Quemaduras superficiales: cuidados locales, dolor y educación sanitaria

Superficial burns: local care, pain and health education

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:58

Autor principal (primer firmante): Lucía Ortega Ramos

Fecha recepción: 11/06/26

Fecha aceptación: 07/07/26

Fecha de publicación: 12/07/26

Ref.: CADICE. 2026;1(7):58

Autores:
Lucía Ortega Ramos
Sergio Martín Delgado

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Piel; Quemaduras; Apósitos; Dolor agudo; Revisión; Estomas quirúrgicos; Primeros auxilios; Enfermería basada en la evidencia; Cuidados de Enfermería; Cicatrización de heridas

Keywords: Skin; Burns; Bandages; Acute Pain; Review; Surgical Stomas; First Aid; Evidence-Based Nursing; Nursing Care; Wound Healing

Resumen

Introducción: Las quemaduras superficiales constituyen un motivo frecuente de consulta y de atención enfermera en distintos niveles asistenciales. Aunque muchas presentan evolución favorable, el abordaje inicial condiciona el control del dolor, la integridad cutánea, el riesgo de complicaciones y la comprensión de los cuidados domiciliarios. La práctica enfermera ocupa una posición central en la valoración de la lesión, la aplicación de medidas locales, la educación sanitaria y la identificación de criterios de derivación.

Objetivos: Revisar los elementos fundamentales del cuidado enfermero en las quemaduras superficiales, con atención a la valoración inicial, los primeros auxilios, el manejo local de la herida, el control del dolor y la educación sanitaria dirigida a paciente y entorno cuidador.

Metodología: Se presenta una revisión teórica de carácter narrativo orientada a la práctica clínica enfermera. El contenido se organiza a partir de aspectos fisiopatológicos básicos, criterios generales de valoración y principales intervenciones de cuidados aplicables a quemaduras superficiales en contextos asistenciales habituales.

Resultados: La atención inicial requiere estimar profundidad y extensión de la lesión, mecanismo causal, tiempo de exposición, localización anatómica, intensidad del dolor y presencia de signos de alarma. El enfriamiento precoz de la zona con agua a temperatura templada-fría, la retirada de elementos compresivos si es posible y la limpieza cuidadosa forman parte del manejo inicial. Los cuidados locales deben individualizarse según exudado, integridad epidérmica, localización y tolerancia del paciente. El control del dolor exige reevaluación periódica y combinación de medidas no farmacológicas con tratamiento prescrito. La educación sanitaria orientada a curas, higiene, protección de la piel y detección de signos de complicación favorece la continuidad asistencial.

Discusión/Conclusiones: El manejo enfermero de las quemaduras superficiales no se limita a la cura local. La valoración integral, la prevención de intervenciones potencialmente lesivas, la selección prudente de apósitos y la educación sanitaria adaptada resultan determinantes para una evolución segura. La variabilidad clínica obliga a individualizar cuidados y a mantener un umbral bajo para la derivación cuando la localización, la extensión, el dolor desproporcionado o la evolución plantean dudas diagnósticas o de gravedad.

Abstract

Introduction: Superficial burns are a common reason for consultation and nursing care across different healthcare settings. Although many cases follow a favourable course, the initial approach influences pain control, skin integrity, risk of complications and understanding of home care. Nursing practice plays a central role in wound assessment, local management, health education and identification of referral criteria.

Objectives: To review the main nursing care components in superficial burns, focusing on initial assessment, first aid, local wound management, pain control and health education for patients and caregivers.

Methodology: A narrative theoretical review aimed at nursing clinical practice was developed. The content is organised around basic pathophysiological aspects, general assessment criteria and the main care interventions applicable to superficial burns in common healthcare settings.

Results: Initial care requires assessment of burn depth and extent, causal mechanism, exposure time, anatomical location, pain intensity and warning signs. Early cooling with cool running water, removal of constrictive items when feasible and careful cleansing are relevant first steps. Local wound care should be individualised according to exudate, epidermal integrity, anatomical site and patient tolerance. Pain management requires repeated reassessment and a combination of non-pharmacological measures with prescribed treatment. Health education on dressings, hygiene, skin protection and warning signs supports continuity of care.

Discussion/Conclusions: Nursing management of superficial burns goes beyond local dressing. Comprehensive assessment, avoidance of potentially harmful practices, prudent dressing selection and tailored health education are key to a safe clinical course. Clinical variability requires individualised care and a low threshold for referral when location, extent, disproportionate pain or clinical evolution raise concerns about severity.

Introducción

Las quemaduras superficiales son lesiones cutáneas producidas por agentes térmicos, químicos, eléctricos o radiantes, aunque en la práctica cotidiana predominan las de origen térmico por líquidos calientes, contacto con superficies a elevada temperatura o exposición breve a llama. Su expresión clínica puede oscilar desde el eritema doloroso sin pérdida de continuidad de la piel hasta lesiones con afectación más evidente de la epidermis y formación de flictenas. Esta variabilidad condiciona la respuesta clínica y obliga a una valoración inicial rigurosa para diferenciar situaciones de manejo local relativamente simple de otras que requieren derivación o seguimiento más estrecho.

Desde la perspectiva enfermera, el interés de estas lesiones no radica únicamente en la cicatrización. El dolor agudo, la ansiedad asociada al accidente, la posible exposición a maniobras domésticas inadecuadas y la necesidad de educación sanitaria hacen que el cuidado de las quemaduras superficiales tenga una dimensión asistencial amplia. Una intervención precoz y prudente puede reducir el malestar, proteger el lecho de la herida, preservar la función de la zona afectada y disminuir la probabilidad de complicaciones evitables.

La clasificación por profundidad orienta el plan de cuidados. Las quemaduras superficiales epidérmicas suelen cursar con enrojecimiento, calor local, dolor y ausencia de ampollas relevantes. En lesiones superficiales de espesor parcial puede existir afectación más profunda de la piel, habitualmente con flictenas, exudado y dolor intenso. En ambos casos, la evolución depende del mecanismo lesional, la extensión, la localización anatómica, la edad, la situación basal y la aparición de infección u otros problemas añadidos. Por ello, el juicio clínico enfermero debe integrar signos locales y situación global de la persona, evitando trivializar lesiones aparentemente menores.

El entorno asistencial también modifica el abordaje. En urgencias y atención primaria, la prioridad inicial suele centrarse en primeros auxilios, alivio del dolor y decisión sobre tratamiento ambulatorio o derivación. En dispositivos hospitalarios o sociosanitarios, a ello se suman la continuidad de cuidados, la prevención de lesiones por fricción o presión sobre piel ya comprometida y el acompañamiento educativo. El papel enfermero incluye, además, la comunicación terapéutica y la identificación de factores que puedan interferir en la adherencia, como temor al dolor durante la cura, dificultades funcionales para el autocuidado o condiciones domésticas poco favorables.

La revisión de este tema sigue siendo pertinente porque persisten prácticas populares potencialmente dañinas, como la aplicación de hielo directo, sustancias grasas, remedios caseros oclusivos o manipulaciones repetidas de la lesión. Frente a ello, una atención basada en principios de seguridad, observación clínica y educación clara resulta especialmente útil. El interés profesional se sitúa en traducir el conocimiento general sobre la lesión cutánea a decisiones de cuidados realistas, individualizadas y comprensibles para la persona atendida.

Objetivos

Revisar el abordaje enfermero de las quemaduras superficiales desde una perspectiva clínica y práctica, centrada en la valoración inicial, el manejo local, el control del dolor y la educación sanitaria.

De forma específica, se pretende:

  • Describir los elementos de valoración que orientan la toma de decisiones en las primeras horas tras la lesión.
  • Examinar las medidas generales de primeros auxilios que pueden contribuir a limitar el daño tisular y mejorar el confort.
  • Analizar los principios de limpieza, protección de la herida y selección prudente de apósitos según características de la lesión.
  • Revisar el papel de Enfermería en la valoración y el alivio del dolor agudo asociado a la quemadura y a las curas.
  • Delimitar los contenidos esenciales de educación sanitaria para el domicilio y los criterios generales que aconsejan reevaluación o derivación.

Metodología

Se ha elaborado una revisión teórica narrativa orientada a la práctica enfermera en el cuidado de quemaduras superficiales. El texto integra conocimientos generales sobre fisiopatología cutánea, valoración clínica básica y medidas de cuidados de uso habitual en contextos asistenciales no especializados. El enfoque se dirige a profesionales de Enfermería de atención primaria, urgencias, hospitalización y otros ámbitos donde estas lesiones pueden ser atendidas inicialmente o seguidas de forma ambulatoria.

La organización del contenido responde a preguntas clínicas frecuentes en la práctica: qué valorar al primer contacto, qué maniobras son razonables en los primeros auxilios, cómo orientar la cura local, qué aspectos deben considerarse en el control del dolor y qué educación sanitaria conviene priorizar. No se plantea como protocolo cerrado, sino como una síntesis razonada de principios de actuación que requieren adaptación al contexto, a los procedimientos de cada centro y a las características individuales de la persona atendida.

Se ha evitado incorporar datos cuantitativos, comparaciones de eficacia o atribuciones a guías concretas cuando no resultaban imprescindibles para el objetivo del texto. El énfasis se sitúa en la seguridad clínica, la prudencia en la formulación de recomendaciones y la utilidad del contenido para la toma de decisiones enfermeras.

Resultados

Valoración inicial de la lesión y de la persona

La primera actuación enfermera consiste en situar la lesión dentro de un marco clínico comprensible. Resulta necesario identificar el agente causal, el tiempo transcurrido desde la quemadura, la duración del contacto, la posible presencia de ropa adherida, la exposición a humo o sustancias químicas y las medidas realizadas antes de la consulta. Estos datos ayudan a anticipar la profundidad potencial del daño y a detectar intervenciones previas que puedan haber empeorado la lesión.

La valoración local debe considerar extensión aproximada, localización anatómica, coloración, humedad, presencia de flictenas, exudado, integridad de la epidermis y respuesta dolorosa al contacto. En general, una quemadura epidérmica muestra eritema homogéneo, dolor y piel intacta. Cuando aparecen ampollas, exudación o zonas de dermis expuesta, el cuidado local adquiere mayor complejidad y la evolución puede requerir seguimiento estrecho. También conviene observar edema, limitación funcional y tolerancia al movimiento, sobre todo cuando la lesión se localiza en manos, pies, pliegues o articulaciones.

La persona debe valorarse de forma global. Edad avanzada, infancia, dependencia funcional, comorbilidad relevante, alteraciones sensoriales, inmunosupresión, malnutrición o dificultades de autocuidado pueden modificar el plan de cuidados aunque la quemadura sea limitada. La intensidad del dolor, la ansiedad y el contexto emocional merecen atención desde el inicio, ya que condicionan la colaboración durante la cura y la adherencia posterior.

Primeros auxilios y medidas inmediatas

En la fase inicial, el enfriamiento de la zona quemada con agua corriente fresca o templada-fría durante un periodo limitado puede contribuir a reducir el calor residual y aliviar el dolor. Debe evitarse el uso de hielo directo por su potencial efecto lesivo sobre tejidos ya dañados. También es aconsejable retirar anillos, pulseras, relojes o prendas ajustadas si ello puede hacerse sin provocar trauma adicional, especialmente cuando existe riesgo de edema progresivo.

Si la ropa está adherida a la lesión, no conviene arrancarla de forma brusca. La manipulación excesiva aumenta el dolor y puede extender el daño local. En quemaduras pequeñas y no complicadas, cubrir transitoriamente la zona con material limpio no adherente antes de la cura definitiva puede mejorar el confort y reducir el roce. Cuando el mecanismo causal sugiere lesiones químicas, eléctricas o inhalatorias, la valoración médica y la derivación adquieren una prioridad mayor.

Debe evitarse la aplicación de pomadas no prescritas, aceites, pasta dentífrica, harina, alcohol u otras sustancias de uso doméstico. Además de dificultar la inspección de la herida, pueden alterar el microambiente local y favorecer la contaminación. La educación sanitaria precoz empieza, de hecho, en este momento: explicar por qué ciertas prácticas no son inocuas ayuda a prevenir su repetición.

Limpieza y preparación del lecho de la herida

La limpieza de una quemadura superficial persigue retirar restos, disminuir la carga de contaminantes visibles y preparar la piel para una cobertura adecuada. Suele realizarse con soluciones de limpieza habituales en el entorno asistencial y con técnica cuidadosa, evitando fricción intensa. El objetivo no es desbridar de manera agresiva, sino preservar tejido viable y favorecer una observación correcta del lecho.

La conducta ante las flictenas debe individualizarse. En algunas situaciones, la ampolla intacta actúa como barrera protectora; en otras, su tamaño, tensión, localización o riesgo de rotura espontánea pueden hacer recomendable otra actitud según criterio clínico y procedimiento del centro. Enfermería debe valorar dolor, movilidad, riesgo de roce y posibilidad de seguimiento, evitando intervenciones rutinarias no justificadas. Cuando la epidermis ya está desprendida, la protección del lecho y el control del exudado pasan a ser prioritarios.

La antisepsia indiscriminada con productos irritantes no siempre aporta beneficio y puede aumentar la molestia local. La elección de soluciones o materiales debe orientarse por la tolerancia de la persona, la situación de la herida y el protocolo institucional. En cualquier caso, la observación de signos inflamatorios desproporcionados, olor llamativo, exudado purulento o deterioro rápido de la apariencia local obliga a reevaluar el abordaje.

Cuidados locales y elección de apósitos

La cobertura de la quemadura tiene varias finalidades: proteger frente al roce, absorber exudado cuando existe, contribuir al mantenimiento de un entorno local favorable para la cicatrización y reducir el dolor asociado a la exposición de terminaciones nerviosas. No existe una única opción válida para todas las lesiones superficiales. La selección del apósito debe considerar profundidad estimada, nivel de exudado, localización, facilidad de fijación, frecuencia de revisión y confort del paciente.

En quemaduras epidérmicas sin pérdida de continuidad cutánea puede bastar la protección ligera, el control del dolor y las recomendaciones de cuidado de la piel. Cuando hay ampollas rotas o superficie exudativa, suelen preferirse coberturas no adherentes que minimicen el trauma en los cambios. La excesiva oclusión, sobre todo si no se acompaña de vigilancia adecuada, puede macerar la piel perilesional. Por ello, la valoración de humedad y la integridad de los bordes resulta tan importante como la observación del centro de la lesión.

La fijación del apósito merece atención especial en zonas móviles o pilosas. Adhesivos agresivos pueden dañar piel sana y aumentar el dolor en retiradas sucesivas. En manos, cara, cuello, periné o pliegues se requieren decisiones particularmente individualizadas por su repercusión funcional e higiénica. Del mismo modo, cuando la lesión se localiza cerca de un estoma quirúrgico o de dispositivos cutáneos, conviene extremar la protección de la piel adyacente y revisar compatibilidad entre materiales de cura y sistemas de adhesión.

La frecuencia de la cura no debe establecerse de forma automática. Revisiones innecesariamente frecuentes incrementan manipulación, dolor y ansiedad; revisiones demasiado espaciadas pueden retrasar la detección de complicaciones. El equilibrio depende del exudado, la estabilidad del apósito, la evolución clínica y la capacidad de autocuidado o apoyo familiar en domicilio.

Manejo del dolor agudo

El dolor es uno de los componentes más relevantes de la experiencia de la quemadura, incluso cuando la superficie afectada es pequeña. Su intensidad puede ser elevada por la exposición de terminaciones nerviosas, la inflamación local y la manipulación durante las curas. La valoración debe ser sistemática, utilizando una escala adaptada a la persona y registrando tanto el dolor basal como el dolor procedimental.

Las medidas no farmacológicas tienen utilidad complementaria. Preparar el entorno, anticipar los pasos de la cura, reducir tiempos de exposición, utilizar materiales a temperatura confortable, favorecer posiciones que disminuyan tensión local y aplicar técnicas de respiración o distracción pueden mejorar la tolerancia. Estas intervenciones no sustituyen la analgesia prescrita cuando está indicada, pero pueden disminuir el componente anticipatorio y la sensación de descontrol.

El tratamiento farmacológico debe ajustarse a prescripción y reevaluación clínica. Enfermería participa en la detección de insuficiente alivio, efectos adversos, barreras para el cumplimiento y necesidad de coordinar la administración analgésica con el momento de la cura. El objetivo no es solo reducir una puntuación de dolor, sino permitir descanso, movilidad y adherencia al plan de cuidados.

Vigilancia de la evolución y signos de alarma

La evolución esperable de una quemadura superficial incluye disminución progresiva del dolor, estabilización del eritema y avance hacia la reepitelización. Sin embargo, determinadas circunstancias obligan a reevaluación. Entre ellas se incluyen el aumento del dolor o su carácter desproporcionado, la extensión aparente de la lesión, la aparición de exudado purulento, mal olor, fiebre, empeoramiento del edema, cambios de coloración hacia tonos pálidos o negruzcos, pérdida de sensibilidad o limitación funcional creciente.

También deben considerarse de especial atención las quemaduras localizadas en cara, manos, pies, genitales, periné o zonas articulares amplias, así como aquellas que rodean segmentos corporales o interfieren con funciones básicas. La presencia de sospecha de inhalación, mecanismo eléctrico o químico, dolor muy intenso con escasa apariencia superficial, o imposibilidad de realizar curas seguras en domicilio son situaciones que pueden justificar derivación o valoración multidisciplinar.

La piel perilesional ofrece información clínica valiosa. Maceración, dermatitis por adhesivos, prurito intenso o irritación secundaria a productos tópicos pueden dificultar la cicatrización y empeorar el confort. Por ello, la revisión enfermera no debe limitarse al centro de la quemadura, sino incluir todo el entorno cutáneo y la respuesta del paciente a los materiales utilizados.

Educación sanitaria y continuidad asistencial

La educación sanitaria es parte inseparable del cuidado. La persona atendida debe comprender cómo mantener la herida limpia, cuándo cambiar o revisar el apósito según indicación profesional, qué productos evitar y qué signos deben motivar nueva consulta. Una explicación breve pero precisa mejora la seguridad más que una lista extensa de consejos difíciles de recordar.

Conviene abordar la higiene diaria, la protección frente a traumatismos, la ropa más adecuada, la importancia de no manipular costras o ampollas y las medidas para disminuir el dolor durante las curas. Cuando el entorno familiar participa en el cuidado, la enseñanza ha de incluir demostración práctica y verificación del aprendizaje. En pacientes con limitaciones manuales, visuales o cognitivas, la planificación debe adaptarse desde el principio para evitar fracaso del autocuidado.

Una vez iniciada la epitelización, la piel nueva continúa siendo frágil. La hidratación cutánea, la protección frente a exposición solar y la observación de cambios pigmentarios o cicatrizales forman parte del seguimiento. Aunque muchas quemaduras superficiales no dejan secuelas relevantes, algunas localizaciones o hábitos de manipulación pueden favorecer alteraciones estéticas y funcionales. Por ello, el alta de cuidados no debe basarse solo en el cierre aparente, sino en la capacidad de la persona para mantener el cuidado de la piel y reconocer incidencias posteriores.

Discusión/Conclusiones

La atención a las quemaduras superficiales exige un equilibrio entre sencillez y rigor clínico. Se trata de lesiones frecuentes y a menudo de pequeño tamaño, pero no por ello irrelevantes. El riesgo de infravalorar la profundidad, banalizar el dolor o asumir que toda lesión superficial evolucionará sin problemas puede traducirse en curas inadecuadas, retraso diagnóstico y experiencias asistenciales negativas. Desde Enfermería, la valoración estructurada de la lesión y del contexto de cuidados sigue siendo la base para decidir con prudencia.

La revisión de los cuidados locales muestra que no existe una única conducta universal respecto a limpieza, flictenas o apósitos. La práctica segura se apoya más en principios clínicos que en rutinas rígidas: proteger tejido viable, evitar maniobras traumáticas, controlar el exudado sin macerar, reducir el dolor y revisar la evolución con una periodicidad razonable. Esta visión permite adaptar la intervención a la localización anatómica, al grado de autonomía del paciente y a los recursos disponibles en cada ámbito asistencial.

El dolor, con frecuencia subestimado en lesiones pequeñas, merece un lugar central. La cura eficaz no puede desligarse del confort. Una persona que anticipa una experiencia dolorosa tenderá a retrasar cambios de apósito, manipular menos la zona o abandonar recomendaciones. De ahí que la planificación del cuidado incluya reevaluación analgésica, comunicación clara y medidas procedimentales que hagan la cura más tolerable.

La educación sanitaria constituye otro elemento decisivo. Buena parte de la evolución de estas lesiones ocurre fuera del entorno sanitario, por lo que la capacidad de la persona y de su familia para identificar signos de alarma, mantener la higiene y evitar prácticas perjudiciales influye directamente en el resultado. Informar de forma comprensible, sin alarmismo y adaptando el contenido al nivel de autonomía, puede ser tan importante como el apósito elegido en la consulta inicial.

En síntesis, las quemaduras superficiales requieren una respuesta enfermera integral que combine valoración clínica, cuidados locales prudentes, control del dolor y educación sanitaria orientada a la continuidad. La individualización del plan, la observación atenta de la evolución y la derivación oportuna cuando aparecen dudas sobre la profundidad, la localización o la respuesta clínica son elementos que contribuyen a una atención segura y profesional.

Conflicto de intereses

Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.

Financiación

Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.

Bibliografía

  1. Krebsbach MN, Alexander KM, Miller JJ, Doll EL, Lee YL, Simmons JD. Implementing a Discharge Opioid Bundle in Adult Trauma Patients Decreases the Amount of Opioids Prescribed at Discharge.. Am Surg. 2023;89(11):4281-4287. doi: https://doi.org/10.1177/00031348221101483
  2. Simons M, Harvey G, McMillan L, Ryan EG, De Young AG, McPhail SM, et al.. Implementation outcomes of a digital, trauma-informed care, educational intervention targeting health professionals in a paediatric burns setting: A mixed methods process evaluation.. Burns. 2024;50(6):1690-1703. doi: https://doi.org/10.1016/j.burns.2024.03.032
  3. Jiang QX, Wang YL, Yijie YJ, Liu XQ, Xu J, Zheng MC, et al.. [Multicenter cross-sectional investigation on the cleaning status and influencing factors of skin cleaning outside the wound in adult trauma patients].. Zhonghua Shao Shang Za Zhi. 2021;37(5):429-436. doi: https://doi.org/10.3760/cma.j.cn501120-20210116-00023
  4. Griggs C, Goverman J, Bittner EA, Levi B. Sedation and Pain Management in Burn Patients.. Clin Plast Surg. 2017;44(3):535-540. doi: https://doi.org/10.1016/j.cps.2017.02.026
  5. Bittner EA, Shank E, Woodson L, Martyn JA. Acute and perioperative care of the burn-injured patient.. Anesthesiology. 2015;122(2):448-64. doi: https://doi.org/10.1097/ALN.0000000000000559
  6. Gwyn-Jones A, Afolabi T, Bonney S, Gurusinghe D, Tridente A, Mahambrey T, et al.. Major burns in adults: a practice review.. Emerg Med J. 2024;41(10):630-634. doi: https://doi.org/10.1136/emermed-2024-214046
  7. Gethin G, Probst S, Stryja J, Christiansen N, Price P. Evidence for person-centred care in chronic wound care: A systematic review and recommendations for practice.. J Wound Care. 2020;29(Sup9b):S1-S22. doi: https://doi.org/10.12968/jowc.2020.29.Sup9b.S1
  8. Opriessnig E, Luze H, Smolle C, Draschl A, Zrim R, Giretzlehner M, et al.. Epidemiology of burn injury and the ideal dressing in global burn care – Regional differences explored.. Burns. 2023;49(1):1-14. doi: https://doi.org/10.1016/j.burns.2022.06.018
  9. James DL, Jowza M. Principles of Burn Pain Management.. Clin Plast Surg. 2017;44(4):737-747. doi: https://doi.org/10.1016/j.cps.2017.05.005
  10. You Z, Jain S, Shen S, Mao J, Martyn JAJ. Pathophysiology and management of burn injury-induced pain.. Burns Open. 2025;10. doi: https://doi.org/10.1016/j.burnso.2025.100396
  11. Sosanya NM, Cheppudira BP, Urban MJ, Mares A, Linsenbardt H, Clifford JL. Molecular Mechanisms Underlying Burn-Injury Induced Pain: From Inflammation to Epigenetics.. Mil Med. 2025;190(11-12):e2309-e2320. doi: https://doi.org/10.1093/milmed/usaf350
  12. Holtman JR, Jellish WS. Opioid-induced hyperalgesia and burn pain.. J Burn Care Res. 2012;33(6):692-701. doi: https://doi.org/10.1097/BCR.0b013e31825adcb0
  13. Warren JD, Hughes KM. Pharmacologic Management of Pediatric Burns.. J Burn Care Res. 2024;45(2):277-291. doi: https://doi.org/10.1093/jbcr/irad177
  14. Krishnamoorthy V, Ramaiah R, Bhananker SM. Pediatric burn injuries.. Int J Crit Illn Inj Sci. 2012;2(3):128-34. doi: https://doi.org/10.4103/2229-5151.100889
  15. Wiegele M, Kozek-Langenecker S, Schaden E. Point-of-Care Testing in Burn Patients.. Semin Thromb Hemost. 2017;43(4):433-438. doi: https://doi.org/10.1055/s-0037-1599155
Scroll al inicio