Quality improvement project to reduce pressure injury risk in immobilized patients
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:57
Autor principal (primer firmante): Rosa Beltrán Jiménez
Fecha recepción: 01/06/26
Fecha aceptación: 06/07/26
Fecha de publicación: 12/07/26
Ref.: CADICE. 2026;1(7):57
Autores:
Rosa Beltrán Jiménez
Enrique Salas Ortega
Ángela Medina Pardo
Carlos Vega Roldán
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Hospitalización; Gestión de riesgos; Atención hospitalaria; Mejora de la calidad; Cambio de posición; Lesión por presión; Seguridad del paciente; Continuidad asistencial; Inmovilización; Evaluación del riesgo
Keywords: Hospitalization; Risk Management; Hospital Care; Quality Improvement; Patient Positioning; Pressure Ulcer; Patient Safety; Continuity of Patient Care; Immobilization; Risk Assessment
Resumen
Introducción: Las lesiones por presión continúan representando un problema relevante para la seguridad del paciente hospitalizado, especialmente en personas con movilidad reducida, dependencia funcional y estancias prolongadas. Su aparición suele relacionarse con múltiples factores clínicos y organizativos, entre ellos la inmovilidad, la fragilidad cutánea, la humedad, el estado nutricional, la perfusión tisular y las dificultades para mantener medidas preventivas homogéneas entre turnos y niveles asistenciales. En este contexto, Enfermería ocupa una posición central en la valoración del riesgo, la planificación de cuidados y la continuidad de las medidas preventivas.
Objetivos: Diseñar un proyecto de mejora orientado a disminuir el riesgo de lesiones por presión en pacientes inmovilizados hospitalizados, reforzando la evaluación inicial y periódica, la individualización de los cuidados, la coordinación del equipo y la trazabilidad del plan preventivo.
Metodología: Se plantea una propuesta de mejora de calidad y seguridad basada en el análisis del proceso asistencial, la identificación de puntos vulnerables en la prevención y la definición de intervenciones factibles en el entorno hospitalario. El proyecto incluye valoración estructurada del riesgo, revisión del cuidado de la piel, movilización y cambios posturales, manejo de la humedad, optimización del soporte nutricional según valoración clínica, adecuación de superficies de apoyo, mejora del registro enfermero y seguimiento mediante indicadores de proceso y resultado.
Resultados: La propuesta organiza un itinerario preventivo desde el ingreso hasta la continuidad asistencial, con definición de responsabilidades enfermeras, estandarización del registro, refuerzo educativo a profesionales y cuidadores y uso de indicadores para monitorizar adherencia y eventos relacionados. Se prevé que la intervención pueda favorecer una identificación más temprana del riesgo, una mayor consistencia en la aplicación de cuidados preventivos y una mejor comunicación entre unidades.
Discusión/Conclusiones: La reducción del riesgo de lesiones por presión requiere una estrategia multifactorial, mantenida y adaptada al contexto clínico. Un proyecto de mejora liderado por Enfermería puede contribuir a ordenar la práctica preventiva, reducir variabilidad y fortalecer la seguridad del paciente, aunque su impacto dependerá de la disponibilidad de recursos, la implicación del equipo y la evaluación continuada del proceso.
Abstract
Introduction: Pressure ulcers remain a relevant patient safety issue in hospitalized individuals, particularly in those with reduced mobility, functional dependence and prolonged stays. Their occurrence is usually linked to clinical and organizational factors such as immobility, skin fragility, moisture, nutritional status, tissue perfusion and difficulties in maintaining consistent preventive care across shifts and care settings. In this scenario, nursing plays a central role in risk assessment, care planning and continuity of preventive measures.
Objectives: To design a quality improvement project aimed at reducing the risk of pressure ulcers in immobilized hospitalized patients by strengthening initial and ongoing assessment, individualized care, team coordination and traceability of the prevention plan.
Methodology: A quality and patient safety improvement proposal is presented, based on process analysis, identification of vulnerable points in prevention and definition of feasible interventions in the hospital setting. The project includes structured risk assessment, review of skin care, mobilization and repositioning, moisture management, optimization of nutritional support according to clinical assessment, adequate support surfaces, improved nursing documentation and follow-up through process and outcome indicators.
Results: The proposal organizes a preventive pathway from admission to continuity of care, with defined nursing responsibilities, standardized documentation, educational reinforcement for professionals and caregivers, and the use of indicators to monitor adherence and related events. The intervention is expected to support earlier risk identification, greater consistency in preventive care and improved communication between units.
Discussion/Conclusions: Reducing the risk of pressure ulcers requires a sustained, multifactorial strategy adapted to the clinical context. A nursing-led improvement project may help organize preventive practice, reduce variability and strengthen patient safety, although its impact will depend on available resources, team engagement and ongoing process evaluation.
Introducción
Las lesiones por presión constituyen un evento adverso potencialmente prevenible en una proporción importante de pacientes hospitalizados, sobre todo cuando concurren inmovilidad, alteración del nivel de conciencia, dependencia para las actividades básicas, fragilidad cutánea, incontinencia, desnutrición o procesos agudos que comprometen la perfusión y la tolerancia tisular. Más allá del daño local, su aparición puede asociarse a dolor, aumento de la carga de cuidados, demora en la recuperación funcional, complejidad terapéutica y necesidad de continuidad asistencial más intensa tras el alta.
Desde la práctica enfermera, la prevención no se limita a realizar cambios posturales de forma aislada. Exige una valoración inicial precoz, reevaluaciones periódicas, inspección sistemática de la piel, control de la humedad, adecuación de superficies de apoyo, movilización planificada, educación a la familia cuando participa en los cuidados y un registro clínico que permita continuidad real entre profesionales y unidades. Cuando alguno de estos elementos falla, la prevención se vuelve irregular y el riesgo aumenta aunque el problema haya sido identificado.
En el paciente inmovilizado, la vulnerabilidad no depende únicamente del tiempo en cama. También influyen la posibilidad real de reposicionamiento, el dolor al movilizar, la presencia de dispositivos, la tolerancia hemodinámica, el estado nutricional, el deterioro cognitivo y la coordinación del equipo. Por ello, la prevención de lesiones por presión debe entenderse como un proceso transversal de seguridad del paciente y no como una tarea puntual atribuible a un único profesional o a un único momento de la hospitalización.
En muchos entornos asistenciales persisten dificultades que interfieren con una prevención homogénea: variabilidad en la evaluación del riesgo al ingreso, registros incompletos, diferencias entre turnos en la frecuencia de vigilancia, disponibilidad desigual de superficies especiales de manejo de presión, escasa integración del riesgo cutáneo en los planes de alta y formación heterogénea del personal. Estas barreras no siempre implican ausencia de cuidados, pero sí pueden comprometer su consistencia y trazabilidad.
Ante esta realidad, resulta pertinente plantear un proyecto de mejora centrado en la seguridad clínica y liderado desde Enfermería, orientado a reforzar el proceso preventivo en pacientes inmovilizados. El interés del proyecto no reside solo en disminuir la aparición de lesiones evitables, sino también en fortalecer una cultura de cuidados basada en valoración continua, documentación útil y coordinación interdisciplinar.
Objetivos
Objetivo general: diseñar un proyecto de mejora para disminuir el riesgo de lesiones por presión en pacientes inmovilizados hospitalizados mediante la estandarización de la valoración, la prevención y el seguimiento enfermero.
Objetivos específicos:
- Implantar una evaluación estructurada del riesgo de lesión por presión al ingreso y durante la evolución clínica, ajustada a los cambios del estado del paciente.
- Mejorar la detección precoz de alteraciones cutáneas y de factores que incrementan la vulnerabilidad tisular.
- Favorecer la planificación individualizada de cambios posturales, movilización y uso de superficies de apoyo según situación clínica y tolerancia del paciente.
- Reforzar las medidas de cuidado de la piel, control de la humedad y valoración del aporte nutricional e hídrico en coordinación con otros profesionales.
- Homogeneizar el registro enfermero para asegurar continuidad entre turnos, unidades y dispositivos asistenciales.
- Definir indicadores de seguimiento que permitan valorar adherencia al proyecto e identificar áreas de mejora.
- Promover una intervención coordinada con pacientes y cuidadores cuando su participación sea posible y clínicamente adecuada.
Metodología
Se desarrolla una propuesta de mejora de calidad y seguridad del paciente aplicable a unidades de hospitalización donde se atienden personas con inmovilidad temporal o mantenida. El punto de partida es la identificación de un problema asistencial frecuente: la presencia de pacientes con alto riesgo cutáneo en los que las medidas preventivas pueden aplicarse de manera no uniforme por diferencias en la valoración, en el registro o en la organización de los cuidados.
El proyecto adopta un enfoque de mejora continua. En una primera fase se propone analizar el proceso asistencial vigente mediante revisión de registros de cuidados, observación del circuito de ingreso y seguimiento del paciente inmovilizado, así como identificación de puntos críticos en la práctica diaria. No se trata de emitir un protocolo cerrado, sino de ordenar un conjunto de acciones preventivas que puedan integrarse en la dinámica de cada unidad y adaptarse a sus recursos.
Ámbito de aplicación y población diana
La intervención se dirige a pacientes hospitalizados con limitación importante de la movilidad, encamamiento prolongado o dependencia para los cambios de posición. Incluye personas con deterioro funcional agudo, recuperación posquirúrgica complicada, procesos neurológicos, fragilidad avanzada o situaciones clínicas en las que la movilización autónoma es insuficiente para liberar presión de forma efectiva. También contempla a quienes portan dispositivos que aumentan el riesgo de daño cutáneo localizado.
Componentes del proyecto
El plan se estructura en varios ejes complementarios:
- Valoración inicial y reevaluación periódica: registro del riesgo de lesión por presión y de factores modificadores como humedad, perfusión, dolor, estado nutricional, nivel de actividad y presencia de dispositivos.
- Plan preventivo individualizado: definición de medidas de alivio de presión, frecuencia orientativa de reposicionamiento según tolerancia clínica, vigilancia de zonas de apoyo y protección de prominencias óseas o áreas especialmente expuestas.
- Cuidados básicos de la piel: higiene no agresiva, secado cuidadoso, mantenimiento de la hidratación cutánea y uso prudente de productos barrera cuando exista exposición a humedad o incontinencia.
- Movilización y transferencia segura: utilización de técnicas y ayudas que disminuyan fricción y cizalla, evitando arrastre directo y adaptando la maniobra al estado funcional.
- Superficies de apoyo: priorización de colchones o dispositivos de redistribución de presión en función del riesgo y de la disponibilidad del centro.
- Coordinación interdisciplinar: comunicación con medicina, fisioterapia, nutrición u otros profesionales cuando la situación lo requiera.
- Continuidad asistencial: inclusión del riesgo cutáneo y de las medidas activas en los informes de traslado y alta.
Implementación
La puesta en marcha puede organizarse en cuatro etapas. La primera corresponde a la sensibilización del equipo y revisión del procedimiento interno de la unidad. La segunda se centra en formación breve y aplicada sobre valoración del riesgo, cuidado de la piel, movilización y registro. La tercera incorpora herramientas de apoyo, como recordatorios en la historia de cuidados, listados de verificación o planes estándar adaptables. La cuarta etapa consiste en seguimiento periódico con devolución de resultados al equipo para corregir desviaciones y reforzar buenas prácticas.
El liderazgo enfermero resulta determinante en todas estas fases. La supervisión de la unidad, las enfermeras referentes en cuidados y el personal asistencial comparten funciones complementarias: identificar pacientes prioritarios, asegurar el plan preventivo, registrar incidencias, coordinar recursos y promover continuidad. La participación de técnicos en cuidados auxiliares de Enfermería es igualmente relevante, especialmente en higiene, cambios posturales y observación de la piel, dentro de las competencias y organización del centro.
Indicadores de seguimiento
Para evaluar la implantación se proponen indicadores de proceso y de resultado. Entre los primeros pueden incluirse la proporción de pacientes inmovilizados con valoración del riesgo documentada al ingreso, la existencia de plan preventivo registrado, la constancia de reevaluaciones, el uso de superficies de apoyo cuando estén indicadas y la presencia de información específica en traslados o altas. Como indicadores de resultado pueden considerarse la aparición de nuevas lesiones por presión durante la hospitalización, la detección de daño cutáneo en fases iniciales y la necesidad de intensificación de cuidados derivados de deterioro de la integridad cutánea. Su interpretación debe individualizarse según complejidad de la unidad y perfil clínico de los pacientes.
Resultados
El principal resultado del proyecto es la construcción de un circuito preventivo más visible y trazable para el paciente inmovilizado. Este circuito comienza en el momento del ingreso, cuando Enfermería identifica la situación funcional, explora la piel, detecta factores de vulnerabilidad y deja constancia del nivel de riesgo. A partir de esa valoración, el plan de cuidados deja de depender exclusivamente de la memoria del equipo o de prácticas implícitas y pasa a integrarse en el registro clínico con medidas concretas y revisables.
Valoración enfermera estructurada
La intervención propuesta ordena la observación clínica en torno a aspectos que con frecuencia aparecen dispersos en la práctica diaria: capacidad de movilidad, necesidad de ayuda para girarse o sentarse, exposición a humedad, continencia, dolor con el movimiento, tolerancia a determinadas posiciones, nutrición, hidratación, integridad cutánea previa y presencia de dispositivos. Este abordaje permite distinguir mejor qué pacientes precisan medidas preventivas intensivas y cuáles requieren vigilancia reforzada por cambios súbitos en su evolución.
La inspección cutánea sistemática adquiere un papel destacado. No se limita a documentar lesiones establecidas, sino que orienta la búsqueda activa de eritema persistente, maceración, cambios de temperatura, induración, áreas dolorosas o marcas por dispositivos. Registrar de forma temprana estas alteraciones puede facilitar ajustes del plan de cuidados antes de que aparezca una lesión establecida.
Plan preventivo individualizado
Un segundo resultado esperado es la mejora en la individualización de los cuidados. El proyecto propone que cada paciente inmovilizado disponga de un plan preventivo que combine cambios posturales, alivio de presión, protección cutánea y vigilancia de zonas de riesgo. La frecuencia de reposicionamiento no se plantea de forma rígida ni uniforme, ya que debe adaptarse a estabilidad clínica, tolerancia hemodinámica, dolor, presencia de dispositivos, obesidad, contracturas o limitación respiratoria. Esta individualización evita tanto la infrautilización de medidas como la aplicación automática de pautas poco realistas.
En pacientes con riesgo elevado, el uso de superficies especiales de manejo de presión puede incorporarse como medida complementaria, no sustitutiva del resto de cuidados. Del mismo modo, la elevación de cabecero, la sedestación prolongada o ciertas posturas mantenidas deben valorarse por su posible contribución a presión, fricción o cizalla. El proyecto favorece que estas decisiones queden registradas y justificadas en función del estado clínico del paciente.
Cuidado de la piel y control de la humedad
La propuesta refuerza actuaciones de alta frecuencia y, a veces, baja visibilidad organizativa: higiene respetuosa con la barrera cutánea, secado cuidadoso, cambio precoz de ropa o absorbentes húmedos, aplicación de productos protectores cuando exista riesgo de dermatitis asociada a humedad y revisión de pliegues o zonas ocultas. En personas con incontinencia o sudoración intensa, el control de la humedad es una medida preventiva tan relevante como el reposicionamiento, ya que la maceración favorece la pérdida de tolerancia tisular.
También se contempla la revisión de adhesivos, férulas, mascarillas, sondas y otros dispositivos que pueden generar presión localizada. La vigilancia de estos puntos requiere una cultura de observación continuada, especialmente en pacientes con bajo nivel de conciencia o imposibilidad para expresar dolor o incomodidad.
Registro y continuidad asistencial
Otro resultado del proyecto es la mejora del registro enfermero como herramienta de seguridad. Se propone documentar no solo la presencia o ausencia de lesión, sino el nivel de riesgo, las medidas activas, la tolerancia a la movilización, la respuesta de la piel y las incidencias detectadas. Un registro con esta orientación favorece la continuidad entre turnos, reduce omisiones y facilita priorización en cambios de unidad.
La continuidad asistencial adquiere especial importancia cuando el paciente se traslada a otra unidad, a un recurso sociosanitario o al domicilio con apoyo cuidador. Incorporar al informe de continuidad el estado de la piel, las zonas de especial vigilancia, el tipo de superficie de apoyo utilizada y las medidas preventivas en curso puede evitar interrupciones del plan y pérdida de información relevante.
Formación y corresponsabilidad del equipo
La intervención plantea sesiones breves orientadas a práctica clínica real: identificación precoz del riesgo, técnicas de movilización sin arrastre, manejo de la humedad, cuidado de prominencias óseas y criterios para comunicar incidencias. Este formato facilita transferencia a la unidad y puede mejorar la coherencia del equipo, especialmente cuando existe rotación de profesionales.
La participación de cuidadores, cuando forman parte del proceso asistencial, también se considera un resultado funcional del proyecto. Su colaboración puede ser útil en la observación de enrojecimientos, en el aviso ante deslizamientos o humedad y en la continuidad de medidas básicas tras el alta. Esta participación debe ser siempre guiada, proporcionada a sus capacidades y compatible con la responsabilidad profesional del equipo.
Barreras y facilitadores previstos
Entre las barreras previsibles destacan la carga asistencial, la variabilidad en la formación previa, la percepción de que ciertas medidas consumen tiempo, la documentación incompleta y la disponibilidad limitada de dispositivos de alivio de presión. También pueden aparecer dificultades cuando la situación clínica impide cambios posturales frecuentes o cuando coexisten prioridades terapéuticas complejas.
Como facilitadores se identifican la existencia de liderazgo enfermero en la unidad, la incorporación del riesgo cutáneo a los planes de cuidados electrónicos, la accesibilidad a materiales de movilización, la formación basada en problemas reales y la retroalimentación periódica de los indicadores. El proyecto gana viabilidad cuando las medidas preventivas se integran en la rutina asistencial y no se perciben como actividades añadidas desligadas del resto del cuidado.
Discusión/Conclusiones
La prevención de lesiones por presión en pacientes inmovilizados exige pasar de una lógica centrada en tareas sueltas a una visión de proceso asistencial. Cambiar de postura al paciente, inspeccionar la piel o registrar una valoración son acciones necesarias, pero su efectividad depende de que estén conectadas entre sí y respondan a una planificación coherente. Un proyecto de mejora orientado a ordenar ese proceso puede reducir variabilidad, favorecer una detección más temprana del deterioro cutáneo y reforzar la seguridad del paciente.
La principal aportación de esta propuesta reside en situar a Enfermería como eje de coordinación de medidas preventivas que, aunque son básicas en su formulación, requieren juicio clínico continuo para su aplicación real. El paciente inmovilizado no presenta un riesgo estático; cambia según evolución, tratamiento, tolerancia al movimiento, presencia de dolor, dispositivos o complicaciones intercurrentes. Por ello, la reevaluación tiene tanto valor como la valoración inicial, y el registro clínico debe reflejar esa dinámica.
Otro aspecto relevante es que la prevención efectiva no depende solo del conocimiento técnico individual. También está condicionada por factores organizativos: tiempos de cuidado, accesibilidad de recursos, continuidad entre turnos, claridad en las responsabilidades y priorización institucional de la seguridad cutánea. Cuando estos elementos no se alinean, incluso profesionales sensibilizados pueden encontrar dificultades para sostener medidas preventivas con regularidad.
La propuesta presentada no debe interpretarse como un protocolo universal ni como una secuencia rígida aplicable de forma idéntica a todos los entornos. Su utilidad reside en ofrecer una base estructurada para adaptar la prevención al contexto de cada unidad, a sus circuitos internos y al perfil clínico de sus pacientes. Será necesario ajustarla a los procedimientos del centro, a la dotación de materiales y a la realidad organizativa de cada equipo.
Entre sus limitaciones destaca que el impacto esperado depende de la implementación efectiva y de la capacidad para medir de manera consistente tanto la adherencia como los resultados clínicos. La mera existencia de formularios o recordatorios no garantiza cambios en la práctica si no se acompaña de supervisión, formación aplicada y retroalimentación útil. Además, en pacientes de extrema complejidad clínica puede persistir riesgo de daño cutáneo pese a una prevención adecuada, lo que obliga a interpretar los resultados con prudencia y sin simplificaciones.
En términos de práctica profesional, un proyecto de estas características puede contribuir a mejorar la calidad de los cuidados al hacer más visibles intervenciones que a menudo se consideran básicas pero que tienen una repercusión directa en el bienestar del paciente, la evolución clínica y la continuidad asistencial. Su valor no radica únicamente en evitar lesiones, sino en consolidar un modelo de cuidados más anticipatorio, documentado y coordinado. Desde esa perspectiva, la prevención de lesiones por presión se integra de forma natural en la agenda de seguridad del paciente y en la responsabilidad enfermera sobre la integridad cutánea, la movilidad y el cuidado continuo.
Conflicto de intereses
Los autores declaran que no existen conflictos de intereses personales, profesionales o económicos relacionados con este trabajo.
Financiación
La realización de este trabajo no recibió ayudas económicas ni financiación institucional específica.
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