):311. doi: https://doi.org/10.1186/s12877-018-1004-z
  8. Gardner MJ, Brophy RH, Demetrakopoulos D, Koob J, Hong R, Rana A, et al.. Interventions to improve osteoporosis treatment following hip fracture. A prospective, randomized trial.. J Bone Joint Surg Am. 2005;87(1):3-7. doi: https://doi.org/10.2106/JBJS.D.02289
  9. Cameron ID, Kurrle S, Quine S, Sambrook P, March L, Chan D, et al.. Increasing adherence with the use of hip protectors for older people living in the community.. Osteoporos Int. 2011;22(2):617-26. doi: https://doi.org/10.1007/s00198-010-1334-y
Scroll al inicio